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LA DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ CELEBRA LA FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

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Las localidades diocesanas de Trebujena, Sanlúcar de Barrameda y Olvera celebran la festividad de sus patronas, Nuestra Señora de Palomares Coronada, Nuestra Señora de la Caridad Coronada y Nuestra Señora de los Remedios.

La Iglesia celebra durante este fin de semana la festividad de la Asunción de la Virgen María, fecha que en distintas localidades pertenecientes a la Iglesia Asidonense como Trebujena, Sanlúcar de Barrameda u Olvera están marcadas en el calendario, ya que teniendo como centro a nuestra madre, celebran cada uno su advocación mariana que ostenta el patronazgo de la ciudad. Nuestra Señora de Palomares Coronada en Trebujena, Nuestra Señora de la Caridad Coronada en Sanlúcar de Barrameda y Nuestra Señora de los Remedios en Olvera, congregan en los distintos templos diocesanos, donde permanecen todo el año, a los fieles que se acercan a orar ante las plantas de su madre ante el comienzo de un nuevo curso. Asimismo, es un año especial para estas localidades, ya que debido a la situación de pandemia que estamos viviendo cumpliendo las distintas normas de las autoridades civiles podemos celebrar juntos esta importante festividad.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, las localidades de Trebujena y Sanlúcar de Barrameda han celebrado la Santa Misa por esta festividad presidida por el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, D. José Rico Pavés. El prelado ha podido ver por primera vez la gran devoción a la Virgen María existentes en la Iglesia Asidonense. Asimismo, estas festividades nos recuerdan que durante los próximos meses viviremos el patronazgo de otras localidades de la Diócesis como el Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera o el Gastor.

Homilía en la Eucaristía con motivo de la Festividad de Nuestra Señora de la Caridad Coronada de Sanlúcar de Barrameda

“Nada sin María, todo con ella”, con esta consigna Monseñor Rico Pavés a recordado la importancia de acercarnos a nuestra madre y orar ante ella, ya que nos lleva hasta su hijo Jesús. Asimismo el prelado ha mencionado tres enseñanzas, primeramente ha mencionado en las celebraciones lo importante de vivir estas fiestas con fe, incluso que con ella nos fortalezca. La segunda enseñanza, Monseñor Rico Pavés nos recuerda “la certeza de sabernos esperado en el Señor”, ya que él nos espera. La tercera enseñanza, el prelado ha hecho referencia a la alegría que el Señor nos regala, la cual tiene que estar presente en todos los cristianos que ponemos nuestro corazón en Él.

Homilía de Monseñor Rico Pavés con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Palomares Coronada de Trebujena

Por último, tras las distintas celebraciones el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez se acerco ante las distintas advocaciones para orar ante ellas. Asimismo, vivir in situ la gran devoción mariana existente en la Diócesis durante esta festividad celebrada en la Iglesia durante el mes de agosto.

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Mons. Saiz en la solemnidad de la Asunción de la Virgen: “Nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”

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Mons. Saiz en la solemnidad de la Asunción de la Virgen: “Nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”

Por segundo año consecutivo, la imagen de la Virgen de los Reyes fue dispuesta a los pies del Altar del Jubileo, de la Catedral de Sevilla, para ser venerada por el pueblo devoto, el día en que la Iglesia celebra el dogma de la Asunción de la Virgen María, en cuerpo y alma a los cielos.

La Misa Pontifical fue presidida por monseñor José Ángel Saiz, arzobispo de Sevilla, concelebrada por sacerdotes del clero diocesano y concurrida ampliamente por los sevillanos que acudieron desde tempranas horas a venerar a la Santísima Virgen.

“Un día alegre”

Durante su primera homilía dedicada a la patrona de la ciudad, mons. Saiz, calificó esta jornada tan señalada como “un día de alegría. Como creyentes, como cristianos y como hijos de María Santísima, celebramos con gozo esta fiesta y pedimos al Señor que reavive nuestra esperanza. Porque la esperanza es un elemento antropológico fundamental que está en el centro de la vida humana y que en la actualidad adquiere una particular relevancia, por las graves dificultades que afectan a tantas personas, familias y entidades”.

Por tanto, “nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”. Reflexionó el arzobispo que “la Asunción nos recuerda que la vida de María es un camino de seguimiento de Jesús, con una meta precisa: la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte y la comunión plena con Dios”.

En esta línea, la festividad de la Asunción hace pensar  “que la vida del cristiano es asimismo una peregrinación de fe hacia la misma meta. Por el bautismo somos incorporados a Cristo y hemos resucitado con él, pero debemos alcanzar corporalmente lo que el bautismo ha comenzado en nosotros. María ya ha llegado a la plenitud de la unión con Dios y nos acompaña en este camino”.

En esta solemnidad recordamos además que “María fue elevada en cuerpo y alma al cielo, y es reina del cielo y de la tierra. ¿Eso significa que se ha alejado de nosotros? No, más bien al contrario, porque al estar con Dios y en Dios, puede estar espiritualmente muy cerca de nosotros”.

Mons, Saiz ha expresado que “nuestra Madre, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos. Nos ha sido dada como madre y podemos acudir a ella en todo momento; ella nos escucha siempre y nos consuela y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su amor. Por eso, vivamos en la certeza de que podemos poner nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está atenta y solícita de sus hijos”.

