Más de un millón doscientas mil personas visitan la Catedral de Sevilla durante el primer semestre del año. Concretamente, el Cabildo catedralicio publicado que desde enero a junio han sido un total de 1.205.712 personas las que han recorrido las naves del templo y han contemplado el patrimonio histórico de la Seo. Solo en el mes de junio, la visita cultural a la Catedral y la Giralda sumó un total de 175.559 usuarios, manteniendo una notable afluencia a las puertas del periodo estival. Esta cifra demuestra el gran interés que despierta la Catedral como referente cultural y espiritual en Sevilla y Andalucía.
Concretamente, más de la mitad de los visitantes (el 53 %) son nacionales. Le siguen los estadounidenses, que representan un 14 % del total; los alemanes (8 %) y los británicos (6 %). Finalmente, la Catedral también recibe un alto número de visitantes italianos, suizos, franceses, coreanos, chinos y portugueses.
El Cabildo ha expresado su agradecimiento “a cada uno de los visitantes, su confianza y su respeto al recorrer este espacio sagrado”. Gracias a ello es posible la labor diaria de conservación, mantenimiento y restauración de un legado monumental destinado a las futuras generaciones venideras, han asegurado en una nota publicada el pasado sábado en su página web.
Un grupo de 52 personas, entre ellas sacerdotes y seminaristas, de la parroquia de la Encarnación en Almuñécar están peregrinando a Santiago de Compostela, en un recorrido que iniciaron el pasado día 1 y concluirán el próximo miércoles día 8.
La peregrinación es una de las propuestas de la parroquia para este verano, como continuidad a la actividad pastoral que durante el curso realizan con sus fieles, y como ocasión para acrecentar la vida de fe en comunidad y la comunión.
Los peregrinos participan en el camino a pie, en la ruta que les llevarán hasta la ciudad gallega, de gran devoción al santo patrón, cuya fiesta litúrgica se celebra el 25 de julio. Durante el recorrido, los participantes también han podido asistir a la Eucaristía diaria, acudir al sacramento de la penitencia y en distintos momentos de oración.
El sábado tuvo lugar en la Parroquia San Francisco de Asís de Caravaca de la Cruz la ordenación sacerdotal de José Martínez Marín.
José Martínez Marín ya es sacerdote de la Diócesis de Cartagena. La ordenación sacerdotal tuvo lugar el sábado, en la celebración que el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, presidió en la Parroquia San Francisco de Asís de Caravaca de la Cruz y en la que participaron numerosos sacerdotes, junto a seminaristas, familiares y amigos.
«El Señor te hace sacerdote para que sepas ofrecer a la gente que se te confía un estilo de vida muy diferente a lo que ofrece el mundo; para que descubran el amor de Dios, el perdón, la grandeza de la filiación divina y un amor sin medida; todo esto con una vida humilde, sencilla», fueron las palabras que el obispo dirigió a José en la homilía, invitándole a descubrir «la grandeza de ser un pobre cura diocesano que ha sido llamado para amar a los pobres, a los ancianos, a los enfermos, a quienes nadie visita y a quienes ya no esperan nada de la Iglesia o de la vida; el sacerdote diocesano vive su espiritualidad y santidad en la entrega día a día a la gente». Una misión que se fundamenta en «permanecer unido a Cristo» y en cuidar el trato con él en la oración: «Recuerda que nadie puede dar a Cristo si deja de vivir con Cristo. Tu primera tarea no será hacer muchas cosas; será dejar que él viva en ti». Por último, lo invitó a ser un sacerdote «que vive con paz, que escucha con paciencia, que ama sin cálculos y que deja que Cristo sea el verdadero protagonista y compañero de camino».
Al término de la celebración, una vez ordenado sacerdote, José dio las gracias a Dios por su historia vocacional, por todos aquellos que han formado parte de ella y por las vocaciones sacerdotales procedentes de esta parroquia, porque con él son dieciocho los jóvenes feligreses que han recibido el Orden Sacerdotal a lo largo de los años. También dio las gracias especialmente al obispo: «Aquí me tiene dispuesto a servir con total disponibilidad allí donde la Diócesis lo necesite».
