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La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

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La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla mantiene abierto el periodo de matriculación para el curso académico 2026-2027, una oportunidad para quienes deseen profundizar en el conocimiento de la fe y adquirir una formación teológica al servicio de la Iglesia y de la sociedad. El plazo de matrícula permanecerá abierto hasta el próximo 18 de septiembre.

La institución académica de la Archidiócesis de Sevilla cuenta con una amplia oferta formativa que incluye los estudios oficiales de Teología y Ciencias Religiosas, además de títulos propios y programas de formación permanente dirigidos a distintos perfiles y necesidades.

Entre los estudios oficiales se encuentran el Baccalaureatus en Teología, correspondiente al primer ciclo; el Licentiatus o Máster en Teología, segundo ciclo, con especialidades en Dogmática, Eclesiología y Mariología; y el Doctorado en Teología. La Facultad ofrece asimismo estudios en Ciencias Religiosas, con modalidades que facilitan el acceso a la formación teológica a personas con diferentes circunstancias personales y profesionales.

A esta oferta se suman los títulos propios y programas de formación permanente, así como propuestas dirigidas a quienes desarrollan diferentes servicios y responsabilidades en la vida eclesial. La Facultad destaca también por la posibilidad de cursar determinados estudios en modalidades presenciales, semipresenciales o a distancia, favoreciendo la conciliación de la formación con las obligaciones familiares, laborales o pastorales.

Una formación al servicio de la misión de la Iglesia

El Decano-Presidente de la Facultad, Manuel Palma, ha subrayado el crecimiento sostenido de la institución, que cuenta actualmente con alrededor de 1.720 alumnos, así como la creciente proyección de su actividad académica e investigadora. Entre los hitos recientes destaca la incorporación de la revista científica Isidorianum al índice internacional Scopus.

La Facultad de Teología San Isidoro se presenta así como un espacio de estudio, investigación y formación destinado no solo a quienes buscan una especialización académica, sino también a los fieles que desean profundizar en su fe para vivirla y anunciarla con mayor fundamento.

Como ha señalado el propio Palma, «nadie está excluido del estudio de la teología», entendiendo la formación teológica como una oportunidad para crecer en el conocimiento de Cristo y servir mejor a la Iglesia.

Las personas interesadas pueden consultar la oferta académica, los requisitos de admisión, las modalidades de estudio y la información sobre matrícula y becas a través de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla. La sede se encuentra en la calle Cardenal Bueno Monreal, 43, de Sevilla, y el teléfono de contacto es el 954 23 13 13.

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En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores

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15 de septiembre. Huele la tarde a rastrojo quemado, a membrillo sazonado y a esa luz dorada y oblicua que solo el mes de septiembre sabe derramar sobre los campos de España. Es un tiempo de recogida, de graneros que se llenan y de golondrinas que ensayan su último vuelo hacia el sur. En este recodo del año, cuando la tierra ostenta una fértil madurez, la Iglesia nos detiene el paso para contemplar un misterio que no se explica con razones, sino que se abraza con fe: la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.

No es un sollozo estridente ni un aspaviento trágico. La aflicción de María, dibujada en el lienzo de los siglos, tiene la consistencia discreta de la encina castellana y la gracia cuitada de una copla que se pierde en un callejón andaluz. Hay en Ella una dignidad tan honda, tan colmada de Dios, que el alma, al percibirla, no puede sino arrodillarse, sentir que el pecho se le ensancha y experimentar un deseo ardiente de santidad, de limpieza interior, de ofrenda sin condiciones.

I La profecía en el templo: el destello del primer puñal

«Y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lucas 2, 35). Imaginemos la escena con la sencillez con la que Miguel Delibes retrataría la pureza de un niño del campo. María sube las gradas del Templo llevando en sus brazos un manojo de luz: al Niño Jesús, apenas un brote tierno de carne y majestad. Todo parece fiesta, rito gozoso de palomas y pañales níveos. Pero sale al paso el anciano Simeón, un hombre curtido por la espera, con los ojos gastados de otear el horizonte de la promesa divina. Sus palabras no son un bálsamo de triunfo fácil; son un tajo limpio de realidad.

En ese instante, la candidez de la Virgen experimenta el primer vislumbre de su destino. No hay refunfuño en sus labios. Manuel Machado, con su pluma de seda y sombra, habría cantado aquí la elegancia soberana de una aceptación que se torna música cadenciosa. María no esquiva a Simeón; recoge su profecía como el labrador acoge la escarcha del invierno, sabiendo que la semilla necesita del frío para germinar bajo la tierra.

