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La esperanza no defrauda. Carta de inicio del curso 2021-2022

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Queridos sacerdotes y diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos:

Os saludo a todos con afecto de pastor y me dirijo a vosotros por primera vez en el inicio de este nuevo curso pastoral. El día de mi toma de posesión os invitaba a «remar mar adentro» en esta nueva singladura que iniciábamos juntos, confiando en el Señor. A lo largo de estos primeros meses he tenido ocasión de conocer de primera mano muchas realidades de nuestra rica y abundante vida diocesana, así como los desvelos que ponéis cada día para afrontar los retos actuales. Ahora bien, las circunstancias y las dificultades del momento presente han de ser ocasión de crecimiento en la confianza en Dios, en la comunión eclesial, en el ardor evangelizador y en el servicio a los más necesitados material o espiritualmente. En esta fiesta de la Natividad de María, quiero compartir con vosotros algunas reflexiones a la luz de la Palabra de Dios.

Os exhorto a vivir este nuevo curso desde la esperanza teologal. La esperanza nos lleva a confiar más en Dios y a seguir trabajando sobreponiéndonos con coraje a las adversidades; nos lleva a poner la confianza en el Señor, que está presente en nuestra vida y nos da la fuerza para hacerlo todo nuevo. La esperanza cristiana es ese motor que nos hace comprender que se puede producir un cambio significativo en nuestro interior, en nuestro corazón; también en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en las hermandades, en los movimientos, en todas las realidades de la Iglesia. Nos hace comprender que se puede producir un cambio en el mundo entero, aunque a menudo las apariencias nos lleven a pensar lo contrario, o tengamos la experiencia de no haber obtenido los frutos deseados después de no pocos esfuerzos. Tengamos siempre presente que Cristo es el Señor de la historia

Como nos recordó el papa Benedicto XVI en su primera carta encíclica, la fe, la esperanza y la caridad van cogidas de la mano. La esperanza tiene mucho que ver con la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de Él en todo momento. La fe es la que consigue transformar nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, al final, suya es la victoria. La fe suscita el amor, que es la luz que ilumina las tinieblas del mundo y nos da la fuerza para seguir viviendo y actuando. Es posible vivir el amor, ponerlo en práctica, porque en definitiva, hemos sido creados a imagen de Dios, que es Amor. Un amor que genera dinamismos de esperanza (cf. Deus caritas est 39).

Poner al servicio de los demás los dones recibidos

El Espíritu Santo renueva al pueblo de Dios mediante los sacramentos y distribuye sus dones para practicar las diversas obras que sean eficaces para la renovación y mayor edificación de la Iglesia (cf. 1 Co 12, 11). Cada uno de nosotros recibe diferentes dones, los que son necesarios a su persona y a su misión, los más convenientes para su camino de santificación personal y de apostolado. Estos dones no se reciben solo para beneficio personal, sino sobre todo para el bien de la Iglesia. Como recuerda en su primera carta san Pedro: «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1 P 4, 10).

En este nuevo curso que comienza, nos hemos de sentir especialmente llamados a poner en práctica esta recomendación. Seguiremos haciendo camino hasta llegar a la anhelada «normalidad», cumpliremos con rigor las medidas de prevención y protección para prevenir los contagios y minimizar los riesgos. Iniciamos un nuevo curso en el que sigue teniendo particular importancia acompañar a las personas, a las familias, a los grupos, a las comunidades cristianas, a los ámbitos pastorales, a las instituciones, a las hermandades. Eso comporta una mentalidad, una forma de estar y hacerse presente. Seguimos la exhortación que san Pedro lanzó a las primeras Iglesias a permanecer firmes en la fe, consolidados en la esperanza: «Resistid firmes en la fe, sabiendo que el conjunto de todos los hermanos en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos» (1P 5,9). Y, sobre todo, a pesar de las dificultades, recordemos siempre que la urgencia de amar y acompañar al prójimo con la caridad de Cristo es una prioridad; y siempre con la actitud de fortalecer el tejido visible de toda nuestra Iglesia, poniendo al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido, con la conciencia de que todos formamos parte de una misma familia.

