Monseñor Francisco Jesús Orozco confirmó, en la parroquia de La Peza, a un grupo de 10 personas, entre los que había adultos y menores. La celebración tuvo lugar el domingo 27 de septiembre.
Acompañado por el párroco, Sebastián Robles, y el maestro de ceremonias de la Catedral, Alfonso García, el obispo presidió la celebración de la Eucaristía, en la que se dirigió a los confirmandos durante la homilía. Mons. Orozco les habló de la importancia de los sacramentos de la iniciación cristiana, entre los cuales está la Confirmación, como sacramento del Espíritu Santo.
Habló al grupo de la Confirmación como gracia y expresión del amor de Dios y les recordó que este sacramento marca, a modo de sello, el corazón de quienes lo reciben. Confirmados, ya somos del rebaño del Señor, no de las ideologías de este mundo, les vino a decir.
Terminó el obispo la homilía animando a los que recibían la confirmación a colaborar en la vida parroquial y en las distintas tareas que se emprendan. Pero, sobre todo, los animó a ser testigos del Señor en medio del mundo.
La Hermandad de la Esperanza, de Baza, celebró su 75 aniversario con una salida extraordinaria por las calles de la localidad. Fuel el sábado 26 de septiembre, por la tarde, y congregó a numerosos bastetanos y otros devotos llegados de la comarca y de otros lugares de Andalucía. Sin duda, esta procesión extraordinaria fue uno de los momentos más esperados en los actos programados para este aniversario.
A la procesión asistió el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, quien acompañó a los hermanos durante el recorrido con la imagen de su titular, por unas calles de Baza llenas de fieles.
La procesión contó con los sones de la Banda de Música de Santa Ana, de Dos Hermanas (Sevilla) y la Banda Sinfónica de El Ejido (Almería), que suele tocar en las procesiones de la Esperanza, en Semana Santa bastetana.
«Incluso uno solo de estos pequeños» es el lema de la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra este año el 27 de septiembre. Como cada año, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana han publicado un mensaje que anima, conciencia y orienta en esta jornada tan especial.
En su mensaje, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española invitan a dirigir una mirada renovada hacia los niños, niñas y adolescentes migrantes, a partir del lema «Incluso uno solo de estos pequeños», inspirado en el Evangelio de Mateo (18,5).
Por ello, destacan que todo ello resuena con especial fuerza, al «revivir a nivel personal y comunitario la experiencia vivida con intensidad durante el viaje del Papa a Canarias. Sus gestos, discursos y mensajes movieron nuestras conciencias, compromisos y actitudes».
El mensaje subraya que este lema invita a superar una visión de las migraciones que se analiza con frecuencia en cifras, porcentajes o discursos políticos. Esta expresión «nos obliga a detenernos y a cambiar el enfoque. Nos invita a mirar más allá de las estadísticas y a reconocer el valor único e irrepetible de cada niño, niña o adolescente migrante». «Una sola vida tiene un valor infinito», señalan los obispos, recordando que cada menor migrante tiene una historia, unos miedos, unas esperanzas y unas heridas que merecen atención, protección y respeto.
Los obispos plantean así un cambio de mirada que permita dejar de considerar al migrante como «uno más», una categoría o una cifra, para reconocerlo como una persona y como un prójimo. Esta conversión de la mirada, recuerdan, transforma también la relación con quienes llegan y ayuda a construir una sociedad más justa. Desde la perspectiva del Evangelio, acoger a «uno de estos pequeños» supone además un encuentro con Cristo y constituye una exigencia que afecta al núcleo de la vida cristiana.
«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, con sueños y capacidades, cambia nuestra forma de relacionarnos con él. Deja de ser un problema que gestionar para convertirse en una persona que acoger y con la que encontrarse», apuntan los prelados.
El mensaje presta una especial atención a las situaciones de vulnerabilidad que viven muchos menores migrantes, cuyos derechos a la seguridad, la educación, la salud y la protección familiar se ven amenazados. «La infancia se convierte en el grupo más vulnerable de los migrantes», apuntan.
Ante esta realidad, los obispos llaman a superar la indiferencia y a traducir la compasión en acciones concretas, políticas justas y estructuras capaces de garantizar la protección, el acompañamiento y el desarrollo integral de cada menor para contribuir a una verdadera cultura del encuentro.
Para tener en cuenta
Los obispos invitan a mirar más allá de las estadísticas o cifras.
«Es necesario reconocer el valor único e irrepetible de cada niño, niña o adolescente migrante«.
Un solo niño migrante, con su historia, sus miedos, sus esperanzas y sus heridas, merece toda la atención, toda la protección y todo el respeto.
«Humanizar nuestra mirada y recuperar la dimensión personal es esencial para construir una sociedad más justa».
