Misa de la romería de la Divina Pastora de Cantillana, presidida por el arzobispo de Sevilla, mons. Saiz Meneses, en la explanada de la ermita.
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La Jornada mundial del migrante y del refugiado se celebrará este año el 5 de octubre para coincidir con el Jubileo de los migrantes en Roma. El lema elegido para la Jornada es “Migrantes, misioneros de esperanza” y la Delegación de Migraciones de la diócesis de Córdoba se suma a la misma con la celebración de una eucaristía que presidirá monseñor Jesús Fernández el domingo, 5 de octubre, a las 12:00 horas, en la Santa Iglesia Catedral. A continuación, tendrán una jornada de reflexión en el Salón del Trono del Palacio Episcopal y un aperitivo fraterno en el patio.
El Papa León en el mensaje que ha publicado para la Jornada mundial del migrante y del refugiado recuerda que ésta “nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el vínculo entre esperanza, migración y misión”. El Santo Padre comienza su mensaje contextualizando el momento mundial actual “marcado por guerras, violencia, injusticias y fenómenos meteorológicos extremos, que obligan a millones de personas a abandonar su tierra natal en busca de refugio en otros lugares”. Ante este escenario es “importante que crezca en el corazón de la mayoría el deseo de esperar un futuro de dignidad y paz para todos los seres humanos”, continúa el Sumo Pontífice.
El Papa recuerda que el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que “la virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres” (n° 1818). Y sin duda, la búsqueda de la felicidad, y la perspectiva de encontrarla en otro lugar, es una de las principales motivaciones de la movilidad humana contemporánea. Esta conexión entre migración y esperanza se manifiesta claramente en muchas de las experiencias migratorias de nuestros días, explica el Papa León y añade que en un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados “se erigen como mensajeros de esperanza”. De manera particular, los migrantes y refugiados católicos pueden convertirse hoy en “misioneros de esperanza en los países que los acogen, llevando adelante nuevos caminos de fe allí donde el mensaje de Jesucristo aún no ha llegado o iniciando diálogos interreligiosos basados en la vida cotidiana y la búsqueda de valores comunes”.
El Papa termina su mensaje resaltando que la que “la Iglesia reza por todos los migrantes y refugiados, deseo encomendar a todos los que están en camino, así como a los que se esfuerzan por acompañarlos, a la protección maternal de la Virgen María, consuelo de los migrantes, para que mantenga viva en sus corazones la esperanza y los sostenga en su compromiso de construir un mundo que se parezca cada vez más al Reino de Dios, la verdadera Patria que nos espera al final de nuestro viaje”.
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Con un clima solemne y de esperanza, la Universidad de Huelva celebró el pasado viernes, 26 de septiembre, la Misa de Apertura del Curso Académico 2025-2026 en la Iglesia Universitaria Santa María Sedes Sapientiae, sita en el campus del Carmen. La Eucaristía, que comenzó a las 10:00 horas, fue presidida por el Obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, y contó con la participación del rector de la Universidad, los vicerrectores y demás autoridades académicas, acompañados también del delegado de Pastoral Universitaria, don Enrique Uzcátegui Rodríguez, y del rector del Seminario de la diócesis, don Juan José Feria Toscano.
La ceremonia reunió a una nutrida representación de la comunidad universitaria: profesores, personal de administración y servicios (PAS), estudiantes, y también autoridades civiles y militares de la ciudad y la provincia. Entre las autoridades académicas, destacaban la presencia del rector (quien ocupó lugar principal por jerarquía), los vicerrectores, decanos y directores de facultades. Así como representantes de la diócesis y del ámbito pastoral universitario.
Este acto litúrgico no sólo fue un momento espiritual sino también una manifestación pública de la estrecha colaboración entre la Universidad de Huelva y la Diócesis de Huelva, ratificando el compromiso conjunto en el fomento del diálogo entre la fe y la cultura, así como en el acompañamiento de la juventud cristiana dentro del ámbito universitario.



