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Todos los fieles difuntos

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Todos los fieles difuntos

Todos los fieles difuntosHoy son multitudes las que van y vienen a los cementerios que están durante todo el día llenos. En los alrededores hay puestos de flores con cantidad de ofrecimientos para adornar siquiera sea por fuera las tumbas y nichos de los seres queridos. Hasta la Iglesia premia determinadas actitudes de los fieles con indulgencias aplicables a los muertos.

Se lee en cada tumba RIP —DEPA en versión moderna hispana— bien como oración que indica deseo vehemente, bien como afirmación. Al cristiano ese fonema -iniciales de Requiescat in pace en latín o de Descanse en paz en castellano- le suena a oración con tintes de esperanza al recordar lo bueno realizado en vida por el muerto y teniendo muy presente lo mucho que abarca la misericordia de Dios; desde la increencia sólo suena a voz hueca expresiva de la quietud del muerto, del profundo silencio del cementerio considerado como su última morada y juzgando la separación pretérita como una «pérdida irreparable».

Sin querer, se mezcló la mentalidad pagana: terror y ambiente macabro. Corrupción, abandono y soledad. Vino el espíritu tenebroso del Renacimiento que resumía su pensamiento al respecto con calaveras, tibias cruzadas y columnas rotas como iconografía ridícula, válida para animales cuyo ser muere en su totalidad, y no para el cristiano, que vive esperando su resurrección y hace de su propia muerte el acto humano capital de entrega al Creador, sin dudosa improvisación, adiestrado por las continuas entregas diarias.

Contemplar el hecho de la muerte a lo pagano se hace irresistible para una sociedad hedonista que bien querría eliminar de raíz su recuerdo. Se contempla a diario que va en auge y tomando cuerpo el «piadoso» ocultamiento casi sistemático del cadáver como si el muerto hubiera hecho algo muy malo o vergonzoso al morirse; como si el muerto fuera algo que es preciso disimular en el tanatorio -sin mortaja a la vista- y con velatorio breve y de compromiso.

También se aprecia que la frecuente dificultad de pagar costos elevados por la muerte del familiar tiene gran parte de la culpa de que se haya borrado tan pronto la memoria de muchos muertos, o se borrará en breve, y consecuentemente desaparecen también los posibles sufragios; el tarro de las cenizas que entregaron al poco de la incineración se conservó en el sitio de honor de la casa el tiempo que duraron las lágrimas, luego llegó a estorbar porque los vecinos decían que era algo macabro, fue pasando a lugares menos dignos hasta que las cenizas se espolvorearon en el campo con hipócrita manifestación romántica y sentimentaloide, o sencillamente acabaron en el contenedor de la basura una buena noche.

Una ineludible interrogación está en la cabeza de los que creemos y también ronda en el pensamiento de los que aún conservan un recuerdo, aunque sea débil y lejano, de la existencia del más allá ¿Están ya en la Patria los muertos motivo del recuerdo o han de purificarse todavía

La celebración de «los que nos han precedido con el signo de la fe» comenzó con san Odilón de Cluny y se extendió por toda la Iglesia. No deja lugar a duda: Son los cristianos muertos los que motivan hoy nuestro rezo. Con los testimonios bíblicos veterotestamentarios, la fe y práctica de la Iglesia Católica confiesa como verdad perteneciente a la fe la existencia del Purgatorio, ese misterioso ámbito, más allá de esta vida, donde se realiza la purificación previa a la gozosa y definitiva proyección hacia la beatitud.

La muerte, ¿esqueleto con guadaña Los fieles difuntos no se evocan entre las brumas otoñales como un signo de muerte, sino de gozo por la segura, aunque retardada, conquista de la eternidad con Dios. La muerte no abre las puertas de la nada, sino de la plenitud de la vida, no hay otra visión posible desde la fe.

El libro del Éxodo narra la salida del Pueblo de la esclavitud con el apoteósico paso del mar Rojo donde termina el enemigo; luego vinieron la Alianza, el maná y camino largo sembrado de dificultades por el inhóspito desierto donde se hace resplandecer el cariño de Dios, la esperanza de la tierra prometida y su posesión. Encierra con su tipología un formidable paso de lo transitorio a lo estable que podría servir para explicar lo que pasa el día en que se conmemora a los fieles difuntos e incluso para revitalizar el espíritu cristiano ante la muerte, porque así es el comienzo y fin de la vida del cristiano.