Queridos hermanos y hermanas: En la bendición de este nuevo camarín de Nuestra Señora de la Esperanza no celebramos una simple inauguración artística, ni un acto social, ni una presentación patrimonial. Celebramos un acontecimiento de fe. Bendecimos una obra humana para que quede orientada a la gloria de Dios, a la veneración de la Santísima Virgen y al bien espiritual del pueblo cristiano.
La primera lectura ha puesto en nuestros labios una confesión de alegría: «Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios» (Is 61,10). Es el gozo del creyente que reconoce que todo bien viene de Dios. También hoy damos gracias por tantos trabajos, desvelos, estudios, aportaciones y generosidad que han hecho posible la construcción de este camarín. En él se han unido la pintura mural, la cerámica, la talla, el dorado y la ornamentación, pero todo ello con una finalidad superior: ayudar al fiel a rezar, a contemplar a María y, por María, llegar a Cristo.
El camarín tiene un rico contenido catequético: el Magníficat, las letanías de la Virgen, la Inmaculada Concepción, la Asunción, las virtudes, los ángeles músicos, las mujeres fuertes de la Escritura, la pureza de María y el ancla de la esperanza. No son adornos vacíos. Son signos que hablan, son una predicación silenciosa. Nos recuerdan que la belleza, cuando nace de la fe y sirve a la fe, no distrae de Dios, sino que conduce hacia Él.
En el Evangelio hemos escuchado el Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,46-47). María no se anuncia a sí misma. No se coloca en el centro. Toda Ella es transparencia de Dios. Toda Ella es humildad, alabanza, disponibilidad y servicio. Por eso la Iglesia la venera, por eso el pueblo cristiano la ama, por eso Triana la llama Esperanza.
El Concilio Vaticano II enseña que María «brilla ante el Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza cierta y de consuelo» (Lumen gentium, 68). Esta afirmación se hace especialmente viva aquí. ¡Cuántas personas habrán venido a esta capilla a confiar una pena, una enfermedad, una preocupación familiar, una herida interior, una súplica callada! ¡Cuántos habrán encontrado ante Nuestra Señora de la Esperanza un poco de luz en medio de la noche! La esperanza cristiana no es optimismo superficial. La esperanza cristiana nace de Cristo muerto y resucitado. María es Madre de la Esperanza porque nos lleva al Señor, porque nos enseña a permanecer firmes en la fe, también cuando la cruz pesa.
La piedad popular tiene una misión muy hermosa. El 18 de mayo del año pasado, al final la Eucaristía de inicio de ministerio petrino, el Papa León XIV dirigió un cordial saludo a los miles de peregrinos que habían acudido de todos los continentes con ocasión del Jubileo de las Cofradías, y les agradeció que mantengan vivo el gran patrimonio de la piedad popular. El papa Francisco recordó que la piedad popular posee una verdadera fuerza evangelizadora y debe ser valorada como lugar de encuentro entre la fe y la vida del pueblo (Evangelii gaudium, 122-126). Como yo mismo os recordé en la homilía en el Jubileo de las Hermandades y Cofradías del 25 de octubre de 2025, las hermandades están llamadas a ser escuelas de vida cristiana y que han de existir para evangelizar.
Pero a mí me corresponde como pastor de esta familia diocesana recordar una y otra vez que la piedad popular sólo es auténtica cuando conduce a Cristo, a la conversión, a los sacramentos, a la caridad y a la vida eclesial. Una hermandad no puede quedar reducida a estética, emoción, costumbre o pertenencia social. Una hermandad es Iglesia. Una hermandad custodia una devoción recibida, pero también tiene la obligación de transmitir la fe, formar cristianos, servir a los pobres y anunciar el Evangelio. El camarín será verdaderamente fecundo si quienes lo contemplen y hagan un rato de oración salgan de aquí con más amor a Dios, más amor a la Virgen, más fidelidad a la Iglesia y más caridad hacia los hermanos.
