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Comentario en texto al Evangelio de este domingo 28 de septiembre

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El profesor de los centros teológicos diocesanos Santiago Vela invita a profundizar en el Evangelio de este domingo 28 de septiembre, (Lc 16, 19-31).

Es muy significativo, y lleva toda su intención, que sea ésta la única parábola donde Jesús diga el nombre de su protagonista: un mendigo llamado Lázaro, pues este nombre significa “al que Dios ayuda”. El mensaje de Jesús es claro: al pobre olvidado de todos, Dios no lo olvida jamás; quien, a los ojos de los hombres no vale nada, es valioso a los del Señor. Además, Jesús está señalando que el destino eterno está condicionado por nuestra actitud ante los pobres. Somos libres de vivir, como el rico de la parábola, centrados solo por acumular riquezas materiales, o, por el contrario, ponernos a la escucha de las Escrituras y optar por el camino que nos muestra Jesús, el camino del amor, pero amor no entendido como sentimiento de lástima hacia el pobre al que le damos lo que nos sobra, sino como servicio efectivo a los “lázaros” de nuestros portales.El rico de la parábola no es condenado por haber hecho nada malo. Su pecado fue de omisión porque no hizo el bien que estaba llamado a hacer. ¿Y nosotros, tenemos también anestesiado el corazón por el apego y el disfrute momentáneo de las riquezas e ignoramos al hermano que sufre a la puerta de casa? El papa Francisco decía que un cristiano, aunque no haga nada malo, si no ejerce la solidaridad concreta y no se arrodilla ante el pobre donde está Cristo, no es cristiano. Ya lo sabemos: al atardecer de la vida nos examinarán de amor. ¡Estamos a tiempo!

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El Espejo Andalucía, 26 de septiembre de 2025

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

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El Jubileo de los Catequistas y el Octubre Misionero, en El Espejo

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NoticiaEl Espejo

José Luis Pereyra, delegado de Misiones · Autor: ANTONIO MORENO

Publicado: 26/09/2025: 85

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COPE Málaga

Una conexión telefónica con los catequistas que viven este fin de semana el Jubileo en Roma, acompañados por el delegado, Gonzalo Martín; y una entrevista en profundidad con el delegado de Misiones, el misionero de la Consolata José Luis Pereyra, ante el Octubre Misionero, entre los temas del Espejo de este viernes. Aquí puedes escuchar el podcast.

El ESPEJO de este viernes:

  • conecta con el delegado de Catequesis, Gonzalo Martín, desde Roma, donde están viviendo el Jubileo
  • entrevista al delegado de Misiones, José Luis Pereyra, misionero de la Consolata, con motivo de la llegada del Octubre Misionero
  • invita a participar en la apertura de curso de los centros teológicos, de la mano del autor de la lección inaugural, el profesor Luis Rosa
  • termina con la invitación a la oración del franciscano Manuel Lama, religiosos que ha vivido 12 años en Tierra Santa y acaba de llegar a la comunidad del Convento de san Francisco en Vélez-Málaga

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Ianire Angulo: «El Evangelio, como el amor, va de lo que no luce pero ilumina»

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“Huellas de Dios en lo cotidiano. Una espiritualidad de la vida diaria”, es el título de la II Semana de Espiritualidad de los Centros de Estudios Teológicos San Pablo. En ella participa, junto a otros ponentes, Ianire Angulo, ESSE, doctora en Teología y profesora de Sagrada Escritura de la Univesidad Loyola

En la época de la hiperconexión y la sobreexposición,  ¿hay lugar para lo que no brilla, lo que no se ve, en nuestra vida?
En creyente tiene que haber un lugar. El Evangelio va de eso, de lo oculto, de la levadura, de la semilla, de lo que parece que no es digno de aprecio y se convierte en una potencialidad, algo que transforma la realidad de una manera absolutamente nueva. De hecho, el amor tiene que ver con lo oculto, lo que no luce, lo que no brilla pero ilumina, nos da sentido y nos lleva más allá. Ojalá en esto seamos contraculturales y podamos ofrecer claves distintas para abordar lo cotidiano y no para vivir huyendo de ello, de lo que parece que nunca contaríamos en nuestras biografías.

