Con motivo del Día mundial contra la Trata de Personas, que se celebra mañana, 30 de julio, Manos Unidas constata cómo ha aumentado el número de niños y niñas víctimas de trata. En esta línea, Naciones Unidas afirma que la proporción de menores entre las víctimas de la trata detectadas se ha triplicado en los últimos quince años, mientras que la proporción de niños varones ha aumentado cinco veces. Las niñas son tratadas principalmente con fines de explotación sexual y los niños son utilizados para trabajos forzados.
Por otro lado, el organismo destaca que, a nivel mundial, una de cada tres víctimas detectadas es un niño. Pero esa cifra se incrementa considerablemente en algunas partes de África y en la zona del sudeste asiático, donde la cifra se eleva hasta casi el 100 % de las víctimas.
En estas regiones del mundo, Manos Unidas apoya proyectos de prevención de la trata de niños y de asistencia a estos pequeños afectados, de lo que se ha llegado a denominar “la peor forma de esclavitud en el mundo contemporáneo”.
Casos reales, de Benín a Camboya
En Benín, uno de los países de origen y tránsito de niños víctimas de la trata para trabajos forzados y para prostitución, Manos Unidas colabora desde hace años con los Salesianos de Don Bosco en proyectos de búsqueda e identificación de menores en situación de riesgo. La mayoría de estos pequeños son captados por las mafias de traficantes en las zonas rurales del país, y terminan siendo vendidos, explotados y maltratados en los mercados de las grandes ciudades.
“El destino de estos niños y niñas traficados puede ser la prostitución u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o la servidumbre”, explica Marta Goyeneche, responsable de proyectos de Manos Unidas en el país africano.
Benín es una de las antiguas rutas de la esclavitud y allí, a pesar de los esfuerzos del Gobierno para acabar con esta práctica, miles de niños caen cada año en las redes de las mafias. “A veces –asegura- los venden impunemente. Por treinta euros, un niño o una niña pueden pasar a ser propiedad de sus explotadores”.
En ocasiones es el engaño y la promesa de una vida mejor para los niños lo que mueve a los padres de estos pequeños a desprenderse de ellos. “Este es el caso de los ‘vidomegon’ que, fundamentalmente, son niñas entregadas o vendidas por sus padres a otras familias con el engaño de que van a recibir educación y que terminan trabajando en régimen de semiesclavitud en el servicio doméstico”, aclara Goyeneche.
Manos Unidas ha apoyado el trabajo de los salesianos y salesianas en Cotonou, Porto Novo, Kandi y la ciudad fronteriza de Malanville. Un trabajo que explica Marta Goyeneche: “Tras la búsqueda e identificación de los menores en riesgo, llega el proceso de acogida y seguimiento de los menores y su reinserción escolar o profesional, para que puedan desarrollar sus capacidades y transformar su presente y su futuro. Y, si es posible, se intenta la reinserción familiar”.
Por otra parte, Manos Unidas trabaja también contra la trata en Camboya. En el país del sudeste asiático, la pobreza, que afecta especialmente a las comunidades del medio rural, incrementa los índices de migración a Tailandia, el abandono de las familias y la explotación de los hijos menores.
Uno de los proyectos de prevención y acompañamiento a niños víctimas de la trata y el tráfico de menores que apoya Manos Unidas se localiza en la ciudad fronteriza de Poipet. “Poipet ha crecido exponencialmente en los últimos años, ya que ha recibido a camboyanos de otras partes del país que llegan buscando las oportunidades que ofrecen los pequeños negocios alrededor de los casinos de nueva construcción en la frontera tailandesa, pero la realidad es que las oportunidades para las personas sin formación son muy escasas y la mayor parte de los habitantes de la ciudad viven por debajo del umbral de la pobreza”, lamenta Ana Luna, responsable de proyectos de Manos Unidas en el sudeste de Asia.
Poipet es un lugar “extremadamente peligroso para los niños”, que pueden ser víctimas de la trata de personas, la explotación sexual, la drogadicción, el contrabando y otras lacras sociales. “La mayoría de estos menores no asiste a la escuela o no lo hace con regularidad, por eso, el principal objetivo de Damnok Toek, la ONG local con la que Manos Unidas colabora desde hace años, es, además de la prevención de abusos a la infancia, la rehabilitación de aquellos menores que han sido víctimas de ellos en cualquiera de sus manifestaciones y la reintegración en la sociedad, usando la formación como vía de inserción”.
































En el Atrio de los Gentiles nos guiamos por la máxima socrática que enseña a seguir los argumentos donde quieran que nos lleven. El Atrio es lugar para buscadores no para dogmáticos que se crean poseedores de la verdad. En la búsqueda podemos llegar a comprender que la cuestión no es tanto si Dios existe o no existe, sino qué o Quién es Dios. Hablar de Dios es hablar del fundamento y el sentido de la realidad. El ateo considera que el fundamento es impersonal (algo análogo a la materia o la energía), mientras que el teísta piensa que el fundamento es algo personal (algo análogo a la conciencia). Esto conlleva que para el ateo, en último término, todo aquello que tenga que ver con la dimensión espiritual tendrá que reducirse a la materia o a algo similar. Para el creyente teísta la dimensión espiritual, por el contrario, tiene una realidad propia que no puede explicarse desde la materia. Para el creyente en un Dios personal no hay demasiada dificultad para entender todos los procesos materiales, vitales y espirituales mientras que para creyente en el dios-materia la cuestión se complica extraordinariamente al tratar la conciencia, la libertad y todo lo que tenga que ver con la dimensión espiritual del hombre.












