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Amar a Dios y al prójimo

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Homilía del Domingo XXXI del T.O.

Lecturas bíblicas: Dt 6,2-6; Sal 17,2-4.47.51 (R/. «Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza»); Hb 7,23-28; Aleluya: Jn 14,23 («Si alguno me ama, observará mi palabra, dice el Señor, y mi Padre lo amará y vendremos a él»); Mc 12,28-34.

Queridos hermanos y hermanas:

En el domingo hacemos memoria de la resurrección de Jesucristo, porque en este día, el primero de la semana, el Señor dejó para siempre el sepulcro como futuro de una humanidad sin redención, para abrirnos el camino hacia la vida con verdadera duración. La resurrección de Jesús manifiesta el poder inmenso del amor misericordioso de Dios por nosotros. Este amor misericordioso alcanza en la predicación de Jesús una intensidad que pide de sus discípulos una respuesta que se asemeje a su amor, como se había revelado progresivamente en la historia de salvación de la antigua Alianza, al comparar el amor de Dios por su pueblo con el amor del padre que es correspondido por el amor del hijo de sus entrañas, y asimismo el amor recíproco de los esposos. El Dios que liberó a Israel de los egipcios y los condujo a la tierra prometida se reveló a Israel como el Dios único, que excluye todos los ídolos, porque en realidad no hay otros dioses fuera del Dios de Israel. Así dice Dios por medio del profeta Isaías: «Yo soy el Señor y no hay otro; fuerza de mí no existe ningún dios. Yo te he ceñido, aunque no me conoces, para que se sepa desde el levante al poniente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro» (Is 45,5-6)

Esta rotunda afirmación de la unicidad de Dios, revelada a los israelitas en la historia de salvación, en las gestas de liberación que dieron lugar al pueblo elegido, era una confesión de fe fundamental sobre la cual se levantaba la constitución religiosa de Israel. Una confesión de fe como respuesta a la experiencia de Israel del amor de Dios por su pueblo. Este es el contexto del mandamiento primero y principal por el que un escriba pregunta a Jesús en el evangelio de hoy. Jesús responde con la confesión de fe de Israel: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» (Mc 12,30).

El amor de cada israelita por el Señor (por “Yahvé tu Dios”) representaba un acto supremo de adoración sólo atribuible al Dios creador de su pueblo, verdadero y único Dios fuera del cual sólo existe el vacío. Esta oración es la preferida de la piedad judía, y es reconocida por el nombre de shemâ, palabra hebrea por la cual comienza la oración: (“Escucha”). Confesar cada mañana y cada tarde que sólo el Señor tu Dios es el único Señor, durante siglos en el Templo y en tiempos de Jesús en la sinagoga, y así hasta hoy, es reclamo y recordatorio permanente para el judío de la propia identidad. La fe judía sólo tiene al Dios de Israel como referente único de la divinidad. El Señor es el que da la victoria al rey, que proclama en el canto real de acción de gracias, el salmo 17 recitado después de la primera lectura, que el Dios de Israel es su roca, su alcázar, su libertador, y el rey ama a Dios y lo alaba como refugio y baluarte donde el rey está a salvo (Sal 17,3-4).

El fragmento del libro del Deuteronomio que hemos leído como primera lectura contiene el versículo que da cuerpo literal a esta oración. En este versículo se recoge el núcleo del memorial de salvación que hace del amor al Señor la esencia misma de la Ley, que Dios impone a Israel como compromiso de amor del pueblo elegido por el único Dios, al que hay que adherirse para seguir existiendo. En la adhesión incondicional al Dios único se encuentra el fundamento de la existencia de cada creyente hebreo, y es la fe que ha de transmitir a los hijos; y el israelita hablará de ella «estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado» (Dt 6,7). Todo israelita ha de llevar consigo en toda circunstancia esta convicción de fe expresada en el shemâ, lo que se traducirá en la costumbre de llevar cajitas a modo de capsulas colgadas del manto y del cuerpo, en la frente y en las muñecas con el texto de la oración (v. 6,8). Son los colgantes de las filacterias (tefilim) de los fariseos en tiempos de Jesús, las mismas que hoy los judíos ortodoxos cuelgan de las cintas de oración. La Ley es permanentemente recordada y, por eso, se han de inscribir sus preceptos incluso en las jambas de la entrada de la casa y en las puertas de la casa (v.6,9).