Confirmación y declaración del patronazgo

Ha referido mons. Saiz que “desde tiempo inmemorial se venía considerando a la Virgen de los Reyes como patrona de Sevilla, pero fue en 1946 cuando el cardenal arzobispo Pedro Segura y Sáenz hizo llegar hasta el Santo Padre Pío XII la petición de confirmación y declaración de Celestial Patrona de la Ciudad y Archidiócesis de Sevilla a la Santísima Virgen bajo la advocación de los Reyes”.

Así, como respuesta, el Santo Padre, en Roma, el día 15 de agosto del año 1946, emitió un breve pontificio que declara: “Confirmamos y declaramos a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, principal patrona ante Dios de la ciudad y Archidiócesis de Sevilla”.

Posteriormente, el cardenal Segura y Sáenz dio a conocer esta proclamación el 24 de noviembre de 1946 en la homilía de la solemne Misa Pontifical que se celebró por la mañana; por la tarde tuvo lugar una procesión magna.

Desde entonces, “han pasado 75 años. Somos herederos de aquellos hermanos que nos han precedido en el amor y devoción a Nuestra Señora de los Reyes.  También nosotros queremos expresar públicamente nuestro homenaje y amor a la Madre, y lo haremos cuando las circunstancias lo permitan. Porque ella lo merece, y porque nosotros también lo merecemos después de estos dos años tan aciagos; pero en este momento, hemos de proceder con toda la devoción y el amor de que seamos capaces, y a la vez con toda la responsabilidad que requiere la situación presente”, manifestó.

Finalmente, pidió que “en este día de fiesta, que nada ni nadie nos arrebate la esperanza y la alegría; demos gracias al Señor por el don de nuestra Madre, Nuestra Señora de los Reyes; sigamos caminando cada día de su mano y bajo su intercesión”.

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¡No me sirven tus zapatos! La autoridad viciada

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Del proverbio indio “camina un rato con mis zapatos”, útil para recordar por ejemplo que es fácil errar en el juicio que podemos emitir sobre ciertas cuestiones que afectan a los demás si no existe previa experiencia de ellas, se han derivado otras definiciones con ligeros cambios, pero en realidad todas vienen a significar lo mismo. El matiz tomado como metáfora que aquí se va a tratar es el relativo a un ámbito formativo que por su amplio sentido puede ser válido para distintas esferas. Y es que el núcleo del asunto es la tendencia a proyectarse uno mismo en el otro. ¿Qué significa esta tendencia en la práctica? El afán irrefrenable de que los demás piensen, hablen, actúen… teniendo como patrón, como modelo esa persona que les exige tal proceder.

Fijémonos en un hecho habitual: el nacimiento de una discusión. Y da igual el tema que la origine y el escenario en el que produzca. En numerosas ocasiones de algo nimio se pueden extraer gravísimos problemas. Siempre hay alguien que sobre todo si tiene cierta autoridad puede ejercerla penosamente casi obligando a sus interlocutores a que no se desvíen lo más mínimo respecto a lo que está proponiendo. De tal modo que si hay alguna persona que no tenga claridad, que sea más débil, puede terminar creyendo que la suma verdad está en posesión de quien le demanda que sea sumiso a sus criterios o formas de ver las cosas. Se les reconoce por su autoritarismo, la cantidad de órdenes que dan, por una severidad asfixiante, por su forma de trato despectiva, así como una prepotencia y falta elemental de respeto que pone de relieve su impaciencia. Quien o quienes obran de ese modo pretenden ser la medida. Se han erigido en los adalides únicos del pensamiento. Y no pierden ocasión para censurar, corregir de cualquier modo y en el lugar que les parezca a quienes le rodean, impidiendo casi su respiración. Son discutidores natos. Son inquietantes hasta en su forma de mirar inquisitiva, aunque sea en silencio, porque es elocuente la reprobación que llevan tatuada en sus pupilas.

“El error se mide por su agresión” (Fernando Rielo). Las personas que generan tensiones propician que al menos en el interior de esos a los que hiere, aunque haya una cierta inconsciencia se pregunten por qué deben calzarse esos zapatos que les ofrecen, esto es, por qué motivo deben asumir esas tesis peregrinas que tantas veces no tienen fundamento y para las que no hallarían explicación convincente. Originan sumisión o una obediencia impuesta, que, como tal, deja de serlo. Para evitar problemas se recurre al silencio. Porque el autoritarismo en tanto es generador de miedo y/o rebeldía, no contribuye nunca a crear lazos de confianza sino que suscita distancias. Ello explica que se tienda a rehuirlo.

Proyectar lo que somos en los demás creyendo que los zapatos que se estiman deben ser los comúnmente preferidos ya se ha visto también en la historia a lo que conduce. Nunca el pensamiento único, ni la intolerancia que le acompaña, la cerrazón y la lucha por imponerse han dado buenos resultados, al menos a la larga. El problema es que en el camino dejan muchos cadáveres. Se apropian de conciencias y de mentes. Y esto sucede en las familias, en los trabajos, en la vida política, en la religiosa… En ocasiones está relacionado con el complejo de quienes o bien no han recibido una formación intelectual, que les hubiese abierto la mente, o no la aprovecharon.