Muchas cosas convendría revisar porque no pocas veces viene precedida la muerte de la falsa y burguesa idea de no facilitar la presencia del sacerdote con pretextos erróneos de respeto a la intimidad del moribundo y de sus deudos. La debilidad de la fe y el falso sentimiento de piedad hacia el agonizante impiden, en casos cada vez más frecuentes, recibir el perdón de los pecados con el sacramento de la Confesión y las mejores disposiciones ante la ruptura próxima con el sagrado signo de la Unción.

El bautizado vibra con agrado y consuelo por la comunión del Cuerpo de Cristo tomada como Viático, porque sabe que recibe al Buen Pastor -frecuente motivo evangélico en las catacumbas, pensado por los primeros cristianos-. Se siente amparado por los santos y sus méritos en su definitivo paso a la eternidad, apoyado por la Virgen María y rodeado de quienes, queriéndole, le despiden con los honores del que terminó su pelea. Sí, el Rosario y las Letanías son como las salvas de honor. ¡Cómo no besar la imagen del crucifijo redentor en la hora postrera, cuando se unen y compenetran la iglesia de la tierra, la del purgatorio y la del cielo!

Pedimos hoy que se abrevie la dolorosa impaciencia de poseer el Bien seguro y cierto, que la ansiada Luz ilumine ya sus tinieblas esperanzadas y que sean nuestros valedores cuando caminamos.

(Fuente: archimadrid.es)

http://www.santopedia.com/santos/todos-los-fieles-difuntos

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Hoy viernes los jóvenes tienen una cita Adoremus

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La Delegación de Infancia y Juventud invita a los jóvenes a participar en el próximo Adoremus, que tendrá lugar el viernes 5 de noviembre, a las 20.00 horas, en la parroquia de Santa María de la Amargura.

Este mes se encargan de organizarlo los jóvenes del Movimiento de Acción Cristiana (MAC). 

Qué es Adoremus

«Adoremus» es una iniciativa diocesana de oración comunitaria para jóvenes. La Delegación de Juventud ofrece un espacio de oración y encuentro con el Señor para todos los jóvenes de parroquias, asociaciones, movimientos, colegios religiosos, cofradías y demás realidades diocesanas.

Consiste en ofrecer a los jóvenes una hora de adoración ante el Santísimo, para experimentar su presencia real y viva entre nosotros. Una oración acompañada con cantos, salmos, proclamación de la Palabra, un espacio para el silencio y algún gesto que abra a la comunicación. Es sobre todo una invitación a rezar: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

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Hoy, los jóvenes tienen una cita Adoremus

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La Delegación de Infancia y Juventud invita a los jóvenes a participar en el próximo Adoremus, que tendrá lugar el viernes 5 de noviembre, a las 20.00 horas, en la parroquia de Santa María de la Amargura.

Este mes se encargan de organizarlo los jóvenes del Movimiento de Acción Cristiana (MAC). 

Qué es Adoremus

«Adoremus» es una iniciativa diocesana de oración comunitaria para jóvenes. La Delegación de Juventud ofrece un espacio de oración y encuentro con el Señor para todos los jóvenes de parroquias, asociaciones, movimientos, colegios religiosos, cofradías y demás realidades diocesanas.

Consiste en ofrecer a los jóvenes una hora de adoración ante el Santísimo, para experimentar su presencia real y viva entre nosotros. Una oración acompañada con cantos, salmos, proclamación de la Palabra, un espacio para el silencio y algún gesto que abra a la comunicación. Es sobre todo una invitación a rezar: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

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La parroquia de San Francisco Javier acogió al Sr. Obispo en Visita Pastoral

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La parroquia de San Francisco Javier acogió la Visita Pastoral del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, en la fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo, el jueves 28 de octubre, dentro de la Visita Pastoral que viene realizando al arciprestazgo de Los Ángeles, del 10 de octubre al 13 de diciembre. 

Dicho arciprestazgo se sitúa en la zona norte de la ciudad de Málaga, desde la orilla del río hasta la zona de los hospitales, y está formado por once parroquias.