San Juan Pablo II enseñó que María «precede constantemente al Pueblo de Dios en el camino de la fe» (Redemptoris Mater, 6). Ella nos precede porque creyó, porque escuchó, porque permaneció junto a la cruz, porque esperó cuando todo parecía humanamente perdido. Y Benedicto XVI afirmó que quien tiene esperanza vive de otra manera, porque se le ha dado una vida nueva (Spe salvi, 2). Esto es lo que pedimos hoy: que Nuestra Señora de la Esperanza nos ayude a vivir de otra manera, no instalados en la queja, el miedo o la tristeza, sino sostenidos por Cristo. En este camarín está presente el ancla, símbolo tradicional de la esperanza. El ancla permite que la nave no quede a merced de la tormenta. También nuestra vida necesita estar anclada en Cristo. Las familias, los niños y los jóvenes, los enfermos, necesitan esa ancla. Sevilla necesita esa ancla.
Querida Hermandad de la Esperanza de Triana: recibid esta bendición como una llamada. Custodiad este camarín con amor, pero custodiad sobre todo la fe. Cuidad la belleza, pero cuidad más aún la vida cristiana. Promoved los cultos, la formación, la caridad, la comunión eclesial y la misión. Que este camarín sea un lugar privilegiado para la oración, para el encuentro con Cristo y con la Madre. Que nadie mire a la Virgen sin escuchar en el fondo de su alma aquellas palabras del Evangelio: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5).
Que Nuestra Señora de la Esperanza bendiga a esta Hermandad, a todos sus hermanos, a sus devotos, al barrio de Triana y a toda nuestra Archidiócesis. Agradecemos los trabajos y el servicio de la Junta saliente, especialmente este camarín y la Misión de la Esperanza, y pedimos a nuestra Madre que bendiga y acompañe los trabajos de la nueva Junta. Que Ella nos enseñe a cantar el Magníficat con la vida. Que nos ayude a reconocer las maravillas de Dios, a vivir humildemente, a servir con alegría y a caminar siempre hacia Cristo, a remar mar adentro por los océanos de la vida y de la historia. Así sea.
El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, bendijo el pasado sábado 4 de julio el nuevo camarín de la Esperanza de Triana, en una Liturgia de la Palabra sencilla, pero cargada de solemnidad.
El arzobispo destacó que el camarín esconde un rico contenido catequético, ya que en él puede verse el Magníficat, las letanías de la Virgen, la Inmaculada Concepción, la Asunción, las virtudes, los ángeles músicos, las mujeres fuertes de la Escritura, la pureza de María y el ancla de la esperanza. “No son adornos vacíos”, explicó el prelado, sino “signos que hablan” y que recuerda que “la belleza, cuando nace de la fe y sirve a la fe, no distrae de Dios, sino que conduce hacia Él”.
De igual modo, María es el mejor camino para llegar a Jesús. “María no se anuncia a sí misma”, argumentó monseñor Saiz, sino que “toda Ella es transparencia de Dios. Todo Ella es humildad, alabanza, disponibilidad y servicio. Por eso la Iglesia la venera, por eso el pueblo cristiano la ama, por eso Triana la llama Esperanza”.
La misión de la Piedad Popular
Don José Ángel se refirió en su homilía a la “fuerza evangelizadora” de la piedad popular. En esta línea, insistió en que “las hermandades, están llamadas a ser escuelas de vida cristiana y que han de existir para evangelizar”. Asimismo, recordó que la piedad popular “solo es auténtica cuando conduce a Cristo, a la conversión a los sacramentos, a la caridad y a la vida eclesial. Una hermandad no puede quedar reducida a estética, emoción, costumbre o pertenencia social. Una hermandad es Iglesia. Una hermandad custodia una devoción recibida, pero también tiene la obligación de transmitir la fe, formar cristianos, servir a los pobres y anunciar el Evangelio”.
