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La Inmaculada traída desde Éfeso llega a la Archidiócesis de Sevilla

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La Inmaculada traída desde Éfeso llega a la Archidiócesis de Sevilla

El próximo sábado 21 y domingo 22 de agosto, la Parroquia de San Sebastián de Sevilla y el centro de Pastoral Juvenil de la iglesia del Sagrado Corazón acogerán la imagen peregrina de la Inmaculada que está recorriendo numerosas diócesis y Santuarios Marianos de España impulsada por la iniciativa “¡Madre Ven!”.

La Parroquia San Sebastián recibirá con una ofrenda floral la imagen de la Virgen a las ocho y media de la tarde, a las nueve de la noche tendrá lugar la celebración de la Santa Misa y el rezo de la Sabatina y, a las diez, la Vigilia de Oración y Adoración al Santísimo.

La mañana del domingo 22, será el rezo del Santo Rosario a las ocho y media.

Centro de Pastoral Juvenil – Iglesia Sagrado Corazón

A la una de la tarde la imagen de La Inmaculada será recibida en la iglesia del Sagrado Corazón, con el rezo del Santo Rosario. El templo permanecerá abierto hasta las siete de la tarde, hora en que habrá sacerdotes disponibles para administrar el sacramento de la Reconciliación.

Desde la una hasta las ocho de la tarde, en que se rezarán las Vísperas, podrán organizarse grupos para rezar frente a la Virgen.

A las ocho y media de la tarde tendrá lugar el acto de consagración de los jóvenes a la Inmaculada y, a las nueve de la noche será la celebración de la Santa Misa. A las diez y media de la noche, la iglesia del Sagrado Corazón acogerá un Adoremus y luego, sobre las once y cuarenta y cinco, será el cierre y la despedida.

Sobre la peregrinación de La Inmaculada

Esta iniciativa surge en el marco del año Jacobeo para recordar la visita de la Virgen María al Apóstol Santiago en el Pilar de Zaragoza, para confortarlo en momentos de dificultad y reavivar el impulso misionero en el corazón del apóstol evangelizador de España. Igualmente, en la actualidad visita a los fieles de España para su consuelo y renovación apostólica de su corazón.

Esta peregrinación partió desde Éfeso, donde la tradición sitúa la casa de la Virgen, y llegó a Zaragoza el 1 de mayo y finalizará el 12 de octubre en el Cerro de los Ángeles.

 

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Iglesia de Santa María de Huéscar, un templo para ganar indulgencias todo el año

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Iglesia de Santa María de Huéscar, un templo para ganar indulgencias todo el año

La parroquia de Santa María de Huéscar tiene un privilegio que la hace singular en la diócesis de Guadix. Aquí se pueden ganar las indulgencias todo el año y todos los años. Eso sí, en las fechas indicadas. Así se vivió el pasado 5 de agosto, uno de esos días en los que se ganan las indulgencias.

Y es que la parroquia Mayor de Santa María de la Encarnación, de Huéscar, está unida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor de Roma, primer templo del mundo dedicado a la Virgen María, con todas las gracias, jubileos e indulgencias que tiene concedidos la Basílica Liberiana.  Con fecha 2 de febrero de 2009, el Capítulo de la Basílica de Santa María la Mayor se unía, con vinculo de “afinidad espiritual”, a la iglesia parroquial de Huéscar. Desde ese día, por concesión del Papa Benedicto XVI, la parroquia oscense se convirtió en templo jubilar a perpetuidad.

No todos los días se pueden ganar las indulgencias, ni de cualquier manera. Hay unos días señalados y unos requisitos que cumplir. ¿Cuándo se puede lucrar la indulgencia plenaria en el templo jubilar de Huéscar?

1.- El día 5 de agosto, fiesta titular de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, de Roma.

2.- El día de la fiesta titular de la parroquia de Huéscar. 

3.- En todas las solemnidades de la Virgen María a lo largo del año. 

4.- Una vez al año, el día que libremente elija cada fiel.

5.- Cuando un grupo de fieles peregrine al templo parroquial de Huéscar con la intención de ganar la indulgencia plenaria. 

