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Los niños protagonistas en la Asunción de María en la Catedral

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Alrededor de 600 personas se han dado cita en la Catedral para celebrar la Asunción de la Madre de Dios  los cielos, a quien está dedicado el primer Templo de Jaén. Una celebración, que ha dado comienzo a las 12 del mediodía y que por primera vez ha estado presidida por el Obispo Don Sebastián Chico Martínez, acompañado por un numeroso grupo de canónigos.

Una decena de niños con centros de flores encabezan la procesión claustral, que con la Virgen de la Antigua y el Santo Rostro, ha recorrido el templo Catedral antes de dar comienzo la solemne Eucaristía y que ha finalizado en el presbiterio donde la Virgen de la Antigua y el Santo Rostro se han colocado en un altar efímero provisto para la celebración. Hasta el mismo se ha dirigido el Prelado jiennense para incensar ambas imágenes.

Miembros de la Cofradía de la Buena Muerte han participado en las lecturas. El canónigo guardián del Santo Rostro, D. José López Chica ha sido el encargado de proclamar el Evangelio de Lucas que narra el encuentro entre María y su prima Isabel y el canto del Magníficat de María.

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El Obispo de Jaén se ha dirigido a los fieles en esta celebración mariana tan arraigada al fervor popular desde el inicio de la cristiandad que es la creencia de que María no murió sino que concluida su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, y que fue proclamado dogma por Pío XII en 1950.

“Contemplar este misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo es descubrir desde Ella la grandeza y la profunda humanidad de nuestro Dios y de nuestro propio destino. En la Asunción de María se descubren definitivamente los planes de Dios. Podríamos decir que ese es el momento en el que por primera vez una pura creatura llega a la plenitud de su destino”, ha expresado Monseñor Chico Martínez.

A continuación, el Prelado del Santo Reino ha querido recordar el verdadero sentido de la existencia humana, que va mucho más allá de lo puramente terrenal: “La Virgen María, glorificada corporalmente en el cielo, nos dice que no hemos sido creados para este mundo, que nuestra patria verdadera es el Cielo, y es desde esta realidad desde donde debemos contemplar y apreciar la verdadera importancia de los acontecimientos de nuestra vida. La alegría y el dolor, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, valen lo que valen cuando son vistos y vividos desde la perspectiva de la vida eterna. María de Nazaret, asunta al cielo por los ángeles de Dios, nos manifiesta la verdad y el poder de la salvación de Jesucristo. Unida corporalmente al cuerpo de Cristo por su maternidad, la Virgen es la primicia de la resurrección universal: como el cuerpo resucitado de Cristo arrastró hasta la gloria el cuerpo de María, así arrastrará también nuestros cuerpos mortales hasta la gloria de la resurrección”.

Para concluir su predicación se ha pedido la intercesión de María asunta a los cielos para que “ilumine y fortalezca nuestra fe, que nos ayude a creer con firmeza en la vida eterna como centro de nuestra vida, que nos sostenga en el esfuerzo de vivir cada día en continuidad y al estilo de la vida gloriosa del Cielo, con piedad, con libertad espiritual, con fraternidad generosa”.

Al término de la homilía se ha producido uno de los momentos más entrañables de la jornada y que ya se está convirtiendo en una tradición: los niños presentes, algunos con pocos meses de vida, han subido al altar y han sido presentados ante la patrona del Cabildo, la Virgen de la Antigua para recibir la bendición.

Cuando ha concluido la celebración eucarística, he tenido lugar la secular bendición con el Santo Rostro por los balcones de la Catedral, un hecho que se repite tres veces en el año; el Viernes Santo, el 1 de noviembre y en esta solemnidad de María Asunta a los cielos y que es signo identitario de Jaén y su Catedral; el Obispo ha bendecido, con el Rostro de Cristo, desde los cuatro puntos cardinales a los jiennenses congregados en torno a la catedral y a los campos, con una ovación ha concluido la magna celebración del 15 de agosto.

 

Galería fotográfica: «Asunción de la Virgen 2022»

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«La Virgen se alegra hoy por este amor que le expresamos»

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Mucha alegría vivida ayer 14 de agosto en la Catedral de Cádiz, cuando el obispo diocesano Mons. Rafael Zornoza coronaba a la Virgen de las Penas, del Barrio de la Viña.

La Catedral acogía la Solemne ceremonia, muy esperada por todos sus hijos, pues desde 2006 se empezó a solicitar esta coronación y fue en 2017 cuando el obispo propuso a la parroquia realizar unas misiones. En 2019, con la ayuda de los padres paules y las Hijas de la Caridad se iniciaron esas misiones y el 16 de noviembre de aquel año fue cuando se abrió el expediente de la Coronación Canónica. Justo ahora, tras dos años de pandemia, se ha cumplido el acto.

Más de ochocientos invitados entre autoridades religiosas, civiles, además de representantes de hermandades y cofradías gaditanas y fieles y devotos de Cádiz y de otras localidades asistieron en la mañana del domingo a la Catedral para acompañar a la imagen de la Virgen viñera.

