Guadix celebró, en la noche del jueves 25 de septiembre, la XXII Edición de sus Premios de Periodismo Pedro Antonio de Alarcón y Ciudad de Guadix, consolidándose como un referente en el sector. La gala reconoció la trayectoria de la periodista Pepa Fernández, voz icónica de Radio Nacional de España, con el prestigioso galardón Pedro Antonio de Alarcón. Asimismo, los premios «Ciudad de Guadix» fueron otorgados a los reportajes “Las lavanderas, la memoria de un oficio cargado de historia”, emitido por el programa Los Reporteros de Canal Sur; el reportaje “Guadix. La tierra del Cascamorras”, emitido por la televisión PTV Granada; y los reportajes “Donde Carmen se ocultó de las bombas” y “El milagro de la luz atraviesa la Catedral de Guadix”, de la periodista Sandra Martínez publicados en el diario Ideal.
A la gala de estos premisos asistió el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, junto a las demás autoridades accitanas y de la provincia, que presidieron el acto.
El evento, que tuvo lugar en el Teatro Mira de Amescua, sirvió como foro para la defensa del periodismo libre y ético. El alcalde de Guadix, Jesús Lorente, subrayó el papel fundamental de la información contrastada frente a la desinformación, mientras que la premiada Pepa Fernández abogó por un periodismo sereno y objetivo que no contribuya a la crispación social. La periodista agradeció el reconocimiento, destacó que Guadix le ha sorprendido gratamente y prometió volver para conocerla y difundirla más en profundidad.
Con entrada libre, se ofrece para conmemorar el 75 aniversario de la fundación de los Seises de la Catedral accitana
La Catedral de Guadix conmemorará el 75 aniversario fundacional de sus Seises con un concierto extraordinario, este sábado 27 de septiembre, a las 20:30 horas. El evento estará a cargo del prestigioso coro Tomás Luis de Victoria de Granada, que ofrecerá un repertorio de música renacentista especialmente seleccionado para la ocasión.
El Coro de Cámara Tomás Luis de Victoria, fundado en 1997, se ha especializado en la recuperación e interpretación de la música del Renacimiento y el Barroco, con una dedicación preferente a los compositores españoles. Sus miembros cuentan con una amplia experiencia y se han formado con directores de fama internacional, lo que garantiza un magnífico concierto.
Este acto, organizado por la comisión del 75 aniversario de los Seises y la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Guadix, es de acceso libre hasta completar el aforo del templo.
El pasado sábado20 de septiembre , con motivo del Año Jubilar de la Iglesia Católica dedicado a la Esperanza, la Hermandad del Santo Sepulcro y María Santísima de la Esperanza celebró una salida extraordinaria de su titular mariana por las calles de Caniles.
La jornada comenzó con la celebración de la Santa Misa, a las 18:30 horas, en la parroquia de Santa María y San Pedro, tras la cual dio comienzo la procesión extraordinaria, en un ambiente de fervor y devoción.
Numerosos fieles y devotos acompañaron a la Virgen de la Esperanza, sumándose así a esta cita especial enmarcada dentro de este tiempo jubilar que vive la Iglesia universal. Fue una tarde marcada por la oración, la fe y la esperanza.
Homilía en la toma de posesión de un nuevo canónigo de la Catedral, el 26 de septiembre de 2025.
Querido Antonio Luis,
Queridos hermanos, miembros del Cabildo de nuestra Catedral de Granada,
Queridos Javier y Fran, que acompañáis,
Queridos hermanos y hermanas, que os habéis dado cita para acompañar a Antonio Luis en esta toma de posesión, se puede llamar así, del oficio de canónigo de la Iglesia Catedral de Granada. Aparte de que habéis venido para verlo vestido así, vamos a ser sinceros.
Estamos en un acto religioso. Esto podía habérsele apetecido mucho. Pero yo he tenido que obligar a Antonio Luis, lo sabe él. Con lo cual quiero significar que esto es un servicio. Acabamos de escuchar la Palabra de Dios. Por una parte, el texto del Antiguo Testamento nos muestra la vuelta del destierro y la inauguración del segundo templo. El templo es el centro de la vida religiosa del pueblo de Israel. Y Jesús inaugura el templo nuevo, que es el mismo.
Destruid este templo y en tres días volveré a edificarlo. Jesucristo es el verdadero templo, verdadero lugar del encuentro con Dios, en el mismo. Luego, la centralidad de Cristo es la que tiene que brillar en nosotros. Cualquier cosa que se llame iglesia tiene que tener como centralidad a Cristo. Y es lo que expresa Pedro sobre esa piedra, precisamente. Sobre esa confesión se fundamenta la Iglesia.
El edificio de la Iglesia, del que somos piedras vivas por nuestro bautismo. Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo.
Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Esa es la confesión de fe esencial, y es la confesión de fe de todo el evangelio. Estas cosas han sido escritas, dice Juan en su Evangelio, para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Es la fe de Pedro, es la fe de Tomás, el incrédulo. Señor mío, Dios mío. Es la fe del ciego de nacimiento.