¿Cuál va a ser su aportación a esta semana?
Mi enfoque va a ser bíblico, fundamentalmente. Daré algunas pistas de cómo lo cotidiano se percibe en la tradición bíblica, en los evangelios (en el de Marcos de manera especial), pero también en el Antiguo Testamento. Como la Escritura es el alma de la Teología, entiendo que va a ser el punto de arranque de las demás aportaciones, que también serán muy ricas, pero darán un pasito más.

¿Y qué es lo escondido si miramos al Evangelio?
El Evangelio de Mateo dice que es en lo oculto, en lo secreto, donde Dios nos ve, donde el Padre nos ve. No se trata del ojo que todo lo ve y que está esperando a que te confundas para pillarte, sino de aquello que guardamos en lo más profundo del corazón, el lugar desde donde Dios sale a nuestro encuentro, se hace el encontradizo y se tropieza con nosotros en el día a día. Para los cristianos es lugar de revelación, lugar donde Dios se nos manifiesta, lugar donde nos encontramos con el resucitado, recibimos la llamada y somos. En él podemos descubrir llamada, misión, vocación, sentido y luz en medio de situaciones complejas. Para nosotros tiene valor, especialmente, porque seguimos a un Dios que decide hacerse de el encontradizo, uno de nosotros, y compartir lo cotidiano, la rutina, el día día, mano a mano con sus contemporáneos en la historia.

¿Qué claves considera imprescindibles para que lo ordinario no nos saque de nuestra amistad con Jesús, sino que sea un lugar de encuentro propicio?
Muy interesante, porque es verdad que con mucha frecuencia consideramos que el día a día es tropiezo, lugar de confusión, que nos descentra. Quizá descubrirlo y reconocerlo como oportunidad, como mediación y lugar en el que el Señor se nos esconde en los recovecos del día a día, nos permite también afrontar lo diario de una manera distinta y convertir en extraordinario lo que es ordinario. Descubrir que, en los resquicios de aquello a lo que igual no le echamos cuentas, nos encontramos los gestos del Amor, las huellas del Señor, las invitaciones a servir, a amar, a cuidarnos y a querernos. Ojalá sean nuestras claves también a la hora de vivir e interpretar la realidad.

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Yo me pringo por el trabajo decente

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El 7 de octubre es la Jornada Mundial por el Trabajo Decente bajo el lema «Yo me pringo por el Trabajo Decente» y se celebrará el día 8 con varios actos: la Eucaristía en la parroquia de Stella Maris a las 19.00 horas, invitando después a unirse al Círculo de Silencio, a las 20.00 horas, en la Plaza de la Constitución.

La reivindicación del trabajo decente «es una reclamación esencial, no un privilegio: condiciones de trabajo decentes para que se pueda desarrollar la persona. Se pide lo básico: un salario justo, entornos seguros y saludables de trabajo, respeto de las jornadas laborales y de los periodos de descanso, igualdad de trato…», afirman desde la Plataforma por el Trabajo Decente en la que participan Cáritas, la Confederación de Religiosos y la Hermandad Obrera de Accionarial Católica de Málaga. 

Y es que, «todavía no se han logrado estas condiciones y la falta de un trabajo decente alcanza a la mayoría de los empleos. A quienes más afecta es a los jóvenes en sus primeros puestos de trabajo, los migrantes, las mujeres, los  desempleados de larga duración y las personas de otras etnias. Sin este trabajo decente se pierde la oportunidad de una vivienda, de espacios de relación y socialización, del desarrollo personal y de libertad. Todo ello lleva a la pobreza y a la exclusión social», añaden en un comunicado que han hecho público con motivo de la jornada del 7 de octubre. 

