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En torno al Altar, los granadinos piden la intercesión de la Virgen de las Angustias

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En torno al Altar, los granadinos piden la intercesión de la Virgen de las Angustias

Durante la Eucaristía celebrada esta mañana en la catedral, ante la Sagrada Imagen de la Patrona, presidida por nuestro arzobispo, y a escasas horas de la tradicional Ofrenda floral y solidaria de los granadinos, para llevar sus plegarias.

Hoy, 15 de septiembre, la Catedral de Granada es punto neurálgico de toda la Archidiócesis. Allí está desde la tarde del lunes la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias, donde ha presidido esta mañana la Eucaristía oficiada por nuestro arzobispo D. José María y concelebrada por distintos sacerdotes, entre ellos, el rector y párroco de la Basílica donde tiene su sede la Patrona, D. Blas Gordo, y el deán catedralicio, D. Eduardo García.

Desde su Basílica fue trasladada a la iglesia del Sagrario, con motivo del cierre por los desperfectos por los terremotos, y a su vez ayer lunes, hacia la Catedral, para festejar en torno al Altar esta advocación mariana, de gran arraigo en la vida de los granadinos.

ORACIÓN DE INTERCESIÓN Y ACCIÓN DE GRACIAS
La Santa Misa ha sido ofrecida para que Dios, por medio de Nuestra Señora de las Angustias, interceda por nosotros. Una oración y una acción de gracias que han marcado la celebración eucarística, que ha contado con cientos de fieles y devotos como anticipo de la tradicional Ofrenda floral de esta tarde.  

Cientos de granadinos han pasado por delante de la Sagrada Imagen, antes y después de la Santa en el templo catedralicio, como hicieran cuando estaba en su camarín basilical, con las mismas plegarias dirigidas a la Madre de todos los granadinos.

Mons. José María Gil Tamayo ha hablado de la profunda fe y devoción en torno a la Virgen de las Angustias del pueblo cristiano de Granada, a la que los granadinos llevan sus angustias y sus preocupaciones: “A Ella la llevamos en nuestras medallas. A Ella la ponemos en nuestras casas. A Ella la llevamos siempre con nosotros, porque realmente es algo nuestro. No nos entendemos sin Ella. Y queridos amigos, no es una devoción ñoña. Es una devoción de cristianos maduros, de cristianos confiados, de cristianos que saben unirse y superar las dificultades”.

“Sus lágrimas no son las lágrimas apagadas de un destino trágico, sino son las lágrimas encendidas de resurrección, de esperanza. Por eso, cuando la miramos, cuando acudimos a rezarle, cuando llevamos nuestras angustias, en plural, porque lo es de nuestras angustias; cuando llevamos nuestro dolor y nuestro sufrimiento, Ella nos entiende, Ella nos escucha en el silencio de una oración confiada, Ella se alegra ante el vítore, en la que expresamos nuestra alegría y la proclamamos Madre y la sentimos muy propia. A Ella la llevamos en nuestras medallas. A Ella la ponemos en nuestras casas. A Ella la llevamos siempre con nosotros, porque realmente es algo nuestro. No nos entendemos sin Ella”.

Nuestro arzobispo ha invitado a los fieles a llevar esa devoción en nuestros ambientes y pueblos, no sólo este mes de septiembre y durante la Ofrenda, sino todos los días de nuestra vida, para mostrar “no sólo las flores, sino el fruto; el fruto cuajado que viene después de la flor en nuestra vida”.

Entre los fieles, además de los miembros de la Hermandad Patronal y su Junta de gobierno, también han asistido los representantes de otras corporaciones cofrades como la de Nuestra Señora del Rosario, Santa María de la Alhambra Coronada y la Hermandad del Sagrario.

En la oración de los fieles, entre otras intenciones, se ha rezado por la paz, por todos los cristianos para que vivan su vocación cristiana, y por los enfermos, para que en María Madre de Dios encuentren consuelo.

La Santa Misa ha concluido con el canto del Himno a la Virgen de las Angustias, entonado por todos los fieles, así como las proclamas de “Viva la Virgen de las Angustias. Viva la Madre de Dios”.

A partir de mañana miércoles día 16, continuarán los cultos en honor a la Patrona en la iglesia del Sagrario, donde estará durante todo el mes de septiembre, a las 12 y a las 7:45 horas, para la ofrenda floral por parte de grupos, asociaciones y organizaciones, y posterior Eucaristía. 