¿Quién es, Señor, para qué creer en Él? ¿Tú lo has visto? El que contigo habla, Señor, creo. Es la fe de Marta. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el que tenía que venir al mundo. Es la fe del centurión. Es la fe del centurión también al pie de la cruz. Realmente este hombre es el Hijo de Dios.
Eso es lo esencial cristiano. Es la fe. Dios que es amor, que se nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo y nos ha dado su Espíritu. Por eso lo esencial cristiano es lo que resume hoy la oración colecta que se hizo el domingo pasado. Hemos dicho: El Señor que ha puesto la plenitud de la ley divina en el amor a Él, el amor al prójimo, y le pedimos que cumpliendo sus mandamientos, podamos llegar al cielo, a la a la vida eterna.
Por tanto, Antonio Luis, hay que ir a lo esencial y lo esencial es el servicio. Lo esencial es Cristo. Y el servicio a esta catedral magnífica que celebra su 5.º centenario, a esta joya que resume y simboliza la Iglesia de Granada de los que creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios. Es un servicio al Señor, es un servicio… El culto divino, que es por antonomasia, como dice el Concilio, la obra de Dios. Es un servicio que tiene que estar completado y autentificado por la caridad. Es un servicio al pueblo de Dios.
Y esta esta iglesia, lleva aneja, como formando parte de ella, la Parroquia del Sagrario. Ya dirás lo que se tenga que decir cuando tomes posesión de la Iglesia del Sagrario, porque vas a tener dos tomas de posesión. ¡Toma ya!
Pero la pastoral familiar es la que quiero… La Iglesia es familia, es la familia de los hijos de Dios. La iglesia del sagrario, unida a la Catedral, tiene que ser no solo la exposición de la belleza, de esa bien pulcritud que nos lleva a la contemplación del misterio de Dios en Cristo. Como le pedimos en la oración colecta del Día de la Epifanía: Oh Dios, que has llevado a los pueblos gentiles a la luz de la fe por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, alcanzar un día la visión de la belleza infinita de tu gloria.
Luego, queridos amigos, recemos por Antonio Luis, recemos por estos sacerdotes que están aquí. Que no es un título de honor, que es un servicio, que son sacerdotes que tienen otros trabajos en la diócesis y este es uno de los principales. Mantener el culto de Dios cada domingo y cada día de diario con la celebración de la Eucaristía, rezando por el pueblo de Dios en la Liturgia de las Horas, viviendo ese mandato del Señor de orar sin cesar. Y al mismo tiempo simbolizando la Iglesia de Granada, que está bellamente representada en esta arquitectura magnífica y en su belleza.
Pero detrás hay unos servidores, unos servidores que hacen de su sacerdocio ese servicio de la caridad, del culto, y al mismo tiempo, del anuncio. Pidámosle a la Virgen, la Virgen de la Antigua, pidámosle que te acompañe, que sientas la ayuda de la gente, de pastoral familiar. Que sientas la ayuda de esta Iglesia, de esta parroquia peculiar, donde tantos hombres y mujeres vienen a unir sus vidas con la bendición del Señor, y al mismo tiempo, cuya fuente bautismal se abre a nuevos cristianos. Probablemente la fuente bautismal más fecunda de toda la diócesis.
Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
26 de septiembre de 2025
S. A. I. Catedral de Granada
Homilía del obispo emérito de Málaga, Mons. Jesús Catalá, durante la Eucaristía celebrada en la Catedral con motivo del centenario de la presencia de las Hermanas Trinitarias en la Ciudad de Málaga
CENTENARIO DE LA PRESENCIA DE LAS HERMANAS TRINITARIAS EN LA CIUDAD DE MÁLAGA
(Catedral-Málaga, 27 septiembre 2025)
Lecturas: Am 6, 1.4-7; Sal 145, 6-10; 1 Tm 6, 11-16; Lc 16, 19-31.
(Domingo Ordinario XXVI-C)
1.- Queridos fieles, os saludo en nombre de nuestro Obispo, D. José-Antonio, quien me ha solicitado que presida esta celebración. Un cordial saludo a las Hermanas Trinitarias, a los padres Trinitarios que comparten el mismo carisma, a las autoridades y a todos los fieles, que os unís a esta acción de gracias a Dios.
El pasado día 24 de septiembre de 2025 se cumplieron cien años de la presencia de las Hermanas Trinitarias en la ciudad de Málaga. Ello es motivo de agradecimiento a Dios, quien providencialmente trajo a las Hermanas Trinitarias para desempeñar su carisma entre nosotros.
Es ciertamente un acontecimiento de gracia, porque con su vida y testimonio han enriquecido espiritualmente nuestra Diócesis; y han realizado su misión educativa, social y pastoral a lo largo de un siglo. Por eso hoy iniciamos el Año Centenario con esta celebración eucarística de apertura, dando gracias a Dios y a las Hermanas Trinitarias.