«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, cambia nuestra forma de relacionarnos con él».
Los obispos llaman a superar la indiferencia y a traducir la compasión en acciones concretas capaces de garantizar la protección, el acompañamiento y el desarrollo integral de cada menor.
No siempre comprendemos a los demás si nos fijamos más en sus defectos que en los buenos sentimientos de su interior. La grandeza del interior de una persona no está en sus buenas intenciones o voluntad, sino en las acciones que dan muestra de un corazón que se ha renovado por amor a Dios.
Esta parábola de Mateo denuncia que muchas veces vivimos en la hipocresía de exigir a los demás lo que no somos ni lo que nosotros hacemos, para sentirnos mejores que los demás. Pero, para Dios, lo que cuenta no son tus propósitos, que normalmente no cumples, sino los cambios que haces en tu vida para obedecer y agradarle a Él.
Ser un buen hijo de Dios es no conformarte, desear cambiar en ti todo lo que te pueda distanciar y te impida realizar la voluntad del Padre, comprendiendo y ayudando a quien también quiere pasar del pecado a la gracia.
DESARROLLO
Los jefes de los sacerdotes y de los ancianos le han hecho unas preguntas a Jesús que no ha respondido. A cambio él les expone tres parábolas con las que ilustrar el rechazo que está sintiendo por ofrecer el Reino de Dios a los marginados de su tiempo (publicanos, pecadores y mendigos) y a los no judíos, que eran llamados paganos y considerados pecadores. Una de esas parábolas, la primera, que solo se encuentra en el evangelio de Mateo, es el relato de hoy para meditar.
Hay que tener en cuenta que las parábolas, aparte de tener la intención de hacernos más comprensible el misterio del Reino de Dios, pretenden también ser una oportunidad para el examen que debiéramos hacer de nuestra vida y de nuestros comportamientos, en las claves de la conversión que Jesús exige para ser sus discípulos y para pertenecer a la Iglesia. Esta parábola está compuesta con esta intención.
En la primitiva Iglesia preocupa el juicio y el desprecio que algunos miembros hacen a los de fuera, sin hacer autocrítica. Los judíos se consideraban justos por ser obedientes en el cumplimiento de la Ley de Dios. Los cristianos que tienen un origen judío lo siguen sintiendo así, porque no han cambiado su mentalidad. De ahí que ellos se sientan mejores que los cristianos no judíos. Es entonces cuando nos encontramos con una denuncia constante de Jesús y del Evangelio a la HIPOCRESÍA, comportamiento de tantos creyentes que presumen de tener fe pero no la viven ni la practican.
Esta parábola es la historia de un padre y de sus dos hijos anónimos, que se comportan de manera diferente ante la petición que les hace para que vayan a trabajar a la viña. El primero, protesta, pero finalmente obedece; el segundo, acepta, pero finalmente desobedece. La pregunta es, ¿quién de los dos es un buen hijo?
Jesús también pretende que cada uno de nosotros nos analicemos en nuestra forma de proceder con nuestro Padre Dios, al vernos reflejados en uno de los dos hijos. Pero el mensaje central de esta historia es que para Jesús lo importante es la conversión, por eso se pone de parte de aquellos que, estando equivocados y llevando una mala vida: han recapacitado, se han arrepentido y han cambiado su conducta, porque también han cambiado su corazón.
Los hechos son los que hablan de lo que verdaderamente sentimos en nuestro corazón. Cuando las personas queremos agradar y quedar bien no hacemos las cosas en sinceridad ni de corazón.
El final de la parábola es sentencioso por parte de Jesús, que nos advierte de que un buen hijo de Dios es aquel cuya fe va acompañada de la conversión y de las buenas obras. Nunca seremos buenos hijos si no somos buenos hermanos practicando la acogida. En el Reino de Dios tenemos cabida todos si obedecemos a Dios, es decir, si cumplimos su palabra, que es la manera que quiere que lo amemos.
El Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos en la presente edición llega con un lema que no debe sonar a tecnocracia ni a fría consigna de despacho: «El potencial transformador de la innovación y las tecnologías para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos». Una resolución adoptada en 2019 durante el 74º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU emplaza esta jornada en el calendario cada 29 de septiembre. Una fecha que debiera ser muesca en la conciencia, ceniza sobre la frente de un mundo que satisface sus fantasías mientras deja caer, desde la mesa opulenta, las migajas de la indignidad. Ante este panorama no podemos mirar hacia otra parte ni hacer oídos sordos. Es urgente nombrar esa herida que sangra a diario en nuestras cocinas, en las trastiendas de los grandes hipermercados, en las cunetas olvidadas de la agroindustria, en nuestros banquetes opíparos. La pérdida y el desperdicio de los alimentos oculta demasía e incuria, sobras y malgasto, irresponsabilidad y sinrazón.
