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Los greco-católicos en Málaga celebran la Pascua

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Casi con un mes de diferencia, la comunidad de ucranianos presentes en la Diócesis ha celebrado la Pascua en la parroquia Santa Rosa de Lima, con una liturgia colorista y que les mantiene unidos a sus tradiciones

La Pascua de Resurrección es la fiesta más solemne en Ucrania y se celebra con una gran variedad de tradiciones. La fecha está para ellos fijada unos días después de la nuestra porque se rigen por el calendario Juliano, y no por el Gregoriano. «Este año ha sido casi una diferencia de un mes -explica Román Hamratesey, sacerdote ucraniano que atiende a esta comunidad-, pero como el Papa ha expresado, también yo veo que lo deseable sería poder celebrar la Pascua juntos. A eso deberíamos tender. Nosotros seguimos en ayuno propio de cuaresma mientras que los católicos del rito latino ya están celebrando la Pascua». El calendario Juliano fue introducido por Julio César en el 46 a.C. pero acumulaba un error en relación al astronómico y fue sustituido progresivamente por el calendario gregoriano promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Los ucranianos ayunan durante la Cuaresma con estricta devoción y esperan el día de la Pascua con una alegría que se manifiesta en los adornos florales y la comida, dos elementos muy unidos a la liturgia greco-católica de esta celebración. Con una presencia relevante de iconos, las celebraciones de la Semana Santa greco-católica empiezan el jueves santo, que este año para ellos ha caído en el 29 de abril, y en el que se leen los doce Evangelios de la Pasión, que consisten en la Pasión según San Juan completa con algunos pasajes de los otros evangelistas. Son “doce Evangelios”, debido a que están divididos según las horas de la noche. Durante la celebración, que tiene como centro la cruz de Cristo, el sacerdote se cambia también doce veces la estola, pasando de un color a otro, desde el rojo hasta el blanco, que simboliza la muerte de Jesús. El viernes santo se presenta una representación de la Sábana Santa que una familia ha venido elaborando durante más de un año. En situaciones normales, se procesiona dentro del templo esa representación del sepulcro del Señor, pero este año solo se ha engalanado con flores.

Es costumbre pasar la noche de Pascua, del sábado al domingo, en la celebración, que suele comenzar a las doce de la noche y se extiende hasta bien entrada la madrugada, ya que a la liturgia sigue la bendición de los alimentos que luego son compartidos en familia. Este año, debido a las restricciones impuestas por el Covid-19, la Pascua greco-católica se ha celebrado el 3 de mayo, Domingo de Resurrección según el calendario Juliano, a las 6.30 de la mañana en la parroquia de Santa Rosa de Lima. Es tradición que las familias preparen ese día una comida especial, como las tradicionales tortas de Pascua y los huevos de Pascua, y que llenen ese día su mesa de carne ahumada, pescado y derivados lácteos. La celebración va seguida a la bendición de los alimentos como símbolo de la vida, y que luego se llevan a casa y comparten festejando que Cristo ha resucitado. «Este año han venido muchas familias, padres con sus hijos. Ha sido muy emotivo», explica el sacerdote.

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Iglesias católicas orientales en España

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En España hay más de 700.000 rumanos y casi 100.000 ucranianos. La gran mayoría de los católicos de rito oriental presentes en España son proceden de Rumanía, Ucrania y la India, y pertenecen a tradiciones católicas muy antiguas, como la bizantina o la siro-malabar.

Su rica pluralidad manifiesta la catolicidad de la Iglesia que, en palabras de san Juan Pablo II, respira con dos pulmones: Oriente y Occidente. La Iglesia greco-católica en Ucrania es la más numerosa de las Iglesias orientales católicas y está en plena comunión con la Santa Sede. El primado de esta Iglesia, en unión con el Romano Pontífice, recae en el llamado Arzobispo Mayor de Kiev-Halych y toda Rusia, Sviatoslav Shevchuk. Estos fieles son atendidos en nuestro país por sacerdotes de sus propios ritos, que han venido a España de lejos.