ESCUCHAR HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DE LA FIESTA LITÚRGICA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS

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Monseñor Orozco presidió la celebración del santo Cristo de las Penas, en Lanteira

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La parroquia de Lanteira celebró, un año más, la fiesta de su patrón, el Santo Cristo de las Penas. Fue el 14 de septiembre, como manda la tradición y como se celebra, además, en el calendario litúrgico, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz. Presidió la celebración en este día grande el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco.

En Lanteira, las fiestas patronales tienen dos días en los que la devoción está tan presente que llena las jornadas. El primero de esos días siempre es el 13 de septiembre, en el que la ofrenda y una primera procesión permiten que los lanteiranos expresen su fe en el Santo Cristo de las Penas.

Pero el día grande es el 14 de septiembre. Ese día hay Misa solemne y dos procesiones, una por la mañana y otra por la noche, en las que el pueblo de Lanteira arropa al Santo Cristo.

Este año, ha presidido la Misa y ha predicado el obispo D. Francisco Jesús Orozco, que habló del Santo Cristo, del sentido de la Cruz y de la devoción que vive Lanteira. Concelebró el párroco, José Antonio Robles.

Monseñor Orozco, recordando el lema del reciente viaje apostólico del papa León XIV a España, invitó a «elevar la mirada” a Cristo crucificado, que sana, que da paz y que ayuda a soportar la carga de tantos dolores que azotan la vida del hombre en la tierra.

Como recuerda el sacerdote Alfonso José García, maestro de ceremonias que acompañó al obispo, D. Francisco Jesús llamó a descubrir en las heridas de Cristo el amor de Dios. La Cruz queda santificada con su sangre y pasa a ser árbol de vida —vino a decir el prelado— dejando de ser instrumento de muerte. Por eso, dijo, hemos de mirar el estandarte de la Cruz y, en él, descubrir a un Dios que lo da todo. E invitó a los lanteiranos a no olvidar las acciones del Señor, como dice el Salmo, a no olvidar todo lo que el Cristo de las Penas ha hecho durante tantos siglos por este su pueblo.

Terminó el obispo la homilía recordando al beato y mártir Manuel Medina Olmos, hijo de este pueblo, y cómo, en la contemplación del Cristo, fue capaz de afrontar el martirio. Y pidió su intercesión por este pueblo, al que animó a encomendarse siempre al beato mártir, su paisano y protector.

Tras la Misa, el obispo presidió la procesión por las calles del pueblo. A su paso por la casa donde nació el beato Manuel Medina Olmos, D. Francisco Jesús Orozco hizo, de nuevo, una oración por el pueblo de Lanteira, encomendándolo al beato.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Tomó posesión de Santiago, en Guadix, el nuevo párroco in solidum, José Antonio García Varón

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El sacerdote José Antonio García Varón ha tomado posesión en la parroquia de Santiago, de Guadix, como párroco in solidum de la misma. Desde ahora, José Antonio será párroco junto al que en la actualidad es su párroco, Emilio José Fernández Valenzuela, que está enfermo y se encuentra en el hospital recuperándose. Así, durante este año, llevarán la parroquia los dos sacerdotes, actuando in solidum, es decir, conjuntamente.

La toma de posesión tuvo lugar el domingo 13 de septiembre, por la tarde, en una celebración que estuvo presidida por el obispo D. Francisco Jesús Orozco, que fue quien le dio posesión al nuevo párroco. En esa celebración también administró el sacramento de la Confirmación a 32 confirmandos, entre jóvenes y mayores.

En la toma de posesión no faltaron los elementos establecidos en el ritual, en el que se indica que el nuevo párroco se haga presente ante la pila bautismal o el confesionario, recordando algunas de las actividades que va a desempeñar en la administración de los sacramentos, o reciba las llaves del sagrario o el Leccionario, haciendo alusión también al compromiso de celebrar la Eucaristía y convocar a la feligresía en torno a la Mesa del Señor y la escucha de la Palabra.

Fue una toma de posesión muy emotiva, pues siempre estuvo presente el recuerdo y la oración por el actual párroco, Emilio José Fernández, enfermo en el hospital, que sigue siendo párroco, aunque desde ahora contará con la ayuda de José Antonio García. Tanto el obispo como los fieles rezaron en las oraciones por la pronta recuperación de Emilio.