El grano que nos interpela
Donde no hay justicia no hay paz, y donde no hay alimento compartido no hay humanidad verdadera. Un trozo de pan arrojado al cubo de la basura no es simplemente un residuo orgánico; es un sacrilegio contra la tierra y contra el hermano. Es un alarido mudo que sube hasta el cielo reivindicando reparación.
Tal vez hemos perdido la costumbre de contemplar las cosas pequeñas, las cosas humildes. Un tomate que se arruga en la cesta. Una manzana con una peca oscura que el consumidor melindroso rechaza en el anaquel. Frente a ello, el sol poniente cae sobre el surco. El campesino, con la espalda doblada de fatigas, padece porque el fruto de su labor se pudre en el camión. Las leyes implacables del mercado —ficticias muchas de ellas, creadas por la avaricia de unos pocos— han decidido que hoy es la apariencia lo que realmente cuenta. El resto no vale nada. Ahí está la tragedia. En la prisa del mercado. En el olvido del origen. En cambio, los esfuerzos cotidianos de quienes cultivan la tierra con sudor, las voces cansadas y entrañables que huelen a rastrojo, a confianza silente y a dignidad rural, nos han de llevar a recordar el sentido sagrado del aprovechamiento. En tiempos de nuestros abuelos no se tiraba nada. Nada. Las sobras del cocido eran las croquetas de mañana; el pan duro de tres días se transformaba en migas amables o en sopas de ajo para espantar el frío. Aquella no era la cultura de la miseria, no; era la sabiduría del respeto a la creación. Era saber que el trigo ha costado lluvia, ha costado lomos rotos, ha costado la bendición misteriosa de la tierra. Hoy hemos sustituido la sabiduría del anciano por el celofán brillante y plástico. Compramos con los ojos ciegos de la ocurrencia y despilfarramos con la mano helada del descarte.
El grito de la tierra y el grito de los pobres
¿Cómo callar ante el contraste atroz? En un extremo del planeta, o al final de nuestra propia calle, descubrimos atónitos estómagos vacíos que sueñan con un puñado de arroz. En el otro extremo, contenedores rebosantes de comida perfectamente consumible, desechada por nimias imperfecciones estéticas, por fechas de caducidad mal entendidas, por sobreproducción irracional. Esto no es un simple problema logístico o ecológico. Es un problema ético. Es un pecado estructural. Tirar comida es un insulto hacia los pobres, un agravio a su sed no saciada, a sus ojos tristes, a su carencia de sustento. Arrojar alimentos al basurero es contaminar las aguas que regaron esa cosecha inútil. Es erosionar el suelo para nada. Es quemar el gasoil de los transportes para alimentar los vertederos.
La innovación debe ser, ante todo, una conversión de la mirada. ¿A qué innovación nos referimos? No a la que perpetúa el privilegio, sino a la que democratiza la abundancia. Nos referimos a la innovación en la cadena de frío y conservación: se trata de procurar sensores accesibles y sistemas de almacenamiento solar para los pequeños agricultores del Sur global, aquellos que pierden hasta el cuarenta por ciento de sus cosechas antes de llegar al mercado porque no tienen medios para conservar el fruto de su trabajo. Estamos pensando en la innovación que suministra plataformas digitales de redistribución: aplicaciones y redes que conectan en tiempo real el excedente de un restaurante, de un colegio o de un supermercado con los comedores sociales, con las familias en riesgo, con los bancos de alimentos del barrio. Se trata de la biotecnología y del envasado inteligente: materiales biodegradables que extienden la vida útil de los alimentos sin perjudicar la casa común, indicadores de frescura reales que evitan el descarte prematuro. Aludimos también a la gestión de datos para la justicia: algoritmos puestos al servicio de la logística humanitaria y de la previsión de demanda, para no producir a ciegas ni hipertrofiar los mercados. Todo esto nos está diciendo que la tecnología, cuando se impregna de ética, se vuelve milagro multiplicado: los cinco panes y los dos peces organizados por la inteligencia colectiva para que coman todos y aún sobren cestos.