La puesta en marcha del Ordinariato para los católicos de rito oriental en España, en septiembre de 2016, tiene como objeto atender de forma especial a los fieles de las iglesias de rito oriental, cada vez más numerosos en nuestro país. Antes, los sacerdotes católicos orientales en España podían asemejarse a los sacerdotes españoles en territorio de misión: estaban incardinados y dependían de su diócesis de origen, que firmaba un acuerdo con una diócesis española que les daba los medios para trabajar en su territorio. Sin embargo, desde 2016, aunque siguen manteniendo el vínculo con su diócesis de origen y con la diócesis en la que están, dependen jurídicamente del Ordinario para los católicos del rito oriental, el cardenal Osoro. Cuando hace falta un capellán, se le pide a la Iglesia de origen, pero es el ordinario quien lo nombra como capellán de una comunidad concreta.

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Sacerdote casado y con una comunidad muy familiar

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En España hay cerca de 100.000 católicos ucranianos. La comunidad greco-católica presente en Málaga tiene su sede en la iglesia de San Felipe Neri, aunque comenzó su andadura en la de San Ramón Nonato.

La comunidad está formada por personas de los países del este de Europa que en su emigración han llegado a Málaga. En la actualidad son unas 200 las que participan en cada una de las Misas que se celebran los sábados a las 10 horas y los domingos a las 11 horas. Con la reducción de aforo, las celebraciones propias de la pasión y resurrección se han trasladado a Santa Rosa de Lima para poder acoger a más personas con la distancia.

Román Hamratsey, sacerdote greco-católico en Málaga, lleva más de 14 años en Málaga, donde atiende a sus compatriotas, que se sienten una gran familia. Román se ordenó ya casado con Tatiana, como permite el rito greco-católico, y tienen dos hijos. «Los ucranianos tienen una fe muy fuerte», explica Román Hamratsey. Los fieles residentes en la diócesis viven su fe sin olvidarse de su país. Preocupados por el recrudecimiento de la guerra que vive Ucrania desde hace 7 años y que se ha cobrado unas 14.000 vidas según la ONU, estas personas han celebrado varios actos de oración por la paz en su país, como los que les congregaron en la plaza de la Marina al inicio del conflicto. «Seguimos teniendo allí nuestras raíces, y muchos residentes en Málaga tienen familia allí y tratan de estar informados de la situación actual por todos los medios posibles, aunque no es fácil porque se encuentra mucha desinformación», explica el sacerdote.

SACERDOTE Y CASADO

Tras el cisma de Constantinopla, se separó de la obediencia romana en 1054, pero se unió de nuevo a la Iglesia Católica en 1696 y lo hizo con tres condiciones: seguir con su liturgia, su tradición y su disciplina. Una de esas tradiciones es que el sacerdote puede escoger entre el celibato o el matrimonio, pero solo le es posible casarse antes de ordenarse de sacerdote. Si escoge ser célibe antes de ordenarse, el sacerdote deberá mantenerse célibe una vez ordenado. Asimismo, los obispos son escogidos entre los sacerdotes célibes. Este es el caso de Román Hamrastey, sacerdote ucraniano de rito bizantino, que desarrolla su ministerio en la diócesis de Málaga desde hace 14 años y que atiende las necesidades pastorales de la comunidad ucraniana afincada en la diócesis malacitana. «Vuestro patrimonio religioso, cultural e histórico es un tesoro para toda la Iglesia que hay que preservar y mantener vivo», reconocía el cardenal Osoro a los sacerdotes católicos de rito oriental presentes en España en el primer encuentro del Ordinariato para los católicos orientales en España celebrado en mayo de 2017 en Madrid.

FAMILIA UNIDA, TAMBIÉN ANTE EL COVID

Durante los meses más duros de la pandemia del Covid-19, la comunidad grecocatólica se encontró también con la imposibilidad de celebrar el culto públicamente, pero no por ello detuvo su actividad.

Como explica el sacerdote ucraniano, «tenemos nuestra cuenta en Facebook y celebrábamos las Misas online, en dos horas para poder favorecer la participación, con la asistencia de unas 120 o 130 personas. También tenemos un grupo de WhatsApp de la comunidad donde están casi todos los fieles y nos comunicamos mucho en esos momentos.

La pandemia ha hecho más visible aún la unión de los miembros de esta comunidad entre sí. «Cuando alguno enferma, le atendemos; si pierde el trabajo, le ayudamos a encontrar otro; si  no ha podido salir por causa del Covid, le hemos ayudado a hacer la compra, a atenderlo como hemos podido. Estamos juntos para celebrar y para vivir el día a día. Somos como una gran familia, que además se siente unida a la Iglesia de Málaga», afirma Hamratsey.

