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La Rambla vive una procesión extraordinaria con motivo del centenario de la Hermandad de la Esperanza

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Este sábado 7 de mayo se llevó a cabo la salida extraordinaria de sus Sagrados Titulares por las calles de la localidad


La Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de la Veracruz, Nuestro Señor de la Columna y Nuestra Señora de la Esperanza de La Rambla celebró el sábado, 7 de mayo, su acto central del Centenario Fundacional que está viviendo en este año 2022.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la Solemne Misa Estacional en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción a la que le siguió una procesión extraordinaria con la imagen por las calles de la localidad.

Durante toda la mañana, la parroquia permaneció abierta para que los devotos pudieran visitar a los Sagrados Titulares.




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Sacerdotes, “signo vivo de la Presencia de Cristo en el mundo”

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Homilía en la Eucaristía del Domingo del Buen Pastor, celebrada en la S.I Catedral, el 8 de mayo de 2022. Ese día se celebró el Sacramento del Orden Sacerdotal de cinco diáconos.

“El Señor es mi pastor, nada me falta. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Tu bondad y Tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin fin”.

Todos podemos decir esto, pero sólo podemos decirlo en toda su profundidad porque Cristo está vivo; porque Cristo ha resucitado. La Resurrección de Jesucristo no es una fiesta que llega al final de la Semana Santa, una rutina que lleva año tras año y que se renueva año tras año. No es que sea un adorno en nuestra vida, una especie de creencia con la que nos consolamos. Es el Acontecimiento central de la historia. El que consuma la alianza del Viernes Santo y lleva a su plenitud ese amor que le ha llevado al Hijo de Dios asumir nuestra carne y nuestra condición humana en las entrañas de la Virgen María. Y ese Acontecimiento llena la historia entera. Y sólo porque Cristo está vivo, nosotros podemos decir -y decirlo con toda plenitud con toda conciencia, con toda libertad- “el Señor es mi pastor. Nada temo, porque Tú vas conmigo. Tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Es la celebración de la Iglesia. La celebración central de la Iglesia, la única que da sentido a nuestras vidas, que da sentido a la historia. Que triunfa sobre el mal en todas sus formas, sobre la muerte. Y, mirad, el mal se hace muy, muy visible, muy poderoso. Tiene instrumentos muy poderosos. Los ha tenido siempre, hoy tal vez más que en otras épocas. Pero el mal ha sido vencido por el amor infinito de Dios revelado en Cristo. Y nosotros podemos cantar “el Señor es mi pastor. Nada me falta”. Y hasta eso se queda corto. Porque no sólo que el Señor nos cuide, es que el Señor nos desea, quiere vivir en nosotros, quiere que nosotros participemos de Su vida de hijos de Dios, de la vida divina. Su misericordia infinita abraza a todos, también a los pecadores. Y yo diría que a los pecadores más, precisamente porque necesitan más de Su Presencia, y de Su Gracia, y de Su Misericordia.

Soy consciente de que el mal…, basta pensar en la guerra de Ucrania, pero basta pensar también en todos los males que asoman, que asolan al mundo de hoy: la soledad, la desesperanza, la pérdida de sentido, pero sobre todo esa soledad que hace a las personas sentir que están como tiradas en la existencia, tiradas en la vida, que no permite una esperanza verdadera o la esperanza que tenemos aparece como si estuviera siempre marcada por el cáncer de un cierto cinismo, una cierta falta de fe. No nos lo terminamos de creer que estamos hechos para el Cielo; que estamos hechos para Dios. Que somos un pueblo, llamados a ser el cuerpo de Cristo, con todas sus llagas. Cuando hablo del mal, soy también consciente del mal. El mal que hay en la Iglesia, de nuestros pecados, de mis pecados, de nuestras miserias, mezquindades, mediocridades, mentiras, de nuestras tradiciones. Pero nosotros no somos como los paganos que pensamos que si nos portamos bien, Dios podrá querernos y por eso tenemos que esforzarnos mucho por portarnos bien. No. Nosotros conocemos que el amor infinito de Dios revelado en Cristo ha abrazado a nuestra humanidad con todas sus miserias, las miserias del mundo, las miserias de quienes no conocen al Señor, las miserias siempre mayores de quienes conocen al Señor o se creen que conocen al Señor. Las miserias nuestras, las de los pastores. Proclamar que Cristo ha resucitado es proclamar la victoria del amor de Dios, sobre todo el mal del mundo, todo el mal de la historia, todo el mal de nuestra historia, de nuestra condición humana.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios, con cicatrices, con heridas, con descarrilamientos a lo largo de nuestra historia, celebramos hoy la ordenación de cinco nuevos presbíteros y vuestra numerosísima presencia aquí hoy no expresa simplemente el afecto, la amistad, el deseo de acompañar. Expresa una fe sencilla, tal vez que no se llega ni siquiera a expresar, de que la vida de cada uno de estos jóvenes tiene un significado para el mundo entero, de que el sí frágil, pequeño, como son siempre nuestros síes, de estos cinco jóvenes, es un bien para la Iglesia entera y no para la diócesis de Granada sólo, sino para el mundo entero.