“La autoridad es una facultad natural que confiere al que la posee el don de provocar el respeto. La autoridad es pues fuente natural de fuerza moral”  (Salvador de Madariaga y Rojo). Solamente la autoridad moral que emana de un espíritu noble, servicial, comprensivo, que escucha con sincero afán de aprender, que reconoce en el otro su valía, que humildemente acoge lo que le proponen y muestra en todo momento una capacidad dialogante y respetuosa hará que su entorno fructifique. Y en este sentido admitirá que los zapatos de cada uno son o pueden ser igualmente provechosos para su propio crecimiento personal. La alegría, la gratitud y la disponibilidad son signos que se derivan de la verdadera autoridad que no solo enseña sino que acompaña. Y desde luego en el ámbito espiritual, ésta puede desempeñarla cualquiera. Basta con ejercitar la voluntad de servir que la gracia para ello la tenemos todos.

Isabel Orellana Vilches

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Profesión perpetua de hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía con motivo de la profesión perpetua de dos hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebrada en el Santuario de la Victoria el 15 de agosto de 2021

PROFESIÓN PERPETUA DE HERMANAS
MISIONERAS EUCARÍSTICAS DE NAZARET
(Santuario de la Victoria – Málaga, 15 agosto 2021)

Lecturas: Ap 11, 19a; 12, 1-6a.10ab; Sal 44, 11-12.14-18; 1 Co 15, 20-27; Lc 1, 39-56.

1.- La figura de la Virgen María

Un saludo fraterno al Sr. Cura párroco, a dos sacerdotes de Valencia y a otro de Sevilla, que se unen con gozo a esta celebración. Saludo con afecto a las Hermanas Nazarenas y a todos los fieles.

En esta fiesta de la Asunción de la Virgen el libro del Apocalipsis nos ofrece dos grandes signos. Un primer signo presenta la figura de María como una mujer vestida de sol: «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).

Esa mujer está encinta y grita con dolores de parto para dar a luz (cf. Ap 12, 2): «Y dio a luz un hijo varón, el que ha de pastorear a todas las naciones» (Ap 12, 5).

Tres palabras nos ayudan a entender este signo: el cielo, la luz y la esperanza. La mujer aparece en el cielo; está nimbada de luz y va a dar a luz un hijo; es decir, va a dar vida y esperanza.

En este mundo en que nos encontramos con tantos problemas, dificultades, enfermedades. Mucha gente, sobre todo los que no tienen fe, se deprimen, no encuentran sentido a su vida e incluso se quitan la vida.

La fiesta de hoy es una fiesta de esperanza: la mujer aparece en el cielo, rodeada de luz y da vida. La Virgen María es nuestro mejor signo de esperanza; porque está llena de gracia, es inmaculada y es la Madre de Dios, que ha engendrado al Salvador del mundo y nos ofrece el camino de esperanza.

Lo que Ella ya es, lo que Ella vive y disfruta, estamos llamados nosotros. Por ser la Madre de Cristo ella es también madre nuestra, porque su propio Hijo nos la ha entregado, nos la ha regalado como madre.

Esa Mujer no es una simple figura apocalíptica, sino una realidad. ¡Vivid la presencia de María en vuestra vida de fe!

2.- La batalla entre los partidarios del bien y los del mal

El otro signo que apareció en el cielo: «Un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos» (Ap 12, 3), con cuya cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arroja sobre la tierra.

Y hubo un combate en el cielo: «Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón, y el dragón combatió, él y sus ángeles» (Ap 12, 7). Al final la vitoria es de Miguel y sus ángeles (cf. Ap 12, 9). Triunfa la Verdad, triunfa el Amor, triunfa la Luz.

En esa batalla estamos también nosotros representados, porque podemos ser seducidos y engañados por el dragón y sus secuaces, que tienen muchas armas y nos seducen. Hay muchas cosas en esta vida, que nos atraen y a la vez nos apartan de Dios y podemos caer en esa tentación; por eso rezamos al Señor en el Padrenuestro: “No nos dejes caer en la tentación”. Todos somos tentados; todos somos seducidos. Por eso pedimos a la Virgen María, que no cayó en la tentación, que nos ayude a seguir el camino que Dios nos indica.

En nuestra sociedad existe una aversión a lo religioso, que es combatido y atacado. Los cristianos somos el blanco de muchos ataques, porque el Bien y la Verdad no son aceptados. Es decir, Jesucristo y los cristianos somos rechazados en esta sociedad, porque molestamos.

3.- Triunfo de Cristo

Pero Cristo triunfará sobre sus enemigos, como dice el Apocalipsis: «Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche» (Ap 12, 10).

Al final Cristo triunfará, y los cristianos con Él. La resurrección de Jesucristo es la victoria final sobre el pecado y sobre la muerte, como nos ha dicho san Pablo: «Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto» (1 Co 15, 20). Ahí está nuestra esperanza. La Virgen María ya está viviendo junto a Dios; ya está gozando de esa victoria. Nos encontramos en el Santuario de la Virgen de la Victoria: la victoria sobre el mal, sobre el dragón, sobre el pecado y la muerte. Esa es nuestra esperanza.

Nosotros ya tenemos un anticipo o prenda de inmortalidad, que se nos regaló en el bautismo: «Cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida» (1 Co 15, 23). Estamos celebrando una fiesta de “esperanza”, fiesta de “luz” y fiesta de “cielo”.