La guarda de los mandamientos de la Ley es correspondencia de amor al Señor, cuyo amor por Israel es la historia de su misericordia y ternura para el que es su propio «hijo», en la profecía de Oseas. Dios amó a Israel de niño y lo llamó de Egipto, le enseñó a andar y lo llevó en sus brazos acercándolo a sus mejillas (cf. Os 11,1-4). Este amor paterno de Dios a Israel es una imagen que a veces cede ante la imagen del amor enamorado del esposo que ama a Israel como esposa infiel (cf. Os 2,16-22); aunque el Señor se enamoró de ella apenas nacida, chapoteando en su sangre con el riesgo de no sobrevivir, cuya historia desde la infancia de Israel hasta la edad núbil se expresa bellamente en los profetas (cf. Ez 16,4-14).

La santidad de la ley descansa sobre el amor de Dios que la entrega a Israel para convertirlo en su pueblo. Por eso la pregunta que hace el letrado en el evangelio de hoy sólo se entiende bien sobre el fondo de la historia sagrada que da cuenta de la razón de ser el pueblo elegido: la elección divina libre y gratuita. La respuesta de Jesús está en que este mandamiento primero y principal es inseparable del amor al prójimo. Jesús ha unido la primacía del amor a Dios con la semejanza que el amor al prójimo guarda con el amor a Dios. Israel conoce el precepto del amor al prójimo, codificado en el libro del Levítico formando parte de la ley de santidad: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, el Señor» (Lv 19,18b)[1]. Este precepto forma parte, en efecto, de las prescripciones morales y relativas al culto, y en el sermón del Monte Jesús lo lleva más allá del alcance que tiene en la ley mosaica, que limita el amor al prójimo a los de la gran familia de Israel: «No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo» (v. 19,18a). Jesús, en contra de la sentencia de los maestros de Israel, según la cual no hay por qué amar al enemigo, proclama el amor incluso a los enemigos (cf. Mt 5,43-44)[2].

Jesús ha sido educado desde la infancia en la piedad de Israel y su en su respuesta se hace patente su conocimiento de las sagradas Escrituras, que en la respuesta que da al escriba es enriquecido por aquel que es la palabra de Dios hecha carne. Jesús no responde sólo sobre la jerarquía de estos dos mandamientos colocados en primer lugar, entre las seiscientas trece prescripciones de la torá según la tradición secular de los rabinos, divididas en graves y leves. Jesús recapitula en los dos mandamientos el cúmulo de preceptos que los judíos piadosos deseaban cumplir y no dejaban de tropezar en el número y en lo prolijo de su contenido. Por esto, en el evangelio de san Mateo, Jesús concluye su comentario diciendo que del amor a Dios y al prójimo «penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

En el evangelio de san Marcos Jesús pone de relieve que «amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mc 12,33). Jesús orienta su enseñanza a la purificación del culto, que él mismo ejerce como sumo sacerdote de la nueva Alianza sellada en su sangre, según la carta a los Hebreos. Jesús, «es el sumo sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, aparatado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos» (Hb 7,26), que realizó el sacrificio eficaz y verdadero culto espiritual, «de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo» (v. 7,27). No necesita repetir holocaustos y sacrificios que no alcanzan su objetivo: el perdón definitivo de los pecados. Se ofreció a sí mismo al Padre de una vez para siempre como sacerdote y víctima. El sacerdocio de Jesús tiene un carácter existencial, que corresponde al culto espiritual que los verdaderos adoradores han de tributar a Dios, que es espíritu, «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23). Un culto que ya no depende de las imperfecciones de los hombres mortales, del sacerdocio levítico del tiempo antiguo. El sacerdocio de Cristo y su sacrificio tienen un valor eterno, «a la manera de Melquisedec» (v. 7,17→Sal 110,4)[3] sin genealogía ni herederos, como sucedía con el sacerdocio antiguo, que se transmitía por sucesión carnal. Genealogía y herencia sacerdotal limitan en el tiempo el valor del culto de Israel, que en Cristo es abolido y superado por el valor eterno del sacrificio de Cristo. Si cambia la ley, cambia asimismo el nuevo culto[4].

