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Homilía en la apertura del Sínodo

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Queridos diocesanos:

Nos hemos reunido para vivir un acontecimiento excepcional e histórico. Convocados por el Papa Francisco, participamos, como pueblo de Dios en Jaén, en un Sínodo, en el que también estarán junto a nosotros la multitud de las Iglesias locales del mundo entero, con las que compartimos la fe en Jesucristo y constituimos la universal. Lo que hoy hacemos es una responsabilidad y un honor. Hay que decir, no obstante, que nunca hemos dejado de sentir con el Papa y de vivir en la comunión de la Iglesia. Pedro quiere escuchar el sentir de toda la Iglesia, quiere que intervengamos en las ocupaciones y preocupaciones del caminar del pueblo cristiano.

En este sínodo, que es sobre la Iglesia misma y su identidad, el Papa Francisco quiere que todo el pueblo de Dios en camino, – los laicos, a los consagrados, los presbíteros y los Obispos – participemos unidos. Lo iremos haciendo poco, a poco a medida que transcurra el Sínodo, que hoy comienza para nosotros, y que culminará en 2023. Nuestro lema es: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. En la diversidad que nostramos y que verdaderamente somos, todos los que estamos unidos en nuestro Bautismo común caminaremos en la misma dirección.

Participaremos, activamente, en un sínodo que nos reafirmará en este modo de ser y de vivir como cristianos. “Nuestro caminar juntos es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero”. “La sinodalidad nos remite a la esencia misma de la Iglesia, a su realidad constitutiva, y se orienta a la evangelización”. Participar en el Sínodo nos mostrará que todos somos necesarios en la común misión que Cristo nos encomendó, la de evangelizar. “Caminar juntos, invocar al Espíritu, escuchar y acompañar van haciendo del discernimiento sinodal la clave de fondo que sugiere las acciones que realizar, en la doble escucha del Señor y de los deseos y gemidos de nuestros contemporáneos, con los que nos encontramos en la salida misionera” (Fieles el envío misionero, 4.1.)

Es necesario, por tanto, que todos entendamos que la sinodalidad es mucho más que la celebración de encuentros eclesiales y asambleas de obispos, o una cuestión de simple administración interna de la Iglesia; la sinodalidad indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asambleas y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora) (Documento Sínodo 10). «Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta a cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos». (Papa Francisco, apertura del Sínodo)

Nuestra intención, por tanto, es ambiciosa, iremos juntos e ilusionados hasta donde nos lleve el Espíritu, que siempre rompe nuestros moldes y nos hace salir de nuestras inercias y perezas. “El Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de una mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables». El Espíritu es el artífice de la comunión y el que nos acompaña en cada paso del camino.

Participaremos en este sínodo para hacer que germinen sueños, se susciten profecías y visiones, para hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros. Y crear un imaginario positivo, que ilumine las mentes, enardezca corazones, dé fuerza a las manos”. Como nos ha dicho el Papa, hacemos el sínodo para «ser una Iglesia de la cercanía», una Iglesia «que no se separa de la vida, sino que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas y sanando los corazones quebrantados con el bálsamo de Dios».

Ser sinodales hará crecer nuestro amor a la Iglesia, reforzará nuestro sentido de pertenencia, abrirá en horizonte de nuestra eclesialidad más allá de nuestros límites, no sólo geográficos sino humanos y religiosos. Os pregunto, queridos diocesanos: ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o estamos temerosos ante lo incierto y preferimos refugiarnos en las excusas del “no hace falta” y del “siempre se ha hecho así”? Si estáis dispuestos y dispuestas a esta aventura, id dándole vueltas en vuestro corazón cristiano y eclesial a esta pregunta: ¿Cómo realizar hoy, a diversos niveles (desde el local o universal) ese caminar juntos que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; qué pasos del Espíritu se nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? (Documento Sínodo 2).

Ya se ha explicado detalladamente cómo haremos el camino. Una comisión estará permanentemente al servicio de todos; pero yo quiero recomendaros algo que considero esencial: Prestad permanentemente mucha atención a la Palabra de Dios y dejad que la oración predomine en todo cuanto suceda dentro de vosotros y en vuestros encuentros y diálogos. Antes, durante y después de la experiencia sinodal la escucha de la Palabra de Dios, la adoración y la oración han de tener un total protagonismo en todo cuanto hagamos.

Mi recomendación es la que nos ha propuesto la Palabra proclamada: Durante el camino sinodal miremos a Jesucristo, servidor de todos hasta el extremo de dar su propia vida. Este es el modelo siempre de nuestra existencia cristiana, orientar nuestra vida en el servicio generoso y humilde de Cristo, que ha aceptado el sufrimiento para comunicarnos la misericordia divina de un modo profundo, completo y perfecto.

Como hoy se nos ha aclarado en este episodio evangélico, nuestra tendencia es contraria a esos sentimientos y actitudes de Cristo; nosotros solemos ir por un camino ajeno al servicio. En cuanto se constituye un grupo, para lo que sea, enseguida surge la pregunta: ¿quién es el primero? Santiago, Juan y los otros discípulos son una muestra evidente. Pero Jesús nos dice: “vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos”. En definitiva, que nadie pretenda imponerse.

Estoy convencido de que lo haremos muy bien el camino sinodal poniendo servicio generoso y abnegado con estos tres verbos que nos ha señalado el Papa Francisco: ENCONTRAR, ESCUCHAR, DISCERNIR.