Dicho acompañamiento pastoral comienza por la vida espiritual, la vida litúrgica y la piedad popular. La Liturgia es la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia, e impulsa a los fieles a vivir la caridad de Cristo (cf. SC 10). Nuestra espiritualidad tiene que ser cada día más litúrgica y se ha de distinguir por una vida de oración intensa, que se alimenta de la Palabra de Dios y de los sacramentos. Es preciso ayudar a redescubrir los sacramentos, principalmente la participación en la Eucaristía, centro de la vida cristiana, y el sacramento de la Reconciliación, encuentro sanador con Cristo, que libera del pecado y fortalece el alma. A la vez, hemos de acompañar la piedad y religiosidad popular, tan variada y rica en nuestra archidiócesis. En estos momentos, ardemos en deseos de expresar públicamente nuestro homenaje y amor a Nuestro Señor y a nuestra Madre del cielo, y así lo haremos, en cuanto las circunstancias lo permitan.

He sabido que durante el confinamiento surgieron múltiples iniciativas de celebraciones y plegarias que se transmitían por diferentes canales de televisión y a través de las redes sociales; con todo, este sigue siendo el ámbito más afectado por la pandemia. Por ello, hemos de ser conscientes de que es el Señor quien sostiene y santifica, a través de diferentes mediaciones, y que siempre nos acompaña, si bien es en la sagrada Liturgia donde recibimos toda la virtud transformante de nuestra vida en este mundo. En efecto, la celebración de la Liturgia de la Iglesia va modelando a lo largo de cada curso y de toda la vida la mente y el corazón de los creyentes. La Liturgia favorece la educación espiritual más profunda, porque enseña y ayuda a vivir como hijos la relación con el Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo.

En este nuevo curso también tendremos que seguir acompañando los diversos ámbitos del ministerio de la Palabra. Este ministerio es particularmente importante porque en la actualidad, en medio del relativismo y la desorientación de nuestro tiempo, asistimos a una gran confusión en los conceptos sobre el ser humano, la vida, el mundo, el bien y el mal, el más allá, etc. Hemos de anunciar a Cristo. No lo hacemos transmitiendo ideas propias o los propios gustos, sino que proponemos la Verdad que es Cristo mismo, su Palabra, su modo de vivir. Anunciamos la Palabra de Cristo, la fe de la Iglesia, y lo hacemos en nombre de la Iglesia.

Anunciamos el Evangelio porque el Señor nos envía, confiando en su palabra, conscientes de que confrontamos nuestra fe y nuestra vida con la mentalidad que domina en la sociedad, con la cual no podemos ser identificados ni homologados, porque estamos en el mundo, pero sin ser del mundo (cf. Jn 15, 19). Este tiempo de pandemia está siendo testigo de una renovada creatividad para mantener la formación cristiana por modalidad telemática. Aunque esperamos poder desarrollar de nuevo todas las actividades en modo presencial, es preciso continuar desplegando las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, siempre con la necesaria dignidad y la esperanza de optimizarlas una vez superada la pandemia, y hacerlo a través de las catequesis, las homilías, las diferentes sesiones de formación y las escuelas e instituciones académicas de la archidiócesis.

Nuestra acción caritativa y social continuará siendo fundamental y urgente debido a la crisis económica que se ha desencadenado, que se prevé será larga y que ya está golpeando a muchas personas. El papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti nos propone profundizar en la parábola del Buen Samaritano, que muestra una nueva perspectiva: ya no se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás, llegando a ser una persona que ama a los otros, que se preocupa por ellos, que se conmueve ante el sufrimiento ajeno, que tiene un corazón abierto (cf. Lc 10, 25-37). Siento vivo el testimonio de santa Ángela de la Cruz, que repetía: «Hay que hacerse pobre, con los pobres, para atraerlos a Cristo».

