
La Iglesia está llena de la paz y alegría de jóvenes santos que acogieron a Cristo en su vida con amor inquebrantable. En el inicio de sus vidas, la madurez de su fe les condujo a perdonar a sus verdugos o convertir el dolor y la enfermedad en cercanía con Dios. Jóvenes de su tiempo que antes, como ahora, son elegidos para no separarse del amor al prójimo. Eligieron ser auténticos y no fotocopia como proclamaba el último joven beatificado: Carlo Acutis.


















