La Virgen, conocida popularmente como la «Señora de Córdoba», sigue siendo la imagen devocional más visitada y venerada por cordobeses

Aunque existe una continuidad histórica desde los inicios del siglo XVIII hasta nuestros días, la trayectoria de la actual hermandad de los Dolores se divide en dos periodos históricos bien diferenciados. De una parte, desde 1699 hasta 1874 funciona como una orden tercera servita, con las costumbres, ritos, privilegios y liturgias a ella inherentes. Las desamortizaciones del siglo XIX extinguieron la orden servita en España, por lo que las distintas congregaciones existentes en ese momento quedaron aisladas. El funcionamiento interno se mantuvo por inercia hasta que en 1874 una nueva generación de miembros se plantea darle una nueva forma a la corporación. Los nuevos estatutos son los de una hermandad al uso que se han mantenido hasta nuestros días con sus actualizaciones, perdiendo, con el paso del tiempo, la riqueza que le otorgaba la espiritualidad servita.
Esta transición se llevó a cabo sin alteración alguna debido a que la devoción a la Virgen de los Dolores no sólo se había consolidado en la ciudad con el paso del tiempo, sino que había adquirido un lugar predominante. La imagen, que desde 1731 preside el altar mayor de la iglesia, se convirtió desde un primer momento en una devoción que trascendió las fronteras del barrio. No sólo tuvo hermanos en toda la capital sino también en numerosos pueblos de la provincia.
Esta circunstancia cuajó plenamente en el siglo XIX, cuando es designada para cerrar a partir de 1849 la procesión oficial del Santo Entierro, cuando la visita Isabel II en 1862 y cuando en las décadas finales de la centuria el sacerdote Ángel Redel le crea su configuración iconográfica actual, entre otros hechos destacables.
Desde ese momento, todos los obispos de Córdoba han acudido a sus plantas cada Viernes de Dolores, día de una masiva presencia popular en su iglesia. La Virgen de los Dolores presidió las Misiones Generales de 1945 y fue escogida para consagrar ante su imagen la diócesis de Córdoba al Corazón de María en 1948. Entre otros hitos del siglo XX destaca la coronación canónica —la primera de la capital— en 1965 y ya en el siglo XXI la concesión de un Año Jubilar y la declaración como santuario de la iglesia de San Jacinto.
La Hermandad en la Actualidad
Hoy en día, la Hermandad de los Dolores sigue siendo uno de los grandes pilares devocionales y patrimoniales de Córdoba. La Virgen, conocida popularmente como la «Señora de Córdoba», sigue siendo la imagen devocional más visitada y venerada por cordobeses y turistas junto con la de nuestro Custodio, el Arcángel San Rafael. Por ser lugar de peregrinación de muchos cordobeses, el obispo D. Demetrio Fernández tuvo a bien declarar el templo como Santuario de Nuestra Señora de los Dolores. Cada Viernes de Dolores, la visita de
los cordobeses a su santuario sigue siendo una de las jornadas más especiales, multitudinarias y emotivas del calendario local.
Además de su solemne estación de penitencia en la tarde-noche del Viernes Santo junto al Santísimo Cristo de la Clemencia, la corporación destaca en la actualidad por mantener una institución viva y dinámica. Sus esfuerzos no solo se centran en el cuidado y mantenimiento de su vasto patrimonio artístico, sino que tienen un fuerte enfoque humano a través de:
● Una activa Obra Social: Colaborando de manera constante con las Hermanas de la Consolación en las necesidades que se presentan en la residencia de mayores de Nuestra Señora de los Dolores.
● Fomento de la vida fraterna: A través de su Grupo Joven y de las continuas actividades de formación (confirmación, mantillas, costaleros, nazarenos, etc.), evangelización, liturgia y convivencia que se desarrollan a lo largo de todo el año.
● Participación diocesana e implicación eclesial: Mantenimiento económico del culto diario, incluyendo la celebración de la Santa Misa matinal que los Padres Capuchinos acuden a celebrar todos los días. Asimismo, destaca su involucración y participación en las actividades cultuales y formativas de la Parroquia de San Miguel.
De este modo, desde su santuario, la Hermandad de los Dolores ha sabido aunar su rico legado histórico con las necesidades del siglo XXI, confirmándose como un referente ineludible de la fe y la cultura de Córdoba.
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