En este itinerario, también hemos de curar las heridas, porque el corazón de nuestro mundo y de muchas personas está profundamente herido como consecuencia de los conflictos entre personas y entre colectivos, y a causa de esta crisis sanitaria y económica. Por ello, urgidos por la caridad de Cristo, hemos de acoger en el corazón. El papa Francisco propone la imagen de una «madre de corazón abierto» para ayudarnos a entender mejor la misión de la Iglesia en el momento presente, una casa siempre abierta, una familia que privilegia a los caídos al borde del camino, una comunidad atenta, «en salida», llena de dinamismo misionero. Durante el confinamiento hemos redoblado nuestros esfuerzos. Ha sido una tarea de todos, sacerdotes, religiosos y laicos, a través de Cáritas, de las hermandades, y las demás instituciones y grupos de atención a los necesitados, y también a través de la Pastoral de la Salud.

En comunión, corresponsabilidad y sinodalidad

Esta misión, tan difícil como apasionante, hemos de llevarla a cabo desde la unidad profunda, en comunión. La eclesiología de comunión es una característica del Concilio Vaticano II, aunque es preciso recordar que la idea de comunión predominó en el pensamiento eclesiológico de la Iglesia en su primer milenio, en el que descuellan las figuras de san Leandro y san Isidoro de Sevilla. Los fundamentos doctrinales de la eclesiología de comunión parten de la Sagrada Escritura y atraviesan la historia de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II.

San Juan Pablo II recogió el legado del Concilio y del postconcilio, y, al iniciar el tercer milenio, en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio. Recoge los contenidos y orientaciones de la espiritualidad de comunión, propone el desafío de «hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión», y plantea la espiritualidad de la comunión como principio educativo en todos los ámbitos de formación (cf. NMI 43).

La sinodalidad es expresión de la eclesiología de comunión. La palabra sínodo indica el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. El papa Francisco, el 17 de octubre de 2015, en el Discurso que pronunció en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, por parte de san Pablo VI, afirmó que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», y lo ha convertido en un compromiso programático. En el mismo discurso afirmó que la sinodalidad «es dimensión constitutiva de la Iglesia», de modo que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo”». En esa misma línea, el 22 de mayo de 2017, en el Discurso de la apertura de los trabajos de la 70 Asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana, afirmó:

«Caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones. Solo en este horizonte podemos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo con parresía».

Como todos sabéis bien, el papa Francisco ha convocado la XVI Asamblea General de los Obispos con el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Un sínodo sobre la sinodalidad para hacer realidad la participación en la Iglesia. Un sínodo que comporta una etapa diocesana que iniciaremos el próximo 17 de octubre, y que se alargará hasta el mes de abril del año 2022; después tendrá lugar una fase continental, de septiembre de 2022 hasta marzo del 2023. En octubre de 2023 tendrá lugar la fase final, la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Por tanto, este nuevo curso que iniciamos estará muy dedicado a los trabajos sinodales. Por otra parte, nuestro Plan Pastoral Diocesano finalizaba este año 2021, aunque como consecuencia de la pandemia, los objetivos del curso pasado no se han podido llevar a cabo con el seguimiento necesario. En el curso 2021-2022, podemos recuperar los objetivos del curso anterior, especialmente en lo que se subraya del acompañamiento a la acción caritativa y social, además de tener en cuenta el Año “Familia Amoris Laetitia” y lo que aún resta del “Año de san José”. Asimismo, deberemos elaborar un nuevo Plan Pastoral, con la colaboración de todos. La sinodalidad y el discernimiento serán dos ejes metodológicos y espirituales del proceso que permitirán afrontar los retos señalados y seguir peregrinando como Iglesia.

