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“Cuando hay santidad, hay celo apostólico, hay pasión evangelizadora”

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Misa Crismal celebrada en la Catedral, el 5 de abril de 2023, concelebrada por el clero diocesano, que renovó sus promesas sacerdotales, y se bendijeron los Santos Óleos y se consagró el Santo Crisma, que después se utilizan para la administración de los Sacramentos.

Queridos hermanos sacerdotes;
queridos diáconos;
queridos seminaristas;
queridos miembros de la vida consagrada;
queridos hermanos y hermanas en el Señor, que os dais cita en nuestra Iglesia Catedral, símbolo de nuestra Iglesia particular de Granada:

“El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ungió”. Hemos escuchado estas palabras en el Evangelio de San Lucas, pero también en el Libro de Isaías. Proferidas por el evangelista aparecen varias veces en la liturgia crismal de hoy. En cierta medida, queridos hermanos, constituyen su hilo conductor. Aluden a un gesto ritual que, en la Antigua Alianza, tiene una larga Tradición, porque en la historia del pueblo elegido se repite durante la consagración de sacerdotes, profetas y reyes. Cristo es el ungido. Es el “kyrios”. Y nosotros lo somos también en Él. Ya que por el bautismo hemos sido revestidos de Cristo, injertados en Él, hemos sido hechos partícipes de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Así nos dijo el sacerdote en el momento de nuestro bautismo al ungirnos con el Crisma.

Este año es mi primer año entre vosotros en la Misa Crismal, pero, precisamente, apoyándome en la significación de la Unción, en la significación de la consagración quiero hablaros de la santidad, y hablarme a mi mismo de la santidad. El Papa Francisco lo ha hecho de una manera actualizada, poniéndonos y refrescándonos la Doctrina del Concilio Vaticano II sobre la llamada universal a la santidad tan presente en la constitución sobre la Iglesia. Todo el Pueblo de Dios está llamado a la santidad, a la perfección de la caridad. Pero, también nosotros, queridos hermanos sacerdotes, de manera especial. ¿Y por qué traigo esto, precisamente? No sólo por las referencias bíblicas que el Señor, en la sinagoga de Nazaret, toma este pasaje de Isaías y, precisamente, se lo aplica. El Ungido, pero, al mismo tiempo, el Ungido pro existente, en favor de los pobres, en favor de los que sufren, en favor de quienes están encarcelados, de quien viene a anunciarnos el año de gracia del Señor. La libertad de los hijos e hijas de Dios. Estamos a unas escasas semanas de una beatificación, precisamente, en nuestra misma Catedral; la de Conchita Barrecheguren. Habéis tenido no hace mucho la beatificación de la Madre Emilia Riquelme, antes la de Fray Leopoldo, la de nuestros mártires del siglo XX. Y cómo no recordarlo, lo hacemos siempre cuando invocamos a nuestros santos: Cecilio, Gregorio de Granada, san Juan de Dios, san Juan de la Cruz, san Juan de Ávila, mas todos esos santos que el Papa llama de la puerta de al lado.

La santidad, queridos hermanos, tiene que formar parte de nuestra vida, porque somos consagrados, bautismal y sacerdotalmente. Nos dice san Juan Pablo II, en “Pastoris dabo vobis”, que “el Espíritu del Señor está sobre mí”, nos recuerda. “El Espíritu no está simplemente sobre el Mesías, sino que lo llena, lo penetra, lo invade en su ser y en su obra”. En efecto, el Espíritu es el principio de la consagración y de la misión del Mesías. “Porque me ha ungido, para anunciar a los pobres la Buena Nueva”.

Somos, queridos sacerdotes, llamados con una vocación que en este día, en el que renovamos nuestras promesas, hemos de recordar especialmente con agradecimiento, con nombres concretos de nuestros padres, de sacerdotes, de las personas que en la comunidad cristiana puso como mediación para llamarnos en un momento y en una hora a su viña. Hemos sido consagrados y hoy cobran protagonismo también especial el día de nuestro Ordenación Sacerdotal, cuando, con toda la ilusión del mundo y, al mismo tiempo, con el temor de quien quiere ser fiel pero sabe y es conocedor ya de sus debilidades, se entregó al Señor y se dejó ungir por el Crisma. Y recibió en sus manos el pan y el vino, el cáliz y la patena, para presentar la ofrenda santa del Pueblo de Dios, para imitar lo que conmemora, para conformar su vida con el Misterio de la cruz del Señor.