Esta jornada internacional del 29 de septiembre no puede quedar reducida a un manifiesto bienintencionado, a una foto institucional de políticos engalanados. Debe encarnarse, descender a las manos, al plato, a las decisiones de cada día. Seamos más concretos. A nivel individual y familiar, aprendamos a volver a mirar lo que tenemos antes de gastarnos el dinero en lo que se nos antoja. Compremos con paciencia azoriniana, contemplando el origen de cada cosa. Busquemos reconciliarnos con la imperfección, es decir, no desechemos la fruta fea, la hortaliza curva, la pieza que la tiranía del estándar estético condena al ostracismo. Sabe igual, nutre igual, salva vidas. Seamos diestros en el arte del aprovechamiento, recompongamos la cocina del sentido común: guardar, congelar, transformar. Convirtamos el pan en memoria y el sobrante en generosidad. Eduquemos el paladar y el alma: enseñemos a los niños que la comida se respeta, que no se juega con ella, que detrás de cada bocado hay hombres y mujeres que trabajaron arduamente la tierra. Y en el plano comunitario y político, exijamos a los que legislan marcos normativos estrictos que prohíban a las grandes superficies la destrucción de alimentos aptos para el consumo y las obliguen a canalizarlos hacia entidades sociales. Facilitemos el compostaje y la economía circular: lo que ya no pueda ser consumido por el ser humano debe volver a la tierra como abono, cerrando el ciclo sagrado de la vida, sin jamás ir a parar a vertederos emisores de metano. Promovamos compras públicas sostenibles: que las escuelas, los hospitales y las instituciones sociales se abastezcan de productores locales, fomentando cadenas cortas de distribución donde el derroche se reduzca de forma natural. Implantemos redes de vecindad e innovación social: en muchos lugares están proliferando las despensas comunitarias y los refrigeradores compartidos en los barrios, donde la solidaridad derrota al aislamiento egoísta.
Que la jornada no pase en vano
Si estás leyendo estas líneas en la comodidad de tu estudio o en el ajetreo de tu trabajo, ojalá no te sea indiferente este Día Mundial contra la pérdida y el desperdicio alimentario. Es una iniciativa que viene en ayuda de muchos seres humanos a los que la vida no les sonríe. Es una efeméride que, por desgracia, pone de relieve una infausta división. De una parte, están los que se atiborran en un banquete absurdo, en una mesa saturada. La otra mitad agoniza de inanición en la penumbra. Detrás del millón trescientos mil millones de toneladas de alimentos que se despilfarran cada año en el mundo existen rostros aciagos, vidas truncadas. Hay niños con las cuencas de los ojos hundidas por la desnutrición. Hay madres que se acuestan con el vientre pegado a la espalda. Hay campesinos que emigran porque el precio de su cosecha no pagó ni la semilla. Nos reclaman cuentas, y tienen razón en su rabia clara. «No más», nos dicen. Su voz es incisiva, como una daga que atraviesa las excusas de la burocracia. No piden consuelos abstractos ni promesas de salón. Exigen la eliminación rotunda de esta lacra, de esta máquina perversa que esquilma al planeta y humilla a la persona humana. Nos señalan con el dedo pulcro de quien no ha vendido todavía su conciencia. Hay en su protesta una nostalgia de la belleza no contaminada, una voluntad de vivir en un ámbito donde el deseo y la realidad no estén separados por la grieta del desprecio. No quieren ser los herederos de una cultura que mide el progreso por la cantidad de basura que acumula. Imploran sensibilización, un estremecimiento de la inteligencia que impida repetir las prácticas destructivas que nos han traído hasta este sombrío espectáculo. Porque la verdadera desesperanza no es no tener nada, sino tenerlo todo y arrojarlo al cubo de la inmundicia con la fría naturalidad del idiota.
Erradiquemos de una vez, con la ley, con el corazón y con la conducta cotidiana, el flagelo del desperdicio de alimentos. Antes de que sea la propia tierra, cansada de tanta afrenta, la que nos niegue para siempre su pan. Si continuamos con un consumo caprichoso, con un derroche ilimitado de comida, con pérdidas agrícolas que se eternizan por falta de medios, nos estamos jugando el futuro, y también el alma. O compartimos la mesa con sobriedad y justicia, o el festín de nuestra codicia desmedida terminará por devorarnos a todos. Que la tecnología sea luz y no encubrimiento. Que la innovación sea pan para el indigente y no mero negocio para unos pocos. Levantemos las manos, pero no para aplaudir discursos triviales, sino para amasar un porvenir donde nada se pierda, todo se comparta y la tierra cante por fin la canción de la fraternidad.
Cáritas Interparroquial de Jaén anima a los jiennenses a colaborar con la donación de alimentos y productos de higiene con destino a personas y familias en situación de vulnerabilidad. Con este fin ha programado una recogida de alimentos en todos los supermercados Masymas y Lidl de la capital. Se llevará a cabo los próximos viernes y sábado, 2 y 3 octubre, en el horario de apertura de estos establecimientos. Más de un centenar de personas voluntarias permanecerán ambos días en los supermercados para animar y facilitar las donaciones.
Los principales productos demandados son alimentos no perecederos y alimentación infantil, como leche, pasta, arroz, legumbres, aceite, conservas de pescado, cacao y potitos, entre otros. En cuanto a los productos de higiene, especialmente se pone el acento en gel y champú.