Finalmente, se hace necesario tener presente el documento Fieles al envío misionero, de la Conferencia Episcopal Española, aprobado por la Asamblea Plenaria. Ofrece orientaciones y líneas de trabajo para los cuatro próximos cursos pastorales, dirigidas especialmente a los órganos de la propia Conferencia, que también nos servirán de inspiración para nuestro nuevo Plan Pastoral. Este documento es el fruto de un ejercicio de discernimiento compartido por los obispos, los órganos colegiados de la CEE y los colaboradores, con la finalidad de aproximarse a la realidad social y eclesial del momento presente y sugerir unas orientaciones pastorales que cada diócesis deberá concretar desde su propia realidad.

Queridos hermanos y hermanas: la esperanza no defrauda. Pongamos nuestra confianza en Dios. Él nos guía a pesar de las dificultades y a través de las dificultades de la vida, y nos lleva a puerto seguro, porque Dios acompaña siempre a sus hijos. Hemos de aprender a acompañar a los demás como Él nos acompaña, como nos enseña Jesús, con amor y paciencia, respetando la libertad, potenciando y desarrollando lo mejor de cada uno, para que podamos llegar al ideal de perfección que nos propone.

También contamos con la presencia y acompañamiento de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Su vida es un ejemplo incomparable en el camino de la fe, en el que nos guía como estrella luminosa, y su amor de madre nos congrega como una familia. Ella, Nuestra Señora de los Reyes, nos conduce hacia el que es el Señor de nuestras vidas. Con mi bendición.

Sevilla, 8 de septiembre de 2021

Fiesta del Nacimiento de la Bienaventurada Virgen María

+ José Ángel Saiz Meneses,

Arzobispo de Sevilla

 

PALABRAS. METÁFORA DEL BIEN Y EL MAL

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PALABRAS. METÁFORA DEL BIEN Y EL MAL

La forma de mirar que tenemos evidencia lo que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Su elocuencia se pone de manifiesto tanto cuando se habla como cuando se guarda silencio. Los ojos son la trasparencia del alma para bien y para mal. Sabemos que si están “sanos”, como dice el texto evangélico, y por tanto con un profundo sentido espiritual, estaremos invadidos de la luz del amor, mientras que si están “enfermos” nos hallaremos en medio de la oscuridad. Es tan obvio que no requiere explicación alguna.

Detrás de la mirada que configura pensamientos van las palabras. Se verbalicen o no, si la forma de mirar es negativa, si va cargada de juicios reprobatorios, a menos que se imponga un riguroso silencio se crea un hueco en el interior de cada cual en el que reverbera el desamor, con el murmullo de la crítica que alimenta la envidia y el resentimiento. Y no resulta fácil evitar que salga al exterior. La palabra es un arma tan poderosa que puede destruir una vida y dejarla en la estacada. Por fortuna, puede también impulsarla hacia las altas cimas de la generosidad y de la entrega. Es un instrumento que redime y condena. Nos permite bendecir, como nos recuerda con frecuencia el P. Jesús Fernandez, presidente de los misioneros identes, algo que siempre hacemos cuando hablamos bien de alguien, o maldecir.

Es lo que refleja la metáfora evangélica de la fuente de agua; un ejemplo cabal que pone el apóstol Santiago (3, 5-12). En este texto denomina a la lengua “fuego”, “iniquidad”, “mal turbulento”, “llena de veneno mortífero” que siendo pequeña “abrasa un bosque grande”, añadiendo que “contamina todo el cuerpo” y “prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos”. Más y mejor no se puede decir. Hace notar, asimismo, que es difícil domarla, subrayando que ningún ser humano lo ha logrado, aunque sí ha tenido éxito en este empeño con las “fieras, aves, reptiles y animales marinos”. ¿Cómo es posible, se pregunta y nos interpela, que con este miembro se viva esa contradicción de bendecir a Dios y al tiempo maldecir a los hombres? Y tomando imágenes cercanas de la realidad recuerda que de un mismo caño no brota agua dulce y amarga, que una higuera no produce aceitunas, o la vid higos, ni del agua salada se puede extraer la dulce.