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Misioneras Málaga gana el Festival Nacional de Clipmetrajes

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Tras ganar la fase regional, los alumnos de 4º de ESO del centro Misioneras Cruzadas de la Iglesia (Misioneras Málaga) han ganado el primer premio nacional del festival de clipmetrajes de Manos Unidas de la etapa Secundaria/Bachillerato. Al concurso han concurrido más de 800 vídeos de 200 centros diferentes.

Los ganadores nos han regalado un impactante vídeo titulado “Vuelve la normalidad” en el que reflexionan sobre la idea de que “solo vemos aquello que nos afecta a nosotros directamente” y se preguntan: “¿Quién piensa en lo que afecta a los demás?, ¿Dónde termina la desigualdad y empieza la normalidad?”.

Este es el vídeo ganador:

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El jurado, encabezado por el realizador de documentales Fernando Martín Llorente, ha valorado especialmente cada uno de los clipmetrajes presentados, por el esfuerzo añadido que conllevaba realizarlos debido a la pandemia. 

Para Miriam Pardo, responsable del Festival, «en este curso las circunstancias han obligado a los centros a cambiar sus rutinas, a dar clase en condiciones desfavorables, que dificultaban el trabajo en equipo, y eso reducía las oportunidades y posibilidades que tenían los participantes para grabar sus vídeos».

Más información en la web de Manos Unidas.

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Francisco instituye el ministerio de Catequista

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        1. El ministerio de Catequista en la Iglesia es muy antiguo. Entre los teólogos es opinión común que los primeros ejemplos se encuentran ya en los escritos del Nuevo Testamento. El servicio de la enseñanza encuentra su primera forma germinal en los “maestros”, a los que el Apóstol hace referencia al escribir a la comunidad de Corinto: «Dios dispuso a cada uno en la Iglesia así: en primer lugar están los apóstoles; en segundo lugar, los profetas, y en tercer lugar, los maestros; enseguida vienen los que tienen el poder de hacer milagros, luego los carismas de curación de enfermedades, de asistencia a los necesitados, de gobierno y de hablar un lenguaje misterioso. ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o todos pueden hacer milagros?, ¿o tienen todos el carisma de curar enfermedades?, ¿o hablan todos un lenguaje misterioso?, ¿o todos interpretan esos lenguajes? Prefieran los carismas más valiosos. Es más, les quiero mostrar un carisma excepcional» (1 Co 12,28-31).

        El mismo Lucas al comienzo de su Evangelio afirma: «También yo, ilustre Teófilo, investigué todo con cuidado desde sus orígenes y me pareció bien escribirte este relato ordenado, para que conozcas la solidez de las enseñanzas en que fuiste instruido» (1,3-4). El evangelista parece ser muy consciente de que con sus escritos está proporcionando una forma específica de enseñanza que permite dar solidez y fuerza a cuantos ya han recibido el Bautismo. El apóstol Pablo vuelve a tratar el tema cuando recomienda a los Gálatas: «El que recibe instrucción en la Palabra comparta todos los bienes con su catequista» (6,6). El texto, como se constata, añade una peculiaridad fundamental: la comunión de vida como una característica de la fecundidad de la verdadera catequesis recibida.

        2. Desde sus orígenes, la comunidad cristiana ha experimentado una amplia forma de ministerialidad que se ha concretado en el servicio de hombres y mujeres que, obedientes a la acción del Espíritu Santo, han dedicado su vida a la edificación de la Iglesia. Los carismas, que el Espíritu nunca ha dejado de infundir en los bautizados, encontraron en algunos momentos una forma visible y tangible de servicio directo a la comunidad cristiana en múltiples expresiones, hasta el punto de ser reconocidos como una diaconía indispensable para la comunidad. El apóstol Pablo se hace intérprete autorizado de esto cuando atestigua: «Existen diversos carismas, pero el Espíritu es el mismo. Existen diversos servicios, pero el Señor es el mismo. Existen diversas funciones, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. A cada uno, Dios le concede la manifestación del Espíritu en beneficio de todos. A uno, por medio del Espíritu, Dios le concede hablar con sabiduría, y a otro, según el mismo Espíritu, hablar con inteligencia. A uno, Dios le concede, por el mismo Espíritu, la fe, y a otro, por el único Espíritu, el carisma de sanar enfermedades. Y a otros hacer milagros, o la profecía, o el discernimiento de espíritus, o hablar un lenguaje misterioso, o interpretar esos lenguajes. Todo esto lo realiza el mismo y único Espíritu, quien distribuye a cada uno sus dones como él quiere» (1 Co 12,4-11).