Durante su homilía, el Obispo quiso ofrecer una reflexión profunda, vinculando la misión universitaria con la misión cristiana. Invitó a todos los presentes a ser “luz del mundo y sal de la tierra”, retomando el mensaje evangélico en el contexto de la vida académica. Subrayó que la universidad debe ser una casa donde nacen oportunidades para el ser humano: no solamente formación técnica o profesional, sino crecimiento integral que impulse a cada persona a iluminar la sociedad con sus valores, su ética y su compromiso.
En ese sentido, Mons. Santiago Gómez Sierra insistió en que la presencia de Cristo en el ámbito universitario no es opcional ni simbólica, sino esencial. Cristo, afirmó, envía al Espíritu Santo —fuente de sabiduría— para habitar en esta casa del conocimiento. Por ello, la universidad debe ser espacio donde ese Espíritu more, oriente la búsqueda de la verdad y sostenga los anhelos profundos de trascendencia de los estudiantes y docentes.
El Obispo evocó también imágenes cercanas: la universidad como campo de siembra donde germinan talentos, ideales y vocaciones; la sabiduría que no se reduce a datos ni competencias, sino que abre al sentido pleno de la existencia. Recordó que los estudios, lejos de separarse de la fe, pueden encontrar su verdadero impulso cuando la razón dialoga con el misterio, cuando el conocimiento técnico convive con la dimensión ética y espiritual.
Asimismo, expresó una llamada de atención a la juventud universitaria: no perder la audacia, la curiosidad, el idealismo, pero siempre con raíces firmes, especialmente en los valores humanos y en la esperanza cristiana.





Finalizada la Misa, la comunidad universitaria se trasladó al aula magna de la universidad para celebrar el acto académico solemne de inicio de curso, a partir de las 12:00 horas. Este acto protocolario fue presidido por el Rector Magnífico, quien —rodeado por los vicerrectores, la junta de gobierno de la Universidad y las autoridades invitadas— declaró oficialmente abierto el curso 2025-2026.
En este acto intervinieron también el Obispo de Huelva, el delegado de Pastoral Universitaria y el rector del Seminario, representando a la diócesis. Su presencia oficial simbolizó la conexión permanente entre la institución educativa y la Iglesia diocesana. En sus intervenciones se reafirmaron los valores de servicio al bien común, la apuesta por la formación integral y el compromiso universitario con la sociedad onubense y más allá.
Este doble acto —litúrgico y académico— pone de manifiesto la vocación de la Universidad de Huelva de cultivar no sólo la excelencia científica, técnica o profesional, sino también la formación humanística, ética y espiritual de sus miembros. En un mundo que demanda conocimiento, innovación y solidaridad, la alianza entre universidad y diócesis asume un papel relevante: ser puente entre fe y razón, diálogo cultural y compromiso social.
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Una delegación de 55 personas de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús de Córdoba ha peregrinado durante los días 19,20 y 21 de septiembre a Valladolid, para visitar «lugares muy importantes del Corazón de Jesús», pilar y fundamento de la Asociación de la Guardia de Honor, según han informado en un comunicado.
El viernes 19 , el grupo visitó el Cerro de Los Ángeles en Getafe y la Iglesia de Santiago en Medina del Campo, donde asistieron a la Eucaristía y pudimos contemplar la espina de la corona de Jesús que se conserva en un relicario.
La jornada del sábado se dedicó a visitar la Basílica de la Gran Promesa en Valladolid, donde pudieron escuchar «unas explicaciones magníficas sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús» y posteriormente realizaron la visita a la Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián en Valladolid, donde pudieron contemplar gran cantidad de relicarios con reliquias de Santos y disfrutar de las explicaciones de la historia de esta Iglesia jesuita.
La localidad de Torrelobatón, pueblo donde nació el Beato Bernardo de Hoyos y la visita a su casa natal, el castillo del pueblo y la parroquia de Santa María, donde se bautizó el Beato, fue otro de los destinos en esta visita a Valladolid, donde además pudieron participar en el bautizo de una niña del pueblo, siguiendo los pasos del Beato Bernardo de Hoyos.