Durante la tarde, el Sr. Obispo visitó varios enfermos de la parroquia y compartió un tiempo de diálogo con la asamblea parroquial, en la que recordó «la importancia de la formación, la celebración de los misterios de Cristo y el crecimiento en el espíritu comunitario para anunciar el Evangelio al hombre contemporáneo.», en palabras del párroco, Manuel Ángel Santiago, vicario para el Laicado. 

«La Eucaristía fue un momento de encuentro en torno a Cristo la piedra angular donde hemos de seguir formando la Iglesia, como piedras vivas; y en ella nos animaba don Jesús a vivir intensamente la Visita Pastoral como un momento de gracia que el Señor nos ofrece por medio de su Iglesia, para renovar nuestras comunidades y seguirlas animando a vivir el Evangelio en medio del mundo, siendo testigos de Cristo desde nuestra propia debilidad pero con la fortaleza del Espíritu Santo. Apóstoles de Jesús viviendo sumergidos en Cristo y amando intensamente a nuestro prójimo», añade Manuel Ángel. 

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Una exposición y un ciclo de conferencias recorren los 250 años de la Congregación de la Divina Pastora en Málaga

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El Archivo Municipal de Málaga acoge del 3 al 28 de noviembre la exposición titulada «La Divina Pastora de Málaga. 250 años de perseverancia en Capuchinos». En ella pueden verse recogidos los casi tres siglos de esta imagen en Málaga. Además, se ha programado un ciclo de conferencias.

La exposición, inaugurada con la presencia del Sr. Obispo, Don Jesús Catalá, está ubicada en la sala Mingorance del Archivo Municipal y puede visitarse de lunes a viernes, de 10.00 a 13.00 h. y de 17.00 a 20.00 h.; y sábados y domingo, en horario de mañana.

El comisario de esta exposición, Jesús Hinojosa, «celebramos esta exposición gracias al Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga. Una muestra que recorre los casi 300 años de historia de la devoción a la Divina Pastora en Málaga, en el barrio de Capuchinos, y que incluye piezas artísticas de un gran valor, elementos históricos que demuestran esta antigua devoción de la ciudad, esta expresión de la religiosidad popular de los malagueños que aún todavía perdura y que se quiere acrecentar con este tipo de actos de difusión de la devoción a María, que llevan aparejadas unas conferencias de expertos teólogos e historiadores abordarán diversas facetas de la presencia de la Divina Pastora en Málaga». 

El Obispo ha destacado estas actividades como «memoria histórica agradecida» de una devoción mariana que «se ha mantenido a pesar de todos los avatares por los que ha atravesado». «Sin historia no tenemos futuro, os pido que seáis fieles a la devoción y que se transmita a los más jóvenes», ha añadido, haciendo alusión también a la coronación canónica de la imagen, afirmando que llegará cuando toque tras el camino de preparación que se ha iniciado ya.

La historia de esta devoción en Málaga tiene su origen hace cuatro siglos, en 1620, cuando los frailes capuchinos establecieron su convento en la antigua ermita de Santa Brígida, a extramuros de la ciudad, dando nombre a la zona conocida actualmente como el barrio de Capuchinos. En 1771, el beato Fray Diego José de Cádiz fundó allí la Congregación de la Divina Pastora de las Almas para dar culto a una imagen, atribuida con fundamento al escultor del Barroco sevillano José Montes de Oca, que ha llegado hasta nuestros días. Este 2021 se cumple el 250º aniversario de esa fundación, que ha logrado mantener viva y hacer crecer la devoción a la Divina Pastora, seña de identidad del barrio de Capuchinos del que es Patrona.

Asimismo, en una de las salas puede visionarse un documental sobre la devoción a la Divina Pastora en la ciudad realizado por la productora Cocom Media, con el patrocinio de la Consejería de Cultura.

Estos casi tres siglos de historia son narrados ahora, dentro del camino de preparación hacia la coronación canónica de la Divina Pastora de las Almas cuyo expediente fue abierto con autorización del Obispado, en esta exposición y en el ciclo de conferencias organizado con el siguiente calendario:

5 de noviembre (20.00 horas) · La Divina Pastora, origen y significado de una devoción universal, por Álvaro Román Villalón, párroco de Santa María Magdalena de Arahal (Sevilla) y profesor de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla. Vestíbulo del Archivo Municipal, Alameda Principal, 23. Inscribirse.