4.- Religiosas Nazarenas: Esposas de Cristo

Queridas Nazarenas, María-Francisca y Ana-María, que hoy profesáis solemnemente vuestra entrega al Señor en la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

El Señor os ha elegido como “esposas suyas” y os entrega su Amor infinito para toda la eternidad; no solo para toda la vida temporal, sino para la eternidad. La Virgen María sigue siendo la Madre del Señor y la Esposa del Espíritu en la eternidad. Él quiere hacer alianza perpetua de Amor con cada una de vosotras.

El Salmo nos ha recordado que el Rey está prendado de la belleza de sierva, que a la vez es su amada: «Prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor» (Sal 44, 12). Aunque Dios sea vuestro Amor, no olvidéis que sois sus siervas, como la Virgen María, que se consideraba la “esclava del Señor”.

Es preciso renunciar a lo propio para entregarse plenamente al Amado: «Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna» (Sal 44, 11). El amor exige sus renuncias. ¡Renunciad a lo que os aleja del amor de Dios! ¡Ofrecedle lo mejor de vuestro corazón y de vuestra vida! Como dice la oración de bendición que haremos en breve: “Movidas, Padre, por este mismo Espíritu, estas hijas tuyas se han entregado hoy a Ti para siempre, dejándolo todo para seguir a tu Hijo”.

Algunas cosas son difíciles de dejar, porque no son cosas materiales externas a nosotros, sino que pertenecen a nuestro interior. Renunciar a bienes materiales puede que sea fácil; pero renunciar a la propia voluntad, a los propios deseos y proyectos, cuesta mucho más.

¡Vivid con gozo los votos solemnes de castidad, pobreza y obediencia, que hoy profesaréis de modo solemne! Meditad las palabras de la oración de bendición para vuestra consagración, referidas a Jesús: “Vivió humilde, pobre, virgen y obediente, oculto en Nazaret y anunciando después la Buena Nueva”. Esa es vuestra misión. Para eso os desposa el Señor.

5.- El Poderoso ha hecho otras obras grandes

La Virgen María irrumpió con su canto de alabanza, dando gracias a Dios por las maravillas que había realizado en ella.

María creyó en el anuncio del ángel; por eso fue proclamada “bendita” por su prima Isabel: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45).

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-48). Al final de esta celebración lo cantaremos.

Queridas hermanas Nazarenas, María-Francisca y Ana-María, proclamad la grandeza del Señor por las maravillas que ha obrado en vosotras y en vuestra congregación.

Hoy es un día de acción de gracias y de alabanza al Señor por todo lo que os ha regalado a lo largo de vuestra historia, de vuestro camino vocacional y del don de la consagración religiosa. Hoy no termina ese camino, sino que comienza una etapa nueva, más plena, más perfecta y más madura, si cabe.

Termino con unas palabras de la oración de bendición, que haremos después: “Te pedimos les des tu bendición y tu gracia, a ellas, que desean vivir unidas a los sentimientos del corazón de Cristo herido por nuestros pecados, para orar, trabajar, padecer y morir por Él, con Él y en Él, y en comunión con la gloriosa Virgen María le rindan el homenaje de su amor y de una cumplida reparación”. Amén.

Solemnidad de la Asunción, Fiesta de la Virgen de los Reyes

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Carta del Arzobispo de Sevilla, Mons. Saiz Meneses con motivo de la festividad de Ntra. Sra. de los Reyes.

Celebramos la fiesta de Ntra. Sra. de los Reyes, patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Ella es «figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra», tal como proclamaremos en el prefacio. En esta celebración, contemplamos su destino de plenitud y bienaventuranza, la glorificación de su alma inmaculada y de su cuerpo virginal, de su perfecta configuración con Cristo resucitado. En esta fiesta, contemplamos la imagen y la seguridad del cumplimiento de la esperanza final (cf. Marialis Cultus, 6).

En la fiesta de hoy recordamos la victoria de Cristo Jesús, el Señor Resucitado, tal como hemos escuchado en la segunda lectura. Es el punto culminante del plan salvador de Dios. Él es la primicia, el primero que triunfa plenamente sobre la muerte y el mal, pasando a una nueva existencia. Por eso nuestra fiesta es una fiesta de alegría y esperanza, porque toda la humanidad está llamada a la gloria en Dios. “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”. Si Adán abrió la puerta a la muerte, Cristo abre el camino de la resurrección y la vida.

Contemplamos la victoria de la Virgen María, que, como primera discípula de Jesús, redimida desde el primer instante de su vida y asociada de modo único a la pasión y a la gloria de su Hijo, participa ya de su victoria, y es elevada también ella en cuerpo y alma. También es nuestra victoria, porque el triunfo de Cristo y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad. La comunidad eclesial es una comunidad en camino, en lucha constante contra el mal. La Mujer del Apocalipsis, la Iglesia misma, y dentro de ella de modo eminente la Virgen María, nos garantizan nuestra victoria final.

Hoy rendimos culto a la Bienaventurada Virgen María invocándola como Nuestra Señora de los Reyes, y nos acogemos a ella como hijos suyos, porque ella ejerce sobre nosotros una verdadera maternidad espiritual, desde el momento que Jesús le encargó desde la Cruz la misión de cuidar amorosamente de nosotros. El apóstol Juan la recibió en su casa como madre y en él estamos representados todos los discípulos de su Hijo. María es así verdadera madre espiritual de los discípulos de Jesús de todos los tiempos. Lo recordamos hoy con especial amor, porque acudimos a sus plantas para suplicar su protección como Patrona de nuestra ciudad y de toda nuestra archidiócesis.