Todos también recibimos el Santo Evangelio. Y fuimos enviados a la misión de anunciarlo como representación de Cristo. Este mismo Espíritu es el Espíritu del Señor, que está sobre todo el Pueblo de Dios constituido como pueblo consagrado a Él y enviado por Él para anunciar el Evangelio que salva. Pero también nosotros, de una manera especial, estamos llamados, los sacerdotes por nuestra consagración, a esa configuración con Cristo que le hemos pedido hoy en la oración colecta para anunciar la Redención al mundo. Los sacerdotes estamos llamados a esa identificación existencial con quien ya lo estamos como cabeza y pastor del Pueblo de Dios por la recepción del Sacramento del Orden. En el número 20 de la “Presbiterum Ordinis” viene muy claro todo esto. Los que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del Orden –se nos dice-, “se convierten en instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote Eterno, para proseguir en el tiempo la obra admirable del que con celeste eficacia reintegró a todo el género humano. Por tanto, puesto que todo sacerdote personifica de modo específico al mismo Cristo -recuerda Juan Pablo II-, es también enriquecido por la gracia particular, para que pueda alcanzar mejor, por el servicio de los fieles que se le han confiado y de todo el Pueblo de Dios, la perfección de Aquél a quien representa, y cure la flaqueza humana y cómo la percibimos, queridos hermanos. De la carne, la santidad de Aquél que fue hecho por nosotros Pontífice, Santo, Inocente, Inmaculado, apartado de los pecadores. El Primogénito de toda la creación, el Príncipe de todos los Reyes, como hemos escuchado en el Libro del Apocalipsis. La sacramentalidad. Y este día es un día especialmente sacramental.

La sacramentalidad, queridos hermanos, emerge así como el elemento fundamental de la identidad del sacerdote, y como el factor que explica el ministerio presbiteral en su raíz. Desde la sacramentalidad, se entiende la compresión del sacerdote en su sentido más profundo y real. Somos otros cristos, a pesar de los pesares, de nuestra debilidad, de nuestra historia personal llena de flaqueza. Pero Cristo, como a los primeros, también a nosotros nos ha elegido por pura gracia para representarLe, para hacerLe presente. Y todo esto no puede llevarnos a un clericalismo de casta, a una superioridad de poder, sino, al contrario, “el que de entre vosotros quiera ser el primero que sea el último de todo y el servidor de todos”. Igual que “el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”. Todos sabemos que este planteamiento quedó reforzado, precisamente, con la enseñanza de san Juan Pablo II. Somos como transparencia de Cristo, en medio del rebaño que nos ha sido confiado, decía él. Los presbíteros son de la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y pastor.

Esto, queridos hermanos, es necesario recordarlo en un mundo secularizado como el nuestro, que borra todo rastro de lo sacro. Que incluso molesta. Somos agraciados y más en esta Semana Santa, que nuestros pasos –nuestros bellos pasos, nuestras imágenes-, donde todo se vuelve sacral en nuestras calles, incluso en nuestras comidas. Necesitamos en este mundo nuestro no quedarnos sólo con lo externo, porque puede ser como una capa que oculte un secularismo esencial en muchas personas y en muchos ambientes. Necesitamos manifestar, no nuestro clericalismo, sino nuestra sacralidad. Pero, la de todo bautizado, que es hijo e hija de Dios con una dignidad inigualable. Pero, al mismo tiempo, a nosotros, porque Dios lo ha querido, nos ha hecho partícipes, nos ha escogido, como dirá el Prefacio de la misa de hoy, “hombres de ese pueblo”, a nosotros.

¿Y qué incidencia tiene la consagración sacramental recibida el día de nuestra Ordenación en nuestra vida de sacerdotes? Y más recordando estos santos que van a ser beatificados, que han sido beatificados, que formamos parte de una Iglesia particular con ejemplos gloriosos de santidad, no podemos bajar el listón. No basta, queridos hermanos, con la concepción funcional del ministerio. No basta con ejercitar con fidelidad nuestro oficio, sin más. No es un puro mantenimiento. No basta con esto, como si sólo el cumplimiento nos santificara y nos eximiera de la radicalidad exigida por la vida en Cristo, del Evangelio, en definitiva, en quien en Él hemos sido bautizados en Cristo e identificados hasta representarlo. “In personando”, por nuestra participación sacramental, en la capitalidad de Cristo pastor ante su Pueblo. Es necesario la respuesta con la vivencia de las virtudes cristianas sustanciadas en la caridad pastoral, en una doble relación, a Cristo, Único y Sumo y Eterno Sacerdote, y en Él, por el Espíritu Santo, al Padre de las misericordias. Tenemos que ser hombres de Dios profundamente. Y también, la relación con el Pueblo de Dios que exige una ejemplaridad en nuestra vida. No podemos ser del montón, queridos hermanos sacerdotes. Y todo ello está sintetizado en las cercanías de las que habla el Papa Francisco. Con Dios, con el obispo, con los otros sacerdotes, con el Pueblo de Dios.