Por último, el domingo los miembros de la Guardia de Honor asistieron a misa en una de las capillas de la hospedería, donde fueron visitados por por don Jesús Fernández, Director de la Hospedería, Rector de la Basílica de la Gran Promesa y Vicario General de la Diócesis de Valladolid, con el que pudieron compartir con el su devoción a San Juan de Ávila y sus visitas a Montilla, donde se venera las reliquias del doctor de la Iglesia y patrón del clero español.
Después de la homilía todos se consagraron al Corazón de Jesús y, al finalizar la Eucaristía, se repartieron diplomas personalizados de la asistencia a la peregrinación. Según la Guardia de Honor, «ha sido una peregrinación inolvidable donde el Corazón de Jesús ha derramado muchas gracias, que se ha podido comprobar a través de los testimonios de los peregrinos. Sagrado Corazón de Jesús en vos confío.»






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El pasado miércoles 24 de septiembre tuvo lugar el primer Círculo de Silencio del presente curso pastoral, organizado por el Secretariado de Migraciones.
Durante el acto se leyó un manifiesto bajo el lema “Migrantes, signos de esperanza”, que recordó la dignidad y la valentía de quienes dejan atrás su tierra en busca de un futuro mejor. El texto subrayó que migrar es un acto de esperanza y resistencia, y que los migrantes enriquecen a las sociedades que los acogen con su cultura, su historia y su esfuerzo.


El manifiesto también señaló los obstáculos que enfrentan, desde políticas restrictivas hasta prejuicios sociales, y reconoció la importancia de los gestos de fraternidad que transforman la vida cotidiana: comunidades acogedoras, vecinos solidarios, voluntarios, maestros y profesionales que acompañan sin distinción.
Además, se hizo un llamamiento a la solidaridad global, recordando la situación de quienes se ven forzados a migrar en contextos de conflicto, como las familias desplazadas en Gaza, y se subrayó la necesidad de defender la vida, la dignidad y la justicia para todos los migrantes.


Con esta iniciativa, la Diócesis de Huelva reafirma su compromiso con la acogida y la defensa de los derechos humanos, promoviendo la sensibilidad y la acción de la comunidad frente a las injusticias y la exclusión.
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Yecla acogió el pasado sábado el encuentro anual que tienen los coros parroquiales de la Diócesis de Cartagena. La Delegación de Pastoral Juvenil convoca cada año esta jornada en la que participan niños, jóvenes y adultos. Un día «de verdadera alegría» como aseguró su delegado, Pablo García Felix: «Nuestra Iglesia es una Iglesia viva, que celebra la fe con un espíritu de gozo, y qué mejor manera de manifestarlo que cantando para bendecir y alabar al Señor».
En su XXX edición, la mañana comenzó con un pasacalles hasta la Basílica de la Purísima Concepción, donde tuvo lugar la oración de la mañana. Después, los asistentes, en la Parroquia El Niño Jesús, pudieron disfrutar con la representación teatral de algunas de las escenas del Auto de Reyes Magos, que suelen escenificar aquí cada 6 de enero, y con el que estaba relacionado el lema escogido para este encuentro: «Venimos a adorarlo» (Mt 2, 2), Él es nuestra esperanza. Antes de la comida fraterna en el patio del Colegio La Inmaculada, se celebró la Eucaristía.
Ya por la tarde, el festival de coros se desarrolló en la explanada de la iglesia de San Francisco. En él participaron cerca de una veintena de grupos procedentes de diferentes parroquias de la diócesis. «Fue una gozada poder ver a tantos coros reunidos. A veces sentimos que estamos solos en nuestras parroquias pero en nuestra Diócesis somos numerosos los grupos que realizamos este servicio; es un regalo poder reunirnos en estos encuentros de fraternidad y comunión en el que sentir que nos tenemos los unos a los otros», expresa Ángela López, miembro de la organización de este encuentro en Yecla.
