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‘La esperanza no defrauda’, carta de inicio de curso del Arzobispo de Sevilla

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‘La esperanza no defrauda’, carta de inicio de curso del Arzobispo de Sevilla

Queridos sacerdotes y diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos:

Os saludo a todos con afecto de pastor y me dirijo a vosotros por primera vez en el inicio de este nuevo curso pastoral. El día de mi toma de posesión os invitaba a «remar mar adentro» en esta nueva singladura que iniciábamos juntos, confiando en el Señor. A lo largo de estos primeros meses he tenido ocasión de conocer de primera mano muchas realidades de nuestra rica y abundante vida diocesana, así como los desvelos que ponéis cada día para afrontar los retos actuales. Ahora bien, las circunstancias y las dificultades del momento presente han de ser ocasión de crecimiento en la confianza en Dios, en la comunión eclesial, en el ardor evangelizador y en el servicio a los más necesitados material o espiritualmente. En esta fiesta de la Natividad de María, quiero compartir con vosotros algunas reflexiones a la luz de la Palabra de Dios.

 Os exhorto a vivir este nuevo curso desde la esperanza teologal. La esperanza nos lleva a confiar más en Dios y a seguir trabajando sobreponiéndonos con coraje a las adversidades; nos lleva a poner la confianza en el Señor, que está presente en nuestra vida y nos da la fuerza para hacerlo todo nuevo. La esperanza cristiana es ese motor que nos hace comprender que se puede producir un cambio significativo en nuestro interior, en nuestro corazón; también en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en las hermandades, en los movimientos, en todas las realidades de la Iglesia. Nos hace comprender que se puede producir un cambio en el mundo entero, aunque a menudo las apariencias nos lleven a pensar lo contrario, o tengamos la experiencia de no haber obtenido los frutos deseados después de no pocos esfuerzos. Tengamos siempre presente que Cristo es el Señor de la historia

Como nos recordó el papa Benedicto XVI en su primera carta encíclica, la fe, la esperanza y la caridad van cogidas de la mano. La esperanza tiene mucho que ver con la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de Él en todo momento. La fe es la que consigue transformar nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, al final, suya es la victoria. La fe suscita el amor, que es la luz que ilumina las tinieblas del mundo y nos da la fuerza para seguir viviendo y actuando. Es posible vivir el amor, ponerlo en práctica, porque en definitiva, hemos sido creados a imagen de Dios, que es Amor. Un amor que genera dinamismos de esperanza (cf. Deus caritas est 39).

Poner al servicio de los demás los dones recibidos

El Espíritu Santo renueva al pueblo de Dios mediante los sacramentos y distribuye sus dones para practicar las diversas obras que sean eficaces para la renovación y mayor edificación de la Iglesia (cf. 1 Co 12, 11). Cada uno de nosotros recibe diferentes dones, los que son necesarios a su persona y a su misión, los más convenientes para su camino de santificación personal y de apostolado. Estos dones no se reciben solo para beneficio personal, sino sobre todo para el bien de la Iglesia. Como recuerda en su primera carta san Pedro: «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1 P 4, 10). 

En este nuevo curso que comienza, nos hemos de sentir especialmente llamados a poner en práctica esta recomendación. Seguiremos haciendo camino hasta llegar a la anhelada «normalidad», cumpliremos con rigor las medidas de prevención y protección para prevenir los contagios y minimizar los riesgos. Iniciamos un nuevo curso en el que sigue teniendo particular importancia acompañar a las personas, a las familias, a los grupos, a las comunidades cristianas, a los ámbitos pastorales, a las instituciones, a las hermandades. Eso comporta una mentalidad, una forma de estar y hacerse presente. Seguimos la exhortación que san Pedro lanzó a las primeras Iglesias a permanecer firmes en la fe, consolidados en la esperanza: «Resistid firmes en la fe, sabiendo que el conjunto de todos los hermanos en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos» (1P 5,9). Y, sobre todo, a pesar de las dificultades, recordemos siempre que la urgencia de amar y acompañar al prójimo con la caridad de Cristo es una prioridad; y siempre con la actitud de fortalecer el tejido visible de toda nuestra Iglesia, poniendo al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido, con la conciencia de que todos formamos parte de una misma familia.

Dicho acompañamiento pastoral comienza por la vida espiritual, la vida litúrgica y la piedad popular. La Liturgia es la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia, e impulsa a los fieles a vivir la caridad de Cristo (cf. SC 10). Nuestra espiritualidad tiene que ser cada día más litúrgica y se ha de distinguir por una vida de oración intensa, que se alimenta de la Palabra de Dios y de los sacramentos. Es preciso ayudar a redescubrir los sacramentos, principalmente la participación en la Eucaristía, centro de la vida cristiana, y el sacramento de la Reconciliación, encuentro sanador con Cristo, que libera del pecado y fortalece el alma. A la vez, hemos de acompañar la piedad y religiosidad popular, tan variada y rica en nuestra archidiócesis. En estos momentos, ardemos en deseos de expresar públicamente nuestro homenaje y amor a Nuestro Señor y a nuestra Madre del cielo, y así lo haremos, en cuanto las circunstancias lo permitan.

