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Misa Crismal 2022 (Catedral-Málaga)

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Homilía del obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Misa Crismal celebrada el 13 de abril de 2022, Miércoles Santo, en la Catedral de Málaga

MISA CRISMAL

(Catedral-Málaga, 13 abril 2022)

Lecturas: Is 61, 1-3.6-9; Sal 88, 21-27; Ap 1, 5-8; Lc 4, 16-21.

Fraternidad sacerdotal

1.- La Misa Crismal es la celebración por excelencia de la fraternidad sacerdotal del presbiterio, unido a su obispo. Quiero agradecer vuestra presencia y participación en esta liturgia, tan querida por todos los sacerdotes, en la que vais a renovar las promesas sacerdotales de vuestra ordenación.

Hemos sido elegidos y llamados por Dios, sin mérito alguno de nuestra parte, para representar a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, para actuar en su nombre, para perdonar en su nombre, para ungir en su nombre. «El Espíritu del Señor (…) me ha ungido» (Is 61, 1), decía el texto del profeta.

El Señor Jesús nos ha enviado, como él fue enviado por el Padre: «A evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19).

Para eso fuimos ungidos el día de nuestra ordenación sacerdotal. Demos gracias a Dios por confiarnos una misión que nos sobrepasa, que está por encima de nuestras fuerzas; porque es la fuerza del Espíritu la que actúa en nosotros; demos gracias a Dios por su predilección y por su amor infinito hacia nosotros.

2.- Como recuerda el Concilio Vaticano II “los presbíteros, constituidos por la ordenación en el orden del presbiterado, están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad sacramental y forman un presbiterio especial en la diócesis a cuyo servicio se consagran bajo el obispo propio. Porque, aunque se entreguen a diversas funciones, desempeñan con todo un solo ministerio sacerdotal para los hombres” (Presbyterorum ordinis, 8).

Queridos sacerdotes, para fomentar la fraternidad sacerdotal el Concilio hace unas sugerencias, que conviene no olvidar: los mayores reciban a los jóvenes como verdaderos hermanos, ayúdenles en las labores del ministerio, esfuércense en comprender su mentalidad. Los jóvenes respeten la edad y la experiencia de los mayores; pídanles consejo y colaboren gustosos.

Guiados por el espíritu fraterno no olviden la hospitalidad, la asistencia mutua, preocupándose, sobre todo, por los enfermos, afligidos y aislados. Cuando un presbítero se aísla y deja de asistir a los encuentros sacerdotales, reuniones de arciprestazgo, jornadas diocesanas es síntoma de que algo no va bien. Los hermanos hemos de estar atentos con afecto fraterno. También aconseja el Concilio que se reúnan para descansar y compartir como hacía el Señor con sus apóstoles (cf. Mc 6, 31). Foméntese alguna especie de vida común, que puede tomar formas variadas.

3.- Hemos de distinguir la fraternidad sacerdotal de la amistad, puesto que ésta última se elige y puede terminar; mientras que la fraternidad se nos regala sin pedirla y es para siempre.

No nos hemos elegido unos a otros en el presbiterio; no estamos unidos por una afición común, ni una doctrina, ni ideología o proyecto; ni siquiera por un plan pastoral.

Somos hermanos por una llamada personal del Señor Jesús y por el envío a anunciarlo a las gentes. Somos una comunidad sacramental, que tiene su origen y su fundamento en Dios-Padre, Hijo y Espíritu Santo, a partir de la ordenación.

Juan Pablo II nos recuerda que “la fisonomía del presbiterio es, por tanto, la de una verdadera familia, cuyos vínculos no provienen de carne y sangre, sino de la gracia del orden: una gracia que asume y eleva las relaciones humanas, psicológicas, afectivas, amistosas y espirituales entre los sacerdotes” (Pastores dabo vobis, 74).

La vida fraterna radica en la pertenencia al presbiterio diocesano, que es nuestra familia y nuestro hogar, donde nos reconocemos como hermanos y aportamos los dones que Dios nos ha dado. Y todos somos corresponsables de las fortalezas y de las debilidades de nuestro presbiterio diocesano.