Acudimos siempre a la Madre del Señor y madre nuestra en las grandes dificultades de la vida, en los problemas pequeños del día a día, en la enfermedad y el dolor, en las crisis económicas y sociales. A ella vamos acudiendo en este tiempo de pandemia, y hoy de nuevo nos encomendamos a su intercesión para vencer totalmente a este virus que nos impide volver a la plena normalidad y nos impide honrar a nuestra Madre por las calles y plazas de la ciudad. El Papa Francisco nos ha exhortado reiteradamente a que salgamos de la pandemia siendo mejores de como éramos antes de que se iniciara. Ojalá sea así, y salgamos de esta crisis más espirituales, más sensatos, y más solidarios; ojalá descubramos bien nuestras necesidades reales, los ritmos que nos conviene seguir, las auténticas prioridades; ojalá replanteemos nuestro estilo de vida; ojalá sea ocasión de conversión, de volver la mirada a Dios, de volver la mirada a los hermanos, de aligerar nuestro equipaje de peregrinos.

Nuestra fiesta patronal es un día de alegría. Es cierto que vivimos tiempos difíciles, y que nos llegan con facilidad las noticias más negativas y estridentes, y, en cambio, muchas buenas noticias pasan desapercibidas; son tiempos de desorientación y de desánimo para no pocas personas. Pero como creyentes, como cristianos y como hijos de María santísima, celebramos con gozo esta fiesta y pedimos al Señor que reavive nuestra esperanza. Porque la esperanza es un elemento antropológico fundamental que está en el centro de la vida humana y que en la actualidad adquiere una particular relevancia, por las graves dificultades que afectan a tantas personas, familias y entidades.

No es de extrañar que muchas personas se instalen en una actitud de sospecha y desconfianza ante los que rigen la sociedad y sus instituciones, desalentadas respecto a los cambios que necesita el mundo, en medio de las diversas crisis sociales, políticas, económicas, financieras, y también de una gran crisis de valores. En algunos casos el descontento se canaliza a través de protestas no exentas de violencia; en otros casos se desemboca en una especie de letargo colectivo porque se han desvanecido las expectativas de futuro ante la dificultad de encontrar un empleo estable, formar una familia, o llevar a término los proyectos personales.

A pesar de todo, el ser humano necesita esperanza y la busca, y se sigue preguntando dónde la podrá encontrar y quién la podrá ofrecer. Ciertamente, los bienes y recursos materiales por sí solos no son capaces de ofrecer una respuesta convincente a dichas aspiraciones. Por otra parte, la experiencia nos enseña que muchas expectativas que vamos concibiendo a lo largo de la vida, cuando llega el momento de verse cumplidas, tampoco sacian del todo la sed de sentido y de felicidad del corazón. ¿Y por qué sucede esto? En definitiva, porque la gran esperanza solo puede estar en Dios, porque va más allá de los bienes materiales, porque es mucho más que una idea, un sentimiento o un valor; es una persona viva, es Jesucristo.

Nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza. La Asunción nos recuerda que la vida de María es un camino de seguimiento de Jesús, con una meta precisa: la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte y la comunión plena con Dios. La Asunción nos recuerda que la vida del cristiano es asimismo una peregrinación de fe hacia la misma meta. Por el bautismo somos incorporados a Cristo y hemos resucitado con él, pero debemos alcanzar corporalmente lo que el bautismo ha comenzado en nosotros. María ya ha llegado a la plenitud de la unión con Dios y nos acompaña en este camino.

María fue elevada en cuerpo y alma al cielo, y es reina del cielo y de la tierra. ¿Eso significa que se ha alejado de nosotros? No, más bien al contrario, porque al estar con Dios y en Dios, puede estar espiritualmente muy cerca de nosotros. Es nuestra Madre, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos. Nos ha sido dada como madre y podemos acudir a ella en todo momento; ella nos escucha siempre y nos consuela y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su amor. Por eso, vivamos en la certeza de que podemos poner nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está atenta y solícita de sus hijos.

Desde tiempo inmemorial se venía considerando a la Virgen de los Reyes como patrona de Sevilla pero fue en 1946 cuando el Cardenal Arzobispo don Pedro Segura y Sáenz hizo llegar hasta el Santo Padre Pío XII la petición de confirmación y declaración de Celestial Patrona de la Ciudad y Archidiócesis de Sevilla a la Santísima Virgen bajo la advocación de “los Reyes”. Como respuesta el Santo Padre, en Roma, el día 15 de agosto del año 1946, emitió un Breve Pontificio que declara: “CONFIRMAMOS Y DECLARAMOS A LA SANTÍSIMA VIRGEN BAJO LA ADVOCACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REYES, PRINCIPAL PATRONA ANTE DIOS DE LA CIUDAD Y ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA”.

Posteriormente, el cardenal Segura y Sáenz dio a conocer esta proclamación el 24 de noviembre de 1946 en la homilía de la solemne Misa de pontifical que se celebró por la mañana; por la tarde tuvo lugar una procesión magna.