12 de noviembre (20.00 horas) · El antiguo convento de Capuchinos de Málaga. Trayectoria histórica y patrimonio artístico, por Sergio Ramírez González, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. Vestíbulo del Archivo Municipal, Alameda Principal, 23. Inscribirse (a partir del 5 de noviembre)

19 de noviembre (20.00 horas) · Del cosmos seráfico al microcosmos capuchino. La Divina Pastora y la construcción de una identidad iconográfica propia, por Juan Antonio Sánchez López, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. Vestíbulo del Archivo Municipal, Alameda Principal, 23. Inscribirse (a partir del 12 de noviembre).

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Estatua sepulcral de Luis de Torres II

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Luis de Torres II no fue a la zaga en prestigio a su tío, el arzobispo de Salerno. Al igual que él, gozó de la confianza de varios pontífices como Pío V y Gregorio XIII, desempeñando los cargos de Presidente y Decano de la Cámara Apostólica y Nuncio Apostólico para los reinos de España y Portugal.

Al ser preconizado a la mitra de Monreale, instauró una dinastía eclesiástica en la silla arzobispal de esta prestigiosa archidiócesis siciliana, transferida de tío a sobrino hasta entrado el siglo XVII. Su sobrino y sucesor, Luis de Torres III, fue el primero en convertirse en cardenal al igual que el sobrino de éste, Cosme de Torres. Cuando Luis de Torres II falleció a finales de 1584, Luis de Torres III y su tío el deán Alonso promovieron un segundo monumento funerario para honrar su memoria, ubicado en la capilla familiar frontero al de Luis de Torres I. Su ejecución se sitúa en torno a los talleres romanos del momento; presumiblemente el del escultor y arquitecto Giovanni Antonio Dòsio, quien ya había realizado para los Torres el basamento y urna donde se acopló la estatua de bronce adquirida a Guglielmo della Porta.

La composición del conjunto y la impronta de la estatua de Luis de Torres II suscriben fielmente las pautas del monumento de Luis de Torres I, aunque rehuyendo su policromía y diversidad de materiales por la uniformidad y monotonía del mármol blanco. A través de su propia obra, Guglielmo della Porta había consolidado un modelo de estatua funeraria recostada que caló hondamente en la alta cultura manierista europea, al sintetizar tanto los precedentes escultóricos antiguos como los referentes modernos, especialmente los de Miguel Ángel. Valgan como ejemplo los monumentos fúnebres de los cardenales Federico y Paolo Cesi en la Basílica romana de Santa María la Mayor. Aunque de factura notable, la estatua fúnebre de Luis de Torres II no alcanza la excelencia artística de la pieza de bronce dedicada a su tío.

Las poses pensativas y melancólicas de los arzobispos Torres se relacionan con el concepto del Humanismo cristiano que asimila el fin de la vida mortal al dulce y apacible sueño del justo que espera el desembarco del alma en el puerto tranquilo y seguro de la eternidad. Siguiendo el pensamiento de San Pablo, este sueño es el fin del trayecto para quien ha navegado trabajosamente en el mar tormentoso de la existencia material y aguarda la resurrección con la confianza absoluta en la promesa hecha por Cristo tras su victoria sobre la Muerte.           

Juan A. Sánchez López

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5 NOVIEMBRE. Próxima cita de los jóvenes con Adoremus

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La Delegación de Infancia y Juventud invita a los jóvenes a participar en el próximo Adoremus, que tendrá lugar el viernes 5 de noviembre, a las 20.00 horas, en la parroquia de Santa María de la Amargura.

Este mes se encargan de organizarlo los jóvenes del Movimiento de Acción Cristiana (MAC). 

Qué es Adoremus

«Adoremus» es una iniciativa diocesana de oración comunitaria para jóvenes. La Delegación de Juventud ofrece un espacio de oración y encuentro con el Señor para todos los jóvenes de parroquias, asociaciones, movimientos, colegios religiosos, cofradías y demás realidades diocesanas.

Consiste en ofrecer a los jóvenes una hora de adoración ante el Santísimo, para experimentar su presencia real y viva entre nosotros. Una oración acompañada con cantos, salmos, proclamación de la Palabra, un espacio para el silencio y algún gesto que abra a la comunicación. Es sobre todo una invitación a rezar: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

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San Francisco Javier recibe al Sr. Obispo en Visita Pastoral

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La parroquia de San Francisco Javier acogió la Visita Pastoral del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, en al fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo.