Por eso, el arzobispo defendió que el nuevo camarín será verdaderamente fecundo si quienes lo contemplen y hagan un rato de oración “salgan de aquí con más amor a Dios, más amor a la Virgen, más fidelidad a la Iglesia y más caridad hacia los hermanos”.
Que la Virgen “nos ayudé a vivir de otra manera”
El prelado continuó su homilía pidiendo a Nuestra Señora de la Esperanza que “nos ayude a vivir de otra manera, no instalados en la queja, el miedo o la tristeza, sino sostenidos por Cristo”.
Además, exhortó a la hermandad a recibir esta bendición como una llamada a custodiar la fe, la belleza y la vida cristiana. Les invitó, finalmente, a promover los cultos, la formación, la caridad, la comunión eclesial y la misión.
La parroquia Santa María Magdalena de Ceutí acogió en la tarde de ayer la celebración presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, en la que Jesús López Huéscar recibió el Orden Sacerdotal.
Durante la homilía, Mons. Lorca hizo un resumen sobre el significado de ser sacerdote, siendo «un hombre de oración antes que de acción; testigo de la gracia antes que un organizador; padre que lleva el sufrimiento de su pueblo; y servidor cuya autoridad nace de la santidad, del servicio y de la caridad, y no del poder». Al ordenando le recomendó poner el corazón «en la sabiduría de la Madre Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, que busca siempre los medios más adecuados para la formación de los ministros ordenados» exhortándole así mismo a ser «un apasionado por la vida sacerdotal, viviendo el presente y mirando al futuro con un corazón profético, fraterno y filial».
Antes de continuar con el rito de ordenación sacerdotal quiso felicitarle por este momento vivido deseándole fecundidad en su ministerio.
Un grupo de jóvenes de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, de Madrid, ha vivido unos días de convivencia en la diócesis de Almería, donde ha compartido distintas actividades con la comunidad cristiana de Santa María de Belén, en el barrio de La Chanca.
Durante su estancia, los jóvenes se alojaron en la casa de las Siervas de los Pobres, desde donde participaron en diversas iniciativas de encuentro y servicio. Uno de los momentos más significativos tuvo lugar el pasado miércoles con la celebración de la Eucaristía, en la que participaron los jóvenes visitantes junto a numerosos fieles de la parroquia y vecinos del barrio.
La convivencia concluyó con una comida de despedida en un ambiente de fraternidad y agradecimiento. Según explica el párroco de San Isidro Labrador y Santa María de Belén, Óscar Trujillo, «han sido unos días maravillosos». El sacerdote destaca además que los jóvenes regresan a Madrid «muy llenos y con ganas de volver» para seguir estrechando lazos con la comunidad almeriense y organizar nuevas iniciativas en el futuro.
Un grupo de 49 peregrinos de nuestra tierra está realizando el Camino de Santiago, del el 2 al 9 de julio. Son peregrinos de Alquife, la Calahorra y Aldeire, pero también de otros pueblos del Marquesado y del resto de la diócesis de Guadix. Al frente del grupo va el sacerdote José Manuel Suárez, párroco de las localidades antes mencionadas.