Para nosotros, que a menudo huimos de la menor contrariedad como de un flagelo, la Virgen de los Dolores nos muestra el valor de la aceptación noble. ¿Cómo pretender la santidad si cerramos la puerta a la paciencia que gana el pan de hoy y deja a Dios el cuidado del mañana? Ser santos no es vivir una existencia de porcelana, inmunes al rasguño del mundo. Ser santos es, como Ella, permitir que la voluntad de Dios nos conquiste, adecentando las estancias del alma para que solo quede el oro bruñido de su amor.

III. El calvario: el vigor que sostiene al mundo

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…» (Juan 19, 25). El Gólgota no es un escenario de cartón piedra; es un páramo de polvo negro, sangre reseca y mofa de soldadesca. José María Pemán, con su vibrante tonalidad de pulcritud clásica, nos recordaría que allí, donde los hombres huyeron despavoridos por el miedo, la que permaneció firme fue una Mujer. Stabat. Estaba de pie. No desplomada, no vencida por el histerismo terrenal, sino erguida como una columna de ternura inquebrantable.

Contemplemos a la Virgen al pie del áspero madero. Su rostro, que tantas veces acarició las mejillas del sublime Infante en Nazaret, ahora se apesadumbra ante Cristo ultrajado, llagado en su cuerpo divino. Es la hora de la gran desolación. Una Madre Inmaculada que acompaña a un manso Cordero degollado. El sentir popular pone belleza a este cuadro con voz anónima:

Un dolor que no se queja,

un llanto que no se vierte;

es la vida que se entrega

en los brazos de la muerte.

Cosida a la Cruz del Salvador, María se convierte en el sagrario del desconsuelo del mundo. Hay un lirismo rasgado, pero sereno, en esa dulce figura recortada contra el cielo de plomo. En su pecho lacerado caben todas nuestras reiteradas dudas, nuestras noches oscuras, nuestras flaquezas acibaradas. Ella no nos mira con reproche, a pesar de que nuestros pecados son los clavos que sujetan a su Hijo al tronco abrupto. Nos mira con la delicadeza inefable de quien se sabe ya Madre de todos los hombres. Su devoción se nos mete en la sangre no como una gélida teoría, sino como una caricia húmeda que enjuga nuestras propias lágrimas y nos espolea a seguir avanzando, no obstante los baches del sendero.

III. El dolor fecundo: el surco de la santidad cotidiana

La veneración a la Virgen de los Dolores no es una invitación a la melancolía estéril. ¡Qué lejos está el verdadero dolor cristiano de la desesperanza! El sufrimiento de María rezuma sabor a resurrección. Cada uno de sus siete dolores es una brecha abierta por donde entra la luz del cielo. Ella labró su santidad en el yunque del padecimiento aceptado por amor. Hemos de descubrir la grandeza en lo pequeño. Hemos de aprender a buscar a la Virgen Dolorosa no solo en los grandes altares de plata y terciopelo, sino en el rincón más humilde del hogar, en las manos callosas de una esposa que vela el sueño de su marido enfermo, en el silencio del campesino que ve perderse la cosecha y aun así levanta los ojos al cielo diciendo: «Hágase tu voluntad».

La santidad no es cuestión solamente de milagros extraordinarios; se amasa día a día con el barro de nuestras debilidades puestas en las manos de Dios. Al contemplar a la Virgen de los Dolores, nuestro fervor debe traducirse en propósitos concretos. Ante todo, aceptar con paz las contrariedades diarias: el mal genio del prójimo, la salud que aminora, la incomprensión de quienes amamos. Podríamos, asimismo, decidirnos, sin formular pretextos, a acompañar asiduamente la soledad ajena, siendo bálsamo y pañuelo para los cristos rotos que encontramos en nuestro camino; o a no gruñir continuamente por el cansancio, transformando el sudor del trabajo en una oración fecunda. En este sentido, os invito a un recogimiento confiado, para suplicar a María Santísima:

Señora de la mirada callada y el corazón desgarrado,

Madre de los Dolores y Reina de la Esperanza.

Bajo la luz crepuscular de septiembre,

sentimos que el alma se nos escapa hacia Ti,

herida por la belleza de tu amor tan puro.

No queremos ser meros espectadores de tu llanto;

queremos imitar tus gestos de bondad.

Enséñanos a estar de pie junto a las cruces de nuestro tiempo.

Que tu dolor sea la fragua donde se temple nuestra fe vacilante,

y que al mirarte con los siete puñales clavados en tu pecho escarnecido,

brote en nosotros una sed irrevocable de ser santos,

de amar a tu Hijo con la locura con la que Tú lo amaste,

hasta el extremo.

Danos aliento para servir a los hermanos sin tibieza,

sin lamentos,

hasta que gocemos de tu compañía por toda la eternidad.