        Por lo tanto, dentro de la gran tradición carismática del Nuevo Testamento, es posible reconocer la presencia activa de bautizados que ejercieron el ministerio de transmitir de forma más orgánica, permanente y vinculada a las diferentes circunstancias de la vida, la enseñanza de los apóstoles y los evangelistas (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8). La Iglesia ha querido reconocer este servicio como una expresión concreta del carisma personal que ha favorecido grandemente el ejercicio de su misión evangelizadora. Una mirada a la vida de las primeras comunidades cristianas que se comprometieron en la difusión y el desarrollo del Evangelio, también hoy insta a la Iglesia a comprender cuáles puedan ser las nuevas expresiones con las que continúe siendo fiel a la Palabra del Señor para hacer llegar su Evangelio a toda criatura.

        3. Toda la historia de la evangelización de estos dos milenios muestra con gran evidencia lo eficaz que ha sido la misión de los catequistas. Obispos, sacerdotes y diáconos, junto con tantos consagrados, hombres y mujeres, dedicaron su vida a la enseñanza catequética a fin de que la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano. Algunos, además, reunieron en torno a sí a otros hermanos y hermanas que, compartiendo el mismo carisma, constituyeron Órdenes religiosas dedicadas completamente al servicio de la catequesis.

        No se puede olvidar a los innumerables laicos y laicas que han participado directamente en la difusión del Evangelio a través de la enseñanza catequística. Hombres y mujeres animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que, en algunos casos, fueron además fundadores de Iglesias y llegaron incluso a dar su vida. También en nuestros días, muchos catequistas capaces y constantes están al frente de comunidades en diversas regiones y desempeñan una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe. La larga lista de beatos, santos y mártires catequistas ha marcado la misión de la Iglesia, que merece ser conocida porque constituye una fuente fecunda no sólo para la catequesis, sino para toda la historia de la espiritualidad cristiana.

        4. A partir del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia ha percibido con renovada conciencia la importancia del compromiso del laicado en la obra de la evangelización. Los Padres conciliares subrayaron repetidamente cuán necesaria es la implicación directa de los fieles laicos, según las diversas formas en que puede expresarse su carisma, para la “plantatio Ecclesiae” y el desarrollo de la comunidad cristiana. «Digna de alabanza es también esa legión tan benemérita de la obra de las misiones entre los gentiles, es decir, los catequistas, hombres y mujeres, que llenos de espíritu apostólico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la propagación de la fe y de la Iglesia. En nuestros días, el oficio de los Catequistas tiene una importancia extraordinaria porque resultan escasos los clérigos para evangelizar tantas multitudes y para ejercer el ministerio pastoral» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 17).

        Junto a la rica enseñanza conciliar, es necesario referirse al constante interés de los Sumos Pontífices, del Sínodo de los Obispos, de las Conferencias Episcopales y de los distintos Pastores que en el transcurso de estas décadas han impulsado una notable renovación de la catequesis. El Catecismo de la Iglesia Católica, la Exhortación apostólica Catechesi tradendae, el Directorio Catequístico General, el Directorio General para la Catequesis, el reciente Directorio para la Catequesis, así como tantos Catecismos nacionales, regionales y diocesanos, son expresión del valor central de la obra catequística que pone en primer plano la instrucción y la formación permanente de los creyentes.

        5. Sin ningún menoscabo a la misión propia del Obispo, que es la de ser el primer catequista en su Diócesis junto al presbiterio, con el que comparte la misma cura pastoral, y a la particular responsabilidad de los padres respecto a la formación cristiana de sus hijos (cf. CIC c. 774 §2; CCEO c. 618), es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis (cf. CIC c. 225; CCEO cc. 401. 406). En nuestros días, esta presencia es aún más urgente debido a la renovada conciencia de la evangelización en el mundo contemporáneo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 163-168), y a la imposición de una cultura globalizada (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 100. 138), que reclama un auténtico encuentro con las jóvenes generaciones, sin olvidar la exigencia de metodologías e instrumentos creativos que hagan coherente el anuncio del Evangelio con la transformación misionera que la Iglesia ha emprendido. Fidelidad al pasado y responsabilidad por el presente son las condiciones indispensables para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión en el mundo.