El Camino que están realizando es el Camino Inglés, que los llevará hasta Santiago de Compostela tras jornadas de esfuerzo físico, pero también de profundidad interior, de cultura y de convivencia. Porque de todo tiene el Camino. El grupo realza las etapas a pie, pero quienes no quieran o no puedan, tienen la opción de realizar parte del Camino en el autobús que acompaña al grupo. Además, cada noche, los peregrinos pueden descansar en hotel, algo que se agradece y que lo hace todo más cómodo. Las etapas son las siguientes: Ferrol-Pontedeume, Pontedeume-Betanzos, Betanzos-Hospital de Bruma, Hospital de Bruma-Sigüeiro y Sigüeiro-Santiago de Compostela, donde los peregrinos llegarán el martes 7 de julio. La programación prevé, además, una visita libre a la ciudad de Ávila, tan vinculada a Santa Teresa de Jesús, ya en el viaje de regreso, No es la primera vez que José Manuel Suárez realiza el Camino con peregrinos de sus parroquias o de cualquier otra y, con toda seguridad, no será la última. Por eso, quizá sea un buen momento para ir pensando en la peregrinación que haga el verano que viene y animarse a vivir la experiencia del Camino a Santiago de Compostela. Antonio Gómez Delegado diocesano de MCS. Guadix
Celebrada la Eucaristía con la toma de posesión de D. José Carlos Isla Tejera como nuevo Capellán Mayor del templo que custodia los restos de los Reyes Católicos, relevando a D. Manuel Reyes Ortiz, que se ha ocupado de este servicio pastoral durante tres décadas.
Después de tres décadas con D. Manuel Reyes como Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada, el templo que custodia los restos de los Reyes Católicos y promueve la devoción a la Sierva de Dios Isabel La Católica ha acogido la eucaristía de toma de posesión del nuevo responsable del Cabildo Real.
D. José Carlos Isla Tejera, párroco in solidum en la parroquia del Carmen y Vicario de Pastoral, recogía esta mañana el testigo en este servicio en la Iglesia que peregrina en Granada, conformando uno de los tres cabildos con los que cuenta, junto a la Catedral y la Abadía del Sacro Monte.
La celebración se produce dos días después de hacerse público el nombramiento del nuevo Capellán Mayor, entre otra serie de nombramientos para el servicio pastoral en la Archidiócesis, aprobados por el Sr. Arzobispo, y que se harán efectivos a partir del mes de septiembre.
Mons. José María Gil Tamayo presidió la Eucaristía, concelebrada por los miembros del Cabildo Real, así como el deán de la Catedral y el abad de la Abadía del Sacro Monte, con la asistencia de numerosos fieles, que fueron testigos del juramento para este servicio pastoral que ahora continuará el nuevo Capellán Mayor.
El rito del juramento comenzó con la lectura del Decreto que aprueba el nombramiento como Capellán Mayor de D. José Carlos Isla Tejera, por un periodo de cuatro años, rubricado por el arzobispo, y a continuación la firma del nuevo responsable de este Cabildo.
“AQUÍ SE RECOGE UN TESTIGO PARA CONTINUAR UN CAMINO” En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo agradeció a D. Manuel su entrega generosa durante tres décadas en este templo, impulsando la devoción a la Sierva de Dios Isabel La Católica, custodiando su memoria y restos de los Reyes Católicos y otros miembros de la Familia Real, y acercando la fe a cuantos acuden al templo.
“Esta capilla es toda una lección, no es simplemente un homenaje a unos reyes, insignes también a los Reyes Católicos; no es simplemente un monumento funerario que recuerda la memoria de unos difuntos, sino que está expresando aquello que dio razón de ser, especialmente a la Reina Isabel I de Castilla, la Reina Católica, la Sierva de Dios, y es la de la gloria de Dios y, al mismo tiempo, el reflejo, como una adelantada de su tiempo, descubriendo en los seres humanos su reflejo y la imagen de Dios, por tanto, su igual dignidad”, expresó D. José María.
Respecto a la toma de posesión, Mons. Gil Tamayo indicó que no se trata de una celebración en la que se produce “una alternancia de poder, porque esa no es la clave”, ni “una alternancia de un cargo sin más, y ahora viene otro que representa otra cosa”. “Aquí se recoge un testigo para continuar un camino del que es depositario en su trazado la Iglesia de Granada. La Iglesia que tanto contribuyó a crear los Reyes Católicos, que tanto Hernando de Talavera puso empeño en poner con estilo nuevo, ese estilo al que nos ha llamado el Papa León XIV en su discurso a los obispos españoles”, explicó.