Amén.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Ciudad del Vaticano

Ceuta en el primer Círculo de Silencio de Jaén

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Este jueves, 17 de septiembre, tendrá lugar en Jaén el primer Círculo de Silencio del curso 2026-2027, una iniciativa ciudadana que se organiza cada tercer jueves de mes en defensa de la dignidad de las personas migrantes y refugiadas y en esta ocasión corre a cargo de la Delegación de Migraciones.

El encuentro será a las 20:00 horas, en la calle Roldán y Marín de la capital, y estará dedicado a la situación de crisis de la ciudad fronteriza de Ceuta, una problemática que no es la primera vez que se considera en los círculos a lo largo de todos estos años.

Bajo el lema “Ceuta es mucho más…”, el Círculo invitará a descubrir en la realidad que allí se vive, llena de tanta oscuridad, una luz que no se apaga: la solidaridad silenciosa y valiente de tantas personas, porque Ceuta es mucho más de lo que aparece en los titulares de televisión y redes sociales.

Desde la Delegación se anima a toda la ciudadanía a participar en este sencillo gesto, que busca dar visibilidad a las personas migrantes y refugiadas y recordar que, detrás de cada cifra, hay una historia de vida, con sus luchas, sus anhelos, tantas veces su muerte, pero también, en sentido cristiano, su resurrección, que nos abre a un horizonte de esperanza.

Delegación de Migraciones

La Pastoral Universitaria comienza un nuevo curso de la mano del Señor

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Mañana, miércoles 16 de septiembre, la Pastoral Universitaria de Jaén dará el pistoletazo de salida al nuevo curso académico con la celebración de la Misa de inicio de curso, que tendrá lugar a las 9:30 horas en la parroquia de San Juan Bosco de Jaén y que estará presidida por el Provicario General y Director del Instituto Teológico San Eufrasio, D. José Antonio Sánchez Ortiz.

Una oportunidad para poner el nuevo curso en manos de Dios.

Desde la Pastoral Universitaria se invita a todos los estudiantes, jóvenes universitarios, profesores y miembros de la comunidad universitaria que quieran acercarse, conocer esta realidad y, sobre todo, encontrarse con Cristo y hacerlo presente en medio de su vida universitaria.

La Universidad es también un espacio para crecer, hacerse preguntas, compartir, descubrir una vocación y construir relaciones que dejan huella. En este camino, la Pastoral Universitaria quiere ofrecer un espacio de encuentro, comunidad, fe y acompañamiento, abierto a todos.

Si eres universitario y quieres comenzar este curso de una manera diferente, poniendo a Cristo en el centro, la Pastoral Universitaria de Jaén te espera.

Miércoles, 16 de septiembre | 9:30 horas
Parroquia de San Juan Bosco | Jaén

La Virgen de las Angustias recibe sus primeras ofrendas

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La Virgen de las Angustias recibe sus primeras ofrendas

Desde las 10 horas, los granadinos entregan su ramo de flores, como anticipo de la gran Ofrenda que se celebrará a partir de las 17 horas, con presencia de autoridades eclesiásticas, civiles y militares, así como corporaciones cofrades.

La Archidiócesis de Granada ha despertado este martes día 15 con la mirada puesta en su Patrona, Nuestra Señora de las Angustias. Este año con diversas novedades con motivo de su traslado a causa del cierre de su sede en la Basílica por los desperfectos ocasionados por los terremotos.

Entre ellas la tradicional Ofrenda floral que se traslada desde la fachada basilical a la fachada de la Catedral, debido al cierre de la sede de la Patrona con motivo de los desperfectos ocasionados por el terremoto.

Una Ofrenda a la que también se invita a participar de modo solidario, con donativos, que este año, además de ayudar a 450 familias de la Obra social de la Hermandad, se destinará a contribuir a restaurar los desperfectos de los terremotos en la Basílica.

PRIMERAS OFRENDAS
Desde las 10 horas se están recibiendo los primeros ramos de flores, como ofrenda a la Patrona, y detrás de ellas peticiones, súplicas y agradecimiento a la intercesora ante Dios de todos los granadinos.

La Ofrenda tendrá su momento más intenso a partir de las 17 horas, con la participación de grupos, asociaciones, colegios y organizaciones, y de personas que a título particular llevan su ofrenda. Tampoco faltarán autoridades eclesiásticas, civiles y militares. La Ofrenda comenzará con la realizada por nuestro arzobispo junto a la Hermandad, en nombre de la Archidiócesis.

Los granadinos accederán por Plaza de las Pasiegas y saldrán por Plaza Alonso Cano tras hacer su ofrenda, y los grupos accederán por Pie de la torre, saliendo por la Plaza de las Pasiegas hacia Marqués de Gerona.

Tras la Ofrenda, del 17 al 25 de septiembre, se celebra la Solemne Novena en honor a la Virgen de las Angustias, en la iglesia parroquial del Sagrario, a las 19:15 horas con la Exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del rosario y la Salve. La Santa Misa será a las 20 horas.

A este templo anexo a la Catedral volverá la Sagrada Imagen, una vez concluya la Ofrenda, en un breve recorrido, que el pueblo de Granada volverá a vivir con gran devoción y súplica, como lleva haciendo todo este mes de septiembre en torno a la Madre de los granadinos.

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El Obispo de Jaén publica la Carta Pastoral del Jubileo de la Virgen de la Cabeza e invita a vivir los 800 años como «un auténtico tiempo de gracia»

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El Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, ha hecho pública una Carta Pastoral con ocasión del Año Jubilar Diocesano que la Iglesia de Jaén celebrará ante el VIII Centenario de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza. Bajo el lema «Me felicitarán todas las generaciones» (Lc 1,48) – Ocho siglos de fe, el Prelado jiennense invita a toda la Diócesis a vivir los catorce meses del Jubileo no como una mera conmemoración histórica, sino como “un auténtico tiempo de gracia, un kairós, es decir, una ocasión favorable que Dios nos regala y que no debemos dejar pasar en vano”.

La carta, fechada en Jaén este martes, 15 de septiembre de 2026, memoria de Nuestra Señora de los Dolores, ofrece una lectura espiritual, pastoral y evangelizadora de ocho siglos de devoción a “la Morenita” y propone algunas claves para que esta celebración extraordinaria ayude a renovar la fe de la Iglesia diocesana. El Obispo parte de la tradición de la Aparición, que sitúa en la noche del 11 al 12 de agosto de 1227, y recorre la historia de una devoción que ha atravesado generaciones hasta convertirse en uno de los grandes referentes de la piedad popular mariana.

Más allá de una efeméride

Uno de los ejes centrales de la Carta Pastoral es la llamada a superar una visión meramente conmemorativa del Centenario. Don Sebastián reconoce la importancia social, cultural y religiosa de los ochocientos años, pero pide que la celebración ayude a cada creyente y a la propia Diócesis a preguntarse qué ha significado la presencia de María en su historia y, sobre todo, a responder a esa pregunta “con una conversión más sincera a su Hijo”.

Por eso, el Obispo resume su propuesta en tres invitaciones: “peregrinar interiormente, hacer memoria agradecida y dejarnos evangelizar por una devoción” que ha sido recibida y transmitida de generación en generación.

La pastoral dedica, también, un espacio importante a explicar la relación entre la tradición de la Aparición y la fe católica. El Obispo del Santo Reino recuerda que el centro de la fe mariana se encuentra en María como “Madre de Dios, Madre espiritual de la Iglesia y figura singular en la historia de la salvación, siempre en relación con Cristo y orientada hacia Él”. El objetivo, explica, es que al finalizar el Jubileo los devotos sepan responder no solo por qué aman a la Virgen de la Cabeza, sino también “quién es la Virgen a la que amáis y de qué manera conduce siempre a Jesucristo”.

Una devoción que debe conducir a Cristo

El Obispo dedica, igualmente, una amplia reflexión a la piedad popular, que presenta como una riqueza de la Iglesia cuando está bien orientada. La romería, las peregrinaciones, las vigilias y las expresiones de devoción constituyen, a su juicio, una fe encarnada que ha sido capaz de atravesar siglos y circunstancias históricas muy diversas.

La peregrinación ocupa, de igual modo, un lugar destacado en la propuesta del Obispo. Subir al Cerro de la Cabeza es presentado como algo más que una tradición: “es, en su raíz más honda, una peregrinación al lugar del encuentro, un salir de la vida ordinaria para disponerse a escuchar a Dios”. Por ello, invita a quienes acudan al Santuario durante el Jubileo a cuidar especialmente los momentos de silencio, oración personal y celebración del sacramento de la Reconciliación.

Un Jubileo abierto a toda la Diócesis
La Carta Pastoral no se dirige únicamente a los devotos habituales de la Virgen de la Cabeza. Mons. Chico Martínez interpela a sacerdotes y diáconos, familias, jóvenes, cofradías, catequistas, agentes de pastoral, profesores de teología y comunidades e instituciones vinculadas al Santuario.

El Obispo dedica además una invitación especial a quienes se han alejado de la práctica religiosa o conservan una relación afectiva con la Virgen, aunque hayan perdido el vínculo con la Iglesia. “Este Jubileo es también vuestro”, afirma Don Sebastián, invitándolos a ponerse en camino sin necesidad de tener resueltas todas sus preguntas.

La caridad, uno de los signos de autenticidad del Centenario

Uno de los elementos más significativos de la Carta Pastoral es la vinculación directa entre el Jubileo y la atención a los más vulnerables. El Obispo afirma que la custodia del Santuario y de la tradición debe medirse especialmente por “la hospitalidad con que acojáis a quien llegue» y «la caridad efectiva con los más pobres”.

En esta línea, Mons. Chico Martínez anuncia que la obra de caridad jubilar se concretará en el apoyo a la Casa Hogar «Andrés Cristino», que Cáritas Diocesana sostiene en Andújar desde 1988. El centro acoge a personas autónomas mayores de 65 años que se encuentran en situación de necesidad y desamparo y carecen de familiares próximos que puedan acompañarlas y ayudarlas. Las colectas y aportaciones que se recauden expresamente con esta finalidad durante el Centenario se destinarán a esta obra.

El Obispo establece así una relación directa entre la memoria de quienes transmitieron la devoción durante generaciones y la responsabilidad de cuidar hoy de los mayores.

Un Jubileo con dimensión misionera
La carta pastoral insiste en que el Centenario debe mirar también hacia fuera. El Obispo pide que los frutos de la celebración alcancen a quienes se han alejado de la práctica religiosa, a quienes todavía no conocen a Cristo, a las personas migrantes y a quienes viven situaciones de soledad o sufrimiento.

En definitiva, el Obispo propone que los ochocientos años no dejen únicamente el recuerdo de una gran celebración, sino “una fe más recia, una caridad más viva y una esperanza más firme”.

Un Año Jubilar del 4 de octubre de 2026 al 8 de diciembre de 2027
El Año Jubilar Diocesano comenzará solemnemente el 4 de octubre de 2026, con la apertura de la Puerta Santa en el Real Santuario y Basílica Menor de Nuestra Señora de la Cabeza, en Andújar, y concluirá el 8 de diciembre de 2027, solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Durante el Jubileo se podrá lucrar la indulgencia plenaria en el Santuario y, en las fechas establecidas, también en otros templos de la Diócesis en los que se encuentre la sagrada imagen de la Virgen de la Cabeza. Entre ellos se encuentran la parroquia de Santa María la Mayor de Andújar y la Santa Iglesia Catedral de Jaén, coincidiendo con la presencia de la imagen en estos templos.

La noche del 11 al 12 de agosto de 2027 tendrá una relevancia especial, al cumplirse los ochocientos años de la fecha que la tradición señala para la Aparición. La Carta Pastoral pide recuperar también esta celebración como uno de los momentos centrales del Centenario, junto a la tradicional Romería de abril.

El calendario completo de peregrinaciones y de actividades espirituales, pastorales y culturales será dado a conocer progresivamente por la Diócesis.

En su conclusión, Mons. Sebastián Chico Martínez encomienda este tiempo de gracia a la Virgen de la Cabeza y pide que la celebración de los ochocientos años permita a la generación actual sumarse a la larga historia de quienes, desde 1227, han llamado bienaventurada a la Madre del Señor. “Que este Año Jubilar, cuando concluya en diciembre de 2027, nos encuentre no solo con el recuerdo de una fiesta hermosa, sino con una fe más recia, una caridad más viva y una esperanza más firme”, concluye.

Carta Pastoral Año Jubilar por el Octavo Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza

El Rey acepta la Presidencia del Comité de Honor del VIII Centenario de la Virgen de la Cabeza

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Su Majestad el Rey Felipe VI ha aceptado la Presidencia del Comité de Honor de los actos conmemorativos del VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza, según ha comunicado oficialmente la Casa de Su Majestad el Rey al Obispado de Jaén.

La aceptación se formaliza mediante una credencial, fechada el 4 de septiembre de 2026 en el Palacio de La Zarzuela y firmada por Camilo Villarino, jefe de la Casa de S. M. el Rey, en la que acepta la Presidencia del Comité de Honor.

La Presidencia de Felipe VI se incorpora, así, a un Comité de Honor en el que están representadas instituciones civiles y religiosas vinculadas a esta celebración. Entre sus miembros se encuentran, además del Rey, el Presidente de la Diputación Provincial, el Alcalde de Andújar, el Nuncio del SS.PP, el Arzobispo de Granada, el Obispo de la Diócesis de Jaén, el General de los Trinitarios y el Presidente de la Cofradía Matriz de Andújar.

El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, expresa su profundo agradecimiento a Su Majestad el Rey por este gesto, que supone un honor especial y viene a realzar la celebración de los ocho siglos de historia y devoción a la Virgen de la Cabeza.

