Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.
La entrada Martes, 4 de mayo apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis
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Las diferentes iglesias orientales presentes en nuestra diócesis celebraban la Vigilia Pascual según su calendario litúrgico. Este año, la celebración de la Pascua para las Iglesias orientales que siguen el llamado Calendario Juliano estaba fijada para el 2 de mayo.
El obispo coadjutor, D. Antonio Gómez Cantero presidía la celebración de la Iglesia Bizantina de los católicos ucranianos. Al final de la celebración (como es costumbre en estas iglesias) se realizaba la bendición de los alimentos cárnicos y lácteos y la unción con la Mirra.
También la Parroquia de San Luis Gonzaga acogía la gran fiesta de la Pascua de la Iglesia ortodoxa Rumana. Presidida por el Pope, P. Florin Petrut, párroco ortodoxo rumano de Almería y Campo de Níjar la celebración guardó el aforo recomendado y las medidas sanitarias que rigen las celebraciones religiosas actualmente.

La Acción Católica General (asociación de laicos de la Iglesia católica) daba sus primeros pasos en las parroquias de Fiñana y Abrucena. Fue en la tarde del pasado jueves, 29 de abril, cuando se realizó la presentación oficial y se constituyeron los grupos: 14 adultos y 15 jóvenes van a comenzar este itinerario de crecimiento en la fe y en el compromiso cristiano en sus ambientes. Animados por su párroco, D. José María Parra Verdú darán los primeros pasos para conocer más a fondo esta asociación de laicos presente en toda España y en el mundo entero.
Tras un breve momento de oración, en el que se puso en manos de Dios este proyecto, el presidente diocesano, D. Francisco Hernández se dirigió a los presentes relatando en síntesis la larga historia de Acción Católica y animándolos a emprender con ilusión esta nueva etapa en la que el laicado asociado tiene que tomar las riendas del anuncio del Evangelio, cada vez más consciente de su responsabilidad y misión.
Una acción católica renovada
En el verano de 2009 comienza su nueva andadura la Acción Católica General. Nace con vocación de ayudar en la misión de anunciar a Jesucristo a todas las personas, de colaborar en la maduración de la fe cristiana de aquellos que dan sus primeros pasos en la Iglesia, de establecer en todas las parroquias una propuesta estable de apostolado asociado para que la acción evangelizadora de los laicos sea más eficaz y se realice en un clima de comunión y celo apostólico.
Una propuesta para todos los cristianos de nuestras comunidades parroquiales, para los laicos habituales de nuestras parroquias y diócesis. En este sentido, la Acción Católica General está llamada a ser una herramienta básica que cohesione al laicado de las Iglesias locales. Por tanto, si responde a su genuina vocación, debe hacerse presente de manera natural en las parroquias.


El Obispo de Almería, Mons. González Montes administró el sacramento del Espíritu a 25 jóvenes de la parroquia de la Preciosísima Sangre de Aguadulce y una jóven de la parroquia de la Anunciación de Berja.
Por su parte, el prelado animó en su homilía a los jóvenes a continuar con su formación cristiana y a unirse cada día más a la Iglesia.
El mes de mayo, mes de la Virgen, los Santuarios marianos del mundo se unirán para invocar el fin de la pandemia. La iniciativa querida por el Papa Francisco está organizada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.
Por ello, la diócesis se ha unido a la iniciativa y se ha establecido un calendario de oración en los distintos Santuarios de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, y que se retransmitirá en directo por el canal de Youtube del Obispado de Cádiz y Ceuta (enlace para acceder)
«El Papa Francisco ha querido implicar a todos los Santuarios del mundo en esta iniciativa, para que se conviertan en instrumentos de la oración de toda la Iglesia. La iniciativa se realiza a la luz de la expresión bíblica: “De toda la Iglesia subía incesantemente la oración a Dios” (Hch 12, 5)», se lee en el comunicado.
Esta convocatoria en común pretende ser una oración continua, distribuida por los meridianos del mundo, que toda la Iglesia eleva incesantemente al Padre por la intercesión de la Virgen María. De ahí que los Santuarios «están llamados a promover y solicitar en la medida de lo posible la participación del pueblo, para que, gracias a las tecnologías de la comunicación, todos puedan dedicar un momento a la oración diaria, en el auto, en la calle, con el Smartphone por el fin de la pandemia y la reanudación de las actividades sociales y laborales» dice así el Santo Padre.