Así, por su afinidad espiritual con la Basílica Liberiana, la parroquia de Santa María de Huéscar es heredera de la larga tradición de gracias y prerrogativas espirituales de las que goza la Basílica Papal de Santa María. Esta unión espiritual viene a reconocer la rica historia de fe y cultura de Santa María la Mayor de Huéscar.

Sin duda, Huéscar es un referente espiritual para todos los católicos de la zona, de la diócesis de Guadix y de las provincias limítrofes. Desde la parroquia, animan a todos a peregrinar a Huéscar para ganar las indulgencias: un privilegio que se puede conseguir en días señalados y cualquier día del año, porque Huéscar es ciudad jubilar siempre. Como dicen en la parroquia “si quieres alcanzar el cielo, peregrina a Huéscar, te sorprenderá”

José Antonio Martínez

Párroco de Santa María de Huéscar

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Inicia la Octava a la Virgen de los Reyes

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Inicia la Octava a la Virgen de los Reyes

Desde este lunes 16 hasta el domingo 22 de agosto, la Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis de Sevilla, permanecerá en la Capilla Real para la celebración de la Octava de oración en su honor.

La Eucaristía está prevista a las ocho y media de la mañana, presidida y predicada por Manuel Soria, canónigo de la Santa Iglesia Catedral y Capellán Real.

El acceso a la Catedral es por puerta de Palos y Puerta de San Miguel.

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Nota del Dto. de Migraciones ante la devolución de menores en Ceuta

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Más de cien personas observaron las Lágrimas de San Lorenzo desde la altiplanicie de Face-Retama y dieron gracias a Dios por la creación

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Más de cien personas observaron las Lágrimas de San Lorenzo desde la altiplanicie de Face-Retama y dieron gracias a Dios por la creación

 

El pasado jueves 12 de agosto, un pequeño grupo de peregrinos caminó desde la plaza de la catedral hasta el santuario diocesano de San Torcuato. Allí esperaban un centenar de personas, que fueron en coche, para contemplar las “Lágrimas de San Lorenzo”.
Dentro de la ermita del santuario, se pudo compartir unos textos preparados por el sacerdote Alfonso García, delegado episcopal de Pastoral Juvenil. Se leyó el Salmo 8, el Cantico de los Tres Jóvenes y fragmentos de la encíclica Laudato Si. Terminó el tiempo de oración con el rezo de la Oración por nuestra Tierra, en el marco del Movimiento Laudato Si’ que surge del desafío urgente de proteger nuestra casa común en el que tenemos que “escuchar el clamor de los pobres y el clamor de la tierra”.

Encarnación Sánchez, directora del secretariado diocesano de Turismo Espiritual ofreció una visión global del contexto histórico del lugar de Face-Retama, en el que contó la vida de San Torcuato, Patrón de Guadix, y la historia del santuario con sus tres partes: la ermita, el aljibe y la cueva-hospedería.
Acto seguido los asistentes se congregaron en la era para cenar a la luz de las estrellas, divididos en pequeños grupos, siempre respetando las medidas higiénico sanitarias establecidas. Se vivió un momento de fraternidad en el que se compartieron alimentos, bebidas y vivencias que ayudó al grupo a conocerse mejor.
Para terminar, se contó con la presencia de Encarnación Martos, experta, que mostró las distintas constelaciones, así como la historia dentro de la mitología grecorromana que esconde cada una. También se pudo contemplar varios planetas del sistema solar, como Júpiter o Saturno, y los asistentes aprendieron a orientarse a través de las estrellas, ya que se aprendió a identificar la estrella Polar, que siempre indica el norte.
Por supuesto, se observaron muchas muchas estrellas fugaces, o Lágrimas de San Lorenzo, de forma nítida y clara, ya que el entorno del santuario reúne condiciones óptimas de ausencia de luz artificial y lejanía de los sistemas montañosos que circunscriben la comarca.
En San Torcuato se contempló el cielo desde el lado de Dios. Hubo alegría, fraternidad y, sobretodo, asombro por las obras del Creador.