Con el himno compuesto para esta ocasión finalizaba el concierto, momento en el que se produjo el tradicional pase de guitarra, un gesto con el que se dio a conocer el lugar en el que se celebrará esta convivencia el próximo año, que será en la Parroquia San Agustín de Fuente Álamo.
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En la tarde y noche del sábado 20 de septiembre, Huelva se hizo palpitante de oración y de belleza sobrenatural. En un gesto de íntima devoción y de pública manifestación de fe, nuestra amada tierra se convirtió, por unas horas, en un santuario a cielo abierto, al albergar la Procesión Jubilar Magna Mariana. Fue un momento de encuentro entre lo humano y lo divino, cuando el paso de las imágenes marianas desplegó un canto de esperanza y de amor en cada calle, en cada plaza, en cada mirada asombrada.
Desde el alba, los templos lucieron sus mejores galas. Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos se reunieron en torno al rezo, al rosario, al silencio expectante. Las calles comenzaron a llenarse de flecos de luz, de incienso y de flores. Huelva despertó con una dulce sacudida interior: se sabía que algo grande iba a suceder.
A media mañana ya corría el rumor: “Hoy somos tierra de María”. Ese eco se fue haciendo voz compartida, que subía desde cada barrio: La Orden, San Sebastián, El Polvorín, las parroquias que atesoran imágenes queridas, las hermandades que con celo y desgarrada entrega cuidaron hasta el último detalle.
Y cuando el sol empezó a descender, cuando el aire se tornó más dorado, al filo del anochecer empezó el desfile solemne: veinticuatro comitivas que, bajo palios y cirios, avanzaron como hileras de plegaria sobre el empedrado urbano. Cada imagen era una región que ofrecía su mirada; cada paso, un latido que resonaba en el pecho del pueblo.
La procesión fue un poema visual: cada virgen, cada advocación, fue ofrecimiento de ternura. Abrió el cortejo la Virgen de la Paz, con manto níveo y rostro sereno, y luego siguieron otras devociones que jalonaron el trayecto con su presencia maternal.
En la Gran Vía, epicentro del desfile, las fachadas lucieron cortinas bordadas, banderines y guirnaldas; los balcones se convirtieron en tribuna de íntima emoción. Frente al Ayuntamiento, el palco de autoridades acogió al obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra; al obispo emérito, José Vilaplana; al vicario general Emilio Rodríguez; a la alcaldesa de la ciudad, Pilar Miranda y al presidente del Consejo de Hermandades, Antonio González. Fue allí donde el pueblo, con su presencia, selló el pacto de amor con la Madre de Dios.
El silencio profundo, interrumpido solo por los golpes de llamador y por leves susurros de plegaria, envolvió el trayecto. Pero también se escucharon tambores y danzas en homenaje serrano, aplausos espontáneos ante el paso de las patronas coronadas, coros que se humedecieron al entonar letanía, la música cadenciosa de bandas dedicadas.
Y al final, como broche de oro, apareció la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad de Huelva, cerrando el cortejo con una majestad conmovedora. La multitud, sobrecogida y emocionada, la recibió con vítores que se confundían con lágrimas, proclamando a la Señora de la Cinta como signo de identidad y de esperanza para toda la ciudad.
La procesión jubilar reunió a un extraordinario elenco de devociones marianas, expresión viva de la riqueza espiritual de nuestra diócesis. En este orden, participaron:
Este elenco mariano configuró un auténtico mosaico de devoción, donde cada advocación se hizo presente como símbolo de la fe de su pueblo y de la comunión eclesial que une a toda la diócesis.
Este día magnífico no fue solo un acto litúrgico, ni simplemente un desfile de imágenes; fue una proclamación colectiva: “Huelva reconoce a María como Madre, Huelva cree, Huelva ama”.