Según concreta la coordinadora de Cáritas en la capital, Fátima Jerez, el objetivo de la recogida es dotar de productos alimenticios y de higiene la “Despensa de Cáritas”, recurso desde el que se presta este tipo de ayuda a las personas y familias derivadas de los equipos de Cáritas en Jaén. De media, son unas 300 familias las que cada mes se benefician de esta ayuda. “Durante el pasado año se entregaron 97.555 kilos de alimentos. De ellos, 82.712 kilos fueron donados, lo que nos permite hacernos una idea de la importancia de las donaciones para el sostenimiento de este recurso”, ha explicado Jerez Rojas. Por productos, el más repartido fue la leche, con algo más de 25.000 litros, verduras (15.421 kilos), pasta (8.883 kilos) y arroz (4.792 kilos). El total de intervenciones desde la “Despensa de Cáritas” ascendió a 3.552 durante 2025.
Llamada a la solidaridad
Fátima Jerez ha hecho un llamamiento a la solidaridad de los jiennenses. “Su aportación es fundamental para el sostenimiento de este recurso de Cáritas. La última recogida, realizada el pasado mes de marzo, se alcanzó la cifra de 12.623 kilos de productos donados. Nos encantaría que la generosidad de los jiennenses nos permita superar esta cifra”, ha manifestado la coordinadora. De igual modo, quienes prefieran sumarse con una donación económica podrán hacerlo enviando su donativo al Bizum 00421 o en los números de cuenta de Cáritas Interparroquial de Jaén en Kutxabank y Caja Rural de Jaén.
Jerez Rojas también ha tenido palabras de gratitud a quienes hacen posible la recogida. “Estamos muy agradecidos a Masymas y Lidl por estar siempre dispuestos a responder a la llamada de Cáritas, dando acogida a nuestra iniciativa solidaria. También queremos agradecer el compromiso de las decenas de personas voluntarias que harán posible esta nueva recogida en favor de las familias en situación de vulnerabilidad”, ha concluido la coordinadora de Cáritas Interparroquial de Jaén.
En la semana del 6 al 12 de septiembre, los seminaristas acudieron hasta la Casa de Espiritualidad de San Juan de Ávila en La Yedra para realizar los tradicionales Ejercicios Espirituales de inicio de curso. En esta ocasión, han estado a cargo de D. Juan Carlos Merino, vicario episcopal para el Clero de la Archidiócesis de Madrid.
Agradecemos enormemente su plena disposición y la entrega estos días, en los que nos ha acercado a la contemplación del misterio de Dios a través del método de Ejercicios Espirituales propuesto por San Ignacio de Loyola. En ellos nos ha invitado a salir de nosotros mismos para poder entrar hasta el fondo y conocer verdaderamente lo que Dios nos pide, con confianza y docilidad a su voluntad. Además, nos ha insistido en que tengamos pasión por la vida y a gustarla, ya que estamos llamados a ser expertos en ella porque nuestro Dios ha resucitado.
Durante cada día y tras el rezo de laudes, contamos con la meditación, dos horas de oración por la mañana y una plática previa al almuerzo. Por la tarde, en primer lugar, la meditación, otras dos horas de oración con exposición del Santísimo, y finalizábamos el día con el rezo de vísperas y la celebración de la Eucaristía, la cena y el rezo de las Completas.
Hay que destacar, también, la presencia de nuestro obispo Don Sebastián Chico, que nos acompañó el 12 de septiembre durante el momento de puesta en común y compartir y la posterior comida.
Así, estos días nos han servido enormemente para seguir configurándonos con el Corazón de Jesús, Buen Pastor, y llenarnos del Espíritu en este nuevo curso que comienza y para que nunca dejemos de perseverar en su infinita misericordia.
Este sábado, 26 de septiembre, se inauguraba oficialmente el curso en el Instituto Teológico San Eufrasio. Un solemne acto que dio comienzo con la Eucaristía y posteriormente con la parte académica y que concluyó con una copa de vino español.
La Casa de la Iglesia fue el lugar de encuentro de seminaristas, formadores, profesores y alumnos de este Centro Teológico, para poner ante el Señor el curso académico que comienza. También, quisieron asistir el Delegado territorial de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local de la Junta de Andalucía en Jaén, D. Mario Martos; El teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Jaén, D. Francisco José Lozano Cerdán; el Intendente Jefe de la Policía local, D. Gustavo Vega; así como el Decano del Colegio de Abogados, D. Manuel Jesús Martos y otros representantes de Colegios profesionales.