Este culto espiritual vivido por el cristiano, existencial y sacramentalmente injerto en Cristo, pasa por la entrega por amor a Dios, a su divina voluntad, y el servicio al prójimo. El sacrificio eucarístico, en el que hace presente el sacrificio de la cruz, tiene en verdad un contenido existencial. En el sacrificio eucarístico es la entrega de Jesucristo el contenido del sacramento del altar, y mediante nuestra participación y comunión en la mesa eucarística Jesús nos asocia a su sacrificio, y nosotros somos asimismo convertidos en ofrenda de amor a Dios, fundamento de nuestra entrega a los hombres. Así se lo pide al Padre el sacerdote en la plegaria eucarística de la Misa, suplicando que el Espíritu Santo «nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredada»[5]. Toda nuestra vida ha de estar asociada a la ofrenda que Cristo hizo de una vez para siempre al Padre y esta configuración con Cristo nos viene por la acción del Espíritu santificador. Que así lo vivamos y demos testimonio de cómo se transforma la vida del que cree en Cristo.

A. I. Catedral d la Encarnación
31 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

Ilustración. Un fariseo pregunta a Jesús. De la serie de acuarelas sobre la Vida de Cristo de James Jacques-Joseph Tissot (1836-1902). Museo Brooklyn. Nueva York.

[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II. Mc 8,27-16,20 (Salamanca 1986) 190-192.

[2] Biblia de Jerusalén: Nota a Mt 5,43.

[3] Cf. Biblia de Jerusalén: Notas a Hb 7,11 y 7,16.

[4] K. Berger, Commentario al Nuovo Testamento. II Lettere e Apocalisse, ed. italiana de F. Dalla Vecchia (Brescia 2015) 495-497.

[5] Misal Romano: Plegaria eucarística III.

Recobró la vista y lo seguía por el camino

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Homilía del Domingo XXX del T. O.
Domingo Mundial de las Misiones

Lecturas bíblicas: Jr 31,7-9; Sal 125, 1-6 (R/. «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres»); Hb 5,1-6; Aleluya: 2Tm 1,10 («Nuestro Salvador, Cristo Jesús destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio»); Mc 10,46-52.

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos en el domingo trigésimo del tiempo ordinario y, como todos los años en el penúltimo domingo de octubre, celebramos el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), una jornada para recordar que la misión constituye la razón de ser de la Iglesia, que Dios ha querido sea sacramento de salvación para el mundo, constituida en testigo de la redención, acontecida en la muerte y resurrección de Cristo, y enviada para anunciar el Evangelio o Buena Noticia de salvación. La Iglesia es portadora de un mandato universal de Cristo a los apóstoles: «Id y haced discípulos de todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu San y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he enseñado» (Mt 28,20).            El Vaticano II declara que, por su misma constitución, la Iglesia como portadora de este anuncio con destino universal, es católica y, «obedeciendo el mandato de su Fundador, se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres». Fue así desde el principio, por eso continúa el concilio: «En efecto, los mismos Apóstoles, en quienes está fundada la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, “predicaron la palabra de la verdad y engendraron las Iglesias” (S. Agustín). Es deber de sus sucesores perpetuar esta obra para que la palabra de Dios se difunda y glorifique (2Ts 3,12) y se anuncie e instaure el Reino de Dios en toda la tierra»[1].

La misión es, por esto mismo, irrenunciable y constituye la razón profunda de la misión de la Iglesia en el mundo, a fin de que se cumpla el designio de Dios, «que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1Tm 2,4). El Plan de pastoral vigente en la diócesis nos propone «ser Iglesia en conversión misionera», y tiene una particular orientación evangelizadora, centrado en dar a los objetivos generales y específicos de la Iglesia diocesana en estos años una orientación particularmente misionera, siguiendo las pautas del magisterio de la Iglesia: del Papa Francisco y de los obispos, que nos invitan a ser coherentes con la fe que profesamos y testigos de Cristo en el mundo. La misión no está sólo en la frontera de tierras de misión, sino que es tarea personal de cada bautizado, de las comunidades parroquiales y educativas. Todos estamos comprometidos con la misión[2].