Así es, pero la hipocresía a veces campea libremente. Y ante una persona se prorrumpen alabanzas hacia su quehacer, por ejemplo, para después por la espalda clavarle una daga. Hay que estar siempre alerta. Las maledicencias, las críticas malsanas se realizan ante quien se piensa o se está seguro de que puede acogerlas. Nadie se pone fácilmente en entredicho eligiendo a un interlocutor que de antemano sabe que no se las permitirá. Acoger palabras traicioneras significa querer contaminarse con esa ponzoña.

En el texto evangélico se nos recuerda que de toda palabra ociosa tendremos que dar cuenta. María, maestra por antonomasia de cualquier virtud, nos enseña cómo hemos de guardarlo todo en nuestro corazón, y eso es lo que nos conviene especialmente ante lo que no entendamos ya que hay muchos momentos cotidianos que requieren una religiosa contención verbal. De ese modo aprenderemos, nos acostumbraremos, a pronunciar palabras de perdón, de consuelo, de comprensión, de confianza, palabras que abran la puerta a la esperanza, que desarman a quien se ha sentido inclinado a actuar erróneamente. Esto trasciende la conocida sugerencia de Shakespeare que parece quedarse en la mera prudencia, importante también, pero que puede entenderse simplemente como ser precavido: “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”. Y quien se ha propuesto que de su boca únicamente brote todo el bien posible, no se limitará a guardar silencio. Sabrá cuando conviene recordarlo a otras personas que no estén bien dispuestas a respetar y cuidar a los demás.

Isabel Orellana Vilches

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Fallece el sacerdote Fernando Reyes, párroco de San Julián

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En el día de ayer falleció a los 49 años de edad el sacerdote Fernando Rafael Reyes, párroco de San Julián, en Sevilla.

Nacido en Sevilla el 7 de enero de 1972, fue ordenado presbítero en Toledo, el 18 de julio de 1999. Anteriormente fue vicario parroquial de Santa María Magdalena, de Dos Hermanas, y de Santa María de la Asunción, en la localidad de Alcalá del Río.

La Archidiócesis de Sevilla ora por el eterno descanso de su alma y agradece su servicio a la Iglesia local desde su llegada a la Archidiócesis.

 

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El Seminario Menor pone en marcha el Grupo Samuel

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El Seminario Menor pone en marcha el Grupo Samuel

El Seminario Menor de Sevilla va a relanzar en este curso 2021-2022 el Grupo Samuel, formado por chicos de a partir de 1º de la ESO que quieren intentar descubrir qué les pide Dios para sus vidas.

Lo harán al estilo de Samuel, el profeta, quien en su infancia escuchó la voz de Dios y se mostró disponible a su llamada (“Habla, Señor, que tu siervo escucha”, 1Sm 3, 10b). Para eso se incorporarán al ritmo del Seminario Menor algunos fines de semana (momentos de oración, Eucaristías, salidas, estudio, juegos y dinámicas) y en ocasiones especiales como convivencias y retiros. También tendrán la oportunidad de un acompañamiento espiritual más personalizado.

La primera convivencia del grupo Samuel será el lunes 13 a partir de las doce del mediodía, hasta el martes 14 por la mañana. Los interesados en participar pueden escribir un correo electrónico a menor@seminariodesevilla.com.

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Confirmaciones en la parroquia de San Miguel

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Confirmaciones en la parroquia de San Miguel

 

El domingo 5 de septiembre, por la tarde, se celebró en la parroquia de San Miguel el sacramento de la Confirmación. Un grupo de 20 jóvenes y 2 adultos fueron confirmados en su fe, recibiendo el sacramento de la Confirmación de manos del obispo y pastor don Francisco Jesús Orozco. Es el cuarto sacramento que reciben en el proceso de iniciación cristiana.
La Eucaristía estuvo presidida por el obispo y contó con la presencia del delegado de Juventud , Alfonso José García, y el párroco de San Miguel, Antonio Fajardo.