Eucaristía del Espíritu Santo
La Eucaristía, presidida por el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, estuvo concelebrada por el Obispo emérito, D. Ramón del Hoyo; el Director del ITSE y Provicario General, D. José Antonio Sánchez Ortiz; el Decano de Teología de la Facultad Loyola, el Padre D. Ignacio Rojas OSST, así como el Rector, D. Juan Francisco Ortiz y el resto de los formadores y algunos miembros del Claustro. El recién ordenado diácono, de origen tanzano, John Makubhi proclamó el Evangelio.
Durante la homilía, el Obispo de Jaén subrayó que la formación teológica no puede reducirse a la adquisición de conocimientos, sino que debe conducir al encuentro con Dios y transformar la vida de quien estudia. En este sentido, advirtió de que «podemos estudiar a Dios y olvidarnos de Dios. Y esta sería una de las contradicciones más grandes de una institución teológica». Para monseñor Sebastián Chico Martínez, quienes se forman en estos centros están llamados a «profundizar en el misterio de Dios, en su Palabra, en la vida de la Iglesia, para comprender mejor nuestra fe y poder servir mejor a nuestros hermanos».
En esta misma línea, el prelado afirmó que «cuando estudiamos teología, en último término, no estudiamos cosas, sino personas. Nos acercamos a Dios, a Cristo, al ser humano amado y salvado por Dios», por lo que «el verdadero estudio teológico debe conducir siempre a la contemplación, a la oración y al servicio». Asimismo, recordó que «la verdadera teología abre la inteligencia, pero también ensancha el corazón» y animó a los alumnos a comprobar que su formación les ayuda a ser cada día «más humildes, más fraternos, más disponibles, más misericordiosos, más parecidos a Jesucristo».
Finalmente, invitó a afrontar el nuevo curso con el deseo de que el conocimiento adquirido se traduzca en una vida más profundamente cristiana: «Que al terminar el curso sepamos más, ciertamente. Pero, sobre todo, que conozcamos más al Señor, le amemos más y tengamos más deseos de servirle en nuestros hermanos».
Acto Institucional
El Salón de Actos de la Casa de la Iglesia acogió, posteriormente, el acto académico. En el que, tras las palabras de bienvenida del Provicario General y Director del ITSE y Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dámaso en su extensión De Jaén, D. José Antonio Sánchez Ortiz, el Jefe de estudios, ofreció la memoria correspondiente al curso 2025/2026.
A continuación, fue el Decano de la Facultad de Teología, el trinitario Padre Rojas, ofreció unas palabras de ánimo a los que cursan estudios en este centro Teológico y subrayó el compromiso de la Facultad Loyola con este Centro adscrito, que busca siempre el desarrollo integral de los alumnos, así como su excelencia académica.
“El Poder misericordioso de Dios y salvación de los pobres: un estudio del Magníficat (Lc 1, 46b-55)” fue el título de la lección inaugural del curso, que pronunció el Vicario General y desde hace casi 40 años profesor del Seminario, D. Juan Ignacio Damas. En ella desgranó de manera pormenorizada el canto de María en la Visitación, desde distintos contextos, pero sobre todo del que tiene que ver con los pobres, los últimos y los descartados. En este sentido, el Vicario General recordó la actualidad de este himno, que es “un canto personal y comunitario, pero también de todo el pueblo creyente”. A la vez que indicó que “María encarna el destino de la comunidad y expresa la voz de la misma; en ella el pueblo de la Nueva Alianza, se concentra ante Dios y ante su poder misericordioso y salvador”.
Un tercer momento fue la entrega de diplomas a los alumnos que habían concluido sus estudios durante el curso pasado y la entrega de la medalla de ITSE al alumno de Ciencias religiosas que había concluido también esta formación, el diácono, John Makubhi.
La intervención del Obispo puso la conclusión al acto. Monseñor Chico Martinez situó la misión del Instituto Teológico San Eufrasio en el horizonte del último curso del Plan Pastoral Diocesano, que tiene como lema «Misión y presencia pública». Monseñor Sebastián Chico Martínez señaló que «para poder ser esa luz necesitamos conocer aquello en lo que creemos. Necesitamos formarnos», y defendió la necesidad de una fe madura, capaz de dialogar con el mundo, responder a sus preguntas y escuchar también sus inquietudes.
En este sentido, destacó la responsabilidad del ITSE de «formar a cristianos comprometidos con la Iglesia y con el mundo, y que estén dispuestos siempre a ser y dar luz en la sociedad», porque, afirmó, «una Iglesia que quiere estar presente e inserta en la sociedad necesita cristianos preparados», capaces de dar razón de su fe «con argumentos, con respeto y también con valentía».
El Obispo vinculó también la lección inaugural, dedicada este año al Magnificat, con esta llamada a la misión y a la presencia pública de los cristianos. Así, afirmó que «nuestra presencia como cristianos tiene, como el Magnificat, que hacerse presente desde el servicio allí donde hay necesidad, sufrimiento, soledad, incertidumbre o falta de esperanza». Para ello, añadió, es necesaria una formación que permita «descubrir en cada persona un rostro que merece ser escuchado, acompañado y querido».