2.- La congregación de Hermanas Trinitarias regenta varios colegios y centros de acogida de personas en situación de necesidad en distintos lugares de España y en otros países.
En Málaga dirigen el Centro de Educación Secundaria “Santísima Trinidad”, que está integrado en su Fundación Educativa y responde a la misión de la congregación religiosa fundada en 1885 por Francisco Méndez y Mariana Allsopp, destinada al servicio de la juventud más necesitada.
El colegio de Málaga está ubicado en la calle Ciprés; y este árbol nos puede ayudar a entender mejor la misión educativa de las Hermanas, que forman alumnos, siguiendo la imagen del ciprés, para ser esbeltos y recios en espíritu, rectos en sus intenciones y acciones, con la mirada hacia el cielo, nuestra verdadera patria, con buenos frutos de hoja perenne, llenos siempre de vida sin que se sequen sus hojas, ofreciendo a los jóvenes una formación integral desde la visión cristiana y desde la luz del Evangelio, del ser humano, de la vida y del mundo. ¡Gracias, queridas Hermanas Trinitarias!
El centro educa con la acogida y cercanía a los alumnos, la atención personalizada y el acompañamiento, procurando un seguimiento personal y una constante comunicación con las familias, que se resume en el lema: “Educamos para ser libres”, animando al alumno a ser protagonista de su propia educación. La libertad es esencial para el ser humano; Dios nos ha hecho libres y eso nos distingue de todos los demás seres.
3.- La Orden de la Santísima Trinidad se ha comprometido desde su origen con la liberación de aquellos que sufrían la esclavitud; inicialmente el rescate de esclavos. Pero hay muchos tipos de esclavitud, no solo física, sino también espiritual. La libertad está inspirada en la redención de Cristo, que nos llama a luchar por la dignidad y los derechos de cada persona como hijos de Dios.
El Salmo de hoy nos recuerda que el Señor «hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos» (Sal 145, 7). Este Salmo parece inspirar el carisma trinitario, teniendo en cuenta que está escrito mucho antes de la venida de Cristo.
Los ejes de la misión pastoral de las Hermanas Trinitarias son tres: Libertad, Familia y Transformación. Hoy damos gracias a Dios por los cien años de presencia de las Hermanas Trinitarias, que ofrecen su carisma trinitario al servicio de la educación. Imitemos a la Santísima Trinidad, que es fuente de amor y de toda comunión, modelo de participación y ejemplo de convivencia. La Trinidad es el misterio más profundo, insondable y sublime de la fe cristiana; por eso la hemos de contemplar como “nuestro todo”.
4.- El evangelio presenta la parábola del rico que banqueteaba (significado de “epulón”) diariamente y del pobre Lázaro, entre los cuales hay un abismo insuperable, porque están distanciados por una hondura de egoísmo e insolidaridad; no se trataba de una distancia dictada por la pobreza material; y según Jesús, esta distancia egoísta puede hacerse definitiva por toda la eternidad (cf. Lc 16, 26). El rico es condenado para siempre; y el pobre Lázaro es llevado al cielo para siempre.
El mendigo fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; y el rico fue al infierno, en medio de los tormentos (cf. Lc 16, 23). Allí gritaba: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas» (Lc 16, 24).
El rico pedía que avisaran a sus hermanos, para que no fueran a ese mismo lugar de tormento; pero Abrahán el respondió: «Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen» (Lc 16, 29); porque «si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto» (Lc 16, 31). Esta es una gran lección para nosotros, que no hemos de esperar cosas espectaculares, grandes palabras o maravillas. El Señor nos puede hablar a través de un mendigo, de una persona maltratada o necesitada. Dios habla a través de esos signos; ahí está su presencia, que hemos de descubrir.
5.- El Señor nos concede en vida la oportunidad de hacer el bien, para gozar después en el cielo de su compañía. No perdamos la ocasión que se nos brinda en la vida temporal de amar a Dios y al prójimo, que nos servirá para gozar en la vida eterna.
La revelación enseña el modo de actuar de Dios, que es fiel, justo, compasivo, solidario con los oprimidos, hambrientos, cautivos, ciegos, débiles, peregrinos, huérfanos y viudas. Todos ellos nos hablan de Dios y por todos ellos podemos ser interpelados por Dios.
Queridos fieles, éste es un hermoso programa para nuestra vida, haciendo que Dios reine en nuestros corazones.
La riqueza material sirve al ser humano, porque todos necesitamos de los bienes materiales para mantener nuestra vida. Pero no siempre estos bienes nos hacen crecer como hijos de Dios; más bien la riqueza puede destruir y deshumanizar al ser humano, pues lo va haciendo indiferente e insolidario ante la desgracia ajena. La parábola de hoy es un reto a nuestra vocación de solidaridad.
Agradeciendo a Dios en esa Eucaristía la presencia centenaria de las Hermanas Trinitarias en nuestra ciudad, encomendamos sus intenciones a la intercesión de la Virgen María y a la Santísima Trinidad. Amén.