“CONTINUIDAD DE UN CABILDO” Por su parte, D. Manuel Reyes intervino al final de la celebración, con palabras de gratitud y un recuerdo afectuoso por los últimos capellanes mayores: D. José María Vico y D. Francisco Puerta, “que iniciaron la transformación de la Capilla con las obras grandes en la lonja, y el museo y la restauración de los retablos, de las reliquias y de los relicarios”. Asimismo, ha recordado a los últimos capellanes eméritos, D. Santiago Hoces y D. Manuel Ordóñez, que no han podido asistir a la celebración por motivos de salud.
“Muchas gracias, Sr. Arzobispo. Esto me llena de satisfacción: ver que la Capilla tiene a su servicio una continuidad de un Cabildo que prestará su servicio de manera admirable. Y mi palabra de felicitación naturalmente a José Carlos”, expresó D. Manuel Reyes.
También se dirigió al nuevo Capellán Mayor: “José Carlos, pido al Señor que te dé fuerza y constancia, para que con tu presencia y con tu asistencia constante a lo que son las tareas de la Capilla, asegures la vida del Cabildo respetando, queriendo, amando, perdonando cuando sea necesario, expulsando de manera discreta lo que sea necesario, hagas que la paz y la fraternidad rinden en este cabildo y en el futuro lo que el Señor quiera que venga a poner al servicio de la Capilla. Que sea enhorabuena y que el Señor te acompañe siempre”, subrayó el ahora Capellán Mayor emérito.
D. Manuel Reyes quiso recordar también “las magníficas relaciones con los arzobispos que han ido sucesivamente estando en la sede metropolitana”, así como las “magníficas relaciones con la Curia Metropolitana y con los sacerdotes que le han servido en los distintos cargos”, y con la Catedral y Abadía del Sacro Monte, con un agradecimiento a los trabajadores de este templo real.
Al nuevo Cabildo, renovado en los dos últimos años, les animó a esforzarse “en cultivar el conocimiento de la figura de la Reina, sus valores políticos, sus valores de gobernante, sus valores de madre, y sobre todo sus valores de una cristiana ejemplar, descubriendo su generosidad y su espíritu de sacrificio y su espíritu de oración”.
SERVIR JUNTOS, PARA SERVIR BIEN El nuevo Capellán Mayor, D. José Carlos Isla Tejera, también dirigió unas palabras al término de la celebración, reconociendo la ilusión que le embargaba ante la responsabilidad que asume, pero que “también impone”.
Tras los agradecimientos al arzobispo por su confianza en su persona, a la diócesis, a los hermanos capellanes reales, a D. Manuel Reyes, y un “recuerdo agradecido” por los capellanes eméritos, D. José Carlos recibe este servicio como “una herencia cuidada con esmero”, de la que “soy muy consciente de que lo que hoy comienza se apoya enteramente sobre lo que usted ha construido durante tantos años de servicio silencioso”, en referencia al Capellán Mayor emérito. “Y gracias a vosotros, hermanos capellanes, por haber depositado en mí vuestra confianza. Lo recibo como lo que realmente es: una tarea compartida. Nadie sostiene solo una institución como esta. Aquí solo se puede servir juntos. Porque solo así se sirve bien”, señaló.
Con una mención especial al Tríptico de Dieric Bouts “El descendimiento de la Cruz”, cuya restauración completada se presentaba recientemente en un acto institucional en la Capilla Real tras tres años de ausencia en Bélgica, el nuevo Capellán Mayor aludía a una función del Tríptico –“hecho para abrirse”- para recordar que este templo “está llamado a abrirse para que cuantos entren aquí puedan descubrir que la belleza conduce a la memoria, la memoria a la fe y la fe a la esperanza”.