ENCONTRAR. El sínodo exige atención, disponibilidad para encontrarse con el otro y dejarse interpelar por su inquietud. No olvidemos que un encuentro, cuando Jesús está entre nosotros, puede cambiar la vida. En este camino sinodal estamos llamados a ser expertos en el arte del encuentro. Hemos de enfocarnos en la palabra y en el rostro del otro, encontrarnos cara a cara y fraternalmente con cada uno con quienes compartamos esta experiencia.

ESCUCHAR. Un verdadero encuentro sólo nace de la escucha. No hemos de tener miedo a escuchar con el corazón y no sólo con los oídos. Hemos de permitir a las personas que se expresen, aunque tengan recorridos de la vida difíciles. No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas. Las certezas muchas veces nos cierran a los demás y malogran el encuentro.

DISCERNIR. El discernimiento nos llevará a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en que dirección quiere orientarnos. El sínodo es un camino de discernimiento espiritual y pastoral, un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu.

Nuestro Sínodo será un cálido e ilusionante Pentecostés, si entre nosotros está María. Démosle siempre un espacio espiritual, pero también físico. Hagamos que siempre una imagen suya presida nuestros encuentros.

Catedral de Baeza, 17 de octubre de 2021

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 

 

El Papa a poderosos de la tierra: en nombre de Dios, cambien un sistema de muerte

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En un videomensaje dirigido a los participantes en el cuarto encuentro mundial de movimientos populares, Francisco lanza un fuerte llamamiento a los poderosos del planeta para que trabajen por un mundo más justo, solidario y fraterno. Pide la cancelación de la deuda de los países pobres, la prohibición de las armas, el fin de las agresiones y las sanciones, y la liberalización de las patentes para que todo el mundo tenga acceso a las vacunas.

Michele Raviart – Ciudad del Vaticano

Soñar juntos con un mundo mejor después de la pandemia, tratando de vencer las resistencias que impiden alcanzar «ese buen vivir en armonía con toda la humanidad, con toda la creación» que sólo se consigue con libertad, igualdad, justicia y dignidad. Cambiar «un sistema de muerte» pidiendo, en nombre de Dios, a los que tienen el poder político y económico, que cambien el statu quo y permitan que nuestros sueños se infiltren en «el sueño de Dios para todos nosotros, que somos sus hijos». Es lo que propone el Papa Francisco, en un largo videomensaje, a los representantes de los movimientos populares, reunidos por videoconferencia para su cuarto encuentro mundial organizado por el Dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral.

Poetas sociales que crean esperanza

Los movimientos populares y las personas a las que representan y ayudan son los que más han sufrido la pandemia. El Papa los llama «poetas sociales» por su «capacidad y coraje” para crear esperanza y dignidad:

Verlos a ustedes me recuerda que no estamos condenados a repetir ni a construir un futuro basado en la exclusión y la desigualdad, el descarte o la indiferencia; donde la cultura del privilegio sea un poder invisible e insuprimible y la explotación y el abuso sea como un método habitual de sobrevivencia. ¡No! Eso ustedes lo saben anunciar muy bien.

Los más afectados por la pandemia

» La pandemia – reiteró Francisco – transparentó las desigualdades sociales que azotan a nuestros pueblos y expuso —sin pedir permiso ni perdón— la desgarradora situación de tantos hermanos y hermanas. Todos hemos «sufrido el dolor del encierro» y » Experimentamos cómo, de un día para otro, nuestro modo de vivir puede cambiar drásticamente » pero, aunque «en muchos países los Estados reaccionaron», «escucharon a la ciencia» y «lograron poner límites para garantizar el bien común», «a ustedes, como siempre, les tocó la peor parte»:

En los barrios que carecen de infraestructura básica (en los que viven muchos de ustedes y cientos y cientos y millones de personas) es difícil quedarse en casa, no sólo por no contar con todo lo necesario para llevar adelante las mínimas medidas de cuidado y protección, sino simplemente porque la casa es el barrio. Los migrantes, los indocumentados, los trabajadores informales sin ingresos fijos se vieron privados, en muchos casos, de cualquier ayuda estatal e impedidos de realizar sus tareas habituales agravando su ya lacerante pobreza.

El estrés de los jóvenes y la crisis alimentaria: los efectos ocultos del virus

Esta situación es tan evidente que no puede ser ocultada por «tantos mecanismos de post-verdad» y es también una expresión de la cultura de la indiferencia, como si » este tercio sufriente de nuestro mundo no reviste interés suficiente para los grandes medios y los formadores de opinión». Un mundo que permanece «escondido, acurrucado», como otros aspectos poco conocidos de la vida social que la pandemia ha empeorado. El estrés y la ansiedad crónicos de los niños, adolescentes y jóvenes, por ejemplo, agravados por el aislamiento y la falta de contacto real con los amigos. «La amistad es la forma en que el amor resurge siempre», recuerda el Papa, de hecho, y aunque está claro que la tecnología puede ser una herramienta para el bien, «nunca podrá suplantar el contacto». «No es noticia, no genera empatía», ni siquiera la crisis alimentaria, que podría generar más muertes anuales que Covid-19 en el futuro inmediato.

Este año, 20 millones de personas más se han visto arrastradas a niveles extremos de inseguridad alimentaria, ascendiendo a [muchos] millones de personas; la indigencia grave se multiplicó, el precio de los alimentos escaló un altísimo porcentaje. Los números del hambre son horrorosos, y pienso, por ejemplo, en países como Siria, Haití, Congo, Senegal, Yemen, Sudán del Sur pero el hambre también se hace sentir en muchos otros países del mundo pobre y, no pocas veces, también en el mundo rico. 