Como cada inicio de curso, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos de la Diócesis de Jaén están llamados a conocer las líneas de acción que guiarán el camino eclesial durante este nuevo año pastoral. Para ello se celebran reuniones por Vicarías de zona, presididas por el Obispo diocesano: por la mañana con los sacerdotes y, por la tarde, con el resto de agentes pastorales, donde se da a conocer el plan de trabajo de este curso, centrado en liderazgo y corresponsabilidad.
La Vicaría II, que comprende los arciprestazgos de Baeza, Úbeda y Cazorla, fue la primera en conocer el plan de trabajo para este curso pastoral 2025-2026, que lleva como lema «El Espíritu Santo y nosotros» (Hch 15,28).
Por la mañana, durante la reunión de la Vicaría Territorial, fueron los sacerdotes quienes conocieron las directrices para iniciar el trabajo de este tercer año del Plan Pastoral cuatrienal “Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21,5).
Hoy ha sido el turno de la Vicaría I. La reunión con los sacerdotes de los arciprestazgos de Jaén y Magina comenzó con la oración y las palabras del Obispo. Posteriormente, se presentó el itinerario de formación permanente 2025-2028, para continuar con la exposición de las líneas de trabajo. La mañana culminó con una comida fraterna.
Ya por la tarde fue el turno de los laicos, diáconos, religiosas y agentes de pastoral. Tras la oración inicial, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, acompañado del Vicario General y de Evangelización, D. Juan Ignacio Damas, y del Vicario de Zona, D. Jesús Millán, fue el primero en tomar la palabra.
Palabras del Obispo El Obispo comenzó manifestando su alegría de encontrarse de nuevo al inicio del curso pastoral, agradeciendo el compromiso de los fieles. “Vosotros sois el corazón vivo de nuestras comunidades: con vuestra fe, vuestra oración, vuestro servicio tantas veces silencioso y perseverante, hacéis presente el amor de Cristo que transforma el mundo. Gracias de corazón por vuestro compromiso y por el testimonio que dais en el día a día de vuestra vida cristiana”.
A continuación, Don Sebastián recordó que la corresponsabilidad laical no es un añadido opcional, sino una llamada esencial del Evangelio. “Esto significa que la vida de nuestra diócesis no depende solo de los sacerdotes o de unos pocos agentes de pastoral, sino que cada uno de nosotros, con sus dones y carismas, tiene un papel insustituible en la construcción de la comunidad cristiana”.
En este marco, el Prelado quiso subrayar también la importancia del liderazgo evangélico como un estilo de servicio que nace del ejemplo de Jesús. “No se trata de ocupar cargos o de mandar más, sino de vivir un liderazgo que brota del Evangelio. La Iglesia os necesita como líderes cristianos en medio de la sociedad y de nuestras comunidades: en la familia, en el trabajo, en los espacios de la cultura y de la vida pública. Vuestro testimonio es decisivo para que muchos descubran que la fe no se vive solo en el templo, sino que transforma la vida y la sociedad”.
Del mismo modo invitó a los laicos a ser testigos de esperanza en el contexto del Año Jubilar:.“La esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, sino la certeza de que Dios actúa en la historia y su amor es más fuerte que todo mal. Preparémonos para seguir viviendo este jubileo e invitemos a otros a redescubrir la alegría de la fe”.
Finalmente, el Pastor diocesano concluyó animando a vivir este curso con alegría y entrega. “Como laicos comprometidos, en espíritu de comunión, coordinación y fraternidad. El Señor nos ha confiado una gran misión: hacer visible su amor en medio del mundo. Que el Espíritu Santo nos guíe en este camino y que la Virgen de la Cabeza y San Juan de la Cruz nos acompañen con su intercesión”.
Presentación del Plan de Pastoral El Vicario General y Vicario de Evangelización, D. Juan Ignacio Damas, fue el encargado de presentar las orientaciones para este tercer año del Plan de Pastoral.
En su exposición recordó que, tras los cursos dedicados al Primer Anuncio (2023-2024) y al Discipulado (2024-2025), ahora la Diócesis está llamada a dar un paso más en el proceso de conversión pastoral. La corresponsabilidad, explicó, «nace del bautismo y hace de cada cristiano un miembro activo del Cuerpo de Cristo, responsable de la misión de la Iglesia. No se trata de suplir tareas por necesidad, sino de asumir la misión común con espíritu de comunión y servicio».
Asimismo, D. Juan Ignacio destacó que la corresponsabilidad se traduce en la participación de todos, cada uno desde sus dones y ministerios, en la edificación de la Iglesia. Del mismo modo, señaló que el liderazgo evangélico no consiste en imponer o dirigir desde arriba, sino en animar, acompañar y discernir en común, siguiendo el estilo de Jesús, que lavó los pies a sus discípulos. Por eso, el curso invita a fomentar un liderazgo espiritual, compartido, misionero y formativo, que ayude a otros a crecer y desplegar sus carismas.
