
Tras años de peregrinaje personal y de camino interior recorrido, Francisco Jiménez Sevillano fue a parar La Rábita. Hasta allí llegó desde su pueblo natal de Santa Marta de los Barros, en la provincia de Badajoz, para descansar y recuperarse de una erupción en las piernas. Su corazón también respondió con alegría al lugar encontrado: un pequeño cortijo abandonado, donde decidió reposar.










