
Nada dura para siempre, y es frecuente que lo que un día fue extraordinario se convierta en lo normal. Hubo quienes en esta España —que un día sumida por el zarpazo de la miseria tenía en la mesa la imagen cotidiana de la escasez—-, acogían con alborozo, cuando el país iba saliendo del pozo, la apetitosa ave que se convirtió en la estrella de la celebración dominical: el pollo. Sí, tal cual.