Además, el Vicario de Evangelización recordó que este curso se enmarca en la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad (2025-2028), lo que supone integrar en la vida ordinaria de la Diócesis nuevas prácticas de discernimiento comunitario y de participación activa de todos los fieles. Para ello, se crearán equipos sinodales en las parroquias, comunidades y delegaciones, que tendrán a lo largo del curso siete encuentros sinodales, basados principalmente en la conversación en el Espíritu, un método que busca escuchar a Dios y a los hermanos para descubrir juntos su voluntad. Estos encuentros concluirán con la Asamblea diocesana en el mes de junio, donde se pondrán en común los frutos del discernimiento.
Con estas orientaciones se busca que cada comunidad diocesana viva la corresponsabilidad no solo como una necesidad práctica, sino como una exigencia evangélica que nace del bautismo, reconoce y pone en valor los carismas de todos y convierte a cada cristiano en verdadero protagonista de la misión de la Iglesia.
Presentación en otras Vicarías A lo largo de la próxima semana continuará la presentación del Plan de Pastoral. El lunes 29 de septiembre será el turno de la Vicaría V, que comprende los arciprestazgos de Alcalá, Martos-Torredonjimeno y Arjona. Están convocados a las 17:00 horas, en el Conventico de Torredonjimeno.
El martes 30 de septiembre se presentará en la Vicaría III, formada por los arciprestazgos de Sierra de Segura, El Condado y Las Villas. La cita será a las 17:00 horas, en el Teatro de Beas de Segura.
Finalmente, el miércoles 1 de octubre corresponderá a la Vicaría IV, integrada por los arciprestazgos de Andújar, Bailén, Mengíbar, La Carolina y Linares. La presentación tendrá lugar en la Casa de la Cultura de Bailén, a las 17:00 horas.
En el día de hoy el Cabildo Catedral ha realizado la elección de los siguientes cargos:
El Canónigo Doctoral D. Miguel Ángel Montero Jordi ha sido reelegido Deán de la Catedral y confirmado por el Sr. Obispo Monseñor José Rico Pavés por el tiempo de 4 años. La misión del Deán consiste en presidir el Cabildo Catedral y ser responsable de coordinar las actividades y encargos de los Canónigos Capitulares.
El Canónigo Prefecto de Ceremonia, D. Luis Piñero Carrasco ha sido reelegido como Mayordomo de la Catedral, cuya misión es cuidar y velar por el buen funcionamiento de la Catedral y sus enseres. Asimismo ha sido nombrado Tesorero del Cabildo, siendo su misión la administración económica de los bienes de la Catedral.
El Canónigo Magistral D. Ignacio Gaztelu Pastor ha sido reelegido Prefecto de Pastoral. Su misión será la animación y coordinación de toda la actividad pastoral que se desarrolle en el templo catedralicio.
El Canónigo Lectoral, Juan Celio Jacinto del Castillo y Espinosa, ha sido reelegido Prefecto de Protocolo y Relaciones Institucionales, su misión consistirá en el cuidado de las relaciones con las diferentes instituciones.
El Canónigo Capitular D. Eugenio Romero López ha sido reelegido como Secretario Capitular del Cabildo, su misión consiste en levantar actas de los cabildos y custodiar la documentación de la secretaría.
Hoy concluye la novena en honor a la Virgen de las Angustias, que precede a la procesión del último domingo del mes de septiembre con su Sagrada Imagen. La Novena ha sido predicada en sus primeros días por el canónigo de la catedral de Guadix, D. Manuel Amezcua, y en los últimos días por el obispo de Jaén, D. Sebastián Chico Martínez.
El obispo de Jaén ha estado desarrollando estos días los dogmas de María y “qué nos dice a nosotros cada uno de ellos”, además de hacer referencia a las lecturas. “Tres cosas, tres pinceladas de qué es lo que nos dice hoy a nosotros este dogma y segundo, qué retos son los que este dogma nos invita a vivir en el hoy, en el momento en el que estamos viviendo. Por lo tanto, pues, desde el sentirnos esperanzados, el sentir que tenemos que vivir una fe verdadera, el sentir que estamos llenos también nosotros de gracia y, por lo tanto, dejar en nosotros obrar esa gracia y también a través nuestro”, explicó el obispo.
“He estado también subrayando el hecho de que nosotros la vida la podemos vivir con mucha más profundidad, como he reflejado en varias ocasiones en la homilía, con los pies puestos en el suelo, andando, caminando con firmeza, pero con nuestros ojos y nuestro corazón como María donde está María en el cielo”, explicó Mons. Chico Martínez.
El obispo de Jaén ha destacado la gran devoción del pueblo granadino a su Patrona y que, como patrona de la Archidiócesis, “yo también me siento partícipe de este patronazgo y contemplar la gran devoción de un pueblo”.
Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en el Jubileo del Mundo Educativo. Catedral de Sevilla. 25 de septiembre de 2025.
