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Ha partido a la casa del Padre el presbítero Agustín Yanes Valer

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La mañana de este domingo 27 de junio fallecía en el hospital s. Juan de Dios el sacerdote Agustín Yanes Valer. Nombrado por el papa Benedicto XVI prelado de honor de Su Santidad por su dilatado servicio en favor de las personas con diversidad funcional auditiva.

La Misa Exequial será el lunes 28 de junio a las 13 horas en la Catedral. La capilla ardiente se encuentra en el tanatorio de Servisa.

Agustín Yanes Valer nació en La Habana, Cuba, el 26 de febrero de 1929, hijo de padres españoles, que regresaron a Tenerife cuando el niño tenía siete meses. A los cinco años tuvo una enfermedad infecciosa y quedó sordo.

A los 27 años viajó a Madrid con la intención de operarse los oídos y poder ingresar en el Seminario, pero la operación no fue bien. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, en donde estuvo seis años y se licenció.

Terminados los estudios de Bellas Artes, Agustín, como miembro de la Acción Católica de Sordos fue a Valladolid a dar una charla, y conoció al arzobispo D. José García Goldáraz, el cual se interesó por su problema y deseos sacerdotales y se ofreció a llevar a la Santa Sede la solicitud. Consiguió las dispensas necesarias…

Después de un largo proceso fue ordenado el 30 de Abril de 1967 en la catedral de Valladolid y celebró su Primera Misa en la Iglesia de San Francisco el Grande, en Madrid. Se hizo profesor de Educación Especial y trabajó en el colegio «La Purísima», en Madrid, cuya Congregación de Franciscanas siempre le ayudó y animó.

Ha visitado en muchas ocasiones países de Latinoamérica y de Europa, en labor Pastoral con las personas sordas. En reconocimiento a su labor con estas personas, la Universidad de Sordos «Gallaudet» de Washington, le concedió el doctorado honoris causa en letras y humanidades.

Cofundador de la Residencia de Ancianos sordos «Santa María del Silencio, en Cubas de la Sagra, Madrid, de la A.S.P.A.S, (Asociación de Padres y amigos del sordo) de PROAS, (Patronato de promoción y asistencia al sordo) y de la revista «Evangelizar» de Pastoral del sordo y ha publicado varios libros de catequesis y educación especial.

La llamada pastoral del sordo comienza en 1967 en España con la ordenación de Yanes Valer, que trabajó muchos años en la atención a las personas con esta diversidad funcional auditiva. De este departamento fue también responsable en la diócesis Nivariense desde 1997.  Actualmente era Director Honorífico y Emérito de la Pastoral del Sordo de la Conferencia Episcopal Española y vivía en la Residencia sacerdotal de La Laguna.

En el mes de marzo del 2008 el papa Benedicto XVI, a  instancias del departamento correspondiente de la CEE,  le concedió a Yanes Valer el título de Prelado de Honor de Su Santidad. Descanse en Paz.

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Ordenaciones diaconales en la Catedral y nueva app VA Televisión para Android en “Iglesia Noticia”

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Ordenaciones diaconales en la Catedral y nueva app VA Televisión para Android en “Iglesia Noticia”

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 27 de junio de 2021, a las 9:45 horas.

En el informativo diocesano “Iglesia Noticia” de esta semana hablamos de las ordenaciones diaconales de cuatro seminaristas del Seminario Mayor San Cecilio que tendrán lugar en una Eucaristía celebrada en la jornada de hoy, día 27, a las 12:30 horas en la Catedral.

Asimismo, damos a conocer la nueva aplicación móvil de la televisión diocesana, VA Televisión, que está disponible para descargar gratuitamente en dispositivos iOs y ahora también para Android.

Hablamos también del 25º aniversario de la Declaración de las virtudes heroicas de D. Antonio Amundarain, fundador del Instituto Secular Alianza en Jesús por María y de las graduaciones de los ciclos formativos que han tenido lugar recientemente en el Centro de Formación Profesional de “La Inmaculada”.

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Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 27 de junio de 2021

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Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 27 de junio de 2021

Continuamos con el evangelista Marcos, que nos presenta en un mismo relato dos milagros que se entrecruzan y que Jesús realiza de manera simultánea en dos escenarios diferentes y hacia dos destinatarios distintos, no dejando de ser significativo que se trate de dos mujeres, que en la época no eran valoradas ni social ni religiosamente.