Han pasado 75 años. Somos herederos de aquellos hermanos que nos han precedido en el amor y devoción a Nuestra Señora de los Reyes. También nosotros queremos expresar públicamente nuestro homenaje y amor a la Madre, y lo haremos cuando las circunstancias lo permitan. Porque ella lo merece, y porque nosotros también lo merecemos después de estos dos años tan aciagos; pero en este momento, hemos de proceder con toda la devoción y el amor de que seamos capaces, y a la vez con toda la responsabilidad que requiere la situación presente.

En este día de fiesta, que nada ni nadie nos arrebate la esperanza y la alegría; demos gracias al Señor por el don de nuestra Madre, Nuestra Señora de los Reyes; sigamos caminando cada día de su mano y bajo su intercesión. Así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

 

 

 

Asunción de Nuestra Señora la Virgen María

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Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María. Un día de gran fiesta para la Iglesia, en el que recordamos el momento en que nuestra Madre fue asunta en cuerpo y alma a la gloria de los Cielos. Aunque hunde sus raíces en la tradición de la Iglesia, este día fue declarado solemnidad en la liturgia católica en 1950 por el Papa Pío XII. Hoy es el santo de mujeres como Asunción, Alba, Paloma, Estrella, Reyes o Mar.

La Lumen Gentium recordaba que “la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte» (LG 59).

Este es el principal motivo de alegría de esta Solemnidad mariana, que nos recuerda que la Santísima Virgen participa de un modo singular en la Resurrección de su Hijo y que, mediante su Asunción, anticipa la resurrección de los demás cristianos.

La Solemnidad de la Asunción la celebran tanto los cristianos de Oriente como de Occidente, nos recuerda además las grandezas que hace el Señor por nosotros. En palabras del Papa Francisco, “la Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto hacia delante de la humanidad”.

También conocido como el episodio de la “dormición de la Virgen”, esta escena suele representarse con la Virgen rodeada de los apóstoles mientras es asunta en cuerpo y alma junto al Padre. Algunas representaciones incluyen en la imagen a Jesús en el centro, que tiene entre sus brazos una niña, que es la misma Virgen María, que se hizo “pequeña” por el Reino y fue llevada por el Señor al cielo.

No hay una evidencia científica suficiente pero se cree con probabilidad que este hecho acontecido a la muerte de la Virgen María sucedió en su casa de Éfeso, actual santuario mariano de la localidad turca de Esmirna, donde se dice que el apóstol San Juan condujo a la Virgen tras la muerte y resurrección del Jesucristo. De hecho, su última restauración se completó el mismo año en que la Iglesia instituyó esta Solemnidad.

El 15 de agosto celebramos así este auténtico misterio de esperanza y de alegría, pues es en María donde vemos la meta hacia la cual caminamos todos los que queremos unir nuestra propia vida a la de Jesús, siguiéndolo al estilo de María.

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Huéscar vivió una jornada de puertas abiertas de sus templos y ermitas

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Huéscar vivió una jornada de puertas abiertas de sus templos y ermitas

 

 

Huéscar ha vivido una jornada de puertas abiertas en las ermitas y en el templo de Santa María, que se desarrolló con gran participación.  Fue el pasado miércoles 4 de agosto y se pretendía dar a conocer el gran patrimonio religioso que posee la parroquia. Acompañados por el sol veraniego, numerosos vecinos y veraneantes que cada año vuelven al lugar que los vio nacer aprovecharon el día para visitar y conocer el templo y las ermitas del municipio. Las ermitas que se visitaron fueron la de la Soledad Coronada, sede canóniga de la Hermandad de la Virgen de la Soledad Coronada, y la Ermita de la Aurora, sede canóniga de la Hermandad de San Juan Evangelista. En ambas se pudieron contemplar los sagrados titulares de ambas hermandades y rezar ante las imágenes. También se abrió la ermita del Calvario y la ermita del Ángel, que ha pasado a ser propiedad de la parroquia, gracias a la generosidad de una familia que ha tenido a bien donarla, a la cual la parroquia le está muy agradecida.

 Por la noche, en la parroquia también hubo una visita nocturna para contemplar los objetos litúrgicos que se usan en la Eucaristía. Y se pudo contemplar la reliquia del Lignun Crucis, envuelta en una cruz de plata que por su calidad artística es un inmenso tesoro y habla, por su belleza, de la importancia del objeto que encierra. Es un relicario cruciforme de 60 cm de altura, elaborado en plata sobredorada y ornamentado con cabujones en esmaltes de color. En el cruce de los brazos de la cruz se observa la teca del relicario y en su interior y guardado por cristal, la reliquia en forma de cruz tallada en oro. Realizado en un taller de Alcalá de Henares,  fue regalado por la catedral de Toledo a Huéscar.

Otro de los tesoros artísticos que se pudo contemplar en la parroquia de Santa María de Huéscar es la  Torrecilla Custodia, de unos 60 cm de altura, confeccionada en plata en su color, fundida, repujada y cincelada con figuras ornamentales en plata sobredorada. Fue confeccionada en el siglo XVI, en Jaén, por el afamado orfebre Francisco Muñiz. Está compuesta por una base hexagonal y tres cuerpos: en el inferior se sitúa el viril en plata sobredorada; en el segundo cuerpo, una imagen de bulto redondo de una Inmaculada en plata sobredorada; y coronando el conjunto, un Cristo Resucitado triunfante, confeccionado en el mismo material.