        Despertar el entusiasmo personal de cada bautizado y reavivar la conciencia de estar llamado a realizar la propia misión en la comunidad, requiere escuchar la voz del Espíritu que nunca deja de estar presente de manera fecunda (cf. CIC c. 774 §1; CCEO c. 617). El Espíritu llama también hoy a hombres y mujeres para que salgan al encuentro de todos los que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana. Es tarea de los Pastores apoyar este itinerario y enriquecer la vida de la comunidad cristiana con el reconocimiento de ministerios laicales capaces de contribuir a la transformación de la sociedad mediante «la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico» (Evangelii gaudium, 102).

        6. El apostolado laical posee un valor secular indiscutible, que pide «tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 31). Su vida cotidiana está entrelazada con vínculos y relaciones familiares y sociales que permiten verificar hasta qué punto «están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos» (Lumen gentium, 33). Sin embargo, es bueno recordar que además de este apostolado «los laicos también pueden ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía, al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho por el Señor» (Lumen gentium, 33).

        La particular función desempeñada por el Catequista, en todo caso, se especifica dentro de otros servicios presentes en la comunidad cristiana. El Catequista, en efecto, está llamado en primer lugar a manifestar su competencia en el servicio pastoral de la transmisión de la fe, que se desarrolla en sus diversas etapas: desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo y prepara en particular a los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente que permite a cada bautizado estar siempre dispuesto a «dar respuesta a todo el que les pida dar razón de su esperanza» (1 P 3,15). El Catequista es al mismo tiempo testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo que enseña en nombre de la Iglesia. Una identidad que sólo puede desarrollarse con coherencia y responsabilidad mediante la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad (cf. Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Directorio para la Catequesis, 113).

        7. Con clarividencia, san Pablo VI promulgó la Carta apostólica Ministeria quaedam con la intención no sólo de adaptar los ministerios de Lector y de Acólito al nuevo momento histórico (cf. Carta ap. Spiritus Domini), sino también para instar a las Conferencias Episcopales a ser promotoras de otros ministerios, incluido el de Catequista: «Además de los ministerios comunes a toda la Iglesia Latina, nada impide que las Conferencias Episcopales pidan a la Sede Apostólica la institución de otros que por razones particulares crean necesarios o muy útiles en la propia región. Entre estos están, por ejemplo, el oficio de Ostiario, de Exorcista y de Catequista». La misma apremiante invitación reapareció en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi cuando, pidiendo saber leer las exigencias actuales de la comunidad cristiana en fiel continuidad con los orígenes, exhortaba a encontrar nuevas formas ministeriales para una pastoral renovada: «Tales ministerios, nuevos en apariencia pero muy vinculados a experiencias vividas por la Iglesia a lo largo de su existencia —por ejemplo, el de catequista […]—, son preciosos para la implantación, la vida y el crecimiento de la Iglesia y para su capacidad de irradiarse en torno a ella y hacia los que están lejos» (San Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 73).

        No se puede negar, por tanto, que «ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe» (Evangelii gaudium, 102). De ello se deduce que recibir un ministerio laical como el de Catequista da mayor énfasis al compromiso misionero propio de cada bautizado, que en todo caso debe llevarse a cabo de forma plenamente secular sin caer en ninguna expresión de clericalización.

        8. Este ministerio posee un fuerte valor vocacional que requiere el debido discernimiento por parte del Obispo y que se evidencia con el Rito de Institución. En efecto, éste es un servicio estable que se presta a la Iglesia local según las necesidades pastorales identificadas por el Ordinario del lugar, pero realizado de manera laical como lo exige la naturaleza misma del ministerio. Es conveniente que al ministerio instituido de Catequista sean llamados hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana, que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna, que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica para ser comunicadores atentos de la verdad de la fe, y que hayan adquirido ya una experiencia previa de catequesis (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Christus Dominus, 14; CIC c. 231 §1; CCEO c. 409 §1). Se requiere que sean fieles colaboradores de los sacerdotes y los diáconos, dispuestos a ejercer el ministerio donde sea necesario, y animados por un verdadero entusiasmo apostólico.

        En consecuencia, después de haber ponderado cada aspecto, en virtud de la autoridad apostólica instituyo el ministerio laical de Catequista

        La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se encargará en breve de publicar el Rito de Institución del ministerio laical de Catequista.