La Magna Mariana ha sido una jornada de comunión entre las parroquias, las hermandades, las instituciones civiles y el corazón sencillo del pueblo. Ha sido ocasión de encuentro entre generaciones: los ancianos que vivieron otras magnas, los jóvenes que descubren la devoción mariana en nuevos modos, los devotos de ayer, hoy y mañana.
Además, este acontecimiento sitúa a Huelva en el mapa espiritual del país: no como un lugar remoto, sino como tierra en la que la fe cristiana respira con fuerza, como patria que levanta la mirada al cielo con gratitud, como ciudad que se hermana en torno a María.
La Diócesis de Huelva invita a todos los fieles y ciudadanos a prolongar en el corazón esta gracia concedida. Que las imágenes veneradas este día permanezcan no solo en sus pasos, sino en sus vidas. Que el recogimiento no se disipe con las luces del día siguiente. Que la advocación mariana sea faro cotidiano. Que esta Magna Mariana no quede como hecho aislado, sino semilla de renovación espiritual.
Que María, Madre de Dios y Madre nuestra, siga obrando en Huelva, intercediendo por sus hijos, custodiando sus caminos. Que la devoción nacida en esta tarde siga floreciendo, y que cada rincón de nuestra diócesis sea, siempre, santuario de amor mariano.










































































































































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La pandemia imposibilitó hace cinco años la celebración de la romería de la Divina Pastora de Cantillana. Este año se cumplían, por tanto, diez años de la última ocasión en la que los devotos pastoreños acompañaron a la imagen atribuida a Ruiz Gijón hasta la ermita ubicada a las afueras de esta localidad de la Vega del Guadalquivir. El riesgo de lluvia, que se hizo presente en la parte final de la misa, no impidió que la explanada de la ermita se llenara la mañana del domingo de fieles que participaron en la Eucaristía que presidió el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses.
Don José Ángel destacó que, en la peregrinación a la ermita, cobra “un sentido más intenso” la devoción a la Divina pastora de las Almas, porque “María no es solo figura de devoción singular, sino modelo de conversión, de cercanía compasiva, de cuidado del rebaño”. “Cantillana es tierra de María Pastora”, añadió antes de recordar que “en este Año Jubilar de la Esperanza, la romería quiere ser peregrinación interior, peregrinación del espíritu, tanto como exterior”. “En esta romería -apunto- renovemos el sueño de esperanza para Cantillana, para nuestra Archidiócesis, para cada familia”.
Romería como “punto de inflexión espiritual”
El arzobispo dejó dos compromisos concretos para los devotos pastoreños en su homilía. El primero, que “la romería no sea solo evento del que queda su correspondiente recuerdo, sino punto de inflexión espiritual”. Aludiendo a las lecturas del día, instó a “propiciar iniciativas eclesiales para favorecer a los más pobres, asegurar un mínimo digno para las familias, dar cauce a la cooperación social desde la fe”.
En segundo lugar, monseñor Saiz Meneses subrayó la necesidad de “vivir como comunidad creyente, no como agrupaciones cerradas”. Así, las hermandades, cofradías y grupos parroquiales deben “abrir sus puertas, caminar juntos con los más vulnerables, proponer la caridad organizada como dimensión constitutiva de la fe”. “No basta tener hermandades numerosas si el corazón está cerrado”, añadió. El arzobispo exhortó a los presentes a “acudir al sacramento de la reconciliación con sinceridad, para no permanecer con cargas que enturbian la comunión con Cristo”.