Antonio Navarrete,
Movimiento Laudato Si’ Guadix
Director del secretariado para el Cuidado de la Creación

 

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HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA B. V. MARÍA

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Lecturas bíblicas: Ap 11,19; 12,1-6.10; Sal 44,11-12.16 (R/. «De pie a tu derecha está la Reina enjoyada con oro»); 1Cor 15,20-26; Aleluya («Hoy es la Asunción de María: se alegra el ejército de los ángeles»); Lc 1,39-56.

Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Asunción de la Virgen María es ocasión de celebraciones marianas en muchas de las poblaciones de nuestro país, que celebran sus fiestas patronales festejando diversas advocaciones marianas, que dan nombre concreto a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia en consonancia con la historia cristiana del lugar, en la cual ha tenido un puesto singular la Virgen María. En esa historia propia de cada lugar la presencia de María ha desempeñado un singular cometido, ayudando a la comunidad cristiana a mantener la fe y gozarse en ella como timbre de honor y alborozo. A veces, ha sido el hallazgo de una imagen de la Virgen, hecho que la leyenda piadosa gusta interpretar como una aparición, dando por lo general motivo a la construcción de una ermita en honor de la Virgen.  Otras veces, la singular veneración que se comenzó a tributar a María en un determinado momento tiene como motivo gracias y beneficios espirituales y materiales recibidos de Dios por intercesión de la Virgen María, amadísima siempre por los fieles. Ella no ha dejado nunca de estar presente en la vida de las comunidades cristianas, porque por ella nos vino el Autor de la Vida Jesucristo Nuestro Señor.

En esa historia propia de cada lugar la presencia de María ha desempeñado un singular cometido, ayudando a la comunidad cristiana a mantener la fe y gozarse en ella como timbre de honor y alborozo.

Al celebrar la glorificación de la Virgen María, la Iglesia celebra la consumación en Cristo de cuantos creen en él. Esta glorificación se adelanta en la Madre del Redentor por singular privilegio de su maternidad divina. Se trata de un privilegio que responde al puesto de María en la historia de la salvación del género humano, tal como lo afirma el magisterio de la Iglesia: María fue dotada por Dios con dones a la medida de su misión tan importante: ser la Madre del Salvador[1]. Por medio de la Virgen María nos fue dado el Redentor del mundo, que asumió plenamente la naturaleza humana recibiéndola de su madre inmaculada. María fue preservada de todo pecado y concebida sin mácula o mancha alguna desde el primer instante de su concepción inmaculada. Redimida desde su concepción, María estuvo siempre “llena de gracia”, como el ángel Gabriel la saludó al anunciarle el nacimiento de Jesús (Lc 1,28)[2].

“Toda santa”, como es llamada por los Padres de la Antigüedad cristiana (Panaghia), alcanzó la gloria mediante el misterio de su dormición, como quiere el Oriente cristiano, parta hablar de la muerte de la Virgen, que es tránsito a la gloria de la resurrección, misterio que la fe confiesa haber acaecido en María por su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos como confiesa la fe de la Iglesia latina. Así, «la Asunción de la santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos»[3]. Glorificación que es ciertamente triunfo de la acción de la gracia de Dios en María, que concibió virginalmente a Cristo por obra del Espíritu Santo y fue sostenida en las pruebas que hubo de afrontar al cooperar con su Hijo a la salvación del mundo. Aceptó el designio de Dios para ella con fe firme en la apalabra de Dios, y los dolores que fueron como espada atravesando su corazón hasta el paroxismo de la cruz en que hubo de contemplar a Jesús, aparentemente desamparado de Dios y sepultado entre los muertos.  Dios, que la eligió y la predestinó a ser madre de su Hijo, al que estuvo asociada en su vida terrena y ahora aparece junto a Él en el cielo, donde vive gloriosa sin dejar sin dejar de ejercer su maternal cuidado espiritual sobre nosotros.