        9. Invito, pues, a las Conferencias Episcopales a hacer efectivo el ministerio de Catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él, encontrando las formas más coherentes para el servicio que ellos estarán llamados a realizar en conformidad con lo expresado en esta Carta apostólica.

        10. Los Sínodos de las Iglesias Orientales o las Asambleas de los Jerarcas podrán acoger lo aquí establecido para sus respectivas Iglesias sui iuris, en base al propio derecho particular.

        11. Los Pastores no dejen de hacer propia la exhortación de los Padres conciliares cuando recordaban: «Saben que no han sido instituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia en el mundo, sino que su eminente función consiste en apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas de tal suerte que todos, a su modo, cooperen unánimemente en la obra común» (Lumen gentium, 30). Que el discernimiento de los dones que el Espíritu Santo nunca deja de conceder a su Iglesia sea para ellos el apoyo necesario a fin de hacer efectivo el ministerio de Catequista para el crecimiento de la propia comunidad.

        Lo establecido con esta Carta apostólica en forma de “Motu Proprio”, ordeno que tenga vigencia de manera firme y estable, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y que sea promulgada mediante su publicación en L’Osservatore Romano, entrando en vigor el mismo día, y sucesivamente se publique en el comentario oficial de las Acta Apostolicae Sedis.

        Dado en Roma, junto a San Juan de Letrán, el día 10 de mayo del año 2021, Memoria litúrgica de san Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, noveno de mi pontificado.

FRANCISCO

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14, 15 y 21 MAYO 2021: Vía Lucis por los cristianos perseguidos en parroquias de Málaga

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La Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) organiza, a través de su delegación en Málaga, una serie de Via Lucis dedicados a rezar por los cristianos que sufren persecución y violencia en el mundo por razón de su fe.

El viernes 14 de mayo, a las 18.45 horas, se celebra en la parroquia de Santa Cruz y San Felipe Neri.

El sábado 15 de mayo, en la parroquia de San José Obrero, ubicada en el barrio de Carranque.

El viernes 21 de mayo, a las 18.00 horas, tiene lugar en la parroquia Virgen del Carmen de Benalmádena Costa. Es posible seguirlo online a través del canal de YouTube de la parroquia.

VIA LUCIS

El Via Lucis, “camino de la luz”, es una devoción en la que se recorren catorce estaciones con Cristo triunfante desde la Resurrección a Pentecostés, siguiendo los relatos evangélicos. En esta meditación elaborada por ACN se incluye también la venida del Espíritu Santo porque, como dice el Catecismo de la Iglesia católica: “El día de Pentecostés, al término de las siete semanas pascuales, la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 731).La devoción del Vía Lucis se recomienda en el Tiempo Pascual y en todos los domingos del año que están muy estrechamente vinculados a Cristo resucitado.

Este Via Lucis, elaborado por Jaime Noguera Tejedor, diácono permanente de la archidiócesis de Madrid y miembro del Consejo en España de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, quiere, como el propio autor recoge, «mostrar ese otro lado de la moneda de la cruz, que es la alegría profunda y el sentido final que nos regala la Resurrección de Jesús. De una manera muy original vamos a meditar juntos algunos pasajes del Evangelio que nos narran diferentes momentos vividos tras la Resurrección de Cristo. Los asociaremos a cristianos que sufren en diferentes países del mundo, pero siempre con una mirada en positivo, con una luz de esperanza que irradia su compromiso con la Iglesia y la valentía de su fe».

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La comunidad greco-católica en Málaga celebra la Pascua

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Casi con un mes de diferencia, la comunidad de ucranianos presentes en la Diócesis ha celebrado la Pascua en la parroquia Santa Rosa de Lima, con una liturgia colorista y que les mantiene unidos a sus tradiciones