Necesitamos intensificar nuestra vida de oración. Necesitamos recuperar ese capítulo de “Evangelii Gaudium”, donde se habla de evangelizadores con espíritu, porque, sino, no hay vigor apostólico. Y si no hay vigor apostólico, se cae en el funcionalismo, en el mantenimiento, en el cumplir, en el rellenar, en el mantener. Incluso en ser administradores de decadencia.

Queridos hermanos, necesitamos de nuevo un Pentecostés. Necesitamos de nuevo la radicalidad de tomarnos en serio nuestra vida espiritual con los instrumentos, con los medios que ha puesto la Iglesia de siempre y que, releyendo el documento “Presbiterium Ordinis” del Concilio Vaticano II, tenemos que poner en nuestra vida la oración, la Lectio Divina, la confesión frecuente, la vivencia eucarística como centro de nuestra vida, la fraternidad, la caridad. En definitiva, la pasión por Cristo y por el Pueblo de Dios, por los pobres, por los más necesitados, por evangelizar, por llegar a quienes están lejos y traerlos. Por ser, en definitiva, con sencillez, testigos de Jesús.

Queridos hermanos, éste es un proceso, como dice el Papa. No se trata de ocupar espacios a ver quién manda más, a ver quién tiene más poder. No se trata de repartirnos lo sagrado, sino de ser testigos convincentes de Cristo, cabeza y pastor de Su pueblo. Es muy difícil. Es una tarea que nosotros, como los apóstoles, tendríamos que decirLe a Jesús “esto es imposible”. Pero Jesús nos dirá, “para Dios todo es posible”. Él puede hacer de la pequeñez de cada uno de nosotros un instrumento, como ya hemos experimentado tantas veces.

Queridos hermanos, seamos santos. Es la manera más eficaz de la acción pastoral, porque, cuando hay santidad, hay celo apostólico, hay pasión evangelizadora, hay caridad, hay compromiso social, hay desvivirse por los otros. Cuando se ama a Cristo con pasión, se le ve en esos que representan la carne de Cristo en el mundo de hoy; cuando hay santidad, hay olvido de nosotros mismos.

Queridos hermanos, permitidme también como vuestro obispo que os haga esta llamada para que este tiempo sea un tiempo de Gracia, un tiempo de renovación sacerdotal y porque lo es, de renovación pastoral, de afrontar esta nueva etapa con un verdadero vigor apostólico. No simplemente, por la novedad de un obispo que llega o a ver qué nos trae. Dejemos a un lado los recelos. Cerremos las heridas. Busquemos con esperanza una primavera del Pueblo de Dios. Y para ello, queridos hermanos sacerdotes, es necesario que asumamos un compromiso vocacional. Necesitamos sacerdotes. Necesitamos tener una cultura vocacional más a flor de piel. No simplemente se cae, no simplemente… las vocaciones son un don de Dios y no ha disminuido la mano del Señor, pero sí, quizás, nosotros, nuestra pasividad, nuestro relegarnos a lo de siempre, al mantenimiento, nuestra tristeza ministerial muchas veces ha provocado, quizás, que baje ese afán de llevar a otros y de testimoniarlo, no con proselitismo, pero sí con la elocuencia de la propia vida como lo recibimos nosotros de aquellos sacerdotes que el Señor puso en nuestro camino.

Querido Pueblo de Dios, queridos hermanas de la vida consagrada, rezad por nosotros. La tarea es mucha, pero estamos para serviros, “a Dios y a usted”, como decíamos antes.

Vamos a pedirLe a la Virgen Santísima, a Nuestra Señora, a la Madre de los sacerdotes, que Ella como en las Bodas de Canaá pueda cambiar también en nosotros el agua incolora, inodora, insípida muchas veces de nuestra vida, en el vino oloroso de virtudes. En definitiva, que Le hagamos caso en el consejo de hacer lo que Jesús nos dice.

Queridos sacerdotes, permitidme también renovar mi agradecimiento, el del Pueblo de Dios a vuestra entrega en los servicios en los que estáis. En los servicios de nuestra Diócesis, en el servicio carismático de nuestra vida consagrada.