Este año 2025, en el que la Iglesia está celebrando el Jubileo de la Esperanza, ponen la mirada, de forma especial, en las personas migradas pues «aun  sabiendo que contribuyen al crecimiento económico de nuestro país y que ocupan puestos de trabajo que no queremos realizar los oriundos, su reconocimiento social no es el justo. Sufren marginación, exclusión social y se les censura mediante rumores infundados, convirtiendo sus empleos en espacios no protegidos, precarios y mal pagados. En definitiva, en trabajos no decentes». 

Desde la Plataforma ITD «queremos hacer nuestro el lema de este año: “Yo me pringo por el Trabajo Decente”. Sabemos que es posible promover un empleo decente hoy para toda persona y seguir contribuyendo al crecimiento económico de todos y no sólo de unos pocos».

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HOMILÍA VIRGEN de la MERCED y de la MISERICORDIA

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Querida Comunidad reunida en torno al Altar, para celebrar la Virgen de la Merced, esta mujer con las cadenas rotas en sus manos. Hermanos sacerdotes, Sr. Director y Sras. y Sres. Subdirectores, Representantes de las distintas Instituciones, Funcionarias y Funcionarios, Autoridades Civiles y Militares. Representantes de la Hermandad del Prendimiento, Voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, Internas e internos de este centro.

Aunque ya la conozcáis dejadme que la rememore. Cuenta la historia que  el 1 de agosto del año 1218, cuando la Iglesia celebraba la fiesta de San Pedro encadenado, en la cárcel Mamertina de Roma, un joven, llamado Pedro Nolasco tuvo una visión de la Virgen María, dándose a conocer como La Merced, es decir la Misericordiosa, que le pidió fundara una Orden religiosa con el fin principal de redimir a los cristianos cautivos. En ese momento, la península Ibérica vivía guerras entre los pueblos que la habitaban y los piratas y esclavistas asolaban las costas del Mediterráneo, haciendo miles de cautivos que llevaban al norte de África.

A modo de un ejército de monjes, Pedro Nolasco impulsó la creación de la “Celeste, Real y Militar Orden de la Merced”, fundada, hoy día, en la Catedral de Barcelona, con la presencia y el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el consejo particular de san Raimundo de Peñafort. Tan solo veinte años antes, el francés Juan de Mata (1154-1213), fundó la  “Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos” llamados Trinitarios

Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los presos redimidos por los monjes mercedarios del cautiverio. Y unos tres mil son los religiosos que se consideran mártires por morir en cumplimiento del voto de liberar cautivos que habían hecho.

Pero historias aparte, María a la que hoy celebramos, sigue siendo la Madre de la Misericordia: “Reina y Madre de Misericordia… vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos…” Rezamos en la popular oración de la Salve, que un monje gallego escribió en el año 800, y que tanto ha arraigado en la religiosidad popular, tanto que muchos la hemos aprendido de los labios de nuestras madres y abuelas.

La misericordia es la compasión delante de cualquier sufrimiento, cualquiera desgracia, y también ante el pecado y el vacío existencial que tantas veces nos desestructura y nos produce destrucciones interiores y exteriores, muchas veces difíciles de superar.

Entre vosotros, en este centro, viven también hermanos musulmanes y su libro sagrado, el Corán, comienza: “En el nombre de Alá, el compasivo y misericordioso”. Compasión y Misericordia, es lo que nos debe de unir a unos y a otros, porque van de la mano y son la esencia, o el ADN, del Corazón de Dios.

Por eso Jesucristo, cuando nos contó la parábola del buen samaritano nos enseñó a ser misericordiosos. Nos presenta a un hombre destrozado, herido, vejado, despreciado, a la orilla del camino… aparentemente muerto. Pero para Dios ¡nadie está muerto! Pasaron por allí entendidos en la ley de Moisés, sacerdotes, personas relacionadas con lo religioso… es decir personas que se suponía sabían mucho de Dios… pero todos pasaron de largo. Eso nos puede ocurrir a nosotros también.

Un extranjero, de otra religión, pisando tierra peligrosa, era odiado y no bienvenido en aquellos caminos de una nación en guerra, no solo psicológica, con la suya… se repiten los esquemas, como si nunca creciéramos. Pues bien, nos dice Jesús, aquella persona se acercó, miró, tuvo compasión y se lo llevó con él. ¡Ejerció la misericordia! Según el entendido de la ley y enemigo acérrimo de los de Samaría.

