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Un malagueño entre los 27 mártires dominicos que serán beatificados el 18 de junio en Sevilla

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La Catedral de Sevilla acogerá el próximo sábado, 18 de junio, a las 11.00 horas, la beatificación de 27 mártires dominicos de la persecución religiosa en España entre los cuales se encuentra el malagueño Fernando Grund Jiménez

Veinte de ellos eran sacerdotes, estudiantes, novicios y hermanos del convento de Almagro. Otros cinco eran frailes del convento de Almería. Se beatificará también a un laico dominico de Almería y una monja dominica que fue martirizada en Huéscar. 

Fernando Grund Jiménez nació en Málaga, el 14 de febrero de 1907, hijo de Luis y de Antolina. Recibió el bautismo en la iglesia parroquial del Sagrario, de la Catedral de Málaga, el 23 de febrero de 1907. Cursó sus primeros estudios en el colegio de Sagrado Corazón de Jesús, de la Compañía de Jesús. Después hizo el bachillerato en el liceo dirigido por Don Buenaventura Barranco Bosch, donde algunos años antes había estudiado también el premio Nobel de literatura Vicente Aleixandre. Tuvo contacto con las dominicas contemplativas de Málaga. Tomó el hábito en Almagro el 4 de octubre de 1924y profesó al año siguiente, el 4 de octubre de 1925, entre otros, con el beato Pedro López Delgado. 

El 14 de mayo de 1931 fue aprobado por el consejo para recibir la ordenación de presbítero. En 1933 estaba en el convento de Santo Domingo de Almería. Ponderaban sus buenas dotes de orador e inclinación a trabajar en el campo social. Destacaron en él gran afabilidad en el hablar, candor de vida y caridad fraterna. En Almería se dedicó con ahínco al trabajo de la predicación, con las características de sencilla, ferviente y graciosa. Salió del convento el 21 de julio de 1936, junto con el beato Tomás Morales, la detención fue el 23 de julio, trasladado al barco «Astoy-Mendi» el 10 de agosto, del que lo sacaron para darles muerte en la noche del 30 al 31 de agosto de 1936. Murieron en el Pozo de La Lagarta, en el término municipal de Tabernas (Almería). Fueron exhumados los cadáveres y se identificaron el 20 de febrero de 1941. Sus reliquias reposan en la bóveda de los frailes dominicos, en el cementerio de Almería. Le dieron muerte a los 29 años de edad.

Más información en la web de las beatificaciones.

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El Ayuntamiento de Málaga concede a Fundación Victoria un programa de becas de comedor escolar para alumnos en riesgo de exclusión social

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El objeto de esta convocatoria extraordinaria es la concesión de ayudas de comedor escolar a las entidades educativas con programas de becas de comedor dirigidas a alumnos en riesgo de exclusión social, a consecuencia de la grave crisis económica, laboral, social y de salud provocada por la pandemia de la Covid-19.

Ante la alarmante situación que viven las comunidades educativas de los colegios e institutos, desde el Ayuntamiento de Málaga se ha impulsado la presenta convocatoria de subvenciones destinadas a entidades educativas con programas de becas de comedor para el alumnado matriculado en estudios obligatorios, cuyas familias estén atravesando graves situaciones de falta de ingresos. Una iniciativa que permitirá proteger la salud de los escolares de aquellas familias en riesgo de exclusión social y fomentar la alimentación saludable y equilibrada.

Fundación Victoria ha agradecido «al Ayuntamiento de Málaga dicha iniciativa tan importante y demandada por los centros concertados, y que poco a poco comienza a ser una realidad».

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21 de JUNIO. Eucaristía de acción de gracias por la canonización de Carlos de Foucauld

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El martes 21 de junio, a las 20.00 horas, se celebra en la parroquia Virgen del Camino (en la Avenida de Europa) la Eucaristía de acción de gracias con motivo de la canonización de Carlos de Foucauld.

«Un desierto habitado» es el nombre del vídeo documental que la Familia de Foucauld de Málaga ha lanzado con motivo de la canonización del Hermano Carlos, el domingo 15 de mayo. Siguiendo los versos de la “Oración de abandono” un grupo de Hermanitos y Hermanitas de Jesús, sacerdotes y seglares de la Familia de Foucauld y miembros de movimientos que lo tienen como patrón, como los Misioneros de la Esperanza, el Movimiento de Acción Cristiana y Amigos del Desierto, relatan varios momentos destacados de la vida del Hermano Carlos y las huellas que su carisma dejó impresas en ellos.

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Málaga, presente en la Asamblea Final del Sínodo de la Conferencia Episcopal Española

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La Diócesis de Málaga estará presente en la Asamblea Final del Sínodo de la Conferencia Episcopal Española que se celebrará el sábado 11 de junio en la Fundación Pablo VI de Madrid. Será el sábado 18 de junio cuando se celebre, en Casa Diocesana Málaga, el Encuentro Final del Sínodo en nuestra Diócesis.

Entre los representantes de la diócesis de Málaga en la Asamblea de Madrid se encuentran el delegado diocesano de Medios de Comunicación Social y responsable de la fase sinodal diocesana, Rafael Pérez Pallarés; el delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, Rafael Vázquez; el matrimonio formado por Ana María Barrera y Cristóbal Arrabal, representantes sinodales del arciprestazgo Fuengirola Torremolinos; y Angelines Morales, responsable general de Adultos de Acción Católica General.

Durante estos siete meses se ha realizado un proceso de escucha y discernimiento, que se ha concretado en la recopilación del trabajo de las asambleas particulares celebradas en las 70 diócesis españolas que han participado en este proceso sinodal, en los aportes de la vida consagrada, movimientos, asociaciones y todos aquellos colectivos o personas individuales, que han querido sumarse a esta invitación del Papa Francisco.

En esta Asamblea se presentará la síntesis final, realizada por el equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española, que recoge todas esas aportaciones recibidas de este proceso sinodal de la Iglesia en España, y que se enviará a la Secretaría General del Sínodo. En concreto, se estima que se han implicado más de 215.000 personas. 

La Asamblea será retransmitida en directo por Youtube a través del siguiente reproductor:

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Asimismo, desde la cuenta en twitter de DiócesisMálaga se irán narrando en directo el acontecimiento:

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Testimonios del Sínodo. Juan Ortega Delegado Diocesano de Enseñanza:”Es importante la escucha, el diálogo y la colaboración entre todos”

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Juan Ortega Álvaro, Delegado Diocesano de Enseñanza de Asidonia-Jerez nos cuenta su testimonio del trabajo realizado en la fase diocesana del Sínodo.

“Es importante la escucha, el diálogo y la colaboración entre todos”, con estas palabras Juan Ortega Álvaro, Delegado Diocesano de Enseñanza nos muestra la importancia del trabajo del Sínodo en la fase diocesana donde hemos podido comprobar la importancia de caminar juntos como Iglesia. Asimismo, Ortega Álvaro recuerda como han participado todos los profesores y colegios católicos siendo la voz de la Delegación muy amplia.

La Delegación de Enseñanza de Asidonia-Jerez valora muy positivamente el trabajo realizado por la Diócesis tras presentarse el documento/síntesis final de la fase diocesana del Sínodo. Asimismo, destaca la importancia de saber que todos debemos participar en la Iglesia con nuestra misión y no solo los sacerdotes y obispos.

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Homilía en la Solemnidad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

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Queridos hermanos:

La festividad de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, aquí solemnidad, que se celebra en las diócesis españolas desde 1973. Es fruto de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre el sacerdocio de Cristo, que se manifiesta en la Iglesia en el doble sacerdocio, el ministerial y el de los fieles, que se distinguen no por una diferencia de grado, sino de esencia.

Entre nosotros con resonancias muy particulares. El venerable José María García Lahiguera, segundo obispo de Huelva, en 1950, con la cofundadora las Oblatas de Cristo Sacerdote Sierva de Dios Mª del Carmen Hidalgo de Caviedes, en audiencia con Pío XII le habían solicitado celebrar esta fiesta en el aniversario de su congregación; y se lo concedió. En 1954 y con el apoyo de la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid se recabaron adhesiones de obispos y sacerdotes para la aprobación de esta fiesta en toda la Iglesia. En 1962 don José María escribió a la Comisión de Liturgia del Concilio Vaticano II para solicitar que se debatiera la propuesta en el aula conciliar. Y el 25 de octubre de 1965 él mismo tuvo una intervención ante los obispos de todo el mundo sobre la institución de la fiesta de Cristo Sacerdote y su significado teológico y espiritual.

En 1971, con firma del cardenal Tabera, prefecto de la Congregación del Culto Divino, llegó la aprobación de los textos litúrgicos enviados por las Oblatas de Cristo Sacerdote como textos oficiales para las naciones que lo soliciten. Después de mucha insistencia en el seno de la Conferencia Episcopal Española, don José María logró que en 1973 llegara la aprobación de la inserción de la fiesta en el calendario litúrgico nacional, cada jueves posterior a Pentecostés, y en 1974 se celebró por primera vez en España; insistió para que se celebrara también en naciones hispanoamericanas. En 1984 pidió a Juan Pablo II que la fiesta se estableciera para la Iglesia universal, quien encomendó la propuesta a la Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino.

Evangelio: Jn 17, 1-2.9.14-26

A los discursos de despedida sigue la oración sacerdotal de Jesús. En ella ejercita la función de intercesor ante el Padre en favor de los suyos: Te ruego por ellos (v. 9), también por los que crean en mí por la palabra de ellos (v. 20b). Intercesión de Jesucristo como quehacer realizado en la tierra y ahora en el cielo.

En la oración de Jesús el tratamiento de Dios como Padre ocupa el centro de la oración: Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo (v 1b), Padre, este es mi desea (v 24a); Padre justo (v 25a). Lo decisivo es la relación divina de Jesús, que se manifiesta en la invocación a Dios como Padre. A esa relación divina somos incorporados: como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros (v 21).

Así descubrimos que en Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, persona y misión coinciden. La identidad de su persona se manifiesta en su ser Hijo que, desde toda la eternidad, está ante el Padre en actitud de sumisión amorosa a su voluntad. Y su ministerio consiste ante todo en orar, es decir, en vivir plenamente su relación filial con el Padre, para entregarse luego a los hombres en la ofrenda total que lo llevará a la cruz. 

Los sacerdotes, que estamos llamados a representar a Cristo, debemos tender a esta identificación existencial con Cristo. Este es el fundamento de la invitación a poner la oración en el centro de nuestra vida y de nuestro ministerio.

Los sacerdotes estamos fácilmente tentados por un peligroso activismo. No se entra en sí mismo. Necesitamos la reflexión, la oración, la unión con Dios. Necesitamos sentirnos amados y elegidos de Dios, estar unidos a Dios, vivir en la presencia de Dios.

La lectio divina que se prolonga en la oración es el único camino para que el sacerdote crezca en esta intimidad con Cristo. La eucaristía diaria nos permitirá asimilar el yo personal al de Jesús Sacerdote, de modo que podamos imitarlo en la auto-donación más completa. Esta fidelidad a la oración es incluso una estricta obligación contraída con la Iglesia, cuando se trata del rezo diario del oficio divino. Además, la Iglesia ha precisado varios puntos importantes para nuestra vida espiritual: la oración mental diaria, la visita al Santísimo Sacramento, el rosario y el examen de conciencia.

Si descuidamos tales prescripciones, fácilmente, padeceremos la inestabilidad exterior, al empobrecimiento interior, y expuestos e indefensos a las tentaciones (placer, tener y poder) y al desaliento.

La oración permite superar la tensión inherente a la vida sacerdotal entre el ministerio y la vida espiritual. La única manera de vivir serenamente esta tensión es rezar más para que la oración se convierta efectivamente en el alma del ministerio. Sólo así el sacerdote puede santificarse en su ministerio.

Otra consideración podemos extraer de la oración sacerdotal de Jesús. También en esta oración se manifiesta que la clave más profunda de la comunidad cristiana es la unidad: no solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado (v 21).

La vocación sacerdotal es una llamada que se sitúa en esa unidad de la Iglesia. Por eso ser fieles a la llamada del Señor implica realizar las virtudes necesarias exigidas por la unidad, y eso también requiere construir esta unidad de la Iglesia”.

Para todo esto el sacerdote necesita especialmente algunas virtudes como la humildad, la mansedumbre, la magnanimidad, y la capacidad de aceptar al otro. Estas virtudes las calificaba Benedicto XVI como virtudes de la unidad:

  • La humildad, virtud propiamente cristiana (cf. Fil 2, 6-8), que se opone al complacerse en sí mismo. Es aprender, también por las pequeñas humillaciones cotidianas, el olvido de sí y la aceptación de la propia pequeñez, como base de un gran servicio a Dios.
  • La mansedumbre, que no quiere decir debilidad, pero se opone claramente a la violencia. La magnanimidad implica percibir que Dios siempre nos perdona y cuenta con nosotros.
  • La capacidad de aceptar al otro con amor, y no sólo soportarlo.
  • La unidad explícita surge de una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre (Ef 4, 5). Es la unidad de la fe, de la esperanza y del amor.
  • La unidad de la fe se manifiesta por la unidad entre su dimensión personal (que surge en el encuentro personal con Cristo) y el contenido de la fe, el Credo.

De aquí se deduce un importante trabajo en nuestro ministerio: debemos hacer lo posible por una renovación catequética, para que crezca la unidad en la verdad; en el contexto de tantas ideas confusas que hoy se lanzan en los medios de comunicación y en las redes, pero también en medio del profundo desconocimiento de la fe que hay en la calle.

La unidad de la fe es también la unidad de la esperanza, puesto que Dios es de verdad el Omnipotente. Ciertamente, en la historia Dios se ha autoimpuesto un límite a su omnipotencia, al querer nuestra libertad. Pero al final lo que vence es el amor, no el mal sino el bien. Y de ahí la esperanza.

Dios nos concede sus dones, gracias y carismas para la edificación de la Iglesia, entre otros, el don del sacerdocio, con las gracias que implica. Y todos esos dones son para contribuir a la formación de Cristo en nosotros, y esa voluntad divina no se malogrará.

Todo ello desemboca en la unidad del amor, es ese vivir la verdad en la caridad, de que habla San Pablo (cf. Ef. 4, 16). Hoy se sospecha del concepto de verdad porque se asocia con la imposición y la violencia, y para evitar el peligro de la imposición se niega la verdad. Pero para nosotros esto no es así. La verdad la conocemos en Cristo y en su Cuerpo y nos muestra qué es verdad. En Él conocemos la verdad, Él es la Verdad, y conocemos que Dios es amor. La caridad y verdad se revelan en la persona de Cristo. Y si no hay caridad, tampoco conocemos ni vivimos realmente en la verdad.

Cuando tenemos que ejercer el ministerio de la Palabra en este contexto de relativismo, que reacciona de manera rabiosa contra cualquier afirmación de la verdad, tenemos que extremar la presentación de la verdad de Dios y del hombre que hemos conocido en Jesús en la más exquisita caridad, si no también nosotros caeríamos en transformar la verdad que salva en una arma de confrontación.

El sacerdote está, en definitiva, al servicio de la unidad de la fe, de la esperanza y del amor. Sencillamente, al servicio de la vida cristiana en el mundo.

Que la Virgen Santísima, nuestra Madre del cielo, interceda por nosotros.

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