CALENDARIO DE ORACIÓN DESDE LOS SANTUARIOS DE LA DIÓCESIS
*Santuario de María Auxiliadora Coronada de Cádiz – pendiente de cerrar fecha.
En estos días en los que se viene haciendo balance de la misión que ha llevado a cabo en la archidiócesis de Sevilla el que ahora es su Administrador, don Juan José Asenjo, me permito la licencia de señalar lo que a mi modo de ver ha sido el mayor legado que ha dado a todos dentro y fuera de los confines de la misma. Porque el cumplimiento de objetivos propuestos en este tiempo de su gobierno, de los que se viene hablando, al venir guiados por la oración tienen su propia interpretación dentro de los cauces establecidos; la mayoría son planes consensuados con los colaboradores más cercanos. Hay otras acciones que los Pastores tienen encomendadas por sus máximos superiores, o bien aprecian que deben cambiarse. Todo esto se realiza por lo general, y por desgracia, en medio de muchas dificultades y soledades porque la permeabilidad a vivir la obediencia no es precisamente algo a lo que se tienda de natural. Todo el que se encuentra con una misión que le confiere altas responsabilidades se convierte fácilmente en alguien vulnerable a ciertos ojos ajenos, ya que la valoración de lo que se hace y lo que se dice no pasa por el tamiz de la oración sino del juicio personal. Y el que hasta ahora ha sido nuestro arzobispo no ha escapado a las críticas.
No es preciso señalar qué vías tan fecundas deja abiertas; las conocemos todos y si alguien todavía ignora cuáles han sido, estos días sin ir más lejos están en los medios. Pero quizá no se ha acentuado lo que a mi modo de ver es esencial en su persona porque resume lo más difícil: la abnegación, la entrega, la capacidad de sacrificio y de afrontar serenamente el sufrimiento, su paciencia y serenidad. El dolor es el instrumento que de improviso la vida ha puesto en sus manos, y en ella está presente por encima de todo la voluntad de Dios, que permite –no envía– que la naturaleza se rebele y muestre sus dientes afilados para enseñar, primero a la persona que sufre, y también a los demás, cuánta pedagogía conlleva si se afronta, como él lo ha hecho, confiado en la divina Providencia.
Es su imponente reciedumbre, su fe inalterable, la que trasluce la carta que dirigió a toda la archidiócesis estas últimas navidades exponiendo con claridad el calvario por el que había pasado. Pongámonos en su lugar, en ese momento en el que repentinamente se queda sin visión. El miedo, la incertidumbre, además del dolor punzante que en ciertos momentos padeció, ¿no forman parte de esta experiencia que tarde o temprano, con sus distintos y múltiples rostros, llega a la vida de todo ser humano? ¡Cuántas personas tiemblan, se vienen abajo, se dejan llevar por el desánimo, la angustia, el pensamiento acerca de un futuro incierto…! Todo eso es tan habitual para quien se adentra en este mundo que quizá por eso llama la atención que en tan poco tiempo, y aún en medio de los vaivenes de la grave lesión, haya seguido al frente de las obligaciones que conlleva su misión, y que cuando se ha expresado lo haya hecho en esos términos que, desde luego para quien esto suscribe han sido conmovedores.
Si alguien ha pensado que al compartir con los fieles esa circunstancia por la que ha ido atravesando, como una familia que somos en torno a Cristo, lo ha hecho con cierta queja o afán de lástima, no lo conoce. Lo afirmo con toda rotundidad. No seamos insensatos. No queramos reducir al mundo de las sombras lo que simplemente es confianza, deferencia, conciencia de que una ausencia de su persona en los momentos en los que no ha podido estar presente, ni seguir el ritmo de su cotidiana agenda, requería una cierta explicación. Porque somos muchísimas personas, por fortuna, a las que nos ha preocupado su estado de salud. Que hemos orado por él, que le hemos hecho llegar mensajes de afecto y consuelo. Personas que hemos agradecido haber recibido una lección insuperable porque, repito, en medio del dolor lo que brota muchas veces no son esos sentimientos de conformidad, de gratitud a Dios, de profunda humildad por la conciencia de la propia fragilidad y el saberse, como él ha dicho, en la prueba. El sufrimiento es ese crisol que muestra nuestra indigencia de forma descarnada como ninguna otra experiencia.