Queridos hermanos, sacerdotes, religiosos, que todos seamos santos con la santidad de quien se considera débil y sabe que el único Santo es Jesucristo nuestro Señor, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Dios que se ha hecho hombre, el Ungido, el Cristo.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

5 abril de 2023
Catedral de Granada

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Consagración de los Santos Óleos y el Santo Crisma y renovación de las promesas sacerdotales del clero diocesano en la Catedral

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Consagración de los Santos Óleos y el Santo Crisma y renovación de las promesas sacerdotales del clero diocesano en la Catedral

La Misa Crismal ha tenido lugar esta mañana en la Catedral presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Gil Tamayo, que ha consagrado y bendecido los Santos Óleos y el Santo Crisma que se utilizarán para la administración de los sacramentos. También durante la celebración, el clero diocesano ha renovado sus promesas sacerdotales y su fidelidad a la “unción” y al “compromiso” de servir al pueblo de Dios.

Esta mañana la Catedral de Granada acogía la celebración de la Misa Crismal, que este año ha tenido lugar el Miércoles Santo, y en la que se han consagrado y bendecido los Santos Óleos y el Santo Crisma, que se utilizarán para la administración del Bautismo, Confirmación, Unción de enfermos y Orden Sacerdotal a lo largo del año.

La Eucaristía ha estado presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Gil Tamayo, y concelebrada por el clero diocesana que ha estado acompañados también por el pueblo laico de Dios que ha sido testigo de la renovación de las promesas sacerdotales de los presbíteros.

Al inicio de la Misa Crismal nuestro Arzobispo destacó que la bendición de los Óleos y la consagración del Crisma son “símbolos de que el Espíritu Santo está entre nosotros”.

Durante su homilía, Mons. Gil Tamayo dirigió al clero unas palabras sobre la santidad a la que el sacerdote está llamando no solo por la vida bautismal sino también presbiterial.

“Hoy es un momento para agradecer a las personas que la comunidad cristiana puso en nuestra vida como mediación para llamarnos a la viña del Señor. Somos otros Cristos a pesar de nuestras debilidades. Dios nos ha elegido por pura gracia para representarle, para hacerlo presente”, señaló.

Sobre la caridad pastoral también destacó que el sacerdote debe ser un hombre profundamente de Dios y que la relación con el pueblo exige ejemplaridad.

“No podemos caer en un mero mantenimiento de actividades. Debemos ser evangelizadores apostólicos, necesitamos un nuevo Pentecostés, necesitamos la radicalidad”, destacó nuestro Arzobispo.

RENOVACIÓN PASTORAL Y CULTURA VOCACIONAL

Finalizando las palabras dirigidas a los sacerdotes en la Misa Crismal, nuestro Arzobispo señaló que nuestra diócesis vive “un tiempo de gracia, de renovación pastoral” y que para ello es necesario asumir un compromiso vocacional: “Necesitamos sacerdotes, una cultura vocacional a flor de piel. Las vocaciones son un don de Dios y no ha disminuido la mano de Dios, quizás sí nuestras pasividad”.

Por último, Mons. Gil Tamayo hizo un llamamiento al pueblo de Dios como intercesor del clero para que este pueda llevar a cabo su misión de servicio. “Pidámosle a la Virgen que como en las Bodas de Caná pueda cambiar nuestra agua inodora e insípida para hacer lo que Jesús nos dice”.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Restauración de la techumbre del presbiterio de la iglesia de San Andrés Apóstol en La Palma

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Tras concluir los trabajos de restauración, llevados a cabo por la empresa In Situ, Conservación y Restauración, S.L, recientemente se ha presentado la obra de la techumbre del presbiterio de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, en San Andrés y Sauces (La Palma).

Se trata de una techumbre mudéjar a cuatro aguas, realizada en madera tallada durante la segunda mitad del siglo XVII y policromada en 1904 por el artista Luis Paz Pérez. El presupuesto ha sido financiado íntegramente por el Gobierno de Canarias cuyo coste total asciende a 106.428,00 €.

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El Obispo participa en la procesión de Ntra. Sra. de Gracias de Úbeda

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El pasado Lunes Santo, el Obispo de la Diócesis de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, se hacía presente en la Semana Santa de Úbeda participando en la procesión de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de Gracia, en el XL Aniversario de su fundación, con sede canónica en la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.

Cerca de las 21:00 horas de la noche, hacía su entrada por la puerta de la Adoración de la Basílica el prelado jienense donde era recibido por el Rector de la Basílica, D. Antonio Vela Aranda, el Hermano Mayor de la Hermandad Antonio Barrionuevo Martínez, quien le impuso la medalla de la cofradía y el presidente de la Unión de Cofradías, Luis Carlos Martínez Garvín. Posteriormente, se adentró en el claustro de la Basílica donde pudo contemplar y rezar ante Ntra. Sra. de Gracia y saludar a la Junta de Gobierno de la Cofradía, a los Hermanos Fundadores, al Pregonero de la Semana Santa del presente año y afamado compositor Cristóbal López Gándara y al pregonero de la Juventud Cofrade de la ciudad Gabriel García Pérez.