4.- El papa Francisco, con el humor y la chispa que le caracterizan, observaba que la “fraternidad: es una bonita palabra, pero no se cotiza en la bolsa de valores (…). Es muy difícil, la fraternidad, entre nosotros. Es un trabajo de todos los días, la fraternidad presbiteral. Quizá sin darnos cuenta, pero corremos el riesgo de crear esa imagen del sacerdote que sabe todo, no necesita que le digan nada más” (Encuentro con sacerdotes y consagrados. Catedral-Génova, 27.05.2017).

“¡Es una verdadera ascesis la de la fraternidad sacerdotal!… Escucharse, rezar juntos…; y después una buena comida juntos” (Ibid.). Eso es lo que estamos haciendo nosotros hoy: compartimos la Eucaristía juntos, renovamos nuestras promesas sacerdotales y después compartiremos también la comida juntos.

Sigue diciendo el Papa: “lo que sucede al otro, me afecta; lo que dice el hermano, puede decirlo también para ayudarme a resolver un problema que yo tengo. Pero ese piensa de forma diferente a mí…. ¡Escúchalo! Y toma lo que te sirve. Los hermanos son riqueza los unos para los otros. Y esto es lo que abre el corazón: recuperar el sentido de la fraternidad” (Ibid.).

Y usando una palabra fuerte, recuerda que cuando no hay fraternidad sacerdotal hay “traición”: se traiciona al hermano, se vende al hermano; se “despelleja” al hermano. “El enemigo grande contra la fraternidad sacerdotal es éste: la murmuración por envidia, por celos o porque no me va bien, o porque piensa de otra manera” (Ibid.).

Son textos con chispa, pero con gran verdad y realismo, que nos pueden ayudar a mejorar nuestras relaciones fraternas.

5.- Queridos sacerdotes y diáconos que formáis nuestro presbiterio malacitano, gracias por vuestra fidelidad a la llamada del Señor y por vuestra dedicación al servicio del ministerio.

Agradezco también vuestra alegría e ilusión en acoger las propuestas pastorales de la Diócesis; vuestro aguante en las dificultades y sinsabores del ministerio, de las que somos conocedores; gracias por vuestra capacidad de escucha de los fieles que se os han confiado.

Nos conocemos ya desde hace bastantes años y agradezco vuestro afecto filial hacia mi persona, al tiempo que os expreso mi amor de hermano a cada uno de vosotros, porque os llevo en el corazón y os encomiendo diariamente al Señor.

6.- Felicito a nuestro presbiterio, que hoy tiene una gran representación en esta Misa Crismal. Otros sacerdotes no han podido venir por estar enfermos o impedidos; algunos me han escrito uniéndose a esta celebración. Los sacerdotes mayores que viven en la Residencia de Churriana están celebrando ahora la Misa, presididos por Mons. Ramón Buxarrais, obispo emérito de Málaga. Todos ellos se unen a la renovación de las promesas sacerdotales y los tenemos presentes.

Pertenecen también a nuestro presbiterio dos sacerdotes ucranianos, que atienden a los fieles católicos en su rito oriental propio, y cuyo país ha sido invadido por Rusia. Hoy concelebran con nosotros los dos sacerdotes consejeros de la Nunciatura, que ejercen su servicio a la Santa Sede colaborando con el Sr. Nuncio. También se encuentra otro sacerdote que trabaja en el Vaticano; y algunos sacerdotes más de otros lugares, que se han unido hoy a nuestra celebración. A todos ellos les damos nuestra bienvenida a esta gran familia sacerdotal. Gracias por vuestra presencia y vuestra oración.

7.- Queridos fieles laicos y religiosos, quiero agradecer vuestro afecto y vuestra oración por los sacerdotes. Os toca asumir la misión propia que se os encomendó en el bautismo por vuestra participación en el sacerdocio común de los fieles.

Os pido que estéis en plena sintonía y colaboración con vuestros sacerdotes, cuyo ministerio es cualitativamente distinto al sacerdocio común. Os suplico que sigáis apoyándoles, ayudándoles y queriéndoles. Ellos necesitan vuestro amor y vuestro afecto.

Ahora, queridos sacerdotes y diáconos, renovaréis las promesas sacerdotales de vuestra ordenación; y pediremos todos por cada uno de vosotros, para que el Señor os guarde en su amor y Santa María de la Victoria os cuide con solicitud maternal. Amén.

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El obispo a los malagueños «Os suplico que sigáis apoyando a vuestros sacerdotes»

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Para confeccionar el Santo Crisma, el Obispo mezcla con el aceite una porción de perfume. Se expresa así que el aceite es fecundado por la gracia del Espíritu Santo simbolizado en el perfume. Nos recuerda también el buen olor a Cristo que deben propagar los que son ungidos con él

A esa misma hora, la residencia del Buen Samaritano, donde viven los sacerdotes que necesitan ser atendidos por su estado de salud, celebraban la Misa presidida por el obispo emérito de la Diócesis, D. Ramón Buxarrais. A ellos ha tenido también el prelado en su recuerdo, así como a aquellos que no han podido unirse a la celebración por diversos motivos. En la Misa Crismal han participado, y D. Jesús ha querido tener una mención especial hacia los dos sacerdotes ucranianos que sirven a la comunidad de ese país presente en Málaga en su propio rito, así como a los que sirven en la Santa Sede en los servicios que se les han encomendado y a los seminaristas próximos a recibir el orde sacerdotal, por quienes ha elevado una oración especial al Padre.

Al final de su alocución, el Obispo se ha dirigido también a los fieles laicos y a los religiosos: «Agradezco vuestro cariño y afecto a los sacerdotes. Os toca asumir vuestra misión propia por el bautismo, en colaboración con ellos. Os suplico que sigais apoyándoles, ayudándoles y queriéndoles. También necesitan vuestro amor». 

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Primer anuncio y Pastoral Familiar, en las Jornadas de Formación para el Clero

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El clero diocesano celebra unas jornadas de formación permanente centradas en las Prioridades Pastorales para este curso. El primer anuncio y la Pastoral Familiar serán abordadas por Xavier Morlans, profesor en la Facultad de Teología de Cataluña, y Antonio Prieto Lucena, vicario general de la Diócesis de Córdoba.

El lunes 25 y martes 26 de abril, a las 10.15 horas, en la Casa Diocesana, se celebran estas nuevas Jornadas de Formación Permanente para el Clero. El lunes será el momento de abordar el tema del primer anuncio. El teólogo y sacerdote Xavier Morlans i Molina, Profesor en la Facultad de Teología de Cataluña. Por la tarde tratará este mismo tema para los laicos. El martes, Antonio Prieto Lucena, vicario general de la Diócesis de Córdoba, tratará el tema de la Pastoral Familiar.  

Como afirma el delegado para el Clero, Francisco González, «son temas importantes, muy necesarios de abordar y profundizar para propiciar un itinerario de fe que lleve al encuentro con Cristo y a una vida cristiana coherente, que anime a transformar el mundo con la luz del Evangelio». 

Al terminar, los que lo deseen, podrán compartir el almuerzo. Desde la Delegación para el Clero se ruega a los participantes avisar a través del propio arcipreste o directamente en el Obispado, especificando si participan los dos días o alguno de ellos.

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Programas de Semana Santa 2022

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El cuadro de Valdés Leal vuelve a la Iglesia de San Roque

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Hace unos meses el Museo de Bellas Artes de Sevilla celebraba el IV centenario del nacimiento de Juan de Valdés Leal. El conocido pintor sevillano ha sido motivo de una ambiciosa muestra de sus obras durante el pasado mes de diciembre hasta marzo de este año. Como objetivo marcado, era la revisión de la figura del artista barroco y la puesta al día de las más recientes aportaciones científicas en torno a su vida y su producción, así como la profundización y la reflexión acerca de los rasgos más distintivos de su obra que, en la actualidad, se encuentra dispersa por museos y colecciones de España y el extranjero.

Entre las muestras expuestas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, ha estado la obra Predicación de San Juan Bautista (hacia 1665-1675) ubicada actualmente en el presbiterio de la Iglesia de Santa María Coronada de San Roque, que fue cedida por la parroquia para los meses que ha durado la exposición.

La pintura fue dada a conocer por A. Aranda y F. Quiles en 1999 y restaurada con la colaboración de la Fundación Cepsa en el 2003. Se desconoce la fecha y la llegada a la Iglesia de San Roque , sin embargo, la descripción de Justino Matute sobre un lienzo de la predicación del Bautista por mano del pintor con “dos fariseos que le escuchan en primer término” bien podría referirse a la presente obra. No es la única obra de esta iconografía que el autor enfrentara pues en 1675 terminó de pintar una serie de la vida del santo con siete lienzos grandes y tres sobrepuertas para el Capitán sevillano Juan de la Bárcena. Aunque podría entenderse que la pintura de San Roque fuera uno de los siete lienzos.

Valdés Leal nació en 1622 en Sevilla, su infancia es objeto de numerosas especulaciones, una de las cuales apunta a que pudo ser formado en el taller de Francisco de Herrera El Viejo. Como mínimo, recibió de él una poderosa influencia en sus inicios. Algo más documentada está su marcha a Córdoba, donde se casó con la también pintora Isabel Martínez de Morales y empezó a abordar sus primeros encargos.

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Martes Crismal. «Un día para felicitarnos porque estamos ungidos por el Espíritu y esto es para siempre»

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Este Martes Crismal de 2022 volvió a congregar en la Catedral, a un numeroso grupo de presbíteros provenientes de diferentes puntos de la diócesis. Durante la celebración, presidida por el obispo, los sacerdotes renovaron las promesas que realizaron en el día de su ordenación.

Esta Misa Crismal es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. Tradicionalmente, en nuestra diócesis, se celebra el martes y no en la mañana del Jueves Santo, para facilitar la presencia del clero.

En la celebración el prelado nivariense consagró el Santo Crisma que se emplea para el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal, y bendijo los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

En la Eucaristía, además, se pidió por los curas fallecidos desde la última Misa Crismal, seis en total: José Enrique Martín, Agustín Yanes, Vicente Cruz, Jorge Manuel Fernández, Antonio Damián Herrera y José Ventura.

Por otro lado, se dio gracias por aquellos sacerdotes que cumplen este año sus bodas de plata y oro en el ministerio presbiteral. En este sentido, están celebrando 25 años de ordenados Víctor Manuel Oliva, Jorge Díaz, Macario Manuel López, Domingo Miguel González, José Emiliano Rodríguez y también el diácono permanente, Celso González. Por su parte, cumplen bodas de oro Santiago Domingo Albertos, Antonio Gómez y Esteban Bolívar.

Monseñor Álvarez, en su homilía destacó que este Martes Crismal, es un día para felicitarnos por diversas razones. “Felicitarnos por nuestra fidelidad y perseverancia en la fe y el seguimiento del Señor. Felicitarnos porque, el Señor sigue haciendo su obra en nosotros, purificándonos y renovándonos constantemente. Felicitarnos porque estamos ungidos por el Espíritu y esto es para siempre. Es una huella indeleble en nosotros, una huella que imprime carácter”.

Posteriormente, el prelado Nivariense desgranó la importancia de las respuestas a las preguntas que se formulan en el día de la ordenación sacerdotal. En este sentido, monseñor Álvarez señaló que todo esto es lo que está detrás de las dos cuestiones que se ponen de relieve hoy para renovar las promesas sacerdotales. “Son sólo dos preguntas y vamos a decir “sí quiero”, por dos veces. ¿Pero qué es lo que queremos? No basta responder, “sí quiero” como fórmula litúrgica. Es necesario que esta celebración nos impulse por la gracia de Dios, a reavivar de una manera operativa en nuestra vida de cada día, el don que hemos recibido y que está en nosotros”.

Por último, monseñor Álvarez invitó a los presentes a orar por las vocaciones.  “Los sacerdotes son de todos y para todos. Hemos de promoverlos, cuidarlos, por la oración, por el amor, con nuestra voluntad de apoyo. No va a haber vocaciones si no hay jóvenes cristianos. Ahí está nuestra tarea de cada día, en la familia, en la catequesis, con los niños y con los jóvenes que el Señor pone en nuestro camino”.

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El Obispo señala que la Misa Crismal, en las puertas del Triduo Pascual, «nos hace presente que Cristo realiza nuestra salvación pasando por la condición de Siervo, a través de la Cruz»

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«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír (Lc 4,21). Un hoy que nunca se convertirá en ayer, tan actual en la sinagoga de Nazaret como entre nosotros. Cristo, el que es, el que era, y ha de venir, el todopoderoso (Ap 1,8), el ungido por el Espíritu realiza su misión, evangelizando a los pobres, dando libertad a los cautivos, oprimidos, y vista a los ciegos. Él, hoy también, es la fuerza para los que sufren, para los débiles, convirtiendo el óleo que vamos a consagrar en signo eficaz de gracia y salvación en los sacramentos del bautismo, la confirmación, la unción de los enfermos y el orden sacerdotal».