Glorificación que es ciertamente triunfo de la acción de la gracia de Dios en María, que concibió virginalmente a Cristo por obra del Espíritu Santo y fue sostenida en las pruebas que hubo de afrontar al cooperar con su Hijo a la salvación del mundo.

El libro del Apocalipsis presenta la apertura del templo celestial, para mostrar el arca de la Alianza perdida durante la destrucción del templo de Salomón por los babilonios en el siglo VI antes de Cristo. En el segundo libro de los Macabeos se dice que el profeta Jeremías guardó en una cueva la Tienda, el arca y el altar del incienso, tapó la entrada de la cueva y les dijo a los judíos que el lugar quedaría desconocido hasta que Dios volviera a reunir a su pueblo (2Mac 2,5-8). El tiempo del hallazgo llegaría con la instauración por Dios de su reinado, y esto es lo que quiere dar a entender el Apocalipsis. Los cielos se abren para mostrar que el tiempo de la salvación ha llegado con Jesús, y la nueva Alianza en su sangre da fundamento al nuevo pueblo de Dios. Este es el signo que precede a la visión de la mujer celestial que simboliza a la Iglesia naciente perseguida por el dragón, que amenaza el reinado del Cristo de Dios, el hijo de la mujer que el enemigo de Dios, el dragón rojo quiere vencer tragándose al niño que estaba a punto de dar a luz la mujer.

La lectura de este pasaje evoca la predicación apostólica, que engendra a Cristo en los creyentes hasta formar el nuevo pueblo de Dios, en el cual llega el reinado de Dios prometido por los profetas. El templo construido por Salomón fue destruido y después de la cautividad babilónica fue reconstruido, pero no podía ser el templo definitivo, como no lo fue la Tienda del encuentro con Dios que construyó Moisés y llegó hasta Salomón. En el evangelio de san Juan, en el pasaje en el que Jesús vuelca las mesas de los cambistas y mercaderes para purificar el templo, Jesús profetiza que él levantará el nuevo templo de su cuerpo, refiriéndose a su resurrección: «Destruid este templo y en tres días yo lo levantaré» (Jn 2,19).

La proclamación apostólica de la llegada del reino de Dios en Jesús provoca la resistencia de los poderes hostiles a Cristo, cuyo reinado quieren impedir persiguiendo al hijo que va a dar a luz la mujer apocalíptica. Esta lectura del Apocalipsis está referida a la Iglesia que, en medio de dificultades y persecuciones, lleva a Cristo al mundo; y puede ser referida también, como lo hace la liturgia, a la Virgen María, la mujer figura y madre de Cristo y de la Iglesia. María es contemplada como la mujer preservada por Dios en el cielo y oculta a los poderes del mundo, que da a luz el Mesías salvador y nos es presentada en el esplendor celestial que no puede destruir el Maligno y los perseguidores de la fe cristiana: «Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas» (Ap 12,1). Esta visión de gran belleza anuncia proféticamente el triunfo de la mujer, madre del Mesías Jesús y de su Iglesia. En la comunidad eclesial continúa el pueblo de Dios, que se asienta sobre los doce apóstoles, en los cuales se prolongan las doce tribus de Israel. Esta mujer contemplada en el cielo sería así tanto figura de la Iglesia como figura María, y así en la tradición cristiana la Virgen es coronada por una aureola de doce estrellas. San Pablo en la despedida de la carta a los Gálatas saluda a cuantos se someten a la “nueva creación”, al renacimiento interior por la gracia del hombre nuevo, que ya no está legitimado por la circuncisión, sino por la fe en Cristo; es decir, el Apóstol saluda al pueblo cristiano en el que se prolonga el antiguo pueblo de Israel, y por eso mismo se despide de la comunidad de los Gálatas llamándola el «Israel de Dios» (Gál 6,16)[4].

En la comunidad eclesial continúa el pueblo de Dios, que se asienta sobre los doce apóstoles, en los cuales se prolongan las doce tribus de Israel. Esta mujer contemplada en el cielo sería así tanto figura de la Iglesia como figura María, y así en la tradición cristiana la Virgen es coronada por una aureola de doce estrellas.