El jueves 28 de octubre, los fieles de la parroquia de San Francisco Javier acogieron al Sr. Obispo, dentro de la Visita Pastoral que viene realizando al arciprestazgo de Los Ángeles, del 10 de octubre al 13 de diciembre. 

Dicho arciprestazgo se sitúa en la zona norte de la ciudad de Málaga, desde la orilla del río hasta la zona de los hospitales, y está formado por once parroquias.

Durante la tarde, el Sr. Obispo visitó varios enfermos de la parroquia y compartió un tiempo de diálogo con la asamblea parroquial, en la que recordó «la importancia de la formación, la celebración de los misterios de Cristo y el crecimiento en el espíritu comunitario para anunciar el Evangelio al hombre contemporáneo.», en palabras del párroco, Manuel Ángel Santiago, vicario para el Laicado. 

«La Eucaristía fue un momento de encuentro en torno a Cristo la piedra angular donde hemos de seguir formando la Iglesia, como piedras vivas; y en ella nos animaba don Jesús a vivir intensamente la Visita Pastoral como un momento de gracia que el Señor nos ofrece por medio de su Iglesia, para renovar nuestras comunidades y seguirlas animando a vivir el Evangelio en medio del mundo, siendo testigos de Cristo desde nuestra propia debilidad pero con la fortaleza del Espíritu Santo. Apóstoles de Jesús viviendo sumergidos en Cristo y amando intensamente a nuestro prójimo», añade Manuel Ángel. 

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«Nos preocupa mucho la situación de las mujeres en calle»

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NoticiaEl Espejo

El día a día en el centro de acogida nocturna Calor y café // I. MARTOS

Publicado: 02/11/2021: 79

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María Rosa Gutiérrez, responsable del Área de Acción Social de Cáritas Diocesana, y Vicente Jiménez, director del centro nocturno Calor y Café, presentaron la campaña del Día de las Personas sin Hogar ante los micrófonos del COPE Málaga.

Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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Amar a Dios y al prójimo

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Lecturas bíblicas: Dt 6,2-6; Sal 17,2-4.47.51 (R/. «Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza»); Hb 7,23-28; Aleluya: Jn 14,23 («Si alguno me ama, observará mi palabra, dice el Señor, y mi Padre lo amará y vendremos a él»); Mc 12,28-34.

Queridos hermanos y hermanas:

En el domingo hacemos memoria de la resurrección de Jesucristo, porque en este día, el primero de la semana, el Señor dejó para siempre el sepulcro como futuro de una humanidad sin redención, para abrirnos el camino hacia la vida con verdadera duración. La resurrección de Jesús manifiesta el poder inmenso del amor misericordioso de Dios por nosotros. Este amor misericordioso alcanza en la predicación de Jesús una intensidad que pide de sus discípulos una respuesta que se asemeje a su amor, como se había revelado progresivamente en la historia de salvación de la antigua Alianza, al comparar el amor de Dios por su pueblo con el amor del padre que es correspondido por el amor del hijo de sus entrañas, y asimismo el amor recíproco de los esposos. El Dios que liberó a Israel de los egipcios y los condujo a la tierra prometida se reveló a Israel como el Dios único, que excluye todos los ídolos, porque en realidad no hay otros dioses fuera del Dios de Israel. Así dice Dios por medio del profeta Isaías: «Yo soy el Señor y no hay otro; fuerza de mí no existe ningún dios. Yo te he ceñido, aunque no me conoces, para que se sepa desde el levante al poniente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro» (Is 45,5-6)

Esta rotunda afirmación de la unicidad de Dios, revelada a los israelitas en la historia de salvación, en las gestas de liberación que dieron lugar al pueblo elegido, era una confesión de fe fundamental sobre la cual se levantaba la constitución religiosa de Israel. Una confesión de fe como respuesta a la experiencia de Israel del amor de Dios por su pueblo. Este es el contexto del mandamiento primero y principal por el que un escriba pregunta a Jesús en el evangelio de hoy. Jesús responde con la confesión de fe de Israel: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» (Mc 12,30).