Sentir el dolor de los demás como propio

Sin embargo, en este contexto, los trabajadores del movimiento popular han sentido el dolor de los demás como propio. «Cristianos y no -dice el Papa- han respondido a Jesús, que dijo a sus discípulos frente al pueblo hambriento: ‘Denles ustedes de comer’”

Al igual que los médicos, enfermeros y el personal de salud en las trincheras sanitarias, ustedes pusieron su cuerpo en la trinchera de los barrios marginados. Tengo presente muchos, entre comillas, “mártires” de esa solidaridad sobre quienes supe por medio de muchos de ustedes. El Señor se los tendrá en cuenta. Si todos los que por amor lucharon juntos contra la pandemia pudieran también soñar juntos un mundo nuevo, ¡qué distinto sería todo!

Cambiar el sistema económico

El Papa reitera que nunca se sale igual de una crisis. De la pandemia » o se sale mejor o se sale peor, igual que antes, no». Por ello, para aprovechar una oportunidad de mejora es necesario «reflexionar, discernir y elegir», porque «retornar a los esquemas anteriores sería verdaderamente suicida», «ecocida y genocida». Para salir mejor parados, es » pero es imprescindible también ajustar nuestros modelos socio-económicos para que tengan rostro humano, porque tantos modelos lo han perdido». Modelos que se han convertido en «estructuras de pecado» que persisten y que estamos llamados a cambiar.

Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo. Todavía hay tiempo

«En nombre de Dios», el llamamiento del Papa a los poderosos de la tierra

De ahí el enérgico llamamiento al cambio dirigido nueve veces «en nombre de Dios» a quienes cuentan y tienen poder de decisión.

A los grandes laboratorios, que liberen las patentes. Tengan un gesto de humanidad y permitan que cada país, cada pueblo, cada ser humano tenga acceso a las vacunas. Hay países donde sólo tres, cuatro por ciento de sus habitantes fueron vacunados.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los grupos financieros y organismos internacionales de crédito que permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su gente y condonen esas deudas tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos.

Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos.

Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones alimentarias que dejen de imponer estructuras monopólicas de producción y distribución que inflan los precios y terminan quedándose con el pan del hambriento.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los fabricantes y traficantes de armas que cesen totalmente su actividad, una actividad que fomenta la violencia y la guerra, y muchas veces en el marco de juegos geopolíticos que cuestan millones de vidas y de desplazamientos.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los gigantes de la tecnología que dejen de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas, para obtener ganancias, sin considerar cómo aumentan los discursos de odio, el grooming, las fake news, las teorías conspirativas, la manipulación política.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los gigantes de las telecomunicaciones que liberen el acceso a los contenidos educativos y el intercambio con los maestros por internet para que los niños pobres también puedan educarse en contextos de cuarentena.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los medios de comunicación que terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y esa fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio, que busquen contribuir a la fraternidad humana y a la empatía con los más vulnerados.

Quiero pedirles en nombre de Dios a los países poderosos que cesen las agresiones, bloqueos, sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. No al neocolonialismo. Los conflictos deben resolverse en instancias multilaterales como las Naciones Unidas. Ya hemos visto cómo terminan las intervenciones, invasiones y ocupaciones unilaterales; aunque se hagan bajo los más nobles motivos o ropajes.

Apelación a los líderes políticos y religiosos 

A los gobiernos y políticos de todos los partidos, Francisco les pide que eviten «escuchar solamente a las elites económicas» y se conviertan en «servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena», mientras que a los líderes religiosos les pide que nunca utilicen el nombre de Dios para fomentar guerras o golpes de Estado. En cambio, hay que construir puentes de amor.

Los samaritanos y el poder transformador de los pueblos

Los discursos populistas de intolerancia, xenofobia y aporofobia, continúa el Papa, son narrativas que conducen a la indiferencia y al individualismo, dividiendo a las personas para impedirles soñar juntas con un mundo mejor. En este desafío los movimientos populares actúan como «samaritanos colectivos». El buen samaritano, recuerda el Papa, lejos de ser ese «personaje medio tonto» representado por «cierta industria cultural» que quiere «neutralizar la fuerza transformadora de los pueblos y en especial de la juventud», es en realidad la representación más clara de una opción comprometida con el Evangelio.

¿Saben lo que me viene a la mente a mí ahora, junto a los movimientos populares, cuando pienso en el Buen Samaritano? ¿Saben lo que me viene a la mente? Las protestas por la muerte de George Floyd. Está claro que este tipo de reacciones contra la injusticia social, racial o machista pueden ser manipuladas o instrumentadas para maquinaciones políticas y cosas por el estilo; pero lo esencial es que ahí, en esa manifestación contra esa muerte, estaba el “samaritano colectivo” —¡que no era ningún bobeta! —. Ese movimiento no pasó de largo cuando vio la herida de la dignidad humana golpeada por semejante abuso de poder.

La Doctrina Social de la Iglesia molesta a muchos

El Papa Francisco propone algunos principios tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia, como la opción preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, el bien común.

A veces me sorprende que cada vez que hablo de estos principios algunos se admiran y entonces el Papa viene catalogado con una serie de epítetos que se utilizan para reducir cualquier reflexión a la mera adjetivación degradatoria. No me enoja, me entristece. Es parte de la trama de la post-verdad que busca anular cualquier búsqueda humanista alternativa a la globalización capitalista, es parte de la cultura del descarte y es parte del paradigma tecnocrático.

Francisco dice que se entristece cuando «algunos hermanos de la Iglesia se incomodan si recordamos estas orientaciones que pertenecen a toda la tradición de la Iglesia”, e invita a leer el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia querido por San Juan Pablo II:

El Papa no puede dejar de recordar esta doctrina, aunque muchas veces le moleste a la gente, porque lo que está en juego no es el Papa sino el Evangelio.

