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En la fiesta de la conversión de san Pablo

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NoticiaEn los Medios

Publicado: 25/01/2022: 95

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El sacerdote Rafael Pérez Pallarés, delegado de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga, dedica su reflexión de hoy, en el programa Palabras para la Vida de Canal Sur Radio, a la fiesta de la conversión de san Pablo, con la que se concluye la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Aquí pueden escuchar el programa

Palabras para la vida

‘Palabras para la vida’ es un programa diario, dirigido y presentado por Rafael J. Pérez Pallarés. Fruto del acuerdo entre RTVA y los obispos de Andalucía, ofrece una reflexión diaria a la luz de la fe y la actualidad.

Se emite de lunes a viernes a las 04:56h y los sábados y domingos a las 05:56h en Canal Sur Radio.

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Mensaje del papa Francisco para la Jornada de las Comunicaciones Sociales

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En la fiesta de san Francisco de Sales, patrón de los comunicadores, el Papa hace público el mensaje para la 56 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra el Domingo de la Ascensión del Señor.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 56 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Escuchar con los oídos del corazón

Queridos hermanos y hermanas:

El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.

En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana.

A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.

Escuchar con los oídos del corazón

En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «Shema’ Israel – Escucha, Israel» (Dt 6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (Rm 10,17). Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.

La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.

El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar. El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf. Hch 7,57).

Así, por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.

Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a la forma en que escuchan» (Lc8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien. Sólo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente (cf. Lc 8,15). Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómoescuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 171).

Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón. El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» ( 1 Re 3,9). Y san Agustín invitaba a escuchar con el corazón ( corde audire), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón» [1]. Y san Francisco de Asís exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón» [2].

La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.

La escucha como condición de la buena comunicación

Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.

Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.

En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo Abraham Kaplan [3], el diálogo es un “duálogo”, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el tú como el yo están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.

Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo. Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida.

En efecto, solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación. Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.

Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal Agostino Casaroli, hablaba del “martirio de la paciencia”, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad. Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. Sólo el asombro permite el conocimiento. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos. Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.

La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una “infodemia”, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas.

También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo. Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.

Escucharse en la Iglesia

También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios» [4]. El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios [5].

En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.

Hace poco ha comenzado un proceso sinodal. Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.

Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.

Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.

Francisco

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[1] «Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» ( Sermo 380, 1: Nuova Biblioteca Agostiniana 34, 568).

[2]  Carta a toda la Orden: Fuentes Franciscanas, 216.

[3] Cf. The life of dialogue, en J. D. Roslansky ed., Communication. A discussion at the Nobel Conference, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.

[4] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad, Sígueme, Salamanca 2003, 92.

[5] Cf. ibíd., 90-91.

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«Las jornadas de liturgia se centrarán en el Domingo, Día del Señor»

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NoticiaIglesia Noticia

Alejandro Pérez Verdugo, delegado de Liturgia de la Diócesis de Málaga // E. LLAMAS

Publicado: 25/01/2022: 30

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Está previsto que los días 11 y 12 de febrero se celebren las Jornadas Diocesanas de Liturgia, en Casa Diocesana. El delegado diocesano de Liturgia, Alejandro Pérez, explica, ante los micrófonos de COPE Málaga, las claves de dichas jornadas tan esperadas.

Inscripciones

Para inscribirte hay varias opciones que se pueden elegir:

– Rellenar este formulario de inscripción online, pinchando en este enlace.
– Enviar un e-mail a jornadasdeliturgia@diocesismalaga.es adjuntando la ficha que aparece en el tríptico y que pueden descargar pinchando en este enlace.

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Semana del Matrimonio, “Es más de lo que crees” del 14 al 20 de Febrero

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Semana del Matrimonio, del 14 al 20 de Febrero

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MENSAJE de mons. Saiz a los periodistas en la fiesta de su patrón (24-01-2022)

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MENSAJE de mons. Saiz a los periodistas en la fiesta de su patrón (24-01-2022)

Mensaje del arzobispo de Sevilla, mons. José Ángel Saiz, a los periodistas de Sevilla con motivo de la festividad de su patrón, San Francisco de Sales (lunes, 24 de enero de 2022).

 

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Monseñor Saiz celebra la Eucaristía por San Francisco de Sales, patrón de los comunicadores, junto a numerosos periodistas

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Monseñor Saiz celebra la Eucaristía por San Francisco de Sales, patrón de los comunicadores, junto a numerosos periodistas

El monasterio de la Visitación de Sevilla, de las Religiosas Salesas, ha acogido esta mañana la Eucaristía por el inicio del Año Jubilar concedido con motivo del 400 aniversario de la muerte de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.