La predestinación de María a ser la madre del Cristo salvador hemos de comprenderla a la luz del designio de salvación de Dios, quien «a los que había conocido de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29). Predestinada a ser la madre del Señor, María alcanzó la anticipación de la resurrección en su cuerpo, asociada en cuerpo y alma a la gloria de su Hijo, y así la Iglesia nos la presenta como la primera criatura configurada con la muerte y la resurrección de Cristo Jesús. En María se nos anticipa cumplida la esperanza de participar en la resurrección de Jesucristo, para gozar eternamente de la vida divina en el cielo. San Pablo establece un paralelismo entre el viejo Adán, por el cual entró el pecado en el mundo y todos murieron; y Cristo, nuevo Adán, por el cual «todos volverán a la vida» (1Cor 15,22). Luego añade, sobre nuestra participación en la resurrección de Cristo, que sucederá en el orden que establece la primicia de Cristo, a quien han de seguir los cristianos. Que Dios haya incluido en su designio anticipar la glorificación de María en cuerpo y alma confirma la esperanza de que también nosotros alcanzaremos este estado de gloria, si nos mantenemos fieles al Señor.

Todo lo que hacemos en la tierra ha de ir orientado a la gloria final, esforzándonos en transformar las realidades temporales de esta vida, para que sirvan de acicate de nuestra esperanza. A veces pareciera que no existe horizonte que pueda dar cauce a la esperanza del hombre, pero la Iglesia nos enseña que no sabemos cuándo será el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad (cf. Hch 1,7), y que la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa (1Cor 7,31), pero Dios ha preparado una morada nueva y una tierra nueva en la que habita la justicia (2Cor 5,2; 2Pe 3,13) y cuya bienaventuranza llenará y superará los anhelos del hombre (1Cor 2,9; Ap 21,4-5). Somos cuerpo y alma y, como completa estas afirmaciones el Vaticano II, si perseveramos en Cristo, reinaremos con él (2Tm 2,12), y a su gloria será asociada la entera de la creación, que hizo a causa del hombre (Rm 8,19-21)[5]. Pasarán la fe y la esperanza, pero permanecerá el amor, la caridad y sus obras (1Cor 13,8; 3,14), porque la vida en Dios es amor plenamente consumado.

Todo lo que hacemos en la tierra ha de ir orientado a la gloria final, esforzándonos en transformar las realidades temporales de esta vida, para que sirvan de acicate de nuestra esperanza.

Miremos a María coronada de gloria y dejemos a Dios realizar en nosotros, como lo hizo ella, las maravillas de la salvación. El evangelio recoge la visita de María a su prima Isabel, que la declara dichosa por haber creído (Lc 1,41), y a lo largo de los siglos se ha sumado la Iglesia a sus palabras, para felicitar a María tal como ella profetizó de sí misma: «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo» (Lc 1,48-49). María cantó con la Escritura las grandezas que Dios realizó en ella, para dar cumplimiento a cuanto anunciaron los profetas.

La Iglesia la contempla ahora glorificada por haber creído y haber sido asociada para siempre a la redención de la humanidad. Bendigamos a Dios y confesemos que «para gloria de Dios omnipotente» y «para honor de su Hijo Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial»[6]. Que por su intercesión lleguemos nosotros a donde ella ha sido elevada y gozar junto a ella de la vida de Dios que nos viene por Jesucristo.

S. A. I. Iglesia Catedral de la Encarnación

Almería, a 15 de agosto de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración. La Asunción de la Virgen María. El Greco. Pintado para la Iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo en 1577 y vendida. Hoy se halla en el Instituto de Arte de Chicago.

[1] Catecismo de la Iglesia Católica / Catechismus Catholicae Ecclesiae [CCE], n. 490.

[2] CCE, n.  491: Pío IX, Bula Innefabilis Deus 1854].

[3] CCE, n. 966.

[4]  Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a Gál 6,16.

[5] Cf. Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 40.

[6] Cf. Pío XII, Constitución apostólica Munificentissimus Deus (1 noviembre 1950): DH 3903; CCE, n. 966.