Compromiso con el bien común y la libertad 

Francisco señala en particular dos principios: la solidaridad, entendida como «una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común», y la subsidiariedad, que se opone a » cualquier esquema autoritario, cualquier colectivismo forzado o cualquier esquema estado céntrico». De hecho, subraya, el bien común «para aplastar la iniciativa privada, la identidad local o los proyectos comunitarios».

Salario mínimo y reducción de la jornada laboral

Es «tiempo de actuar» y el Papa propone algunas medidas concretas: un ingreso básico (o salario universal) y la reducción de la jornada de trabajo. De este modo, cada persona podría permitirse el acceso «a los más elementales bienes de la via».

Es justo luchar por una distribución humana de estos recursos. Y es tarea de los Gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida con la equidad sin que esto suponga un peso insoportable, principalmente para la clase media —generalmente, cuando hay estos conflictos, es la que más sufre—.

Para el Papa, las ventajas de la reducción de la jornada laboral se encuentran en la historia:

En el siglo XIX los obreros trabajaban doce, catorce, dieciséis horas por día. Cuando conquistaron la jornada de ocho horas no colapsó nada como algunos sectores preveían. Entonces, insisto, trabajar menos para que más gente tenga acceso al mercado laboral es un aspecto que necesitamos explorar con cierta urgencia. No puede haber tantas personas agobiadas por el exceso de trabajo y tantas otras agobiadas por la falta de trabajo.

Escuchar la voz de las periferias

Por último, Francisco recuerda la importancia de escuchar a las periferias, el lugar desde donde «el mundo se ve más claro».

Hay que escuchar a las periferias, abrirle las puertas y permitirles participar. El sufrimiento del mundo se entiende mejor junto a los que sufren. En mi experiencia, cuando las personas, hombres y mujeres que han sufrido en carne propia la injusticia, la desigualdad, el abuso de poder, las privaciones, la xenofobia, en mi experiencia veo que comprenden mucho mejor lo que viven los demás y son capaces de ayudarlos a abrir, realísticamente, caminos de esperanza.

 

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Congreso sobre la dignidad humana y concierto de Jesús Cabello, en “Iglesia Noticia”

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Congreso sobre la dignidad humana y concierto de Jesús Cabello, en “Iglesia Noticia”

Programa emitido en COPE Granada y Motril el domingo 17 de octubre de 2021.

Este domingo 17 de octubre el programa “Iglesia Noticia” emitido en la cadena COPE informa sobre el próximo congreso sobre la vida y la dignidad humana convocado por los Agustinos Recoletos en Granada.

Les facilitamos información sobre el concierto del cantautor Jesús Cabello del próximo 23 de octubre, destinado a recaudar fondos para financiar la Casa de la Familia de la diócesis de Granada. También hablamos con algunos de los participantes de la última peregrinación a Medjugorje organizada por la agencia de viajes San Cecilio.

Escuchar programa

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Mons. Orozco asistió a la beatificación de 127 mártires en Córdoba

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Mons. Orozco asistió a la beatificación de 127 mártires en Córdoba

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha participado en la ceremonia de beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, que se ha celebrado en la Catedral de Córdoba, el 16 de octubre. Ha sido una celebración muy solemne, a la que han asistido más de tres mil personas, junto a casi doscientos sacerdotes y una veintena de arzobispos y que ha sido presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y delegado pontificio para la Beatificación de estos mártires del siglo XX, y ha participado además el Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Bernardito Auza.

Se trata de una beatificación a la que se ha llegado tras un proceso largo de canonización instruido durante muchos años, algunos de ellos cuando el obispo accitano era vicario general de aquella diócesis.

Beatificación

Tras la lectura del Decreto Pontificio para la Beatificación de los mártires, sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos por parte del Cardenal, Marcello Semeraro, un gran aplauso de los asistentes irrumpió en la catedral al descubrirse el tapiz, al tiempo que el coro interpretaba el Aleluya de Händel, el canto de alabanza. En ese momento, ha procesionado la urna con las reliquias de los nuevos Beatos. El obispo de Córdoba ha dirigido palabras de agradecimiento al Delegado Pontificio para esta Beatificación.

En su alocución, monseñor Demetrio Fernández ha expresado que la Iglesia de Córdoba “da gracias al sucesor de Pedro, su Santidad el Papa Francisco, por la Beatificación de los siervos de Dios Juan Elías Medina y 126 compañeros”. A continuación, el prelado ha recibido la Carta Apostólica y se ha entonado el Gloria.

Eran las doce de la mañana cuando el repique de campanas de la catedral de Córdoba y de toda la Diócesis anunciaba uno de los acontecimientos eclesiales que hacen historia en la Iglesia de Córdoba, la Beatificación de Juan Elías Media y 126 compañeros mártires: sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la Diócesis.

Homilía del Cardenal

El Cardenal Marcello Semeraro ha comenzado su homilía recordando el amor de Dios, “el amor misericordioso con el cual nos ha elegido”. “En el odio del mundo, hay como celos y envidia de quien ha perdido su presa; de quien ha visto como se la robaban. Este es entonces el doble compromiso que la palabra del Señor quiere suscitar en nuestra voluntad: la toma de distancia del «mundo», que aquí indica todos los que prefieren las tinieblas a la luz, el error a la verdad, el odio al amor; y después, también, la atención a no dejarse seducir por la nostalgia del pecado”, ha expresado el Cardenal para recordar que el escenario abierto con el anuncio del odio del mundo es, además, “exactamente el contrario de la otra palabra confortante y llena de promesas”.

En la homilía, ha destacado también que no todas las dificultades y contrariedades son, pues, “odio del mundo, sino solo la violencia que se abate sobre nosotros porque somos del Señor”.