Finalmente, monseñor Sebastián Chico Martínez animó a seguir consolidando el proyecto del Instituto Teológico San Eufrasio como un espacio abierto a toda la comunidad diocesana y subrayó su deseo de que sea «ese lugar al que puedan acudir todos aquellos que tienen sed de Dios y desean conocer más profundamente el misterio de nuestra fe».
Desde el pasado 7 de septiembre han comenzado a impartirse las clases y aún sigue abierto el plazo de matrícula.
La Diócesis de Cádiz y Ceuta comienza este martes, 29 de septiembre, las actividades y celebraciones con motivo del Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), que este año alcanza su centenario. Bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», la jornada se celebrará el próximo domingo 18 de octubre y volverá a poner el foco en la oración, la colaboración económica y la participación de todos los bautizados en la labor misionera de la Iglesia.
El DOMUND nació en 1926, cuando el papa Pío XI estableció que el penúltimo domingo de octubre estuviera dedicado a rezar por la labor evangelizadora en los territorios de misión y a sostenerla mediante las Obras Misionales Pontificias (OMP). Desde entonces, esta jornada se ha convertido en una cita anual para implicar a los católicos en el anuncio del Evangelio y en el apoyo a las Iglesias locales que desarrollan su actividad en territorios de misión.
España acogió desde sus comienzos esta iniciativa con numerosas conferencias, testimonios en centros educativos, proyecciones y otras actividades destinadas a fomentar la conciencia misionera. En la actualidad, el país destaca tanto por sus aportaciones económicas como por el número de misioneros enviados. En el caso de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, son 42 los misioneros y misioneras vinculados a esta labor: 14 hombres y 26 mujeres, según los datos facilitados por el Secretariado Diocesano de Misiones para esta campaña.
Un siglo de expansión misionera
Las Obras Misionales Pontificias señalan que, durante estos cien años, la labor de los misioneros ha contribuido al nacimiento de 1.132 diócesis que continúan necesitando el apoyo de la Iglesia universal. En este periodo, las diócesis misioneras se han multiplicado por cuatro y, como promedio diario, se han producido 9.000 bautismos, dos ordenaciones sacerdotales y cinco consagraciones religiosas, además de la construcción de una parroquia y tres escuelas.
Actualmente existen 1.133 territorios de misión, que representan aproximadamente un tercio de las diócesis del mundo y reúnen al 50 % de la población mundial. En ellos se han desarrollado, con el apoyo de la Iglesia, 122.263 escuelas, 26.143 instituciones sociales, 40.478 parroquias y 18.009 capillas.
El director nacional de OMP España, José María Calderón, ha resumido el significado de este aniversario destacando la participación de los fieles en la misión de la Iglesia y el apoyo que el DOMUND presta a miles de personas que viven en territorios de misión. «100 años contigo, haciéndote partícipe de la misión y abriendo tu corazón hasta los confines de la tierra», señala Calderón, quien también recuerda que la misión corresponde a todos los bautizados.
Una campaña basada en la oración, el tiempo y la colaboración
El DOMUND es la jornada internacional en la que la Iglesia dedica una atención especial a la causa misionera y organiza una colecta destinada a sostener su presencia en todo el mundo. Las OMP explican que los fondos recaudados permiten mantener la actividad ordinaria de los territorios de misión y financiar proyectos extraordinarios, como la construcción de parroquias, viviendas para misioneros, medios de transporte o la formación de catequistas.
En 2025, el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de la Propagación de la Fe reunió 69.790.871 euros. España aportó 10.698.492 euros, destinados a 173 diócesis de 22 países, y se situó como el segundo país que más contribuyó al Fondo Universal de Solidaridad, después de Estados Unidos, según los datos de OMP.
La participación en la campaña no se limita a las aportaciones económicas. Las OMP recuerdan que los bautizados pueden colaborar también mediante su tiempo y su oración. Más de 10.000 jóvenes españoles participan cada verano en experiencias misioneras y 1.855 voluntarios colaboran durante el año en delegaciones, parroquias y arciprestazgos. A ello se suman iniciativas de oración y acompañamiento, como la de los cerca de 60.000 enfermos que participan como «enfermos misioneros» y los encuentros de oración organizados en distintos puntos de España.
Programa de celebraciones en la Diócesis
La programación de la Diócesis de Cádiz y Ceuta comienza este 29 de septiembre, a las 19.30 horas, con unas Vísperas Solemnes en el Monasterio de la Santísima Trinidad de las Carmelitas Descalzas de San Fernando.