El amor de cada israelita por el Señor (por “Yahvé tu Dios”) representaba un acto supremo de adoración sólo atribuible al Dios creador de su pueblo, verdadero y único Dios fuera del cual sólo existe el vacío. Esta oración es la preferida de la piedad judía, y es reconocida por el nombre de shemâ, palabra hebrea por la cual comienza la oración: (“Escucha”). Confesar cada mañana y cada tarde que sólo el Señor tu Dios es el único Señor, durante siglos en el Templo y en tiempos de Jesús en la sinagoga, y así hasta hoy, es reclamo y recordatorio permanente para el judío de la propia identidad. La fe judía sólo tiene al Dios de Israel como referente único de la divinidad. El Señor es el que da la victoria al rey, que proclama en el canto real de acción de gracias, el salmo 17 recitado después de la primera lectura, que el Dios de Israel es su roca, su alcázar, su libertador, y el rey ama a Dios y lo alaba como refugio y baluarte donde el rey está a salvo (Sal 17,3-4).

El fragmento del libro del Deuteronomio que hemos leído como primera lectura contiene el versículo que da cuerpo literal a esta oración. En este versículo se recoge el núcleo del memorial de salvación que hace del amor al Señor la esencia misma de la Ley, que Dios impone a Israel como compromiso de amor del pueblo elegido por el único Dios, al que hay que adherirse para seguir existiendo. En la adhesión incondicional al Dios único se encuentra el fundamento de la existencia de cada creyente hebreo, y es la fe que ha de transmitir a los hijos; y el israelita hablará de ella «estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado» (Dt 6,7). Todo israelita ha de llevar consigo en toda circunstancia esta convicción de fe expresada en el shemâ, lo que se traducirá en la costumbre de llevar cajitas a modo de capsulas colgadas del manto y del cuerpo, en la frente y en las muñecas con el texto de la oración (v. 6,8). Son los colgantes de las filacterias (tefilim) de los fariseos en tiempos de Jesús, las mismas que hoy los judíos ortodoxos cuelgan de las cintas de oración. La Ley es permanentemente recordada y, por eso, se han de inscribir sus preceptos incluso en las jambas de la entrada de la casa y en las puertas de la casa (v.6,9).

En la adhesión incondicional al Dios único se encuentra el fundamento de la existencia de cada creyente hebreo, y es la fe que ha de transmitir a los hijos; y el israelita hablará de ella «estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado» (Dt 6,7).

La guarda de los mandamientos de la Ley es correspondencia de amor al Señor, cuyo amor por Israel es la historia de su misericordia y ternura para el que es su propio «hijo», en la profecía de Oseas. Dios amó a Israel de niño y lo llamó de Egipto, le enseñó a andar y lo llevó en sus brazos acercándolo a sus mejillas (cf. Os 11,1-4). Este amor paterno de Dios a Israel es una imagen que a veces cede ante la imagen del amor enamorado del esposo que ama a Israel como esposa infiel (cf. Os 2,16-22); aunque el Señor se enamoró de ella apenas nacida, chapoteando en su sangre con el riesgo de no sobrevivir, cuya historia desde la infancia de Israel hasta la edad núbil se expresa bellamente en los profetas (cf. Ez 16,4-14).

La santidad de la ley descansa sobre el amor de Dios que la entrega a Israel para convertirlo en su pueblo.

La santidad de la ley descansa sobre el amor de Dios que la entrega a Israel para convertirlo en su pueblo. Por eso la pregunta que hace el letrado en el evangelio de hoy sólo se entiende bien sobre el fondo de la historia sagrada que da cuenta de la razón de ser el pueblo elegido: la elección divina libre y gratuita. La respuesta de Jesús está en que este mandamiento primero y principal es inseparable del amor al prójimo. Jesús ha unido la primacía del amor a Dios con la semejanza que el amor al prójimo guarda con el amor a Dios. Israel conoce el precepto del amor al prójimo, codificado en el libro del Levítico formando parte de la ley de santidad: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, el Señor» (Lv 19,18b)[1]. Este precepto forma parte, en efecto, de las prescripciones morales y relativas al culto, y en el sermón del Monte Jesús lo lleva más allá del alcance que tiene en la ley mosaica, que limita el amor al prójimo a los de la gran familia de Israel: «No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo» (v. 19,18a). Jesús, en contra de la sentencia de los maestros de Israel, según la cual no hay por qué amar al enemigo, proclama el amor incluso a los enemigos (cf. Mt 5,43-44)[2].