En este día en el que la Iglesia ha declarado beatos a estos mártires, ha explicado que es una ocasión para contemplar que “es un grupo que nos pone delante una variedad de perfiles humanos, una riqueza y profundidad de espiritualidad, a veces también con profundas raíces en las ciencias teológicas, expresadas en la multiplicidad de las experiencias cotidianas, antes de alcanzar la cima del martirio que sella con su sangre toda la existencia”.

“Estamos delante de una visión de la historia cuya memoria podrá convertirse en un lugar de evangelización dentro de contextos secularizados. Es el testimonio de una Iglesia circumdata varietate. Es como la explosión de la Pentecostés, la realización de la profecía de Joel. El Espíritu Santo irrumpe sobre todos”, ha aclamado.

Agradecimiento del obispo de Córdoba

Antes de finalizar la celebración, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha tomado la palabra para agradecer al Santo Padre en nombre de la ciudad, del presbiterio, de los fieles y en el suyo propio, esta Beatificación. Un gran aplauso ha rubricado en las naves del templo donde, como ha manifestado el prelado, “celebramos con inmenso gozo la Beatificación de los 127 mártires, donde la Iglesia se alegra con los mejores de entre sus hijos que son, por tanto, los que alcanzaron con un amor más grande la gloria del cielo”.

“El amor de Cristo ha revolucionado profundamente la historia, transformando el suplicio de la cruz en cauce de redención. La tortura de los mártires ha producido entre nosotros un amor más grande y hoy constatamos una vez más que la vida cristiana es cauce de humanización, reconciliación y de paz para los pueblos”, ha asegurado.

Monseñor Demetrio Fernández ha agradecido especialmente al Santo Padre que haya inscrito a los mártires cordobeses en el elenco de los Beatos de la Iglesia, así como al Cardenal, la Congregación para las Causas de los Santos y todos los que han hecho posible llegar a la Beatificación.

“La Causa que un día inició el actual arzobispo emérito de Sevilla ha llegado a feliz término, esperemos ahora un milagro y que nos veamos en Roma muy pronto”, ha expresado el Obispo en su deseo de que estos mártires se conviertan en “semilla del Evangelio”.

(Tomado de www.diocesisdecordoba.com )

Delegación diocesana de Mcs. Guadix

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127 mártires beatificados en Córdoba

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La Iglesia cuenta desde el sábado 16 de octubre con 127 mártires más inscritos en el Martirologio romano. La Santa Iglesia Catedral de Córdoba ha acogido en esta mañana un acontecimiento único. A las once de la mañana, más de tres mil personas se concentraron en las naves del templo principal de la Diócesis junto a casi doscientos sacerdotes y una veintena de Arzobispos y Obispos para participar en la ceremonia de Beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires: sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la Diócesis. La celebración ha sido presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y delegado pontificio para la Beatificación de estos mártires del siglo XX, y ha participado además el Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Bernardito Auza.

Tras la lectura del Decreto Pontificio para la Beatificación de los mártires, sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos por parte del Cardenal, Marcello Semeraro, un gran aplauso de los asistentes ha irrumpido en la Santa Iglesia Catedral al descubrirse el tapiz, al tiempo que el coro interpretaba el Aleluya de Händel, el canto de alabanza. En ese momento, ha procesionado la urna con las reliquias de los nuevos Beatos. El obispo de Córdoba ha dirigido palabras de agradecimiento al Delegado Pontificio para esta Beatificación.

¿Quiénes son los 127 nuevos beatos?

En su alocución, monseñor Demetrio Fernández ha expresado que la Iglesia de Córdoba “da gracias al sucesor de Pedro, su Santidad el Papa Francisco, por la Beatificación de los siervos de Dios Juan Elías Medina y 126 compañeros”. A continuación, el prelado ha recibido la Carta Apostólica y se ha entonado el Gloria.

Eran las doce de la mañana cuando el repique de campanas de la Catedral de Córdoba y de toda la Diócesis anunciaba uno de los acontecimientos eclesiales que hacen historia en la Iglesia de Córdoba, la Beatificación de Juan Elías Media y 126 compañeros mártires: sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la Diócesis.

Homilía del Cardenal

El Cardenal Marcello Semeraro ha comenzado su homilía recordando el amor de Dios, “el amor misericordioso con el cual nos ha elegido”.  “En el odio del mundo, hay como celos y envidia de quien ha perdido su presa; de quien ha visto como se la robaban. Este es entonces el doble compromiso que la palabra del Señor quiere suscitar en nuestra voluntad: la toma de distancia del «mundo», que aquí indica todos los que prefieren las tinieblas a la luz, el error a la verdad, el odio al amor; y después, también, la atención a no dejarse seducir por la nostalgia del pecado”, ha expresado el Cardenal para recordar que el escenario abierto con el anuncio del odio del mundo es, además, “exactamente el contrario de la otra palabra confortante y llena de promesas”.

En la homilía, ha destacado también que no todas las dificultades y contrariedades son, pues, “odio del mundo, sino solo la violencia que se abate sobre nosotros porque somos del Señor”.

En este día en el que la Iglesia ha declarado beatos a estos mártires, ha explicado que es una ocasión para contemplar que “es un grupo que nos pone delante una variedad de perfiles humanos, una riqueza y profundidad de espiritualidad, a veces también con profundas raíces en las ciencias teológicas, expresadas en la multiplicidad de las experiencias cotidianas, antes de alcanzar la cima del martirio que sella con su sangre toda la existencia”.

“Estamos delante de una visión de la historia cuya memoria podrá convertirse en un lugar de evangelización dentro de contextos secularizados. Es el testimonio de una Iglesia circumdata varietate. Es como la explosión de la Pentecostés, la realización de la profecía de Joel. El Espíritu Santo irrumpe sobre todos”, ha aclamado.