Estos dos milagros realizados en la misma jornada ponen de manifiesto la intensidad con la que Jesús trabaja por el Reino de Dios y la fuerza con la que este Reino de Dios se está haciendo presente, en nuestras vidas y en el mundo, con la llegada del Señor y Mesías.
Ambos signos o milagros, la curación de una mujer enferma y la resurrección de una niña, ponen de manifiesto el poder de Cristo sobre la muerte del ser humano, mostrándonos así a Jesús más allá de su humanidad: nos lo muestra desde la fe como el Señor y dador de vida.
Nos encontramos en medio del lago de Galilea y en tierra de paganos. Observamos cómo las fuerzas del mal están en el origen del caos, de la debilidad, de los peligros, de los fracasos, de los sufrimientos: de la enfermedad y de la muerte.
Aparece en escena Jesús en medio de una multitud que no le permite estar cerca de los problemas de los más vulnerables y que se convierte en un obstáculo para llegar a los problemas de los necesitados. En todo este barullo de gente aparece una mujer sin salud y empobrecida por gastarse una fortuna en médicos. Los flujos de sangre era una enfermedad que, para la mentalidad judía, suponía una impureza de la persona enferma, que tenía que padecer el rechazo de los demás, teniendo también que vivir en un aislamiento social y religioso. Padecer la frustración de no poder tener hijos, era un añadido que la hundía mucho más, porque ser madre para la mujer de la época era considerarse valiosa en la familia y era también un signo de la bendición de Dios. Si ser mujer conlleva la marginación, el sentirse anulada socialmente, el peso de esa marginación era horrible al añadirse esta enfermedad, que al mismo tiempo le hacía sentirse maldecida por Dios. ¡Cuánto sufrimiento en el corazón! Ella, que se siente impotente y que ya no confía en los médicos, sin embargo, acude a Jesús llena de fe porque considera que es el único que puede sanarla. La mujer anónima se salta la ley y todas las normas, pues nadie la podía tocar ni ella podía tocar a nadie, y se conforma con sólo tocar de manera discreta y sin ser notada el manto de Jesús. No espera que el Señor le preste atención y se interese por ella. El poder de su fe ha sido más grande y sanador que la fe puesta en los remedios de este mundo. Cuando ha sido curada, Cristo la busca y da con ella. No la reprende, sino que la admira por su enorme fe y la bendice. La fe nos permite sentir la misericordia de un Dios que no se avergüenza de nosotros, porque, es al contrario, nos quiere y ayuda.
En medio de esta historia se nos cruza otra, la de un padre con nombre propio, Jairo, un hombre de poder, de prestigio social y religioso por ser el jefe de la sinagoga. Este hombre, que se supone que lo tiene todo para ser feliz y para afrontar todo tipo de problemas de la vida, experimenta la enfermedad de su hija y acude atormentado a Jesús, pero, cuando ha podido llegar a él, por el impedimento que suponía la multitud que lo acompañaba al Maestro, su hija no sólo ha empeorado sino que ha muerto. Sus criados le traen la noticia de su fallecimiento indicándole que ya no hay nada que hacer, por lo tanto, ha muerto también la esperanza. Jesús le pide al padre una única cosa: tener fe.
Jesús se desplaza sin compañía, exceptuando la de sus discípulos de mayor confianza. En la casa donde se encontraba la niña todo huele a muerte, a dolor, a llanto, a tristeza. Nadie tiene poder sobre la muerte, tan solo Dios. Por eso, quienes veían en Jesús a un simple carpintero nunca podía esperar que hiciera signos en los que se manifestara en él el poder de Dios, liberando del sufrimiento a las personas, y menos aún el vencer a la muerte, devolviendo la vida a una niña que se suponía que por su edad debería estar llena de vitalidad. Jesús, cogiendo la mano, tocando la muerte, la levanta de la muerte y la lleva a la vida. Y en aquella casa entró la alegría y la fiesta, porque Dios es dador de vida.
La fe es un tesoro que nos abre las puertas que se cierran a falta de ella. La fe nos hace confiar en Jesús y descubrir que cuando Dios forma parte de nuestra vida, entra en nuestro corazón: ni la enfermedad, ni la muerte, ni la marginación ni los miedos nos arrebatarán la alegría y el gozo que el Dios de la vida nos aporta en un mundo en el que tenemos que afrontar, día a día, el sufrimiento, los peligros, el fracaso, la decepción, el rechazo de los demás. Con el Señor, con la fe, tenemos la fuerza para luchar, para tener esperanza y para no rendirnos, porque la fe y el encuentro personal con el Señor, liberan y te hacen participar del amor de Dios.
Emilio José Fernández, sacerdote
http://elpozodedios.blogspot.com/

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Comentario al evangelio del Domingo XIII del Tiempo Ordinario

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El sacerdote y profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, Miguel Ángel Criado, ayuda a profundizar en el evangelio de este domingo (Mc 5, 21-43).