GALERIA FOTOGRÁFICA de la misa
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El pasado sábado 27 de septiembre las Religiosas de La Asunción, fundadas en el siglo XIX por Santa María Eugenia de Jesús, celebraron sus 50 años de presencia en la parroquia de Huércal-Overa. Hace tres años celebraron también este aniversario en Dalías. En septiembre de 1975 llegaron las primeras religiosas de La Asunción a Huércal-Overa, donde comenzaron a colaborar en esta Parroquia en todos sus grupos y acciones, al tiempo de visitaban ancianos y enfermos en sus casas, daban clases en el Colegio público o se preocupaban por las condiciones de vida de las familias más necesitadas y las atendían desde Cáritas y otras asociaciones del pueblo.
La jornada comenzó con una oración compartida con testimonios sobre la presencia religiosa en esta Parroquia y la inauguración de una plaza dedicada a las Religiosas de La Asunción. Por la tarde, la Santa Misa estuvo presidida y predicada por nuestro Obispo diocesano D. Antonio Gómez, y concelebrada por D. Ginés García, Obispo de Getafe, hijo de este pueblo, y otros sacerdotes, en la que la Superiora Provincial de La Asunción en España, Hna. Lola Herrera, natural de Dalías, en la acción de gracias presentó al Señor la entrega de tantas hermanas en estos años.
A continuación, se presentó un musical en el Teatro de la Villa que realizó un recorrido con imágenes de las Religiosas que han pasado por esta comunidad en todos estos años junto con la vida de muchos feligreses de Huércal-Overa y sus pedanías, mezclado con distintas canciones interpretadas bellamente por la Agrupación músico vocal de la Parroquia. Un ágape fraterno concluyó este día de acción de gracias a Dios.

La ciudad de Almería cuenta con la presencia y el testimonio vivo de las Hijas de la Caridad, compañía fundada por San Vicente de Paúl junto a Santa Luisa de Marillac en Francia en el año 1633.
Con motivo de la solemnidad de San Vicente de Paúl, el pasado sábado 27 de octubre se celebró una Eucaristía en su honor en la parroquia de San Sebastián. Junto al altar mayor, presidido por la imagen del Santísimo Cristo del Amor —cofradía con la que están hermanadas— se encontraba una imagen del santo con una frase que resume su vida y su misión: «Los pobres son mi peso y mi dolor».
Fieles a ese legado, las Hijas de la Caridad mantienen vivo el carisma vicenciano, expresándolo cada día en su vida comunitaria y en su servicio a los más necesitados. Una de las expresiones más visibles de esta espiritualidad es el Comedor Social de La Milagrosa, donde las hermanas acogen con amor a las personas más vulnerables de la ciudad, ofreciendo alimentos —una necesidad básica y urgente—, pero también cercanía, dignidad, inclusión y esperanza.
Durante la celebración, sor Antonia, responsable de la Comunidad de las Hijas de la Caridad en Almería, compartió un testimonio que refleja la magnitud de su labor:
“Cada día recibimos a muchísimas personas en el Comedor Social. En algunas ocasiones hemos llegado a superar las 150 comidas, y cada vez son más quienes acuden. Agradecemos profundamente a la sociedad almeriense su entrega y apoyo constante, pero seguimos necesitando ayuda, porque solas no podemos”.
Su entrega, sin embargo, va mucho más allá del Comedor Social. Las hermanas colaboran activamente con Cáritas Diocesana de Almería, prestando atención a las personas en situación de sin hogar que acuden en busca de desayuno, aseo o ropa.
Allí donde existe pobreza o necesidad, las Hijas de la Caridad están llamadas a hacerse presentes. Su vida —tejida de comunidad, oración y formación— gira en torno a la entrega a Cristo en el servicio a los pobres.
La espiritualidad vicenciana que las impulsa también se proyecta en la educación, desde los cimientos de la sociedad. En Almería están presentes a través de dos centros educativos: el Colegio Nuestra Señora del Milagro y el Colegio de La Milagrosa. En ellos, las hermanas apuestan por una educación de calidad que forme a los más pequeños —el futuro de la sociedad— poniendo siempre a Cristo en el centro.