He sabido que durante el confinamiento surgieron múltiples iniciativas de celebraciones y plegarias que se transmitían por diferentes canales de televisión y a través de las redes sociales; con todo, este sigue siendo el ámbito más afectado por la pandemia. Por ello, hemos de ser conscientes de que es el Señor quien sostiene y santifica, a través de diferentes mediaciones, y que siempre nos acompaña, si bien es en la sagrada Liturgia donde recibimos toda la virtud transformante de nuestra vida en este mundo. En efecto, la celebración de la Liturgia de la Iglesia va modelando a lo largo de cada curso y de toda la vida la mente y el corazón de los creyentes. La Liturgia favorece la educación espiritual más profunda, porque enseña y ayuda a vivir como hijos la relación con el Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo.

En este nuevo curso también tendremos que seguir acompañando los diversos ámbitos del ministerio de la Palabra. Este ministerio es particularmente importante porque en la actualidad, en medio del relativismo y la desorientación de nuestro tiempo,  asistimos a una gran confusión en los conceptos sobre el ser humano, la vida, el mundo, el bien y el mal, el más allá, etc. Hemos de anunciar a Cristo. No lo hacemos transmitiendo ideas propias o los propios gustos, sino que proponemos la Verdad que es Cristo mismo, su Palabra, su modo de vivir. Anunciamos la Palabra de Cristo, la fe de la Iglesia, y lo hacemos en nombre de la Iglesia.

Anunciamos el Evangelio porque el Señor nos envía, confiando en su palabra, conscientes de que confrontamos nuestra fe y nuestra vida con la mentalidad que domina en la sociedad, con la cual no podemos ser identificados ni homologados, porque estamos en el mundo, pero sin ser del mundo (cf. Jn 15, 19). Este tiempo de pandemia está siendo testigo de una renovada creatividad para mantener la formación cristiana por modalidad telemática. Aunque esperamos poder desarrollar de nuevo todas las actividades en modo presencial, es preciso continuar desplegando las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, siempre con la necesaria dignidad y la esperanza de optimizarlas una vez superada la pandemia, y hacerlo a través de las catequesis, las homilías, las diferentes sesiones de formación y las escuelas e instituciones académicas de la archidiócesis.

Nuestra acción caritativa y social continuará siendo fundamental y urgente debido a la crisis económica que se ha desencadenado, que se prevé será larga y que ya está golpeando a muchas personas. El papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti nos propone profundizar en la parábola del Buen Samaritano, que muestra una nueva perspectiva: ya no se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás, llegando a ser una persona que ama a los otros, que se preocupa por ellos, que se conmueve ante el sufrimiento ajeno, que tiene un corazón abierto (cf. Lc 10, 25-37). Siento vivo el testimonio de santa Ángela de la Cruz, que repetía: «Hay que hacerse pobre, con los pobres, para atraerlos a Cristo».

En este itinerario, también hemos de curar las heridas, porque el corazón de nuestro mundo y de muchas personas está profundamente herido como consecuencia de los conflictos entre personas y entre colectivos, y a causa de esta crisis sanitaria y económica. Por ello, urgidos por la caridad de Cristo, hemos de acoger en el corazón. El papa Francisco propone la imagen de una «madre de corazón abierto» para ayudarnos a entender mejor la misión de la Iglesia en el momento presente, una casa siempre abierta, una familia que privilegia a los caídos al borde del camino, una comunidad atenta, «en salida», llena de dinamismo misionero. Durante el confinamiento hemos redoblado nuestros esfuerzos. Ha sido una tarea de todos, sacerdotes, religiosos y laicos, a través de Cáritas, de las hermandades, y las demás instituciones y grupos de atención a los necesitados, y también a través de la Pastoral de la Salud.

En comunión, corresponsabilidad y sinodalidad

Esta misión, tan difícil como apasionante, hemos de llevarla a cabo desde la unidad profunda, en comunión. La eclesiología de comunión es una característica del Concilio Vaticano II, aunque es preciso recordar que la idea de comunión predominó en el pensamiento eclesiológico de la Iglesia en su primer milenio, en el que descuellan las figuras de san Leandro y san Isidoro de Sevilla. Los fundamentos doctrinales de la eclesiología de comunión parten de la Sagrada Escritura y atraviesan la historia de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II.

San Juan Pablo II recogió el legado del Concilio y del postconcilio, y, al iniciar el tercer milenio, en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio.  Recoge los contenidos y orientaciones de la espiritualidad de comunión, propone el desafío de «hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión», y plantea la espiritualidad de la comunión como principio educativo en todos los ámbitos de formación (cf. NMI 43).

La sinodalidad es expresión de la eclesiología de comunión. La palabra sínodo indica el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. El papa Francisco, el 17 de octubre de 2015, en el Discurso que pronunció en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, por parte de san Pablo VI, afirmó que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», y lo ha convertido en un compromiso programático. En el mismo discurso afirmó que la sinodalidad «es dimensión constitutiva de la Iglesia», de modo que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo”». En esa misma línea, el 22 de mayo de 2017, en el Discurso de la apertura de los trabajos de la 70 Asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana, afirmó:

«Caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones. Solo en este horizonte podemos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo con parresía».