Jesús, en contra de la sentencia de los maestros de Israel, según la cual no hay por qué amar al enemigo, proclama el amor incluso a los enemigos (cf. Mt 5,43-44)[2].

Jesús ha sido educado desde la infancia en la piedad de Israel y su en su respuesta se hace patente su conocimiento de las sagradas Escrituras, que en la respuesta que da al escriba es enriquecido por aquel que es la palabra de Dios hecha carne. Jesús no responde sólo sobre la jerarquía de estos dos mandamientos colocados en primer lugar, entre las seiscientas trece prescripciones de la torá según la tradición secular de los rabinos, divididas en graves y leves. Jesús recapitula en los dos mandamientos el cúmulo de preceptos que los judíos piadosos deseaban cumplir y no dejaban de tropezar en el número y en lo prolijo de su contenido. Por esto, en el evangelio de san Mateo, Jesús concluye su comentario diciendo que del amor a Dios y al prójimo «penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

En el evangelio de san Marcos Jesús pone de relieve que «amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mc 12,33). Jesús orienta su enseñanza a la purificación del culto, que él mismo ejerce como sumo sacerdote de la nueva Alianza sellada en su sangre, según la carta a los Hebreos. Jesús, «es el sumo sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, aparatado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos» (Hb 7,26), que realizó el sacrificio eficaz y verdadero culto espiritual, «de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo» (v. 7,27). No necesita repetir holocaustos y sacrificios que no alcanzan su objetivo: el perdón definitivo de los pecados. Se ofreció a sí mismo al Padre de una vez para siempre como sacerdote y víctima. El sacerdocio de Jesús tiene un carácter existencial, que corresponde al culto espiritual que los verdaderos adoradores han de tributar a Dios, que es espíritu, «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23). Un culto que ya no depende de las imperfecciones de los hombres mortales, del sacerdocio levítico del tiempo antiguo. El sacerdocio de Cristo y su sacrificio tienen un valor eterno, «a la manera de Melquisedec» (v. 7,17→Sal 110,4)[3] sin genealogía ni herederos, como sucedía con el sacerdocio antiguo, que se transmitía por sucesión carnal. Genealogía y herencia sacerdotal limitan en el tiempo el valor del culto de Israel, que en Cristo es abolido y superado por el valor eterno del sacrificio de Cristo. Si cambia la ley, cambia asimismo el nuevo culto[4].

El sacerdocio de Jesús tiene un carácter existencial, que corresponde al culto espiritual que los verdaderos adoradores han de tributar a Dios, que es espíritu, «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23).

Este culto espiritual vivido por el cristiano, existencial y sacramentalmente injerto en Cristo, pasa por la entrega por amor a Dios, a su divina voluntad, y el servicio al prójimo. El sacrificio eucarístico, en el que hace presente el sacrificio de la cruz, tiene en verdad un contenido existencial. En el sacrificio eucarístico es la entrega de Jesucristo el contenido del sacramento del altar, y mediante nuestra participación y comunión en la mesa eucarística Jesús nos asocia a su sacrificio, y nosotros somos asimismo convertidos en ofrenda de amor a Dios, fundamento de nuestra entrega a los hombres. Así se lo pide al Padre el sacerdote en la plegaria eucarística de la Misa, suplicando que el Espíritu Santo «nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredada»[5]. Toda nuestra vida ha de estar asociada a la ofrenda que Cristo hizo de una vez para siempre al Padre y esta configuración con Cristo nos viene por la acción del Espíritu santificador. Que así lo vivamos y demos testimonio de cómo se transforma la vida del que cree en Cristo.

S. A. I. Catedral d la Encarnación

31 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración. Un fariseo pregunta a Jesús. De la serie de acuarelas sobre la Vida de Cristo de James Jacques-Joseph Tissot (1836-1902). Museo Brooklyn. Nueva York.  

[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II. Mc 8,27-16,20 (Salamanca 1986) 190-192.

[2] Biblia de Jerusalén: Nota a Mt 5,43.

[3] Cf. Biblia de Jerusalén: Notas a Hb 7,11 y 7,16.

[4] K. Berger, Commentario al Nuovo Testamento. II Lettere e Apocalisse, ed. italiana de F. Dalla Vecchia (Brescia 2015) 495-497.

[5] Misal Romano: Plegaria eucarística III.

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