Con estas palabras ha iniciado el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, su homilía esta mañana de Martes Santo, 12 de abril, en la Catedral, donde ha presidido la Misa Crismal de consagración del Santo Crisma y bendición de los Óleos de los Catecúmenos y de los Enfermos con una importante presencia del clero diocesano y de fieles.

El Obispo ha explicado que «la unción con óleo está íntimamente unida al misterio de Jesucristo, el nombre de Cristo significa el ungido», añadiendo que «Él estaba ungido con el Espíritu Santo, que lo une como Hijo con el Padre, y por su resurrección lo presenta ante todos los hombres como vencedor del pecado y de la muerte» y «esa es la razón por la cual en los sacramentos el óleo ha adquirido un significado salvífico».

Asimismo, Mons. Santiago Gómez ha recordado que «la celebración de esta Misa Crismal en las puertas del Triduo Pascual nos hace presente que Cristo realiza nuestra salvación pasando por la condición de Siervo, a través de la Cruz». En este sentido, ha expresado que «este es el camino que ha seguido el santificador y la propuesta para los santificados: Así como Cristo realizó la obra de la redención en la pobreza y la persecución, también la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación” (LG 8c). Y «desde esta lógica evangélica tendríamos que asumir como una gracia de Dios la nueva situación histórica que a la Iglesia le toca vivir hoy: una Iglesia con una falta de recursos humanos importante –tanto de pastores como de fieles comprometidos-, y convertida frecuentemente en objeto de desafecto y desprecio», pero «este camino puede ser vivido con una vigorosa espiritualidad por nosotros sacerdotes y por todos los fieles como una oportunidad para configurarnos más perfectamente con Cristo».

El Obispo ha subrayado, igualmente que «la cultura actual nos afecta hasta tal punto que, aun queriendo ser fieles a nuestro ministerio, experimentamos en nuestra vida cotidiana conflictos que nos dividen internamente», relacionados con la fidelidad y la perseverancia, la comunión, la vida obediente y dócil a la palabra de Dios, el celibato y la pureza de corazón o la afirmación con obras y palabras de la existencia del Dios-con-nosotros.

De este modo, «podemos convertir estas luchas, estas divisiones internas y otras que padezcamos, en momentos de gracia. Si los sacerdotes, los diáconos y los laicos cristianos somos capaces de soportar esta confrontación con el mundo, con fidelidad a nuestra vocación, conscientes de cuáles son los frentes en los que se produce el debate real del Evangelio con la cultura dominante, podremos hacer de nuestra pobre y, a veces, amenazada existencia cristiana un testimonio concreto y actual del encuentro del hombre con Dios. Entonces seremos ministros de la santificación y testigos de que la vida de todas las personas, tal como ha sido querida por Dios, es posible y plena», ha indicado.

Desde la Delegación Diocesana para la Liturgia se explica que la Misa Crismal es una celebración propia del Jueves Santo que, en nuestra diócesis, al igual que sucede en muchas otras, se ha trasladado de día para facilitar la asistencia de todos los sacerdotes. Así el Martes Santo en la Misa Crismal concelebra el Obispo y su presbiterio. Es una de las celebraciones en las que se pone de relieve la plenitud sacerdotal del Obispo, que es tenido como gran sacerdote de su grey y como signo y garante de la unión de sus presbíteros con él.

Los sacerdotes renuevan ante el Obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación, se lleva a cabo la bendición de los óleos y se consagra el crisma. El óleo es aceite de oliva. En cambio, el crisma es una mezcla de aceite de oliva y perfume. La consagración es competencia exclusiva del Obispo. Dentro del rito de consagración destaca el momento en el que el Obispo sopla en el interior del recipiente que contiene el Crisma (crismera) como signo de la efusión del Espíritu Santo.

El santo crisma y los óleos serán llevados a todas las parroquias donde, de un modo solemne y expreso, son presentados, como expresión de unidad, en la Misa Vespertina del Jueves Santo en la que se conmemora la Cena del Señor.

Como explica el Calendario Litúrgico Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, “con el Santo Crisma consagrado por el obispo se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados, y se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y la iglesia y los altares en su dedicación. Con el óleo de los catecúmenos, estos se preparan y disponen al Bautismo. Con el óleo de los enfermos, estos reciben el alivio en su debilidad”.

Homilía completa del Obispo

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Semana Santa 2022: celebraciones litúrgicas en la Santa Iglesia Catedral

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El testimonio oculto de fe de las hermandades de Granada

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El testimonio oculto de fe de las hermandades de Granada

Ahora que vivimos el milagro del regreso del olor a incienso en las calles, del paso de las procesiones y las ‘levantás’, resulta también propicio recordar la vida que han tenido las asociaciones públicas de fieles durante el tiempo de confinamiento. Su labor solidaria se incrementó significativamente y sigue llevándose a cabo, dando un testimonio de fe no menos importante.

“Las cofradías no somos solo las procesiones”. Esta es la frase más escuchada cuando uno hablaba con los hermanos mayores o vocales de caridad de las 32 hermandades y cofradías de Granada. Así lo repetían porque el testimonio público de fe de todas ellas no desapareció con la suspensión de las salidas de las estaciones de penitencia.

Contrario a lo que se pueda pensar, las hermandades y cofradías de Granada estuvieron más unidas que nunca durante la situación de crisis. Cuando se decretaba aquel confinamiento que llevó a la sociedad granadina a una inesperada recesión económica, todas ellas decidieron sumar fuerzas para abordar la urgente situación de pobreza.

Coordinadas por la Real Federación, todas se juntaron para poder llegar adonde una sola hermandad no podía llegar con sus propias fuerzas. Atendieron de esta forma a los cientos de personas sin techo que se quedaron especialmente abandonadas durante el confinamiento, así como a los cientos de familias que necesitaron de alimento, ropa o juguetes para los más pequeños. No bastaba con la sala de una sola hermandad, ahora todas debían buscar un local de al menos doscientos metros cuadrados para alojar la gran cantidad de donaciones que les llegaban con las distintas campañas convocadas por la Real Federación.

Ya aseguraba por entonces Fernando Alcalá, vocal de economía de la Real Federación, que las hermandades podrían escribir un libro con la cantidad de historias y anécdotas extraordinarias que podían contar. Lo es después de que todas ellas se las ingeniasen para asistir a la sociedad granadina costeando sus alquileres, pagando facturas de luz, buscando muebles, pañales o mascarillas. Todo ello, por otro lado, sin olvidar la ayuda a sus propios hermanos cofrades, que fueron los primeros en sufrir las consecuencias de la pandemia.

PROYECTO JERICÓ Y UCRANIA

Con esta inestimable labor en forma de esfuerzo, tiempo y cientos de miles de euros empleados, las hermandades y cofradías de Granada siguen trabajando conjuntamente para asistir a los más desamparados de la sociedad granadina. Uno de los últimos ejemplos de su asistencia conjunta ha sido la donación de un centenar de sábanas de invierno a un colegio de huérfanos del Albaicín, así como el pago de cinco camas para una estancia de al menos cinco meses de las personas sin techo que acuden a Proyecto Jericó.

A toda esta ayuda, que muchas hermandades han querido mantener en secreto para salvaguardar la privacidad de muchas de esas familias que reciben su apoyo, se suma ahora la realidad de Ucrania, a la que las 32 hermandades de Granada asistirán también ahora de forma conjunta. Una tarea caritativa que ha supuesto un verdadero sacrificio de muchas de ellas, que no han dejado de necesitar pagar sus coutas de hermandad para el mantenimiento de las mismas. Una labor de caridad a la que también han colaborado los fieles desde portales como www.donoamiiglesia.es o mediante sus aportaciones de la declaración de la Renta.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

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La clemencia de la lluvia permite disfrutar de un Lunes Santo emocionante

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La clemencia de la lluvia permite disfrutar de un Lunes Santo emocionante

Las cofradías del Huerto, el Trabajo, el Cristo de San Agustín, el Rescate y los Dolores recorrieron este lunes la carrera oficial recalando en la S.I. Catedral. Un Lunes Santo único después de dos años sin procesiones, en el que la cantidad de público y el respeto hacia el paso de las imágenes fue notable.

Alta era la expectación de las salidas de las estaciones de penitencia por la ciudad. Así lo manifestaba la inmensa cantidad de gente que poblaron todos los rincones, plazas y calles de Granada.

Hacia las 20 horas llegaba a la reja de la Catedral la Hermandad del Huerto de los Olivos y María Santísima de la Amargura Coronada, que hasta entonces se había sorprendido de la solemnidad de la gente ante el paso de las procesiones. “La cofradía fue muy bien, estuvo muy unida a la gente. En las calles hemos hemos encontrado mucho respeto, sin alboroto. Hubo tramos en que la gente estuvo absolutamente en silencio”, cuenta el Hermano Mayor, Mariano Sánchez.

Aún con la luz del día llegaba la Hermandad de caridad del Santísimo Cristo del Trabajo y Nuestra Señora de la Luz. Lo hacía con un cortejo de casi ochocientas personas, cuyo comportamiento fue digno de elogio y que vivió con la emoción muy a flor de piel. “Fue un momento increíble. Pudimos estar en contacto con el Señor de una forma impresionante. Rozamos el cielo con la punta de los dedos”, dice Ángel Aguilera, Hermano Mayor del Trabajo.

Poco antes de llegar a la iglesia del Corpus Christi, esta cofradía entonó una oración especial que presidió su consiliario, D. José Gabriel Martín, que se acercó a recorrer los últimos tramos de la procesión a altas horas de la noche.

SAETAS Y PETALÁS

Dos años sin salir en Lunes Santo y uno desde la celebración de su Año Jubilar, el paso del Cristo de San Agustín por Granada tuvo un sabor especial. “Había realmente ganas de ver hermandades en la calle y de poder disfrutar de ellas. La gente quizás estaba algo más sobrecogida, había mucho público”, asegura su Hermano Mayor, Vicente Molina, que elogia el comportamiento de su cortejo. “Los hermanos tienen claro donde están y se comportan perfectamente”.

Al Jesús del Rescaté de Granada le llovieron una gran cantidad de ‘pelatás’ durante el recorrido. “A la hermandad le ha impactado muchísimo la cantidad de gente que había. En algunos sitios donde otros años no había gente, en esta ocasión era al contrario”, afirma José Antonio Maroto, Hermano Mayor. “Había ganas de disfrutar de la emoción en la calle. Había gente emocionada cuando pasaba el Cristo”.

Otras cuantas ‘petalás’ y una saeta le dedicaron los granadinos a la Virgen de los Dolores en su paso por la Carrera del Darro, tras salir de su sede de San Pedro y San Pablo. “La verdad es que fue muy emotivo. Esta es la ‘Semana Santa del volver’”, dice Mari Carmen Gervilla, Hermana Mayor de los Dolores, que no dejó de tener presente a todos los fallecidos tras los último dos años. “No dejó de ser una salida dolorosa. Mucha gente ha fallecido por el covid o de muerte natural. No nos olvidamos de esto. También hay mucha gente que se ha quedado sin trabajo o ha perdido algunos familiares o proyectos que tenían”.

Antes de esa entrada en Catedral, y saltando un poco el protocolo, la hermandad ofreció al Vicario la posibilidad de la llamada para hacer la ‘levantá’ a las puertas del templo. Un gesto que acompaña a tantos otros de emoción y alegría por poder volver a vivir un Lunes Santo con los pasos por la calle.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Una cruz para elevar al hombre

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Estamos a las puertas de la Semana Santa, una celebración de impresionante grandeza que nos facilita participar de cerca en los últimos días de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, que por su muerte y resurrección nos regala salvación a la humanidad entera, y hace posible un radical cambio de nuestra vida, personal y comunitaria. La historia de nuestros pueblos y sus tradiciones recoge en estos días una manifestación colectiva de fe y de religiosidad popular que nos allana el camino. Además, a nadie que busque sinceramente el sentido de la vida deja indiferente que se presente como redentor de toda la humanidad a un hombre aparentemente derrotado, muerto en el abandono y sufrimiento más extremo.

¿Qué tiene que ver el dolor con la salvación, el sufrimiento con la felicidad?

Se dice que este año viviremos un esperado reencuentro con las procesiones y con celebraciones abiertas. Es cierto que la pandemia y sus consecuencias nos han afectado. Ahora, por añadidura, también nos duele la trágica guerra que produce tanto dolor y destrucción, y el sufrimiento provocado por tantos conflictos sociales y la pobreza. Ante la presencia de tanto mal es imprescindible vivir bien esta semana y encontrarnos con el Señor, con su entrega y su vida que nos llenan de consuelo en la aflicción y de sentido para vivir.

La Pasión y Muerte del Señor Jesús nos sitúa ante la realidad de las maldades cometidas, de nuestras provocaciones contra los demás, ante el misterio del mal. Y su Resurrección nos permite afirmar el triunfo de la bondad y de la vida sobre el pecado y la muerte que llega hasta nosotros. Todo queda asumido en la persona de Jesús, todo encuentra en el su explicación, todo lleva a superar los odios y a realizar el contenido de su enseñanza que es camino para vivir. Intentemos comprender desde lo más intimo la misericordia y compasión de Jesús aceptando la invitación de la hora de Jesús, esa hora de la salvación para nosotros. Para renovar nuestra fe y la misión de la comunidad, estamos llamados a volver a ese inicio, a la Iglesia naciente que vemos en María y Juan al pie de la cruz. Francisco acaba de exhortarnos en Malta a «vigilar para que las prácticas religiosas no se reduzcan a la repetición de un repertorio del pasado, sino que expresen una fe viva, abierta, que difunda la alegría del Evangelio, porque la alegría de la Iglesia es evangelizar». «No nos puede bastar una fe hecha de costumbres transmitidas, de celebraciones solemnes, de hermosas reuniones populares y de momentos fuertes y emocionantes; necesitamos una fe que se funda y se renueve en el encuentro personal con Cristo, en la escucha cotidiana de su Palabra, en la participación activa en la vida de la Iglesia, en el espíritu de la piedad popular».

Necesitamos adquirir la misma mirada de Cristo en lo alto de la cruz ofreciendo el perdón y abriendo el corazón a la misericordia. A el mismo -que se ofrece en sacrificio para la reconciliación- hemos de pedir coraje en la entrega, convicción y esperanza, pues sólo así conseguiremos un mundo mejor y un trato de hermanos entre todos. Contemplemos la realidad actual con interés por transformarla, mejorando nuestras relaciones entre las personas cercanas y lejanas. Cristo mismo es quien se nos presenta en el rostro de tantos hermanos y hermanas que sufren y son crucificados por el dolor, la miseria, la pobreza y la violencia. No nos conformemos con unas relaciones superficiales y vacías de contenido, dejemos que la celebración de los oficios, las procesiones y los actos de piedad nos lleven a lo esencial, para vivir con autenticidad la vida nueva que Jesús nos da. Para poder entrar de lleno en el misterio del amor misericordioso de Dios, el cristiano ha de vivir estos días con espíritu de fe y con recogimiento interior participando plenamente en los actos litúrgicos. Volver al corazón del Señor es redescubrir el centro de la fe, la relación con Jesús, la acogida al prójimo y el anuncio de su Evangelio al mundo entero.

La Semana Santa es la gran oportunidad para reencontrar la misericordia, morir con Cristo y resucitar con Él, para sofocar nuestro egoísmo y volver al amor, pues nos introduce en el «gran paso» hacia la Vida por la muerte y la resurrección realizada plenamente en Cristo y en nosotros sacramentalmente. El canto de los niños hebreos nos introduce en el Domingo de Ramos, profetizando ya la resurrección del Señor. Estos días son «tiempo de la espera del Esposo», como canta la antigua liturgia: «la sala de tu banquete nupcial la veo iluminada, oh mi Salvador; y no tengo vestido nupcial para entrar a disfrutar de tu belleza; Ilumina, Señor, el traje de mi alma y ¡sálvame!, Señor ¡sálvame!». Con este mismo deseo hemos de vivirlo también nosotros, abiertos a la gracia y la salvación de Dios, purificados, llenos de amor al Esposo que da la vida por nosotros y nos abre las puertas del cielo porque ya nos introduce en su corazón en la tierra. Sólo Dios puede elevar al hombre, y esto es lo que Cristo comenzó en la cruz.

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