Como todos sabéis bien, el papa Francisco ha convocado la XVI Asamblea General de los Obispos con el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Un sínodo sobre la sinodalidad para hacer realidad la participación en la Iglesia. Un sínodo que comporta una etapa diocesana que iniciaremos el próximo 17 de octubre, y que se alargará hasta el mes de abril del año 2022; después tendrá lugar una fase continental, de septiembre de 2022 hasta marzo del 2023. En octubre de 2023 tendrá lugar la fase final, la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Por tanto, este nuevo curso que iniciamos estará muy dedicado a los trabajos sinodales. Por otra parte, nuestro Plan Pastoral Diocesano finalizaba este año 2021, aunque como consecuencia de la pandemia, los objetivos del curso pasado no se han podido llevar a cabo con el seguimiento necesario. En el curso 2021-2022, podemos recuperar los objetivos del curso anterior, especialmente en lo que se subraya del acompañamiento a la acción caritativa y social, además de tener en cuenta el Año “Familia Amoris Laetitia” y lo que aún resta del “Año de san José”. Asimismo, deberemos elaborar un nuevo Plan Pastoral, con la colaboración de todos. La sinodalidad y el discernimiento serán dos ejes metodológicos y espirituales del proceso que permitirán afrontar los retos señalados y seguir peregrinando como Iglesia.

Finalmente, se hace necesario tener presente el documento Fieles al envío misionero, de la Conferencia Episcopal Española, aprobado por la Asamblea Plenaria. Ofrece orientaciones y líneas de trabajo para los cuatro próximos cursos pastorales, dirigidas  especialmente a los órganos de la propia Conferencia, que también nos servirán de inspiración para nuestro nuevo Plan Pastoral. Este documento es el fruto de un ejercicio de discernimiento compartido por los obispos, los órganos colegiados de la CEE y los colaboradores, con la finalidad de aproximarse a la realidad social y eclesial del momento presente y sugerir unas orientaciones pastorales que cada diócesis deberá concretar desde su propia realidad.

 Queridos hermanos y hermanas: la esperanza no defrauda. Pongamos nuestra confianza en Dios. Él nos guía a pesar de las dificultades y a través de las dificultades de la vida, y nos lleva a puerto seguro, porque Dios acompaña siempre a sus hijos. Hemos de aprender a acompañar a los demás como Él nos acompaña, como nos enseña Jesús, con amor y paciencia, respetando la libertad, potenciando y desarrollando lo mejor de cada uno, para que podamos llegar al ideal de perfección que nos propone.

También contamos con la presencia y acompañamiento de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Su vida es un ejemplo incomparable en el camino de la fe, en el que nos guía como estrella luminosa, y su amor de madre nos congrega como una familia. Ella, Nuestra Señora de los Reyes, nos conduce hacia el que es el Señor de nuestras vidas. Con mi bendición.

Sevilla, 8 de septiembre de 2021

Fiesta del Nacimiento de la Bienaventurada Virgen María

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

 

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‘La esperanza no defrauda’, eje de la carta de monseñor Saiz en el inicio del curso pastoral

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‘La esperanza no defrauda’, eje de la carta de monseñor Saiz en el inicio del curso pastoral

El arzobispo de Sevilla, monseñor Saiz Meneses, ha publicado hoy, 8 de septiembre, su carta con motivo del inicio del curso pastoral 2021/2022, con un título que es toda una declaración de intenciones: ‘La esperanza no defrauda’.

Comienza recordando que desde su toma de posesión ha tenido oportunidad de “conocer de primera mano muchas realidades de nuestra rica y abundante vida diocesana, así como los desvelos que ponéis cada día para afrontar los retos actuales”. Seguidamente afirma que las circunstancias y las dificultades actuales “han de ser ocasión de crecimiento en la confianza en Dios, en la comunión eclesial, en el ardor evangelizador y en el servicio a los más necesitados material o espiritualmente”.

Monseñor Saiz exhorta a los sevillanos a “vivir este nuevo curso desde la esperanza teologal”, porque “la esperanza –afirma- nos lleva a confiar más en Dios y a seguir trabajando sobreponiéndonos con coraje a las adversidades”. En esta línea, subraya que “la esperanza cristiana es ese motor que nos hace comprender que se puede producir un cambio significativo en nuestro interior, en nuestro corazón; también en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en las hermandades, en los movimientos, en todas las realidades de la Iglesia”.

Cita a Benedicto XVI para recordar que “la fe, la esperanza y la caridad van cogidas de la mano”, y señala que “cada uno de nosotros recibe diferentes dones, los que son necesarios a su persona y a su misión, los más convenientes para su camino de santificación personal y de apostolado. Estos dones –añade- no se reciben solo para beneficio personal, sino sobre todo para el bien de la Iglesia”. “En este nuevo curso que comienza, nos hemos de sentir especialmente llamados a poner en práctica esta recomendación”, apunta.