El evangelio de este domingo ofrece dos relatos entrelazados entre sí –una curación y una resurrección–, que nos muestran a Jesús como fuente de vida, como Aquel que da la vida a quien se abandona con fe en sus brazos y confía en su palabra.

Primero, el evangelista narra el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que suplica a Jesús que vaya a su casa porque su hija se está muriendo. Jesús accede a la súplica con el gesto de ponerse en camino. En el trayecto hace una parada para sanar a una mujer que desde hacía doce años padecía flujos de sangre y se cura tocando el manto de Jesús. Reanudando su marcha hacia la casa de Jairo, llega la noticia de que la niña ha muerto. Pero Jesús le dice: “No temas. Solamente ten fe” (v.36).

Los dos protagonistas de los relatos, el padre de la muchacha y la mujer enferma, presentan dos aspectos comunes, la necesidad de ser curados y la fe-confianza en Jesús. Se trata de dos requisitos fundamentales para ser sanados y acceder al corazón de Jesús.

Hoy el Señor nos hace una doble invitación. Por un lado, nos exhorta a que nos preguntemos de qué cosas tenemos necesidad de ser curados: pecados, dependencias, problemas, etc. Jesús, el Señor, cada domingo se hace el encontradizo en la Eucaristía para que confiemos en Él, fuente de vida, y así escuchar sus palabras: “Yo te digo: ¡Levántate!”. Por otro lado, nos invita a vivir en la certeza de la resurrección. Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, donde reina la vida.

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Homilía del Obispo de Jaén en la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca Ortega

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Querido Antonio:

Con lo que te acaba de decir el Evangelio, ya sabes dónde esta el corazón mismo de tu sacerdocio. No hay nada que explique y sitúe mejor lo que hoy te está sucediendo: que el amor de Cristo que te ha elegido, y solo él sabe por qué; a decir verdad, ni nosotros mismos lo sabemos. Lo que sí sabemos, y con esto basta, es que te ha llamado y elegido porque te ama y quiere enviarte a llevar su amor por los caminos de mundo, quiere que le muestres, como el Buen Pastor, que ama a sus ovejas. Con las preguntas a Pedro, también a ti, como hizo él, quiere encomendarte una misión: que vayas a los que son suyos, a los que Él ama: “apacienta MIS CORDEROS, apacienta MIS OVEJAS”. No hay nadie con más olor a oveja que Jesús.

 

Ser pastor como Jesús es la razón fundamental de nuestro sacerdocio. El sacerdote, en su amor de pastor, participa de su misma afectividad. Estamos llamados a ser pastores con el amor que cada día recibimos de Cristo Jesús. Por eso nuestro ministerio es un servicio de amor (amoris officium). Ese amor de Cristo por su grey se te ha ido grabando, con letras de oro y fuego, a lo largo de tu formación en el seminario; así has conocido que la Caridad Pastoral es esencial en nuestra estructura espiritual y eclesial. Entre todo lo que has tenido que madurar en tu formación, (en la oración, la vida eucarística y sacramental, la convivencia fraterna, el acompañamiento espiritual y el estudio intenso y responsable…) seguramente lo esencial para ti, durante este largo tiempo, ha sido mantener viva esta pegunta personal e íntima de Jesucristo: “¿Me amas?”. Con los hermanos sacerdotes, que hoy te impondrán las manos conmigo, te digo ya desde hoy que en el complejo, amplio y a veces complicado ejercicio del ministerio, has de vivir esa pregunta de amor con toda intensidad. Lo harás, sobre todo, cuando te sientas pequeño, cansado o confuso. Renueva cada día tu respuesta; que será tu jaculatoria diaria: “Señor, Tú conoces todo, Tú sabes que te quiero”. Tú conoces mis luchas, mis debilidades, mis miedos y mis fracasos, hasta conoces mis presunciones; Tú todo lo sabes, hasta mis éxitos, mis consuelos y mis esfuerzos. En todo vivo de tu amor íntimo, personal y confiado.

