
Situado en el parque natural de la Sierra de las Nieves, concretamente entre Tolox, Yunquera y Casarabonela, se encuentra Alozaina, cuya parroquia está dedicada a Santa Ana y Santiago Apóstol, Patrones de la localidad.

Situado en el parque natural de la Sierra de las Nieves, concretamente entre Tolox, Yunquera y Casarabonela, se encuentra Alozaina, cuya parroquia está dedicada a Santa Ana y Santiago Apóstol, Patrones de la localidad.

El sábado día 20 de febrero, el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, visitaba la parroquia San José, en Vélez-Málaga, enmarcada en la Visita Pastoral que está realizando al arciprestazgo de Axarquía Interior.

El 21 de febrero, 11 personas han sido elegidas por el Obispo para continuar el camino que les llevará al Bautismo, Confirmación y Eucaristía en esta Pascua próxima.

El viernes 26 de febrero, a las 19:30 horas, presidida por la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de los Dolores. Podrá seguirse por internet en www.vatelevision.com.

El sacerdote D. Rafael Funes Álvarez, de 77 años de edad, ha fallecido en la madrugada de este miércoles 24 de febrero de un infarto repentino. El entierro tendrá lugar, en la parroquia de Santa Ana de su Cáñar natal, a las 18 horas.
Rafael Funes nació en Cáñar en 1943. Contrajo matrimonio en Granada y ha sido padre de cuatro hijos. Como casado quiso comenzar a servir como diácono permanente en la diócesis, cosa que empezó a hacer en 1982.
En 1987 falleció su mujer, Antonia Mesa Torres, después de haber tenido cuatro hijos juntos. Su vida siguió dedicada al ministerio del diaconado en Órgiva y Ugíjar. A finales del año 1998 fue ordenado como sacerdote en Granada.

