
Cuando el amor envuelto en metáforas se propone la trascendencia, supera toda barrera imaginable en la traslación de los más grandes sueños. Las palabras cobran vida; están fraguadas en la confianza, en la alegría, en la certeza de que un mundo más excelso es factible con el trabajo y el esfuerzo de todos. El amor crea; no destruye. Su máxima es el otro por encima de todo.


