1. Saludos: Queridos Delegados Episcopales, sacerdotes concelebrantes, diácono; Consejo Diocesano para la Educación Católica, titulares, autoridades académicas, profesores, personal de administración y servicios; representantes de las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos; hermanos y hermanas presentes.
2. Hoy nos reunimos en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla para celebrar el Jubileo del Mundo Educativo y para realizar el solemne envío de comienzo de curso de los profesores cristianos, del personal de administración y servicios de nuestros centros, y de los representantes de las asociaciones de padres y madres de alumnos. Esta celebración es un momento de gracia y de compromiso. Es jubilar porque nos abre a la experiencia de la misericordia de Dios que renueva nuestra vocación; es eclesial porque, como comunidad educativa, nos sabemos enviados; y es pastoral y académica, porque educar no es sólo transmitir conocimientos, sino formar personas libres, responsables, abiertas a la verdad y al bien.
3. Las lecturas que hemos proclamado iluminan nuestra misión. En la carta a los Romanos, san Pablo nos dice que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rom 5,5). Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores, reconciliándonos con el Padre y dándonos vida nueva. Esta es la raíz de toda auténtica educación: no sólo formar en competencias, sino abrir al alumno a la experiencia de un amor que salva, que renueva, que da sentido, que reconcilia. El Salmo 88 canta las misericordias del Señor, eternas y fieles. La educación cristiana debe ser también un canto de fidelidad: fidelidad a la vocación docente, fidelidad a la misión recibida, fidelidad a los alumnos que el Señor pone en nuestro camino.
4. El Evangelio según san Lucas nos presenta a Jesús en la sinagoga de Nazaret proclamando el pasaje de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres… para proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,16-21). Jesús se presenta como el Maestro, como el que enseña con autoridad, pero sobre todo como el que libera y abre horizontes nuevos. Todo educador cristiano está llamado a hacer presente en la escuela esa misma misión: anunciar la buena nueva, abrir los ojos a la verdad, liberar de las esclavitudes de la ignorancia, de la superficialidad, de la indiferencia.
5. El Año Jubilar que estamos celebrando nos recuerda la centralidad de la misericordia y de la esperanza. El documento del Jubileo de 2025 nos invita a reconocer los lugares y ámbitos donde la misericordia de Dios se hace visible y transforma la existencia. La escuela y la universidad son precisamente espacios privilegiados de esa transformación. Educar es un acto de amor, es plantar semillas que darán fruto en el futuro. Cada profesor, cada persona que trabaja en el ámbito educativo, cada padre y madre que acompaña, realiza una verdadera obra de misericordia: enseñar al que no sabe, orientar al que busca, acompañar al que se pierde, desarrollar los talentos que el Señor ha concedido.
6. El Jubileo es también experiencia de reconciliación. En la vida educativa, no faltan tensiones, cansancios, desencuentros. Pero este Año Jubilar nos invita a redescubrir que la misión educativa no es tarea individual, sino comunitaria. Todos formamos parte de un mismo cuerpo, con carismas y funciones distintas, pero unidos en un único fin: el crecimiento integral de nuestros alumnos y de toda la sociedad.
7. El educador cristiano vive en una encrucijada cultural. La sociedad actual exalta el conocimiento útil y la técnica, pero a veces olvida la sabiduría y el sentido. Muchos alumnos llegan con hambre de verdad, de afecto, de orientación. La escuela y la universidad no pueden limitarse a preparar para un futuro empleo: están llamadas a preparar para la vida, a despertar la conciencia, a educar en la libertad. Benedicto XVI, en la carta encíclica Deus Caritas est, nos recordaba que “el amor —caritas— será siempre necesario, incluso en la sociedad más justa” (n. 28). En el campo de la educación, esto significa que no basta con transmitir contenidos justos: es necesario acompañar con amor, estar cerca, ayudar a crecer. La caridad educativa no es paternalismo, sino respeto y cercanía.
8. El Papa Francisco, en la carta encíclica Fratelli tutti, ha insistido en que la educación debe formar para la fraternidad y la amistad social. Decía: “La educación es llamada a formar en la solidaridad universal, en una nueva cultura del encuentro” (cf. FT 114-117). Esta es una tarea urgente: educar para la paz, para la apertura, para el diálogo. Frente a la tentación del individualismo y la indiferencia, los educadores cristianos sois testigos de que todos somos hermanos.
9. Educar es sembrar en tierra buena. El profesor cristiano no impone la fe, pero vive con coherencia su testimonio. En el respeto a todos, ofrece la alegría de quien ha encontrado la verdad en Cristo. Así, cada clase se convierte en un espacio donde el Espíritu Santo actúa. La excelencia académica es también una forma de caridad. Dar a los alumnos lo mejor de uno mismo, preparar bien las clases, cultivar la investigación, es una manera concreta de servir. La mediocridad no edifica para el futuro; la entrega generosa en el estudio y en la docencia, sí. La educación no termina en las paredes del aula. El testimonio de vida de los profesores, del personal de administración y servicios, y de los padres, marca profundamente. Por otra parte, Una educación cristiana debe abrirse siempre a la sociedad, trabajar por la inclusión, estar atenta a los más pobres y vulnerables.