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La palabra «silencio» es un término que se usa con frecuencia pero que tiene significados muy diversos. El primer significado consiste en el intento de amordazar a los demás para impedir que se expresen con libertad. En este sentido equivale a la imposición autoritaria de algunas personas que se consideran maestras de los demás, o lo que es peor, a la actitud propia de las dictaduras. Hay otro significado del término que es la actitud de las personas que no tienen nada que decir, o que no quieren decir nada. En este caso es el resultado de algún tipo de incomunicación a causa del miedo, de la debilidad del propio pensamiento o de la falta de comprensión de lo que está pasando. También hay un silencio que es consecuencia del aislamiento y el abandono. De hecho, en nuestra sociedad hay mucha gente que vive sola y aislada. Pensemos en la gran cantidad de personas mayores que viven solas, en los enfermos mentales, en el acoso (bullying) escolar, en la marginación en el trabajo, etc.
También del silencio que se crea cuando optamos por mantener nuestra casa alejada de la estridencia de los aparatos electrodomésticos, del ruido de la calle o del ruido de los vecinos, del exceso de llamadas telefónicas y de las voces en los medios de comunicación. Cuando hemos conseguido apagar el silencio del ruido exterior todavía nos queda el interior, que, en ciertas ocasiones, es más molesto que el exterior. El reto de este ruido interior supone un largo camino que pasa por la superación de las heridas y los resentimientos incrustados (de los que ya hablamos en otras «miradas») y, además, por la superación del narcisismo egocéntrico y egolátrico que nos aliena de lo bueno que hay en nosotros mismos y en la sociedad.
Sin embargo, más allá de la superación del ruido exterior y la elaboración del silencio interior, existe un silencio creativo, que es aquel silencio capaz de escuchar cuando estamos abiertos a la realidad sin filtros y desde una actitud contemplativa. El horizonte que se va abriendo cuando tenemos esta actitud abierta y contemplativa todavía es un silencio penúltimo. La plenitud del silencio solamente se produce cuando este silencio contemplativo es capaz de presentir el Misterio escondido en el fondo de todas las cosas. Es un silencio espiritual que nos unifica por dentro, nos relaciona con los demás y al mismo tiempo escucha aquella Palabra de sentido y recibe aquella fuerza espiritual que ya estaba dentro de nosotros sin que hubiéramos sido conscientes de su presencia. Se trata de un silencio espiritual que abre nuestra mente al infinito, fortalece el corazón con serenidad y nos llena del gozo de vivir, creando la experiencia única y gozosa de sentir y vivir a Dios con nosotros.
Jesús García Aiz
Es muy habitual que cuando mantenemos una conversación que tiene cierta profundidad e intentamos exponer o comunicar algún sentimiento o experiencia importante, utilicemos la fórmula: «es como…». El motivo es que resulta muy complicado expresar con palabras aquellas experiencias vitales que verdaderamente son importantes y densas. Algo semejante ocurre en este fragmento del evangelio de Marcos en el que se describe el acontecimiento que vivieron Jesús y algunos de sus discípulos y que, tradicionalmente, se ha llamado: «La Transfiguración».
Para comprender el contenido de este acontecimiento, más que fijarnos en las imágenes, debemos atender al contexto en el que se produce. Jesús ha anunciado varias veces a sus discípulos cuál es el destino que le aguarda y les ha enseñado que la exigencia irrenunciable del discipulado es abrazar la cruz. Pero ellos siguen empeñados en sus sueños de grandeza, donde la cruz no tiene cabida. Por eso Jesús decide mostrar, anticipadamente, la verdad de la vida cristiana; todos los días de la vida de un cristiano están marcados por la cruz, pero esta no es nunca la última palabra de Dios. La gloria de la victoria final es la promesa que Jesús hace a sus discípulos.
Se podría decir que Jesús, más que dando respuesta a las dudas de sus discípulos respecto a cómo han de entender sus enseñanzas sobre las exigencias que supone ser cristiano, está planteando una pregunta más: ahora que ya sabes que no puedes rechazar la cruz ¿estás dispuesto a cogerla de la misma manera que la voy a coger yo?
La Transfiguración no busca adormecer a los discípulos para que no sean conscientes de las exigencias que conlleva ser seguidor de Jesús. En la Transfiguración, Jesucristo busca mostrar toda la verdad de la vida cristiana, que está marcada por la cruz, aunque nunca es el final definitivo. A lo largo de nuestra vida, Dios nos ofrece distintos consuelos en nuestra vida diaria, unas veces son pequeños gestos, otras veces, grandes momentos. Todos ellos son solo destellos de la promesa divina de la plenitud de vida que nos ofrece. Son instantes en los que Dios nos dice, al mismo tiempo: no tengas miedo a cargar con tu cruz de cada día, ni pidas que el peso sea más llevadero, por un lado, y, por otro, nos recuerda que estamos llamados a disfrutar de una plenitud tan grande que nada ni nadie puede ofrecernos más que Él.
A pesar de haber experimentado por ellos mismos la gloria que Cristo les mostró, los discípulos no fueron capaces de soportar el escándalo, la decepción y el dolor de la cruz del Señor. La pregunta que este fragmento del evangelio nos propone en el día de hoy es: como discípulo de Cristo ¿pesa para mí más la cruz o la promesa del Señor de hacerme partícipe de su victoria?
Victoriano Montoya Villegas
La vida es el gran regalo de este planeta. Nuestro sistema solar, asiento de la vida que conocemos en la Tierra, es una de las 200.000 millones de estrellas, con posibles planetas asociados, que hay solo en la Vía Láctea. La vida en nuestro planeta tuvo su origen hace 4.000 millones de años, y dicho origen sigue siendo un misterio, con hipótesis alternativas. La generación de la complejidad a partir de un ARN primitivo, del que no se sabe su origen de forma exacta, es hoy una cuestión debatida científicamente y fascinante en sí misma. La evolución de la vida posterior a su inicio en el planeta tiene una base sólida con evidentes puntos no conocidos suficientemente: la evolución no es cuestionable con los datos existentes hoy día. Pero hay mucho que estudiar.
Para los creyentes, tanto el origen de la vida como la evolución de la misma, siendo la especie humana el omega a partir de un alfa milagroso, emanan de un acto creador generando lo que se denomina de forma genérica la Creación. Para muchos científicos no hay contradicción entre un acto creador y la propia evolución. La evolución de la vida, a lo largo de un largo proceso, con muchas contingencias y sucesos catastróficos, como las extinciones, ha dado lugar a un elevado número de especies, incluida el ser humano, que de forma conjunta denominamos como Biodiversidad, en el marco planetario de la Biosfera. Una Biosfera que sostiene a la propia vida evolucionada en su seno, un milagro planetario.
Al menos tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de las Naciones Unidas (13, 14 y 15) velan de forma directa por la diversidad biológica global del planeta. Como ya hemos indicado, un planeta vivo soportado por la propia vida. La Unión Europea ha elaborado la Estrategia sobre la Biodiversidad para 2030, un plan para proteger biodiversidad que no solo incluye las incuestionables razones éticas para dicha acción, sino también la importancia que puede tener para ayudar a impulsar la necesaria recuperación económica de Europa, especialmente teniendo en cuenta el efecto de la COVID-19. La pandemia ha demostrado la complejidad del vínculo entre la salud humana y la salud ecosistémica. No es posible una adecuada salud humana y ecosistemas enfermos o facilitadores de enfermedades por la acción humana.
La vida en el planeta debe ser considerada como sagrada. La vida humana es absolutamente sagrada. No es concebible una acción humana que afecta la vida del planeta, lo que incluye al ser humano. La muerte de los seres humanos por razones económicas, el verdadero origen de todas las guerras, por poder, por acaparamiento de recursos y otras razones, no es explicable ni admisible. Igual que no es admisible ni la muerte gratuita y caprichosa de animales, da igual que sean elefantes o cotorras, tampoco es admisible el sufrimiento animal inducido por el ser humano. Tenemos, como seres conscientes, el deber de cuidar lo que genéricamente el mundo creyente llama la Creación. El Papa Francisco manifiesta que debemos ser co-creadores en un proceso que sigue de generación y mantenimiento de vida. Cuando damos migas de pan en un bar a esos gorriones hambrientos que se acercan a nuestra mesa somos co-creadores. La Carta Encíclica Laudato Si´ Sobre el cuidado de la casa común muestra mensajes muy claros. Animo de nuevo a todos a leer esta Encíclica, un documento imprescindible. Este planeta debe plantearse un mayor respeto por la vida. La Iglesia defiende la vida y debe ser así. La idea de que todos somos co-creadores de la vida y su mantenimiento en la Tierra es esencial hoy, a la vez que de gran belleza. Somos responsables del planeta y todo lo Creado, de acuerdo con la expresión de los creyentes, como el Principito era responsable de su rosa en el magnífico libro El Principito de Antoine de Saint-Exupéry
Hace cinco años de la publicación de la Carta Encíclica Laudato Si´ y el mundo ha ido a manifiestamente a peor. ¿Por qué documentos de la importancia de Laudato Sí´ Sobre el cuidado de la casa común no transforman la realidad material del planeta? Hay una llamada muy clara al cuidado de todos por todos, que incluye a los seres humanos, que deben velar por ellos mismos, y por el cuidado del ser humano hacia el resto de la Biosfera.