Agradecimiento del obispo de Córdoba

Antes de finalizar la celebración, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha tomado la palabra para agradecer al Santo Padre en nombre de la ciudad, del presbiterio, de los fieles y en el suyo propio, esta Beatificación. Un gran aplauso ha rubricado en las naves del templo donde, como ha manifestado el prelado, “celebramos con inmenso gozo la Beatificación de los 127 mártires, donde la Iglesia se alegra con los mejores de entre sus hijos que son, por tanto, los que alcanzaron con un amor más grande la gloria del cielo”.

“El amor de Cristo ha revolucionado profundamente la historia, transformando el suplicio de la cruz en cauce de redención. La tortura de los mártires ha producido entre nosotros un amor más grande y hoy constatamos una vez más que la vida cristiana es cauce de humanización, reconciliación y de paz para los pueblos”, ha asegurado.

Monseñor Demetrio Fernández ha agradecido especialmente al Santo Padre que haya inscrito a los mártires cordobeses en el elenco de los Beatos de la Iglesia, así como al Cardenal, la Congregación para las Causas de los Santos y todos los que han hecho posible llegar a la Beatificación.

“La Causa que un día inició el actual arzobispo emérito de Sevilla ha llegado a feliz término, esperemos ahora un milagro y que nos veamos en Roma muy pronto”, ha expresado el Obispo en su deseo de que estos mártires se conviertan en “semilla del Evangelio”.

¿Quiénes son los 127 nuevos beatos?

 

«Sentimos alegría por cantar, como coro diocesano, en la misa de apertura del Sínodo»

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Lourdes Benítez es miembro del coro diocesano, que ha sido el responsable de guiar los cantos en la Misa de Apertura de la Fase Sinodal Diocesana, presidida por el Sr. Obispo en la Catedral de Málaga.

¿Cómo fueron sus inicios en el coro diocesano?

Nos convocaron con motivo de la beatificación del Padre Arnaiz y de ahí surgió la creación de un coro diocesano. Se hicieron una serie de pruebas y comenzamos a dar los primeros pasos. Soy una de sus coralistas. Llegamos a ser cerca de 50 personas pero la pandemia todo lo paró y ahora, que lo estamos retomando, somos ya unos 30. El curso pasado fueron 12 las intervenciones que hicimos en diversos actos diocesanos.

Entre ellos, en una de las citas de la Visita Pastoral del Sr. Obispo al arciprestazgo de Axarquía Interior, ¿no es así?

Así es, fuimos a la Visita a Comares, lo que fue toda una sorpresa para el Sr. Obispo. Estamos siempre dispuestos para todos los actos diocesanos y para hacernos presentes en las parroquias.

¿Qué significa para usted participar en la Misa de Apertura de la Fase Sinodal Diocesana?

Una satisfacción. En primer lugar, porque el coro sigue adelante y, en segundo lugar, porque es un acontecimiento de la Iglesia Universal, por lo que formar parte activa de esta celebración en nuestra diócesis es muy importante para todos los creyentes.

La preparación de los cantos para esta Misa supongo que habrá sido también un momento de alegría para vosotros.

Así es, aunque no hemos tenido mucho tiempo, porque nos reincorporamos en septiembre. Contamos con la gran alegría de que se han reincorporado más compañeros en el coro y ha sido una satisfacción prepararlo y formar parte de esta apertura, un acto tan importante para toda la Iglesia. Además, siempre es maravilloso cantar en nuestra Catedral, con el Sr. Obispo, que es uno de los fines de este coro. Así que yo lo resumiría en satisfacción y alegría.

También tiene su historia de cantos con las Hermanitas de los Pobres.

Efectivamente. Tenía un par de familiares en las Hermanitas de los Pobres y, lo que comenzaron siendo visitas, se convirtieron en participaciones en las misas dominicales, para las que me ofrecía como salmista y para acompañarlas con los cantos. Tengo un cariño especial por todas ellas. Realizan una labor especial con los ancianos y aprendemos mucho de sus obras. 

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Apertura del proceso del Sínodo de los Obispos (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la apertura del proceso del Sínodo de los Obispos, celebrada en la Catedral de Málaga el 17 de octubre de 2021.

APERTURA DEL PROCESO DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS

(Catedral-Málaga, 17 octubre 2021)

Lecturas: Is 53, 2-3.10-11; Sal 32, 4-5.18-20.22; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45. (Domingo Ordinario XXIX – B)

1.- En el evangelio de hoy vemos que los apóstoles Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, le piden a Jesús: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mc 10, 37).

Jesús les pregunta: «¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» (Mc 10, 38). Y ellos le dijeron: «Sí, podemos» (Mc 10, 39).

El seguimiento de Jesús implica ser capaces de dar la vida por él, como él mismo dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado» (Mc 10, 39). No resulta fácil ser cristiano, porque hay que ir contra corriente, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 159; Amoris laetitia, 118). Las ideologías del mundo van contra los valores evangélicos.

El Siervo de Yaveh, Jesús Nazareno, tuvo que soportar los tormentos y la cruz por proclamar la verdad. Y en nuestra sociedad hay mucha falta de verdad, considerando las simples opiniones como verdades. A vosotros, queridos fieles, el Señor os pide coherencia entre la fe y la vida, testimonio valeroso en nuestra sociedad increyente, profesión de la fe en los propios ambientes, transmisión de la luz de Cristo que apague las tinieblas del error y de la ceguera que vive nuestra sociedad.