La Pascua de Resurrección es la fiesta más solemne en Ucrania y se celebra con una gran variedad de tradiciones. La fecha está para ellos fijada unos días después de la nuestra porque se rigen por el calendario Juliano, y no por el Gregoriano. «Este año ha sido casi una diferencia de un mes -explica Román Hamratesey, sacerdote ucraniano que atiende a esta comunidad-, pero como el Papa ha expresado, también yo veo que lo deseable sería poder celebrar la Pascua juntos. A eso deberíamos tender. Nosotros seguimos en ayuno propio de cuaresma mientras que los católicos del rito latino ya están celebrando la Pascua». El calendario Juliano fue introducido por Julio César en el 46 a.C. pero acumulaba un error en relación al astronómico y fue sustituido progresivamente por el calendario gregoriano promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Los ucranianos ayunan durante la Cuaresma con estricta devoción y esperan el día de la Pascua con una alegría que se manifiesta en los adornos florales y la comida, dos elementos muy unidos a la liturgia greco-católica de esta celebración. Con una presencia relevante de iconos, las celebraciones de la Semana Santa greco-católica empiezan el jueves santo, que este año para ellos ha caído en el 29 de abril, y en el que se leen los doce Evangelios de la Pasión, que consisten en la Pasión según San Juan completa con algunos pasajes de los otros evangelistas. Son “doce Evangelios”, debido a que están divididos según las horas de la noche. Durante la celebración, que tiene como centro la cruz de Cristo, el sacerdote se cambia también doce veces la estola, pasando de un color a otro, desde el rojo hasta el blanco, que simboliza la muerte de Jesús. El viernes santo se presenta una representación de la Sábana Santa que una familia ha venido elaborando durante más de un año. En situaciones normales, se procesiona dentro del templo esa representación del sepulcro del Señor, pero este año solo se ha engalanado con flores.

Es costumbre pasar la noche de Pascua, del sábado al domingo, en la celebración, que suele comenzar a las doce de la noche y se extiende hasta bien entrada la madrugada, ya que a la liturgia sigue la bendición de los alimentos que luego son compartidos en familia. Este año, debido a las restricciones impuestas por el Covid-19, la Pascua greco-católica se ha celebrado el 3 de mayo, Domingo de Resurrección según el calendario Juliano, a las 6.30 de la mañana en la parroquia de Santa Rosa de Lima. Es tradición que las familias preparen ese día una comida especial, como las tradicionales tortas de Pascua y los huevos de Pascua, y que llenen ese día su mesa de carne ahumada, pescado y derivados lácteos. La celebración va seguida a la bendición de los alimentos como símbolo de la vida, y que luego se llevan a casa y comparten festejando que Cristo ha resucitado. «Este año han venido muchas familias, padres con sus hijos. Ha sido muy emotivo», explica el sacerdote.

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Iglesias orientales en España

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En España hay más de 700.000 rumanos y casi 100.000 ucranianos. La gran mayoría de los católicos de rito oriental presentes en España son proceden de Rumanía, Ucrania y la India, y pertenecen a tradiciones católicas muy antiguas, como la bizantina o la siro-malabar.

Su rica pluralidad manifiesta la catolicidad de la Iglesia que, en palabras de san Juan Pablo II, respira con dos pulmones: Oriente y Occidente. La Iglesia greco-católica en Ucrania es la más numerosa de las Iglesias orientales católicas y está en plena comunión con la Santa Sede. El primado de esta Iglesia, en unión con el Romano Pontífice, recae en el llamado Arzobispo Mayor de Kiev-Halych y toda Rusia, Sviatoslav Shevchuk. Estos fieles son atendidos en nuestro país por sacerdotes de sus propios ritos, que han venido a España de lejos.

La puesta en marcha del Ordinariato para los católicos de rito oriental en España, en septiembre de 2016, tiene como objeto atender de forma especial a los fieles de las iglesias de rito oriental, cada vez más numerosos en nuestro país. Antes, los sacerdotes católicos orientales en España podían asemejarse a los sacerdotes españoles en territorio de misión: estaban incardinados y dependían de su diócesis de origen, que firmaba un acuerdo con una diócesis española que les daba los medios para trabajar en su territorio. Sin embargo, desde 2016, aunque siguen manteniendo el vínculo con su diócesis de origen y con la diócesis en la que están, dependen jurídicamente del Ordinario para los católicos del rito oriental, el cardenal Osoro. Cuando hace falta un capellán, se le pide a la Iglesia de origen, pero es el ordinario quien lo nombra como capellán de una comunidad concreta.

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Una comunidad que se siente familia en Málaga

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En España hay cerca de 100.000 católicos ucranianos. La comunidad greco-católica presente en Málaga tiene su sede en la iglesia de San Felipe Neri, aunque comenzó su andadura en la de San Ramón Nonato.

La comunidad está formada por personas de los países del este de Europa que en su emigración han llegado a Málaga. En la actualidad son unas 200 las que participan en cada una de las Misas que se celebran los sábados a las 10 horas y los domingos a las 11 horas. Con la reducción de aforo, las celebraciones propias de la pasión y resurrección se han trasladado a Santa Rosa de Lima para poder acoger a más personas con la distancia.