 

En el Seminario has aprendido a verte en el corazón amoroso de Cristo; continúa siempre mirándote en él y no te valores por otra cosa que no sea por lo que Jesús ha hecho contigo y sabe de ti: no busques conocerte a ti mismo en otras fuentes que no sean el corazón mismo de Cristo. Solo en Él encontrarás la verdad permanente de tu vida. Por eso, no dejes de repetirle, mirándole a los ojos o con la cabeza baja, según te permita mirar tu fidelidad, mayor o menor: “Señor, tú sabes que te quiero”. Sea como sea tu situación, deja que fluya con humildad y sinceridad tu respuesta a la pregunta de amor que te hará Jesús constantemente.

 

Para que se mantenga la pasión de tu caridad pastoral, confía siempre en el Espíritu Santo. Él mantiene vivo tu amor pastoral y contigo sostiene el amor y el compromiso misionero de la porción de pueblo de Dios que te ha sido confiada. Vivir el ministerio sacerdotal en una Iglesia sinodal y misionera, supone confiar en que el Espíritu sostiene y enriquece el sensus fidei del pueblo de Dios y el sensus fidei de los pastores, ambos unidos en el caminar de la Iglesia. El Espíritu Santo estará permanentemente sobre ti y será el animador de un ministerio que asuma y tenga siempre el tono de novedad y valentía creativa que sólo es Él puede dar. El Espíritu siempre nos lleva por los amores preferentes de Cristo.

 

El profeta Isaías, que hoy se ha escuchado en esta asamblea Eucarística, en medio de la cual se celebra tu ordenación sacerdotal, te ha ofrecido la misma Palabra, con los mismos deseos, que un día leyó y asumió Jesús en la sinagoga de Nazaret. Escúchala, Antonio, y rézala con asiduidad. No olvides que Jesús se la aplicó a sí mismo, bajo el amor del Espíritu, que también estará sobre ti. Di tú, entonces: hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Dilo para ti y para todos los que estamos aquí reunidos contigo. Haz de este texto una convicción de tu vida sacerdotal.

 

Dedícate como Jesús a identificar y cuidar a aquellos a los que él te envía en tu Iglesia. Muchos estarán perdidos, huidos, o desolados; descubre siempre a los que sufren y muéstrate interesado en todo el sufrimiento que percibas en tus hermanos. Conviértete, con la comunidad a la que sirves, en consolador del dolor y el sufrimiento humano. Sé siempre sensible a los corazones desgarrados, y no juzgues por apariencias ni por tópicos; no olvides que los desastres que se instalan en el corazón son terribles y muy destructivos. Cuando mires a tu hermano herido ten siempre en cuenta que no hay nada más de Dios que el perdón, la misericordia y la salvación. Por eso, un cristiano nunca debe de banalizar términos como misericordia y perdón. Eso, porque es de Dios, pertenece a nuestra mirada pastoral que siempre ha de ser redentora en Cristo.

 

Trabaja, en definitiva, por el Reino. No olvides que tu oficio, aunque tenga actividades imprescindibles de culto, espiritualidad, evangelización, de formación, de servicio de la caridad, etc.  Si no tiene el fin mismo de la Iglesia, solo será un hacer por hacer. Todo en tu ministerio está al servicio del Reino de Dios. Somos Iglesia del Señor para llevar unidos el Reino a este mundo. Por eso, aprende y practica con tus comunidades nuevas formas de convivencia humana, formas de fraternidad universal. Comparte y transmite la ilusión de una transformación social que haga este mundo digno de Dios y de la vida de los seres humanos.

 

Y hazlo todo, Antonio, en la Iglesia del Señor. No olvides que el camino para nosotros es el de la sinodalidad de la Iglesia, que es su esencia y su modo de ser; pero una sinodalidad que sea profecía para el mundo de hoy. Recuérdalo siempre, tú estás en ella, no sobre ella ni fuera; es tu Iglesia, y nosotros actuamos en su nombre, en su corazón, en su estilo, aunque a veces haya cosas que no nos gusten, porque no las hacemos bien e incluso las hacemos muy mal. Le dice Pablo a los de Mileto: “Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar como pastores de la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre”. Procura situar muy bien la Iglesia en tu corazón y en tu ministerio. No eres un funcionario ni un asalariado, ni una pieza en una empresa; eres un miembro situado, espiritual y sacramentalmente, en el Cuerpo de Cristo. En una Iglesia sinodal eres un hermano con una misión y un servicio. No obstante, te advierto con Jesús y también como él se lo suplicó al Padre, que estás en este mundo. Por eso, repito para ti estas palabras de Jesús al Padre: “No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno” (Jn 17,6-17). Jesús nos invita a vivir en el mundo sin ser del mundo, quiere que vivamos una sana secularidad y que huyamos del secularismo. No olvides que este mundo seduce al hombre y oculta a Dios; que la mundanidad es muy sutil en su seducción. A veces nos atrapa incluso con una mundanidad espiritual, como nos recuerda el Papa Francisco; cuando nos buscamos a nosotros mismos y suplantamos a Cristo en nuestra vida y nuestra misión.