Ir dando pasos hasta llegar a la anhelada «normalidad»

Alude también a las circunstancias que se derivan de la pandemia del Covid, y muestra su deseo de ir dando pasos “hasta llegar a la anhelada «normalidad»”, teniendo en cuenta la necesidad de cumplir con rigor las medidas de prevención y protección para prevenir los contagios y minimizar los riesgos.

El arzobispo propone “una mentalidad, una forma de estar y hacerse presente”, a la hora de encarar el acompañamiento a las personas, familias y todas las realidades eclesiales: Resistir firmes en la fe y tener en cuenta que “la urgencia de amar y acompañar al prójimo con la caridad de Cristo es una prioridad”. Todo ello, subraya, con la actitud de “fortalecer el tejido visible de toda nuestra Iglesia, poniendo al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido, con la conciencia de que todos formamos parte de una misma familia”. Monseñor Saiz explica que el acompañamiento pastoral “comienza por la vida espiritual, la vida litúrgica y la piedad popular”, y reitera la necesidad de “ayudar a redescubrir los sacramentos, principalmente la participación en la Eucaristía, centro de la vida cristiana, y el sacramento de la Reconciliación”. Este último lo define como “encuentro sanador con Cristo, que libera del pecado y fortalece el alma”.

Igualmente, valora de forma positiva la religiosidad popular –“tan variada y rica”- presente en la Archidiócesis, y adelanta su deseo de “expresar públicamente nuestro homenaje y amor a Nuestro Señor y a nuestra Madre del cielo”, cosa que será posible “en cuanto las circunstancias lo permitan”.

Más adelante recuerda las iniciativas que surgieron durante el confinamiento para acercar las celebraciones religiosas a todos los fieles gracias a los medios de comunicación. “Con todo –apostilla-, este sigue siendo el ámbito más afectado por la pandemia”, y “la celebración de la Liturgia de la Iglesia va modelando a lo largo de cada curso y de toda la vida la mente y el corazón de los creyentes”.

Acompañamiento de los diversos ámbitos del ministerio de la Palabra

En esta carta de inicio de curso destaca también el acompañamiento de los diversos ámbitos del ministerio de la Palabra como otra prioridad pastoral. Algo que considera particularmente importante “porque en la actualidad, en medio del relativismo y la desorientación de nuestro tiempo, asistimos a una gran confusión en los conceptos sobre el ser humano, la vida, el mundo, el bien y el mal, el más allá, etc.” “Hemos de anunciar a Cristo. No lo hacemos transmitiendo ideas propias o los propios gustos, sino que proponemos la Verdad que es Cristo mismo, su Palabra, su modo de vivir. Anunciamos la Palabra de Cristo, la fe de la Iglesia, y lo hacemos en nombre de la Iglesia”, subraya.

Seguidamente, vuelve sobre el contexto que se deriva de la pandemia para afirmar que hemos asistido a “una renovada creatividad para mantener la formación cristiana por modalidad telemática”. En este sentido, manifiesta su esperanza en poder desarrollar de nuevo todas las actividades en modo presencial, pero destaca que “es preciso continuar desplegando las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, siempre con la necesaria dignidad y la esperanza de optimizarlas una vez superada la pandemia, y hacerlo a través de las catequesis, las homilías, las diferentes sesiones de formación y las escuelas e instituciones académicas de la archidiócesis”.

Monseñor Saiz se detiene en la acción caritativa y social de la Iglesia diocesana, para afirmar que seguirá siendo fundamental y urgente debido a la crisis económica que se ha desencadenado, “que –apunta- se prevé será larga y que ya está golpeando a muchas personas”. En este punto se fija en la encíclica Fratelli Tutti del papa Francisco, para presentar la figura del buen samaritano con una nueva perspectiva: “Ya no se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás”, y pone como ejemplo el testimonio de santa Ángela de la Cruz: «Hay que hacerse pobre, con los pobres, para atraerlos a Cristo».

“Hemos de acoger en el corazón”.

Es tiempo de curar las heridas, porque “el corazón de nuestro mundo y de muchas personas está profundamente herido como consecuencia de los conflictos entre personas y entre colectivos, y a causa de esta crisis sanitaria y económica”. El arzobispo concluye que “hemos de acoger en el corazón”.

Todo esto, resume, supone una misión “tan difícil como apasionante”, que hemos de llevarla a cabo “desde la unidad profunda, en comunión”. Precisamente se detiene a explicar en qué consiste la eclesiología de la comunión y que está presente en el primer milenio de la Iglesia: “Los fundamentos doctrinales de la eclesiología de comunión parten de la Sagrada Escritura y atraviesan la historia de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II”. Hay también en esta carta una referencia importante al sínodo que el papa ha convocado sobre la sinodalidad, en que se debe hacer realidad la participación en la Iglesia. La etapa diocesana del sínodo comenzará el 17 de octubre, y se alargará hasta el mes de abril del año 2022. Después tendrá lugar una fase continental, de septiembre de 2022 hasta marzo del 2023, y en octubre de 2023 comenzará la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Por tanto, este nuevo curso estará muy dedicado a los trabajos sinodales.