Todas estas actividades pastorales se han preparado en torno a los actos realizados en torno del día 5 de agosto, uno de los días señalados en los que se pueden ganar las Indulgencia en la parroquia de Huéscar, ya que está unida a la Basílica de Santa María La Mayor, de Roma.

José Antonio Martínez

Párroco de Huéscar

 

Párroco de Huéscar

 

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La Catedral de Sevilla usará piezas de orfebrería de primer nivel en la festividad de la Virgen de los Reyes

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La Catedral de Sevilla usará piezas de orfebrería de primer nivel en la festividad de la Virgen de los Reyes

Para la celebración de la Eucaristía de este domingo 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, se usarán entre otras piezas de orfebrería de primer nivel, un excepcional incensario de oro del siglo XVIII, donado por Manuel Paulín de la Barrera, así como el cáliz de oro donado por el cardenal Delgado y Venegas al tesoro de la sede hispalense en 1777. Algunas de estas piezas en su mayoría en uso litúrgico, están expuestas en las vitrinas del tesoro para visualización de los visitantes, reseña la página web de la Catedral.

Ajuar de la Virgen de los Reyes

Por su parte, la imagen de la Virgen de los Reyes lucirá el manto rojo que donó la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, duquesa de Montpensier. Bordado en oro, tiene una guardilla y contiene flores. Su estilo es barroco y está realizado en el siglo XIX. La pieza procede de una ampliación de otro de tonalidad blanca y fue fruto del agradecimiento de la infanta a la Virgen tras el complicado parto que sufrió con su hija Amalia. En el año 1981 se restauró por última vez en el taller de Esperanza Elena Caro.

La Virgen completará su ajuar con el pecherín de brillantes, y el que porta en la procesión de cada 15 de agosto figurando en el centro la medalla de la Infanta María Luisa, hija adoptiva.

Coronas sufragadas por los devotos

En este día tan señalado, la Virgen de los Reyes y el niño, lucirán las coronas llamadas “de salida”, sufragada por los fieles devotos. Se trata de unas de las piezas más valiosas de todo su ajuar, que puede contemplarse habitualmente en el denominado Tesoro de la Catedral.

La obra de estilo bizantino de Pedro Vives y Ferrer, fue ofrecida a la Virgen en su coronación de 1904.

En la jornada de este día se mantendrá el mismo rito de siglos con la excepción de la suspensión de la procesión por el perímetro exterior de la Catedral. A las cinco de la mañana se abrirán las puertas de San Miguel y Campanillas para que comiencen a entrar los devotos y peregrinos.

 

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Profesión perpetua de hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret (Santuario de la Victoria-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía con motivo de la profesión perpetua de dos hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebrada en el Santuario de la Victoria el 15 de agosto de 2021

PROFESIÓN PERPETUA DE HERMANAS

MISIONERAS EUCARÍSTICAS DE NAZARET

(Santuario de la Victoria – Málaga, 15 agosto 2021)

Lecturas: Ap 11, 19a; 12, 1-6a.10ab; Sal 44, 11-12.14-18; 1 Co 15, 20-27; Lc 1, 39-56.

1.- La figura de la Virgen María

Un saludo fraterno al Sr. Cura párroco, a dos sacerdotes de Valencia y a otro de Sevilla, que se unen con gozo a esta celebración. Saludo con afecto a las Hermanas Nazarenas y a todos los fieles.

En esta fiesta de la Asunción de la Virgen el libro del Apocalipsis nos ofrece dos grandes signos. Un primer signo presenta la figura de María como una mujer vestida de sol: «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).

Esa mujer está encinta y grita con dolores de parto para dar a luz (cf. Ap 12, 2): «Y dio a luz un hijo varón, el que ha de pastorear a todas las naciones» (Ap 12, 5).

Tres palabras nos ayudan a entender este signo: el cielo, la luz y la esperanza. La mujer aparece en el cielo; está nimbada de luz y va a dar a luz un hijo; es decir, va a dar vida y esperanza.

En este mundo en que nos encontramos con tantos problemas, dificultades, enfermedades. Mucha gente, sobre todo los que no tienen fe, se deprimen, no encuentran sentido a su vida e incluso se quitan la vida.

La fiesta de hoy es una fiesta de esperanza: la mujer aparece en el cielo, rodeada de luz y da vida. La Virgen María es nuestro mejor signo de esperanza; porque está llena de gracia, es inmaculada y es la Madre de Dios, que ha engendrado al Salvador del mundo y nos ofrece el camino de esperanza.

Lo que Ella ya es, lo que Ella vive y disfruta, estamos llamados nosotros. Por ser la Madre de Cristo ella es también madre nuestra, porque su propio Hijo nos la ha entregado, nos la ha regalado como madre.

Esa Mujer no es una simple figura apocalíptica, sino una realidad. ¡Vivid la presencia de María en vuestra vida de fe! 

2.- La batalla entre los partidarios del bien y los del mal

El otro signo que apareció en el cielo: «Un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos» (Ap 12, 3), con cuya cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arroja sobre la tierra.

Y hubo un combate en el cielo: «Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón, y el dragón combatió, él y sus ángeles» (Ap 12, 7). Al final la vitoria es de Miguel y sus ángeles (cf. Ap 12, 9). Triunfa la Verdad, triunfa el Amor, triunfa la Luz.