 

Vive a fondo la vida de la Iglesia y procura estar muy atento a lo que el Espíritu va indicando en cada momento, en tu Iglesia diocesana y en el Magisterio de la Iglesia, del Papa y los obispos. Para eso es necesario que vivas una espiritualidad de comunión. Recuerda siempre que el presbítero es un ser relacional: vive unido a tu obispo por el vínculo de cooperación ministerial, que a partir de hoy y para siempre se establece; vive unido al presbiterio al que te insertas con fraternidad sacerdotal, que es mucho más que complicidad e incluso que afectividad y simpatías de unos por otros. Ser presbítero es ser miembro de una unidad de servicio. Siéntete siempre en el empeño de un trabajo en comunión en la comunidad que tengas confiada a tu tutela de pastor.

 

Afánate en construir la unidad. Hazlo, sobre todo, desde la Eucaristía, raíz en la que se injerta la comunión y de la que fluye la unidad. En la celebración eucarística confluyen el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, al que hoy te incorporas. En definitiva, súmate con entusiasmo a una Iglesia que camina en sinodalidad. Estrenarás sacerdocio y ministerio en un año en el que el sínodo universal va a afianzar para todo el pueblo santo de Dios la sinodalidad. En todas las latitudes de la vida eclesial se va a recoger la participación corresponsable de los fieles laicos, con una amplia consulta a creyentes y no creyentes. Esto supone que renace en la Iglesia un nuevo modo de ser y de peregrinar en comunión.

 

Por nuestra parte, en nuestra Iglesia diocesana, llevamos ya cinco años caminando todos unidos. Es verdad que esa dinámica ha encontrado resistencias; por eso, a lo largo de este año queremos hacer juntos un examen de conciencia (una evaluación) de cómo ha sido nuestro caminar:  queremos ver lo que hemos dejado por hacer al servicio de una Iglesia en salida. Este año será, para todos nosotros, una oportunidad: súmate a ella, e invito a todos los sacerdotes a que se sumen también. Los laicos lo harán, si los pastores les damos ejemplo; pero también los pastores hemos de sumarnos a los deseos de los laicos. Abramos nuestro corazón y nuestros ojos a los pasos que juntos vamos a dar para que el sueño misionero de llegar a todos llegue a cuantos mas mejor. Si lo hacemos bien, saldrá ganando la Iglesia del Señor, y el Espíritu Santo se saldrá con la suya sin resistencias por nuestra parte. El Espíritu, si le dejamos, siempre abre caminos para la fe, la esperanza y el amor. Que tu juventud ministerial, sea un estímulo para todos nosotros.

 

Con especial afecto, te encomendamos a la Santísima Virgen, Madre y Pastora de la Iglesia, Estrella de la evangelización. Encomiéndate a ella, ya sabes que María siempre nos lleva por la ruta por la que va su Hijo Jesucristo. Amén.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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Antonio José Blanca Ortega es ya sacerdote de la Iglesia de Jaén

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Cerca de la solemnidad de San Pedro y San Pablo la Iglesia diocesana de Jaén, a través de la acción de su Obispo, lleva a cabo las ordenaciones sacerdotales. En este caso, este sábado, 26 de junio, la Catedral de Jaén ha acogido, con alegría y emoción, la ordenación como presbítero del tosiriano, Antonio José Blanca Ortega, de la parroquia de San Pedro.

Para la solemne celebración se han dado cita en la Seo jiennense los familiares, amigos, así como su comunidad parroquial. Del mismo modo, comunidades de religiosas vinculadas a la ciudad de Antonio Blanca, las religiosas del Seminario y otras,  que desarrollan su vida en la Diócesis, no han querido perderse ver convertido en pastor de la Iglesia del Santo Reino al joven tosiriano.