10. El Jubileo nos impulsa a mirar de frente los retos: al reto de la cultura digital, que abre horizontes inmensos de información, pero también de dispersión y de superficialidad. Los educadores deben acompañar a los jóvenes en el uso crítico y responsable de la tecnología; al reto de la crisis de sentido, que deja a muchos alumnos desorientados. Aquí la fe cristiana ofrece un horizonte de plenitud y esperanza; al reto de la pluralidad cultural y religiosa, que es riqueza y desafío. La educación cristiana debe ser inclusiva, abierta al diálogo, pero sin renunciar a la identidad propia y a la misión evangelizadora; al reto del cansancio y el desánimo del profesorado, que necesita sentirse acompañado y valorado. Hoy la Iglesia nos recuerda una vez más que no estáis solos, que vuestra tarea es noble y necesaria.
11. Queridos hermanos y hermanas: En este Jubileo del mundo educativo, os invito a vivir con intensidad tres actitudes fundamentales: la primera, reavivar la alegría de enseñar y aprender. No olvidéis que cada alumno es un don de Dios; aunque a veces cueste verlo, aunque las dificultades no sean pocas ni pequeñas; que prevalezca siempre la alegría del Evangelio. En segundo lugar, vivir la misión educativa como servicio. El educador cristiano no busca prestigio ni poder, sino servir; servir con paciencia, con ternura, con firmeza cuando sea necesario, con la esperanza de descubrir en cada alumno el rostro de Cristo. Por último, hacer camino en comunión; la misión educativa es compartida. Profesores, personal de administración y servicios, familias, alumnos, todos somos parte de una misma comunidad educativa. El Jubileo es ocasión para fortalecer estos lazos.
12. Hoy tiene lugar el envío del comienzo de curso. Lo realizamos en este marco jubilar para recordar que vuestra misión no es sólo profesional, sino vocacional. Vais a las aulas enviados por la Iglesia, sostenidos por la gracia del Espíritu, acompañados por la oración de toda la comunidad cristiana. Que Nuestra Señora de los Reyes, Reina de la Sabiduría, os inspire cada día y os llene de cariño y paciencia; que san Isidoro y san Leandro, grandes maestros de la Iglesia hispalense, intercedan por vosotros. Y que el Señor derrame en vuestros corazones el amor que no pasa, para que seáis luz y fermento en el mundo de la educación, tan importante para el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Así sea.
Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en el Jubileo de la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla.
Catedral de Sevilla. 23 de Septiembre de 2025
Hoy nos congregamos en esta Santa Iglesia Catedral para celebrar con gozo el Jubileo de vuestra querida Hermandad. Lo hacemos el 23 de septiembre de 2025, en el marco del Año Jubilar de la Esperanza, reconociendo que todo es gracia, que todo es don, que lo que habéis recibido de Dios a lo largo de los siglos lo habéis compartido generosamente en servicio y amor a los pobres, enfermos y necesitados. Este día nos invita a dar gracias al Señor por vuestra historia fecunda, a contemplar el testimonio de vuestros mayores, a renovar el compromiso presente y a proyectar el futuro con esperanza. El Jubileo es tiempo de gracia y de conversión: es volver al corazón del Evangelio, para vivirlo con alegría y con radicalidad.
Las lecturas que hemos escuchado nos ofrecen la clave para comprender este momento. San Pablo nos ha recordado que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rom 5,5). No es un amor abstracto, ni una teoría, sino un amor concreto, visible, que se manifestó en la cruz: Cristo murió por nosotros para reconciliarnos con Dios y darnos vida nueva. Es un amor que se ofrece sin medida, un amor gratuito, salvador. Con el salmista hemos proclamado: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades”. Es un canto de confianza y de alabanza. La Hermandad de la Santa Caridad es un eco de este salmo: ha cantado las misericordias de Dios a través del tiempo con obras concretas, y ha hecho visible su fidelidad a lo largo de generaciones de hermanos.
El Evangelio de San Lucas nos ha situado en la sinagoga de Nazaret. Jesús lee al profeta Isaías y proclama: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Y después afirma: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4,16‑21). Esta es la misión de Cristo, y es también la misión de la Iglesia: anunciar, liberar, sanar, consolar. Es la misión que vuestra Hermandad ha hecho vida en Sevilla durante casi cinco siglos.