El Año Jubilar del VIII Centenario comenzará el 4 de octubre de 2026, con la apertura de la Puerta Santa del Santuario de la Virgen de la Cabeza, y se prolongará hasta el 8 de diciembre de 2027, solemnidad de la Inmaculada Concepción, cuando está prevista su clausura.

Nombramientos y ceses efectuados por Mons. Sebastián Chico Martínez, Obispo de Jaén

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Con fecha 20 de agosto, el Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, hace públicos los siguientes nombramientos y ceses:

Rvd. Padre D. Antonio Aurelio Fernández Serrano, Osst

Es nombrado:
Párroco Rector de la Parroquia Basílica Menor Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, de Andújar.

Cesa como:
Vicario parroquial de la Parroquia Basílica Menor Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, de Andújar

Rvdo. Padre D. Luis Miguel Alaminos Montealegre, Osst

Cesa como:
Párroco Rector de la Parroquia Basílica Menor Real Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, de Andújar

Con fecha 12 de septiembre, el Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, hace públicos los siguientes nombramientos y ceses:

Presbíteros

Rvdo. D. Andrés Segura Moya
Es nombrado:
Director Espiritual en la Comisión Diocesana para la Formación del Diaconado Permanente.

Rvdo. D. Juan García Carrillo

Cesa como:
Director Espiritual en la Comisión Diocesana para la Formación del Diaconado Permanente.

Rvdo. D. Jesús Manuel Millán Cubero

Es nombrado:
Consiliario del Equipo diocesano del Método de Primer Anuncio Retiros Emaús, Effetá y Bartimeo

Rvdo. D. José Antonio Mármol Gómez

Es nombrado:
Vicario parroquial de La Asunción de Ntra. Señora, de Martos
Vicario parroquial de San Juan de Dios, de Martos
Vicario parroquial de Ntra. Sra. de la Fuensanta, de Fuensanta de Martos
Vicario parroquial de San José, de Las Casillas (Martos)

Cesa como:
Párroco de Santiago Apóstol, de Valdepeñas de Jaén

Rvdo. D. Jesús Manuel Monforte Vidarte

Es nombrado:
Párroco de Santiago Apóstol, de Valdepeñas de Jaén

Cesa como:

Vicario parroquial de Santa María de los Reales Alcázares y San Pablo, de Úbeda
Capellán de la Sacra Capilla del Salvador, de Úbeda
Capellán del Hospital San Juan de la Cruz, de Úbeda

Rvdo. D. Mario Chambunga

Es nombrado:

Vicario parroquial de Santa María, de Cazorla
Vicario parroquial de La Inmaculada Concepción, de La Iruela
Vicario parroquial de El Espíritu Santo, de Burunchel (La Iruela)
Vicario parroquial de San Miguel, de Bujaraiza – Cotorríos (Santiago Pontones)

Rvdo. D. Hilary Justine Faraja

Es nombrado:
Vicario parroquial de San Pedro Poveda, de Jaén
Vicario parroquial de San Juan Pablo II, de Jaén

Rvdo. D. Geofrey Johanes Majwala

Es nombrado:
Vicario parroquial de La Asunción de Ntra. Señora, de La Guardia de Jaén
Vicario parroquial de La Santa Cruz, de Pegalajar

Diáconos

Rvdo. DJohn Makubhi Octavianus

Es nombrado:
Adscrito a la parroquia de La Encarnación, de Bailén
Adscrito San José Obrero, de Bailén
Adscrito El Salvador, de Bailén

Laicos

D.Carlos Beltrán López

Es nombrado:
Coordinador general del Equipo diocesano del Método de Primer Anuncio Retiros Emaús, Effetá y Bartimeo

D. Manuel Aceituno Valdivia

Es nombrado:
Responsable diocesano de Retiros Emaús Hombres

Laura García Valdivia

Es nombrada:
Responsable diocesana de Retiros Emaús Mujeres

Nazaret Poza Marcos

Es nombrada:
Responsable diocesana de Retiros Effetá

Pilar Gómez-Puig Siles

Es nombrada:
Responsable diocesana de Retiros Bartimeo

El clamor del agua: don divino, derecho universal y frontera de la justicia humana

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El agua es, simultáneamente, la materia prima de la existencia y el espejo donde se refleja la calidad moral de nuestra civilización. Científicamente, la vida en la Tierra es inexplicable sin su presencia; teológica y espiritualmente, constituye uno de los símbolos más potentes de renovación, pureza y gracia. Sin embargo, en pleno siglo XXI, este precioso recurso se ha transformado en uno de los mayores factores de desigualdad global. Mientras una parte del planeta abre el grifo con la certeza de la abundancia, millones de personas se enfrentan diariamente a la realidad asfixiante de la escasez, la insalubridad y la exclusión.