Acompañamiento a la acción caritativa y social

Por otra parte, recuerda que el Plan Pastoral Diocesano finalizaba este año 2021, aunque como consecuencia de la pandemia los objetivos del curso pasado no se han podido llevar a cabo con el seguimiento necesario. Así, en el curso 2021-2022 se recuperarán los objetivos del curso anterior, especialmente en lo que se subraya del acompañamiento a la acción caritativa y social, además de tener en cuenta el Año Familia Amoris Laetitia y lo que aún resta del Año de san José.

Concluye su carta recordando la necesidad de tener presente el documento Fieles al envío misionero, de la Conferencia Episcopal Española, que ofrece orientaciones y líneas de trabajo para los cuatro próximos cursos pastorales, dirigidas especialmente a los órganos de la propia Conferencia, “que también nos servirán de inspiración para nuestro nuevo Plan Pastoral”.

Concluye la carta volviendo sobre el eje de la misma, y se despide con una recomendación: “Pongamos nuestra confianza en Dios. Él nos guía a pesar de las dificultades y a través de las dificultades de la vida, y nos lleva a puerto seguro, porque Dios acompaña siempre a sus hijos. La esperanza –concluye- no defrauda”.

 

Puede acceder al texto íntegro de la carta en este enlace.

 

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8 de septiembre mariano en la Diócesis de Huelva

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“No le iguala lumbre alguna/ de cuantas bordan el cielo,/ porque es el humilde suelo/ de sus pies la blanca luna:/ nace en el suelo tan bella/ y con luz tan celestial,/ que, con ser estrella, es tal,/ que el mismo Sol nace de Ella”. Con estas hermosas palabras de Lope de Vega, la Iglesia alaba a nuestra Madre en la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Y estas alabanzas: “¡dichosa estirpe, raíz santa, bendito su fruto!”, resuenan, desde la Sierra a la Costa, desde el Andévalo al Condado. La Diócesis de Huelva celebra esta fiesta de María, “cuya vida ilustre da esplendor a todas las Iglesias”. También a esta Iglesia de Huelva, que nació bajo el amparo de tan gran Madre y Reina.

Y en la Sierra, Cortegana la llama Piedad; en Los Marines, Gracia, como la llamara el ángel. En Cala le llaman Cala. En Encinasola la denominación septembrina de la Virgen es Rocamador. Sobre todo, la aclaman como Reina de los Ángeles en Alájar, hacia donde suben los serranos en romería, acompañados por algunos pueblos mineros también. El clero y los fieles portan las andas de su bendita imagen, que muestra a la Virgen incurvada por el peso de su Hijo, porque el que no cabe en los cielos puso su templo en María. La Reina de los Ángeles cifra todo el amor mariano de las comarcas de la Sierra y la Mina. Ella, María, es “la morada de Dios con los hombres”.

Las viñas del Condado y la Campiña, cuando ya septiembre marca la hora de la vendimia, serán testigos de la fiesta de Rociana en honor de su Patrona, la Virgen del Socorro; del Pino en Niebla; de Montemayor en Moguer. Es como si las vides presintieran que de su zumo nace el vino y exultaran porque del vientre de María nacería Jesús que después lo convertiría en Sangre suya.

La Costa, en las espumas de las olas marinas trajo un día por el Guadiana a la Virgen de las Angustias, que pasea por las calles de Ayamonte, acunando a Jesús muerto, como recordando su infancia, como preludiando su Resurrección, como sosteniendo con ternura a cada persona que la mira.

Y en la capital, el caudal del Tinto y el Odiel, que abrazan la vieja Onuba, se convierte en Cinta “que nos ata y nos une” desde el Conquero. El estío, ya arrancando su fase final, deja caer la tarde en la Huelva “lejana y rosa” y la voz de Huelva se expresa en los vítores del pueblo que sigue a la Virgen Chiquita.

Toda la creación, representada en la riqueza de las tierras de Huelva, como dijera San Andrés de Creta, rebosa de alegría porque hoy “ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y (…), queda dispuesta para hospedar al supremo Hacedor”.

Huelva, humilde y sencilla, ante tantas y veneradas imágenes de la Madre de Dios, exulta de alegría, se siente bendecida. María, sencilla y humilde, bendita entre todas las mujeres, proclama la grandeza del Señor y es una de nosotros, el “orgullo de nuestro pueblo”.

Juan de Robles

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La Dolorosa de San Lorenzo vuelve a salir en procesión

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La parroquia de San Lorenzo de Murcia acoge un año más los actos en honor a Nuestra Señora de los Dolores, que este año volverá a salir en procesión por las calles del barrio.

Del 15 al 17 de septiembre, a las 19:00 horas, tendrá lugar el triduo en honor a la Virgen de los Dolores, con el rezo del Rosario, el ejercicio del triduo y la Eucaristía. Además, el día 16, al finalizar la celebración, se realizará la presentación del segundo número de Mater Dolorosa, a cargo de la directora del Museo Salzillo, María Teresa Marín Torres; y el día 17 se impondrá la medalla a los nuevos cofrades y se realizará una serenata a la Virgen. Por último, el sábado 18 de septiembre, a las 17:30 horas, se rezará el Rosario, seguido de la celebración de la Eucaristía y posterior procesión con la imagen de Nuestra Señora de los Dolores por las calles del barrio.