El lema que se nos propone para este año, al celebrar la nonagésima quinta jornada o domingo mundial de las misiones es el de «Cuenta lo que has visto y oído», basado en el evangelio de este domingo y explicado y comentado por el mensaje del Santo Padre Francisco para esta importante jornada de la Iglesia. También es importante tener presente que la Iglesia en España viene renovando sus planes pastorales proponiendo a los católicos una toma de conciencia del sentido misionero y evangelizador de la vida cristiana, que pasa por el testimonio de Cristo en la sociedad de hoy; y orientando sus acciones pastorales con espíritu misionero, en fidelidad al mandato de Cristo.

En el evangelio de este domingo veamos a Jesús como hace de las curaciones que lleva a cabo en cojos y paralíticos y en ciegos incluso de nacimiento un signo de salvación que nos remite a su misión como enviado del Padre para devolver al mundo la salud perdida por el pecado. Jesús está movido a compasión por el estado de los enfermos que cura, y en sus sentimientos de compasión se revela la misericordia de Dios que perdona el pecado de los hombres devolviendo la salud a los enfermos por la palabra de su Hijo. De esta manera Jesús aparece como el enviado de Dios en los tiempos últimos, es decir, en los tiempos escatológicos o finales, cuando Dios mismo lleve a plenitud el mundo marcado por el pecado venciendo la enfermedad y la muerte. Una transformación anunciada en las curaciones de Jesús.

No se trata en la curación de una acción mágica, sino del poder recreador de la palabra de Dios operativa en la palabra de Jesús, verdadera Palabra encarnada de Dios. Esta palabra obra como respuesta a la fe de los enfermos que acuden a Cristo con la confianza puesta en el poder de la palabra divina. La súplica humilde del ciego Bartimeo, que pedía limosna sentado al borde del camino de Jericó a Jerusalén, es verdadera confesión de fe en Jesús por la que el ciego invoca la vista que espera recibir de Jesús al que confiesa como Hijo de David, que es tanto como profesar fe en la misión mesiánica de Jesús, reconociendo en él al Mesías. La alegría de Bartimeo de haber sido llamado por Jesús le pone en pie de un salto y una vez su fe es respondida por la palabra de sanación de Jesús, le sigue por el camino, se incorpora al seguimiento de Jesús. La fe le ha llevado a la experiencia de la salvación recobrando la vista, y esta experiencia de salvación mueve al ciego a incorporarse al camino (Mc 10,52).

La fe movió asimismo a los israelitas que retornaban gozosos a la patria perdida por la cautividad a esperar la salvación que les liberaría de la cautividad babilónica, a la que la desobediencia a la palabra de Dios les había conducido. El fragmento que hemos escuchado del profeta Jeremías nos habla de cómo esta fe se mantuvo en el “resto” de Israel, el núcleo creyente que espera en su debilidad, sometidos los israelitas al poder de Babilonia, en el retorno que profetiza Jeremías: cuando este resto creyente se transforme en el centro de las naciones y sean castigados por el Juez supremo de los pueblos los que sometieron a Israel. Un retorno contemplado como un nuevo éxodo, como repetición de la gesta que dio origen a la liberación de los hebreos por Moisés, que fueron conducidos por la mano de Dios de la esclavitud de Egipto a la libertad, abriendo el camino hacia la tierra prometida[3]. Un nuevo éxodo de una comunidad de fe que retorna del “norte”, de los “confines del mundo” (Jr 31,8) de los límites del país con Asiria, donde habían estado cautivos y de donde vuelven gozos, transformándose a su paso la naturaleza, acontecimiento milagroso de recreación del desierto, del cual manan torrentes de agua. Los expertos ven en los prodigios del primer éxodo, cuando Moisés sacó agua de la roca (Éx 17,1-7; Nm 20,1-3) en trasunto de la descripción del retorno de los desterrados en la visión profética de Jeremías; y entre los que retornan «hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una grana multitud retorna» (31,8). Se fusionan debilidad y cuidado por el pastor de las ovejas, que a todas socorre y guarda, en oposición bien marcada frente a los malos pastores (cf. Jr 23,1s; cf. Ez 34,11-16→Jn 10,11-14): Dios se comporta como padre amoroso del resto de Israel, de los débiles y pobres y sólo él es el pastor del rebaño, junto al cual las ovejas estarán seguras. Se cumple así la imagen del retorno que canta el salmista: «al ir, iban llorando, / llevando la semilla, / al volver vuelven cantando, / trayendo sus gavillas» (Sal 126,6). Hemos contestado a esta primera lectura recitando el salmo responsorial, que se recapitula todo el versículo del estribillo: «El Señor «ha estado grande con nosotros / y estamos alegres» (126,3).