El jueves 1 de octubre, festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, se desarrollarán distintas celebraciones misioneras. En la Parroquia de Santa Ángela de la Cruz, de Chiclana de la Frontera, habrá a las 9.15 horas un Rosario Misionero y una Eucaristía, durante la que serán bendecidas las rosas que posteriormente se repartirán.
En Los Barrios, la Parroquia de San Isidro Labrador acogerá a las 18.45 horas la exposición del Santísimo y el rezo del Santo Rosario Misionero, seguido a las 19.30 horas de la celebración de la Eucaristía.
En Cádiz, la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen celebrará a las 19.30 horas la exposición del Santísimo, adoración y rezo de Vísperas Solemnes a Santa Teresita, con bendición y reserva. A las 20.00 horas tendrá lugar la Eucaristía con bendición de las rosas. También en la capital gaditana, la Parroquia de San Servando y San Germán celebrará a las 19.00 horas la Misa con bendición y reparto de rosas bendecidas, además de la veneración de reliquias de primer grado de Santa Teresita.
Del 1 al 3 de octubre, la Parroquia de Santiago Apóstol de La Línea de la Concepción celebrará a las 19.45 horas un triduo dedicado a Santa Teresita del Niño Jesús.
La programación continuará el 4 de octubre, a las 18.30 horas, en la Iglesia de San Francisco de Cádiz, con una oración misionera dedicada a Santa Teresita del Niño Jesús junto a los misioneros y misioneras identes.
El 15 de octubre, en la Parroquia Nuestra Señora del Socorro, tendrá lugar a las 18.00 horas, una charla misionera, y un Rosario Misionero y una Eucaristía por la evangelización de los pueblos.
El acto central tendrá lugar el domingo 18 de octubre, jornada del DOMUND. A las 12.00 horas, la Catedral de Cádiz acogerá la celebración presidida por el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia. También, ese mismo día, en el Colegio San Ignacio, habrá una sesión formativa a los Salesianos Cooperadores, sobre migración, misión y compasión en el entorno del Domund, desde las 10.00 hasta las 12.00 con la celebración de la Eucaristía. Por su parte, la capilla de las Hermanas Filipenses, en Puerto Real, celebrará un Rosario Misionero, a las 9.00 horas.
Así, el mes misionero se cerrará el 27 de octubre, a las 19.30 horas, en el Monasterio de la Santísima Trinidad, en San Fernando, con unas Vísperas Solemnes.
Cómo colaborar
La Diócesis de Cádiz y Ceuta invita a participar en la campaña del DOMUND mediante la oración, la colaboración personal y las aportaciones económicas. Las donaciones pueden realizarse a través de Bizum, con el código 00500; mediante transferencia bancaria a nombre de OMP, en la cuenta de Banco Santander ES24 0075 3030 00 0602016529; por teléfono, en el 915 902 780; o a través de la página web domund.es, donde es posible realizar donaciones mediante tarjeta o PayPal.
Con motivo de su centenario, el DOMUND busca así mantener viva una jornada que, desde 1926, vincula a las comunidades católicas de todo el mundo con la tarea evangelizadora y social que se desarrolla en los territorios de misión.
El sábado 3 de octubre se pone en marcha un nuevo curso de la experiencia vocacional Monte Horeb. Tendrá lugar de 10.00 a 13.30 horas, en la Ermita del Monte Calvario, en Málaga.
ARCHIVO. Jóvenes participando en la experiencia Monte Horeb
Esta convivencia ofrece «un espacio en el que suscitar y acompañar el discernimiento vocacional de los jóvenes», explica el responsable de Pastoral Vocacional, Juan Baena.
Está organizada por un equipo de colaboradores de la Delegación de Pastoral Vocacional, en el que hay sacerdotes, religiosos, religiosas y un matrimonio y va dirigida a chicos y chicas de entre 16 y 30 años.
Durante la mañana tendrán tiempo para la oración, la presentación de los participantes, la formación, el silencio y el acompañamiento personal, la convivencia y la comunicación.
Los agentes de pastoral y párrocos que conozcan a jóvenes que deseen participar en la experiencia, pueden escribir a vocacional@diocesismalaga.es presentando al joven.
Qué es Monte Horeb
Es una convivencia organizada por la Delegación de Pastoral Vocacional. Un espacio en el que plantearse, junto a otros jóvenes, cuál es su vocación; en el que se ofrece un acompañamiento personal en el proceso de discernimiento.
Fechas para este curso
Destinadas a chicos y chicas de entre 16 y 30 años, las convivencias tendrán lugar de 10.00 a 13.30 horas en la Ermita del Monte calvario, en Málaga.
Las fechas previstas son los sábados 3 de octubre, 5 de diciembre, 23 de enero, 6 de marzo, 17 de abril y 29 de mayo.