Desde la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, con sede en esta parroquia, aseguran que se cumplirán todos los requisitos sanitarios para que la procesión pueda realizarse: «Será así como por primera vez, desde el inicio de la pandemia, una procesión ordinaria transcurra por las calles del centro de la capital y lo haga además con una devoción tan arraigada en nuestra Diócesis como es los Dolores de la Virgen».

Las celebraciones de este año tendrán carácter de rogativa, pidiendo a Dios por el final de la pandemia y el eterno descanso de los fallecidos.

Programa

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Fiesta del Santo Cristo 2021 – Telde – Basílica Santuario del Santo Cristo de Telde

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Cristo de Telde 2021

 

Fiesta del Santo Cristo 2021 – Telde – Basílica Santuario del Santo Cristo de Telde

Vea también:

– Parroquia de San Juan Bautista (1503) – Telde – Basílica Santuario del Santo Cristo de Telde

– Santo Cristo de Telde

 

Cristo de Telde 2021

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Natividad de Nuestra Señora

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natividad-virgen-murilloFiesta de la Natividad de la bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado.
En este día se celebran muchas advocaciones marianas: las vírgenes «encontradas»: Nuestra Señora de Nuria, Nuestra Señora de la Caridad, Nuestra Señora de Cisa, Nuestra Señora del Coro, , Nuestra Señora de Covadonga, Nuestra Señora de la Gracia, Nuestra Señora de Llanos, Nuestra Señora de Montserrate, Nuestra Señora de Nazaret, Nuestra Señora del Pino, Nuestra Señora de San Lorenzo, Nuestra Señora de Setecilla, Nuestra Señora del Socorro, Nuestra Señora de Soterraña, Nuestra Señora de Victoria…

http://www.santopedia.com/santos/natividad-de-nuestra-senora

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Mons. Catalá: «Los cristianos debemos ser como María: aurora que anuncie la luz del sol»

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En la homilía que Mons. Jesús Catalá ha pronunciado en la Eucaristía con motivo de la festividad de Santa María de la Victoria ha destacado la luz que desprende la figura de María frente a la oscuridad presente en nuestro mundo. A la Eucaristía, además de cientos de fieles, han asistido distintos representantes de las instituciones entre los que han destacado el presidente de la Junta de Andalucía, el malagueño Juanma Moreno; el presidente de la Diputación Provincial, Francisco Salado y el alcalde de la capital, Francisco de la Torre.

«La noche con sus terrores y oscuridad está presente en nuestra sociedad. Queridos fieles y devotos, queridos sacerdotes, queridos miembros de la Hermandad de la Victoria, cofrades de otras hermandades, queridos políticos, ¡cuánta oscuridad y cuánto mal existe en nuestra sociedad!; sin ser negativos, sino muy realistas. ¡Bien lo sabéis!». Así se ha expresado el obispo de Málaga en su predicación, en la que ha añadido que «la figura de María es el resplandor que anuncia el final de la noche, la Aurora que pregona la presencia del Sol, cuya luz disipa las tinieblas del corazón humano. El nacimiento del Hijo de Dios manifiesta su iniciativa amorosa, su ternura, su compasión y su amor, invitándonos a una maravillosa alianza con Él».

Asimismo, el prelado ha apuntado que «en la Virgen de la Victoria, aurora del Sol invicto, encontramos el modelo perfecto de obediencia a la voluntad de Dios, en una vida sencilla y humilde, orientada a lo que es verdaderamente esencial en la vida. ¡Cuánto tiempo perdemos en cosas fútiles y banales, que no son fecundas! Y, sin embargo, olvidamos lo esencial: la fraternidad entre los hombres, el destino eterno y feliz.».

Mons. Catalá ha invitado a todos los fieles de Málaga a imitar a María en su ser luz: «Cada uno de nosotros en su tarea propia, como padres de familia, enseñantes, educadores, políticos, hermanos de cofradías, sacerdotes, puede hacer esta sociedad mejor. Podemos poner un poco de la Luz del Evangelio, de la Luz del Sol de Jesucristo, que es Sol de justicia. Pedimos a Santa María de la Victoria que nos ayude en esta tarea. Una sociedad que no tiene la luz de Dios va dando tumbos y hace mucho daño a las personas. ¡Hagamos un mundo mejor desde nuestra fe, desde nuestro amor y desde la esperanza cristiana!».

Lee el texto íntegro de la homilía en este enlace

Más sobre los cultos a Santa María de la Victoria aquí

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«Los cristianos debemos ser como María: aurora que anuncie la luz del sol»

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En la homilía que Mons. Jesús Catalá ha pronunciado en la Eucaristía con motivo de la festividad de Santa María de la Victoria ha destacado la luz que desprende la figura de María frente a la oscuridad presente en nuestro mundo. A la Eucaristía, además de cientos de fieles, han asistido distintos representantes de las instituciones entre los que han destacado el presidente de la Junta de Andalucía, el malagueño Juanma Moreno; el presidente de la Diputación Provincial, Francisco Salado y el alcalde de la capital, Francisco de la Torre.