Por ello, el Arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz, ha presidido la Misa en la que ha participado un nutrido grupo de fieles afines a la Orden, así como una amplia representación de los medios de comunicación de Sevilla (ABC, COPE, Diario de Sevilla, Onda Cero…) y numerosos periodistas católicos. La Eucaristía ha estado concelebrada por Adrián Ríos, delegado diocesano de Medios.

El arte de escuchar

Durante su homilía el Arzobispo ha recordado que este Año Jubilar debe ser un “año de salvación y de profundos frutos espirituales para la comunidad y para toda nuestra diócesis”.

Por otro lado, ha señalado que san Francisco de Sales debe “servirnos de inspiración”, siguiendo su máxima “nada pedir, nada rehusar”. También ha indicado que fue un “precursor del acompañamiento espiritual y de proponer la vocación a la santidad a los laicos”.

Asimismo, ha reflexionado sobre la importancia de la escucha activa a raíz del Mensaje del papa Francisco para las Jornadas de las Comunicaciones Sociales 2022 hecho público hoy y que lleva por título ‘Escuchar con los oídos del corazón’.

Según monseñor Saiz “en este tiempo en el que toda la Iglesia está invitada a ponerse en escucha, en un tiempo sinodal, todos hemos de redescubrir la escucha como algo esencial para la comunicación”. Por ello ha invitado a los presentes a practicar “el arte de escuchar, que no es lo mismo que el simple acto de oír”. “Solo entonces –añadía- es posible despertar el deseo de vivir el ideal cristiano”.

“Escuchar es la capacidad de dar sentido e interpretar, algo que se hace intencionadamente”, ha apuntado el Arzobispo y ha asegurado que esto “no es una tarea fácil” porque implica “atender totalmente a la persona que nos habla, sin interrumpirla, sin juzgarla; es una prueba de respeto con actitud receptiva”.

Sin embargo, ha lamentado que vivimos en un mundo “de prisas, de estrés y competitividad extrema, donde no hay tiempo para la escucha serena ni el diálogo fecundo”. Al respecto, ha explicado que “el camino para conocer a fondo a las personas es saber escucharlas”. Para eso “es muy importante la humildad, la discreción y la superación del narcisismo”.

Monseñor Saiz ha concluido su homilía pidiendo a Dios tanto por la familia de la Orden de la Visitación que hoy comienza su Año Jubilar, como por los periodistas y escritores católicos en el día de su patrón.

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Cierre de la visita ad limina de los obispos del sur, en imágenes

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Destacamos en imágenes algunos de los momentos más destacados de las dos últimas jornadas de la visita ad limina en la que el broche de oro final tuvo lugar con el encuentro personal de los obispos con el Papa Francisco el día 21 y la sesión de trabajo a la Secretaria de Estado en la jornada del 22 de enero.

La visita ad limina en Roma de los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada, Sevilla y Mérida-Badajoz culminó con el encuentro personal de los prelados con el Santo Padre el viernes, día 21, momento en el que Francisco pudo conversar con cada uno de los obispos sobre la realidad de las distintas diócesis españolas del grupo 3 de la ronda de visitas al Vaticano de los obispos españoles, así como recibir diferentes obsequios por parte de los obispos.

De hecho, la jornada comenzó con la conmemoración del quinto aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Antonio Gómez, obispo de Almería y la celebración de la Eucaristía desde donde los obispos se desplazaron al Vaticano para encontrarse con el Santo padre.

Entre los más destacado en esta ronda de encuentros del los obispos del sur con el Papa, Francisco dirigió unas palabras de aliento para todos los habitantes de la Isla de La Palma, a lo que dirigió un afectuoso mensaje animándolos a continuar y proseguir en la “reconstrucción” de lo dañado por el volcán sin perder la esperanza.

Con esta audiencia papal culminó la visita ad limina de los obispos del sur en Roma no sin antes visitar la Secretaria de Estado, donde tuvo lugar la última sesión de trabajo de los obispos en esta viaje a Roma y desde donde se coordinan las relaciones internacionales de la Santa Sede con las naciones de todo el mundo.

Palabras del Papa a los palmeros
Galerías de fotos de la visita ad limina completa

Odisur

 

Mensaje del Papa para la 56º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales

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«Escuchar con los oídos del corazón» es el lema que propone el Santo Padre para este año

La Santa Sede ha hecho público en la festividad de San Francisco de Sales, el Mensaje del papa Francisco para la 56º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales. «Escuchar con los oídos del corazón» es el lema que propone el Santo Padre para este año.

Adjuntamos el texto íntegro.

Escuchar con los oídos del corazón
Queridos hermanos y hermanas:
(texto íntegro)

El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.

En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana.

A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.

 
Escuchar con los oídos del corazón

 
En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «Shema’ Israel – Escucha, Israel» (Dt 6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (Rm 10,17). Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.