No importa dónde nos toque sentarnos después en la otra vida, como respondió Jesús a los zebedeos: «Pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado» (Mc 10, 40). Lo importante es acoger la salvación que Jesús, el Salvador, nos ha traído y ser servidores de los demás (cf. Mc 10, 44), como él lo ha sido.

2.- Hoy iniciamos en todas las diócesis del mundo el “proceso sinodal” de la Asamblea de los Obispos, que tendrá lugar en octubre de 2023. El domingo pasado lo inició el papa Francisco en Roma. La Iglesia de Dios es convocada en Sínodo con el título: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión».

El Papa invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre la sinodalidad como el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio (cf. Discurso para la Conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 2 (17.10.2015).

La sinodalidad es la forma, el estilo y la estructura de la Iglesia. “Caminar juntos” realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero. El Señor Jesús se presenta a sí mismo como «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6); y los cristianos, sus seguidores, fueron llamados en sus orígenes “los discípulos del camino” (cf. Hch 9, 2; 22, 4).

3.- El Espíritu es quien guía a los creyentes «hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Hemos de discernir los pasos que el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal; hemos de “escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (Gaudium et spes, 4).

Para ello es necesario ponerse a la escucha del Espíritu Santo, que, como el viento, «sopla donde quiere: oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va» (Jn 3,8); hemos de permanecer abiertos a las sorpresas cariñosas que nos deparará a lo largo del camino.

A pesar de nuestras infidelidades, el Espíritu Santo continúa actuando en la historia y mostrando su potencia vivificante y santificante. Estamos llamados a renovarnos bajo la acción del Espíritu y la escucha de la Palabra.

4.- También hemos de poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos puedan participar, en las parroquias, grupos, movimientos, asociaciones, cofradías.

“Caminar juntos” es un signo profético y de ayuda para la familia humana que necesita un proyecto común compartido en busca del bien de todos. El mundo necesita una Iglesia capaz de comunión, de fraternidad, de participación y de subsidiariedad, ayudando a los más necesitados y prestándoles la voz.

“Caminar juntos” implica audacia, libertad de mente y un proceso de conversión para poder reformar la Iglesia misma como institución humana (cf. Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio, 6; Papa Francisco, Evangelii gaudium, 26).

“Caminar juntos” supone aceptar la riqueza de la variedad de dones, carismas y ministerios en la Iglesia para la misión evangelizadora.

En este proceso sinodal la consulta a la que estamos llamados debe responder a la pregunta fundamental: “¿Cómo se realiza hoy este ‘caminar juntos’ en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro ‘caminar juntos’?” (Documento preparatorio, 26).

Como se puede apreciar existen dos términos básicos en este proceso: la sinodalidad, caminando juntos; y el discernimiento, mediante la escucha del Espíritu para saber lo que debemos realizar en cada momento, transformar la sociedad y vivir mejor el misterio de la fe, siendo mejores testigos de Jesucristo.

Pedimos la luz del Espíritu Santo y sus dones para saber discernir lo que hoy necesita la Iglesia para seguir cumpliendo su misión en el mundo.

5.- En esta celebración damos gracias a Dios por el centenario de fundación de la “Legión de María” en Dublín (Irlanda).

Frank Duff y un pequeño grupo de personas se reunieron ante un altar con la imagen de la Virgen María; rezaron la oración al Espíritu Santo y el Rosario; y decidieron visitar a enfermos en un hospital y volver a reunirse cada semana. El nacimiento de la Legión de María acontece rezando y haciendo discernimiento en la escucha del Espíritu Santo; así nacen las obras buenas en la Iglesia.

San Juan Pablo II dijo que la Legión de María “es un movimiento de seglares, que se proponen hacer de la fe la aspiración de la propia vida”.

En los años cincuenta del pasado siglo la asociación se implantó en Barcelona; y desde allí vino a Málaga en 1960, creándose grupos en las parroquias de nuestra Diócesis. Su campo de acción ha sido muy amplio: evangelización, juventud, pastoral de la salud y penitenciaria; acompañamiento y atención a enfermos y ancianos en domicilios, hospitales y residencias; visitas a hogares de la parroquia; y participación en las actividades parroquiales, bajo la dirección espiritual de sus párrocos.

¡Felicitamos a los miembros de la Legión de María y damos gracias a Dios por esta forma de vivir la misión cristiana, junto a María, la gran intercesora y madre de la Iglesia!

Pedimos la intercesión de la Virgen María para llevar a cabo un fecundo proceso sinodal, caminando juntos, y para que cuide a los miembros de la “Legión de María”, hijos queridos que la aman, la veneran y honran su maternidad. Amén.

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Agrupación de las Hermandades de Gloria (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía de la Agrupación de las Hermandades de Gloria celebrada en la Catedral de Málaga el 17 de octubre de 2021.

AGRUPACIÓN DE LAS HERMANDADES DE GLORIA

(Catedral-Málaga, 17 octubre 2021)

Lecturas: Is 53, 2-3.10-11; Sal 32, 4-5.18-20.22; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45. (Domingo Ordinario XXIX – B)

1.- Como trasfondo y figura clave de las lecturas de este domingo está el cántico del Siervo de Yahveh del profeta Isaías (cf. Is 53, 2-11).

Este personaje, descrito por el profeta seiscientos años antes de su nacimiento, se refiere a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que se encarnó de la Virgen María.

Los pecados de toda la humanidad y los nuestros, por tanto, han desfigurado el rostro más bello que ha existido. El Siervo de Yaveh ha soportado el peso de nuestras culpas; ha asumido nuestras flaquezas; ha redimido nuestros pecados.

Por eso el profeta lo presenta como: «Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro» (Is 53, 3).