«La noche con sus terrores y oscuridad está presente en nuestra sociedad. Queridos fieles y devotos, queridos sacerdotes, queridos miembros de la Hermandad de la Victoria, cofrades de otras hermandades, queridos políticos, ¡cuánta oscuridad y cuánto mal existe en nuestra sociedad!; sin ser negativos, sino muy realistas. ¡Bien lo sabéis!». Así se ha expresado el obispo de Málaga en su predicación, en la que ha añadido que «la figura de María es el resplandor que anuncia el final de la noche, la Aurora que pregona la presencia del Sol, cuya luz disipa las tinieblas del corazón humano. El nacimiento del Hijo de Dios manifiesta su iniciativa amorosa, su ternura, su compasión y su amor, invitándonos a una maravillosa alianza con Él».

Asimismo, el prelado ha apuntado que «en la Virgen de la Victoria, aurora del Sol invicto, encontramos el modelo perfecto de obediencia a la voluntad de Dios, en una vida sencilla y humilde, orientada a lo que es verdaderamente esencial en la vida. ¡Cuánto tiempo perdemos en cosas fútiles y banales, que no son fecundas! Y, sin embargo, olvidamos lo esencial: la fraternidad entre los hombres, el destino eterno y feliz.».

Mons. Catalá ha invitado a todos los fieles de Málaga a imitar a María en su ser luz: «Cada uno de nosotros en su tarea propia, como padres de familia, enseñantes, educadores, políticos, hermanos de cofradías, sacerdotes, puede hacer esta sociedad mejor. Podemos poner un poco de la Luz del Evangelio, de la Luz del Sol de Jesucristo, que es Sol de justicia. Pedimos a Santa María de la Victoria que nos ayude en esta tarea. Una sociedad que no tiene la luz de Dios va dando tumbos y hace mucho daño a las personas. ¡Hagamos un mundo mejor desde nuestra fe, desde nuestro amor y desde la esperanza cristiana!».

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Virgen de la Victoria (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa Estacional con motivo de la festividad de Santa María de la Victoria, patrona de la diócesis celebrada en la Catedral de Málaga el 8 de septiembre de 2021.

VIRGEN DE LA VICTORIA

(Catedral-Málaga, 8 septiembre 2021)

Lecturas: Miq 5,1-4a; Rm 8,28-30; Sal 12,6; Mt 1,1-16.18-23.

Santa María de la Victoria, aurora del Sol invicto

1.- El profeta Miqueas, al referirse al pequeño pueblo de Belén de Efratá, anuncia el alumbramiento del Mesías (cf. Miq 5,2), que pastoreará con la fuerza del Señor y gobernará con brazo firme (cf. Miq 5,3). Y ciertamente, en Belén nació de la Virgen María el Mesías esperado de las naciones.

Y el evangelista Mateo retoma la profecía: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Mt 1,23). El Hijo de Dios entra en la historia humana.

La mujer que colabora en esta hermosa gesta, única en la historia, es Santa María de la Victoria, la Virgen de Nazaret. Su aceptación de la voluntad divina, su “sí”, su “hágase”, ha hecho posible la encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios entre los hombres, el Sol victorioso que no conoce el ocaso.

2.- La festividad que hoy celebramos del nacimiento de la Virgen María proyecta su luz sobre nosotros. Como dijo el papa Francisco: “María es el primer resplandor que anuncia el final de la noche y, sobre todo, la cercanía del día. Su nacimiento nos hace intuir la iniciativa amorosa, tierna, compasiva, del amor con que Dios se inclina hasta nosotros y nos llama a una maravillosa alianza con Él, que nada ni nadie podrá romper. María ha sabido ser transparencia de la luz de Dios y ha reflejado los destellos de esa luz en su casa, la que compartió con José y Jesús, y también en su pueblo, su nación y en esa casa común a toda la humanidad que es la creación” (Papa Francisco, Homilía en la santa misa. Villavicencio-Colombia, 8.09.2017).

La humanidad ha vivido siempre en sombras de muerte, como dice el cántico del Benedictus. La noche con sus terrores y oscuridad está presente en nuestra sociedad. Queridos fieles y devotos, queridos sacerdotes, queridos miembros de la Hermandad de la Victoria, cofrades de otras hermandades, queridos políticos, ¡cuánta oscuridad y cuánto mal existe en nuestra sociedad!; sin ser negativos, sino muy realistas. ¡Bien lo sabéis!

3.- Cada uno de nosotros en su tarea propia, como padres de familia, enseñantes, educadores, políticos, hermanos de cofradías, sacerdotes, puede hacer esta sociedad mejor. Podemos poner un poco de la Luz del Evangelio, de la Luz del Sol de Jesucristo, que es Sol de justicia. Pedimos a Santa María de la Victoria que nos ayude en esta tarea. Una sociedad que no tiene la luz de Dios va dando tumbos y hace mucho daño a las personas. ¡Hagamos un mundo mejor desde nuestra fe, desde nuestro amor y desde la esperanza cristiana!

