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Los jóvenes de nuestra Diócesis viven la recta final de la PEJ 2022 llenos de alegría y esperanza

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Comenzamos la jornada del día 6 de agosto desde temprano y con ciertos sentimientos encontrados. Respirábamos nostalgia, incertidumbre y especialmente discreción pues nos disponíamos a darle una pequeñita sorpresa para despedir al que ha sido nuestro Delegado D.  Juan Carlos Córdoba.

Salimos al encuentro con nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, donde nos reunimos junto a él en una sala del Seminario Mayor de Santiago, para poder celebrar esta pequeña sorpresa.

Un acontecimiento realmente cargado de sentimientos, de muchas lágrimas pero, sobre todo, de mucho cariño. Tras unas palabras por parte de un miembro de la Delegación y algún que otro detalle, recibimos un agradecimiento por parte de D. Juan Carlos por acompañarle en su servicio durante estos años.

Seguidamente, tras unas palabras de aliento de nuestro Obispo, en las que nos contó todo lo pensado para la juventud el curso que viene, nos dio la oportunidad de presentar todas nuestras dudas, reflexiones o agradecimientos que de manera normal no podemos mostrarle.

Tras ello tuvimos la celebración de la Eucaristía en la que Don Sebastián nos enviaba a vivir nuestra vida con tres verbos: estar, escuchar y anunciar. Además, nos invitaba a hacer nuestras cuatro miradas que podemos contemplar en nuestra madre: fe, docilidad, humildad y esperanza.

Durante la tarde seguimos asistiendo a diferentes talleres, para más tarde coger un autobús que nos desplazaría hacia el monte del Gozo donde tuvimos un concierto y vigilia de adoración.

Con el apóstol Santiago presente y el Señor expuesto, los jóvenes de Europa tuvimos la oportunidad de hablar con Él, dejarnos querer, pedirle que toque nuestro corazón, que nos llame y que nos envíe.

Finalmente, más pronto que tarde amaneció el último día, que no esperábamos alcanzar tan rápido. Celebramos una emotiva Eucaristía presidida por el Legado pontificio y, posteriormente, volvimos al bus para emprender la etapa más importante de este camino. Invitar a la gente a ser testigos de todo lo vivido.

Aprovechamos estas líneas para hablarte ahora a ti joven. Levántate y sé testigo. Anuncia la presencia de Dios en tu vida y nunca lo guardes para ti. Da gratis lo que gratis has recibido. Pídele al Señor que toque tu corazón. Que te hable. Que te haga descubrir qué ha pensado para ti. Que te haga fiel discípulo suyo y que te ayude a descubrir tu vocación. Joven, esta es tu familia. Esta es tu casa.

Delegación de Juventud

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Fallece el sacerdote diocesano Eugenio Lobo Conde

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En la tarde de hoy domingo, 7 de agosto, ha fallecido el sacerdote diocesano D. Eugenio Lobo Conde, a los 83 años de edad, en la residencia de mayores Santa Teresa Jornet, donde se ha instalado la capilla ardiente.

Mañana lunes, 8 de agosto, se celebrará la Misa exequial, a las 11.30 horas, en la capilla de la residencia de mayores Santa Teresa Jornet de las HH. de los Ancianos Desamparados, en Huelva. Asimismo, a las 19.00 horas, será la Misa corpore insepulto en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de su pueblo natal, Santa Olalla del Cala.

Descanse en paz.

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Homilía de mons. Saiz Meneses en el segundo día de la Novena a la Virgen de los Reyes “Madre de la Esperanza” (07-08-2022)

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Homilía de mons. Saiz Meneses en el segundo día de la Novena a la Virgen de los Reyes “Madre de la Esperanza” (07-08-2022)

Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en la Novena a la Virgen de los Reyes
Catedral de Sevilla. 
Domingo XIX T.O. 
Madre de la Esperanza

Saludos: Queridos Señor Deán Presidente y miembros del Cabildo Catedral; sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada; Asociación Virgen de los Reyes y San Fernando; hermanos y hermanas presentes en esta celebración. Segundo día de nuestra Novena, en el Domingo XIX del Tiempo Ordinario. Recuerdo que tras iniciar mi ministerio episcopal en Sevilla, el 12 de junio del año pasado, la primera semana fue de una gran intensidad en cuanto a celebraciones, visitas, encuentros y diferentes actos. Tuve ocasión de visitar algunas parroquias de los barrios Polígono Sur y Los Pajaritos. Allí pude comprobar la situación extrema de no pocas personas, familias, grupos y colectivos. También me reuní con colaboradores de las parroquias y voluntarios de diferentes ONGs. En aquellos encuentros, sin restar un ápice a la gravedad de las situaciones conocidas, percibí también una luz de esperanza en aquellas miradas, en aquellos rostros. La misma impresión tuve en los traslados de la Misión del Señor del Gran Poder y en la procesión extraordinaria de Nuestra Señora de los Reyes.

Nuestra época está marcada por una crisis de esperanza debido a las dificultades que se van sucediendo en el momento presente, y por la decepción de no verse cumplidas tantas expectativas forjadas a partir de los avances de la ciencia y de la técnica o de las grandes revoluciones de la historia reciente. Todavía no hemos superado los estragos de la pandemia, y se ha hecho presente en Europa el azote de la guerra. El ser humano, capaz de llegar a la Luna, de enviar sondas a Marte o de clonar seres vivos; el ser humano que quizá se creía capaz de conseguir todo lo que se propusiera, fue derrotado por un pequeño virus que lo sumió en el desconcierto. El mismo ser humano que mantiene conflictos armados en distintos lugares del mundo y que vuelve a embarcarse en otra guerra en la vieja Europa, no escarmentada por los anteriores conflictos. En esta situación, que hace tambalearse el orden internacional vigente, no extraño caer en el pesimismo.

Pido a Dios que salgamos de la pandemia un poco más humildes y realistas; ojalá salgamos de los conflictos bélicos un poco más juiciosos y fraternales. Lo cierto es que vivimos tiempos de sospecha y desconfianza ante los que rigen la sociedad y sus instituciones y de desesperanza respecto a que se puedan lograr los cambios que el mundo necesita, sumergido en continuas crisis de todo tipo. Cuántas veces se ha repetido la historia de cambiarlo todo para que al final nada cambie. Qué podemos explicar a quien no consigue encontrar un empleo estable, o no puede formar una familia, o no logra llevar a término sus proyectos personales, o ni siquiera puede mantener una hipoteca.

Ahora bien, el ser humano tiene necesidad de una esperanza creíble y duradera, que resista y supere las dificultades; particularmente los jóvenes, porque la juventud es el tiempo en que se toman las decisiones que serán determinantes para el resto de la vida. Pero ¿dónde encontrarla y cómo mantenerla viva en el corazón? El Papa Benedicto XVI nos recordó que la ciencia, la técnica, la política, la economía o cualquier otro recurso material por sí solos no son capaces de ofrecer la gran esperanza a la que todo ser humano aspira. Por otra parte, todos hemos experimentado que muchos deseos que se albergan a lo largo de la vida, cuando llega el momento de verse cumplidos, no acaban de llenar el corazón. Esto sucede porque la esperanza completa solo puede estar en Dios. La gran esperanza no es una idea, o un sentimiento, o un valor, es una persona viva: Jesucristo[1]. Cristo, que tiene rostro y corazón de hombre y que, por tanto, se preocupa de la historia humana y la comparte con nosotros.

La vida cristiana es un camino, una peregrinación, y también una escuela de aprendizaje y de ejercitación de la esperanza. La oración, el encuentro con Dios, el diálogo con Él, la conciencia de que Él siempre escucha, siempre comprende, siempre ayuda, es la primera fuente. También se nutre de la Palabra de Dios y de la participación frecuente en los sacramentos. El actuar y el sufrir son asimismo lugares de aprendizaje. Porque la esperanza cristiana es activa, transformadora del mundo, bajo la mirada amorosa de Dios. Y se nutre también del saber sufrir y del sufrir por los demás, del aceptar la realidad de la vida en lo que tiene de dificultoso[2].

La virtud teologal de la esperanza no se identifica ni con el optimismo psicológico ni con las ilusiones pasajeras. Se trata de un don de Dios que tiene componentes diversos: el gozo en el Señor, la serena certeza de su Providencia, la constancia en las pruebas y la paciencia en las dificultades, la perseverancia en el trabajo, la fidelidad en medio de los contratiempos; no es pasiva, no aguarda con los brazos cruzados, sino que se manifiesta en el aguante, la entereza, la confianza en Dios. El poeta francés Charles Péguy escribió muy bellamente sobre la virtud de la esperanza, que él veía como una niña, frágil, pero a la vez fuerte.

Según él –en un texto ya clásico- podría parecer, a primera vista, como que la esperanza, entre la fe y la caridad, tiene poco que hacer. Sin embargo, es la que mueve a las otras dos: “Colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores. Que la llevan de la mano. La pequeña esperanza Avanza. Y en medio entre sus dos hermanas mayores aparenta dejarse arrastrar. Como una niña que no tuviera fuerza para andar. Y a la que se arrastraría por esa senda a pesar suyo. Y en realidad es ella la que hace andar a las otras dos”[3].

La esperanza se apoya principalmente en la fe, que es “fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve” (Hb 11,1). Los ojos de la fe son capaces de ver lo invisible y el corazón del creyente puede esperar más allá de toda constatación humana, de toda previsión, como Abrahán, que confió totalmente en el Señor. Confiar en él significa fundamentar en él mi vida, apoyar mis criterios y decisiones en su Palabra, buscar siempre su voluntad. Es una virtud sobrenatural, don de Dios, participación de su vida. Esperar en Dios equivale a confiar plenamente en Él, vivir una confianza inquebrantable en el Señor, por encima de mis limitaciones, de mis faltas, de mis pecados personales, y también de las carencias institucionales.

Saber esperar. María “esperó con inefable amor de Madre”. Ella es modelo de esperanza confiada en Dios, que nunca abandona y que da las fuerzas para superar las dificultades, para ser sus testigos en medio del mundo, para superar el virus del desaliento, que es la acedia; la acedia que paraliza, que desinfla, que vuelve a los evangelizadores pesimistas quejosos y desencantados, que lleva al miedo, a la tristeza, al desencanto, a perder la intensidad espiritual y apostólica[4]. Insiste el Papa Francisco en que la acedia muestra una grave falta de esperanza en la providencia de Dios, en su intervención a lo largo de la historia. Nunca nos hemos de dejar llevar por el desaliento, sino esperar en toda circunstancia, en toda ocasión. María nos enseña a esperar. En mis tiempos de seminario cantábamos una canción con un estribillo sencillo pero muy significativo: “Santa María de la esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera”. Eso le pedimos hoy, que nos ayude a mantener el ritmo y la intensidad de nuestra espera.

María es la estrella de la esperanza. El origen del título Stella maris es comúnmente atribuido a san Jerónimo (siglo V) y también lo utiliza san Isidoro de Sevilla (s. VII). El himno Ave maris Stella es del siglo VIII. Benedicto XVI, en su Encíclica Spe Salvi, hace referencia a este himno para proponernos a María como causa de nuestra esperanza, y recuerda que la Iglesia saluda a María como estrella del mar. En la antigüedad los marineros se guiaban por las estrellas en la oscuridad de la noche y confiaban en ellas para marcar su rumbo en el océano y orientarse hacia el puerto seguro. María es como la estrella del mar que nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo. A ella nos encomendamos especialmente en los momentos de sufrimiento y de crisis, en las etapas de dudas y oscuridad[5].

La Virgen de los Reyes, María Santísima, estrella y modelo de la Iglesia, está presente junto a nosotros como Madre de la esperanza, como “vida, dulzura y esperanza nuestra”. Conoce bien nuestro interior, los miedos y ansiedades, las alegrías las penas, las ilusiones, las necesidades y aspiraciones de la humanidad y de cada uno de nosotros. Ella nos precede y acompaña, nos alienta para que seamos mensajeros de esperanza en medio del mundo. Así sea.  [6].

[1] Cf. BENEDICTO XVI, Mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud 2009, 22 de febrero de 2009.
[2] Cf. BENEDICTO XVI, Spe salvi, nn. 32-40.
[3] CHARLES PÉGUY, El pórtico del misterio de la segunda virtud.
[4] Cf. FRANCISCO, Evangelii Gaudium nn. 81-83
[5] Cf. BENEDICTO XVI, Spe salvi, nn. 32-40.
[6] Concilio Vaticano II, Lumen gentium n. 68

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

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Los jóvenes de Almería regresan ilusionados de la Peregrinación Europea de Jóvenes en Santiago

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Del 3 al 7 de agosto ha tenido lugar la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) en la que han participado más de 60 peregrinos jóvenes llegados desde Almería. Este evento juvenil, organizado por la archidiócesis de Santiago y Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal, tuvo que posponerse por causa de la pandemia, «pero ya estamos aquí para vivirla», vocearon los jóvenes al llegar a las puertas de la Catedral.

La aventura comenzaba el pasado sábado 30 de julio cuando se ponían en marcha rumbo a Galicia. El domingo 31 comenzaban las etapas de peregrinación, junto a los grupos de la Provincia Eclesiástica de Granada, recorriendo la distancia que separa Poio de la tumba del apóstol, con una etapa marítima incluida, con la que recordaron la entrada del cuerpo de Santiago a tierras españolas.

El encuentro se ha organizado bajo el lema ‘Joven, levántate y sé testigo. El Apóstol Santiago te espera’. Durante estos preciosos días, Santiago se ha convertido en la ciudad joven de la cultura y la fe de toda Europa. Se han llevado a cabo una gran variedad de actividades: catequesis, talleres, charlas, conciertos, teatros, actuaciones, música en directo… en los que han participado jóvenes de toda España y de varios países de Europa, especialmente de Portugal, Italia y Francia.

Nuestro obispo D. Antonio impartió una de la catequesis a los jóvenes de las diócesis de Almería, Alicante e Ibiza a los que se unieron algunos jóvenes de Teruel, Zaragoza, Guadix y Valencia. Siguiendo la encíclica Christus Vivit guió a los presentes a vivir la Transfiguaración como una llamada personal a descubrir a Cristo como Hijo amado del Padre y anunciarlo en la vida. “Nosotros hoy somos alternativos”, afirmó el prelado ante unos jóvenes que disfrutaron con sus palabras cercanas e ilusionantes.

El Card. Marto ha presidido esta mañana, en la explanada del Monte del Gozo, en Santiago de Compostela la eucaristía de clausura de la PEJ22, ante los 12.000 peregrinos que han participado desde hace una semana en los actos organizados. En la eucaristía han concelebrado 55 obispos de España, Portugal e Italia además de cerca de cuatrocientos sacerdotes.

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La Virgen de África reúne un año más a los ceutíes

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Ceuta se hizo, un año más, tierra de María en su adveración de África. La tradicional Ofrenda floral, la celebración de la Santa Misa, presidida por Mons. Rafael Zornoza y la procesión de la patrona, marcaron el final de las fiestas en honor a la Alcaldesa perpetua de Ceuta. Las máximas autoridades civiles y militares de la ciudad, con el presidente de Ceuta, Juan Vivas, acudieron a este oficio religioso en honor a la Virgen de África.

Cada mes de agosto, la Plaza de África se llena de fieles que acuden a la ofrenda floral a la Virgen de África. Un acto en vísperas a la procesión de la Patrona de Ceuta donde los ceutíes han acudido a este escenario sin igual y tan esperado tras dos años de restricciones sanitarias a causa de la pandemia. Una coral y un cuerpo de baile flamenco han acompañado el acto frente a la titular del Santuario de África.

La querida imagen de Nuestra Señora de África recorrió las calles de Ceuta un año más, reuniendo a su paso a todos los fieles en una procesión en la que participaron, además del Obispo y el Vicario General de Ceuta, los sacerdotes residentes en la ciudad , autoridades civiles y militares y cientos de personas que, un año más, honraron a su Madre demostrando que ella vive el el alma de su pueblo.

Fotografías: La Verdad de Ceuta

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Fallece el canónigo gaditano José Manuel Daza Tello, a los 58 años

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Tras recibir la noticia del fallecimiento del canónigo gaditano José Manuel Daza Tello me ha venido a la memoria la conversación que mantuve con él a escasos días de que le dieran el diagnóstico de la cruel enfermedad que, por sus síntomas, nos había parecido inofensiva: “Tengo plena conciencia -me dijo él- de los límites y, con estas palabras me refiero directamente a la muerte”. Hablamos detenidamente de lo inútil que era ocultarla para dar la impresión de que ha desaparecido de nuestros paisajes. No advertimos que, en el fondo de los diferentes temores que experimentamos, ante determinadas situaciones, late miedo que nos produce la muerte. “Yo estoy convencido -afirmó- de que la mejor manera de afrontarla es mirándola cara a cara tratando de descubrir su sentido o, mejor dicho, de vivir la muerte”.
El padre José Manuel era -es- un sacerdote que, desde que, tras estudiar en nuestro Seminario Diocesano y en la Universidad Gregoriana de Roma, fue ordenado en 1991, en sus diferentes tareas pastorales como Rector y Profesor del Seminario, como Delegado del Clero, como párroco en San Antonio de Padua, en San Juan Bautista, como Arcipreste de Chiclana y asesor religioso de la Asociación Madres de Nazaret, nos ha explicado las diferentes maneras de alimentar la fe mediante oración, ese fecundo manantial en el que ha bebido para nutrir su fe en una vida trascendente. En todos sus ministerios ha vivido su sacerdocio como un seguimiento a Jesús de Nazaret, asumiendo los valores y el estilo del Evangelio, pensando, sintiendo y cumpliendo la gozosa tarea de acompañar, de consolar y de aliviar los sufrimientos de las personas más necesitadas. “En estos últimos días estoy encerrado en casa SÍ, pero con el corazón muy abierto al amor de Dios dispuesto siempre a servir a quien necesite de mi ayuda”.
En sus clases, en sus homilías, en sus catequesis y en sus conversaciones nos ha invitado amablemente para que creyéramos y viviéramos las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Su bondad se traducía en prudencia, en humildad, en austeridad, en esperanza y en una entrega incondicional a las familias heridas por la pobreza, por el paro y por las experiencias del fracaso y de la separación. Ha acogido, acompañado y amado a los que, a su alrededor, sufrían unos problemas lacerantes. Su luminoso ejemplo nos seguirá orientando, mantendrá su presencia y evitará la desaparición total. Las huellas de una persona en la vida de otra son indelebles, no las puede borrar ni la misma muerte. Ha fallecido un sacerdote bueno, un estímulo de esperanza en medio de un mundo ensombrecido, un creyente que ha abierto caminos por los que sus conciudadanos, sus hermanas y hermanos, vivieran en paz, en justicia y en amor. Que descanse en paz.
José Antonio Hernández Guerrero

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Termina la PEJ, cinco días de fiesta y fe, que ha convocado a más de 12.000 jóvenes de toda Europa, también de Guadix

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Termina la PEJ, cinco días de fiesta y fe, que ha convocado a más de 12.000 jóvenes de toda Europa, también de Guadix

Este domingo 7 de agosto termina la PEJ, la Peregrinación Europea de Jóvenes. Durante cinco días, más de 12.000 jóvenes de toda Europa se han dado cita en Santiago de Compostela, ante la tumba del apóstol, para compartir y celebrar la fe. Han sido días de fiesta, de formación, de convivencia y, sobre todo, de fe.

Pero todo se acaba. Y hoy se pondrá el broche final a este encuentro de jóvenes con una Misa multitudinaria. Aunque será una Misa que marque más un comienzo que un final: es la Misa del envío, del comienzo de la misión, del llevar lejos lo aprendido aquí y comenzar a vivir lo sentido estos días,…
Será una celebración al aire libre, en el Monte del Gozo, que estará presidida por el cardenal Antonio Augusto dos Santos Marto, enviado especial del papa Francisco, obispo emérito de Leiria-Fátima. Y al terminar, los jóvenes peregrinos volverán a sus diócesis respectivas para contagiar lo aquí vivido.
Termina un encuentro de jóvenes en el que ha habido de todo, desde conciertos a tiempos de oración y celebración. También ha habido momentos de formación, como el que han protagonizado las decenas de obispos que han participado en la PEJ y que han impartido catequesis en los templos de la ciudad. El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, también impartió algunas de estas catequesis. Fueron en la iglesia de las Huérfanas, el viernes 4 de agosto, y en la Cripta de San Fernando, el sábado día 6, sobre los temas “El Espíritu te da vida” y “Cristo te ama”, respectivamente. En la catequesis del sábado asistieron jóvenes de Sevilla, San Sebastián y, por supuesto Guadix
Al terminar las catequesis, que aportaron palabras cargadas de sentimiento y transmitieron fuerza e ilusión a los jóvenes, todos pudieron celebrar la Eucaristía en un ambiente de recogimiento y alegría.
Con la Misa del envío de este domingo se clausura la Peregrinación Europea de Jóvenes, pero se pone la mirada ya en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que será en Lisboa el año que viene y que convocará a miles de jóvenes de todo el mundo y, también, al papa. Comienza la cuenta atrás.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Homilía de mons. Saiz Meneses en el primer día de la Novena a la Virgen de los Reyes (06-08-2022)

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Homilía de mons. Saiz Meneses en el primer día de la Novena a la Virgen de los Reyes (06-08-2022)

Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en la Novena a la Virgen de los Reyes.
Catedral de Sevilla. Día primero.     
En la Escuela de María. Peregrina en la Fe

 

Saludos. Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Señor Deán Presidente y miembros del Cabildo Catedral; sacerdotes, miembros de la vida consagrada; Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando; hermanos y hermanas presentes. Comenzamos nuestra novena, como cada año, el día 6 de agosto. Celebramos esta tarde el Domingo XIX del Tiempo Ordinario. Las lecturas que hemos escuchado nos orientan a la solemnidad de la Asunción de María, al futuro, al cielo, donde la Virgen santísima nos ha precedido. El evangelio invita a no aferrarnos a los bienes materiales y a cumplir fielmente nuestro deber tendiendo siempre hacia lo alto, despiertos y vigilantes, velando, orando y haciendo el bien en todo momento.

El fragmento de la carta a los Hebreos que hemos escuchado, presenta a Abraham, que por fe obedeció a la llamada de Dios y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad sin saber adónde iba, avanzando con el corazón confiado en la promesa de Dios. En María culmina la larga historia de fe del Antiguo Testamento, que incluye a tantas personas fieles, testigos del cumplimiento de las promesas de Dios. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, con todo su corazón, para que tomase carne en ella y naciese como salvación para los hombres. En la Madre de Jesús, la fe ha dado su mejor fruto. En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo[1]. La novena que hoy comenzamos es también un camino, que iremos recorriendo de la mano de María.

Me siento muy honrado y agradecido al predicar la novena de la Virgen de los Reyes de este año, cuando tenemos tan reciente la celebración del 75 aniversario de la declaración del Santo Padre Pío XII como principal Patrona de la ciudad y archidiócesis de Sevilla y la procesión extraordinaria que pudimos realizar expresando nuestra devoción y amor. Es una hermosa oportunidad para proclamar la grandeza de Dios que enriqueció nuestra vida con el don de la Madre de Cristo y Madre nuestra, y agradecer su continua protección sobre la Archidiócesis y sobre la Ciudad de Sevilla. También hemos conmemorado el 350 aniversario de la canonización de san Fernando, el rey que en 1248 entró en la ciudad con esta imagen.

La historia cristiana de Sevilla está vinculada estrechamente a Nuestra Señora de los Reyes. Durante casi ocho siglos su imagen ha presidido la vida de la ciudad como una madre llena de misericordia, fuente de esperanza y consuelo para todos los que la invocan. Ella ha sido testigo de todas las vicisitudes y ha recibido las confidencias de sus hijos, y ocupa un lugar central en la historia espiritual de Sevilla. Esta venerable imagen es reconocida como el símbolo de nuestra la identidad histórica y católica, y por eso fue declarada patrona y protectora de la ciudad y de la archidiócesis.

La Virgen de los Reyes nos guía por el camino de la fe y del amor, de la libertad y la convivencia, y nos ofrece un mensaje de fidelidad y de esperanza. En estos días de la novena recordaremos con gratitud los muchos dones que las personas, las familias, las instituciones y la sociedad de Sevilla han recibido gracias a la intercesión de su Patrona. El don del amor y la fidelidad, el tesoro de los hijos y la unidad familiar, la fortaleza y el consuelo en tiempos de sufrimiento, la paciencia en las tribulaciones, el gozo y perseverancia en el cumplimiento de las obligaciones de cada día.

Nuestra vida es una peregrinación, un caminar siempre hacia adelante. En esta novena pediremos a la Virgen que siga protegiéndonos y guiándonos en el camino del seguimiento de su Hijo. El progreso de la Ciudad y de la Archidiócesis, el crecimiento de nuestras familias, los buenos ejemplos de nuestros mayores, son para nosotros exigencia de fidelidad y perseverancia. No son pocas las dificultades y presiones del ambiente, pero no olvidaremos nuestras tradiciones ni dejaremos de mantenerlas vivas. Hemos recibido muchos bienes materiales, morales y espirituales de aquellos que nos han precedido, de una tradición cristiana en la que hemos nacido y en la que queremos vivir y morir. Es responsabilidad nuestra transmitir este tesoro a las generaciones futuras con la palabra y la fuerza de un testimonio de vida coherente.

Nuestra tierra es la “tierra de María”, la Madre que nos lleva de la mano hasta su Hijo, Jesús, y, como a los sirvientes de las bodas de Caná de Galilea, nos encarga: “Haced lo que él os diga”. Nuestra tierra es la tierra de María y la tierra del Señor. Estos son los dos fundamentos principales de nuestra vivencia religiosa. El Señor está muy presente entre nosotros: él es nuestro Redentor, nuestra Vida, la luz que nos guía, que nos impulsa en el camino de la vida, en el cumplimiento de nuestros deberes. La Virgen María, que está siempre unida estrechamente a Cristo, nos ayuda a entrar y vivir en la amistad con su Hijo. Ella, que mantuvo unidos a los apóstoles en los momentos difíciles de la Iglesia naciente, nos congrega también ahora junto a Jesús.

Donde está María está también la Iglesia, porque ella es la Madre de la Iglesia; con ella y como ella somos templo de Dios habitado y santificado por el Espíritu Santo. La fe cristiana no es sólo recuerdo de tradiciones gloriosas, sino iluminación de la mente y fortalecimiento del corazón para orientar nuestra vida y construir nuestro futuro. La fe nos hace mejorar la calidad humana de nuestras familias, la educación cristiana de nuestros jóvenes, la justicia y la fraternidad de nuestra convivencia, la garantía de un progreso estable, apoyados siempre en la gracia de Dios y en el respeto a la ley moral.

María es modelo de fe y de fortaleza. Ella también vivió contracorriente, y tuvo que pasar por la gran prueba de la muerte de su Hijo en la cruz. Ella nos ayuda a vivir con la libertad y la fortaleza necesarias para ser fieles a nuestras raíces cristianas, que a lo largo de estos días se han de reavivar. Pedimos desde ahora con confianza que nos ayude a vivir esta novena como una verdadera escuela de fe y de vida cristiana, la escuela de María. La devoción y el amor que profesamos a la Virgen de los Reyes tiene que ser un verdadero estímulo y una ayuda poderosa para responder a lo que Dios quiere de nosotros. Este es el momento de vivir nuestra vocación cristiana como una vocación para la fidelidad y el testimonio, para la santidad y el apostolado.

El Concilio Vaticano II afirmó que la Virgen María avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo con total fidelidad la unión con su Hijo hasta la cruz[2]. Esta imagen de la peregrinación nos ayuda a entender el camino interior de María, modelo de creyente. Ella también tuvo que recorrer un camino que no estuvo exento de dificultades. La anunciación es el punto de partida. El ángel le comunica un mensaje desconcertante, la propuesta de convertirse en la madre del Mesías. Ella responde aceptando el plan de Dios, dando su consentimiento humilde y generoso. En su respuesta no hay otra seguridad que su confianza en la Palabra de Dios. Responde con una fe absoluta en este acontecimiento único e irrepetible de la historia de la humanidad. Los años que seguirán serán como un éxodo, un ponerse en camino, una experiencia profunda de pobreza, de confianza absoluta en Dios, porque ella ha creído que para Dios, ciertamente, no hay nada imposible.

En este momento María inicia un camino de fe y de unión con su Hijo que mantendrá hasta el final. La culminación de esta peregrinación será presenciar la muerte de su Hijo en la Cruz. Allí, recuerda san Juan Pablo II, «María experimenta la noche de la fe, y, después de la iluminación de Pentecostés, sigue peregrinando en la fe hasta la Asunción, cuando el Hijo la acoge en la bienaventuranza eterna»[3]. A pesar del sufrimiento, a pesar de que su alma es traspasada por la espada de dolor tal como le había anunciado el anciano Simeón (cf. Lc 2,35), al pie de la cruz María permanece fiel hasta el final. El drama de la pasión y muerte hizo tambalear la fe de los discípulos, que quedaron sumidos en el desconcierto. Ella, en cambio, estuvo de pie junto a la cruz, firme, en aquel momento tan doloroso.

Estos días van a ser jornadas especiales de gracia y amor de Dios. Abramos de par en par el corazón. Nos reunimos en torno a María Santísima como discípulos de Cristo, como hermanos de la familia de Jesús que es la Iglesia. Nuestra Señora de los Reyes nos ayudará a crecer en las actitudes propias de sus hijos, que también han de recorrer su peregrinación de fe con confianza y fidelidad hasta el final, como su Santísima Madre. Que así sea.

[1] Cf. FRANCISCO, Lumen Fidei 58.

[2] Cf. CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium 58.

[3] SAN JUAN PABLO II, Catequesis, 21 de marzo de 2001.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

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Campamentos y Escuelas de verano de Caritas Diocesana

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Es el segundo año que los niños y niñas acompañados por los equipos de las Cáritas Parroquiales desde el programa de Infancia, Adolescencia y Familias se van de campamento de verano. Niños, niñas y familias a los que se acompaña durante todo el año en las zonas de Cuevas del Almanzora, en el asentamiento de Los Granainos (San Isidro), el barrio de Piedras Redondas (Almería capital) y en Vícar, que han podido disfrutar de espacios de ocio y tiempo libre en los meses de junio y julio. A través de actividades deportivas y dinámicas de aprendizaje las monitoras y monitores han guiado los campamentos y escuelas de verano con el objetivo de fomentar el trabajo en equipo, el respeto, la comunicación, las habilidades sociales y capacidades físicas y la diversión, por supuesto. Un maravilloso grupo de personas voluntarias, además de monitores y monitoras procedentes de distintos colegios y universidades religiosas se han unido a las personas del proyecto.

Una experiencia en la que no solo se les ha acompañado y orientado, sino que ha servido para reafirmar el trabajo de Caritas Diocesana de Almería en la labor de acercarnos a los niños y niñas, como nos dice el Evangelio, para velar por sus derechos y protegerles ante la vulneración de los mismos.

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Curso de dorado y policromado en el Centro Cultural Abierto Hospital Real de la Caridad de Guadix

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Curso de dorado y policromado en el Centro Cultural Abierto Hospital Real de la Caridad de Guadix

En la tarde del viernes 5 de julio, dio comienzo, en el Centro Cultural Abierto Hospital Real de la Caridad de Guadix, un curso de dorado y policromado organizado por el Centro Cultural. El curso es impartido por el imaginero cordobés Sebastián Montes Carpio y está dirigido José Manuel Martos Segura.

Además del curso. los participantes disfrutarán de distintas visitas culturales, que están a cargo de Antonio González Navarrete.
Este curso tiene como objetivo principal dar a conocer la ciudad de Guadix, ofreciendo una actividad estival relacionada con el mundo del arte.
Se han ofertado 10 plazas, que se han cubierto en su totalidad.
Los alumnos proceden de diferentes lugares de España: tres de Valencia, dos de Almería, uno de Badajoz, uno de Huelva y tres de Guadix.
El Centro Cultural Abierto Hospital Real de la Caridad es un ente cultural de la diócesis de Guadix, dependiente del Cabildo de la Catedral Accitana.

Antonio Fajardo
Hospital Real de Guadix

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