El Obispo, antes de iniciar la procesión, dirigió una oración ante un abarrotado claustro de Santa María en la que deseó a todos los hermanos una buena procesión. A las 21:15 horas se abrían las puertas de la Basílica para iniciar la procesión en la que Don Sebastián estuvo acompañado por los presbíteros D. Antonio Vela Aranda, D. Antonio Guerrero Quesada y D. Francisco Javier Cova Martínez. Durante la procesión, Don Sebastián se acercó a los enfermos, personas mayores y a los más pequeños que inundaban las calles; y pudo disfrutar y percibir el fervor de los ubetenses hacia Ntra. Sra. de Gracia y la admiración y comunión de los ubetenses con el pastor de nuestra Diócesis.

Entrevista Obispo para Radio Úbeda – Cadena Ser: https://cadenaser.com/andalucia/2023/04/04/mons-sebastian-chico-queria-estar-con-la-virgen-de-gracia-por-sus-40-anos-radio-ubeda/

Crónica videográfica de la procesión por Diez TV Úbeda: https://youtu.be/GWfhx0sD2gE

Cofradía de Ntra. Sra. de Gracias de Úbeda
Fotografías: Jesús Delgado y Antonio José Jiménez

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El Obispo visita los tronos de la Buena Muerte

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En este Miércoles Santo, que en en la capital procesiona la Cofradía de la Buena Muerte, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha visitado el primer Templo de Jaén, junto a su familia, para ver los tronos que, como cada año, la Hermandad sitúa en la Puerta del Perdón, para que sean venerados por el pueblo de Jaén.

Al entrar, era recibido por la Hermana Mayor, Raquel Hernández, quien acompañaba al Prelado ante los imponentes tronos.

El Obispo ha hecho un momento de oración, en la que ha pedido por la ansiada lluvia y por los jóvenes que son el futuro de la Cofradía, de la Semana Santa y de la Iglesia.

Esta tarde, el Prelado acompañará al Cristo de la Lluvia en Mengíbar, en su recorrido por distintas manifestaciones públicas de fe de la Diócesis.

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Fallece el sacerdote D. Diego Moreno Palomares

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Este pasado lunes recibía santa sepultura el sacerdote, D. Diego Moreno Palomares, a los 85 años de edad. El Obispo de Jaén presidía las exequias fúnebres en la parroquia de San Andrés de Baeza de donde era natural el presbítero.

Moreno Palomares nació en la ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1937 y se ordenó en Granada en 1961.

Desde el inicio de su presbiterado ha desarrollado su labor pastoral en las parroquias de Villanueva del Arzobispo, en Torreperogil, Mármol y Canena. También ha ocupado el cargo de párroco en Santa María del Alcázar y San Andrés de Baeza y administrador parroquial del núcleo de Sotogordo y de Puente del Obispo.

Entre los años 1990 y 2002 ejerció como profesor de Religión en el IES Santísima Trinidad de su ciudad natal.

Su último cargo pastoral fue el de capellán de las Clarisas de Baeza. D. Diego Moreno ha pasado,  el atardecer de su vida, en la residencia Altos del Jontoya de Edad Dorada- Mensajeros de la Paz, donde esta pasada Navidad fue visitado por el Obispo.

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Comienza el Triduo Pascual

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Foto: Vigilia Pascual en la Catedral en 2022.

Las colectas del Jueves y Viernes Santo van destinadas a Cáritas Diocesana, respectivamente. A la Vigilia Pascual, la noche del Sábado Santo en la Catedral, está invitado a participar todo el Pueblo de Dios.

Junto a la Iglesia universal, las parroquias, iglesias y templos de la Archidiócesis se preparan para celebrar los días intensos del Triduo pascual, en sus celebraciones litúrgicas. El Triduo, que comprende desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección, hace memoria de la Pasión y muerte del Señor, que desemboca en la alegría de la Pascua de Resurrección el domingo.

COLECTAS
En su liturgia, las colectas del Jueves y Viernes Santo van destinadas a Cáritas Diocesana y al sostenimiento de los Santos Lugares, respectivamente.