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Fiesta de Candelaria. “María es una persona viva que nos sigue cuidando con amor materno”

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La Villa Mariana de Candelaria celebró este 15 de agosto de 2021, el día grande en honor a la Patrona de Canarias. Un año más, debido a la pandemia, la estampa de miles de peregrinos en torno a la Basílica no se pudo contemplar. Un amplio dispositivo de seguridad veló por la correcta organización en el entorno del templo para evitar aglomeraciones.

La jornada comenzó en el pórtico principal de la Basílica donde el obispo saludó y recibió a la representante de S.M. el Rey, que este año recayó en la persona de Mari Brito, alcaldesa de Candelaria.

En la Misa estuvieron presentes diversas autoridades públicas, entre ellas, el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres; el presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos; el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana; el presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Pedro Manuel Martín; la alcaldesa de la villa mariana, María Concepción Brito; el Teniente General Jefe del Mando de Canarias, Carlos Palacios y el alcalde de Teror, municipio hermanado con la Villa de Candelaria, Sergio Nuez.

El obispo inició su homilía haciendo un símil utilizando el ejemplo de las recientes olimpiadas. “Los atletas corren y se esfuerzan para conseguir una medalla. Nosotros, los cristianos, nos esforzamos por conseguir una corona que no se marchita y siempre con el objetivo de llegar a la meta, que no es otra que la felicidad de la vida eterna”.

Seguidamente, monseñor Álvarez expresó que la Asunción de María es el anticipo y la confirmación de lo que Dios quiere hacer con nosotros: salvarnos plenamente. “La Asunción nos recuerda la importancia de la unión del cuerpo y del alma”. Al hilo de esta idea, el obispo recordó las palabras del Padre Espinoza cuando en su libro expresaba que “la imagen de Nuestra Señora de Candelaria fue medio para que los guanches vinieran a la fe y tuvieran conocimiento del único y verdadero Dios”.

Posteriormente, el prelado hizo referencia a que ser creyente no es solo admitir la existencia de Dios. “La fe lleva consigo –añadió-, la convicción de que todo lo bueno viene de Cristo y, por tanto, debemos reconocerlo y darle gracias, como hizo la Virgen María”.

En este sentido, Álvarez también resaltó la idea de la interdependencia de los seres humanos. “Ojalá esta pandemia nos haya ayudado a descubrir la importancia de la dependencia de los unos con los otros. No vamos solos. Dios no nos va a librar de la pandemia por arte de magia. El Señor ilumina, fortalece a los enfermos y a todos nos da ‘cabeza’ para hacer lo que nos corresponde. Dios actúa, sí, pero por medio de nosotros”.

Por último, monseñor Álvarez deseó que todos los cristianos, tal y como nos enseñó María cuando visitó a su prima Isabel, tengamos ojos para ver la realidad como la ve Dios, corazón sensible y manos disponibles. “Ella sigue visitándonos, por eso, como Isabel, la seguimos proclamando dichosa. Ella no es una mujer del pasado, es una persona viva que cuida de nosotros con amor materno”.

La celebración finalizó con el canto de “Santa María del Camino” y la lectura de la oración final ante la Virgen de Candelaria.

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Huelva se asoma al Santuario del Conquero para ponerse bajo la protección de su patrona

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En la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, el Santuario de la Cinta ha acogido la tradicional Misa al Alba ante la patrona de Huelva, expuesta en el claustro del Santuario para la visita piadosa de sus devotos. Tras la celebración, el Coro de Campanilleros de la Cinta a puesto música al rezo del Santo Rosario.

De izquierda a derecha, el rector del Santuario de la Cinta, D. Andrés Vázquez; el oficial de la Santa Sede,D. Salvador Aguilera; el presidente de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Cinta, Esteban Brito, a los pies de la Patrona de Huelva.

