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La coronación canónica de Nuestra Señora de los Dolores, de Écija, será en octubre de 2023

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La coronación canónica de Nuestra Señora de los Dolores, de Écija, será en octubre de 2023

La coronación canónica de Nuestra Señora de los Dolores, de Écija, se llevará a cabo el 28 octubre de 2023. Ésta ceremonia la presidirá el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz.

Así lo ha informado el director espiritual de la hermandad, Alfredo Coria, al tiempo que ha agradecido tan alta distinción concedida a una de las advocaciones marianas de Écija.

“Yo destacaría la importantísima obra social y el testimonio que llevan adelante los hermanos. También, es motivo de gratitud la ferviente religiosidad de cuantos se acercan a la Virgen María para pedir su auxilio e intercesión ante su Hijo”, subrayó.

La Hermandad de San Gil hunde sus raíces fundacionales en el siglo XIII. La Corporación cuenta con más de dos mil hermanos actualmente. En este sentido, Nuestra Señora de los Dolores será la primera imagen que se corona canónicamente después de la patrona de Écija, la Virgen del Valle.

Sobre la hermandad

El nombre completo de la corporación es: Hermandad Sacramental y Real Archicofradía de Nazarenos de la Coronación de Espinas de Nuestro Señor Jesucristo, San Marcos, San Roque, Santísimo Cristo de la Salud, Nuestra Señora de los Dolores, Sagrado Corazón de Jesús y San Juan de Dios. Se encuentra establecida canónicamente en la Iglesia de San Gil, sita en el barrio homónimo de la ciudad sevillana de Écija. Cabe destacar que es la Hermandad con más número de nazarenos (1100) entre las 14 que realizan estación de penitencia durante la Semana Santa en esta provincia andaluza.

Ntra. Sra. de los Dolores

La Santísima Virgen de los Dolores data del siglo XVII o principios del XVIII y fue restaurada por Luis Álvarez en 1985. La orfebrería es de los talleres de Hijos de Juan Fernández de Sevilla, realizado entre 1969 y 1977. La corona es de Manuel de los Ríos, el manto de terciopelo azul bordado en oro fino es obra de Ana Antúnez.

Entre sus alhajas merece destacarse una corona, el corazón doloroso, la ráfaga – resplandor y una media luna de plata de ley hechos en Écija y fechado en 1723.

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PALABRA DE VIDA. Monseñor Rico Pavés : “A la Pasión se entra para aprender; en ella se permanece para crecer; desde ella se vive para amar”

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El Domingo de Ramos nos introduce en la escuela del amor más grande. Al comenzar la Semana Santa, la Iglesia presenta a través de la Liturgia una petición en favor de sus hijos: que las enseñanzas de la pasión nos sirvan de testimonio. Las enseñanzas de la pasión son testimonio porque mueven a imitación y graban en la memoria lecciones de vida eterna. A la Pasión se entra para aprender; en ella se permanece para crecer; desde ella se vive para amar.

La Pasión del Señor es escuela porque en ella está el Maestro. Jesús enseña con sus palabras y con sus obras, con lo que hace y con lo que padece. En el evangelio de san Lucas las palabras de Jesús disminuyen a medida que se adentra en la Pasión. En el pórtico, la institución de la Eucaristía. Con deseo ardiente, el Maestro se entrega a los discípulos. Pan y vino, por su palabra, serán signo de su Presencia viva. Cuerpo que se entrega, Sangre que se derrama, anuncian el precio de nuestro rescate. Comida y bebida son el cauce para nuestra participación. Tras la promesa de la Cena llega el cumplimiento de la crucifixión. La palabra eficaz del Maestro se verifica en la contradicción: el que enseña, cerrará la boca; el que trae la alegría soportará la angustia; el que siembra confianza recibe traición; el Hijo recibe el desprecio del esclavo; el justo Juez es ajusticiado; el Rey veraz y soberano comparece vituperado y encadenado; el atormentado regala consuelo a su paso; el Autor eterno de la vida, muere a los ojos del mundo derrotado. En la hora del poder de las tinieblas, la sola voz del Hijo amado anuncia la victoria del amor más grande. Para los que le dan muerte, el Hijo pide al Padre el perdón; para los que desvelan su culpa ante el Inocente, el Hijo promete el Paraíso; para el corazón que carga con el pecado del mundo, el Hijo busca el regazo del único que otorga consuelo: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Vivamos los oficios litúrgicos y las procesiones de estos días con dedicación atenta y entrega generosa, como quien participa en la escuela del amor más grande.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Mensaje de Mons. Rico Pavés a los fieles de la Diócesis de como deben vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo

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A las puertas de vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez nos manda el siguiente mensaje a todos los fieles de la Diócesis de como debemos vivir intensamente la semana central de todos los cristianos.

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Con una procesión culminan esta tarde los cultos de la Hermandad de Los Dolores y Jesús Nazareno en Caniles

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Con una procesión culminan esta tarde los cultos de la Hermandad de Los Dolores y Jesús Nazareno en Caniles

Desde el día uno al siete de abril, la parroquia de Caniles ha vivido una semana intensa con la septena en honor a la Virgen de los Dolores, coronada canónicamente.

Cada día, el hermano mayor y la junta directiva han participado en la misma, junto con la feligresía de la parroquia, y al finalizar la santa Misa han entonado el himno a Nuestra Señora de los Dolores con gran emoción. Hoy viernes V de Cuaresma y ya casi vísperas de Semana Santa, conocido popularmente como “Viernes de Dolores”, habrá procesión con la imagen de la santísima Virgen por las calles de Caniles, al finalizar la Misa de las 20.00h.

Rafael Tenorio
Párroco de Caniles

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Más conflictos y menos derechos en el mundo

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El balance del informe publicado por Amnistía Internacional asegura que en el mundo se está dando un incremento general de los conflictos internacionales en detrimento de la garantía de algunos derechos como la sanidad, la igualdad y de la sostenibilidad del planeta.

Les compartimos el resumen de este informe escrito por su secretaria general, Agnès Callamard. En él se descubre el estado de 154 países dentro de una situación global de aumento de la violencia preocupante, que apunta a una connivencia de la comunidad internacional.

Entre nuestra información destacada de este número conocerán el Testimonio de uno de los voluntarios que se encarga de llevar ayuda humanitaria a Ucrania desde nuestra diócesis de Granada.

A su vez, junto a la actualidad de nuestras diócesis de Granada y Guadix, publicamos la reflexión de nuestro arzobispo, D. Javier Martínez, con respecto a la situación de Ucrania con la mirada puesta en nuestra Semana Santa.

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Cartagena se postra ante la Virgen de la Caridad en su día grande

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La basílica de la patrona, aún en obras, vuelve a abrir sus puertas para celebrar el Viernes de Dolores.

Un año más, hoy, Viernes de Dolores, la ciudad de Cartagena celebra el día de su patrona, la Virgen de la Caridad. A lo largo de todo el día miles de cartageneros se acercan hasta su basílica para llevarle flores y elevar peticiones a su Madre.

A las 6:00 horas tenía lugar la primera Misa de la jornada, durante el Vía Crucis de la cofradía del Santísimo y Real Cristo del Socorro, la primera procesión de la Semana Santa española. Pero, sin duda, la celebración central del día se iniciaba a las 11:30 horas, la Misa de la Onza. El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha presidido la celebración, acompañado por el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil Hellín; el vicario episcopal de Cartagena, José Abellán; y un grupo de sacerdotes.

Debido a las obras que se están realizando en el templo, la imagen de la Virgen de la Caridad no ha presidido la celebración desde su camarín, sino que se encontraba en la capilla de San José, que es el lugar donde reside en estos momentos. Además, también por las obras, el aforo se ha limitado, por lo que se ha instalado una pantalla gigante a las puertas del templo, para que todos los cartageneros pudieran participar de la Eucaristía.

En su homilía, Mons. Lorca ha pedido la intercesión de la Virgen «reconociendo su protección y cercanía en este tiempo de tantos problemas (…) y los que están todavía vivos como la pandemia, las consecuencias de la violencia y de la guerra».

Ha agradecido al hermano mayor del Santo y Real Hospital de Caridad el esfuerzo llevado a cabo para poder volver a abrir las puertas de la basílica: «Hoy Cartagena entera podrá visitar a su Madre y decirle, desde lo más hondo del corazón: Gracias». El obispo ha invitado a los presentes a fijarse en la figura de la Virgen: «Es el mejor modelo a imitar, porque nos ha enseñado la fortaleza de la fidelidad, aunque su condición se percibe humilde y sencilla. (…) Solo en ella podemos sostenernos en nuestros dolores, sufrimientos y en nuestras muertes». Asimismo ha señalado que «en la maternidad de la Virgen» cada creyente puede ver «la maternidad de la Iglesia que recibe a todos».

La alcaldesa de la ciudad, Noelia Arroyo, ha realizado la tradicional ofrenda de la Onza de Oro, que cumple 260 años, y que ha alcanzado la cifra de 50.000 euros -un 40 % más que el año pasado-, destinado a la atención de las necesidades del Hospital de Caridad y con motivo de las obras de la basílica. La edil ha dirigido unas palabras a la patrona de Cartagena: «Hoy, tu pueblo, desfilará de nuevo ante ti. Celebrará con flores y música a su patrona. Vendrán de barrios y diputaciones para agradecer el amparo que nos diste cuando la pandemia oscureció nuestras vidas y para pedirte por los que se nos fueron y sus familias». También ha recordado a los que sufren por la guerra de Ucrania: «Los cartageneros hemos vuelto a demostrar la caridad que nos enseñaste, movilizándonos para enviar ayuda urgente a las víctimas y abriendo nuestros brazos a las familias que dejan atrás su casa, su patria y a sus seres queridos. Les daremos refugio, protección y consuelo hasta que puedan regresar de su exilio».

Un año más, el pueblo de Cartagena ha acudido a la cita con la Virgen de la Caridad, que a lo largo de todo el día seguirá recibiendo las ofrendas de flores de los fieles de la ciudad portuaria.

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Presentada la revista Semana Santa 2022 de COPE Granada

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Portada de la revista.

Incluye sendos artículos de nuestro arzobispo y del obispo de Guadix.

Cadena COPE Granada ha presentado esta semana su publicación dedicada a la Semana Santa 2022. El volumen, editado con una cuidada fotografía y formato, incluye distintos artículos de personas vinculadas a nuestra Semana Santa.

Asimismo, aporta dos artículos de los obispos de la provincia: Granada y Guadix. Nuestro arzobispo D. Javier escribe sobre la Semana Santa con la mirada puesta en el Crucificado de cada día que está presente en las miles de víctimas, en estos momentos especialmente en Ucrania. También escribe D. Francisco Jesús Orozco, Obispo de Guadix, que escribe sobre “La Semana Santa, síntesis del Misterio cristiano”. Junto a todos ellos, también escribe el presidente ejecutivo de Ábside Media, Fernando Giménez Barriocanal.

La revista, así como el Programa oficial de cultos e itinerarios de Semana Santa de Granada, puede obtenerse en la sede de la propia emisora, en la calle Gran Vía de Colón. También puede descargarse en internet en este enlace: https://cope-cdnmed.agilecontent.com/resources/pdf/8/4/1649404279948.pdf .

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Cristo está siendo crucificado en Ucrania

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Artículo de nuestro arzobispo para la revista Semana Santa 2022 de COPE Granada y COPE Motril.

¡Dios mío, Cristo es crucificado todos los días! ¡Y en todas las partes del mundo! ¡Y por mí, y por muchos de nosotros que nos decimos cristianos! Siempre que un niño es utilizado como esclavo, abusado o explotado; siempre que una mujer es maltratada, manipulada, insultada, humillada; siempre que una persona es utilizada, manipulada, torturada, o es víctima de la violencia, de la humillación o del desprecio, Cristo está siendo crucificado en ella. No era infrecuente, hace años, preguntarse dónde estaba Dios en Auschwitz, en Buchenwald o en Treblinka. Pues bien, Dios estaba en todas y cada una de las víctimas. San Juan Pablo II decía que Dios, mediante la Encarnación del Verbo, es decir, de su Hijo, se había unido en cierto modo a todo hombre. A la luz de la Encarnación —esa Alianza que se consuma en la Pasión y que nos abre a todos a la luz de su amor infinito en la mañana de Pascua—, no hay peripecia en la historia humana, no hay soledad, ni dolor ni sufrimiento, ni humillación ni abuso, que no sea parte de la pasión de Cristo. Que no haya sido transfigurado en su victoria sobre el mal y sobre la muerte, que no desemboque en el océano de la vida divina, en la caricia de su amor y su misericordia eternos. El día de los Santos Inocentes se celebra tres días después de Navidad, sólo después del primer mártir y del evangelista San Juan, el evangelista de la Encarnación. ¡Qué pena que esa fiesta, tan sobrecogedoramente actual, haya quedado reducida entre nosotros a una ocasión de burla y de chascarrillos!

El misterio de la libertad humana —y de sus casi innumerables posibilidades de hacer el mal, por más que el mal (a diferencia de la caridad) no tiene imaginación alguna, es asfixiantemente monótono y repetitivo, aunque sus armas cambien de modelo cada pocos años—, es tan grande, que con frecuencia su magnitud nos abruma. De hecho, y aunque la palabra “libertad” sea una palabra mágica, y la usemos como talismán, la mayoría de los hombres no quieren ser libres, como decía un autor antiguo, lo que quieren es tener buenos amos. La libertad da vértigo. Hasta el punto, de que, sin Cristo, la libertad tiende a ser vista únicamente como una fuente de riesgo, como un peligro, hasta como la causa misma del mal. Y entonces parece que la tarea de poner orden en el caos de la historia consiste tan sólo en suprimir (o reprimir, u oprimir) la libertad. ¡De ahí nacen todos los tiranos!

Y es que sólo hay en la historia (y este “en la historia” es absolutamente esencial) una realidad más poderosa que el mal, y esa realidad es el amor de Dios, que abraza al mundo —al mundo entero— en Jesucristo. Los brazos abiertos de la cruz, clavados, para que nada dé lugar a la tentación de huir de él, son un abrazo. Son un corazón abierto, sin armas, sin protección y sin defensas. Es el abrazo de Dios a la marea del mal y del sufrimiento humano. Son el corazón de Dios abierto a todas nuestras mezquindades y nuestras miserias. Ese abrazo desvela que la libertad (y su capacidad de hacer el mal) no es lo último, sino lo penúltimo de la historia. La libertad es un bien indispensable (porque no hay amor verdadero más que si es libre), pero la libertad está en función del amor, es bella y buena cuando es fruto y fuente de amor.

Gracias a Dios, vamos a poder volver a celebrar este año, después de dos años de pandemia, una Semana Santa “normal”. Nuestras imágenes sagradas, nuestros Cristos y nuestras Vírgenes dolientes —dolientes y reinas a la vez, asesinadas y rescatadas por la mirada de su Hijo, signo y reflejo de nuestra humanidad herida y redimida—, van a recorrer de nuevo las calles de Granada. Lo que proclaman es precisamente eso: que no hay dolor humano que no haya sido asociado a la Pasión de Cristo, que no hay lágrimas que el Señor no recoja en sus manos como perlas preciosas, que no hay víctimas que no tengan cobijo y paz bajo el manto de la Virgen o en el corazón abierto de Cristo. El día de los Santos Inocentes, el día en que las innumerables víctimas inocentes de la historia —de Ucrania y de todas partes— son abrazadas por Cristo, son ensalzadas por Dios, es el Viernes Santo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

Abril de 2022

Domingo de palmas y olivos

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Entre palmas y olivos entramos en la Semana de Pasión de Nuestro Señor, ¡cómo me recuerda esto el salmo 42!: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?». Esta semana tiene que ser muy especial para todos nosotros, porque la hemos estado esperando con una preparación larga y nuestra alma de creyentes tiene ya sed de Dios, de participar en este gran misterio de amor. Jesús la ha preparado con sumo cuidado, sin hacer ruido, con la misma humildad que ha pasado por la historia, construyendo, pieza a pieza, el modelo más sublime de obediencia al Padre, con un especial amor fiel y entregado, poniéndose de cara a la voluntad del Padre. ¡Está comenzando el tiempo de nuestra redención! Esta semana veremos momentos de dolor y humillación, de fidelidad a la voluntad del Padre, de triunfo y de gloria. En la liturgia de este domingo se mezclan los cantos, la alegría y las alabanzas a Jesús, con los gritos de la gente, el dolor y la Pasión de Nuestro Señor. Aquello nos llena de gozo, pero esto nos desgarra el corazón.

No podemos olvidar que aquel Domingo de Ramos no fue el único, porque aún hoy se repite la misma escena en nuestros días, hoy somos nosotros mismos los que portamos ramas de olivo y palmas en nuestras manos cantando el «Hosanna al Hijo de David». En el salmo 42 escuchamos esta historia cumplida: «Recuerdo otros tiempos… cómo entraba en el recinto santo, cómo avanzaba hacia la casa de Dios entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta» (v.5). El salmista nos consuela porque abre una puerta a la esperanza y termina diciéndonos: «¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué gimes dentro de mí? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: Salud de mi rostro, Dios mío» (v.12).

Comenzamos este domingo de palmas y olivos proclamando la Pasión de Nuestro Señor, pero la liturgia nos ayuda a conocer ya la meta, que es la resurrección. El Señor nos pide que le acompañemos con confianza y que no temamos. Será necesario saber escuchar, especialmente desde el Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Pasaremos por el momento doloroso de la cruz en el Viernes Santo, pero hay que seguir escuchando, porque se nos explicará que van unidas la pasión y la resurrección: «Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará». Las lecturas nos muestran la seriedad del dolor de Cristo, y de su aceptación de la cruz, pero también, que Jesús conocía su suerte y la aceptó por amor, que su aventura de dolor no solamente está seguida por el gozo, sino que ya lo contiene en sí. Jesús nos lo ha dicho antes muchas veces, recordad la Última Cena, cuando dijo a sus Apóstoles: «Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se cambiará en alegría» (Jn 16,20). Cristo, sometiéndose a la muerte, será exaltado sobre todo nombre.

Debemos prestar atención a la ternura de sus miradas, a los consejos para el alma, a sus manos extendidas y a su vida ofrecida; fíjate cómo acepta el dolor de la pasión con gozosa serenidad, su aplomo y su paz interior, es que sus ojos no han dejado de mirar al Padre.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

Han llegado los días santos

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Todos los días son buenos y santos para alabar a Dios, pero hay algunos especialmente señalados, en los que Dios se acerca más a los hombres y los hombres se acercan más a Dios. La liturgia de la Iglesia señala el calendario, y fija en el tiempo y en la historia los días santos. Uno no puede celebrar la Semana Santa cuando le apetezca o elegir los días como elige sus propias vacaciones. La liturgia la señala la Iglesia, que es prolongación en el tiempo de Cristo para los hombres.

Comenzamos la semana santa con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, a lomos de la borriquita. La escena está llena de alegría, de bulla y de esperanzas satisfechas. En ese momento, Jesús no reprocha las aclamaciones como rey. Viene como rey a salvarnos del pecado y de la muerte eterna, está deseando consumar su entrega. Entra en Jerusalén a lomos de una borriquita humilde, no como han entrado tantos conquistadores a lomos de caballos potentes. En la segunda parte de esta fiesta se nos lee la Pasión del Señor, este año según san Lucas, para introducirnos en los misterios de la pasión del Señor. En la mañana, la borriquita. En la tarde, las procesiones de pasión. Entremos con Jesús en Jerusalén. La piedad popular nos irá poniendo ante los ojos distintas escenas de la pasión de Jesús, acompañado siempre por su bendita Madre.

El martes, como anticipo de una de las celebraciones del jueves santo, celebramos la Misa crismal. Todos los sacerdotes en torno al obispo en medio del Pueblo santo de Dios. En esta celebración la Iglesia profundiza en la conciencia de esposa santa, adornada con los dones del Esposo, ungida por el Espíritu Santo, que brota a raudales del corazón de Cristo, para ungir a sus hijos con el santo crisma en el bautismo, en la confirmación, en el orden sacerdotal. Es una celebración que expresa la sinodalidad de la Iglesia: el centro es Jesucristo, el ungido por el Espíritu santo, que unge a su esposa la Iglesia para santificarla, llenándola de sus dones.

El jueves es el día de la reconciliación de los penitentes, y en la tarde celebramos la Misa de la Cena del Señor con el lavatorio de los pies. Cristo anticipó su entrega sacrificial, invitándonos a este banquete, que perpetúa la Iglesia por el ministerio de los sacerdotes. Así nos dejó el testamento de su amor y nos mandó “lavarnos” los pies unos a otros, es decir, ponernos en actitud de humilde servicio ante los demás. Es el icono de Cristo y del cristianismo a lo largo de la historia. Prolongamos la adoración eucarística fuera de la Misa, para subrayar la grandeza de este sacramento.

El viernes es día de dolor con Cristo doliente. Dejemos que nos entre por los ojos y por todos los sentidos y que golpee nuestra sensibilidad para poder entrar en el secreto de esta pasión redentora, en el corazón de Cristo, que ama al Padre hasta el extremo y nos ama a los hombres sin medida. “Amó más que padeció”, nos recuerda san Juan de Ávila. Y si contemplamos los dolores a todos los niveles, físico, psicológico y espiritual, es para dejarnos conmover por tanto amor, que ha de cambiar nuestra vida. No podemos pasar indiferentes ante tanto amor, y hemos de ser pregoneros del mismo para todos los hombres. “Sepan todos que nuestro Dios es amor”, sentencia el santo doctor.

El sábado es día de silencio contemplativo junto al sepulcro del Señor. Con María, como María, acompañando a María en su soledad. Y haciéndonos cargo de tantos sufrimientos que padecen los hombres de nuestro tiempo, sufrimientos peores que la misma muerte. Es una llamada al acompañamiento. Todos podemos acompañar a alguna persona que sufre, para aliviarla, para dar sentido a su dolor, puesto que el sufrimiento es el ingrediente que Dios ha tomado sobre sí para expresar el amor. El sufrimiento ya no es una desgracia, sino la ocasión de conectar con lo más hondo de la persona, que es su capacidad de amar y de ser amada.

En la próxima carta me detendré en la resurrección del Señor.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

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