El Jueves Santo es el Día del amor fraterno y la colecta en la Eucaristía va destinada a ayudar en la asistencia social y caritativa que presta Cáritas, especialmente a las familias granadinas que no tienen recursos económicos para vivir. No obstante, para las personas que no puedan ofrecer su aportación en la colecta de la Eucaristía, Cáritas ha dispuesto dos modos para participar en dicha colecta. Por un lado, mediante transferencia bancaria a través de la web de Cáritas –en www.caritasgranada.org-, y por otro, a través del bizum con un donativo en el código 02255

Mientras, desde Cáritas se invita a practicar “la solidaridad y a vivir la Semana Santa en clave de fraternidad” con su Campaña “Día del Amor fraterno”, con el lema “Escucha y camina”. “La campaña del Jueves Santo se hace eco de las propuestas del Papa Francisco para vivir esta Cuaresma desde el compromiso de escuchar y caminar junto a Jesús, como Iglesia sinodal, para ser signo y presencia del reino de Dios en la tierra”, explican en Cáritas Diocesana de Granada.

Por otra parte, la colecta pontificia por los Santos Lugares se realiza el Viernes Santo, que conmemora el día de la Pasión y muerte del Señor. El objetivo de esta colecta es recoger las aportaciones de los fieles y ayudar a los cristianos de Tierra Santa y a las Iglesias de Oriente.

La noche del Sábado Santo acoge la vigilia pascual, que da paso a la alegría y gozo de la Resurrección del Señor. En concreto, en el templo catedralicio, esta vigilia será a las 23 horas, presidida por el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo, y a la que está invitado a participar todo el Pueblo de Dios, para compartir juntos el gozo de la Buena Noticia de la Pascua de la Resurrección.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

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MIÉRCOLES SANTO: LA RELIGIÓN ES UN ENCUENTRO, por Andrés Rodríguez Quesada

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Hace un tiempo, en el contexto de la preparación de la Semana Santa, un niño me preguntó: «Bueno, padre, ¿qué es la religión?». He de confesar que no esperaba tal pregunta de un niño que apenas alcanzaba los ocho años. A mi cabeza acudieron las definiciones de Cicerón, Lactancio o san Agustín, entre otras, pero ninguna de ellas parecía adecuada a la situación. Entonces recordé las palabras de un anciano sacerdote: «la religión es un encuentro». En efecto, la religión no es otra cosa que un encuentro entre dos necesidades, entre dos búsquedas.

Hoy día la antropología, en base a la constitución contingente, histórica y abierta del ser humano, atestigua que en el corazón de todos los hombres sin excepción existe una búsqueda de Dios. Puede que algunos no tengan conciencia de ello, pero todos tienen conciencia de su deseo de felicidad. Felicidad que algunos por ignorancia, perversidad o debilidad confunden con los oropeles y futilidades de la tierra. La necesidad de Dios es tan normal para el alma como la de alimento y bebida lo es para el cuerpo. Ahora bien, si normal fue que el hijo pródigo tuviera hambre, anormal fue que la saciara con bellotas. Tener necesidad de Dios es normal, satisfacerla con falsos dioses ya no lo es.

Por otra parte, no es solamente el alma quien busca a Dios, sino que Dios busca también a las almas, invitando a todos los hombres a su banquete de amor. Pero, siendo el amor libre, su invitación es rechazada, porque, empleando el mismo lenguaje del Evangelio, unos acaban de casarse, otros han comprado un campo o quieren probar su yunta de bueyes (cf. Lc 14, 18-20).

Esta doble búsqueda del Creador por la criatura y de la criatura por el Creador se manifiesta en las palabras de Jesús en la cruz: «¡Tengo sed!» (Jn 19, 28). En cierta ocasión había dicho Jesús: «El que tenga sed, que venga a mí y beba» (Jn 7, 37). Pero al encontrarse en la Cruz, Aquel que con las puntas de sus dedos hacía girar planetas y mundos; Aquel que había henchido los valles con el murmullo de fuentes sin número, clama a gritos, no a Dios, sino al hombre: «!Tengo sed!» (Jn 19, 28). El dolor físico de permanecer durante horas clavado en una cruz, sin comer ni beber, bajo el implacable sol del Oriente; la alteración producida por la pérdida de sangre tiene su expresión no en palabras impacientes y ariscas, sino en la amable petición de algo con que saciar su sed.

En el curso de toda su crucifixión nada hace parecer a Jesús tan humano como esta palabra. Y, sin embargo, esta sed no pudo ser solamente física, pues el Evangelio nos dice que pronunció esta palabra para que se cumplieran las Escrituras. Por consiguiente, esta sed era tan espiritual como física. Dios iba tras las almas y esperaba que uno de esos pequeños servicios de la vida ordinaria -dar de beber en su nombre-, podría poner al alcance de la gracia a quien se encargase de realizarlo. El Pastor, en el mismo instante en que daba su vida por el rebaño, buscaba aún a su oveja.