La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.

El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar. El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf. Hch 7,57).

Así, por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.

Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a la forma en que escuchan» (Lc 8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien. Sólo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente (cf. Lc 8,15). Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 171). 

Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón. El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» ( 1 Re 3,9). Y san Agustín invitaba a escuchar con el corazón ( corde audire), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón» [1]. Y san Francisco de Asís exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón» [2].

La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.

La escucha como condición de la buena comunicación

Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.

Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.

En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo Abraham Kaplan [3], el diálogo es un “duálogo”, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el tú como el yo están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.

Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo. Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida.

En efecto, solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación. Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.

Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal Agostino Casaroli, hablaba del “martirio de la paciencia”, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad. Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. Sólo el asombro permite el conocimiento. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos. Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.

La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una “infodemia”, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas.

También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo. Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.

 
Escucharse en la Iglesia

 
También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios» [4]. El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios [5].

En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.

Hace poco ha comenzado un proceso sinodal. Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.

Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.

Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.

Francisco

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[1] «Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» ( Sermo 380, 1: Nuova Biblioteca Agostiniana 34, 568).

[2]  Carta a toda la Orden: Fuentes Franciscanas, 216.

[3] Cf. The life of dialogue, en J. D. Roslansky ed., Communication. A discussion at the Nobel Conference, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.

[4] D. Bonhoeffer, Vida en comunidad, Sígueme, Salamanca 2003, 92.

[5] Cf. ibíd., 90-91.

24/01/2022

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Ciclo de conferencias sobre la figura educativa del pedagogo Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, en La Madraza

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Ciclo de conferencias sobre la figura educativa del pedagogo Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, en La Madraza

La Universidad de Granada y la Fundación Ave María organizan del 25 de enero al 10 de febrero un ciclo de conferencias en homenaje al próximo centenario del fallecimiento de D. Andrés Manjón, pedagogo burgalés fundador de las Escuelas del Ave María. Las ponencias serán en la Madraza y la entrada será libre hasta completar aforo.

Cercana la efeméride del centenario de la muerte del catedrático universitario y canónigo sacromontano Andrés Manjón, fallecido en 1923, la Universidad de Granada junto a la Fundación Ave María ha querido honrar su legado educativo con la organización de un ciclo de conferencias titulado: “En torno a la Educación en Andrés Manjón» que se celebrará en La Madraza del 25 de enero al 10 de febrero.

Esta actividad, promovida desde el Aula de Literatura y la Cátedra de Educación, contará con cuatro ponencias dirigidas por distintos especialistas y donde se abordará la figura del padre Manjón a través de su proyecto educativo, pero también sobre casos concretos como la enseñanza de la Lengua o las Matemáticas, sin olvidar la materialización de todo ese trabajo a través de sus colonias escolares y su patrimonio.

Entre los ponentes, se encuentra el profesor Andrés Palma, de la Facultad de Educación, quien a lo largo de su carrera académica se ha especializado en el estudio de Manjón y su obra, entre otros ponentes de distintas disciplinas.

CONFERENCIAS

El programa de ponencias del ciclo sobre D. Andrés Manjón será el siguiente:

– Martes, 25 de enero: “Andrés Manjón. Actualidad de su pensamiento y de su proyecto educativo”, a cargo de Andrés Palma Valenzuela.

– Jueves, 27 de enero: “La enseñanza de la Lengua y la Literatura en Andrés Manjón”, a cargo de Antonio Romero López.

– Martes, 8 de febrero: “La enseñanza de las Matemáticas en Andrés Manjón: las otras Matemáticas”, a cargo de Irene Real García.

– Jueves, 10 de febrero: “Las escuelas del Ave María y su patrimonio”, a cargo de Salvador Mateo Arias Romero.

La entrada será libre hasta completar aforo siguiendo las recomendaciones sanitarias de prevención del covid-19.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Bendecido el retrato del mártir Rafael Reyes en Guadalcázar

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Patricio Ruiz bendijo la obra el pasado domingo 23 de enero en la parroquia Ntra. Sra. de Gracia

El retrato del mártir Rafael Reyes Moreno ya se encuentra en la parroquia Ntra. Sra. de Gracia de Guadalcázar, localidad natal de este mártir que derramó su sangre por Cristo en 1936 y que fue beatificado el pasado mes de octubre en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. La bendición tuvo lugar el domingo 23 de enero, solemnidad de la Palabra de Dios, en la parroquia de manos del administrador parroquial, Patricio Ruiz. A partir de ahora los fieles podrán venerarlo en el Sagrario de la parroquia.

La obra ha sido realizada por el pintor cordobés Juan Manuel Ayala y donada por varios devotos del beato.


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