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VÍDEO | Mensaje de Año Nuevo del Arzobispo de Sevilla

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VÍDEO | Mensaje de Año Nuevo del Arzobispo de Sevilla

El Arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz, dedica unas palabras los fieles de la Archidiócesis de Sevilla con motivo del Año Nuevo.

En su mensaje, lleno de esperanza, nos insta a colaborar en este nuevo año en la construcción de un mundo mejor, desarrollando los talentos que el Señor nos ha concedido.

Al fondo aparece el retablo de la ‘Adoración de los pastores’, de Juan Martínez Montañés, perteneciente a la capilla del Convento de Santa Clara, que está siendo restaurado en el taller del Arzobispado hispalense.

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Felicitación de nuestro Obispo

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Año Nuevo, vida nueva y mucho por hacer

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Año Nuevo, vida nueva y mucho por hacer

Comienza 2022. Seguramente, nunca se había depositado tantas esperanzas en un año nuevo como las que ponemos en este 2022 que acaba de comenzar. La superación de la pandemia, que no termina de llegar, es, sin duda el deseo más repetido en el paso del año viejo al nuevo año. Queremos que pase pronto, que se acabe esta pesadilla… y confiamos en que esto ocurra en 2022. Lo necesitamos ya.

También en nuestras parroquias se necesita que pase esta pandemia. La pastoral parroquial se hace muy difícil entre miedos, medidas de seguridad, restricciones. Necesitamos que vuelvan las celebraciones sin aforos, sin miedos, sin restricciones. Necesitamos que las catequesis se puedan desarrollar con normalidad y que podamos hacer procesiones, encuentros y otras muchas actividades que nos ayudan a crecer en la fe. Y queremos que sea ya, en este 2022.

Sin duda, el nuevo año vendrá marcado por el Sínodo de los obispos, que será en 2023 pero que ya ha comenzado con una fase diocesana de consultas. Todos podemos dar nuestra opinión y ya son muchos los grupos que lo han hecho en las parroquias e instituciones de nuestra diócesis, y otros están en ello. Es un Sínodo que tiene ocupada a la Iglesia en todo el mundo y que, por iniciativa del papa Francisco, se quiere contar primero con la opinión de todos, incluso de los no creyentes.

En nuestra diócesis, además, el nuevo año será el año de la Visita Pastoral, con permiso de la pandemia. Ya comenzó en 2019, pero tuvo que ser suspendida por la llegada de la Covid. Se retomó en 2021 y en este nuevo año se completará la Visita Pastoral a las parroquias del Fardes-Los Montes y se realizará la de otros arciprestazgos. También la de la curia.

Si en 2021 tuvimos tres años jubilares, en este 2022 aún nos quedan dos. Uno es el Año Diocesano del Corazón de Jesús, prorrogado por la pandemia y que se va a prolongar hasta el mes de junio. Ya hay una imagen peregrina del Corazón de Jesús que está recorriendo las parroquias de Guadix. Esta Navidad ha recorrido la parroquia de Santiago, ahora se encuentra en la de Santa Ana y el lunes 3 de enero irá a la parroquia de Jesucristo Redentor. También hay catequesis para vivir esta devoción, en el 75 aniversario de la consagración de la diócesis al Corazón de Jesús.

El otro año jubilar es el Año “Familia Amoris Laetitia”, que se clausurará también en junio de 2022, en el que trabajamos unidos al resto de la Iglesia, porque este es universal, convocado por el papa.

También será este año nuevo el año de los jóvenes, pues tendrá lugar la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela, quién sabe si con la visita del papa Francisco, al que se ha invitado y se le espera. Y también se darán los primeros pasos hacia la JMJ de Lisboa 2023, que tenemos muy cerca y en la que estarán los jóvenes de nuestra diócesis, seguro.

Como ven, 2022 llega con buenas expectativas en todos los ámbitos, tanto a nivel diocesano como parroquial. Y comienza fuerte, con la Visita ad Limina de los obispos andaluces, junto con otros de las Provincias Eclesiásticas del Sur y de otras regiones de España. Será a mediados de enero y para nuestro obispo, D. Francisco Jesús Orozco, será su primera Visita ad Limina. Esperemos que la pandemia permita que todo lo programado se pueda cumplir y que vayamos recobrando, poco a poco, la tan ansiada normalidad. ¡Bendita normalidad!

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2022

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Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2022

La Iglesia celebra el 1 de enero la 55ª Jornada Mundial de la Paz. El papa Francisco, para esta jornada, ha escrito un mensaje, que este año viene titulado: “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”.

El papa hace un llamamiento a los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad «para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz».

Reproducimos aquí el mensaje del papa para la 55ª Jornada Mundial de la Paz:

Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:
instrumentos para construir una paz duradera
(texto íntegro)

  1. «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del mensajero de la paz significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.

Todavía hoy, el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral [1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, el clamor de los pobres y de la tierra [2] sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.

En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. [3] Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.

Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social» [4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

  1. Diálogo entre generaciones para construir la paz

En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones» [5].

Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.

Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas» [6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro [7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.

Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros» [8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?

Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente» [9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo [10] que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual [11].

Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.

  1. La instrucción y la educación como motores de la paz

El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.

Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante [12].

Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros. 

Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado [13]. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación» [14]. Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad» [15]. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno [16].

Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo [17].

  1. Promover y asegurar el trabajo construye la paz

El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.  

La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.

El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal» [18]. Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.

Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la doctrina social de la Iglesia.  

Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.

A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2021

Francisco

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[1] Cf. Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 76ss.

[2] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 49 .

[3] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 231.

[4] Ibíd., 218.

[5] Ibíd., 199.

[6] Ibíd., 179.

[7] Cf. ibíd., 180.

[8] Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 199.

[9] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 159.

[10] Cf. ibíd., 163; 202.

[11] Cf. ibíd., 139.

[12] Cf. Mensaje a los participantes en el 4º Foro de París sobre la paz, 11-13 noviembre 2021.

[13] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 231; Mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz. La cultura del cuidado como camino de paz (8 diciembre 2020).

[14] Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 199.

[15] Videomensaje con ocasión del Encuentro “Global Compact on Education. Together to Look Beyond” (15 octubre 2020).

[16] Cf. Videomensaje con ocasión de la Cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos (12 diciembre 2020).

[17] Cf. S. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens (14 septiembre 1981), 18.

[18] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 128.

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«Calor y café» cumple cinco años

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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LA CARIDAD TIENE VOZ. «Calor y café» cumple cinco años

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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El nuevo año desde la mirada de laicos, religiosas y sacerdotes

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NoticiaEl Espejo

Publicado: 01/01/2022: 64

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Buenos deseos para el nuevo año desde la mirada del Vicario para la Acción Caritativa y Social, Juan Manuel Ortiz Palomo; Sor Piedad, Franciscana de los Sagrados Corazones, desde Antequera; Fernando Luque, responsable de Pastoral Vocacional; Ana Burgos, oyente fiel del programa; y el director del Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, Pedro Leiva.

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“El Espejo”, en COPE Granada y COPE Motril, cierra el año 2021 desde la zona norte de Granada

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“El Espejo”, en COPE Granada y COPE Motril, cierra el año 2021 desde la zona norte de Granada

Conocemos las iniciativas de las parroquias de la Paz, con su Proyecto Cometa, y de Jesús Obrero, con su iniciativa ALFA.

En el último programa del año 2021, “El Espejo” dedica su espacio para conocer las iniciativas por los más pequeños, adolescentes y familias del barrio. Conversamos con el párroco de La Paz, D. Mario Picazo, y una joven educadora en el Proyecto Cometa, puesto en marcha hace siete años por la parroquia. También conocemos la iniciativa ALFA de la parroquia Jesús Obrero y hablamos con su párroco D. Juan Carlos Carrión.

“El Espejo”, que dirige y presenta Paqui Pallarés, se emite los viernes a partir de las 13:35 horas, y puede escucharse el podcast en www.archidiocesisgranada.es, así como en cope.es/granada y cope.es/motril

Escuchar programa

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Ha fallecido el sacerdote diocesano Diego González Pérez

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El pasado 31 de diciembre falleció en Murcia, a los 87 años, el sacerdote diocesano Diego González Pérez. El obispo de Cartagena presidió la Misa de exequias al día siguiente en la Parroquia de La Purísima de Javalí Nuevo (Murcia).

Diego González nació en la pedanía murciana de Javalí Nuevo el 14 de mayo de 1934 y fue bautizado el 20 de mayo del mismo año, en la parroquia de La Purísima de su localidad natal. Con 13 años ingresó en el Seminario Menor, pasando después al Seminario Mayor San Fulgencio, donde realizó los estudios de Filosofía y Teología, siendo ordenado sacerdote el 14 de junio de 1959 en la Parroquia de San Juan Bautista de Murcia, por Mons. Ramón Sanahuja y Marcé, obispo de Cartagena.

Después de su ordenación ocupó los siguientes cargos pastorales:

  • 1959-1961: Coadjutor de la Parroquia de San Antonio de Padua de Mazarrón.
  • 1959-1961: Coadjutor de la Parroquia de San Andrés Apóstol de Mazarrón.
  • 1961-1974: Cura ecónomo de la Parroquia de San José de Coy (Lorca).
  • 1967-1974: Cura encargado de la Parroquia de San Nicolás de Avilés (Lorca).
  • 1974-1976: Cooperador de la Parroquia de La Purísima de El Palmar (Murcia).
  • 1974-1976: Capellán de las Carmelitas del Monte Carmelo (Sanatorio) de El Palmar.
  • 1976-1989: Cura ecónomo de la Parroquia de Nuestra Señora del Azarbe de Azarbe (Murcia).
  • 1983-1989: Cura ecónomo de la Parroquia de San Roque de Cobatillas (Murcia).
  • 1989-2005: Párroco de La Purísima de Javalí Viejo (Murcia).
  • Desde 2005, era colaborador de San Bartolomé-Santa María de Murcia.

Descanse en paz.

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