Román Hamratsey, sacerdote greco-católico en Málaga, lleva más de 14 años en Málaga, donde atiende a sus compatriotas, que se sienten una gran familia. Román se ordenó ya casado con Tatiana, como permite el rito greco-católico, y tienen dos hijos. «Los ucranianos tienen una fe muy fuerte», explica Román Hamratsey. Los fieles residentes en la diócesis viven su fe sin olvidarse de su país. Preocupados por el recrudecimiento de la guerra que vive Ucrania desde hace 7 años y que se ha cobrado unas 14.000 vidas según la ONU, estas personas han celebrado varios actos de oración por la paz en su país, como los que les congregaron en la plaza de la Marina al inicio del conflicto. «Seguimos teniendo allí nuestras raíces, y muchos residentes en Málaga tienen familia allí y tratan de estar informados de la situación actual por todos los medios posibles, aunque no es fácil porque se encuentra mucha desinformación», explica el sacerdote.

SACERDOTE Y CASADO

Tras el cisma de Constantinopla, se separó de la obediencia romana en 1054, pero se unió de nuevo a la Iglesia Católica en 1696 y lo hizo con tres condiciones: seguir con su liturgia, su tradición y su disciplina. Una de esas tradiciones es que el sacerdote puede escoger entre el celibato o el matrimonio, pero solo le es posible casarse antes de ordenarse de sacerdote. Si escoge ser célibe antes de ordenarse, el sacerdote deberá mantenerse célibe una vez ordenado. Asimismo, los obispos son escogidos entre los sacerdotes célibes. Este es el caso de Román Hamrastey, sacerdote ucraniano de rito bizantino, que desarrolla su ministerio en la diócesis de Málaga desde hace 14 años y que atiende las necesidades pastorales de la comunidad ucraniana afincada en la diócesis malacitana. «Vuestro patrimonio religioso, cultural e histórico es un tesoro para toda la Iglesia que hay que preservar y mantener vivo», reconocía el cardenal Osoro a los sacerdotes católicos de rito oriental presentes en España en el primer encuentro del Ordinariato para los católicos orientales en España celebrado en mayo de 2017 en Madrid.

FAMILIA UNIDA, TAMBIÉN ANTE EL COVID

Durante los meses más duros de la pandemia del Covid-19, la comunidad grecocatólica se encontró también con la imposibilidad de celebrar el culto públicamente, pero no por ello detuvo su actividad.

Como explica el sacerdote ucraniano, «tenemos nuestra cuenta en Facebook y celebrábamos las Misas online, en dos horas para poder favorecer la participación, con la asistencia de unas 120 o 130 personas. También tenemos un grupo de WhatsApp de la comunidad donde están casi todos los fieles y nos comunicamos mucho en esos momentos.

La pandemia ha hecho más visible aún la unión de los miembros de esta comunidad entre sí. «Cuando alguno enferma, le atendemos; si pierde el trabajo, le ayudamos a encontrar otro; si  no ha podido salir por causa del Covid, le hemos ayudado a hacer la compra, a atenderlo como hemos podido. Estamos juntos para celebrar y para vivir el día a día. Somos como una gran familia, que además se siente unida a la Iglesia de Málaga», afirma Hamratsey.

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30 de mayo: Jornada Pro Orantibus 2021

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«La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del hombre» es el lema de este año de la Jornada Pro Orantibus, que la Iglesia celebra en la solemnidad de la Santísima Trinidad, el próximo 30 de mayo.

En el mensaje para esta Jornada, organizada por la Comisión para la Vida Consagrada, recuerdan que «este es un año más, pero no un año cualquiera. Estamos atravesando una situación global que ha trastocado fuertemente nuestras vidas». Por ello, subrayan la importancia de la vida contemplativa «que sufre cuando el mundo sufre porque su apartarse del mundo para buscar a Dios es una de las formas más bellas de acercarse a él a través de Él».

Materiales para la Jornada Pro Orantibus

En los Materiales que ofrece la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, además del mensaje de presentación de la Jornada, se pueden leer varios testimonios de personas consagradas y la homilía del papa Francisco a las monjas contemplativas en un encuentro en Lima ( Perú) a las que agradece su labor que es un camino privilegiado «para renovar esta certeza es la vida de oración, oración comunitaria y personal».

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