En sus palabras también recordó la referencia como modelo y estilo de evangelización de fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina Católica y primer arzobispo de Granada tras la Conquista de Granada en 1492, del que habló el Papa León XIV en sus Visita apostólica a España, ante los obispos españoles en la Conferencia Episcopal Española.
“Pongo este servicio en manos de los santos Juanes que dan nombre a esta Capilla y también de los Reyes que esperan la Resurrección”, concluyó el nuevo Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada.
Celebrada la Eucaristía con la toma de posesión de D. José Carlos Isla Tejera como nuevo Capellán Mayor del templo que custodia los restos de los Reyes Católicos, relevando a D. Manuel Reyes Ortiz, que se ha ocupado de este servicio pastoral durante tres décadas.
Después de tres décadas con D. Manuel Reyes como Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada, el templo que custodia los restos de los Reyes Católicos y promueve la devoción a la Sierva de Dios Isabel La Católica ha acogido la eucaristía de toma de posesión del nuevo responsable del Cabildo Real.
D. José Carlos Isla Tejera, párroco in solidum en la parroquia del Carmen y Vicario de Pastoral, recogía esta mañana el testigo en este servicio en la Iglesia que peregrina en Granada, conformando uno de los tres cabildos con los que cuenta, junto a la Catedral y la Abadía del Sacro Monte.
La celebración se produce dos días después de hacerse público el nombramiento del nuevo Capellán Mayor, entre otra serie de nombramientos para el servicio pastoral en la Archidiócesis, aprobados por el Sr. Arzobispo, y que se harán efectivos a partir del mes de septiembre.
Mons. José María Gil Tamayo presidió la Eucaristía, concelebrada por los miembros del Cabildo Real, así como el deán de la Catedral y el abad de la Abadía del Sacro Monte, con la asistencia de numerosos fieles, que fueron testigos del juramento para este servicio pastoral que ahora continuará el nuevo Capellán Mayor.
El rito del juramento comenzó con la lectura del Decreto que aprueba el nombramiento como Capellán Mayor de D. José Carlos Isla Tejera, por un periodo de cuatro años, rubricado por el arzobispo, y a continuación la firma del nuevo responsable de este Cabildo.
“AQUÍ SE RECOGE UN TESTIGO PARA CONTINUAR UN CAMINO” En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo agradeció a D. Manuel su entrega generosa durante tres décadas en este templo, impulsando la devoción a la Sierva de Dios Isabel La Católica, custodiando su memoria y restos de los Reyes Católicos y otros miembros de la Familia Real, y acercando la fe a cuantos acuden al templo.
“Esta capilla es toda una lección, no es simplemente un homenaje a unos reyes, insignes también a los Reyes Católicos; no es simplemente un monumento funerario que recuerda la memoria de unos difuntos, sino que está expresando aquello que dio razón de ser, especialmente a la Reina Isabel I de Castilla, la Reina Católica, la Sierva de Dios, y es la de la gloria de Dios y, al mismo tiempo, el reflejo, como una adelantada de su tiempo, descubriendo en los seres humanos su reflejo y la imagen de Dios, por tanto, su igual dignidad”, expresó D. José María.
Respecto a la toma de posesión, Mons. Gil Tamayo indicó que no se trata de una celebración en la que se produce “una alternancia de poder, porque esa no es la clave”, ni “una alternancia de un cargo sin más, y ahora viene otro que representa otra cosa”. “Aquí se recoge un testigo para continuar un camino del que es depositario en su trazado la Iglesia de Granada. La Iglesia que tanto contribuyó a crear los Reyes Católicos, que tanto Hernando de Talavera puso empeño en poner con estilo nuevo, ese estilo al que nos ha llamado el Papa León XIV en su discurso a los obispos españoles”, explicó.