El contenido profético de cuanto Jeremías y los profetas de Israel anuncian se hace realidad definitiva con la irrupción del reino de Dios en Jesucristo, en el gozo y la alegría de los sanados por su palabra poderosa. Dios está en medio de su pueblo: él viene y nos salvará. Nos ha salvado mediante la entrega de su propio Hijo a la muerte por nosotros. El autor de la carta a los Hebreos presenta a Jesús participando en debilidades de los hombres, a los que ha venido a salvar como sumo sacerdote que, «tomado de entre los hombres, está capacitado para «comprender a ignorantes y extraviados, porque también él está envuelto en flaqueza» (Hb 5,2). Jesús ejerce el sumo sacerdocio ofreciendo por el perdón de los pecados el sacrificio de su propia entrega para rescatar a los pecadores. Él tiene el sumo ministerio de la reconciliación (cf. 2Cor 5,18-21), no por haberlo recibido por herencia, como sucedía en la antigua alianza, ni tampoco por haberse arrogado su ejercicio de sumo sacerdote, sino en razón de aquel que le constituyó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec (Hb 5,6). La carta a los Hebreos alude así a la ofrenda de pan y vino que el rey y sacerdote del Dios Altísimo Melquisedec, hizo a Abrahán cuando volvía de combatir a sus enemigos (cf. Gn 14,18-ss). Este misterioso personaje sagrado aparece ante el autor de la carta como la figura del sumo sacerdocio que ejercería el propio Mesías Jesús, mediante la ofrenda de sí mismo, que él quiso adelantar en la entrega del pan y del vino en sus discípulos en la última Cena.

La Eucaristía se convierte así en el gran sacramento del ministerio sacerdotal de Jesucristo, que sigue haciéndose presente mediante el ministerio que el sacerdote ejerce en la persona del mismo Jesucristo, que la Iglesia celebra para que la acción redentora del Señor llegue a todos los que se incorporan su Iglesia acogiendo el anuncio misionero del Evangelio.

S.A.I. Catedral de la Encarnación
24 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1; cf. San Agustín, Enarr.in Ps. 44,23: PL 36,508; BAC 246 ed. bilingüe Obras completas XX (2º) (Madrid 22018, rev.) 254.

[2] Mons. A. González Montes, Ser Iglesia en conversión misionera. Plan pastoral para el cuatrienio 2019-2023 (Almería 2019) 19-21.

[3] G. P. Couturier, CSC, «Jeremías», en R. E. Brown-J.A.Fitzmyer-R. E. Murphy (eds.), Nuevo Comentario bíblico San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 2005), n.18:84.

En imágenes, la Iglesia de Granada recibe a su nuevo diácono

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En imágenes, la Iglesia de Granada recibe a su nuevo diácono

Galería de imágenes con los momentos más significativos de la Eucaristía celebrada en la Catedral, el 1 de noviembre, en la que el seminarista D. Mariusz Kubajek recibió el tercer grado del Orden sacerdotal como diácono.

En imágenes, les ofrecemos la celebración en la que el seminarista del Seminario Diocesano Misionero “Redemptoris Mater”, D. Mariusz Kubajek fue ordenado diacono para la Iglesia de Granada de manos de nuestro Arzobispo Mons. Javier Martínez.

El nuevo “siervo” del pueblo cristiano en nuestra diócesis estuvo acompañado durante la Eucaristía por miembros del clero diocesano, seminaristas, amigos y allegados miembros del Camino Neocatecumenal junto a otros fieles del pueblo cristiano granadino.

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Vuelven los Encuentros de Monaguillos al Seminario San Bartolomé

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Tras el obligado parón provocado por la pandemia, el Seminario San Bartolomé vuelve a ponerse en marcha con renovada ilusión para trabajar con los monaguillos. La pastoral con monaguillos es una tarea necesaria y esencial. Estos chicos, que viven la eucaristía cerca del altar y de vosotros, representan el deseo de cercanía al Señor. ¡Qué testimonio para toda nuestra comunidad el que unos chicos asistan al sacerdote durante la misa!

Dirigido a niños de entre 7 y 12 años, esta primera convocatoria tendrá lugar el sábado 20 de noviembre. El objetivo de estas convivencias es ayudar a que los participantes cada vez se sientan más cerca del Señor y vayan descubriendo que Él tiene para cada uno de ellos un proyecto sobre su vida, una vocación.

El encuentro comenzará en el propio Seminario a las 10.30 horas, finalizando a las 18.00 horas con la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de Santiago de Cádiz, a la que podrán asistir los padres o tutores de los niños. Todos los participantes deben llevar su bocadillo, el alba o la sotana para ayudar en la misa y la autorización paterna firmada. Además, se tomará la temperatura a todos los participantes antes de comenzar y el uso de mascarillas será obligatorio.

Para facilitar la organización, el plazo de inscripción se cerrará el miércoles 17 de noviembre.

Para más información pueden ponerse en contacto con el Seminario San Bartolomé (c/ Compañía 19, Cádiz, 11005), teléfono 956 282 311.

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Familia y Vida pone en marcha la ITV matrimonial

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Se trata de una novedosa iniciativa para profundizar en la importancia del matrimonio y la vida en pareja

¿Has pasado la ITV en tu matrimonio? Con esta pregunta, la Delegación diocesana de Familia y Vida ha puesto en marcha un nuevo proyecto para profundizar en el matrimonio y la vida en pareja. El objetivo es ayudar a los matrimonios a revisar la marcha de su relación, especialmente a los más jóvenes.

Un nutrido grupo de matrimonios acudieron a la cita el pasado sábado, 30 de octubre, en el Monasterio de Las Salesas, para poner en común su vida matrimonial y disertar sobre la importancia del matrimonio y la familia, de la mano de los sacerdotes Ángel Cristo Arroyo y Leopoldo Rivero, consiliario y viceconsiliario de Familia y Vida.




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La Catedral acoge la Ordenación diaconal de D. Mariusz Kubajek

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La Catedral acoge la Ordenación diaconal de D. Mariusz Kubajek

El seminarista de origen polaco del Seminario Diocesano Misionero “Redemptoris Mater” recibió la Ordenación como nuevo diácono de la Iglesia de Granada de manos de nuestro Arzobispo, Mons. Javier Martínez, en la Misa que tuvo lugar en la Catedral el 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos.

El templo catedralicio acogió en la jornada de ayer, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, la Ordenación diaconal del seminarista del “Redemptoris Mater”, D. Mariusz Kubajek que recibió de manos de Mons. Martínez el orden diaconal en su camino de preparación al sacerdocio que desde ahora le confiere la tarea de servicio a la Iglesia, al obispo y a los hermanos, a través del culto divino, de la predicación, de la orientación y sobre todo, de la caridad.

“Solo puede servir aquel que se siente amado. Yo siento un gran agradecimiento a Dios por haber encontrado en él el sentido pleno de mi vida que brotó de sentirme amado por Él que me quiere tal y como soy incondicionalmente. Para mí es una alegría ser diacono en Granada y servir a esta Iglesia donde sea necesario”, destaca el nuevo diácono.

En la Eucaristía estuvieron presentes miembros del clero diocesano, junto a los seminaristas del “Redemptoris Mater” y su rector D. Mariano Catarecha, además de los seminaristas del Seminario Diocesano “San Cecilio”. Todos unidos desde el altar al pueblo de Dios que se encontraba presente en la Catedral para acoger con alegría al nuevo “servidor” de la Iglesia granadina y entre los que se encontraban los miembros de las comunidades del Camino Neocatecumenal a las que también pertenece D. Mariusz Kubajek.

UN «SÍ» A DIOS QUE ALCANZA AL MUNDO ENTERO

Durante su homilía y después de presentarse el candidato a diacono, Mons. Martínez dirigió unas palabras al candidato al diaconado:

“Que el Señor te revista enteramente. Que Su Espíritu llene tu vida y sea visible en tu vida, perceptible en tu vida. Eso ayudará a las vidas de los hermanos también a vivir según el Espíritu del Señor”, aseguró Mons. Martínez realizando también una invitación:

“No dejes nunca esa gratitud que se concreta, en tu caso, en las comunidades que te acompañan más de cerca pero que se extiende a todo el pueblo cristiano. Si Jesucristo es verdaderamente quien habita en nuestro corazones se extiende al mundo entero”.

Asimismo y haciendo referencia a la Solemnidad de Todos los Santos, nuestro arzobispo destacó: “Ordenación en un día singularísimo y bellísimo, a mí la Solemnidad de Todos los Santos me parece una de las fiestas más bellas del año litúrgico porque somos hijos de un pueblo de santos”.

Posteriormente prosiguió la celebración de este tercer grado del sacramento del Orden con el abrazo de Mons. Martínez al joven Mariusz Kubajek que después de recibir sus nuevas vestiduras se unió al resto del clero entorno al altar para servir en la Eucaristía.

Antes de que finalizase la Misa nuestro Arzobispo felicitó de nuevo al diácono y también anuncio que servirá en la localidad de Montejícar, y en los pueblos del alrededor junto al sacerdote filipino D. Freddie Banua.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Ampliado el plazo de la fase diocesana del Sínodo de los obispos

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La Conferencia Episcopal marcará próximamente los nuevos plazos para el trabajo sinodal en las diócesis

El Consejo Ordinario del Sínodo de los Obispos ha ampliado hasta el 15 de agosto de 2022 el plazo para presentar los resúmenes de las consultas por parte de las Conferencias Episcopales, las Iglesias Orientales Católicas sui iuris y los demás organismos eclesiales.

La CEE avisará en las próximas semanas del nuevo plazo para el trabajo sinodal en las diócesis y el encuentro final. Con esta ampliación se pretende prolongar la duración de la primera fase del proceso sinodal para dar una mayor oportunidad al pueblo de Dios de tener una auténtica experiencia de escucha y diálogo.

Las numerosas comunicaciones que se han recibido en estas primeras semanas del proceso sinodal son una verdadera confirmación alentadora de quienes en la Iglesia están comprometidos con la celebración de la primera fase del proceso sinodal.

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Canal Sur retransmitirá la misa desde Hinojosa del Duque

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La celebración se enmarca en el Centenario del Milagro de la Virgen de la Antigua al niño Ambrosio Arellano

Canal Sur TV retransmitirá la Santa Misa en directo desde el Santuario de Ntra. Sra. de la Antigua de Hinojosa del Duque el próximo domingo, 7 de noviembre, a las 10:00 horas. Se trata de una celebración especial que se enmarca en el Centenario del Milagro de la Virgen de la Antigua al niño Ambrosio Arellano ocurrido en el año 1921. Un año histórico para la Cofradía y para todo el pueblo de Hinojosa del Duque en el que también la ermita de la Stma. Virgen de la Antigua ha sido elevada oficialmente a la categoría de Santuario Diocesano, reconociendo así la importancia de esta devoción patronal.

Historia del Milagro

El milagro, cuyo centenario se celebra, ocurrió en un paraje cercano a la ermita de la Virgen de la Antigua en el año 1921, una época en la que eran muchas las familias que residían en viviendas rurales dispersas por aquella zona. La familia de Ambrosio era una de ellas.

La narración de lo acontecido se encuentra recogida en el libro La Ilustre y Noble Villa de Hinojosa del Duque, publicado por el sacerdote carmelita Juan Ruiz al año siguiente. En el mismo se detalla cómo en una tarde del mes de abril, cuando Ambrosio tenía poco más de dos años de edad, jugando con un corderito se alejó del cortijo viniendo a sorprenderle la noche. Pasado un tiempo, el corderito regresó con el resto del rebaño pero el niño no. Sus padres, al echarlo en falta, lo buscaban desolados con la ayuda de muchos vecinos con los que barrieron palmo a palmo el campo durante toda la noche. Incluso la guardia civil patrulló por los alrededores, pero todo sin fruto. Llegado el amanecer, la escarcha que cubría el campo diluyó aún más las esperanzas de encontrar sano y salvo al pequeño. Pero, contra todo pronóstico, el niño, fue hallado por unos vecinos “¿has tenido frío?” “tienes ganas de comer?” le preguntaron, a lo que el niño respondió “No, ha estado conmigo una muchacha”.

Pasados unos días, llegó el domingo, día de la romería de la Virgen de la Antigua, el niño acompañado de sus padres, acudió a la ermita para entregar a la Virgen de la Antigua el corderito ofrecido por estos en las horas de angustia, y ante el asombro de todos, al ver a la a la Virgen, exclamó: “¡Esa es la muchacha que estuvo conmigo, me dio de comer y me calentaba!».

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Reunión del Obispo con la Hermandad del Calvario

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La corporación presentó al prelado los actos que llevarán a cabo con motivo del 300 aniversario de su fundación

Las Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús del Calvario de Córdoba se reunió el pasado 29 de octubre con monseñor Demetrio Fernández para exponerles el programa de actos cultuales y evangelizadores que pretende llevar a cabo con motivo de la celebración de los 300 años de su fundación como Hermandad. El prelado acogió el programa con interés y confirmó su asistencia a los actos que la Hermandad lo ha invitado.

El programa abarcará de marzo de 2022 a marzo de 2023 y el objetivo es ayudar a los devotos a renovar la fe y la vida cristiana en torno a la imagen de Ntro. Padre Jesús del Calvario, venerada en la parroquia de San Lorenzo.

Entre las actividades que tienen programadas destacan el quinario inaugural, oración diaria en la capilla del Señor del Calvario, adoración eucarística y rezo del Santo Viacrucis durante todos los viernes del año, retiro y charlas de formación, conferencias, acción social y caritativa, celebraciones culturales y convivencias, exposiciones, procesión del Señor del Calvario por el barrio de San Lorenzo, acciones evangelizadoras y un congreso de Hermandades de Jesús Nazareno.

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La próxima jornada de formación del clero está dedicada a los mártires del siglo XX en España

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La próxima jornada de formación del clero está dedicada a los mártires del siglo XX en España

El obispo auxiliar de Madrid, Mons. Juan Antonio Martínez Camino, hablará del sentido histórico y teológico de la persecución religiosa a la Iglesia en el siglo en XX en España, en una ponencia que podrá seguirse en directo en la televisión diocesana por internet VA Televisión (www.vatelevision.com).

El 6 de noviembre es el día en que la Iglesia en España conmemora a los mártires del siglo XX en nuestro país. En este contexto, la próxima Formación Permanente del Clero, que se celebra el lunes 8 de noviembre, está dedicada a los mártires del siglo XX.

El obispo auxiliar de la Archidiócesis de Madrid, D. Juan Antonio Martínez Camino, hablará sobre el sentido histórico y teológico de la persecución a la Iglesia en el siglo XX en España. Esta ponencia, que tendrá lugar a las 11:30 horas, podrá seguirse en directo en la televisión diocesana por internet, VA Televisión, en la web www.vatelevision.com La Iglesia celebra con rango de memoria obligatoria a estos mártires del siglo XX en España, concretamente en el periodo histórico de la persecución religiosa entre 1931 y 1939.

Asimismo, esta jornada de la formación permanente será ocasión para felicitar a los sacerdotes diocesanos que este año cumplen sus bodas de oro y plata de ordenación como presbíteros, y que no se pudo realizar en su día, en la fecha cercana a la fiesta de San Juan de Ávila, por motivo de la pandemia.

La Eucaristía en el Seminario Mayor pondrá el broche de oro a esta celebración de formación y convivencia sacerdotal, en torno a la figura de los mártires de España del siglo XX.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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