El presbiterio diocesano, representado por más de una cincuentena de sacerdotes; el Rector, los formadores y el claustro del Seminario, en el que durante ocho años se ha formado Antonio José; el Consejo de Gobierno han participado en esta Eucaristía presidia por Don Amadeo Rodríguez Magro, el Obispo de Jaén.

La emoción del ya neopresbítero traspasaba su mascarilla, y al inicio de la celebración, lágrimas de agradecimiento y alegría contenida resbalaban de sus ojos, un hecho que se ha repetido en distintas ocasiones a lo largo de la ordenación sacerdotal.

El Secretario Canciller ha llamado al aspirante al presbiterio para presentarlo como idóneo ante el Prelado, algo que ha hecho el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz. En ese momento, el Obispo ha dado el plácet a su ordenación y Antonio Blanca ha vuelto hasta su lugar, situado delante de la pila bautismal, donde comenzó su vida como cristiano.

Las lecturas primer y segunda, del libro de Isaías y de la Carta de San Pablo a los Romanos, respectivamente, han sido participadas por amigas del joven. El salmo lo ha cantado un compañero del Seminario y el Evangelio lo ha proclamado el diácono permanente,  José Bellido Salas. El grupo litúrgico musical, EscuchArte, ha puesto con gran acierto, la nota musical a la ordenación sacerdotal.

Homilía

El Obispo diocesano ha comenzado su predicación explicando en la elección de Cristo a cada uno de los hombres a través de su vocación, en este caso,  Antonio J. Blanca, a través de su llamada a la vida sacerdotal: “No hay nada que explique y sitúe mejor lo que hoy te está sucediendo: que el amor de Cristo que te ha elegido, y solo él sabe por qué”.  A continuación, el Prelado le ha querido subrayar la importancia del ministerio que va a ejercer, como servicio, a partir de hoy. “Ser pastor como Jesús es la razón fundamental de nuestro sacerdocio. El sacerdote, en su amor de pastor, participa de su misma afectividad. Estamos llamados a ser pastores con el amor que cada día recibimos de Cristo Jesús. Por eso nuestro ministerio es un servicio de amor”.

Después, el Obispo ha querido insistir en que a lo largo de su vida siempre tendrá que ser reflejo de Cristo. “En el Seminario has aprendido a verte en el corazón amoroso de Cristo; continúa siempre mirándote en él y no te valores por otra cosa que no sea por lo que Jesús ha hecho contigo y sabe de ti: no busques conocerte a ti mismo en otras fuentes que no sean el corazón mismo de Cristo. Solo en Él encontrarás la verdad permanente de tu vida”.

La homilía del Obispo ha querido ser una hoja de ruta para él que empieza su camino sacerdotal y para todos los que el Señor llama a una entrega fiel del cuidado de su Iglesia y de su Pueblo. “Dedícate como Jesús a identificar y cuidar a aquellos a los que él te envía en tu Iglesia. Muchos estarán perdidos, huidos, o desolados; descubre siempre a los que sufren y muéstrate interesado en todo el sufrimiento que percibas en tus hermanos. Conviértete, con la comunidad a la que sirves, en consolador del dolor y el sufrimiento humano”.

Para finalizar, el Prelado jiennense le ha recordado su papel de servicio a la Iglesia como parte principal de su ministerio sacerdotal. “Antonio, en la Iglesia del Señor. No olvides que el camino para nosotros es el de la sinodalidad de la Iglesia, que es su esencia y su modo de ser; pero una sinodalidad que sea profecía para el mundo de hoy. Recuérdalo siempre, tú estás en ella, no sobre ella ni fuera; es tu Iglesia, y nosotros actuamos en su nombre, en su corazón”.

Ritual de la ordenación

Al finalizar la homilía se ha desarrollado el ritual de la ordenación, que comienza con las promesas ante el Obispo del candidato. Antonio José ha prometido obediencia al Obispo y sus sucesores; a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal; a presidir con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, y santificación de pueblo cristiano; y a unirse cada día más a Cristo, sumo Sacerdote.

A continuación, el Obispo y junto a él, el resto de los concelebrantes y pueblo de Dios se ha arrodillado, Antonio José se ha postrado en el suelo, mientras se han cantado la letanías, con las que se han encomendado al Señor y a los santos la labor sacerdotal que desde ahora desarrollará.

Al término, el todavía diácono se ha arrodillado ante el Obispo quien le ha impuesto las manos: el gesto esencial de la ordenación, ya que es a través de él como el Orden es conferido. Cuando el Obispo ha terminado la imposición de manos, todos los sacerdotes concelebrantes, han hecho el mismo gesto sobre la cabeza del joven. Después, el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, ha revestido con la estola y casulla y el Obispo ha ungido, con el santo crisma, que fue bendecido en la Misa Crismal del pasado Martes Santo, las manos al nuevo sacerdote.