Damos gracias a Dios por cada uno de vosotros. Es ya un regalo inmenso, jamás merecido, el ser cristiano. No nos damos cuenta de ello. Pero por eso digo que en el fondo no nos creemos que Cristo ha resucitado. ¿Por qué? Porque en la Resurrección de Cristo se ha hecho disponible para todos el Espíritu de Dios que hemos recibido en nuestro bautismo y, por lo tanto, tenemos el Espíritu de Dios. Somos hijos de Dios. Quienes somos hijos de Dios, ¿quién podría pensar algo así?, ¿quién podría atreverse a decir algo así?, ¿quién puede perdonar los pecados mas que Dios? Y sin embargo, en aquel hombre, en Jesús, se perdonaban los pecados y en vosotros, mis queridos hijos. De aquí a unos minutos tendréis en vuestras manos ese poder que sólo pertenece a Dios, que todos intuimos; que sólo pertenece a Dios, que sabemos que sólo pertenece a Dios de perdonar los pecados.

Cristo sigue vivo. Cristo está en medio de nosotros. Cristo quiere hacer de todos nosotros y de todos los pueblos un solo pueblo, de toda raza, lengua, pueblo y nación. Un solo pueblo de hijos, un solo pueblo de hermanos, también con los que no creen, también con los que están lejos, también con los que han caído y no se creen capaces de levantarse o no se creen capaces de recuperar su condición de hijos de Dios. No se creen capaces de recibir o de ser amados por Dios. Pero el Señor ha vinculado Su presencia a una cosa que no existe mas que en la Iglesia y que es un concepto, además, que es específicamente cristiano. Que yo creo que no existe fuera -fuera de la Iglesia-: los sacramentos, que son acciones de Cristo vivo, por los que Cristo continúa su obra en medio de nosotros y en medio del mundo. Son gestos pequeños.

Pero yo digo siempre cuando confirmo que una caricia, una sonrisa, un beso, son gestos muy pequeños y, sin embargo, por una caricia, un beso o una sonrisa, puede pasar un bien tan grande que cambia la vida de una persona, para siempre, si es que ese gesto es verdadero. En el caso de los seres humanos. Siempre hay que preguntarse si el gesto es verdadero, porque muchos gestos lo parecen y no lo son porque vivimos, además, en un mundo de mentiras y de apariencias, claramente. Pero los gestos de Dios son verdaderos y Dios no sabe mas que amar. Y los Sacramentos son gestos, acciones de Cristo resucitado, vivo, que se nos da en todos ellos. No venimos a Misa o a la Eucaristía a hacer algo por Dios. No venimos, no rezamos para hacer algo por Dios. Siempre que nos acercamos a Dios es para recibir. Dios no sabe mas que dar y entre los dones de Dios hay uno singularísimo que es un Sacramento. Ayer os hablaba de que sois un sacramento con zapatos, sois un sacramento personal. Dios mío, uno lo piensa y se sobrecoge. Se sobrecoge de uno mismo, porque igual que uno no ha hecho nada para merecer ser cristiano, no ha hecho nada para merecer ser sacerdote, no digo al pastor sucesor de los apóstoles. Nada de nada, de nada. Pura misericordia de Dios.

Pero lo cierto es que el Señor os ha escogido para que seáis Su presencia viva en medio del pueblo cristiano y en medio del mundo. Yo uso tantas veces esa frase con la que san Juan Pablo II quiso resumir todo lo que la Iglesia les tenía que decir a los hombres y a las mujeres de hoy: “Dios te ama, a cada uno. Dios te ama. Cristo ha venido por ti”.

Pues, eso son vuestras vidas. Una proclamación viva de eso, donde estéis. Lo mismo si estáis con un grupo celebrando un cumpleaños. Vuestras vidas han de proclamar “Dios te ama. Cristo ha venido por cada uno de nosotros. Cristo da la vida por cada uno de nosotros”. Y si el Señor os da la gracia en vuestro corazón, tendría que haber, en el mío, tendría que haber la disposición de estar dispuesto a dar la vida por cada una de las personas que se acercan a ti, como el Señor. Y no pensar en cálculos: si me protejo un poco más o si me cuido más, puedo estar más tiempo. El Señor no pensó eso en relación con Su Pasión. El Señor dio testimonio de la verdad y la Pasión llegó cuando quiso el Padre.

Queridísimos hijos, os lo voy a decir de nuevo en el rito de la Ordenación. Sed de la manera que el Señor os conceda, a la medida de Su Gracia, signo vivo de la Presencia de Cristo en el mundo. A través de lo que sea el designio de Dios mostrado para cada uno de vosotros, también en la voluntad de la Iglesia, en el mandato y la misión de vuestro obispo. Pero no dejéis nunca de ser signo: “Como el Padre me envió, os envío yo a vosotros. Yo y el Padre somos uno”. Y nosotros somos uno con Cristo por el Bautismo. Y vosotros habéis sido como apropiados. Vuestra humanidad entera, con vuestra forma de ser, con vuestra historia, con vuestras capacidades, y con vuestros temperamentos, también con vuestros límites, asumidos de la misma manera que fue asumida la humanidad de Cristo que nació de la Virgen. Asumidos por Jesucristo para ser Su Presencia viva en medio de este mundo.

No dejéis de sorprenderos por este milagro nunca en la vida. No dejéis de asombraros. Y para eso la Iglesia tiene unos caminos que conocemos; que conocéis vosotros; que son muy sencillos: la oración, la Eucaristía, que es adentrarse más y más en el Misterio de la Eucaristía. “Tomad, comed, esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros”. Lo vais a decir vosotros, lo va a decir Cristo, pero lo vais a decir vosotros, porque como sois un sacramento personal, ese sacramento implica constantemente vuestra libertad y libremente diréis “tomad, comed, esto es mi Cuerpo”. Libremente diréis, “tomad, comed, bebed, esta es mi Sangre que se derrama por vosotros, por muchos”, es decir, por la multitud, por el mundo entero, para el perdón de los pecados. Sed portadores de ese perdón, no sólo en el Sacramento de la Eucaristía, sino en vuestra vida, en vuestros gestos. Alegraos cuando os encontréis con un pecador a quien podéis acercar al amor de Dios y poder decirle simplemente “Dios te ama, sí, te conoce y conoce tus pecados, pero Dios no te rechaza”. Cuando rechazamos, somos los hombres los que rechazamos, pero Dios no rechaza jamás a nadie.

Esa es la Buena Noticia del Evangelio. Esa es la Buena Noticia de Jesucristo, en quien hemos conocido al Dios verdadero, el Dios que jamás rechaza a nadie. Sólo ese es el Dios verdadero. Lo demás son ídolos. Adentrados en el Misterio de la Eucaristía, ejerced con gusto el perdón de los pecados. Me habéis oído en la sacristía, es un sacramento que nos cuesta, al que le damos como menos importancia, que lo hacemos como con menos frecuencia. Y no. Dedicad tiempo a la confesión. Que la gente no tenga que buscaros demasiado para recibir el perdón de los pecados. Porque si algo genera soledad en el mundo en el que estamos, en el mundo sin Dios, en el mundo post cristiano, en su cultura, al menos, en el que vivimos, es el que no tenemos o vivimos con la conciencia de que no tenemos perdón, de que nadie nos perdona o que sólo nos perdona cuando ya nos hayamos convertido y, por lo tanto, todo depende de nosotros y de nuestro esfuerzo. Jesucristo no les preguntaba para decir “tus pecados están perdonados, vete en paz”. Que vuestras vidas, en una expresión humana, carnal, concreta, de ese perdón inagotable de Dios que jamás, jamás se cansa de perdonar, y que no exige la justicia antes del perdón. Es el perdón el que crea en el corazón del hombre el deseo de una vida según el designio de Dios. Dios me sigue amando. Esa es la gran sorpresa. A pesar de todo, Dios me sigue amando. Dios no se cansa de mí. Dios no me rechaza. Es eso lo que a todo ser humano le sorprende. Es esa la Buena Noticia. ¿Cómo puede Dios quererme si tantas veces no me quiero yo a mí mismo? Tantas veces no soy capaz de querer a mi hermano. Tantas veces nace en mí la envidia, el odio, el egoísmo, la lujuria, que es una forma de avaricia. Y Dios no se cansa. Dios me mira con el mismo amor con que el primer día de la Creación.

Que vuestra mirada sobre los hombres os van a hacer confiados de una manera singular por un Sacramento del Orden refleja esa mirada de Cristo, esa mirada que no se cansa. No quiere decir que no descanséis, entendedme, pero que no se cansa ni se harta del dolor o del pecado de los hombres.

Dicho eso, damos gracias a Dios por vosotros. La Iglesia entera, aquí reunida, da gracias a Dios por vosotros. Alguien me decía esta mañana “son cinco milagros”. Efectivamente, cinco milagros. Recibirlos con gratitud. Recibid ese milagro en vuestras vidas con gratitud. Disfrutadlo y contad siempre con la oración y la ayuda y la compañía del pueblo cristiano, que nada desea tanto como tener buenos sacerdotes. Os lo aseguro, y es el que más hace para ayudarnos a ser buenos sacerdotes. Contáis también con nuestra oración y con lo que yo pueda ser de ayuda para vuestro ministerio.

Le pedimos a la Virgen María, Madre de la Iglesia, que cuide especialmente, que podáis tener una relación con ella de hijos. Sencilla, bonita. Es vuestra madre. Es la madre de todos y de cada uno, pero madre de los sacerdotes de una manera singular. También ella, y nadie como ella, junto a Jesucristo, desea tanto vuestra felicidad y la fecundidad de vuestro ministerio. Después venimos todos los demás, incluidas vuestras familias, pero Cristo es quien más desea que vuestra vida sea hermosa, bella, fecunda. Junto a Él, la Virgen, su madre, nuestra madre. Que así sea.

Palabras finales

Terminamos ya con la oración final y la bendición. Pero antes yo quiero dar las gracias a las familias y a las comunidades, y sobre todas a las familias, sobre toda a los padres y a las madres de los que se acaban de ordenar.

Yo les digo muchas veces a ellos que al ordenarse no le hacen un favor a Dios; que es el Señor el que les hace un favor a ellos. Un favor inmenso nos ha hecho con llamarnos. Pero parte de su favor sois vosotros; parte de su favor que Dios nos hace y os lo hace a vosotros también. Quiero que sepáis que un hijo sacerdote es un regalo y un regalo misterioso para una familia, porque, de alguna manera, parece que como que rompe vínculos con su familia, adquiere una familia nueva. Yo recuerdo que por las tradiciones que había en el pueblo a donde fui el primero de todos, mi familia vino a cenar conmigo la primera Nochebuena y había una tradición en ese pueblo de que se confesaba la gente en la tarde de Nochebuena y no pude cenar con ellos porque empalmé las 3 o las 4 de la tarde con la Misa del Gallo. Y, sin embargo, aunque adquieren una familia nueva, estoy seguro de que con vosotros tendrán una relación especialísima. Y sois necesarios para orar por ellos, para acompañarlos de una cierta manera, con una discreción especial. Pero, al mismo tiempo, sois parte de su vocación. Hay una vocación de sacerdote, y hay una vocación de madre de sacerdote y de padre de sacerdote. Y hay una vocación de hermana de sacerdote. Estáis todos tocados por su vocación y yo, en nombre de la Iglesia, la Iglesia de Granada, a la que represento, os doy las gracias y en nombre de Dios.

Y luego, ya hasta algunos jóvenes, hoy aquí en la Iglesia… Y yo quiero deciros que si por casualidad el Señor llama a vuestras puertas, lo mismo al sacerdocio que a la vida consagrada, que no tengáis miedo, que no tengáis miedo de decirLe al Señor que sí, que hay una paternidad sacerdotal que es más grande que la paternidad y la familia, porque es cuidar de la familia de Dios y hay una responsabilidad más grande; hay un esposo más grande y más fiel que ningún esposo de este mundo que se llama Jesucristo. Por lo tanto, chicos o chicas, si sentís que el Señor llama a vuestras puertas, no le digáis que no. Tanto la virginidad consagrada como el celibato sacerdotal y la vida sacerdotal es una forma de plenitud humana especialmente preciosa, especialmente rica, especialmente fecunda, que cuando uno la vive y cuando es su sitio; cuando es el Señor el que llama y no nosotros, hace que uno pueda dar las gracias y vivir contento toda la vida.

No que no haya noches oscuras. Pero, a pesar de las noches oscuras, se vive contentos y se vive con alegría, se vive con plenitud. Por lo tanto, no seáis tontos y no digáis que no. Si suena la llamada a vuestras puertas, que, por cierto, es el Señor el que llama, pero suele llamar a través de alguien que tiene nariz, ojos, frente y boca…. También lo digo. Vamos a hacer la oración final.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

8 de mayo de 2022
S.I Catedral de Granada

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San Rafael recorre las calles de la ciudad entre multitud de fieles

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De esta forma se conmemoró el juramento de protección que el Custodio realizó hace 444 años al padre Roelas

En la madrugada del 7 de mayo de 1578 se produjo la quinta aparición en la que San Rafael le dijo al padre Andrés de Roelas: “Yo te juro, por Jesucristo crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”. Al poco tiempo dejaron de morir personas en Córdoba a causa de la epidemia. Así lo recoge el libro Paseos por Córdoba, de Teodomiro Ramírez de Arellano.

Justo cuando se cumplen 444 años de aquello, el Custodio, imagen obra de Alonso Gómez de Sandoval, recorrió las calles de Córdoba por primera vez sobre su paso, tallado en estilo neoclásico por las manos del cordobés José María Higuera.

La Hermandad de San Rafael, acompañada por la Banda de Música de la Esperanza, tuvo como objetivo en un día tan señalado visitar las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba, que se encuentran en la capilla del Sagrario de la basílica de San Pedro. Esta visita también obedece a un signo de ese 7 de mayo de 1578, cuando el arcángel le juró al padre Roelas que esos restos, que habían aparecido en 1575 en San Pedro, correspondían a los Santos Mártires.

La intención de la hermandad es que el Custodio salga anualmente en procesión por las calles de Córdoba, intención que ha frenado la pandemia. Por ello, ya queda para la historia un recorrido que, tras partir de la iglesia del Juramento, avanzó por la plaza de San Rafael, Virgen de Villaviciosa, Santa María de Gracia, Realejo, plaza de San Andrés, Fernán Pérez de Oliva, Gutiérrez de los Ríos, plaza de la Almagra, Escultor Juan de Mesa y plaza de San Pedro, hasta entrar en la basílica del San Pedro.

Tras ello, el desfile inició el camino de regreso a la iglesia del Juramento acompañada por multitud de devotos del Custodio de Córdoba.

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“Es el momento de pedir con fe un milagro de la Hna. Juanita”

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El Obispo ha presidido una misa por la venerable Hermana Juanita en el templo principal de la Diócesis

Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús se han dado cita este domingo en la Santa Iglesia Catedral, junto al obispo de Córdoba, para celebrar una misa de acción de gracias por la venerable Hermana Juanita.

La diócesis de Córdoba cuenta con ejemplos extraordinarios de vidas marcadas por la santidad. Uno de los más llamativos es el de la Hermana Juanita que, tal y como ha reflejado el Decreto leído en la celebración, dio lugar a declararla venerable por las virtudes heroicas de esta Obrera del Sagrado Corazón de Villanueva de Córdoba, que ha llegado a la santidad de una manera muy sencilla: aceptando su enfermedad y su invalidez.

En su homilía, así lo ha destacado el Obispo quien ha comenzado recordando a los presentes que “es el momento de pedir con fe un milagro de la Hermana Juanita”, porque “Dios no hace milagros así por lujo, los hace en el corazón de una persona creyente y en este caso hemos de pedirlo por la intercesión de la Hermana Juanita, así cuando haga un milagro lo presentaremos para su estudio para que pueda ser proclamada Beata y después Santa”.

Monseñor Demetrio Fernández ha resaltado como esta religiosa nuestra, de Villanueva de Córdoba, ha ejercido todas las virtudes cristianas y en grado heroico, y dirigiéndose a las religiosas de la congregación, les ha manifestado: “Una congregación como la vuestra humilde, se gloría hoy de que una de sus hermanas sea puesta en el candelero de la Iglesia para iluminarnos a todos”.

Haciendo un recorrido por su vida, el prelado ha desgranado cómo una vida que a los ojos del mundo es inútil, no productiva, rodeada de sufrimiento, en la invalidez y en la inutilidad, ha sido capaz de tocar el corazón de todos, porque “el secreto de esta vida es el corazón de Jesús”. “Va a ser uno de los personajes más ilustres de Villanueva de Córdoba, podrá ser un día venerada en los altares porque ella hizo de su cama, de su invalidez, un altar de amor a Dios y a los demás”, ha asegurado el pastor de la Diócesis. Al mismo tiempo, ha expresado que “en la vida es importante quien sepa amar y enseñe a amar y en esto Juanita es campeona”.

Asimismo, el Obispo ha instado a los fieles a fijarse en la vida de Juanita, porque “la vida de Juanita nos dice a todos lo que vale la vida, podemos compartir nuestra vida en amor que impulse amor. Tu vida vale para amar si aprendes a amar en la escuela del amor que es la de Jesucristo y la vida vale más cuando vivimos en el amor a Dios y al Prójimo”. Además, ha puesto de manifiesto que “en Juanita se cumple el Evangelio en estado puro”.







 

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¿Te atreves a vivir la aventura de tu vida? ¡Conoce el Seminario Menor de Sevilla!

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¿Te atreves a vivir la aventura de tu vida? ¡Conoce el Seminario Menor de Sevilla!

La comunidad del Seminario Menor de Sevilla, formada por seminaristas, formadores, familiares, trabajadores y colaboradores, animan a los jóvenes y adolescentes a conocer esta casa diocesana y a darle una oportunidad para discernir su vocación. En definitiva, para que le den su sí valiente al Señor y se atrevan a vivir la aventura de su vida.

Descubre más en el correo menor@seminariodesevillla.org o en sus perfiles en redes sociales @MenorSev y @Seminariomenorsevi

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Granada en la Ultreya y el encuentro de la Pastoral Familiar con ASOGRA, en Iglesia Noticia

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Granada en la Ultreya y el encuentro de la Pastoral Familiar con ASOGRA, en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 8 de mayo de 2022, a las 09:45 horas.

A finales del pasado mes de abril tuvo lugar una Ultreya del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en la diócesis de Toledo. En este programa Iglesia Noticia del 8 de mayo hablamos acerca de la participación granadina en este encuentro nacional que presidió el consiliario y arzobispo de Sevilla, Mons. Saiz.

También informamos sobre la visita de la Pastoral Familiar de Granada a la sede de ASOGRA. Los presidentes de esta delegación diocesana impartieron una conferencia sobre matrimonios en dificultad, en una sociedad como la actual en la que el número de divorcios ya empieza a superar al de los enlaces matrimoniales cada año.

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Beata Madre Carmen, la cercanía de la santidad

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En la lista de santos y beatos más cercanos, no puede faltar el de la antequerana Madre Carmen, cuya fiesta, aunque está recogida en el martirologio romano el 9 de noviembre coincidiendo con el día de su fallecimiento, es celebrada, entre nosotros, el 8 de mayo. El motivo es que ese día se celebra la fundación de sus hijas espirituales, las Franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Nacida en 1834, María del Carmen González Ramos manifiesta un espíritu generoso desde su más tierna infancia. A los 22 años se siente llamada a la vocación matrimonial, lugar en el que se encuentra con una dura prueba de cruz que ella vive de forma heroica. Tras 20 años de paciente oración y penitencia, su marido reconoce al fin sus errores y cambia de vida.

A los 47 años, Carmen queda viuda y sin hijos, sintiendo entonces que el Señor le pedía “enseñar a las almas a conocer y amar a Dios”. La llamada requería una atención especial por los niños más pobres y necesitados, en los que ve la presencia del niño Jesús.

Junto a algunas jóvenes que compartían su inquietud, fundó la congregación y llegó a abrir 11 casas en las que alternaba atención de enfermos, guardería o escuelas nocturnas de jóvenes obreras. En esta nueva vocación tuvo que sufrir, asimismo, numerosas pruebas y dificultades que ella sobrellevó con humildad, fortaleza y caridad hasta su muerte en 1899.

En Antequera, Málaga y Melilla

La congregación que fundara la beata Madre Carmen se ha extendido por toda España y el mundo, pero sigue teniendo en Antequera su noviciado y casa generalicia, en calle Madre Carmen, junto a los cuales se encuentra el colegio de la Victoria, de Enseñanza Infantil, Primaria y Secundaria. Asimismo, las Franciscanas de los Sagrados Corazones sostienen, también en Antequera, el Colegio María Inmaculada, con Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato, además del Centro Adscrito de Magisterio María Inmaculada (CAMMIA), donde se imparte enseñanza universitaria del profesorado. En nuestra diócesis hay actualmente 2 novicias y un total de 54 religiosas repartidas entre Antequera, la residencia para personas mayores Madre Carmen, que poseen en Málaga capital, y el colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, en Melilla.

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Confirmaciones en el Colegio Stella Maris

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Las puestas de la capilla del colegio Stella Maris se han vuelto a abrir para acoger una gran celebración: un grupo de 24 alumnos y alumnas ha recibido el sacramento de la Confirmación presidido por nuestro obispo D. Antonio.

La comunidad de las jesuitinas, profesores, alumnos, catequistas y familiares participaron con gozo en este sacramento que culmina la iniciación cristiana.

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Convivencia vocacional en Huéscar, por la mañana, y concierto-oración en Guadix, por la tarde

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Convivencia vocacional en Huéscar, por la mañana, y concierto-oración en Guadix, por la tarde

En víspera de la Jornada de Oración por las Vocaciones, que es el domingo 8 de mayo, la delegación de Pastoral Vocacional ha preparado un sábado muy vocacional en la diócesis accitana. Se han convocado dos actos abiertos a los chicos y chicas de la diócesis: una convivencia vocacional por la mañana, en Huéscar, de 10´00 a 14´00 horas, y una vigilia de oración, por la tarde, en Guadix, de 20´00 a 23´00 horas.

La mañana del sábado 7 de mayo, los jóvenes de la zona de Huéscar están convocados a vivir una mañana de convivencia. Bajo el lema “no tengas miedo a soñar cosas grandes”, esta convivencia, abierta a los niños, adolescentes y jóvenes, servirá para jugar, aprender, celebrar, compartir,… Tendrá lugar en la Casa de la Iglesia, de Huéscar, desde las 10 de la mañana hasta las 2 de la tarde.

Y, al final del día, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de Guadix, junto al Seminario, habrá un concierto-adoración, convocado y organizado tanto por la pastoral vocacional como por la pastoral juvenil, el Seminario, las religiosas Hijas de la Sagrada Familia y las religiosas Obreras del Sagrado Corazón. Comenzará a las 8 de la tarde y se prolongará hasta las 11 de la noche. Antes, a las 7 de la tarde, habrá celebración de la Eucaristía.

Sin duda, el encuentro vocacional y el concierto-adoración harán que ese sábado 7 de mayo sea un día muy vocacional.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de Mcs. Guadix

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convivencia vocacional

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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas. Domingo 8 de mayo

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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas. Domingo 8 de mayo

Cada año, coincidiendo con el IV domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas; una iniciativa que busca suscitar en nuestros jóvenes, niños y adolescentes la pregunta por su vocación y a la vez sensibilizar e invitar a las distintos grupos y comunidades eclesiales para orar, apoyar y acompañar las vocaciones de especial consagración presentes en nuestra Iglesia.

 

Esta jornada, es también una oportunidad para descubrir la propia vocación cristiana y una ocasión para valorar la gran diversidad de vocaciones que tiene nuestra Iglesia, recordando y orando de manera especial por los sacerdotes, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa; y consagrados y consagradas de institutos seculares; así como por los jóvenes que se sienten llamados a trabajar en territorios de misión.

 

Para la jornada de este año, que tendrá lugar el Domingo 8 de mayo, se ha escogido como lema: “DEJA TU HUELLA, SÉ TESTIGO”; un lema que quiere hacer eco de las palabras del Papa Francisco en la JMJ de Cracovia en el año 2016: “Jesús te llama a dejar tu huella en la vida, una huella que marque tu historia y la historia de tantos”. De igual manera, este lema está relacionado con la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) a Santiago de Compostela, que se llevará a cabo este próximo verano.

 

Esta jornada nos invita a reflexionar en nuestra vida viéndola como un camino; “un camino que como todo sendero tiene un inicio y un sentido, que tras un recorrido conducen a una meta. Así es nuestra vida: la iniciamos al nacer y buscamos darle un rumbo que, día a día, nos lleve a buen término. La vida es una peregrinación. Y ante el camino de nuestra vida podemos tener dos actitudes: vegetar o caminar, ser espectador o protagonista.

 

También hay muchas maneras de moverse en la vida: el “vagabundo” se mueve sin rumbo ni sentido, para sobrevivir; el “turista” tiene una meta, pero se queda en la superficie de las cosas y de las personas; el “peregrino” hace de su camino una búsqueda y una ofrenda. Todo camino entraña riesgos y desafíos. Quien ha hecho una peregrinación, lo sabe. También en el camino de la vida y del seguimiento del Señor. Formar una familia, vivir el trabajo desde la entrega, consagrar la vida al Señor… Es necesario ir superando dificultades y retos para poder acercarse a la meta.

 

En Jesús encontramos el camino que nos conduce al Padre, y en Él descubrimos lo que significa acoger el Reino. Esa es la huella que nos dejó, y que permanece viva por los siglos. Esta es su llamada: “deja tu huella, sé testigo”. ¿Podrá contar contigo?”

 

Desde nuestro seminario Conciliar San Torcuato y la Delegación de Pastoral Vocacional queremos agradecer todas las iniciativas, que en favor de las vocaciones, se vienen realizando en cada una de las comunidades parroquiales de nuestra Diócesis, y a la vez, os invitamos a no desistir en el ofrecimiento de vuestras oraciones y sacrificios por esta intención, para que sean muchos los jóvenes que, escuchando la llamada de Dios, puedan responder con un Sí generoso, entregado su vida a Dios y al servicio de los demás a través del sacerdocio o la vida consagrada.

John Alexander Melo Arévalo

Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional

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