
La plaza de Santa María se sumía en la oscuridad más absoluta, a las nueve menos cuarto de la noche. . Como única luz, el símbolo de los cristianos, una gran cruz, descolgada desde el balcón principal, teñida de rojo, en recuerdo y homenaje a los que mueren por su defensa de Cristo. En ella, congregados por la Diócesis y la delegación en Jaén de la Fundación Pontificia “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, se habían dado cita más de ciento cincuenta personas que quería unirse al momento de oración, reflexión y homenaje a los que sufren persecución a causa de su fe.