Ya, Antonio José Blanca, convertido ya en sacerdote, ha participado en la mesa del Señor. También ha sido él, como nepresbítero, quien ha dado la comunión, primero a su madre y hermanos y después a el pueblo fiel congregado en el templo Catedral.

Antes de concluir la celebración, el Rector del Seminario ha leído la bendición papal que ha otorgado desde Roma.

Y después de la bendición solemne, el Obispo de Jaén ha anunciado, ante un Antonio J. Blanca embargado por la emoción, su primer destino pastoral, que será como párroco en las localidades de Beas de Segura y Cañada Catena, palabras a las que los fieles han contestado con un cerrado aplauso.

Tras la foto de familia, el nuevo sacerdote ha entrado junto al Obispo en la Sacristía mayor de la Catedral donde han vuelto a ser ovacionados, esta vez por el presbiterio diocesano.

El próximo lunes, 28 de junio, Antonio José cantará su primera Misa en su parroquia, San Pedro de Torredonjimeno, a las 20 horas.

Galería fotográfica: «Ordenación sacerdotal del Antonio J. Blanca Ortega»

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Ante la solemnidad de San Pedro y San Pablo

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Ante la solemnidad de San Pedro y San Pablo

El martes 29 de junio se celebra en la Iglesia la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Aunque no es día de precepto, el obispo de Guadix invita a todos a celebrar esta fiesta y a sentirnos unidos a toda la Iglesia a través de la vinculación con Pedro y su sucesor, el papa Francisco. También es una celebración en la que podemos ayudar al papa y a la Santa Sede en el mantenimiento de su servicio a todas las iglesias, en especial a las más empobrecidas. Esta colecta, que se llama el Óbolo de San Pedro, se realizará en las parroquias este domingo 27 de junio.

Reproducimos aquí el decreto del obispo de Guadix para la Solemnidad de San pedro y San Pablo

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica,

Obispo de Guadix

DECRETO

La festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo se celebra el día 29 de junio, aunque desde hace unos años dejó de ser día de precepto y festivo.

En la Solemnidad de San Pedro, junto a San Pablo el Apóstol de las gentes, recordamos y celebramos el valor único que San Pedro tiene en la constitución y en la vida de la Iglesia y el ministerio permanente que Jesucristo confió a los Obispos de Roma, sus sucesores, a favor de la unidad de la Iglesia. Las Iglesias particulares manifiestan y fortalecen su unidad con la Iglesia Universal por su adhesión, fidelidad y amor al Obispo de Roma, sucesor de Pedro. Esta solemnidad, pues, nos lleva directamente a la consideración del ministerio del Papa Francisco en la Iglesia.

 En la homilía de ese día se debe presentar a los fieles la importancia de la comunión con el Santo Padre en su ministerio de unidad y magisterio para la Iglesia Universal, especialmente en estos momentos tan significativos de su ministerio petrino. Signos de nuestra comunión con él serán la oración por su persona y su apostolado; también la aportación a la colecta conocida como “Óbolo de San Pedro” que debe hacerse en todos los templos de la Diócesis, para ayudar a la Santa Sede en el mantenimiento de su servicio a todas las Iglesias, particularmente a las más empobrecidas y que se hará el domingo día 27 de junio.

Dado en Guadix, a dieciocho de junio de dos mil veintiuno.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

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Decreto para la solemnidad de San Pedro y San Pablo

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Decreto para la solemnidad de San Pedro y San Pablo

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica,

Obispo de Guadix

DECRETO

La festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo se celebra el día 29 de junio, aunque desde hace unos años dejó de ser día de precepto y festivo.

En la Solemnidad de San Pedro, junto a San Pablo el Apóstol de las gentes, recordamos y celebramos el valor único que San Pedro tiene en la constitución y en la vida de la Iglesia y el ministerio permanente que Jesucristo confió a los Obispos de Roma, sus sucesores, a favor de la unidad de la Iglesia. Las Iglesias particulares manifiestan y fortalecen su unidad con la Iglesia Universal por su adhesión, fidelidad y amor al Obispo de Roma, sucesor de Pedro. Esta solemnidad, pues, nos lleva directamente a la consideración del ministerio del Papa Francisco en la Iglesia.