En esa batalla estamos también nosotros representados, porque podemos ser seducidos y engañados por el dragón y sus secuaces, que tienen muchas armas y nos seducen. Hay muchas cosas en esta vida, que nos atraen y a la vez nos apartan de Dios y podemos caer en esa tentación; por eso rezamos al Señor en el Padrenuestro: “No nos dejes caer en la tentación”. Todos somos tentados; todos somos seducidos. Por eso pedimos a la Virgen María, que no cayó en la tentación, que nos ayude a seguir el camino que Dios nos indica.

En nuestra sociedad existe una aversión a lo religioso, que es combatido y atacado. Los cristianos somos el blanco de muchos ataques, porque el Bien y la Verdad no son aceptados. Es decir, Jesucristo y los cristianos somos rechazados en esta sociedad, porque molestamos.

3.- Triunfo de Cristo

Pero Cristo triunfará sobre sus enemigos, como dice el Apocalipsis: «Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche» (Ap 12, 10).

Al final Cristo triunfará, y los cristianos con Él. La resurrección de Jesucristo es la victoria final sobre el pecado y sobre la muerte, como nos ha dicho san Pablo: «Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto» (1 Co 15, 20). Ahí está nuestra esperanza. La Virgen María ya está viviendo junto a Dios; ya está gozando de esa victoria. Nos encontramos en el Santuario de la Virgen de la Victoria: la victoria sobre el mal, sobre el dragón, sobre el pecado y la muerte. Esa es nuestra esperanza.

Nosotros ya tenemos un anticipo o prenda de inmortalidad, que se nos regaló en el bautismo: «Cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida» (1 Co 15, 23). Estamos celebrando una fiesta de “esperanza”, fiesta de “luz” y fiesta de “cielo”.

4.- Religiosas Nazarenas: Esposas de Cristo

Queridas Nazarenas, María-Francisca y Ana-María, que hoy profesáis solemnemente vuestra entrega al Señor en la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret.

El Señor os ha elegido como “esposas suyas” y os entrega su Amor infinito para toda la eternidad; no solo para toda la vida temporal, sino para la eternidad. La Virgen María sigue siendo la Madre del Señor y la Esposa del Espíritu en la eternidad. Él quiere hacer alianza perpetua de Amor con cada una de vosotras.

El Salmo nos ha recordado que el Rey está prendado de la belleza de sierva, que a la vez es su amada: «Prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor» (Sal 44, 12). Aunque Dios sea vuestro Amor, no olvidéis que sois sus siervas, como la Virgen María, que se consideraba la “esclava del Señor”.

Es preciso renunciar a lo propio para entregarse plenamente al Amado: «Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna» (Sal 44, 11). El amor exige sus renuncias. ¡Renunciad a lo que os aleja del amor de Dios! ¡Ofrecedle lo mejor de vuestro corazón y de vuestra vida! Como dice la oración de bendición que haremos en breve: “Movidas, Padre, por este mismo Espíritu, estas hijas tuyas se han entregado hoy a Ti para siempre, dejándolo todo para seguir a tu Hijo”.

Algunas cosas son difíciles de dejar, porque no son cosas materiales externas a nosotros, sino que pertenecen a nuestro interior. Renunciar a bienes materiales puede que sea fácil; pero renunciar a la propia voluntad, a los propios deseos y proyectos, cuesta mucho más.

¡Vivid con gozo los votos solemnes de castidad, pobreza y obediencia, que hoy profesaréis de modo solemne! Meditad las palabras de la oración de bendición para vuestra consagración, referidas a Jesús: “Vivió humilde, pobre, virgen y obediente, oculto en Nazaret y anunciando después la Buena Nueva”. Esa es vuestra misión. Para eso os desposa el Señor.

5.- El Poderoso ha hecho otras obras grandes

La Virgen María irrumpió con su canto de alabanza, dando gracias a Dios por las maravillas que había realizado en ella.

María creyó en el anuncio del ángel; por eso fue proclamada “bendita” por su prima Isabel: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45).

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-48). Al final de esta celebración lo cantaremos.

Queridas hermanas Nazarenas, María-Francisca y Ana-María, proclamad la grandeza del Señor por las maravillas que ha obrado en vosotras y en vuestra congregación.

Hoy es un día de acción de gracias y de alabanza al Señor por todo lo que os ha regalado a lo largo de vuestra historia, de vuestro camino vocacional y del don de la consagración religiosa. Hoy no termina ese camino, sino que comienza una etapa nueva, más plena, más perfecta y más madura, si cabe.

Termino con unas palabras de la oración de bendición, que haremos después: “Te pedimos les des tu bendición y tu gracia, a ellas, que desean vivir unidas a los sentimientos del corazón de Cristo herido por nuestros pecados, para orar, trabajar, padecer y morir por Él, con Él y en Él, y en comunión con la gloriosa Virgen María le rindan el homenaje de su amor y de una cumplida reparación”. Amén.

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Los 4 jinetes del verano a la Madre, en la Solemnidad de la Asunción

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Podcast de la sección Los 4 Jinetes del Verano del programa Iglesia Noticia emitido en COPE Málaga el domingo 15 de agosto de 2021.

En dicha sección participan Cristina Sánchez Lamarca, joven Hija de la Caridad; Juan Baena, párroco de La Cala de Mijas; Ana María Aldea, delegada en Málaga de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada; y Francisco Guzmán, presidente diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).

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