Durante la homilía, Mons. Zornoza expresaba que «La Virgen se alegra hoy por este amor que le expresamos. María invocada por nosotros como reina, la coronamos como Señora de todos nosotros, sus hijos, que la quiere y veneran en el Barrio de la Viña y de todo Cádiz».

El prelado se dirigió a los fieles para recordarles que «nunca debemos olvidar la verdadera corona de la Virgen, que sois vosotros mismos, y esas joyas que la adornan, son los frutos de la fe en la caridad. Más allá de este acto -continuaba el obispo- estamos hoy aquí manifestando un compromiso, hoy hacemos un pacto de amor con nuestra madre, confiando su protección pero manifestando que somos suyos, que queremos ser suyos».

«Virgen de las Penas, coronada desde ahora con nuestro amor y devoción, no nos abandones» concluía Mons. Zornoza.

Fotografías: José Mª Carreras Menaut

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Fiesta de Candelaria. «Confiemos en la Virgen María e imitemos sus virtudes»

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Tras dos años con restricciones y limitaciones de aforo debido a la Covid-19, la Villa Mariana de Candelaria celebró este 15 de agosto de 2022, de vuelta a la “normalidad”. El día grande en honor a la Patrona de Canarias volvió a ofrecer la estampa de cientos de peregrinos en torno a la Basílica. Asimismo, alrededor de 700 deportistas realizaron la tradicional ofrenda floral a la Virgen.

La jornada comenzó a las 11 horas, con la procesión cívica hasta la plaza de la Patrona de Canarias. Posteriormente, se realizó la parada militar y la recepción del representante de su Majestad el Rey, responsabilidad que este año recayó en la figura del presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos. Ya, a las 12:00 horas comenzaba la celebración de la Solemne Eucaristía presidida por monseñor Bernardo Álvarez.

En la Misa estuvieron presentes diversas autoridades públicas, entre ellas, el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres; el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana; el presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Pedro Manuel Martín; la alcaldesa de la villa mariana, María Concepción Brito; el Teniente General Jefe del Mando de Canarias, Carlos Palacios y el alcalde de Teror, municipio hermanado con la Villa de Candelaria, Sergio Nuez.

El obispo inició su homilía haciendo hincapié en que este día en el que celebramos la Asunción de la Virgen María, es un momento para estar alegres y entusiasmados. “¡Viva la Virgen María de la Candelaria, nuestra patrona!”, exclamó el prelado.

Seguidamente, monseñor Álvarez recordó que la Virgen María no es una imagen, sino una persona viva que pasó por este mundo como cualquiera de nosotros y que ahora vive eternamente junto a Dios, acompañándonos y cuidándonos con amor materno. En este sentido, indicó que lo importante es que creamos que ella es madre de Dios y madre nuestra, inmaculada, pura y santa.

Posteriormente, el obispo explicó cómo se venera a la Virgen. “Reconociendo lo que ella es, llamándola dichosa y bienaventurada, confiando en su papel en la obra de la salvación e imitando sus virtudes”. En este último punto se detuvo para enfatizar que “la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia para la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llevó y, tanto menos, por el ambiente socio-cultural en que se desarrolló, hoy día superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida, Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios”.

En otro momento de su homilía, el prelado nivariense señaló que para acogernos a la protección de María es necesario llevar una vida de oración. “Orar con ella a Dios, orar por medio de ella a Dios (intercesión) y orar a María directamente”.

Por último, Álvarez recordó que en la fiesta de la Asunción se nos invita a considerar tres aspectos que tienen que ver con nuestra vida: “El poder de Dios, la voluntad de Dios de salvar al ser humano completo (cuerpo y alma) y el triunfo o victoria sobre el pecado y la muerte”.

Tras la Eucaristía, la imagen de la Virgen de Candelaria salió en procesión alrededor de la plaza de la Basílica. Un momento muy esperado tras estos dos últimos años y que fue celebrado con una lluvia de voladores y gritos de “Viva la Virgen de Candelaria”.

– GALERÍA DE FOTOS

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El arzobispo de Sevilla invita a “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes”

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El arzobispo de Sevilla invita a “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes”

Bajo un repique de campanas y con una puntualidad “fernandina”, el paso de tumbilla de la Virgen de los Reyes, la patrona de la ciudad de Sevilla y su Archidiócesis, se situó a las ocho de la mañana del lunes, 15 de agosto, bajo el dintel de la Puerta de Palos de la Catedral. De esta forma se cumplía la tradición, el protocolo de una fe de siglos que marca el encuentro de los sevillanos con “la Virgen de todos”.

Se recuperaba de esta manera una cita estival interrumpida a causa de la pandemia, y esperada por una multitud de fieles que, desde muy temprano, tomó sitio frente a la seo hispalense para presenciar un nuevo capítulo del ritual mariano por excelencia de Sevilla.

