
Después de que el Gobierno decretara el estado de alarma, después de que el Obispado ordenara el cierre de los templos y que muchas personas se quedaran aisladas en sus casas, los sacerdotes de la Diócesis, se vuelcan, más que nunca, en llevar la alegría del Evangelio y el consuelo de la fe a todos los fieles que permanecen confinados en sus casas.