“CONTINUIDAD DE UN CABILDO” Por su parte, D. Manuel Reyes intervino al final de la celebración, con palabras de gratitud y un recuerdo afectuoso por los últimos capellanes mayores: D. José María Vico y D. Francisco Puerta, “que iniciaron la transformación de la Capilla con las obras grandes en la lonja, y el museo y la restauración de los retablos, de las reliquias y de los relicarios”. Asimismo, ha recordado a los últimos capellanes eméritos, D. Santiago Hoces y D. Manuel Ordóñez, que no han podido asistir a la celebración por motivos de salud.
“Muchas gracias, Sr. Arzobispo. Esto me llena de satisfacción: ver que la Capilla tiene a su servicio una continuidad de un Cabildo que prestará su servicio de manera admirable. Y mi palabra de felicitación naturalmente a José Carlos”, expresó D. Manuel Reyes.
También se dirigió al nuevo Capellán Mayor: “José Carlos, pido al Señor que te dé fuerza y constancia, para que con tu presencia y con tu asistencia constante a lo que son las tareas de la Capilla, asegures la vida del Cabildo respetando, queriendo, amando, perdonando cuando sea necesario, expulsando de manera discreta lo que sea necesario, hagas que la paz y la fraternidad rinden en este cabildo y en el futuro lo que el Señor quiera que venga a poner al servicio de la Capilla. Que sea enhorabuena y que el Señor te acompañe siempre”, subrayó el ahora Capellán Mayor emérito.
D. Manuel Reyes quiso recordar también “las magníficas relaciones con los arzobispos que han ido sucesivamente estando en la sede metropolitana”, así como las “magníficas relaciones con la Curia Metropolitana y con los sacerdotes que le han servido en los distintos cargos”, y con la Catedral y Abadía del Sacro Monte, con un agradecimiento a los trabajadores de este templo real.
Al nuevo Cabildo, renovado en los dos últimos años, les animó a esforzarse “en cultivar el conocimiento de la figura de la Reina, sus valores políticos, sus valores de gobernante, sus valores de madre, y sobre todo sus valores de una cristiana ejemplar, descubriendo su generosidad y su espíritu de sacrificio y su espíritu de oración”.
SERVIR JUNTOS, PARA SERVIR BIEN El nuevo Capellán Mayor, D. José Carlos Isla Tejera, también dirigió unas palabras al término de la celebración, reconociendo la ilusión que le embargaba ante la responsabilidad que asume, pero que “también impone”.
Tras los agradecimientos al arzobispo por su confianza en su persona, a la diócesis, a los hermanos capellanes reales, a D. Manuel Reyes, y un “recuerdo agradecido” por los capellanes eméritos, D. José Carlos recibe este servicio como “una herencia cuidada con esmero”, de la que “soy muy consciente de que lo que hoy comienza se apoya enteramente sobre lo que usted ha construido durante tantos años de servicio silencioso”, en referencia al Capellán Mayor emérito. “Y gracias a vosotros, hermanos capellanes, por haber depositado en mí vuestra confianza. Lo recibo como lo que realmente es: una tarea compartida. Nadie sostiene solo una institución como esta. Aquí solo se puede servir juntos. Porque solo así se sirve bien”, señaló.
Con una mención especial al Tríptico de Dieric Bouts “El descendimiento de la Cruz”, cuya restauración completada se presentaba recientemente en un acto institucional en la Capilla Real tras tres años de ausencia en Bélgica, el nuevo Capellán Mayor aludía a una función del Tríptico –“hecho para abrirse”- para recordar que este templo “está llamado a abrirse para que cuantos entren aquí puedan descubrir que la belleza conduce a la memoria, la memoria a la fe y la fe a la esperanza”.
En sus palabras también recordó la referencia como modelo y estilo de evangelización de fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina Católica y primer arzobispo de Granada tras la Conquista de Granada en 1492, del que habló el Papa León XIV en sus Visita apostólica a España, ante los obispos españoles en la Conferencia Episcopal Española.
“Pongo este servicio en manos de los santos Juanes que dan nombre a esta Capilla y también de los Reyes que esperan la Resurrección”, concluyó el nuevo Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada.