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Cáritas reclama medidas urgentes para garantizar los derechos de los niños y niñas más vulnerables

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Más de 100 participantes de 40 Cáritas Diocesanas, entre ellas Cáritas Diocesana de Cádiz, se dan cita en un Encuentro de Infancia, Adolescencia y Familia

En el marco de la celebración, el 20 de noviembre, del Día Internacional de los Derechos de la Infancia, un centenar de participantes procedentes de más de 40 Cáritas Diocesanas, entre ellas Cáritas Diocesana de Cádiz, se dan cita estos días en Tiana (Barcelona) en un Encuentro Confederal de Infancia, Adolescencia y Familia.

Con este motivo, Cáritas apuesta por seguir visibilizando la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos niños y niñas, y por reclamar medidas urgentes que permitan y garanticen su protección y sus derechos. Esta precariedad se hizo especialmente patente durante la pandemia, donde los niños, niñas y adolescentes fueron invisibilizados.

Esa realidad de ocultación de la infancia es la denuncia que los participantes en el encuentro quieren poner de manifiesto en un acto público de sensibilización que tiene lugar hoy mismo en Barcelona y que se convoca bajo el lema “Dando la lata, la infancia importa”.

Junto a ello, el objetivo de las jornadas que tiene lugar en Tiana es el de analizar los retos y las estrategias de acción social que se desarrollan en toda la Confederación Cáritas con la infancia, la adolescencia y la juventud para combatir la transmisión intergeneracional de la pobreza, así como tomar conciencia de cuáles sus necesidades actuales.

Como señala Carmen García, responsable del Programa de Infancia de Cáritas Española, “esta crisis les ha privado ya de parte de sus infancias y adolescencias, de sus tiempos, de sus espacios de seguridad y confianza tan importantes en sus procesos vitales y, lo que es más grave, les está invisibilizando, con el consiguiente riesgo de privarles de sus derechos y de sus expectativas de presente y futuro”. “Urge tomar medidas –añade— para evitar que esta etapa vital marcada por la pandemia les pase una factura social y emocional a sus procesos de desarrollo e identidad personales y sociales”.

Casi 30.000 niños, niñas y adolescentes acompañados por Cáritas
La Confederación Cáritas en España cuenta con programas específicos de acompañamiento a la infancia, adolescencia y juventud, y a sus familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad o exclusión social a través de diferentes proyectos en todo el territorio nacional.

Según los últimos datos disponibles, Cáritas acompañó en toda España a un total de 88.740 familias vulnerables y a 29.580 niños, niñas y adolescentes. En la Diócesis de Cádiz, Cáritas, a través de sus proyectos de infancia y adolescencia que se llevan a cabo en las parroquias de El Buen Pastor, Sagrada Familia y El Cristo de San Fernando, San Juan Bautista de Chiclana de la Frontera y San Bernardo de La Línea de la Concepción, ha atendido a 125 niños y adolescentes pertenecientes a 100 familias.

Los proyectos se centran, sobre todo, en intervenciones socioeducativas dirigidas especialmente a garantizar el disfrute de un ocio y tiempo libre saludable, el derecho a la participación y a sentirse escuchados, el acceso a una educación de calidad e inclusiva, el derecho a tener una familia que les quiera y, en suma, el derecho de todos los niños, niñas, adolescentes y sus familias a ser felices.

Los más vulnerables entre los vulnerables
Ante la celebración del Día de la Infancia, Cáritas alerta que el aumento de la vulnerabilidad y la exclusión social provocadas por la pandemia, aunque se ha dado de forma generalizada en el conjunto de la población española, ha tenido especial impacto en los niños, niñas y adolescentes, sobre quienes la transmisión intergeneracional de la pobreza, lejos de frenarse, se ha visto incrementada a causa de la crisis.

La pobreza infantil, o la denominada pobreza de las familias con hijos e hijas, lamentablemente es una realidad en nuestro país. Con una tasa del 27,4%, una de las altas a nivel europeo, después de Rumanía y Bulgaria, supone que más de 2 millones de niños y niñas se encuentran en ésta situación, es decir, uno de cada cuatro niños o niñas vive en situación de pobreza en España.

La pobreza y la exclusión social son fenómenos estructurales en nuestro país, donde el hecho de tener hijos e hijas menores de edad es una “carga” para las familias cuando carecen de apoyos o cuando éstos son insuficientes. Por ello, al hablar de pobreza infantil, se habla de la pobreza de las familias con hijos, dado que las familias con menores de edad a cargo incrementan el riesgo de exclusión social: del 18% en el caso de parejas sin hijos se pasa a un 27% cuando se trata de parejas con hijos. Esta incidencia se dispara si se trata de una familia numerosa (47%) o de un hogar monoparental (49%), especialmente cuando la persona sustentadora principal es una mujer, que es lo que suele ocurrir mayoritariamente con éste tipo de familias.

Además, esta crisis ha erosionado con fuerza la calidad de las relaciones en muchos hogares, hasta el punto de duplicarse el número de aquellos cuyo clima de convivencia presenta dificultades serias, lo que afecta de manera muy específica a los menores.

Otra de las dimensiones de esta exclusión social de las familias es la denominada brecha o el impacto digital, que se ha convertido en un factor exclusógeno y que, lejos de acercar e interconectar, genera, en no pocas ocasiones, distancia social. Hablamos de una realidad que afecta a un 46% de los hogares en situación de exclusión, frente al 35% del conjunto de hogares. Y afecta, en definitiva, a sus condiciones e igualdad de oportunidades de los más pequeños, que comienza en etapas tempranas.

Apuesta por el acompañamiento y la escucha
Una de las estrategias prioritarias e Cáritas para evitar la transmisión intergeneracional de la pobreza y luchar contra la pobreza infantil se basa en la escucha activa para hacer sentir a las familias acompañadas que no son meros destinatarios de las acciones, sino los protagonistas de las mismas, de sus vidas y de vida social. Esta apuesta exige medidas y propuestas integrales, donde la prevención y protección de los derechos de la infancia y adolescencia sea el eje fundamental de toda la intervención.

Como se ha vuelto a poner de manifiesto en este encuentro de Barcelona, el Programa de Infancia, Adolescencia, Juventud y Familia de Cáritas reivindica que ningún niño y niña se pierda por el camino, no sólo debido a sus condiciones socioeconómicas, si no tampoco, y de manera fundamental, a su capacidad para ilusionarse y para recibir los abrazos y el cariño que nos ayudar a crecer en libertad y humanidad.

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Los alumnos del ITM participan en la consulta del Sínodo

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En la tarde de ayer, el coordinador del Equipo Sinodal Diocesano, Juan José González se reunió con los estudiantes del Instituto Teológico de Murcia (ITM), OFM, para ofrecerles la oportunidad de participar en esta consulta sinodal.

El vicedirector del ITM, fr Miguel Ángel Escribano, animó a los alumnos a participar en esta consulta «con absoluta libertad»: «Se nos pide, como instituto teológico, que ofrezcamos a nuestros alumnos la posibilidad de participar en esta consulta para conocer en qué Iglesia vivimos y qué Iglesia queremos construir».

La primera parte de la actividad fue una charla explicando la importancia y singularidad de este Sínodo, a través del cual el Papa Francisco pretende que la Iglesia universal se interrogue sobre su vida y misión por medio de tres realidades: la comunión, la participación y la misión. Un tiempo, según explicó González, en el que la Iglesia quiere generar espacios de encuentro, donde escuchar a todos y donde se pueda discernir. «El Papa quiere que nos preguntemos por qué somos felices o no dentro de la Iglesia», subrayó el coordinador del Equipo Sinodal Diocesano, señalando, además, que esta consulta no pretende «ni romper, ni fomentar el inmovilismo actual».

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Los obispos españoles, peregrinos en Santiago con motivo del Año Jubilar Compostelano

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Los obispos españoles, peregrinos en Santiago con motivo del Año Jubilar Compostelano

La 118ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se ha clausurado hoy, viernes 19 de noviembre en Santiago de Compostela. 63 obispos españoles, dos administradores diocesanos y los dos vicesecretarios de la CEE, acompañados del nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito C. Auza, han peregrinado hasta la ciudad del Apóstol con motivo del Año Jubilar Compostelano.

A su llegada a Santiago, los obispos han sido saludados por el alcalde de Santiago, Xosé A. Sánchez Bugallo, y por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Homilía del arzobispo de Santiago, Mons. Julián Barrio

El acto central ha sido la Misa del Peregrino a las 11.00 horas en la catedral. Los obispos han accedido al templo, en torno a las 10.45 horas, por la Puerta Santa para venerar, en la cripta, el sepulcro del Apóstol Santiago.

Ha presidido la celebración eucarística el arzobispo de Santiago, Mons. Julián Barrio. «El Año Santo, explicaba el prelado al inicio de la homilía- es <tiempo favorable para curar las heridas, para no cansarnos de buscar a cuantos esperan ver y tocar con la mano los signos de la cercanía de Dios, para ofrecer a todos, el camino del perdón y de la reconciliación> y para cultivar la memoria penitencial, reconociendo con humildad lo que hemos podido hacer mal y lo que tal vez podíamos haberlo hecho mejor. Es necesario asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones».

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Ofrenda del Cardenal Juan José Omella

Tras la lectura del Evangelio, el presidente de la CEE, cardenal Juan José Omella, ha hecho la ofrenda al Apóstol en nombre de los obispos españoles: “Como peregrinos llegamos ante ti, para pedir tu protección sobre todos los proyectos de nuestras Iglesias locales, así como tu presencia alentadora en los gozos y sufrimientos de nuestro pueblo y de todas nuestras comunidades a las que servimos como pastores. De manera especial te presentamos la preocupación y el dolor de los habitantes de La Palma, que llevan ya más de dos meses bajo la erupción del volcán. A ellos deseamos llegue, no solo la oración, tan necesaria, sino también la solidaridad de todos los pueblos de España”.

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«La Iglesia, constitutivamente, necesita de la aportación de 
todos para poder llevar adelante 
su única misión 
en el mundo»

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Conversación con José San José Prisco, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, que ha estado en nuestra diócesis para ofrecer una serie de conferencias al clero diocesano y a los laicos en torno a la «sinodalidad».

“La sinodalidad en la Iglesia diocesana” ha centrado la conferencia ofrecida en el marco de esta fase diocesana del sínodo de los obispos que estrenábamos hace un mes ya, el 17 de octubre. Situemos un poco el contexto: un sínodo con ciertas novedades…

La mayor novedad es que es la primera vez que hay un sínodo sobre la “sinodalidad”, que es el fundamento de cualquier reunión sinodal y el hecho de que la consulta se haya trasladado a todo el Pueblo de Dios y que haya un itinerario tan comprometido para las diócesis, para las parroquias,… esto no había ocurrido antes. En los últimos sínodos sí se hizo una encuesta, pero más informal, no estaba tan estructurada, no tenía un itinerario tan bien delimitado, y, luego, este sínodo pasará, tras la fase diocesana, a un nivel nacional, continental o internacional y, en fin, con un desarrollo algo más complejo que los anteriores sínodos.

No es una ocurrencia del papa Francisco o una moda… es el desarrollo lógico de la puesta en práctica de la eclesiología del Pueblo de Dios expresada en el Vaticano II. ¿No es así?

Exactamente, algunas personas piensan que las cuestiones doctrinales son ocurrencias y desde luego no lo son. Y en este caso menos todavía porque el hecho de que la Iglesia esté ahora reflexionando este tema es precisamente porque hubo un concilio, Concilio Vaticano II, que centró la mirada de la Iglesia sobre el Pueblo de Dios, después hubo una explicación más profunda sobre el significado de esta teología con la llamada Teología de la Comunión, en un sínodo que hubo en los años ochenta, y la comunión es un desarrollo de la Eclesiología del Pueblo de Dios y la sinodalidad una explicación aún más profunda de esta teología. Es un itinerario lógico que no sabemos si tendrá algún despliegue más.

¿Qué significa eso de que la “sinodalidad” es una “dimensión constitutiva de la Iglesia”?

Porque desde una perspectiva de la Iglesia comunión del Pueblo de Dios, la forma de estar ahora mismo como Iglesia en el mundo, es esta, un modo de estar que responde a su misma naturaleza. No es que sea más democrático o porque ahora resulta que hay que pedirle la opinión a todo el mundo. No. Es porque la Iglesia, constitutivamente, necesita de la aportación de todos para poder llevar adelante su única misión en el mundo. Y esa aportación de todos, caminando todos al unísono, juntos, es precisamente lo que significa “sinodalidad”.

Recordando esas palabras del papa Juan Pablo II en la Novo Millenio Ineunte sobre la necesidad de proponer y crecer en eso que llamaba “espiritualidad de la comunión” como un elemento decisivo para la edificación de la Iglesia del tercer milenio. Sinodalidad y comunión van de la mano, ¿no es así?

Sí, ya es dicho antes que es un desarrollo precisamente de esa teología del Pueblo de Dios. Y él, lo que nos identifica a todos es nuestra condición bautismal, en ella somos todos iguales, es decir, hay una radical igualdad por el bautismo, y luego lo que hay es una diferencia según la función que cada uno desempeña en el conjunto de la Iglesia. Esa diversidad vocacional en complementariedad es la comunión. Como todos somos partícipes de la misma misión , todos tenemos algo de decir y aportar. La forma de hacerlo es a través de una Iglesia cada vez más sinodal.

Ecclesia semper reformanda, es también unas de los principios motores del post concilio que, a través del Sínodo de los Obispos, quiere poner a la Iglesia en ese estado de concilio permanente, por decirlo de algún modo. ¿Qué trae de nuevo este momento a la Iglesia como ese aire fresco del Espíritu necesario?

La Iglesia nunca puede quedarse tranquila o estática, porque está formada por seres humanos que están ubicados en un tiempo y en una circunstancia y la Iglesia tiene que acercar el mensaje del Evangelio a los hombres del tiempo y de las circunstancias actuales, no hablar un lenguaje del pasado, ni constructoras del pasado, sino que tiene que acercarlo. Por eso, tiene que estar siempre en permanente cambio, no de lo fundamental que es la verdad del Evangelio que permanece para siempre, sino la forma de acercar la verdad a la gente. Yo creo que este modo de caminar juntos pastores, laicos, religiosos… lo que hace es presentar una imagen más clara de lo que es la Iglesia a la sociedad contemporánea.

Desde su experiencia en su recorrido por diversas diócesis, ¿cuál es el clima eclesial que está encontrando en torno a este sínodo?

Habitualmente voy a las jornadas de formación permanente con clero, aunque también aquí he tenido la oportunidad de compartirlo con los laicos. Es muy importante que el clero se forme adecuadamente en esto porque ellos son los primeros agentes de todo este movimiento del Espíritu en la Iglesia. Si vamos a tener que hacer estructuras más sinodales en las parroquias, los primeros que tienen que estar convencidos son los párrocos. Y, en general, me estoy encontrando bastante receptividad y, tanto curas como otros agentes con los que he tratado, están muy en la mentalidad de que hay que caminar por aquí.

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“En cada Eucaristía renuevo mi compromiso de servicio con todos los que están allí”

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“En cada Eucaristía renuevo mi compromiso de servicio con todos los que están allí”

Han pasado 25 años desde que el sacerdote granadino D. Juan Carlos Carrión González fuera ordenado en nuestra diócesis en 1996. Víznar, Almuñécar o las parroquias de la Alpujarra Baja fueron algunos de sus destinos pastorales hasta llegar a la parroquia de Jesús Obrero en Almanjáyar, donde lleva 22 años dedicado a las familias, jóvenes y necesitados.

¿Cómo surgió su vocación sacerdotal?

En un principio surgió cuando empecé a tener contacto con los escolapios, estudié en un colegio católico y tuve un profesor que era escolapio. Al principio comencé el noviciado para ser hermano lego pero a medida que fui avanzando vi más clara la llamada del Señor a la vida sacerdotal.

Me acompañaron muchas personas a la hora de discernir, estuve 8 años en los escolapios y después salí y estuve trabajando como laico varios años, la llamada fue más fuerte especialmente en un encuentro de oración en un casa de retiro en Murcia. Ahí hice los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola y es donde me sentí llamado.

¿Cuáles son los santos que más han influido en su vocación?

Principalmente Carlos de Foucauld, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asis y Calasanz.

De Foucauld destacaría la Eucaristía, la vida oculta, ser sal en medio de la relación y su oración de abandono.

De Francisco me impacta la pobreza. Yo no soy pobre, pero me impacta la pobreza en el sentido de que uno está desprendido de las cosas, las comparte, y eso ayuda a vivir en humildad y sencillez.

De Loyola me marcó el numero 23 de los Ejercicios: el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Estamos llamados a reconocer, cuidar y traducir con el servicio ese regalo.

Y por último, de Calasanz me quedo con la idea de que si queremos romper la pobreza es por medio de la educación.

¿Qué es lo que más ha disfrutado de su pastoral en estos años?

Es un regalo. Yo he sentido que no soy yo el fiel al Señor, sino que Él ha sido fiel en mi vida a través de muchas personas. Estar en Almanjáyar me ha llevado a descubrir la mano y la presencia del Señor en muchas personas.

Aún así la realidad muchas veces es dura. Recuerdo una vez que era de noche y yo estaba cerrando la parroquia con el pensamiento de dejarlo. En ese momento llegó un chico de los que acompañamos y me dijo: “Juan Carlos, te quiero”. Ahí vi que más allá del amor ese joven persona Dios me estaba hablando.

Los momentos duros son también momentos privilegiados para plantearme quién es el que me mantiene aquí. Almanjáyar me ha enseñado a escuchar a dejarme tocar por la realidad, a tener una mirada más profunda, acompañar, mirar lo positivo, porque más allá de una realidad desafiante hay un mundo espectacular.

¿Un pasaje de la Biblia que le haya marcado?

Tengo dos. Por una parte la vocación de Jeremías y otra Mateo 12: “Te doy gracias Padre porque has ocultado estas cosas y se las has mostrado a los sencillos, así te ha parecido mejor”. En lo sencillo Dios se hace presente.

En su opinión, ¿cuál es el mayor desafío de ser sacerdote actualmente?

El mayor desafío es abandonarme más en Dios. Yo soy muy controlador. Como Iglesia la gente espera signos de nosotros, no son cosas grandes, son pequeñas, pero creo que aun no sabemos comunicar bien con la vida el Evangelio. La gente nos percibe alejados y necesita que estemos más cercanos a sus problemas, que nos dejemos tocar por su realidad.

¿Cómo ha vivido su aniversario de ordenación?

Cuando recibí la ordenación fue un gran regalo. No elegí yo a Dios sino Él a mi, y lo que he hecho es compartir su rostro con las personas. Doy gracias a Dios por todas esas personas. La verdad es que sentirse querido por tanta gente, a veces me siento pequeño de tanto amor que me desborda. Mi aniversario fue el 14 de abril y tuve dos celebraciones.

Una plegaria para los próximos años.

La oración que hago todos los días es la de Carlos de Foucauld: “Padre me abandono a ti, haz de mi lo que quieras”.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

 

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“Decir públicamente que tus creencias valían, fue lo que marcó un antes y un después en nuestra vida”

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“Decir públicamente que tus creencias valían, fue lo que marcó un antes y un después en nuestra vida”

Yenia y Ernesto llegaron a Córdoba hace cinco años. Antes habían viajado desde Cuba a Holanda, una decisión nada fácil guiada por la búsqueda de prosperidad y libertad, tanto personal como familiar, imposible con las limitaciones del Régimen comunista. Limitaciones que durante un tiempo supieron sortear al trabajar en la revista “Vitral”, del Obispado de Pinar del Río. Hoy forman parte de la comunidad parroquial de Ntra. Sra. de la Aurora

¿Crecisteis en una familia no católica?

Yenia: Sí. Nuestra familia, especialmente la mía era una familia relacionada con el desarrollo revolucionario del 59: mi madre, mis tíos, mis abuelos, excepto mi abuelo paterno que era el único en la familia que tenía alguna creencia religiosa y que era católico pero no practicante. Precisamente de mi abuelo recuerdo una anécdota que me marcó en mi infancia con la religiosidad. Él tenía un altar en su habitación, con la Virgen de la Caridad del Cobre, San Lázaro y un cuadro grandísimo del Sagrado Corazón de Jesús y cuando falleció, mi bisabuela, que era militante del partido comunista, sacó todos sus santos y los quemó en el patio. Esto fue algo que me marcó en mi infancia. Nosotros crecimos como todos los niños cubanos, jugando con juguetes de razonamiento, viendo muñecos rusos, donde la religión no formaba parte de mi vida.

Ernesto: De la mía tampoco. Nacimos diez años después de la Revolución y para entonces ya estaba claro que la religión era el opio del pueblo. En mi caso particular, nací en un barrio pobre, de negros, y a decir verdad, mis primeros contactos con la religión me daban un poco de miedo. El asistir en ese barrio a un baile de santos o ver la imagen de San Lázaro que tenía mi abuela sucia con unos centavos encima, era algo fuera de lo común, porque nos educaron en una propaganda completamente atea. Yo recuerdo que había una revista en Cuba, “El militante comunista”, que tenía una sección que a mí me encantaba, se llamaba “Ciencia y religión” y que como os podéis imaginar mostraba todos los argumentos posibles en contra de la religión cristiana. Con esa aproximación, me surgió el interés por los temas religiosos en general y así fue mi primer acercamiento a la religión.

¿Cómo es la Iglesia cubana que vosotros habéis conocido, como era vuestra vida cristiana cuando decidís seguir a Cristo?

Yenia: Fue difícil, porque fue una consecución de situaciones que nos llevaron a una conversión. Por muchos factores llegamos a perder nuestro trabajo por colaborar con la Iglesia y en un momento determinado entramos en “Vitral”, una revista auspiciada por el Obispado y el centro de formación cívica-religiosa. Veníamos del mundo artístico cultural, yo era diseñadora gráfica y Ernesto escribía poesía y se movía en el ambiente de literario, empezamos a trabajar en “Vitral” y empezamos a conocer la Iglesia desde dentro, porque en ese momento teníamos un contacto muy básico. Comenzamos a trabajar en el Obispado, en la revista, dando catequesis con las Hermanas de la Caridad, incluso empezamos a ayudarlas con las cantinas, llevándoselas a los ancianos que no podían desplazarse a los comedores. Yo creo que mi primer contacto con la Iglesia, con la pobreza cruda del ser humano y su vulnerabilidad fue un día que llegamos con Sor María del Rosario a una casa de un señor y cuando entramos a esa casa que parecía normal, había un chaval de 30 años en una cama sin colchón, paralítico, y un mayor de 70 años cuidándolo con una mesa y una silla. El hombre era el padre de ese chaval, quien al vernos nos atendió con mucha amabilidad y ofreciéndonos lo poco que tenía, la silla llena de suciedad y moscas. No tenía nada para alimentar a su hijo que estaba paralítico en una cama… fue algo que me interpeló, pues nunca antes había visto esa realidad de la Iglesia que me tocó profundamente.

Ernesto, en esta experiencia de fe de Yenia, estabas en la revista “Vitral” y ¿fue esto lo que provocó un acercamiento a la Iglesia?

Ernesto: A Yenia la expulsaron de su trabajo por colaborar con “Vitral” y con la Iglesia, a mí antes por otros motivos y vine a recalar al Obispado porque era amigo del creador de la revista. Como sabía que yo no tenía trabajo, empecé a colaborar y a ver todo un movimiento que componía la Iglesia cubana en esos años para muchas personas. Benedicto XVI decía que la Iglesia católica es la religión de la razón creativa, eso necesariamente implica la verdad, la acción, y eso compele a la libertad; por eso, muchas personas que no tenían ningún tipo de libertad en Cuba, veían el atractivo de la Iglesia en ese momento. Particularmente nosotros en nuestra diócesis. Como decía Benedicto, “la Iglesia necesita sacerdotes y creyentes que por su vida de fe hagan creíble a Dios en el mundo”,  y esas personas que nosotros conocimos, como monseñor Siro o el Padre Manolo, obispo de Pinar del Rio, con el que íbamos muchos jóvenes a su parroquia por sus homilías encarnadas en la realidad del pueblo cubano, eran para nosotros esperanza.

Yenia: En el Obispado confluía mucha vida, era un sitio de comunión.

Ernesto: El Obispado representaba lo contrario a lo que el Gobierno hacía, que era quitar de la vida pública la Iglesia y ahí nosotros nos abríamos a distintos ambientes con las Cáritas parroquiales, pastoral penitenciaria, etc. de tal manera que nos llamaron la atención y tuvimos que ir contra toda esa marea, contando con el apoyo y la consideración de muchísima gente que se acercaba a nosotros porque necesitaban espiritualidad y poder expresarse libremente.

En el 86 se reunieron durante unas semanas obispos, religiosos, religiosas, laicos…para preguntarse precisamente cómo era la Iglesia y de qué manera podía ser. Fue un encuentro nacional cubano que hizo florecer la misión de la Iglesia y su función ante el pueblo cubano.

La visita de san Juan Pablo II fue un punto de inflexión en vuestra vida cristiana. ¿Cómo lo vivisteis?

Yenia: San Juan Pablo II vino para revolucionarlo todo. Fue un punto de partida para mucha gente que hasta ese momento había escondido su fe. Vino a abrir la grieta en el muro y a dejar pasar la luz.

Yo recuerdo tres puntos básicos vividos, la misa en la plaza de la revolución con un inmenso retrato del Corazón de Jesús y unas letras enormes que decían: Yo creo. El otro punto era oír hablar de Dios en la tele cubana, algo imposible, pues nunca el pueblo cubano en la tele había visto una misa ni nadie hablando de Dios. Pero sobre todo lo que retumba en mi memoria fue en la escalinata de la Universidad de La Habana, donde tuve la suerte de estar en el encuentro con el Papa dentro del Aula Magna, y donde vi cómo una gran cantidad de jóvenes, sacerdotes, laicos y demás, gritaban con fuerza: El Papa libre nos quiere a todos libres. Aquello me produjo un movimiento interior tremendo, porque hablar de libertad allí, decir públicamente que tu pensamientos y creencias valían, fue lo que marcó un antes y un después en muchas personas y en nuestra vida. Había gente que había vivido toda su vida persecución y en ese momento sintieron una liberación tremenda.

Ernesto: Sentimos el Espíritu Santo en esa Plaza de la Revolución y sopló fuerte en Cuba, pues en los ambientes donde el Régimen soltaba sus discursos de odio e ideología, el Papa vino a decir lo contrario, amor y paz.

Encontráis una comunidad parroquial en Córdoba, en la parroquia de la Aurora, ¿cómo estáis viviendo esta etapa de vuestra vida cristiana?

Yenia: La parroquia es una parroquia de barrio, nos han acogido estupendamente. Hay un movimiento muy fuerte a través de la hermandad de Nuestra Señora de la O y es impresionante ver, cuando vienes de un contexto donde tus santos están dentro y el pueblo no los puede sacar, ver a la Virgen caminando por las calles de tu barrio, la gente siguiéndola, gritándole bonita… esa libertad de expresar tu fe y manifestarla abiertamente, no la habíamos vivido en Cuba.

Por nuestra parte, nos intentamos acoplar a las catequesis, a los grupos, poco a poco, conociendo a la gente y estamos asistiendo a un grupo de Comunión y Liberación, tanteando un poco la experiencia y poniendo al servicio de la parroquia los talentos que Dios nos dio.

Ernesto: Cuando salimos de Cuba, me maravillaba la variedad de expresiones de la fe católica que España tiene. Una riqueza de fe muy grande, muy enriquecedora. En Cuba es que esto no se vive, es imposible, por eso son tan llamativos para nosotros y nos gusta. Agradezco la posibilidad que nos dan en la parroquia de que nos integremos en la vida comunitaria.

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Convenio de colaboración entre el Grupo Hafesa y el Centro Educativo Vocacional Diocesano San Fernando

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Convenio de colaboración entre el Grupo Hafesa y el Centro Educativo Vocacional Diocesano San Fernando

Fomentará así la viabilidad económica del Colegio financiando a los alumnos destacados que no gozan de medios suficientes para permitirse una educación de excelencia.

El Grupo Hafesa y el Centro Educativo Vocacional Diocesano San Fernando de Granada han presentado hoy el Convenio de colaboración entre ambas entidades. En virtud de este Convenio, Grupo Hafesa fomentará la viabilidad económica del Colegio, durante el curso 2021-2022, financiando a los alumnos más destacados que no gozan de los medios suficientes para permitirse una educación de excelencia.

En la presentación del Convenio de colaboración han asistido, por parte del Grupo Hafesa, su Director General, D. Diego Guardamino; y por parte del Centro Educativo, el Rector del Seminario Menor y del Colegio San Fernando, D. Miguel Ángel Morell Parera, y el Director del Centro Educativo, D. Antonio José de la Rosa Martos.

El Centro Educativo San Fernando, que comenzó su andadura en el curso 2020-2021, ofrece una educación cristiana humanista a un alumnado mixto en todas las etapas de Secundaria y Bachillerato. Su objetivo fundamental es descubrir la vocación personal de cada alumno, a través de la búsqueda de la verdad, la belleza y la bondad.

El Grupo Hafesa comparte con el Colegio San Fernando los valores que ambos promueven, tanto en el ámbito de la educación como en el empresarial. Entre ellos, cabe destacar aspectos que ayudan a una formación de calidad de su alumnado como son el esfuerzo, el trabajo, el afán de superación y la mejora de los propios límites, de ahí su apoyo a aquellos alumnos que no gocen de los recursos suficientes, para que esta educación de calidad pueda estar a su alcance.

En palabras de Diego Guardamino, Director General de Grupo Hafesa, “se trata de un convenio que nos permite avanzar en nuestra misión como empresa, de ayudar a construir un mundo mejor a través de la colaboración con entidades que compartan nuestros valores, y que nos facilitan la tarea de tender la mano a quienes puedan necesitarlo. Estamos muy orgullosos de poder firmar este tipo de convenios que benefician principalmente a quienes más lo necesitan”.

Grupo Hafesa es un operador energético que cuenta con plantas de almacenamiento de hidrocarburos en distintos puntos de la geografía española. La planta de Motril, en Granada, es uno de sus principales activos dentro de la península, y es parte clave de su estrategia empresarial. La unión de la compañía con esta ciudad es por tanto muy relevante, y éste es uno de los motivos por los que la empresa ha querido poner su granito de arena, a través de la firma de este convenio.

Sobre GRUPO HAFESA

Grupo Hafesa es un holding empresarial dedicado a la comercialización y distribución de productos petrolíferos. Desde la importación, pasando por su almacenamiento y distribución, hasta las gasolineras y el servicio de gasóleos a domicilio, cubre todas las fases del producto.

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La Casa-Hogar Virgen de Araceli de Picota renueva su estructura dañada por la lluvia

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Al centro acuden cada curso 40 niñas a estudiar de entre 6 y 16 años

La lluvia y la cercanía de un arroyo acabó debilitando los cimentos del hogar “Virgen de Araceli” de Picota construido en 2014, donde acuden cada curso 40 niñas a estudiar de entre 6 y 16 años, salvando las largas distancias desde sus lugares de origen, dispersos a lo largo de la selva amazónica. Estudiar en Shamboyacu y residir en esta casa supone  alejarlas de la exclusión social y motivar una actitud nueva para su promoción como mujeres. Este servicio nace como resultado de las gestiones de dos misioneros diocesanos y su labor es muy apreciada por las chicas y sus familias. Su deterioro por la acción de agentes naturales y climatológicos creó mucha inquietud en la misión Diocesana y en la comunidad de Hermanas Obreras del Sagrado Corazón, que ahora respiran más aliviados a punto de culminar la renovación de su estructura gracias a la colaboración de los cordobeses que ha canalizado la Delegación Diocesana de Misiones.

Ante el riesgo de derrumbe, la Misión Diocesana de Picota decidió derribar la parte trasera de la casa de acuerdo con la comunidad de cuatro Hermanas Obreras del “Sagrado Corazón” que gestionan este impagable servicio y se procedió a la excavación para la nueva cimentación. Una intervención que ha sumado al edificio un sótano, aprovechando el desnivel del terreno y un aljibe. Las obras dotan a la Casa-Hogar de un nuevo salón, cocina y comedor  social que recibe a niñas que viven lejos de Shamboyacu (Picota) aunque no sean residentes. Estos servicios se sitúan en la primera planta, mientras que la elevación de una segunda planta se ha destinado a nueva biblioteca y sala de estudios para las chicas que viven en este hogar.

El proyecto de cimentación y nuevas instalaciones constituyen una apuesta por favorecer el desarrollo de niñas que de otro modo tendrían muchas dificultades para continuar sus estudios. Los recursos con los que ha contado la misión diocesana de Picota son los llegado desde Córdoba “generosamente, a través de una cuenta de la Delegación de Misiones, aparte de las donaciones particulares que nos llegan”, explica el sacerdote diocesano Antonio Javier Reyes, dedicado a la misión de Picota hace más de un año, cuando nada más llegar comprobó la función social decisiva de estas instalaciones. Una labor que también Cáritas Córdoba ha valorado por encima del esfuerzo y todos los años ha venido haciendo una aportación económica para la sustentación de la casa y el abastecimiento del comedor social.

La pandemia y la crisis sanitaria mundial ha sumado muchas dificultades a la terminación de las obras, por eso la misión diocesana decidió redoblar esfuerzos para que “esta casa siga siendo un lugar de referencia para chicas que viven el lugares apartados y en riesgo de exclusión social”, afirma el sacerdote que subraya la imposibilidad de muchas de ellas de continuar sus estudios sin los servicios de alojamiento y comida que ofrece este hogar.

La Casa-Hogar cuenta con 45 plazas que quedarán nuevamente disponibles cuando comience el curso escolar en febrero. Setecientas chicas han pasado por las instalaciones de la Casa-Hogar desde su inauguración y de ella han partido cuatro vocaciones religiosas. Las chicas residentes encuentran la oportunidad de sortear las difíciles condiciones de transporte y la formación en hábitos que les permitirá ser autónomas en el futuro. Desde el año 2015, cuando el edificio fue inaugurado, las madres Obreras del Sagrado Corazón ofrecen  aquí vivienda, estudios y la posibilidad de cambiar su futuro. Las cuatro religiosas de esta comunidad les aportan sobre todo la riqueza de conocer a Jesús en una misión que supone el crecimiento espiritual, cultural e intelectual de las chicas. Es una formación “muy humana que brinda a las chicas el soporte que en sus familias no tienen”, asegura  Antonio Javier Reyes. De su promoción como mujer depende cambiar un ambiente social que a  veces las convierte en víctimas de abuso.














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“El Sínodo me enseña a ver la vida con los ojos de la fe”

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Ana Campos pertenece al GPS de la parroquia Virgen del Camino y está viviendo este camino en comunión con los jóvenes de Córdoba

¿Qué te animó a participar en el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba?

Fue nuestro párroco D. Manuel Sánchez junto con Maribel, la catequista que nos acompaña a los jóvenes, quienes nos informaron y nos animaron a participar de una iniciativa que había surgido en la diócesis y nos animaron a ir al primer encuentro de líderes GPS. Fue allí cuando compartimos con otros jóvenes ese encuentro, cuando me sentí llamada y motivada a cumplir aquello a lo que se nos invitó, a ser “Iglesia al encuentro de los demás, siempre en salida”. Al escuchar las ponencias, las experiencias de otros jóvenes y compartir los momentos de oración y encuentro, cuando me sentí también llamada a trasladar todo aquello que había experimentado esos días y lo que estaba por llegar.

¿Cómo trabaja tu GPS habitualmente?

Nosotros nos reunimos una vez al mes, los domingos, a veces, dos veces al mes.

Nuestro grupo GPS tiene mucha variedad de edades y situaciones, el más joven tiene 19 años y la más mayor 29, por lo que es muy enriquecedor compartir la fe cada uno en su realidad. Somos 12 jóvenes en total. Nos reunimos, rezamos juntos y tratamos el contenido de las fichas, que nos da pie a compartir la fe y la vida. Desde el principio abrimos el grupo a todo aquel que se quiso unir, sobre todo a aquellos que por cualquier motivo se alejaron de la Iglesia. Intentamos ser lugar de acogida y de encuentro con Dios que nos llama a cada uno de nosotros a llevarlo a todas las personas, especialmente a aquellas que más lo necesitan.

¿Qué te parece esta iniciativa de la Diócesis para los jóvenes?

Me parece una iniciativa bonita, necesaria y evangelizadora. Pensar en aquellas personas que necesitan a Dios pero que se han alejado, esa es la gran misión que tenemos los cristianos, llevar a Dios allí dónde estamos, en nuestras parroquias, colegios o movimientos, pero sobre todo en los trabajos, en la universidad, en nuestras familias, en definitiva en nuestro día a día. Para ello, los grupos para el Sínodo son clave a la hora de recordarnos para qué hemos sido enviados, para llevar el Amor de Dios que experimentamos, a todos, sobre todo a los que más lo necesitan.

¿Qué puede aportar este Sínodo a tu vida de fe?

A mi vida de fe, le aporta madurez, crecimiento y experiencia de Dios. Me invita a pararme, a tratar ciertos temas novedosos y a los que los cristianos debemos dar respuestas desde la fe. Me anima a compartir la fe y también como decía al principio la vida, que es para mí, donde Dios también se hace presente cada día, en muchos momentos. A saber ver la vida con los ojos de la fe, a recordarme que Dios me quiere y nos quiere a todos. Me recuerda la importancia de celebrar la alegría de ser cristiano en los sacramentos.

En definitiva, para mí, cada vez que nos reunimos, ese domingo al mes, es un momento grande de encuentro, de oración y de compartir que me acerca a Dios y me ayuda a acercarme también a los demás. Me invita a formarme en lo que se nos propone en las fichas y a vivir la fe, como decía al principio en mí día a día, en los lugares, personas y acontecimientos de la vida y a sentirme enviada por Dios allí dónde estoy.

¿Sientes que la Iglesia diocesana cuenta contigo?

Sí, creo que la Iglesia siempre está llamándonos y pensando en nosotros. Creo que también se ve en esta iniciativa, en pensar algo que nos una a todos los jóvenes de Córdoba. También en pensar en todas aquellas personas que un día se alejaron, es bonito ver a la Iglesia acogedora, la que espera como el Padre con los brazos abiertos a todos.

Además de con los GPS lo he experimentado muchas veces en la parroquia en la que estoy, Virgen del Camino, en la que siempre he podido experimentar a través de nuestro párroco D. Manuel, así como de los demás miembros de la comunidad, como la Iglesia cuenta conmigo y con cada uno de nosotros para llevar a Dios allá dónde vayamos.

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La Cofradía del Huerto participa en el IV Congreso de Hermandades con la advocación de la Amargura

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La Cofradía del Huerto participa en el IV Congreso de Hermandades con la advocación de la Amargura

El Cardenal Carlos Amigo Vallejo inaugura en Brenes/Sevilla el IV Congreso de Hermandades con la advocación de la Amargura. La Cofradía de la Oración en el Huerto participa activamente en esta edición de 2021.

Este evento que nació por primera vez en Granada en el mes de Noviembre de 2013 y como acto preparatorio para la Coronación Canónica de María Santísima de la Amargura, promovido por la Hermandad de Granada a la que se adhirieron las hermandades de Almería, Sevilla, Guadix, Jaén, Motril, Estepa, Conil de la Frontera, Almuñecar, Lorca y Málaga, ha tenido continuidad en el tiempo, habiendo se celebrado Congresos en Lorca (Murcia) y Málaga, este año corresponde a Brenes/Sevilla, aplazado por la pandemia en el 2020, fecha inicialmente prevista. 

El movimiento de Hermandades con la advocación de la Amargura ha crecido exponencialmente en los últimos años pasando de las 11 Cofradías iniciales a casi sesenta hermandades de toda España, por lo que uno de los objetivos de esta edición es iniciar el proceso de elaboración de Estatutos internos pero con carácter nacional, al haber hermandades asociadas de los cuatro puntos cardinales de nuestro país. El objetivo de esta Confraternidad es el conocimiento mutuo, la ayuda solidaria, el difundir los valores de la Semana Santa, la devoción a la Santísima virgen María y a su Divino Hijo, entre otras actividades de confraternización.

Al Congreso de Brenes, asisten casi treinta hermandades, algunas de sitios tan lejanos como Tenerife o Santander. Además del Cardenal Amigo presentan ponencias el Director General de Cáritas y la Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, entre otros. El Sr. Arzobispo de Sevilla celebrará una multitudinaria Misa en la Plaza de la iglesia de Brenes ante el Paso de María Santísima de la Amargura, de la Hermandad del Gran Poder de esa localidad organizadora de este evento.

Cofradía de la Oración en el Huerto

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