Vuestra Hermandad nació en el siglo XVI en torno a un hospital que acogía a los enfermos pobres y a los moribundos, y a una iglesia que se fue enriqueciendo de fe y de arte. Desde los orígenes, vuestra misión fue clara: asistir a los más pobres, enterrar a los que no tenían quien los enterrara, socorrer a los ajusticiados y a los náufragos, dar consuelo a los enfermos y a los ancianos abandonados. El ingreso de don Miguel Mañara en 1662 supuso un impulso decisivo. Su conversión, fruto de la gracia de Dios, le llevó a poner su vida y sus bienes al servicio de la Caridad. Como Hermano Mayor, impulsó obras de gran envergadura: la construcción de la iglesia y el hospital tal como hoy los conocemos, la organización de un servicio estable para los pobres y enfermos, la promoción de una espiritualidad centrada en la caridad operante. Bajo su impulso, la Hermandad se convirtió en un faro de misericordia en Sevilla.
La iglesia de la Santa Caridad es un verdadero catecismo en piedra, pintura y madera. Murillo, Valdés Leal, Pedro Roldán y otros artistas dejaron allí un mensaje profundo. Los jeroglíficos de Valdés Leal recuerdan la fugacidad de la vida y la certeza de la muerte; las obras de Murillo muestran el rostro luminoso de la caridad; el retablo mayor con el Entierro de Cristo invita a contemplar el amor que se entrega hasta el final. Todo el conjunto proclama que la caridad es camino de salvación, y que sólo quien ama de verdad encuentra sentido a la vida y esperanza más allá de la muerte. Esta herencia es un tesoro, pero no sólo un tesoro del pasado. Es un patrimonio vivo, que interpela a cada uno de vosotros hoy. Sois herederos de un carisma, de una misión, de un estilo de vida que pide ser actualizado en el presente.
San Pablo nos ha recordado que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. El amor de Dios no espera a que seamos perfectos, se nos da gratuitamente, y se constituye en fuente de esperanza. Vosotros lo experimentáis cada vez que servís a un enfermo, cada vez que acompañáis a un moribundo, cada vez que socorréis a un pobre: descubrís que es Cristo mismo quien se os da, que en ellos palpita el rostro del Señor. La caridad no es un adorno, es la esencia de la vida cristiana. Jesús se presenta como el ungido por el Espíritu. Su programa es claro: anunciar, liberar, sanar, proclamar un año de gracia. En vuestra Hermandad este texto se hace carne. Habéis anunciado buenas noticias a los pobres con vuestras obras; habéis dado libertad a tantos oprimidos por la soledad, la enfermedad, el abandono; sois signo de un año de gracia cada vez que abrís las puertas de vuestra casa a quien no tiene hogar. Este Evangelio de hoy es vuestro espejo.
Celebrar un Jubileo es hacer memoria agradecida, pero también discernir el presente y abrirse al futuro. Hoy nos enfrentamos a nuevas pobrezas. Quizás no se trata ya tanto de recoger cadáveres en la orilla del Guadalquivir, pero sí de acoger a tantos hombres y mujeres que mueren de soledad en medio de la multitud; de acompañar a ancianos que no tienen familia cercana; de dar esperanza a jóvenes que se sienten sin futuro; de integrar a los migrantes que llaman a nuestras puertas; de anunciar la vida en una cultura marcada por la indiferencia y la muerte. La caridad hoy exige creatividad. Vuestra Hermandad está llamada a ser fiel a su tradición, pero también a innovar. La fidelidad no es repetir lo mismo rutinariamente, sino mantener el espíritu, adaptando las formas. Que vuestra iglesia y vuestro hospital sigan siendo signo de misericordia, pero que también vuestra acción pastoral y social responda a los desafíos de este tiempo.
La caridad nace de la fe, por eso, cada hermano debe alimentar su vida espiritual: con la Eucaristía, con la oración, con la escucha de la Palabra. Sólo así vuestra acción tendrá alma. Una Hermandad es ante todo una comunidad de hermanos. La unidad es un testimonio precioso. Que no os dividan las diferencias humanas, que no se enfríe el amor fraterno. La caridad comienza en casa: en cómo nos tratamos, en cómo nos respetamos, en cómo nos ayudamos mutuamente. Mirad a vuestro alrededor con ojos atentos. ¿Dónde clama hoy la pobreza en Sevilla? Quizás en barrios olvidados, quizás en las cárceles, quizás en las familias rotas, quizás en la juventud sin horizonte. Escuchad ese clamor y responded con obras.
El Jubileo es un tiempo de gracia, no de tristeza. La caridad no se vive con cara amarga, sino con gozo. Mostrad a Sevilla que servir a los pobres es fuente de felicidad, que la misericordia no es un peso, sino un regalo. Es momento para reconciliarse con Dios, con los hermanos, con uno mismo. Es tiempo de perdón y de esperanza. Que este Jubileo os renueve en vuestra identidad, os haga más fieles a vuestro carisma, os impulse a nuevas obras de caridad. Pidamos la intercesión de la María santísima, Madre de la Misericordia, para que os acompañe en este camino. Pidamos también a don Miguel Mañara, cuyo ejemplo sigue vivo, que os inspire a vivir la caridad con radicalidad evangélica. Y que el Señor os conceda seguir siendo, en esta ciudad, un signo vivo del amor que no pasa. Así sea.