Todos nosotros, seamos del pueblo que seamos, si creemos en Dios, “el compasivo y misericordioso” ¡para todos! Debemos ejercer la misericordia para parecernos una pizca a Dios.

¿Y cómo ejercer la misericordia? Volvamos la mirada a María, la de las cadenas rotas. Pues ¡Siendo Madre! Sabemos que las madres, de una manera natural, tienen una ternura, una compasión espontánea para aquellos que sufren, de una u otra manera, y están o se sienten heridos. El ser humano, para acoger a una mujer como madre tiene que aceptar su ternura maternal, el amor misericordioso que manifiesta en todos sus gestos y palabras. La madre está desde el principio hasta más allá del final. La acabamos de contemplar al pie de la cruz. Y después la volveremos a encontrar con los discípulos de su Hijo en el Cenáculo, el día de Pentecostés.

Pero para ser misericordioso es necesario que nosotros mismos hayamos experimentado la misericordia. Creéis que el joven herido, casi muerto, de la cuneta de la parábola del buen samaritano a partir de entonces ¿no cambiaría su corazón y su vida? En este sentido, acoger la misericordia, experimentarla en uno mismo, es fuente de impulso y anuncio misionero del perdón y del amor. ¿Pensáis que, si vivimos con heridas obcecadamente abiertas, incapaces de perdonarnos, podremos perdonar y ser misericordiosos?

En la oración del “Magníficat” proclamada por la Virgen durante su visita a su prima Isabel, que hemos escuchado en el “salmo”, María a voz en grito anuncia que la misericordia de Dios “llega a sus fieles de generación en generación”.

María, la agraciada, la llena de misericordia, ante la angustia de su prima, ante la oscuridad en la que vivía su pueblo, ante el peligro de haber sido lapidada, sin horizontes de esperanza, anuncia la salvación a todos aquellos y aquellas que sufren, que están afectados por la desesperanza, que es el mayor pecado.

No temamos que Dios nos haga Misericordia para que, podamos nosotros también ser testigos y artesanos de la misericordia en medio de nuestro mundo y de todos los que, día a día, nos rodean. Pasad un buen día de fiesta. ¡Ánimo y adelante!

Centro Penitencial “El Acebuche”

Almería 24 de septiembre de 2025

+Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

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La Pastoral Penitenciaria de Almería recibe la Medalla de Bronce al Mérito Social en la celebración de la Virgen de la Merced en El Acebuche

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Con gran gozo y alegría se celebró la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, en el Centro Penitenciario El Acebuche.

La jornada, vivida con profundo espíritu de fe y esperanza, tuvo como acto central la solemne Eucaristía presidida por D. Antonio Gómez Cantero, obispo de la Diócesis de Almería, en la capilla del centro penitenciario.

A la celebración litúrgica asistieron el director del centro, sus subdirectores, autoridades civiles y militares, funcionarios de prisiones, internos e internas, voluntarios de Pastoral Penitenciaria y representantes de la Hermandad del Prendimiento. El coro de la capilla acompañó con sus voces, creando un ambiente de oración y fraternidad entre todos los presentes.

Tras la misa, se celebró el acto institucional, en el que la Pastoral Penitenciaria de Almería fue distinguida con la Medalla de Bronce al Mérito Social, otorgada por Instituciones Penitenciarias en reconocimiento a su entrega, compromiso y labor evangélica en favor de las personas privadas de libertad.

La distinción fue recogida por el obispo, quien subrayó en sus palabras que esta medalla no es solo un honor, sino un signo visible de la presencia de Cristo entre los más necesitados, y un estímulo para continuar trabajando con renovada ilusión al servicio de los internos e internas.

LEA AQUÍ LA HOMILÍA DEL OBISPO

HOMILÍA VIRGEN de la MERCED y de la MISERICORDIA

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PRESENTADO EL LOGO OFICIAL DE LA BEATIFICACIÓN DEL CURA VALERA

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La Beatificación del Venerable Cura Valera y todos los actos que en torno a ella se celebren cuentan ya con un Logo oficial.