En la homilía de ese día se debe presentar a los fieles la importancia de la comunión con el Santo Padre en su ministerio de unidad y magisterio para la Iglesia Universal, especialmente en estos momentos tan significativos de su ministerio petrino. Signos de nuestra comunión con él serán la oración por su persona y su apostolado; también la aportación a la colecta conocida como “Óbolo de San Pedro” que debe hacerse en todos los templos de la Diócesis, para ayudar a la Santa Sede en el mantenimiento de su servicio a todas las Iglesias, particularmente a las más empobrecidas y que se hará el domingo día 27 de junio.

Dado en Guadix, a dieciocho de junio de dos mil veintiuno.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

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“Por el sacramento del orden prolongáis a Cristo en la historia”

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Pablo Fernández, Isaac González, Narcisse Kouame, Bernard Huaman, José Antonio Valls, Guillermo Padilla y Fernando Suárez, han recibido el sacramento del orden sacerdotal de manos del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en la Santa Iglesia Catedral

La Iglesia en Córdoba cuenta desde este sábado con siete nuevos sacerdotes: Pablo Fernández, Isaac González, Narcisse Kouame, Bernard Huaman, José Antonio Valls, Guillermo Padilla y Fernando Suárez, que pasan a formar parte del clero de la Diócesis.

La Santa Iglesia Catedral ha acogido a las once de la mañana la celebración de las sagradas órdenes presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. El prelado durante su homilía ha recordado a los nuevos presbíteros que en su camino “la gracia de Dios se ha ido trenzando con vuestra generosa respuesta”. “Hoy celebramos la victoria de Cristo que ha sido grandiosa en cada uno de vosotros y ha vencido a Jesucristo para haceros sacerdotes del Señor” ha continuado el prelado.

El Obispo ha incidido que por “el sacramento del orden prolongáis a Cristo en la historia”. A partir de ahora, “mucha gente al encontrarse con vosotros se encontrará con Jesucristo”. El Pastor de la Diócesis ha animado a los nuevos sacerdotes a identificarse con Jesucristo en la eucaristía “Él os irá configurando cada vez más y os pide que le entreguéis vuestra vida entera”. Monseñor Demetrio Fernández les ha pedido también “acompañad a los enfermos, a los ancianos, a los pobres, llevadles el consuelo de Dios”. “Soñad despiertos y pensad en las personas que se beneficiarán de vuestro sacerdocio” ha alentado el prelado.

Ha terminado con la ilusión de que “hoy el corazón de Cristo nos regala siete nuevos presbíteros a la Diócesis y a la Iglesia universal, es un año de especial fecundidad gracias a las oraciones de todos”.

Los candidatos han estado acompañados por los rectores y formadores de los dos Seminarios, el Seminario Conciliar “San Pelagio” y el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater “San Juan de Ávila”; así como por sus compañeros, buena parte del clero cordobés, sus familiares y amigos.

Ha estado presente también monseñor Aurelio García Macías, nombrado recientemente por el Papa Francisco Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Durante el rito de ordenación los siete candidatos se han postrado en el altar y ha tenido lugar el canto de las Letanías; a continuación, el Obispo y todos los presbíteros que han concelebrado les han impuesto las manos; posteriormente se les ha colocado la estola y la casulla; han seguido con la unción de las manos con el Santo Crisma y han terminado con la entrega de la patena y del cáliz.

Nuevos destinos y primera misa

Los nuevos ordenados han conocido también sus primeros destinos pastorales y en las próximas semanas celebrarán sus primeras misas. Pablo Fernández lo hará en la parroquia de la Sagrada Familia de Córdoba, el 27 de junio, a las 12:00 horas. Isaac González la celebrará en la parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de Priego de Córdoba, el 27 de junio, a las 12:30 horas. Narcisse Kouame también lo hará el 27 de junio, a las 12:30 horas, en la parroquia de San Francisco y San Eulogio de la capital. Bernard Huaman por su parte, la celebrará en la parroquia de San Antonio de Padua de Córdoba, el 27 de junio, a las 12:00 horas. José Antonio Valls presidirá su primera misa en la parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de La Rambla, el 2 de julio, a las 20:00 horas. Guillermo Padilla lo hará el 9 de julio, a las 20:30 horas, en la parroquia Ntra. Sra. del Rosario de Fuente Tójar. Fernando Suárez la celebrará en la parroquia de San Nicolás de la Villa de Córdoba, el 3 de julio, a las 11:30 horas.











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