Don Francisco Jesús en su homilía alentó a los jóvenes a ser valientes y a no caer en las tentaciones que vienen disfrazadas de cordero y que les van a separar de Dios y de la Iglesia . Les explicó que es muy importante ser buenas personas, pero también tener voluntad para decidir sus actos y no dejarse influenciar por los que no conocen a Dios.
La celebración estuvo acompañada por los cantos y órgano de Rafael Sánchez y Rosalía Sánchez.
El equipo de catequesis de la parroquia invita a estos jóvenes a que sigan formando parte de la comunidad parroquial de San Miguel. La Confirmación o es un punto y final en su formación cristiana, sino que es un punto de salida para seguir caminando en la senda del Señor.

Equipo de Catequistas. Parroquia de San Miguel
Guadix

 

 

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Baza celebra, un año más, la fiesta de su Patrona, la Virgen de la Piedad, marcada por la pandemia

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Baza celebra, un año más, la fiesta de su Patrona, la Virgen de la Piedad, marcada por la pandemia

No ha habido Cascamorras, ni habrá procesión, pero sí se ha celebrado la novena, la ofrenda floral y esta tarde habrá una oración mariana, a las 8 de la tarde, como alternativa a la procesión suspendida

La ciudad de Baza celebra, este 8 de septiembre, la fiesta de su Patrona, la Virgen de la Piedad. Y, un año más, será una celebración sin muchas de las tradiciones que suele haber en torno a esta fiesta, por culpa de la pandemia. A pesar de todo, sí que habrá lo más importante, que es la celebración solemne de la Misa en honor de la Patrona, en su templo, y con la asistencia de buena parte de los bastetanos. Este año, también estará presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, como viene siendo habitual cada año.
La Misa Pontifical en honor de la Virgen de la Piedad será a las 11 de la mañana, en su iglesia. Asistirán las autoridades y los sacerdotes de la ciudad concelebrarán. En cuanto a los fieles, habrá aforo limitado por la pandemia.

Durante nueve días ha habido una novena por la tarde, que ha estado muy concurrida de fieles, predicada por el rector de la iglesia, Emilio Fernández. Y en la víspera del día grande de la fiesta, en a la tarde del 7 de septiembre, hubo una ofrenda floral, algo que han agradecido los bastetanos, pues el año pasado no se pudo realizar.
Sin embargo, este año no habrá procesión por las calles de la ciudad. Y ya es el segundo año que se suspende por la pandemia, lo que hace que cada vez haya más ganas de poder honrar a la Patrona con la multitudinaria procesión. Pero eso tendrá que esperar a 2022. Como también tendrá que esperar el Cascamorras, cuya carrera para rescatar a la imagen de la Virgen ha tenido que ser suspendida también.
Como alternativa a la procesión, se ha programado un acto mariano en la iglesia de la Piedad. Será a las 8 de la tarde y consistirá en el rezo del Rosario y una oración a la Virgen. Estará presidido por el rector de la iglesia, Emilio Fernández.
Sin procesión, sin Cascamorras, pero con mucha devoción, los bastetanos, a pesar de la pandemia, o quizá por ello, van a celebrar la fiesta de su Patrona con toda la solemnidad posible y de la mejor manera que lo pueden hacer: celebrando la Eucaristía en torno a la Virgen de la Piedad, la Madre de todos los bastetanos.