Junto al rostro del Cura Valera reconocible por su bonete aparece su nombre, su pueblo y la fecha de la ceremonia de Beatificación y en lugar destacado el detalle del Cáliz, que el Ayuntamiento de Cartagena le regaló a finales de 1865 como obsequio por su entrega como párroco ante la epidemia de cólera sufrida ese año, y que se custodia en la Parroquia de Huércal-Overa.

El Cáliz, que contiene la Sangre de Cristo ofrecida por nosotros en la cruz, sacrificio que se renueva cada día en la Santa Misa, es signo de la entrega del sacerdote que en cada Eucaristía renueva también la entrega de su vida a Cristo y a los hombres en el ministerio sacerdotal, para dar su vida por todos como hizo Nuestro Señor.

06 LOGO CURA VALERA 2026 FINAL

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Homilía en la fiesta de la Merced, en el Centro Penitencial “El Acebuche”

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Querida Comunidad reunida en torno al Altar, para celebrar la Virgen de la Merced, esta mujer con las cadenas rotas en sus manos. Hermanos sacerdotes, Sr. Director y Sras. y Sres. Subdirectores, Representantes de las distintas Instituciones, Funcionarias y Funcionarios, Autoridades Civiles y Militares. Representantes de la Hermandad del Prendimiento, Voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, Internas e internos de este centro.

Aunque ya la conozcáis dejadme que la rememore. Cuenta la historia que  el 1 de agosto del año 1218, cuando la Iglesia celebraba la fiesta de San Pedro encadenado, en la cárcel Mamertina de Roma, un joven, llamado Pedro Nolasco tuvo una visión de la Virgen María, dándose a conocer como La Merced, es decir la Misericordiosa, que le pidió fundara una Orden religiosa con el fin principal de redimir a los cristianos cautivos. En ese momento, la península Ibérica vivía guerras entre los pueblos que la habitaban y los piratas y esclavistas asolaban las costas del Mediterráneo, haciendo miles de cautivos que llevaban al norte de África.

A modo de un ejército de monjes, Pedro Nolasco impulsó la creación de la “Celeste, Real y Militar Orden de la Merced”, fundada, hoy día, en la Catedral de Barcelona, con la presencia y el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el consejo particular de san Raimundo de Peñafort. Tan solo veinte años antes, el francés Juan de Mata (1154-1213), fundó la  “Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos” llamados Trinitarios

Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los presos redimidos por los monjes mercedarios del cautiverio. Y unos tres mil son los religiosos que se consideran mártires por morir en cumplimiento del voto de liberar cautivos que habían hecho.

Pero historias aparte, María a la que hoy celebramos, sigue siendo la Madre de la Misericordia“Reina y Madre de Misericordia… vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos…” Rezamos en la popular oración de la Salve, que un monje gallego escribió en el año 800, y que tanto ha arraigado en la religiosidad popular, tanto que muchos la hemos aprendido de los labios de nuestras madres y abuelas.

La misericordia es la compasión delante de cualquier sufrimiento, cualquiera desgracia, y también ante el pecado y el vacío existencial que tantas veces nos desestructura y nos produce destrucciones interiores y exteriores, muchas veces difíciles de superar.

Entre vosotros, en este centro, viven también hermanos musulmanes y su libro sagrado, el Corán, comienza: “En el nombre de Alá, el compasivo y misericordioso”. Compasión y Misericordia, es lo que nos debe de unir a unos y a otros, porque van de la mano y son la esencia, o el ADN, del Corazón de Dios.

Por eso Jesucristo, cuando nos contó la parábola del buen samaritano nos enseñó a ser misericordiosos. Nos presenta a un hombre destrozado, herido, vejado, despreciado, a la orilla del camino… aparentemente muerto. Pero para Dios ¡nadie está muerto! Pasaron por allí entendidos en la ley de Moisés, sacerdotes, personas relacionadas con lo religioso… es decir personas que se suponía sabían mucho de Dios… pero todos pasaron de largo. Eso nos puede ocurrir a nosotros también.