Al término de la procesión alrededor de la Catedral, el arzobispo, monseñor Saiz Meneses, que estos días ha presidido la novena de la patrona, hizo lo propio en la Eucaristía con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen. No fue la primera Misa que acogía la Catedral esta mañana, ya que desde las seis se han celebrado Eucaristías con la participación de los numerosos peregrinos que han llegado al templo metropolitano procedentes de distintas localidades cercanas a la capital.

“Hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio”

En su homilía, el arzobispo recogió el itinerario seguido durante la novena y recordó que “nosotros hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio a nuestros contemporáneos del siglo XXI”. “Por eso –añadió- también nos preocupa esta pertinaz sequía, las restricciones energéticas, la pandemia y sus secuelas, la cronificación de la pobreza en algunos de nuestros barrios o el paro juvenil; y en un nivel global nos preocupa el hambre en el mundo, la desigualdad, la contaminación, la guerra en Ucrania y los conflictos armados en todo el mundo, o la creciente rivalidad estratégica entre las grandes potencias, que al final acaba perjudicando siempre a los más débiles”.

A continuación, señaló que la evangelización es “el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada persona y a la humanidad entera en el momento presente, en el que conoce grandes conquistas técnicas y científicas, pero ha perdido el sentido último de la vida”. En esta línea afirmó que “sólo desde Cristo el ser humano puede comprenderse a sí mismo y encontrar el sentido de la existencia”. Consciente de que hay muchas personas para las que la fe no ocupa un lugar relevante, monseñor Saiz acudió a la patrona para pedir la ayuda necesaria para “descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes, alejados o indiferentes”. Unos puntos de encuentro que, apuntó, “no están lejos de las aspiraciones profundas de nuestros contemporáneos, que coinciden en buena parte con las de los hombres y las mujeres de todas las épocas”. “El ser humano, a lo largo de la historia, ha buscado la verdad, el sentido de las cosas, y sobre todo el sentido de su vida. En todas las culturas encontramos las preguntas fundamentales sobre la propia identidad, sobre el origen y el final de la vida, sobre el mal y la muerte, sobre el más allá. Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente, y está muy próximo a Dios, que es la Verdad”, subrayó.

“La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios”

“El corazón humano tiende a una felicidad plena, y se entrega con ilusión a proyectos y actividades esperando saciar su sed de felicidad”. Dicho esto, el arzobispo advirtió del riesgo de “la insatisfacción y un vacío interior que los bienes materiales no pueden llenar”. “El hombre –afirmó- necesita razones para vivir, para entregarse, para dar lo mejor de sí mismo. Este ser humano que busca la felicidad, busca a Dios. La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios”.

Monseñor Saiz reiteró que “el Señor nos envía a ser sus testigos en medio del mundo, más aún, en medio de nuestro pequeño mundo, de nuestro entorno concreto”. Por tanto, “si vivimos la experiencia de encuentro con Él, nuestra palabra será portadora de fuerza, de alegría, de seguridad, de sinceridad, de esperanza; nuestra palabra estará al servicio de la Palabra y será transparencia de la Palabra”. “¡Hemos de ser ocasión de encuentro con Cristo para aquellas personas que se crucen en nuestro camino! La responsabilidad de la misión es grande, y nosotros somos pequeños y frágiles”.

 

 

 

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Homilía del arzobispo de Sevilla en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María (15-08-2022)

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Homilía del arzobispo de Sevilla en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María (15-08-2022)

Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses. Fiesta de la Virgen de los Reyes. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Catedral de Sevilla, 15-08-2022

Salutaciones

Celebramos la fiesta de Ntra. Sra. de los Reyes, patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Hoy contemplamos de manera especial la victoria de Cristo Jesús, el Señor Resucitado, y la victoria de la Virgen María, que es elevada en cuerpo y alma al cielo. También es nuestra victoria, porque del triunfo de Cristo y de su Madre participa la Iglesia, pueblo que peregrina hacia la patria celestial construyendo el Reino de Dios en la tierra.

Decíamos el primer día de la novena que sería como un camino que iríamos recorriendo de la mano de María, en la escuela de María. Hemos ido reflexionando sobre diferentes aspectos de la persona y la misión de nuestra santísima Madre. Hoy la contemplamos asunta al cielo: primicia de la Iglesia, glorificada, consuelo y esperanza de sus hijos, peregrinos en la tierra, en camino hacia la casa del Padre, llamados a vivir plenamente como hijos suyos, y enviados por el mundo a anunciar la Buena Nueva del Evangelio.

Jesús resucitado se apareció a los Apóstoles y les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, y les anunció que recibirían la fuerza del Espíritu Santo y que serían sus testigos hasta el confín de la tierra (cf. Hch 1,3-10). El apóstol es un testigo enviado que anuncia lo que ha visto y oído, lo que ha experimentado. Anunciar el evangelio no es comunicar ideas propias ni relatar meros acontecimientos. Es proclamar la salvación de Dios, que penetra de tal modo en el corazón, que acaba transformando la historia personal y la historia de la humanidad. Es anunciar el Reino de Dios, que hace nuevas todas las cosas.

Cada día comienza la Novena con el rezo del Santo Rosario, y en las letanías invocamos a María como Reina de los Apóstoles. Esta invocación nos ayuda a comprender que la Virgen santísima está presente en nuestra vida cotidiana. Su apostolado es único: ser la Madre de Dios. Ella engendró y dio a Cristo al mundo, y lo presentó a José, a los pastores y a los magos. María nos dio a Jesús. Los Apóstoles fueron elegidos para predicar al mundo el Evangelio, la divina palabra. María fue escogida para traer a la tierra la Palabra eterna del Padre.

Nosotros hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio a nuestros contemporáneos del siglo XXI. Vivimos íntimamente unidos y solidarios con la familia humana, compartimos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, tal como destacó con lucidez el Concilio Vaticano II[1]. Por eso también nos preocupa esta pertinaz sequía, las restricciones energéticas, la pandemia y sus secuelas, la cronificación de la pobreza en algunos de nuestros barrios, o el paro juvenil; y en un nivel global nos preocupa el hambre en el mundo, la desigualdad, la contaminación, la guerra en Ucrania y los conflictos armados en todo el mundo, o la creciente rivalidad estratégica entre las grandes potencias, que al final acaba perjudicando siempre a los más débiles.

La evangelización es el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada persona y a la humanidad entera en el momento presente, en el que conoce grandes conquistas técnicas y científicas, pero ha perdido el sentido último de la vida. Sólo desde Cristo el ser humano puede comprenderse a sí mismo y encontrar el sentido de la existencia. Somos conscientes de que en nuestros ambientes hay muchas personas que viven con intensidad su fe, y también encontramos cada vez más hombres y mujeres en cuyas existencias la fe no ocupa un lugar relevante, o no se plantean necesidad alguna de ser salvados. ¿Cómo evangelizar a quien se ha apartado de la vida de fe o no tiene inquietud religiosa alguna? Sin duda Nuestra Señora de los Reyes nos ayudará a descubrir puntos de encuentro con nuestros hermanos no creyentes, alejados o indiferentes.

Estos puntos de encuentro no están lejos de las aspiraciones profundas de nuestros contemporáneos, que coinciden en buena parte con las de los hombres y las mujeres de todas las épocas. El ser humano, a lo largo de la historia, ha buscado la verdad, el sentido de las cosas, y sobre todo el sentido de su vida. En todas las culturas encontramos las preguntas fundamentales sobre la propia identidad, sobre el origen y el final de la vida, sobre el mal y la muerte, sobre el más allá. Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente, y está muy próximo a Dios, que es la Verdad; de la misma manera, quien busca el amor y el bien, está próximo a Dios, que es Amor. Esta es la experiencia de Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la Cruz[2].

También es evidente que el corazón humano tiende a una felicidad plena, y se entrega con ilusión a proyectos y actividades esperando saciar su sed de felicidad. Pero una vez y otra experimenta la insatisfacción y un vacío interior que los bienes materiales no pueden llenar. El hombre necesita razones para vivir, para entregarse, para dar lo mejor de sí mismo. Este ser humano que busca la felicidad, busca a Dios. La búsqueda de la felicidad es en el fondo deseo de encontrar a Dios. Este deseo natural está inscrito en el corazón del hombre porque el hombre ha sido creado por Dios y para él. Por eso, sólo Dios puede saciar su sed de trascendencia, sólo en él puede encontrar la felicidad plena que anhela su corazón. Así lo descubrió san Agustín tras una larga búsqueda: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti»[3].

El Señor nos envía a ser sus testigos en medio del mundo, más aún, en medio de nuestro pequeño mundo, de nuestro entorno concreto. Si vivimos la experiencia de encuentro con Él, nuestra palabra será portadora de fuerza, de alegría, de seguridad, de sinceridad, de esperanza; nuestra palabra estará al servicio de la Palabra y será transparencia de la Palabra. ¡Hemos de ser ocasión de encuentro con Cristo para aquellas personas que se crucen en nuestro camino! La responsabilidad de la misión es grande, y nosotros somos pequeños y frágiles.

Pero no estamos solos: Nuestra Señora de los Reyes acompaña los trabajos apostólicos de sus hijos, de cada uno de nosotros. Si en la mañana de Pentecostés presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo, ella es la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia debe realizar, sobre todo en estos tiempos tan difíciles como llenos de esperanza[4]. María sigue intercediendo como Madre en favor de los hombres. Hoy intercede por tantos hijos suyos para que encuentren la fe, para que llenen de sentido sus vidas, para que descubran la auténtica felicidad; hoy intercede para que sigamos luchando, sin desfallecer, en la construcción de un mundo mejor, por la paz y el bien común, por la justicia y la verdad, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, comenzando por nuestra Sevilla y sus barrios, por nuestra provincia, que se acoge bajo su patrocinio, por el mundo entero.

La Virgen de los Reyes, asunta al cielo, es Madre de la esperanza. Ella nos ayuda a interpretar los acontecimientos del mundo y de la vida a la luz de la fe, bajo la luz de su Hijo Jesús. Vivimos una época tan difícil como apasionante. Tiempo para la misión, para proponer de nuevo a Jesucristo en el centro de la vida. Nuestra Señora de los Reyes congregó a los discípulos e hizo posible la irrupción misionera en Pentecostés. Ella nos enseña a ser profundamente contemplativos, y nos ayuda a entregarnos sin reservas en la misión evangelizadora, audaces para encontrar caminos nuevos en el anuncio de Cristo. Así sea.

[1] Cf. CONCILIO VATICANO II, Gaudium et spes 1.
[2] Cf. EDITH STEIN, Ser Finito y Ser Eterno, México, 1996.
[3] SAN AGUSTÍN, Confesiones, I, 1.
[4] Cf. SAN PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi  n. 82.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla 

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Fiesta de Candelaria, en el Día de la Asunción de María

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Miles han sido los peregrinos que se han acercado a Candelaria para reencontrarse con su Virgen morenita después de dos años de restricciones debido a la pandemia, informa el Ayuntamiento. El goteo de peregrinos que se inició este viernes se vio incrementado en las primeras horas de este domingo, 14 de agosto, para luego descender paulatinamente hasta la llegada de la tarde cuando Candelaria se convirtió en el punto de encuentro de toda Canarias

Por la tarde, se celebró la tradicional Ceremonia Guanche en la Plaza de la Patrona de Canarias donde el Colectivo de los Guanches de Candelaria interpretaron el hallazgo de la Virgen, según la adaptación de la obra de Alonso de Espinosa con la narración del acto José Luis de Madariaga. Tras la representación tuvo lugar la Procesión Nocturna.

DÍA 15. 

En cuanto a los actos religiosos para el día de la Asunción, serán:

Basílica de Candelaria, Eucaristía a las 5.00, 6.00, 7.00, 8.00, 12.00 y 18.00 h. Santo Rosario a las 17.15 h.

👉12.00 h. Solemne Eucaristía presidida por el obispo Álvarez. Transmitida en directo por La 2 de TVE en Canarias, TV Canaria, Cope Canarias y Candelaria Radio.
A su término, procesión con la Imagen de la Virgen.

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Homilía de mons. José Ángel Saiz en el último día de la novena a la Virgen de los Reyes (14-08-2022)

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Homilía de mons. José Ángel Saiz en el último día de la novena a la Virgen de los Reyes (14-08-2022)

Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora.  María, Madre de la unidad

 Saludos. Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Señor Deán Presidente y miembros del Cabildo Catedral; sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada; Asociación Virgen de los Reyes y San Fernando; hermanos y hermanas presentes, y también un cordial saludo a quienes estáis participando en la Novena a través del canal youtube de la Catedral. Día noveno y último de nuestra Novena, en esta tarde en que celebramos ya la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.

Después de la Ascensión de Jesús al cielo, los apóstoles «perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos» (Hch 1,14). A la espera de Pentecostés, la Madre de Jesús está presente en los primeros pasos de la Iglesia. Ella recuerda a los discípulos el rostro de Jesús, es la memoria viva del Maestro, la Madre cercana y paciente que les explica las maravillas que Dios obró en ella, y que comparte el tesoro de tantos detalles y enseñanzas de Jesús, de tantos recuerdos. Desde el principio ejerce de Madre de la Iglesia ayudándoles a permanecer unidos y a prepararse para recibir el Espíritu Santo. Veinte siglos después, nos seguimos encomendando a ella para que nos ayude a llegar a la unidad plena. Así como la presencia de María mantenía unidos a los apóstoles, del mismo modo le encomendamos hoy la comunión plena entre los creyentes en Cristo.

Una de las características fundamentales del Concilio Vaticano II es la eclesiología de comunión. Al centrar la teología del misterio de la Iglesia en la noción de comunión, el Concilio ha reavivado un pensamiento perenne en la tradición cristiana. San Juan Pablo II recogió el legado del Concilio y del postconcilio, y al iniciar el tercer milenio, en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio[1].

La comunión se vive a través de una triple mirada: a la Trinidad Santísima, fuente y origen; a la Iglesia, familia de la que formamos parte; y, en tercer lugar, a sus personas, estructuras, y misión evangelizadora. El misterio de la Santísima Trinidad es el centro de nuestra fe. Es un misterio que sobrepasa las posibilidades humanas de comprensión, pero Dios mismo ha salido al encuentro del ser humano para revelarse, para darse a conocer a través de gestos y palabras como Padre, Hijo y Espíritu Santo, Unidad en la Trinidad, comunión eterna de amor y vida, inefable comunión de Personas.

Dios Padre es el Principio de todo, es el Eterno, la Vida, la Misericordia misma, el Santo; pero no encerrado en sí mismo, sino que se abre infinitamente a su Hijo eterno, que nos ha hecho partícipes de su condición de Amado del Padre. Esta realidad significa que el ser humano es divinizado, porque participa de la vida del Padre. La buena nueva del Evangelio consiste en que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, habita en nosotros como en un templo, y actúa en nuestra vida. Es la tercera Persona de la Santísima Trinidad.

La comunión se vive desde la conciencia de Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. La imagen del cuerpo expresa la solidaridad entre los miembros, la necesidad de que cada miembro cumpla su misión específica, la cooperación imprescindible dentro de la unidad del conjunto buscando el bien común. La espiritualidad de comunión comporta ofrecer al hermano una verdadera amistad, que será más fuerte desde la unión mutua en Cristo

Eso significa ver, acoger y valorar lo que hay de positivo en el otro, como un regalo de Dios para mí. Se trata de estar atentos los unos a los otros, de tomar conciencia de los demás, porque estamos llamados a vivir en fraternidad. Mirar a cada persona concreta como nos imaginamos que la mira Dios. La mirada de Jesús a Zaqueo reavivó su esperanza, y le llevó a la conversión del corazón. A Pedro fue una mirada dolorida, pero sobre todo compasiva, una llamada a levantarse. Para la mujer sorprendida en adulterio significó devolverle su dignidad. La mirada desde la cruz fue de entrega total, de amor y de perdón.

La comunión lleva a dar espacio al hermano, a llevar la carga de los otros y rechazar las tentaciones egoístas. Dar espacio al otro significa aceptarlo como es, situarse ante él con la palabra y la acción oportunas en cada momento. Comporta también respetar su forma de ser y apoyarle siempre; respetar su libertad y no intentar controlarle; escuchar y ponerse en su lugar para comprender y evitar juicios. Implica, además, no excluir a nadie en función de simpatías y antipatías, de filias y fobias. Es un camino que requiere espíritu de servicio y de sacrificio, y para ello hay que poner en práctica el diálogo y el discernimiento. Llevar mutuamente la carga significa construir el edifico de la caridad rechazando todo tipo de egoísmo, y ser muy conscientes de que quien mantiene todo el peso del edificio es Cristo.

La Archidiócesis, las parroquias, realidades eclesiales, movimientos, hermandades, comunidades religiosas, etc., todos estamos llamados a ser, en el seno de la Iglesia, casa y escuela de comunión, de santidad y de apostolado. Cada diocesano ha de vivir la comunión en su relación con los demás, y del mismo espíritu se han de impregnar todos los ámbitos y estructuras. Las estructuras de servicio y los ámbitos de comunión han de facilitar verdaderamente las relaciones personales en clima de comunión eclesial. Nos ayudarán en todo momento la oración, el diálogo y el discernimiento, desde una actitud de escucha por parte de todos.

Ahora bien, es preciso que tengamos la conciencia clara de que se trata de una gracia de Dios que hemos de pedir con humildad de corazón. No consiste en un proyecto o estrategia cuyo fruto dependa de nosotros; es, sobre todo, un don de Dios, al que hemos de aportar nuestra humilde colaboración. Llegar a esa conciencia sólo es posible desde una vida teologal, de fe, esperanza y caridad, que se sustenta en la oración, en la Palabra de Dios y en los Sacramentos, y en la humildad. También se necesita una clara y viva conciencia de pertenencia a la Iglesia. Amar a la Iglesia y defenderla en todo momento. Vivir una amistad profunda y verdadera, compartiendo alegrías y penas, ilusiones y necesidades, oración, formación y trabajos apostólicos. En definitiva, compartir la vida entera.

Familia diocesana de Sevilla: En el próximo curso comenzaremos un nuevo Plan Pastoral para los próximos cinco años. En Sevilla hay muchas energías espirituales, mucha gracia de Dios, mucho amor a Cristo y a María Santísima, mucha fuerza pastoral. Pero hemos de trabajar muy unidos. Si somos capaces de vivir en comunión con Dios, en comunión y sinodalidad eclesial, Dios hará grandes maravillas a pesar de nuestra pobreza y pequeñez. Es imprescindible que tomemos a María, Nuestra Señora de los Reyes, como Madre y Maestra de unidad. Ella mantuvo unánimes a los apóstoles en la Iglesia naciente y nos enseña a vivir en comunión con Dios y en comunión fraterna para dar un fruto abundante y duradero. Aquí y ahora se lo pedimos con fe: Virgen de los Reyes, Madre nuestra, nos encomendamos a ti y te pedimos que nos mantengas unidos para que nuestro trabajo pastoral tenga toda la eficacia que el Señor nos quiere conceder. Así sea.

[1] Cf. SAN JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, 43.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla 

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en Lengua de Signos Española

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en Lengua de Signos Española

Evangelio de Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María en Lengua de Signos Española (Lucas 1, 39-56).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

Ver en youtube

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La conservación de los templos es una tarea para hacer entre todos

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Mensaje del Ecónomo Diocesano, Rafael Carmona, con motivo de la campaña Pro Templos que se celebrará el próximo 14 de agosto.

Celebramos un año más el próximo 14 de agosto la Jornada Pro-Templos en nuestra diócesis malacitana aprovechando que en el verano muchos paisanos y amigos nuestros regresan a la ciudad o a los pueblos para descansar, reencontrarse con sus raíces y celebrar, en muchos casos las fiestas patronales. La Jornada tiene como finalidad crear conciencia comunitaria de la importancia de nuestras iglesias y ermitas para ayudar económicamente a su restauración. Hemos elegido este año como lema: “Entre todos”

Los templos y ermitas son lugares para detenerse y descansar en el largo camino que lleva a Cristo. Son lugares donde, mediante la fe sencilla y humilde de los pobres de espíritu, se vuelve a tomar contacto con las grandes riquezas que Cristo ha confiado a la Iglesia, especialmente la Palabra de Dios, los sacramentos, la misericordia, la caridad para con los hermanos que sufren y los enfermos. En las ermitas dedicadas a la Virgen, individuos y pueblos enteros buscan el encuentro con la Madre del Señor para consolidar la propia fe en el ámbito de la presencia materna.

El templo no es entonces, solamente la casa edificada por manos de hombres, sino el lugar que testimonia la iniciativa de Aquel que es el único que edifica la casa.  

Regenerados por la Palabra y los sacramentos, los que acuden al templo toman conciencia de que ellos mismos son «piedras vivas» del templo santo de Dios que es la Iglesia. En el templo, como lugar de encuentro de la comunidad parroquial, cada uno puede redescubrir el don que la creatividad del Espíritu le ha regalado para la utilidad de todos. Y también puede discernir y madurar la propia vocación y estar disponible para realizarla al servicio de los demás, especialmente en la comunidad parroquial, donde se integran las diferencias humanas y se articulan en la comunión eclesial

Como ecónomo de la diócesis de Málaga solicito encarecidamente a todos los diocesanos, también a los que durante el año están fuera y a los que nos visitan, su colaboración en esta colecta extraordinaria y su generosa aportación económica.

Que Dios os lo premie. 

Rafael Carmona

Ecónomo Diocesano

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Homilía de mons. Saiz en el octavo día de la novena a la Virgen de los Reyes (13-08-2022)

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Homilía de mons. Saiz en el octavo día de la novena a la Virgen de los Reyes (13-08-2022)

María, Reina de todos los Santos

Saludos. Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Señor Deán Presidente y miembros del Cabildo Catedral; sacerdotes concelebrantes, diáconos, miembros de la vida consagrada; Asociación Virgen de los Reyes y San Fernando; hermanos y hermanas presentes. Día octavo de nuestra Novena, en que celebramos el domingo XX del Tiempo Ordinario. En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que llama nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división” ¿A qué se refiere el Señor con estas palabras?

Significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Es fruto de una lucha constante contra el mal; por eso, quien quiera resistir al mal y permanecer fiel a Dios, debe afrontar incomprensiones que pueden llegar incluso a la persecución. El cristiano se puede convertir, en ocasiones, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de la propia familia. En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. El cristiano es un instrumento en el mundo de la paz de Cristo, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario, venciendo el mal con el bien, con la ayuda de María Santísima.

Hoy contemplamos a la Virgen de los Reyes como Reina de todos los santos. Comenzamos recordando que, tal como está recogido en el libro del Levítico, el Señor mandó a Moisés que comunicase a los israelitas este mensaje: «sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19,2). Jesús hizo la misma llamada al final del sermón de la montaña, como recapitulación de toda su enseñanza: «sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). Por último, san Pablo, al explicar el gran proyecto salvador de Dios, afirma que el Padre «nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos e intachables ante él por el amor» (Ef 1,4).

El Concilio Vaticano II puso mucho énfasis en la llamada universal a la santidad. Es la misma para todos, cada uno en su género de vida y ocupación concreta; es un camino que cada uno debe recorrer según el don que ha recibido y la misión que le ha sido encomendada[1]. San Juan Pablo II recordó en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, que el camino pastoral en el tercer milenio debía situarse en la perspectiva de la santidad como fundamento de la programación pastoral que correspondía al iniciar el nuevo milenio[2]. El papa Francisco ha vuelto a ponerla de actualidad con su exhortación apostólica Gaudete et exultate. La perspectiva que nos propone sobre la santidad y la misión de la Iglesia del siglo xxi se puede sintetizar de esta manera: la misión es el impulso más fuerte que puede encontrar la Iglesia para redescubrir su propia santidad y volver a escuchar la llamada a ser más santa[3].

No nos podemos refugiar en las limitaciones personales o en las dificultades ambientales para eludir esta llamada. Tampoco sirve la excusa de que por tratarse de una meta tan extraordinaria, está reservada a unos pocos privilegiados, y resulta inalcanzable para la gran mayoría de cristianos. La llamada a la santidad concierne a todos los bautizados y debemos tener la valentía en primer lugar de escucharla, creerla y responder, y después, de proponerla a los demás con convicción y con esperanza[4].

Todos los presentes tenemos una misión educativa en la vida: pastores, padres, profesores, catequistas, monitores, etc. Todos tenemos influencia, de alguna manera, los unos sobre los otros. Resulta ilustrativo lo que en el ámbito de la pedagogía se denomina efecto Pigmalión. Según este principio, la forma como miramos y tratamos a los demás está influida por las expectativas que hemos depositado sobre ellos. Y, al mismo tiempo, se produce una especie de influencia sutil por la que su progreso suele ser proporcional a las expectativas que en ellos se han depositado. De ahí que sea tan importante poner la confianza en los demás, en sus potencialidades, en la obra que Dios puede realizar en ellos. De esta manera, ya estamos haciendo una llamada al cambio, a la conversión, al crecimiento personal, y de ahí la importancia de proponer un ideal de altura en lugar de conformarse con una propuesta de mediocridad. Al leer los evangelios comprobamos que Nuestro Señor utiliza continuamente esta pedagogía.

¿Cómo llevar a la práctica el camino de la santidad? En primer lugar, a través de la vida de fe: el cristiano ha de vivir su unión con Cristo por medio de la oración, de la recepción de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, y de la escucha de la Palabra de Dios[5]. En segundo lugar, a través de la formación, siempre necesaria para profundizar y dar razón de la fe y de la esperanza. Y por último, por medio de la acción apostólica, que deriva de la misma naturaleza del ser cristiano y del envío misionero de Jesús. El cristiano es santificado por Dios las 24 horas del día, porque en todo momento vive unido al Señor: en la oración y en el trabajo, en el estudio, en la diversión y también en el descanso, porque como dice el salmo: «Dios lo da a sus amigos mientras duermen» (Sal. 127, 2).

En nuestro proyecto de vida cristiana y en la programación pastoral de la Iglesia hay un principio teológico esencial: La primacía de la gracia. Hay que superar la tentación de pensar que los resultados dependen de nuestras capacidades y esfuerzos[6]. El esfuerzo humano es inútil sin la ayuda de Dios. Recordemos el salmo 127: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Sal 127,1). Hagamos memoria también del episodio de la pesca milagrosa, cuando los discípulos no han recogido nada después de haber estado bregando toda la noche (cf. Lc 5,5). Cuando Jesús acaba de hablar indica a Pedro que reme mar adentro y eche las redes. Así lo hace, confiando en su palabra, y se produce la pesca milagrosa. Es el fruto de la humildad y de la fe, de la confianza en el Señor, de la acción de la gracia.

En el camino de santidad la Virgen María es nuestro modelo, y es modelo para la Iglesia[7]. A pesar de los pecados y flaquezas de sus miembros, la Iglesia es la comunidad de los que están llamados a la santidad y se esfuerzan cada día por alcanzarla; y en esta lucha se sienten alentados por la Virgen, que es modelo de todas las virtudes. Contemplamos a María y nos alegramos por tener una Madre tan perfecta, tan llena de gracia, y nos esforzamos por imitar su perfección. María es la toda santa, por eso en nuestra tierra la llamamos María Santísima. Representa para nosotros el modelo de la santidad auténtica, que se realiza en la unión con Cristo. Su vida terrena se caracteriza por una perfecta unión con la persona de su Hijo y por una entrega total a la voluntad de Dios.

Entramos en el hogar de Nazaret, en la escuela de María. Aprendemos a vivir la unión con Jesús, a través de los gozos, a través de las luces, a través de las dificultades y contrariedades y a través de la gloria que esperamos alcanzar junto a la Madre. Queremos reavivar nuestra fe, vivir la fe como ella, desde el abandono confiado en el Señor, aceptando su voluntad en cada momento de la vida. No tengamos miedo, porque tenemos a la mejor maestra, a María Santísima, Nuestra Señora de los Reyes, que nos lleva de la mano. Así sea.

[1] Cf. CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium 41.
[2] Cf. San Juan Pablo ii, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte 30.
[3] Cf. Francisco, Gaudete et exsultate 20.
[4] José Ángel Saiz Meneses, Desafíos actuales a la santidad en Mª Encarnación González Rodríguez, (Ed.): La vida en el Espíritu. Ser santos por la práctica heroica de la virtud. (Madrid 2010) 21-48.
[5] Cf. San Juan Pablo ii, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte 32-39.
[6] Cf. Ibíd. 38.
[7] Cf. CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium 65; Audiencia General Juan Pablo II, 3 de septiembre de 1997.

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