Por mi parte agradezco inmensamente a don Juan José esa deferencia tan entrañable, tan cercana, que ha tenido con todos sincerándose y compartiendo lo que está aprendiendo y lo que espiritualmente está suponiendo para él todo lo que le viene pasando. Particularmente aprecio el gran corazón de una persona que sufre y que se ha encontrado casi al final de su ministerio en la Archidiócesis con un giro inesperado en su vida, que ya no seguirá por los derroteros que había previsto para ella, y que nos ofrece su oración, y seguirá haciéndolo ya que ciertas acciones en las que pensó realizar tras su jubilación no serán posibles. Si alguien ha pasado por alguna clase de experiencia de este tipo se habrá percatado de estos matices que brevemente expongo entre otros muchos que van adheridos a ella. Afrontar su quehacer con ese espíritu edificante es su mejor obra. A ella se puede volver para inspirarse como preciado testimonio ante el dolor. Cuídese don Juan José. Aquí quedamos orando por su salud y agradeciéndole la ofrenda de su vida, con un gran abrazo, felices de que se quede entre nosotros.
Isabel Orellana Vilches
Debido al aumento de peticiones recibidas en Parroquias y otras entidades eclesiásticas de la Archidiócesis de Sevilla, procedente de empresas interesadas en la construcción y gestión de columbarios ubicados en Parroquias, Iglesias y Capillas, la Secretaría General ha remitido una circular donde, sobre la base de lo dispuesto en el vigente Reglamento Diocesano de Columbarios de 1 de marzo de 2006 y en la normativa civil vigente de aplicación se recuerda y aclara que:
Pablo Enríquez entrevista a Diego Márquez, delegado diocesano de Pastoral Obrera con motivo de la celebración de la Acción Conjunta Contra el Paro de la Fiesta del trabajo en el programa Iglesia Noticias Sevilla del 2 de mayo.
Concretamente se realizó un gesto y se leyó un manifiesto el día previo, 1 de mayo, en la Parroquia Jesús Obrero de Sevilla y, posteriormente, en este templo, tuvo lugar la Eucaristía presidida por monseñor Asenjo, Administrador Apostólico de la Archidiócesis.
Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca
Mayo es el mes mariano por excelencia. En este año 2021 el Sumo Pontífice ha convocado a toda la Iglesia para que se una en oración, apoyada en la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, pidiendo el fin de la pandemia y, de manera particular, elevando súplicas por los más afectados. Cada día de este mes la iniciativa ha sido especialmente asignada a un santuario mariano del mundo y el culmen de cada jornada de oración será el rezo del Santo Rosario.
Como un modo de unirnos a esta intención, y para facilitar una ambientación general, quiero dedicar los párrafos siguientes a presentar algunas de las referencias explícitas que el Sucesor de Pedro ha reservado a la Madre de Dios en su magisterio pontificio. Concretamente, me centro en sus tres encíclicas: Lumen Fidei (2013), sobre la fe; Laudato Si’ (2015), sobre el cuidado de la casa común; y Fratelli Tutti (2020), sobre la fraternidad y la amistad social. Incluyo además la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013), sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual, ya que ha sido considerada por muchos analistas como el documento programático del pontificado de Francisco.
Los misterios gozosos y Evangelii Gaudium
“La alegría del evangelio” es, ya desde el título, el tema central de Evangelii Gaudium. Lo cual no puede sorprender, ya que “el Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría. Bastan algunos ejemplos: ‘Alégrate’ es el saludo del ángel a María (Lc 1,28). La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre (cf. Lc 1,41). En su canto María proclama: ‘Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi salvador’ (Lc 1,47)” (Evangelii Gaudium, n. 5).
Los misterios gozosos del rosario nos impulsan a contemplar las escenas de la Anunciación a María, la Visitación de esta a su prima santa Isabel, la Natividad del Señor, la Presentación del Niño en el templo y el episodio del Encuentro en el mismo templo. En ellas, descubrimos que “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura” (Evangelii Gaudium, n. 286). En realidad, “hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque ‘derribó de su trono a los poderosos’ y ‘despidió vacíos a los ricos’ (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente ‘todas las cosas meditándolas en su corazón’ (Lc 2,19). María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás ‘sin demora’ (Lc 1,39)” (Evangelii Gaudium, n. 288).