Antonio Gómez

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La diócesis de Guadix abre una Casa Sacerdotal para los sacerdotes mayores

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La diócesis de Guadix abre una Casa Sacerdotal para los sacerdotes mayores

 

La diócesis de Guadix tiene ya Casa Sacerdotal. El pasado 5 de septiembre, el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco, bendijo las dependencias donde van a vivir las religiosas que la van a atender y dio por abierta la Casa Sacerdotal San Juan de Ávila, que así se llama, en espera de que lleguen los primeros sacerdotes mayores que la habitarán.  Fue una celebración con pocas personas, como medida preventiva por el Covid, que contó con la presencia de las religiosas encargadas de la Casa Sacerdotal, que pertenecen a la Congregación Marta y María, cuya comunidad fue presentada y erigida oficialmente ese domingo 5 de septiembre, en la catedral.

La Casa Sacerdotal venía siendo solicitada por los sacerdotes de la diócesis desde hace ya muchos años. Finalmente, al rehabilitar el Hospital Real de Caridad de Guadix, se utilizó la parte superior del edificio para esta necesidad. Tras una primera bendición de las obras casi terminadas, en 2018, y tras solucionar los últimos flecos que dificultaban su apertura, se han podido dar por terminadas las obras y abierta la casa para atender a los sacerdotes mayores.

Es una casa pequeña, que cuenta con 15 habitaciones, cuatro de ellas preparadas para personas asistidas. Su cercanía a la catedral es otro de los alicientes de este edificio, que cubre una necesidad importante en la diócesis de Guadix: la de ofrecer un espacio donde puedan ser atendidos los sacerdotes mayores, una vez que tienen que dejar el trabajo pastoral por edad y después de haber gastado su vida al servicio de la Iglesia.

Aunque forma parte del mismo edificio, la Casa Sacerdotal se encuentra separada de la parte expositiva del Hospital Real, que ocupa la parte inferior y que está abierta al público. Con la restauración del edificio, la ciudad de Guadix recuperó un espacio histórico, muy importante. La planta baja está abierta para visitas culturales y alberga una exposición fija sobre la sanidad en Guadix y el servicio que ha prestado la Iglesia en ese Hospital Real. También hay exposiciones temporales, como la que se ofrece ahora sobre el beato Manuel Medina Olmos, y un lugar para conferencias y conciertos en el templo anexo. Y en la parte superior es donde se encuentra la Casa Sacerdotal San Juan de Ávila con entrada independiente y con unas instalaciones dignas y apropiadas para acoger a los sacerdotes mayores.

Antonio Gómez

 

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La iniciativa Tiempo de la Creación mira al Mar Menor

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Los Grupos Ecuménicos e Interreligiosos de la Región de Murcia (GEIRM), en los que colabora la Delegación de Relaciones Interconfesionales, se unen a la iniciativa Tiempo de la Creación, un movimiento ecológico encabezado por el Comité Directivo Ecuménico Internacional al que pertenecen cristianos de distintas confesiones de todo el mundo. El objetivo principal de la plataforma es proporcionar recursos que permitan a los cristianos responder a la llamada de la fe, cada uno desde su propia denominación, durante un tiempo de reflexión y acción.

Este año, el evento también se realizará en la Región de Murcia, concretamente en el Mar Menor, «uno de los parajes murcianos más castigados por la degradación ambiental», según manifiestan desde el GEIRM. La cita será el domingo 19 de septiembre, a las 18:00 horas, en la ermita de San Blas de Santiago de la Ribera. El programa incluye una caminata reflexiva y reivindicativa por los aledaños costeros, un momento de oración y una fiesta que pondrá fin al encuentro.

Tiempo de la Creación 2021 se está celebrando del 1 de septiembre al 4 de octubre, donde miles de cristianos de todos los continentes se unen en «un momento de restauración y esperanza, un jubileo para la Tierra y para descubrir formas radicalmente nuevas de vivir con la creación», afirman desde la organización del evento. De igual modo, afirman que «hoy, más que nunca, la familia cristiana mundial se debe unir en oración y acción por la casa común».

Todo aquel que desee participar de forma online, podrá hacerlo a través del siguiente enlace.

Programa

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