Pero este Jesús Nazareno es el Salvador del mundo y con la entrega de su vida en la cruz redime a la humanidad: «Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará» (Is 53, 11).

2.- En el evangelio de hoy vemos que los apóstoles Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, le piden a Jesús: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mc 10, 37).

Jesús les pregunta: «¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» (Mc 10, 38). Y ellos le dijeron: «Sí, podemos» (Mc 10, 39).

El seguimiento de Jesús implica ser capaces de dar la vida por él: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado» (Mc 10, 39). No resulta fácil ser cristiano, porque hay que ir contra corriente, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 159; Amoris laetitia, 118). Las ideologías del mundo van contra los valores evangélicos.

El Siervo de Yaveh, Jesús Nazareno, tuvo que soportar los tormentos y la cruz por proclamar la verdad. ¡Cuánta necesidad tiene nuestra sociedad de proclamar la verdad! Hemos de saber discernir y ser muy críticos desde la luz del Evangelio, para descubrir la verdad.

A nosotros, queridos fieles, el Señor nos pide coherencia entre la fe y la vida, testimonio valeroso en nuestra sociedad increyente, profesión de la fe en los propios ambientes, transmisión de la luz de Cristo que apague las tinieblas del error y de la ceguera que vive nuestra sociedad.

No importa dónde nos toque sentarnos, después, en la otra vida, como respondió Jesús a los zebedeos: «Pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado» (Mc 10, 40). Lo importante es acoger la salvación que el Nazareno nos ha traído.

3.- Cuando los otros discípulos escucharon la pretensión de los dos hermanos Santiago y Juan se indignaron contra ellos (cf. Mc 10, 41). Jesús salió al paso de la discusión amonestándoles de no querer dominar y ser señores, sino de servir: «No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor» (Mc 10, 43).

¡Cuántas envidias hay en nuestros ambientes, en nuestras cofradías, en las familias, en las asociaciones, en los movimientos! Hemos de asimilar que debemos ser servidores, si queremos estar en el primer lugar.

En el reino de los cielos el más grande es el servidor de todos; así lo hizo Jesús: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45).

Él debe ser nuestro maestro en el servicio; por eso: «el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos» (Mc 10, 44). Esta actitud no suele vivirse en nuestra sociedad; por tanto, hacerlo así es ir contra corriente.

4.- La Agrupación de Cofradías de Gloria, en el vigésimo aniversario de creación, venís hoy a celebrar vuestra fiesta, acompañados de la imagen de la Virgen de Araceli, cuya Cofradía celebra el Centenario de su fundación.

La cofradía filial de Málaga de María Santísima de Araceli, Patrona de Lucena y del Campo Andaluz, inició su andadura en 1920, cuando un grupo de lucentinos y devotos residentes en Málaga trajeron una imagen, procedente del Convento de Santa Clara de Lucena y crearon la hermandad, cuyos Estatutos fueron aprobados en 1923.

La advocación original romana, de donde proviene esta devoción, se titula “Altar del cielo”, cuya imagen trajo a Lucena (España) D. Luis Fernández de Córdova en 1562.

Pedimos a la Virgen de Araceli que nos haga “altares”, en los que ofrezcamos lo mejor de nuestra vida para mayor gloria de Dios y bien de los hermanos. ¡Que seamos “aras” o “altares” de cielo, que den gloria a Dios con la Virgen María! A todos los miembros de la Hermandad de Araceli os animo a vivir esta advocación mariana, ofreciéndose a Dios en sacrificio y en el servicio a los demás. Esta invitación va dirigida a todos los fieles.

5.- La carta a los Hebreos nos exhorta a mantener firme la fe que hemos recibido: «Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos» (Hb 4, 14).

Como cofrades y fieles cristianos se nos pide dar testimonio valiente de la fe, del amor y de la esperanza cristiana. Tenemos una misión muy importante en la sociedad, que consiste en hacerla mejor de lo que está, en poner luz en medio de tanta ceguera de mente, en poner esperanza entre tanto sufrimiento y desesperanza, en poner alegría en medio de tantas tristezas que embargan el corazón humano, en levantar la mirada hacia la eternidad cuando todos miran desde su miopía las cosas terrenas, en dar valor a lo espiritual ante el exagerado aprecio a los bienes materiales.

Tenemos a Jesucristo, el Sumo Sacerdote, que puede compadecerse de nuestras flaquezas, porque ha sido probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado (cf. Hb 4, 15).

6.- Este domingo iniciamos el “proceso sinodal” en todas las diócesis del mundo católico. En este tiempo pediremos por los buenos frutos de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en octubre de 2023 y que abordará el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión».

Pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Araceli, que hoy se procesiona, para que acompañe a todos los fieles en el camino de la vida hasta la eternidad. Amén.

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Edición especial “Beatificación de 127 mártires” en la Catedral de Córdoba

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La revista en su edición digital recoge los actos desarrollados con motivo de la Beatificación de los mártires del siglo XX en la diócesis de Córdoba

“Iglesia en Córdoba” recoge en una edición especial la Beatificación de Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires: sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles laicos de la Diócesis. Una celebración de júbilo y satisfacción que inundó las naves del templo principal de la Diócesis, donde se concentraron más de tres mil personas.

El postulador de la fase diocesana de la Causa de Santidad, Miguel Varona; la directora del Secretariado para los Cristianos Perseguidos, Trinidad Lechuga; y la directora del Museo Diocesano, Mª José Muñoz, ofrecen un artículo para profundizar en el martirio y el proceso de Beatificación, entre otras noticias que han marcado la actualidad de la semana como la conferencia del obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, y la mesa redonda sobre la persecución religiosa en España, celebrada en el Palacio Episcopal.

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