Los misterios dolorosos y Laudato Si’
Por su parte, los misterios dolorosos nos conducen hasta la oración de Cristo en el huerto de Getsemaní, la flagelación del Señor, la coronación de espinas, el Via Crucis, y la crucifixión y muerte de Jesús en el monte Calvario. Junto a ello, el Obispo de Roma nosanima a “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (Laudato Si’, n. 49), dado que, en realidad, “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (Laudato Si’, n. 139). También en este punto Nuestra Señora viene en nuestra ayuda.
“María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Asícomo lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza. Es la Mujer ‘vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza’ (Ap 12,1). Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura. Ella no solo guarda en su corazón toda la vida de Jesús, que ‘conservaba’ cuidadosamente (cf Lc 2,19.51), sino que también comprende ahora el sentido de todas las cosas. Por eso podemos pedirle que nos ayude a mirar este mundo con ojos más sabios”(Laudato Si’, n. 241).
Los misterios gloriosos y Lumen Fidei
Los misterios gloriosos nos introducen en algunas dimensiones absolutamente nucleares de nuestra fe; son realidades que, además, no pueden captarse plenamente si no es desde la fe. Estamos hablando, en primer lugar, de la Resurrección del Señor, pero también de su Ascensión a los cielos y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés; en el ámbito más directamente mariano, contemplamos la Asunción de María al cielo y la Coronación de la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado.
En la primera encíclica de Francisco leemos que “en la Madre de Jesús, la fe ha dado su mejor fruto, y cuando nuestra vida espiritual da fruto, nos llenamos de alegría, que es el signo más evidente de la grandeza de la fe. En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo” (Lumen Fidei, n. 58). Por eso, con el Santo Padre, nos dirigimos filialmente a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe, con el texto que aparece en el número 60 de Lumen Fidei:
“¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Ensénanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor”.
Los misterios luminosos y Fratelli Tutti
Finalmente, los misterios luminosos son: el bautismo de Jesús en el río Jordán, la autorrevelación del Señor en las bodas de Caná, la predicación del Reino de Dios, la transfiguración del Señor y la institución de la Eucaristía. Estos misterios fueron introducidos por san Juan Pablo II en el año 2002 con la publicación de la encíclica Rosarium Virginis Mariae, para insistir en que Jesucristo es “la luz del mundo” (Jn 8, 12), lo cual se manifiesta, sobre todo, “en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino” (n. 21).
Al servicio de este Reino que Jesucristo anuncia y encarna, “la Iglesia es una casa con las puertas abiertas, porque es madre. Y como María, la Madre de Jesús, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad, para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación” (Fratelli Tutti, n. 276). La vigorosa llamada del papa Francisco a la fraternidad universal, “tiene también una Madre, llamada María. Ella recibió ante la Cruz esta maternidad universal (cf. Jn 19,26) y está atenta no solo a Jesús sino también ‘al resto de sus descendientes’ (Ap 12,17). Ella, con el poder del Resucitado, quiere parir un mundo nuevo, donde todos seamos hermanos, donde haya lugar para cada descartado de nuestras sociedades, donde resplandezcan la justicia y la paz” (Fratelli Tutti, n. 278).
Conclusión
María santísima vivió en intensa y honda comunión con su divino Hijo. Ella es modelo perfecto y puro de santidad. Que su ejemplo nos aliente en este mes de mayo. No dejemos de repetir amorosa y constantemente su Nombre. No nos cansemos de abandonarnos a su cuidado materno, rezando para que se incremente en nuestros días el número de hombres y mujeres que, a través de una fe humilde y sencilla, testimoniada en la vida, sean por doquier sal de la tierra y luz del mundo.
Con el rezo diario del Santo Rosario, encomendemos a la guía tierna y solícita de la Madre de Dios la vitalidad de las comunidades cristianas, la fidelidad de las almas consagradas, el camino futuro de los jóvenes, la penuria de los desempleados, la aflicción de los atribulados, la suerte de los prófugos, los migrantes y desterrados, el clamor de los hambrientos y la paz y la concordia del orbe entero.
Que María enjugue las lágrimas de los contagiados por el coronavirus y de cuantos han visto fallecer a sus seres queridos por esta cruel pandemia. Que Ella alcance también cuantiosas bendiciones a quienes cotidianamente luchan para erradicar de una vez por todas este flagelo, que tan inicuamente nos está fustigando.
Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA