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Álvaro Martínez Moreno: «El planteamiento básico es el testimonio de vida»

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Ayer se celebraba la 1ª sesión de la Escuela de Evangelizadores de este curso. Álvaro Martínez Moreno, presidente nacional de Cursillos de Cristiandad fue el ponente encargado de tratar el tema «Ser cristianos en la vida pública» un desafío latente para los laicos hoy en día.

La Escuela comenzó como es de costumbre, con la celebración de la eucaristía presidida por Mons. Rafael Zornoza. El prelado en su homilía dio gracias a todos los asistentes por acudir a esta llamada para la evangelización, «Restaurar en Cristo todas las cosas es la labor que ha costado la vida a tantos millares de discípulos de Jesús. Le pedimos hoy al Señor que abra nuestros corazones, para que seamos capaces de entender esta faceta tan necesaria de evangelización, y que nosotros como diócesis y como parroquia, debemos vivir con absoluta fidelidad».

El obispo diocesano señalaba que gracias a la Escuela se han implantado nuevos métodos de evangelización en la diócesis pero que «nos queda mucho por hacer, tenemos que precisar cuáles son los campos de la evangelización. Tenemos que tener militantes laicos, confesantes de una fe católica y viva, que sean capaces de vivir y dar testimonio en contextos concretos».

Por otro lado, Álvaro Martínez en su ponencia decía que en las diócesis hay que buscar esos recursos de cristianos en la vida pública, «La presencia en la vida pública requiere estar formados en la Doctrina Social de la Iglesia, en sus principios básicos, y el planteamiento básico es el testimonio de vida. Hacer que la gente se pregunte las cosas es la mejor forma de acceder a esas personas que no tienen ningún planteamiento existente».

Martínez Moreno recordó cuáles son los espacios donde tenemos que vivir como cristianos, «en el entorno familiar, educativo, laboral, económico, social-vecinal, cultural, político, ambiental-ecológico, y en el periférico». A la vez decía que «ser enamorados, apasionados y esperanzados son las claves para hacer realidad este camino, dejar que el Señor nos acompañe en esta tarea».

Tras la ponencia hubo turno de preguntas, y también se presentó a los asistentes la labor que realiza la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, con un video testimonial sobre los cristianos perseguidos. La tarde fue dedicada al trabajo por grupos donde dialogaron sobre el tema central de la Escuela, y se clausuró con la Adoración Eucarística.

La 2ª sesión tendrá lugar el próximo 21 de enero con los fundadores de Proyecto Amor Conyugal, José Luís y Magüi.

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Concierto el próximo 22 de noviembre en la Basílica Menor de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera

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El profesorado del Conservatorio Vicente Gómez Zarzuela será la encargada de poner las notas musicales en honor a Santa Cecilia.

El próximo 22 de noviembre a las 19:30hrs la Basílica Menor de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera acogerá el Concierto en honor a Santa Cecilia a cargo del profesorado del Conservatorio Vicente Gómez Zarzuela. Esta actividad, cuyo donativo será destinado a Cáritas, será el momento perfecto para través de la belleza de la música acercarnos a Cristo. Asimismo, pedir la intercesión de la patrona de la música, Santa Cecilia.

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“Cristo es el centro”

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Homilía de D. José María, arzobispo coadjutor de Granada, en la Eucaristía de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, celebrada en la S.I Catedral el 20 de noviembre de 2022.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
diácono;
queridos hermanos y hermanas;
queridos Pueri Cantores (estáis haciéndolo muy bien en este día, en esta Solemnidad tan importante de Cristo, Rey del Universo).

En este domingo con el que concluye el año cristiano, precisamente celebramos esta fiesta en la que Cristo nos pone ante nuestros ojos la centralidad de Cristo. Cristo es el centro. Cristo es lo esencial de nuestra vida. Nuestra fe se basa en la confesión de Cristo como el Hijo de Dios hecho hombre. Santo Tomás de Aquino, el gran Doctor y maestro de la teología católica, decía que había aprendido más de un crucifijo que de todos sus libros. Esa es la cátedra de Cristo y ese es el trono de Cristo, la cruz. Por eso, el evangelista San Lucas nos presenta a Cristo en la cruz y, precisamente, enmarcado con ese título que se pone encima de la cruz, que es la causa de la condena a ojos políticos: “Este dice que es el rey de los judíos”.

Y eso Le lleva a Cristo ante Pilatos. Y vemos reflejado en el Evangelio de hoy diversas actitudes ante Cristo, ante la realeza de Cristo. Ante ese Cristo que es signo de contradicción, como ya había predicho el anciano Simeón, cuando recibe de manos de María y de José al niño en el templo. Este está puesto como signo de contradicción, para que muchos en Israel hoy caigan y se levanten, será una bandera discutida.

Nos ponemos ante Cristo y nosotros también, cristianos del siglo XXI, discípulos de Cristo. Ante Cristo en la cruz tenemos que pensar si Cristo está en el centro de nuestra vida; si Cristo realmente reina en nuestro corazón. El Reino de Dios está dentro de nosotros y Cristo ha venido a predicar el Reino de Dios, la cercanía de la Presencia de Dios, hasta el punto de que Dios se ha hecho uno de nosotros en Su Hijo Jesucristo. Nosotros también, ante el Misterio de la cruz, podemos tener actitudes diversas. La actitud de Pilato cuando le dice, le pregunta a Jesús “¿Tú eres rey?”, Jesús contesta “Tú lo has dicho, Yo soy rey y para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Y Pilato, como todos los escépticos, pregunta y dice “¿qué es la verdad?

Es en lo que se mueven muchos seres humanos, en un relativismo moral, en un relativismo de conocimiento. Todo da igual, sólo lo que se ve, lo que se toca. ¿Y que es una verdad? ¿La verdad de las mayorías? ¿La verdad de hoy no vale para mañana? ¿La verdad, según sea la moda? ¿Es tu verdad así? Porque estás ante Aquél que, aunque en la cruz es el que ha dicho “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, el que nos ha dicho también que la verdad nos hará libres. Otra actitud es la de estos fariseos, estos maestros de la Ley que están ante Jesús crucificado. Si es el Hijo de Dios y es el Rey, que baje de la cruz, que haga milagros. Es la espectacularización del Misterio. Es no tomarnos nada en serio. Es querer someter el poder de Dios a nuestros intereses. El Reinado de Cristo no es así. El Reinado de Cristo es el Reinado de la cruz, que es escándalo para unos, necedad para otros, pero, para nosotros, es la sabiduría de Dios. ¿Por qué? Porque reconocemos a Cristo en la cruz. Es el Cristo que nace en la pobreza de Belén. Ese Cristo que se encarna en las purísimas entrañas de María Santísima. Quien recibe del Ángel el anuncio de que el Señor Dios le dará el trono de David, su padre. Y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos. María ve que todo sigue igual, que sólo se produce un cambio en su interior, en sus purísimas entrañas, en la pequeñez de una doncella nazarena. Ese es nuestro Rey, el rey de la pobreza de Belén, al que vienen buscando los Magos. “¿Dónde está el nacido, Rey de los judíos?”, preguntan.

Ese Cristo que es el que tiene que huir a Egipto como un refugiado porque un “reyezuelo” de la tierra tiene celos de un niño. Ese Cristo que pasa 30 años de vida oculta cuando a nosotros nos gusta tanto el espectáculo. Ese Cristo que nos enseña el valor de la vida sencilla y ordinaria. Ese Cristo que anda por los caminos de Galilea anunciando el Evangelio del Reino. Bienaventurados los pobres, bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los que lloran. Bienaventurados los pacíficos. Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia. Ese Cristo que anuncia que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. Ese Cristo que nos invita a poner la otra mejilla y a perdonar no sólo siete veces, sino 70 veces siete. Ese es nuestro rey. Ese Cristo al que seguimos. Ese Cristo que se ve en la cruz como trono y antes burlado con una caña por trono. Y unos andrajos por manto. Ese Cristo que es coronado de espinas. Ese Cristo que pende de la cruz como un trono. “¡Salve, Rey de los judíos!”. Ese Cristo que es condenado como un malhechor. Ese Cristo que reconoce el centurión en medio del sufrimiento.

Realmente, éste es el Hijo de Dios. Ese Cristo que el buen ladrón Dimas reconoce en esa primera canonización de la historia, sin proceso ninguno. “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”; “hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¿Es tu fe de Cristo así? ¿O es tu fe en un Cristo cómodo, en un Cristo a tu medida? ¿Confiesas realmente como Cristo, como el Señor de tu vida? ¿Cuenta en tu vida?. Cristo está vivo porque los cristianos amigos no servimos ni seguimos a un muerto ilustre que se nos pierde en la noche de los tiempos. Hemos escuchado el himno de la Carta a los Colosenses con los que San Pablo encabeza esta Carta a los primeros cristianos de Colosas. Él es imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura, por medio del cual y para el cual fueron creadas todas las cosas. Él es anterior a todo y todo se mantiene en Él. Él es también la cabeza del Cuerpo de la Iglesia. Cristo lo es todo. Él es la plenitud. “Él es nuestro Señor, que se ha hecho humilde, se ha hecho sencillo, se hecho uno de nosotros -dice san Agustín- para que el hombre se haga Dios”. Él quiere cumplir en nosotros el viejo sueño de querer ser como Dios, pero por el camino de la humildad, para que el hombre, tomando la imagen de Cristo, porque es un ser cristiano, otros cristos, ser discípulo de Cristo. Decíamos en el Catecismo, “¿qué quiere decir cristiano? Cristiano quiere decir discípulo de Cristo”. Pero, ¿cómo eres tú discípulo de Cristo? ¿Sólo teórico? ¿Sólo oyente? ¿Creyente, pero no practicante? ¿Sólo en caso de necesidad? ¿Sólo para un momento de la vida? ¿Sólo cuando van las cosas mal? ¿Cristo, realmente el camino por el que tú te conduces hacia la meta? Dice san Agustín, que es Cristo también, que es camino y meta. Es la verdad que da sentido a tu vida y a tus preguntas, y a las razones por las que vives tu existencia.

Cristo es la vida que te hace salir de la puerta del pecado; que, como hemos escuchado, nos ha rescatado con la sangre de Su cruz. Cristo cuenta tu vida realmente, pues un Cristo hecho sin medida es un Cristo que no influye, que no se nota, que no te molesta.

Que Le pidamos hoy al Señor la fe en Su realeza; la fe en el Señorío de Cristo, el Señor. Los primeros cristianos morían por confesar a Cristo como el Señor de sus vidas. Jesús es el Dios, no el emperador. Realmente, Cristo es el Señor de tu vida. ¿Qué imagen tienes de Cristo? ¿Qué sabes de Cristo? ¿Anuncias a Cristo con tu testimonio, con tus palabras? ¿Hablas de Cristo en tus conversaciones? ¿Cuenta Cristo en tus criterios a la hora de los problemas, a la hora de vivir la vida? O por el contrario, Cristo está en la vitrina, Cristo está para la Semana Santa. Cristo quiere reinar en tu corazón. Es más, la vida cristiana es la vida en Cristo, nos dice San Pablo. Que somos otros cristos. “Vosotros sois el Cuerpo de Cristo”, nos dice San Pablo. Y con imágenes muy plásticas, nos dice que “hemos sido revestidos de Cristo, hemos sido injertados en Cristo -nos dice en la Carta a los Romanos-, los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo”. San Pablo dice: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Dice él: “Mi vida es Cristo”. Podemos decir nosotros eso. Tenemos sus criterios, su forma de pensar que viene del Evangelio, que son los valores del Reino de Dios, que no son utopías para unos cuantos o irrealizables.

Queridos amigos, esta fiesta de la realeza de Cristo nos hace a nosotros también ponernos delante de la cruz del Señor y si queremos confesarlo como nuestro Dios, tenemos que aceptar a Cristo entero. Confesarlo como Marta: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Confesarlo como Pedro: “¿A quién vamos a ir, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna”. Nosotros sabemos que Tú eres el Cristo. Confesarlo como el ciego de nacimiento cuando se encuentra con Él. Confesarlo como el crédulo Tomás, ese que no creía si no metía su mano, en la hendidura del costado y sus dedos tocaron las llagas del Crucificado. Y cuando trae tu mano hoy, trae tus dedos. No seas incrédulo, Señor creyente, Señor mío y Dios mío. ¿Es Cristo realmente eso para ti o es una figura histórica? Es el fundador de la religión. Y Cristo molesta. Cristo nos mueve. Que le pidamos, hoy al Señor, vivir una vida en Cristo.

Esa es la vida de la Gracia. Eso es lo que el Espíritu Santo va formando en nosotros. Eso es ser cristiano. Ser otros cristos. El mismo Cristo en la asistencia. Tener los sentimientos y hechos de San Pablo a los de Filipo. Tener los sentimientos de una vida en Cristo Jesús. Son nuestros sentimientos y nuestra vida que nos da Cristo. En los actos, lo que queda de ellos y lo que nos hace grandes, lo que hay de Cristo siendo cada uno distinto. Pero todos han tratado de imitar a Cristo.

Que nosotros también, queridos hermanos, imitemos a Cristo. Y eso es la santidad, cada uno en su estado, en sus actitudes, porque llevamos a Cristo dentro. Ese Cristo que también está presente en la Eucaristía como alimento nuestro, para que nos transformemos en Él. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. “Lo mismo que el Padre vive, Yo vivo por el Padre. El que me come vivirá por mí”. Realmente, es así. Tu comunión a Cristo en Su Palabra, permanecer en Su Palabra, escuchar Su Palabra, vivir de Su Palabra, leer los Evangelios, sabernos a Cristo. Para dar a conocer a Cristo y reflejar a Cristo y ver a Cristo en los pobres, en los más necesitados. “Cualquier cosa que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. El Papa Francisco nos invita a tocar la carne de Cristo en los otros. Seamos Cristo para los demás. Veamos a Cristo en los demás, en esa caridad que autentifica nuestro culto y nuestra relación con Dios.

Vamos a pedir a la Virgen que nosotros también tengamos y vivamos el Reino de Cristo, el Reino que es de justicia, de paz, de gracia, de libertad; el Reino que es el Reino del amor, el Reino que pedimos “venga a nosotros tu Reino”.

Vamos a pedirLe a la Virgen, que es la Reina y Señora nuestra, la Madre del Rey.

Vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a nosotros a alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo y que nos muestre a Jesús, el fruto bendito de su vientre.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor

20 de noviembre de 2022
S.I Catedral de Granada

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“Que Cristo reine en nuestro corazón”

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Homilía de D. José María, arzobispo coadjutor de Granada, en la Eucaristía celebrada en el III Congreso de Profesores de Religión Católica, celebrada en el Hotel Abades Nevada Palace el 20 de noviembre de 2022.

Querido don Alfonso, obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal de Educación y Cultura;
querido señor Vicario General, de la Archidiócesis de Granada;
queridos hermanos y hermanas:

Quiero empezar dando las gracias por haber elegido Granada y daros las gracias, especialmente a quienes habéis preparado este Congreso. Gracias de verdad. Sé que esto lleva mucho “tinglado”, mucho trabajo, que se está deseando que empiece y también que acabe. Gracias, de verdad. Gracias. Pero nos hace falta visibilizar y poner física de este empeño y este trabajo común que hacéis para que no parezca a cada uno que está con sus luchas y con sus esfuerzos de manera aislada, en el “tajo” que Dios le ha dado.

Nosotros estamos celebrando hoy una fiesta importante: la solemnidad de Cristo, Rey del Universo. Pero, nosotros también tenemos que aprender cómo mira esta realeza Cristo. El Reino de Dios es lo que viene a traer Jesús, es lo que viene a predicar. Nos lo dicen claramente los Evangelios y hoy hemos escuchado esa proclamación del Evangelio de San Lucas en un contexto especial en que insisten los evangelistas al presentar la realeza de Cristo. Y hemos visto también diversas actitudes con respecto a esa realeza de Cristo. Mejor dicho, ante Cristo sentado en el trono, en un trono especial, en el patíbulo, en la cruz, en un lugar de ignominia, de condena, de maldición. Y ésta es la contradicción del mensaje de Cristo. Ya lo anuncia Simeón cuando los recibe en el templo. Eso está puesto como signo de contradicción, para que muchos crean en él o tropiecen en esta piedra.

Ante Cristo, no podemos permanecer indiferentes. Por eso, queridos hermanos y hermanas, vosotros, en vuestra tarea como enviados y en la misión que os ha tocado haciéndola con competencia pero con un sentido de identidad y de pertenencia crucial. Porque no se puede separar a Cristo de la Iglesia. No cabe decir Cristo sí, Iglesia no, como estuvo de moda en ciertos sectores. Porque sólo llegamos al conocimiento de Cristo a través de la Iglesia, de la que San Pablo nos dice “vosotros sois el Cuerpo de Cristo”. Y hoy, en el Reino maravilloso con el que San Pablo comienza la Carta a los Colosenses, nos habla de que Cristo es cabeza de su Cuerpo, que es la Iglesia. Luego, no podemos separar. Si no, sólo tendríamos de Cristo conocimiento por Plinio el Joven o Flavio Josefo, pero se nos perdería en la noche de los tiempos como un personaje ilustre que dejó un mensaje. No, no, nosotros no seguimos a un personaje que se nos pierde en la noche de los tiempos. Nosotros también necesitamos ante el Crucificado que se levanta como el nuevo signo, como la nueva salvación, como la nueva serpiente de la que habla el Libro del Éxodo. Nosotros también tenemos que descubrir.

¿Y cómo es nuestra actitud? Ciertamente, todos cuantos escuchamos esta primera canonización de la historia en que Jesús canoniza a un ladrón, por cierto, sin ningún proceso de beatificación; este hombre, Dimas, le robó el corazón a Jesús, hizo una confesión de fe y también ante ese momento cumbre de la historia de la humanidad. “Acuérdate de mí cuando estés en Tu Reino”. Este hombre habla del Reino de Dios, y este hombre confiesa su fe en Jesús: “Acuérdate de mí”. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¿Cuál es nuestra actitud? La de los de aquellos que están contemplando como espectadores y reclaman unos signos al condenado: “Si Tú eres rey; si Tú eres el Mesías…”. O como Pilato también ante la proclamación de Jesús como Rey -porque esa es la causa de la condena civil: “Tú eres rey. Tú lo has dicho”. “Yo soy rey, para esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad”. ¿Y qué es la verdad? Los escépticos. ¿Cuál es tu actitud ante Cristo? Porque estamos ante lo nuclear del mensaje que transmitís. Estamos hablando de lo nuclear, del mensaje cristiano. Todo el mensaje de la Iglesia, todo el mensaje del Evangelio, se centra en Cristo Jesús. Es nuestra confesión, que protagoniza Pedro, al que no se le ha revelado nadie de carne y hueso, “sino mi Padre que está en el Cielo”; la confesión de Cristo como Dios y Señor nuestro, como el Hijo de Dios hecho hombre. Cómo es tu actitud ante ese Jesús que se te presenta en la debilidad de nuestra condición humana, en la pobreza y en la pequeñez de Belén, en el anonimato y en el trabajo silencioso y escondido de Nazaret, en el exilio, antes a Egipto, como un exiliado más, huyendo de un “reyezuelo” que le ha entrado celos de un niño.

¿Cómo es tu confesión de Cristo? ¿Cómo es tu imagen de Cristo? ¿Cómo es tu conocimiento de Cristo? ¿Cómo es tu trato con Cristo? ¿Cómo es la centralidad de Cristo en tu vida? Algo vital, porque es lo esencial queridos hermanos. Ese Cristo que predica por los caminos de Palestina. Ese Cristo que tiene un mensaje que no se puede trocear, que quedemos de aceptarlo y acogerlo. Esas bienaventuranzas que no son una utopía para nunca o para unos pocos. ¿Cómo es tu aceptación de Cristo? Es una aceptación ideologizada por la corriente de moda o por la teología empapada de ideología en la que te has hecho un Cristo “pret-a-porter”, a tu medida, sin exigencia, incoloro, inodoro, insípido, que sólo se queda para usar en caso de emergencia. O es un Cristo vital, o es un Cristo que pone en tus actitudes, en tu pensamiento, en tu manera de entender la vida, en tu manera de entender la familia, en tu manera de entender la educación, en tu manera, en la transversalidad que tú buscas en la educación, pero que tiene que estar también en la transversalidad de la vida y no la parcialización de nuestros intereses o de nuestras competencias.

¿Cómo es el Cristo en el que crees? ¿Es un Cristo sólo humano? ¿Es un Cristo compa? ¿Es un Cristo colega? Es el Hijo de Dios hecho hombre. ¿Es el Cristo que descubre Dimas? ¿Es el Cristo que descubre el centurión en el Misterio de la cruz? Verdaderamente, este hombre es el Hijo de Dios. ¿Es el Cristo que descubre el ciego de nacimiento en Juan o la samaritana? ¿Es el Cristo que descubre Tomás el incrédulo? ¿Es el Cristo que descubre tantos y tantos personajes que se han encontrado con él pecadores y pobres, sencillos y otros que también, como Nicodemo, acuden de manera casi oculta a confesarlo? ¿Cómo es tu Cristo? ¿Cómo es el Cristo que tú trasmites y que no tenemos derecho a manipular, sino que ofrecerle en la integridad de la fe? Es la eclesialidad de la comunidad cristiana que recibe esa fe y la conserva, la proteja y la transmite. Y en la vivencia personal de aquellos -y como nos dice San Pablo- “hemos sido revestidos de Cristo”. Usa palabras muy plásticas el Apóstol: “Hemos sido injertados en Cristo, hemos sido revestidos de Cristo”. Él mismo dice de Sí: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”, o “mi vivir es Cristo”.

¿Cómo es tu Cristo? ¿Como es el Cristo que hay en ti?, que sólo se puede entender desde la eclesialidad, que no entiende esa modalidad de cristiano, de creyente y no practicante, o de esa modalidad de cristiano sólo en caso de emergencia. ¿Cómo es tu Cristo? ¿Ven reflejados tus alumnos en la transmisión de tu mensaje, que tiene una implicación vital que no podemos sacudirnos y que da coherencia y da eficacia? Además de la preparación profesional, de la competencia, de la actualización, de la renovación pedagógica que exige el trabajo en igualdad de condiciones y sin privilegios con los docentes, profesores, los que profesan, ¿tu profesas realmente? Esto es porque estamos ante este Cristo que tiene como título de su condena “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. ¿Has optado también por su mensaje? Por transmitir al mundo ese mensaje, con esa novedad: esa novedad de que los últimos son los primeros. Esa mirada de los bienaventurados. Esa novedad del mensaje de la cruz que es escándalo para los judíos, que es necedad para los sabios, pero, para nosotros, es la fuerza salvadora. Por eso, sólo podemos reconocer a Cristo en el Misterio de Su cruz y Su Resurrección; del Cordero degollado, del que ha vencido al pecado y a la muerte. De que Él es el Señor y cuya sangre, como nos ha cantado San Pablo en el himno de la Carta a los Colosenses, nosotros también necesitamos reconocer a Jesús y tratarlo en nuestra vida. ¿Tratas a Jesús? O como decía Santa Teresa de Jesús, ¿tienes a Jesús a tu lado, lo ves en tu vida ordinaria, en tu trabajo?, ¿formas parte del Amor de tus amores?

Pues, que Cristo reine en nuestro corazón, que es donde quiere reinar. Y entonces, haremos en nuestro mundo, porque a ello estamos llamados y hemos de reconocer ese Cristo también en Su Palabra, en Su cuerpo y en Su sangre, en la contemporaneidad de la liturgia, que es la obra de Dios por antonomasia y hemos de reconocer a ese Cristo en quien sufre, porque Él mismo nos ha dicho que “cualquier cosa que hagáis con uno de estos humildes hermanos, conmigo lo haréis”. Y es en ese examen de amor en el que recapitula también nuestra vida y seremos reconocidos como discípulos suyos en que nos amamos unos a otros. Vivamos esta totalidad de Cristo, esa recapitulación en nuestra propia existencia, en una unidad de vida en la que vaya conjuntado lo que creemos, lo que enseñamos y lo que vivimos. Vivamos a Cristo. Mostremos a Cristo. Amemos a Cristo. Transformemos con esa confianza, siendo evangelizadores con espíritu, como nos pide el Papa Francisco, ese anuncio de Cristo a los demás. “Cristo ayer, hoy y siempre”. Cristo no ha pasado de moda. Cristo sigue atrayendo, y en la medida en que lo mostremos y seamos transparentes en la pobreza de nuestra pequeñez y del vaso de barro que somos cada uno, en esa medida, Cristo atrapará y Cristo actuará como instrumento a través de ese instrumento pobre que somos nosotros, como eran los primeros discípulos de Jesús.

Vamos a pedir esta fe. Vamos nosotros también, como Tomás de Aquino, que decía que había aprendido más de Cristo (es el doctor Angélico, es el gran maestro de la teología católica), de un crucifijo que de todos sus libros. Nosotros ante Cristo, ante ese Cristo crucificado, Rey de los judíos, vencedor del pecado y de la muerte, coronado de espinas, vestido con los andrajos de una púrpura, coronado en una burla, con una caña como cetro y ante el que el mundo siempre desconfiará y ante el que el mundo siempre pondrá obstáculos. Por eso, no os extrañe que en el camino del anuncio, en sus diversas modalidades, desde el sufrimiento de cristianos en países difíciles, perseguidos, hasta las dificultades en la selva legislativa, en un laicismo frío que descompone al hombre, encontréis dificultades. El maestro nos lo ha anunciado. Pero no olvidemos, él nos ha dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Que acudamos a María, que el pueblo de Granada la invoca como Nuestra Señora, la Virgen de las Angustias. Recordemos a san Juan Pablo II, que precisamente aquí hace 40 años proclamó y animó el ejemplo de los grandes pedagogos, entre ellos el padre Manjón, san Enrique de Osos, tantos y tantos hombres y mujeres que anunciaron a Jesucristo, y nos invitó a ser anunciadores eficaces del Evangelio en las distintas modalidades del anuncio, desde la catequesis a la enseñanza, a la predicación.

Y pidamos ayuda a Santa María. Por tanto, a Ella la invoca el pueblo cristiano diciéndonos, diciéndole: “Muéstranos a Jesús, el fruto de tu vientre”. Y a ella la invoca también, pidiéndoLe que nos haga dignos de alcanzar sus promesas. Pues, hagamos lo que Ella pide en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor
20 de noviembre de 2022, Granada

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El Día mundial por las víctimas de accidentes de tráfico y la visita de Mons. Gil Tamayo a la Virgen de la Cabeza de Motril en Iglesia Noticia

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El Día mundial por las víctimas de accidentes de tráfico y la visita de Mons. Gil Tamayo a la Virgen de la Cabeza de Motril en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 20 de noviembre, a las 09:45 horas.

En este nuevo programa de “Iglesia Noticia” les hablamos de la conmemoración el 20 de noviembre del Día mundial por las víctimas de accidentes de tráfico, una jornada dedicada a orar por las víctimas en las carreteras y también por sus familiares. En este día la Pastoral diocesana de Carreteras celebrará una Eucaristía en memoria de las víctimas en la Iglesia de la Magdalena.

Asimismo les contamos la primera visita de Mons. Gil Tamayo al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Motril acompañado por los fieles y miembros de la comunidad parroquial.

Junto a estos contenidos también les informamos de la apertura de la exposición solidaria de Manos Unidas en el Centro artístico de Granada a beneficio de sus proyectos de ayuda al desarrollo y de la apertura del plazo de inscripción para los grupos de jóvenes que deseen participar en el cortejo de la Luz de la Paz de Belén el próximo 16 de diciembre.

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Encuentro de adolescentes y jóvenes. “María se levantó y partió sin demora”

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Este domingo 19 de noviembre tuvo lugar el Encuentro Diocesano de adolescentes y jóvenes en Tijoco, Adeje. En esta ocasión, el lema escogido fue el mismo que el que se utilizará en la JMJ de Lisboa 2023: “María se levantó y partió sin demora”.

Tras la acogida en la plaza de la parroquia de La Milagrosa, los participantes se dividieron en tres grupos diferenciados por colores y edades. Cada grupo realizó un itinerario de tres talleres que pretendió ahondar en el significado del lema del encuentro. De esta forma, los jóvenes profundizaron en aspectos como la oración, la vocación y el servicio.

Los referidos talleres fueron animados por miembros de la Pureza de María, la plataforma cristiana D2N2, varios salesianos, el diácono permanente Alejandro Abrante, Cáritas Joven y la familia vicenciana.

Todo ello sirvió para conocer mejor la figura de la Virgen María.

Finalizados los talleres, los jóvenes pasaron al interior de la iglesia para ensayar los cantos de la Eucaristía que se celebró a las 13:00 horas.

El alcalde de Adeje, José Miguel Rodríguez, quiso saludar a los participantes antes de la Misa.

Tras la Eucaristía, el encuentro finalizó con juegos, capoeira y la proyección de un documental.

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Granada acoge el III Congreso del Profesorado de Religión Católica de Andalucía, una asignatura para el siglo XXI

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Con el tema “una asignatura para el siglo XXI”, 600 profesores de Religión Católica de toda Andalucía se dan cita en Granada los días 19 y 20 de noviembre para hablar de la asignatura, compartir experiencias y formarse en los nuevos retos educativos

 

Los profesores de Religión Católica de los colegios de Andalucía se reúnen este fin de semana en Granada, en el III Congreso del Profesorado de Religión Católica de Andalucía. Serán 600 los profesores que asistan, todo el aforo disponible, a un congreso que quiere poner de manifiesto que la de Religión es una asignatura para el siglo XXI.

Organizado por la Asamblea de Obispos del Sur de España, asistirán profesores de las 10 diócesis que hay en Andalucía para reflexionar sobre el actual panorama educativo y sus oportunidades, intercambiar experiencias y celebrar la fe. También quiere servir para revitalizar la identidad y misión del profesorado andaluz de Religión católica, abordar de manera actualizada los retos educativos desde la clase de Religión católica, y hacer visible que esta asignatura supone un gran beneficio para el sistema educativo y para la sociedad del siglo XXI.

A la inauguración han asistido el Arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses, en un mensaje grabado; el Arzobispo coadjutor de Granada, Mos. José María Gil Tamayo; el Obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández; el Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá; el Obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco; y el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, que, como delegado para la Enseñanza en la Asamblea de Obispos del Sur de España, ha sido el encargado de organizar el Congreso. También han asistido la Consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo  y el Alcalde Granada, Francisco Cuenca.

En el Congreso habrá tres grandes ponencias. La primera, sobre la identidad y misión del profesor de Religión, a cargo de Mons. Alfonso Carrasco Rouco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura de la CEE. La segunda lleva por título “Educar para la esperanza en el enjambre digital. Retos y oportunidades del nuevo programa de Religión”, a cargo de Agustín Domingo Moratalla, profesor de la Universidad de Valencia. Y la tercera ponencia correrá a cargo de María Eugenia Gómez Sierra, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, con el título “La Religión, pisando fuerte en un mundo digital”.

Junto a las ponencias, hay siete paneles o comunicaciones sobre los temas más diversos, desde las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza de la asignatura de Religión, hasta la gamificación en el aula o la creación de contenidos TICs para la clase de Religión. Otras experiencias originales como la Gymkana Fernandina en Córdoba o la actividad ReliFlamenco, que lleva el flamenco a la clase de Religión, también serán presentadas.

Sin duda, se trata de un Congreso que quiere dar respuesta a los nuevos retos que debe afrontar la asignatura de Religión y que, lejos de ser la maría del colegio, la Religión es una asignatura para el siglo XXI, como reza el tema central del Congreso.

Una asignatura, además, que goza de gran aceptación entre padres y alumnos, ya que, lejos de lo que se pudiera pensar, es elegida, libremente y cada año, por la mayor parte de los alumnos y de los padres: el 80% en Primaria y el 65% en Secundaria. Una amplia mayoría que reconoce la importancia de estos contenidos, los valores que aporta y el buen hacer de un profesorado cualificado y que ejerce su profesión con gran vocación y con una actualización permanente.

 

Una asignatura necesaria

Para el coordinador del Congreso, Juan Ortega, “nuestra sociedad está necesitada de este gran mensaje que nos hace crecer como personas y que se transmite sistemáticamente en nuestras clases de Religión”, porque “es sumamente necesaria para la formación integral de la persona”. Él, que ha sido delegado de Enseñanza durante muchos años en la diócesis de Asidonia-Jerez, les dice a los profesores que “lo apasionante es mantener la presencia académica de la Enseñanza Religiosa Escolar, adaptarla modélicamente a las reformas educativas, mantenerse en la vanguardia pedagógica y no cesar en el empeño de continuar ofreciendo a nuestros niños y jóvenes la posibilidad de descubrir la profundidad del ser humano y la capacidad trascendente de la que gozamos”.

De la misma opinión son otros tantos profesores, que se han manifestado públicamente en estos días previos al Congreso. Antonia Hidalgo, por ejemplo, desde Chiclana (Cádiz), comentaba que “la asignatura de Religión influye positivamente en los niños que la eligen” y Pilar Osuna, desde Montoro (Córdoba) ha hablado de su trabajo como “una vocación, un servicio y una llamada”.

También el Obispo de Huelva, que es el Obispo delegado para la Enseñanza en la Asamblea de Obispos del Sur de España, se ha pronunciado estos días sobre la asignatura de Religión y la labor que realizan los docentes. Mons. Santiago Gómez dice que el Congreso llega para “abordar los retos educativos que la clase de Religión tiene en el marco legal de la nueva ley de Educación, y para pensar cómo contribuir desde la enseñanza religiosa escolar a la mejora del sistema educativo y a la educación de las nuevas generaciones”. “La enseñanza religiosa escolar -dice-  es un beneficio para todo el sistema educativo y para la sociedad del siglo XXI” y asegura que, contando con la “colaboración de todos los integrantes de la comunidad educativa, y sabiendo que estamos trabajando por el bien de los alumnos y de la sociedad, creo que la asignatura de Religión Católica en la escuela tiene un futuro ilusionante y fecundo”.

Pues eso, un Congreso que nos asegura que la de Religión es una asignatura para el siglo XXI. Y ciertamente lo es.

 

Antonio Gómez

Odisur

 

“Cristo camina con nosotros. Cristo está en medio de nosotros”

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Homilía de D. José María, arzobispo coadjutor, en la Eucaristía en el Triduo de la Hermandad del Santo Sepulcro, el 19 de noviembre de 2022, en la parroquia de San Gil y Santa Ana.

Qué feliz coincidencia esta celebración. Esta celebración en honor de Cristo, en el Triduo de Cristo Yacente, en esta fiesta de Jesucristo Rey del Universo, con la que concluye el año cristiano. Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo de la Iglesia, el doctor Angélico, decía que había aprendido más de un crucifijo que de todos los libros. Nosotros también hemos de aprender de Cristo y, en este caso, de esa imagen de Cristo Yacente. Porque nosotros, igual que el centurión junto a la cruz de Jesús, cuando ha desaparecido todo signo, digamos de poder, cuando nos aparece esa imagen del Crucificado inerme, despojado de sus vestiduras, molido con el cansancio de llevar la cruz hasta el Calvario, cosido a la cruz a un madero como un malhechor; cuando vemos a Cristo llagado por los resultados de la flagelación, vemos a ese Cristo que está solo y clama. Cuando vemos a ese Cristo al que nos hemos acostumbrado y corremos el peligro de que ese acostumbramiento nos impida la sorpresa, la reacción de quién es el que está en la cruz; y nosotros necesitamos, como el centurión, como el buen ladrón que hemos escuchado en el Evangelio de San Lucas, reconocer en ese Cristo, ese Cristo abandonado, en ese Cristo pobre, ese Cristo despojado, en ese Cristo crucificado. También necesitamos decir, como el centurión, “verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios”. Verdaderamente este hombre es un rey. Pero un rey de verdad, no como esa descripción que hace poner Pilato ante la protesta de los judíos y dice “lo escrito, escrito está”. Jesús Nazareno, Rey de los judíos, y Jesús mismo, que precisamente por la causa de su realeza es llevado ante Pilato. “Este dice que es rey de los judíos”. Y Pilato lo interroga y le pregunta: “¿Tú eres rey?”; “Tú lo has dicho. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad”. Y Pilato, como tanta gente hoy: “¿Y que es una verdad?”. Y ese Cristo inerme; ese Cristo de quien se han burlado y le han puesto una caña como cetro, lo han vestido de púrpura con unos andrajos y la han coronado de espinas, ese Cristo es el Redentor del mundo, es el Cristo al que celebra la Iglesia, es el Cristo al que hemos oído la proclamación del texto de San Pablo en la Carta a los Tesalonicenses, con ese texto precioso que San Pablo pone en el pórtico de su Carta a los de Tesalónica. Él es imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura, por medio del cual fueron creadas todas las cosas. Todo existe por él y para él. Es anterior a todo y todo se mantiene en Él.

Ese Cristo se nos ha presentado como un niño que lloriquea, aunque nosotros le echemos ilusión, pues todo ese sentido entrañable a la Navidad. Pero nace en un pesebre. Ese Cristo es el que tiene que huir porque a un “reyezuelo” de la tierra le han entrado celos de un niño que ha nacido y vienen a adorarlo unos magos, porque vienen buscando al Rey de los judíos. Ese Cristo es el que vive la experiencia del exilio, de ser un refugiado en Egipto. Ese Cristo es el que se pasa 30 años de vida oculta, en la pobreza. En la sencillez y el encallecimiento de sus manos de trabajador. Ese Cristo es el que recorre los caminos de Galilea y de Palestina predicando, y dándonos el mejor de los mensajes en sus bienaventuranzas, en el Sermón de la Montaña, proclamando que el Reino de Dios está cerca, está dentro de nosotros. Ese Cristo es el Cristo que elige a unos pobres hombres y los envía como apóstoles y discípulos para cambiar el mundo. Ese es el Cristo al que seguimos. Ese es el Cristo que, como nos dice el Concilio Vaticano II, es el que le dice al hombre lo que debe ser el hombre. Esa es la vocación suprema del hombre. Es el Dios encarnado, el Dios que se ha hecho hombre. Decía San Agustín, para que el hombre se haga Dios. Ese Cristo es Cristo Resucitado. Es Cristo vencedor del pecado y de la muerte. Es Señor de la Historia. Ese es al que seguimos los cristianos y está vivo, aunque contemplemos hoy como el centurión y como Dimas, el buen ladrón, y nosotros también le digamos “acuérdate de mí cuando esté en tu Reino”. ¿Cuál es el reino de Jesús? Es el Reino de la justicia, de la paz; es el Reino de la verdad y de la vida. Es el Reino de los valores cristianos que no están de moda.

Y nosotros, queridos hermanos y hermanas, y especialmente vosotros, queridos cofrades, que lleváis esa capa que no es ni más ni menos que la prolongación de la vestidura bautismal, que cuantos la recibimos de pequeño en el Bautismo, la reciben los adultos cuando son bautizados. “Recibe esta vestidura blanca, ese signo de tu dignidad de cristiano ayudado por la Palabra y el ejemplo de los tuyos”, le dice el sacerdote. “Consérvala sin mancha hasta la vida eterna”. Hemos sido revestidos de Cristo, dice San Pablo. Somos unas criaturas nuevas. Ese Cristo se prolonga. Ese Cristo está vivo, está resucitado. Es el vencedor del pecado y de la muerte. Es el Señor del universo y es lo que proclama la Iglesia en este domingo. Los cristianos no seguimos a un líder muerto que se nos pierde en la noche de los tiempos y que dejó un mensaje precioso. Los cristianos seguimos a alguien que está vivo, Jesucristo. Ayer, hoy y siempre. Y ése es el Cristo de nuestra fe. Ése es el Cristo que nos espera. Ése es el Cristo que nos abraza. Y es el Cristo que nos acompaña en los momentos de dificultad y de alegría, en los momentos de angustia y de gozo. Es el Cristo que nos ha dicho: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Es el Cristo que es Resurrección y Vida. “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Ese es el Cristo que se nos ha quedado como pan de vida: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. Ese Cristo que nos ha dicho que el que me ama guardará mi palabra, y vendremos a él, y haremos morada en él. Ese Cristo es el Cristo de la Iglesia, es el Cristo que seguimos los cristianos, es el Cristo que nos manifiesta esta imagen bendita que veneráis. Es el Cristo transido de eternidad y que nos invita a esa plenitud que rompe el techo de la muerte y que nos hace aspirar con la esperanza cristiana a esa vida eterna que estamos llamados todos. Ese Cristo es el Cristo que también se prolonga en los más necesitados y en los más pobres. Y el Papa Francisco nos invita a tocar su carne, porque dice que Cristo nos ha dicho que vendrá al final de los tiempos y pondrá y llamará a cada uno y le dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, estuve enfermo y me visitasteis. ¿Cuándo lo hicimos, Señor? Cuánto hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