Cuando el ser humano vive y actúa sin la luz de Dios, comete actos que degradan su dignidad. Por desgracia no podemos decir que las sociedades actuales estén iluminadas por el Sol de justicia, que es Jesucristo.

4.- Las noticias de cada día informan de muchas acciones propias del mal y de la oscuridad. Como estamos retransmitiendo esta celebración a través de los medios de comunicación, animo a los profesionales que realizan esta hermosa tarea que no nos hablen solo del mal y de las tinieblas; que no sea noticia solo “lo malo”, porque eso repercute psicológicamente en las personas; sino que se hable de tanto bien que hay. Os animo a hablar de lo bueno que existe y que se hace; incluso del bien que hace el que no piensa como uno, el que está en oposición. ¡Que la Virgen de la Victoria nos ayude a todos a poner el granito de arena para mejorar nuestra sociedad!

San Pablo nos invita a salir de la noche de las tinieblas: «La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz» (Rm 13, 12). Estamos llamados, queridos hermanos, a caminar a la luz de Cristo y a dar testimonio de la misma a quienes viven en la tiniebla.

5.- La figura de María es el resplandor que anuncia el final de la noche; la aurora que pregona la presencia del Sol, cuya luz disipa las tinieblas del corazón humano. El nacimiento del Hijo de Dios manifiesta su iniciativa amorosa, su ternura, su compasión y su amor, invitándonos a una maravillosa alianza con Él.

El tema de la luz recurre constantemente en liturgia de la fiesta de la Natividad de la Santa María de la Victoria. Escuchamos frases como ésta: “Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado” (segundo responsorio de las lecturas del oficio). “Cuando nació la santísima Virgen, el mundo se iluminó” (segunda antífona de laudes). “De ti nació el sol de la justicia” (antif. del Benedictus).

En uno de los himnos de la liturgia decimos: “Hoy nace una clara estrella, / tan divina y celestial, / que, con ser estrella, es tal, / que el mismo sol nace de ella”.

Por ello debemos alegrarnos en esta hermosa fiesta de nuestra Patrona: “Que toda la creación… rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día” (segunda lectura del oficio). “Celebremos con gozo el nacimiento de María” (tercera ant. de laudes). Querida Madre, Santa María de la Victoria: “Tu nacimiento… anunció la alegría a todo el mundo» (ant. del Benedictus). Que nosotros seamos transmisores y testigos de esa alegría.

6.- Hoy venimos a venerarla, a honrarla y a darle gracias por su poderosa intercesión. Ella nos acompaña siempre en nuestro caminar peregrinante hacia la victoria final. En ella encontramos luz en medio de nuestras tinieblas, ayuda en nuestras preocupaciones, aliento en nuestro cansancio y esperanza en nuestro abatimiento.

En la Virgen de la Victoria, aurora del Sol invicto, encontramos el modelo perfecto de obediencia a la voluntad de Dios, en una vida sencilla y humilde, orientada a lo que es verdaderamente esencial en la vida. ¡Cuánto tiempo perdemos en cosas fútiles y banales, que no son fecundas! Y, sin embargo, olvidamos lo esencial: la fraternidad entre los hombres, el destino eterno y feliz.

Los cristianos debemos ser como María “aurora” que anuncie la luz de sol; gente con esperanza y alegría; que se deje iluminar por su luz, para poder reflejarla. Para ser aurora, como María, y reflejar la luz del Sol, hemos de quedar iluminados antes por la luz de Cristo; sólo entonces podremos anunciar su presencia iluminante.

María, la Iglesia y los cristianos somos como la luna, que refleja la luz del sol. Al final de esta Eucaristía bendeciremos la media-luna que la Hermandad de la Victoria ha colocado a los pies de la imagen de la Virgen.

La luna refleja la luz del sol; y como dicen los santos padres la Iglesia es también como la luna. Y nosotros debemos reflejar la luz del sol, sin interponernos entre éste y la tierra para no producir eclipse y tiniebla.

7.- Queridos devotos de Santa María de Victoria, Ella es la aurora del gran día que anuncia la salvación cercana. En Ella, la “llena de gracia” (cf. Lc 1, 28), se vislumbra al sol naciente, que llega desde oriente, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Lc 1, 79); para redimir a la humanidad cautiva; para guiar los pasos de todos los hombres por el camino de la paz.

Pidamos a Santa María de la Victoria quedar iluminados por el Sol invicto, que se ha encarnado en su seno y obtener con Él la victoria final, que nos da la inmortalidad. En compañía de María, aurora de tiempos nuevos, permitamos que la Luz de Cristo penetre en nuestras almas y las ilumine. Amén.

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Sigue aquí en directo la Misa estacional de Santa María de la Victoria

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NoticiaPatrona de la diócesis

Publicado: 08/09/2021: 192

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A las 11.30 horas de este miércoles 8 de septiembre, la televisión municipal Canal Málaga retransmitirá en directo la Santa Misa que presidirá el Sr. Obispo en la Catedral de Málaga con motivo de la fiesta de la patrona de Málaga y su diócesis, Santa María de la Victoria

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