La imagen de la Virgen Chiquita, bellamente engalanada con un exorno floral de rosas, ha permanecido en el claustro hasta las 12.00 h. cuando ha tenido lugar el rezo del Ángels, presidido por el oficial de la Santa Sede, el sacerdote Salvador Aguilera, que se encuentra estos días en Huelva en visita privada y que había celebrado la Santa Misa en el Monasterio de las Hermanas Oblatas en esta misma mañana. Tras el rezo, el padre Salvador, junto al rector del Santuario, el sacerdote Andrés Vázquez, han entronizado en su altar la imagen de la Virgen de la Cinta entre los vivas a la Patrona de Huelva de los presentes.

 

Las condiciones actuales impuestas por la pandemia no han permitido el tradicional traslado de la imagen hasta la Santa Iglesia Catedral y su habitual parada en el Obispado de Huelva. De este modo sencillo, la hermandad cintera ha querido señalar este día tan especialmente mariano en Huelva capital, como lo es en otras tantas localidades de nuestra diócesis que celebran a la Madre de Dios bajo advocaciones como de la Bella, de Luna, del Valle, de la Luz, de los Milagros o de los Clarines.

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LA DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ CELEBRA LA FESTIVIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

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Las localidades diocesanas de Trebujena, Sanlúcar de Barrameda y Olvera celebran la festividad de sus patronas, Nuestra Señora de Palomares Coronada, Nuestra Señora de la Caridad Coronada y Nuestra Señora de los Remedios.

La Iglesia celebra durante este fin de semana la festividad de la Asunción de la Virgen María, fecha que en distintas localidades pertenecientes a la Iglesia Asidonense como Trebujena, Sanlúcar de Barrameda u Olvera están marcadas en el calendario, ya que teniendo como centro a nuestra madre, celebran cada uno su advocación mariana que ostenta el patronazgo de la ciudad. Nuestra Señora de Palomares Coronada en Trebujena, Nuestra Señora de la Caridad Coronada en Sanlúcar de Barrameda y Nuestra Señora de los Remedios en Olvera, congregan en los distintos templos diocesanos, donde permanecen todo el año, a los fieles que se acercan a orar ante las plantas de su madre ante el comienzo de un nuevo curso. Asimismo, es un año especial para estas localidades, ya que debido a la situación de pandemia que estamos viviendo cumpliendo las distintas normas de las autoridades civiles podemos celebrar juntos esta importante festividad.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, las localidades de Trebujena y Sanlúcar de Barrameda han celebrado la Santa Misa por esta festividad presidida por el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, D. José Rico Pavés. El prelado ha podido ver por primera vez la gran devoción a la Virgen María existentes en la Iglesia Asidonense. Asimismo, estas festividades nos recuerdan que durante los próximos meses viviremos el patronazgo de otras localidades de la Diócesis como el Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera o el Gastor.

Homilía en la Eucaristía con motivo de la Festividad de Nuestra Señora de la Caridad Coronada de Sanlúcar de Barrameda

“Nada sin María, todo con ella”, con esta consigna Monseñor Rico Pavés a recordado la importancia de acercarnos a nuestra madre y orar ante ella, ya que nos lleva hasta su hijo Jesús. Asimismo el prelado ha mencionado tres enseñanzas, primeramente ha mencionado en las celebraciones lo importante de vivir estas fiestas con fe, incluso que con ella nos fortalezca. La segunda enseñanza, Monseñor Rico Pavés nos recuerda “la certeza de sabernos esperado en el Señor”, ya que él nos espera. La tercera enseñanza, el prelado ha hecho referencia a la alegría que el Señor nos regala, la cual tiene que estar presente en todos los cristianos que ponemos nuestro corazón en Él.

Homilía de Monseñor Rico Pavés con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Palomares Coronada de Trebujena

Por último, tras las distintas celebraciones el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez se acerco ante las distintas advocaciones para orar ante ellas. Asimismo, vivir in situ la gran devoción mariana existente en la Diócesis durante esta festividad celebrada en la Iglesia durante el mes de agosto.

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Mons. Saiz en la solemnidad de la Asunción de la Virgen: “Nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”

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Mons. Saiz en la solemnidad de la Asunción de la Virgen: “Nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”

Por segundo año consecutivo, la imagen de la Virgen de los Reyes fue dispuesta a los pies del Altar del Jubileo, de la Catedral de Sevilla, para ser venerada por el pueblo devoto, el día en que la Iglesia celebra el dogma de la Asunción de la Virgen María, en cuerpo y alma a los cielos.