Queridos amigos, Cristo está vivo. San Pablo nos dice: “Vosotros sois el Cuerpo de Cristo”, nos dice a los cristianos. Cristo está vivo. Cristo está Resucitado. Cristo camina con nosotros. Cristo está en medio de nosotros. Por eso, el saludo del sacerdote en la celebración “el Señor esté con vosotros”, claro que está con nosotros. Cristo nos ha dicho que donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Ese Cristo es el que da sentido a nuestra oración, movida por el Espíritu, ya que no podemos decir ‘Jesús es Señor’ si no es por el Espíritu Santo. Y nos ha dicho que cualquier cosa que pidamos en Su nombre, Dios nos lo concederá. No, queridos hermanos, vivamos esta centralidad de Cristo como cristianos. Esa centralidad de Cristo que nos lleva a poner a Cristo en nuestro corazón, en nuestra memoria, en nuestro pensamiento y en nuestras acciones, y que nos debe llevar a imitarLe. Cuando el Catecismo de pequeños decíamos o nos preguntaban “¿eres cristiano? Soy cristiano por la Gracia de Dios”. ¿Qué quiere decir cristiano? Cristiano quiere decir discípulo de Cristo. ¿Pero qué somos: discípulos teóricos? ¿Discípulos de esa clase de cristianos que nos hemos sacado creyentes, pero no practicantes? ¿Cristianos sólo una temporada al año? ¿Cristiano sólo en la Semana Santa, como si el resto de la semana, de las semanas del año pudiéramos despojarnos de nuestra condición de cristianos? No. ¿Cristianos sólo cuando somos niños en la inocencia y, después, para prepararnos a una buena muerte al final de la vida? O cristianos, que no significa perfectos, que no significa impecables, significa aquellos que siguen a Jesús de Nazaret, al Hijo de Dios hecho hombre, al Cristo Señor de la Historia, Aquél que ha vencido al pecado y a la muerte y nos espera. Nos acompaña Jesucristo ayer, hoy y siempre el mismo.

Que Le pidamos ayuda a Nuestra Señora, a la Virgen María. El pueblo cristiano la invoca como Madre de Nuestro Señor Jesucristo. Jesús no estaba con la cruz precisamente en la soledad del Calvario. “Mujer, ahí tienes a tu Hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre”. Desde aquella hora el discípulo la recibió como algo suyo. Es inseparable del Misterio de Cristo, el Misterio de María. Y María nos enseña a vivir esa fe en Cristo, en Cristo de la Anunciación, el Cristo del Nacimiento, el Cristo tejido, el Cristo de Nazaret, el Cristo que anda por los caminos de Galilea y Palestina. El Cristo de la Cruz. El Cristo Resucitado. Y nosotros, como los esposos de Canaán y como aquellos criados, le hacemos caso. “Haced lo que os diga”. Ojalá llevemos a nuestra existencia ese mandato de María.

María, Te invocamos como Madre y decimos: “Muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre”. A ella Le pedimos “haznos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo”.

Amén.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor de Granada

Parroquia de San Gil y Santa Ana
19 de noviembre de 2022

COPE: Entrevistamos en el ESPEJO a Pablo Moreno, director de la película CLARET

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La diócesis de Guadix se hace presente en el III Congreso del Profesorado de Religión Católica en Andalucía, que comienza hoy en Granada

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La diócesis de Guadix se hace presente en el III Congreso del Profesorado de Religión Católica en Andalucía, que comienza hoy en Granada

La mayor parte de los profesores de Religión de la diócesis de Guadix participan este fin de semana en el III Congreso del Profesorado de Religión Católica en Andalucía, que se celebra en Granada hasta el domingo 20 de noviembre. Serán dos días de formación, sábado y domingo, que servirán además para compartir experiencias educativas y para tomar conciencia de la realidad que vive la asignatura de Religión en la escuela.

El hecho de que el Congreso se realice tan cerca, en Granada, ha facilitado que la mayoría de los profesores de Religión que hay en la diócesis accitana puedan participar. Allí van a interactuar con otros 600 profesores de Religión de toda Andalucía, tantos que se ha completado el aforo del recinto. Conferencias sobre la identidad y la misión del profesor de Religión, o la enseñanza de esta asignatura en un mundo digital y global, son algunos de los temas que se van a tratar. Encabeza la delegación accitana la delegada de Enseñanza, Ana Caba.
También se ofrecerán talleres o comunicaciones sobre experiencias tenidas en el desarrollo de la asignatura: desde la gamificación, al uso del flamenco en el aula, o el empleo de las herramientas que ofrecen las TICs, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. De esto último, precisamente, hablará Carlos Valle en el Congreso. Carlos es profesor de Religión en un IES de Baza.
Sin duda, Guadix estará muy presente en el Congreso de profesores de Religión que comienza esta mañana, ya que también estará representado por el obispo. D. Francisco Jesús Orozco asistirá a la apertura del mismo y a parte de las ponencias. Un Congreso que, como dice el título que lleva, quiere hacer y presentar a la Religión como una asignatura para el siglo XXI. Porque lo es.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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