
No era una tarde de Vigilia de Espigas de juncia y romero por las calles, ni los hermosos atardeceres de junio jugueteaban para no dejar de alumbrar los empedrados rociados de serrines de colores, tampoco era una noche de bullicio en las calles, ni mucho menos la madrugada hacía presencia para escuchar cantos eucarísticos. Pero Jesús salió a nuestras calles y plazas, para bendecir esta tierra en una nueva Vigilia de Espigas que, a pesar de todo, se celebró para mayor gloria de Dios en la eucarística ciudad de Baeza.



