Un extranjero, de otra religión, pisando tierra peligrosa, era odiado y no bienvenido en aquellos caminos de una nación en guerra, no solo psicológica, con la suya… se repiten los esquemas, como si nunca creciéramos. Pues bien, nos dice Jesús, aquella persona se acercó, miró, tuvo compasión y se lo llevó con él. ¡Ejerció la misericordia! Según el entendido de la ley y enemigo acérrimo de los de Samaría.

Todos nosotros, seamos del pueblo que seamos, si creemos en Dios, “el compasivo y misericordioso” ¡para todos! Debemos ejercer la misericordia para parecernos una pizca a Dios.

¿Y cómo ejercer la misericordia? Volvamos la mirada a María, la de las cadenas rotas. Pues ¡Siendo Madre! Sabemos que las madres, de una manera natural, tienen una ternura, una compasión espontánea para aquellos que sufren, de una u otra manera, y están o se sienten heridos. El ser humano, para acoger a una mujer como madre tiene que aceptar su ternura maternal, el amor misericordioso que manifiesta en todos sus gestos y palabras. La madre está desde el principio hasta más allá del final. La acabamos de contemplar al pie de la cruz. Y después la volveremos a encontrar con los discípulos de su Hijo en el Cenáculo, el día de Pentecostés.

Pero para ser misericordioso es necesario que nosotros mismos hayamos experimentado la misericordia. Creéis que el joven herido, casi muerto, de la cuneta de la parábola del buen samaritano a partir de entonces ¿no cambiaría su corazón y su vida? En este sentido, acoger la misericordia, experimentarla en uno mismo, es fuente de impulso y anuncio misionero del perdón y del amor. ¿Pensáis que, si vivimos con heridas obcecadamente abiertas, incapaces de perdonarnos, podremos perdonar y ser misericordiosos?

En la oración del “Magníficat” proclamada por la Virgen durante su visita a su prima Isabel, que hemos escuchado en el “salmo”, María a voz en grito anuncia que la misericordia de Dios “llega a sus fieles de generación en generación”.

María, la agraciada, la llena de misericordia, ante la angustia de su prima, ante la oscuridad en la que vivía su pueblo, ante el peligro de haber sido lapidada, sin horizontes de esperanza, anuncia la salvación a todos aquellos y aquellas que sufren, que están afectados por la desesperanza, que es el mayor pecado.

No temamos que Dios nos haga Misericordia para que, podamos nosotros también ser testigos y artesanos de la misericordia en medio de nuestro mundo y de todos los que, día a día, nos rodean. Pasad un buen día de fiesta. ¡Ánimo y adelante!

Centro Penitencial “El Acebuche”

Almería 24 de septiembre de 2025

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Iniciación cristiana adultos en la Diócesis de Huelva

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Iniciación cristiana adultos en la Diócesis de Huelva

Por eso, en nuestra Diócesis de Huelva queremos acoger y acompañar a los adultos que sienten el deseo de vivir la fe y recibir los sacramentos del Bautismo, la Comunión y la Confirmación.

Desde la Delegación de Evangelización, Catequesis y Catecumenado, ofrecemos un camino de formación para ofrecer el mayor tesoro de la Iglesia: del amor de Dios (Kerigma) a través de la catequesis, adaptada a la vida y las necesidades de hoy.

Si tienes más de 18 años, vives en Huelva y aún no has recibido estos sacramentos, te invitamos a iniciar juntos este hermoso camino de fe.

Estaremos el próximo jueves 2 de Octubre a las 18:00 horas en el Seminario Diocesano para informarte de todo lo relevante de estas catequesis.

Si deseas recibir información adicional puedes contactar a través del correo electrónico: catequesis@diocesisdehuelva.es o del teléfono: 698 943 903.

La Iglesia en Huelva invita a todos los interesados a dar este importante paso en su camino de fe, y a integrarse en esta experiencia de crecimiento espiritual y comunitario.

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