En este complejo escenario este mes de septiembre el Sumo Pontífice ha dedicado su intención de oración a una urgencia que no admite dilaciones: «el cuidado del agua». A través de la Red Mundial de Oración del Papa, León XIV convoca a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a reconocer el agua no como un mero recurso económico o un bien de consumo, sino como un don de Dios, un regalo universal y un derecho inalienable sin fronteras. Esta convocatoria no es casual ni aislada. Coincide de manera precisa con el arranque del Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica que comenzó el pasado 1 de septiembre con la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación y culminará el próximo 4 de octubre, memoria litúrgica de san Francisco de Asís. En este 2026 el período adquiere una densidad extraordinaria al conmemorarse el octavo centenario del tránsito de Francisco de Asís, el santo que cantó a la «hermana agua, la cual es muy útil y humilde, y preciosa y casta». El llamamiento del Sucesor de Pedro es, por tanto, una invitación a custodiar el oro azul desde tres coordenadas fundamentales: la gratitud, la justicia y la responsabilidad.

Para comprender la hondura del mensaje pontificio, es necesario acudir a la raíz espiritual que sostiene la Doctrina Social de la Iglesia respecto a los bienes naturales. En la oración que acompaña la intención mensual, el Obispo de Roma se dirige al «Señor de la Vida» para elevar una vibrante acción de gracias por el agua, definiéndola como «fuente de fecundidad, frescura y esperanza» y, de manera central, como símbolo de la gracia y el amor que nos renueva por medio del Bautismo.

En la tradición judeocristiana el agua posee un carácter primordial. Está presente desde los primeros versículos del Génesis, donde el Espíritu de Dios aleteaba sobre la faz de las aguas, configurando el caos original en un cosmos rebosante de vida. El agua fecunda la tierra, hace germinar la semilla y sacia la sed del pueblo en el desierto como signo de la providencia divina. En el Nuevo Testamento este elemento vital adquiere su máxima dignidad sacramental: es el vehículo visible del Bautismo, el signo del nuevo nacimiento y de la incorporación a la vida divina. Cuando Jesús se encuentra con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, el agua física se convierte en el trampolín pedagógico para anunciar el agua viva que salta hasta la vida eterna. Por lo tanto, degradar el agua o restringir su acceso no es solo un fracaso político o de ingeniería distributiva; es una profanación de un signo sagrado. Al concebir este recurso esencial como un reflejo del amor divino que sostiene la creación, Su Santidad nos recuerda que nuestra relación con este elemento mide la autenticidad de nuestra fe. No se puede amar al Creador mientras se desprecia o se destruye el don que sostiene a sus criaturas. La frescura y la esperanza que el agua evoca espiritualmente deben traducirse en realidades tangibles para los cuerpos y los campos de nuestro planeta.

Frente a la belleza del diseño divino, la realidad geopolítica actual presenta una dolorosa paradoja. El Santo Padre introduce en su plegaria un valiente acto de contrición colectiva al pedir perdón por haber convertido el agua «en mercancía», un error antropológico y económico que olvida sistemáticamente que nos encontramos ante «un regalo universal, un derecho sin profesar fronteras». La conversión del agua en un producto sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, a la especulación financiera y a la privatización desmedida es una de las grandes desdichas de la modernidad tardía. Cuando el acceso al agua potable depende de la capacidad adquisitiva de un individuo o de una comunidad, la lógica del mercado sustituye a la lógica de la dignidad humana. En muchas metrópolis del Sur Global, sus habitantes pagan tarifas desproporcionadamente más altas a camiones cisterna privados por agua de dudosa calidad que las clases acomodadas por agua canalizada y purificada en sus hogares. La mirada del Pontífice se dirige con sincera empatía y agudeza social hacia quienes padecen de forma directa las consecuencias de esta asimetría: «tantos hermanos y hermanas que no tienen agua limpia, que caminan kilómetros para encontrarla, que enferman por su escasez». Las estadísticas de los organismos internacionales respaldan este grito de alarma: muchedumbres enteras carecen de servicios de agua potable gestionados de forma segura. Las mujeres y las niñas en entornos rurales de África y Asia recorren un promedio de seis kilómetros diarios cargando pesados contenedores, sacrificando su acceso a la educación y exponiéndose a graves riesgos de seguridad. La insalubridad del agua y la falta de saneamiento básico siguen siendo las principales causas de enfermedades diarreicas y mortalidad infantil prevenible en el mundo. Esta funesta realidad fractura el principio del destino universal de los bienes, pilar de la enseñanza social católica. El agua no pertenece a quien puede pagarla, ni al Estado que geográficamente la alberga en sus acuíferos, ni a las corporaciones que la embotellan. El agua es un derecho humano fundamental porque de ella depende la supervivencia misma. Negar el agua es negar el derecho a la vida.