¿Por qué, entonces, hoy en día es tan difícil este encuentro, siendo así que mutuamente se buscan? Dios no encuentra al hombre porque este es libre y puede, como Adán, ocultarse a la presencia de Dios. Como cuando un chiquillo ha hecho algo prohibido se esconde para que su madre no le encuentre, así también, cuando el hombre comete un pecado, se aparta de Dios. Y entonces nos parece que «Dios está lejos de nosotros», cuando, en realidad, los que estamos alejados de Él somos nosotros. Actualmente el mayor drama es la indiferencia ante Dios y ante nuestros hermanos.

Dios respeta la libertad del hombre, Dios llama, Dios no obliga: «Tengo sed»; ese es el lenguaje de la libertad. Dios está más cerca de lo que pensamos como ocurrió con los discípulos de Emaús. De hecho, Jesucristo acompasa su vida a la nuestra para acompañarnos en las vicisitudes de esta vida. Por nuestra parte, lo único que tenemos que hacer es dejarnos encontrar por Él, o, mejor todavía, constatar su presencia en los signos cotidianos de su amor por nosotros.

En estos días santos ¡dadle a Dios una oportunidad! La prolongación de su encarnación en la vida de la Iglesia no es una exigencia, sino un ofrecimiento; no un contrato, sino un regalo. Nunca podremos merecerlo; pero podemos, sin embargo, recibirlo. Dios va a la busca de nuestra alma. Conocer y gustar la paz solo depende de nuestra voluntad.

Andrés Francisco Rodríguez Quesada

Párroco de El Alquian y Retamar

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El Carmen de Rute entrega al Obispo el dossier del Año Jubilar carmelitano

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La apertura del Año Santo tendrá lugar el próximo 14 de Octubre de 2023, convirtiéndose de esta manera el Santuario de la Patrona de Rute en el centro de numerosas peregrinaciones

La Santa Sede, recientemente, concedió mediante Decreto de la Penitenciaría Apostólica, un Año Jubilar Carmelitano 2023-2024 a la villa de Rute con motivo de la celebración del Centenario del Patronazgo de la Santísima Virgen del Carmen sobre el municipio de la Subbética cordobesa, el próximo 13 de febrero de 2024.

El anuncio tuvo lugar durante la celebración del último día del Triduo conmemorativo del XCIX Aniversario de la Proclamación de María Santísima del Carmen como Patrona de Rute, y fue realizado por el Consiliario de la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen y párroco de Santa Catalina Mártir de Alejandría, el sacerdote Francisco Antonio López, el pasado 13 de febrero de 2023.

La apertura del Año Santo tendrá lugar el próximo 14 de octubre de 2023, convirtiéndose de esta manera el Santuario de la Patrona de Rute en el centro de numerosas peregrinaciones de parroquias, grupos de jóvenes, movimientos y cofradías de la geografía cordobesa, andaluza y nacional, mientras que la clausura del Año Jubilar Carmelitano será el 12 de octubre de 2024.

Con este motivo, el día 3 de abril, una representación de la Junta de Gobierno de la Real Archicofradía y del Consejo del Centenario del Patronazgo de la Carmelita ruteña, fue recibida en el Palacio Episcopal por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, a quien se le hizo entrega de la copia definitiva del dossier de concesión del Año Jubilar Carmelitano 2023-2024.

La representación estuvo encabezada por el Consiliario de la Real Archicofradía, Antonio López, y por la Presidenta de la Real Archicofradía, Ana Burguillos, que estuvieron acompañados por la Secretaria, Carmen Porras; la Tesorera, Carmen Arcos; el Mayordomo, Antonio Rabasco; el Vocal de Archivo; Oscar Gómez Ruiz; y el responsable de medios de comunicación de la Archicofradía y cosecretario del Consejo del Centenario; Jesús Manuel Redondo.

Durante la entrega del dossier, obsequiaron al Pastor de la Diócesis con una réplica del original del breve Pontificio del Santo Padre Pío XI, por el cual se declaraba a la Santísima Virgen del Carmen como principal y particular Patrona Celestial de la villa de Rute, el 13 de Febrero de 1924.

El prelado animó tanto a la Real Archicofradía como al Consejo del Centenario a seguir trabajando en la organización de tan importante efeméride para la villa de Rute, y a poder alcanzar mediante el Jubileo Carmelitano 2023-2024 el don de la gracia del Padre a través de María Santísima del Carmen.

Con la entrega del dossier definitivo, la Real Archicofradía de la Patrona ruteña da un paso más hacia esa ansiada fecha del 13 de febrero de 2024, conmemorativo del Centenario del Patronazgo de Madre ruteña.

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La Catedral acogió, un año más, la Misa Crismal en la diócesis de Guadix

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La Catedral acogió, un año más, la Misa Crismal en la diócesis de Guadix

 

El Martes Santo se celebra, en la diócesis de Guadix, la Misa Crismal. Y así se hizo el martes 4 de abril, en la Catedral, con una celebración presidida por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, y concelebrada por todos los sacerdotes. Asistieron, además, miembros de la vida consagrada y laicos de Guadix y de otras parroquias de la diócesis.

La Misa Crismal es una celebración muy especial. Su día propio es el Jueves Santo, pero, para facilitar la asistencia de los sacerdotes y los fieles, se adelanta a otro día. En la diócesis de Guadix suele ser el Martes Santo. En esta Misa, el obispo consagra el Crisma y bendice el Óleo de Catecúmenos y el Óleo de Enfermos, que se llevarán a las parroquias y se utilizarán, a lo largo del año, en Sacramentos como el Bautismo, la Confirmación, la Unción de Enfermos y el Orden Sacerdotal.
Pero, también, la Misa Crismal es una celebración muy especial para los sacerdotes, pues renuevan sus promesas sacerdotales ante el obispo y la comunidad eclesial. Y así se vivió en la diócesis de Guadix.
Se trata, por tanto, de una jornada sacerdotal que comenzó con un tiempo de retiro de los sacerdotes, como preparación de la fiesta. Este año, el encargado de hablar a los sacerdotes ha sido el párroco de Benalúa y subdelegado de Medios de Comunicación, Antonio Travé, que habló del Crisma, de lo que implica estar ungidos y de todo lo que la Iglesia celebra en torno a la Misa Crismal. Este primer momento tuvo lugar en la iglesia del Sagrario. Después, todos se desplazaron a la catedral para celebrar la Misa Crismal.
En la homilía, el obispo habló se la unción, de lo que conlleva estar ungidos con el Crisma, desde los sacerdotes hasta los laicos. Y todo, porque “la Misa Crismal es la Misa de Cristo, el ungido por el Espíritu Santo, y es también la misa de la iglesia, pueblo santo de Dios, esposa de Cristo, que es ungida por el Espíritu Santo que brota del corazón de Cristo, su esposo. Esta verdad se hace presente en todas las celebraciones de la santa Misa, pero hoy de manera especial la Iglesia se viste de gala de fiesta, fiesta de la unción y fiesta de los sacerdotes, fiesta sacerdotal, para dar gracias a Dios por Jesucristo, en el Espíritu Santo, ya que Dios nos regala ser hijos en su Hijo y nos regala en abundancia este Espíritu Santo que brota de Cristo y nos unge a nosotros como pueblo santo de Dios”, dijo el obispo.
Recordó que, junto a los Óleos, en la Misa Crismal se consagra el Crisma, por el que somos ungidos. Así, recordó que los sacerdotes son ungidos para servir. Pero también los laicos: “damos gracias al Señor por los fieles laicos, por vuestra tarea y vocación, tan importante en la iglesia. Con los trabajos sinodales, y especialmente por medio de la visita pastoral, se puede apreciar una diócesis articulada en el servicio de muchos laicos en las parroquias, en los grupos, en los movimientos, en las hermandades y cofradías… en todas las realidades eclesiales estáis presentes y sois, querido laicos, el gran pueblo de Dios”.
También tuvo palabras para los consagrados, de los que dijo “sois un reclamo permanente a la santidad a la que todos estamos llamados. Habéis recibido esta gracia de manera prematura para vivir el radicalismo evangélico y de esta forma empujar a todo el pueblo cristiano. También a nosotros los sacerdotes nos tenéis que empujar con vuestra oración y con vuestro testimonio de vivir con radicalidad los consejos evangélicos, y a los laicos, y a los jóvenes, y a los niños, a los matrimonios, a los misioneros… a toda la iglesia”.

Uno de los momentos importantes de la Misa Crismal llegó después de la homilía, cuando los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales. Después, durante la celebración, el obispo consagró el Crisma y bendijo los Óleos, tanto el de Catecúmenos como el de Enfermos, que se utilizarán durante el año en la administración de los Sacramentos.
Terminó la mañana del Martes Santo con una comida en fraternidad de todos los sacerdotes, celebrando también así, con esta otra mesa, este día de fiesta sacerdotal anticipo del Jueves Santo.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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