La Misa Pontifical fue presidida por monseñor José Ángel Saiz, arzobispo de Sevilla, concelebrada por sacerdotes del clero diocesano y concurrida ampliamente por los sevillanos que acudieron desde tempranas horas a venerar a la Santísima Virgen.

“Un día alegre”

Durante su primera homilía dedicada a la patrona de la ciudad, mons. Saiz, calificó esta jornada tan señalada como “un día de alegría. Como creyentes, como cristianos y como hijos de María Santísima, celebramos con gozo esta fiesta y pedimos al Señor que reavive nuestra esperanza. Porque la esperanza es un elemento antropológico fundamental que está en el centro de la vida humana y que en la actualidad adquiere una particular relevancia, por las graves dificultades que afectan a tantas personas, familias y entidades”.

Por tanto, “nuestra fiesta patronal es un sí a la esperanza”. Reflexionó el arzobispo que “la Asunción nos recuerda que la vida de María es un camino de seguimiento de Jesús, con una meta precisa: la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte y la comunión plena con Dios”.

En esta línea, la festividad de la Asunción hace pensar  “que la vida del cristiano es asimismo una peregrinación de fe hacia la misma meta. Por el bautismo somos incorporados a Cristo y hemos resucitado con él, pero debemos alcanzar corporalmente lo que el bautismo ha comenzado en nosotros. María ya ha llegado a la plenitud de la unión con Dios y nos acompaña en este camino”.

En esta solemnidad recordamos además que “María fue elevada en cuerpo y alma al cielo, y es reina del cielo y de la tierra. ¿Eso significa que se ha alejado de nosotros? No, más bien al contrario, porque al estar con Dios y en Dios, puede estar espiritualmente muy cerca de nosotros”.

Mons, Saiz ha expresado que “nuestra Madre, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos. Nos ha sido dada como madre y podemos acudir a ella en todo momento; ella nos escucha siempre y nos consuela y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su amor. Por eso, vivamos en la certeza de que podemos poner nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está atenta y solícita de sus hijos”.

Confirmación y declaración del patronazgo

Ha referido mons. Saiz que “desde tiempo inmemorial se venía considerando a la Virgen de los Reyes como patrona de Sevilla, pero fue en 1946 cuando el cardenal arzobispo Pedro Segura y Sáenz hizo llegar hasta el Santo Padre Pío XII la petición de confirmación y declaración de Celestial Patrona de la Ciudad y Archidiócesis de Sevilla a la Santísima Virgen bajo la advocación de los Reyes”.

Así, como respuesta, el Santo Padre, en Roma, el día 15 de agosto del año 1946, emitió un breve pontificio que declara: “Confirmamos y declaramos a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, principal patrona ante Dios de la ciudad y Archidiócesis de Sevilla”.

Posteriormente, el cardenal Segura y Sáenz dio a conocer esta proclamación el 24 de noviembre de 1946 en la homilía de la solemne Misa Pontifical que se celebró por la mañana; por la tarde tuvo lugar una procesión magna.

Desde entonces, “han pasado 75 años. Somos herederos de aquellos hermanos que nos han precedido en el amor y devoción a Nuestra Señora de los Reyes.  También nosotros queremos expresar públicamente nuestro homenaje y amor a la Madre, y lo haremos cuando las circunstancias lo permitan. Porque ella lo merece, y porque nosotros también lo merecemos después de estos dos años tan aciagos; pero en este momento, hemos de proceder con toda la devoción y el amor de que seamos capaces, y a la vez con toda la responsabilidad que requiere la situación presente”, manifestó.

Finalmente, pidió que “en este día de fiesta, que nada ni nadie nos arrebate la esperanza y la alegría; demos gracias al Señor por el don de nuestra Madre, Nuestra Señora de los Reyes; sigamos caminando cada día de su mano y bajo su intercesión”.

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