El marco temporal de esta intención de oración confiere al texto una relevancia histórica particular. El año 2026 marca el octavo centenario del tránsito de san Francisco de Asís (1226-2026). Este preclaro hijo de la Iglesia no fue un mero ecologista romántico ante las fuerzas de la naturaleza; fue un místico que experimentó la fraternidad cósmica a partir de su profunda comunión con el Padre de todos. Al llamar a los elementos hermanos y hermanas, el Pobrecillo de Asís derribó la muralla de la dominación despótica que el ser humano ha pretendido ejercer sobre el entorno. El Papa recoge este testigo franciscano para articular su llamamiento a través de la Red Mundial de Oración. La conmemoración de esta efeméride no puede limitarse a celebraciones litúrgicas o académicas aisladas; debe traducirse en un cambio radical de mentalidad, en una genuina conversión ecológica. San Francisco nos enseña que el cuidado del agua nace de la gratuidad, no de la utilidad. La hermana agua nos sirve porque es humilde y preciosa, y precisamente por su vulnerabilidad exige de nosotros una custodia atenta y reverente. En la encíclica Laudato si’ el Papa Francisco no dejaba de remarcar que todo está conectado. En este sentido, la crisis del agua es un síntoma de una crisis ética y cultural más amplia: la cultura del descarte. Al festejar los ochocientos años de la pascua del santo de Asís, todos estamos llamados a redescubrir que la ecología integral une inseparablemente el clamor de la tierra con el de los pobres. Cuidar el agua, pues, es una forma concreta de vivir el Evangelio de la fraternidad universal.

La oración de León XIV no se circunscribe al diagnóstico del problema o a la lamentación de las injusticias; culmina con una hoja de ruta espiritual y práctica para la acción. La plegaria concluye invocando la fuerza del Espíritu Santo para que transforme a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad en «peregrinos de lo esencial». ¿Qué significa ser un peregrino de lo esencial en la era del hiperconsumo y el cambio climático? Se trata de adoptar un estilo de vida caracterizado por tres virtudes operativas que Su Santidad desgrana con claridad. En primer lugar, vivir con sobriedad. Esto es un acto de liberación frente a la tiranía del desecho. Implica reconocer que nuestros recursos son finitos y que el consumo desmedido de agua en actividades secundarias priva a otros de lo necesario para subsistir. Es una apelación a la templanza doméstica y comunitaria. Es imprescindible asimismo evitar el derroche y la contaminación. El cristiano y el ciudadano consciente no pueden ser cómplices pasivos de las dinámicas destructivas. La dilapidación del agua en sistemas agrícolas ineficientes, el descuido industrial que vierte tóxicos en los ríos y la inacción ante las fugas en las redes de distribución urbana deben ser señalados con valentía y rigor técnico. Del mismo modo es fundamental la denuncia profética, que es una forma de caridad social. En efecto, nadie ignora la importancia de defender el derecho de cada persona «a beber sin miedo, sin desigualdad». Esto conlleva un compromiso político y ciudadano directo que consiste en apoyar legislaciones que protejan los ecosistemas hídricos, promover tecnologías de desalinización y purificación accesibles para los países en desarrollo, y garantizar que la gestión del agua priorice siempre el consumo humano y ecológico sobre los intereses comerciales. Beber sin miedo significa igualmente garantizar la seguridad sanitaria del agua, eliminando las fuentes de contaminación que siembran la enfermedad y la muerte en las periferias del mundo.

En definitiva, el Tiempo de la Creación de 2026 nos sitúa ante un umbral decisivo. El agua, que es signo de esperanza, no puede seguir siendo motivo de conflicto, enfermedad o exclusión. Al unir la herencia milenaria del Bautismo, el testimonio profético de san Francisco de Asís en su octavo centenario y el drama contemporáneo de multitud de seres humanos sin acceso al agua potable, el Papa León XIV nos propone un riguroso examen de conciencia que se transforme en acicate para que el agua sea un derecho sin fronteras. Este es, sin duda alguna, el gran desafío técnico, político y ético de nuestra generación. No se trata simplemente de un problema de escasez física, sino de una flagrante distribución injusta del poder y de los recursos. Que este mes de septiembre de 2026, impulsados por la oración y la acción comunitaria, dejemos de mirar al agua como una mercancía para volver a contemplarla y protegerla como lo que verdaderamente es: el abrazo de Dios que sostiene la vida de la humanidad entera. Solo así seremos capaces de construir un futuro donde la sed sea saciada por la justicia y donde cada ser humano pueda beber, con dignidad y en paz, de la fuente de la vida.

Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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