José Antonio García, desde ahora es párroco in solidum de Santiago, de Guadix, y también de la iglesia de la Virgen de las Angustias, que pertenece a esta parroquia y que acoge la imagen de la patrona de Guadix. Continúa, además, con los cargos que tenía hasta ahora como párroco del Corazón de Jesús y rector del Seminario, entre otros.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

El Santo Cristo de Graena, una celebración de fe, perdón y esperanza

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La comunidad cristiana de Graena celebró este domingo, 13 de septiembre, la fiesta del Santo Cristo, una de las devociones más queridas y arraigadas entre sus vecinos. La celebración, vinculada tradicionalmente al 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se adelantó este año al domingo para facilitar la participación de los fieles. Ante el antiguo y gran crucifijo que preside la iglesia de Santa María de la Anunciación, generaciones de vecinos han puesto sus alegrías, preocupaciones, sufrimientos y esperanzas, manteniendo viva una fe que forma parte de la historia de este pueblo.

La fiesta coincidió con el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, cuyo Evangelio presenta una de las enseñanzas más exigentes de Jesús: el perdón. «¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?», pregunta Pedro. Y Jesús responde: «Setenta veces siete». Durante la homilía se invitó a los fieles a reconocer primero cuánto perdón hemos recibido de Dios para poder ofrecerlo también a los demás. Perdonar no significa justificar el mal ni negar las heridas, sino impedir que aquello que nos ha hecho daño termine llenando nuestro corazón de resentimiento.

La presencia del Santo Cristo dio una fuerza especial a este mensaje. El Evangelio nos enseña a perdonar y la Cruz nos muestra cómo. Ante Cristo crucificado descubrimos un amor que llega hasta el extremo y que, incluso en medio del sufrimiento, es capaz de decir: «Padre, perdónalos». La Cruz recuerda así que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado y que ninguna herida tiene por qué tener la última palabra cuando se coloca en las manos del Señor.

La celebración estuvo acompañada por la cercanía y alegría de su párroco, Gerardo José Rodríguez Pérez, que saluda y acoge a los fieles con la sencillez y cordialidad propias de su Nicaragua natal, hoy puesta al servicio de la comunidad que lo recibe. La fiesta del Santo Cristo se convirtió así en un encuentro de fe y fraternidad, pero también en una invitación a seguir construyendo una comunidad donde haya espacio para la misericordia, el perdón y la esperanza. Que el Santo Cristo de Graena siga mirando a su pueblo y ayudándole a descubrir que, detrás de la Cruz, siempre hay un amor que no se cansa.

Don Gerardo José Rodríguez Pérez.

Administrador Parroquial de Cortes, Graena y Los Baños de Graena.

Confirmaciones en la parroquia de Santiago, de Guadix

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Un grupo de 32 personas recibió el sacramento de la Confirmación el pasado 13 de septiembre en la parroquia de Santiago, de Guadix. Entre los confirmandos había muchos jóvenes, pero también adolescentes y adultos. Fue una celebración muy emotiva, en la que estuvo muy presente la oración por el párroco, Emilio José Fernández, que se encuentra en el hospital, recuperándose de una enfermedad.

Francisco Jesús Orozco, que como obispo diocesano presidió la celebración y administró el sacramento, habló a los confirmandos del valor de este sacramento y la llamada que supone al compromiso y a vivir la fe en el día a día, con autenticidad y con coherencia.
En nombre de la parroquia, presentó a los confirmandos el sacerdote José Antonio García, párroco del Sagrado Corazón y rector del Seminario, que ha sustituido al párroco durante su enfermedad y que tomó posesión en esa celebración como párroco in solidum de la misma, junto al actual párroco Emilio José Fernández.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 13 de septiembre de 2026

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La convivencia entre los miembros de una comunidad cristiana no siempre resulta fácil y, en ocasiones, hay enfrentamientos y divisiones. Pero también se da en el ámbito familiar, laboral… El evangelista destapa esta realidad tan humana dándonos como solución la misericordia, llevada a la práctica en el día a día y sin cansarnos de ser también nosotros misericordiosos como Dios lo es con nosotros.

La fraternidad solo es posible con el perdón, que no ha de frenarse nunca. La experiencia personal de la misericordia de Dios en nuestras vidas, como hijos perdonados, nos ha de llevar a nosotros al perdón sin límites y sin condiciones, como verdaderos hermanos que se perdonan.

Nuestra salvación también dependerá de nuestra capacidad de perdonar, reflejo de un corazón que ama en todas las situaciones. Y la justicia divina consistirá en que recibiremos con la misma moneda con la que hemos dado o hemos dejado de dar.

DESARROLLO

Este relato es una continuidad del anterior del domingo pasado en la temática sobre la convivencia en las primeras comunidades cristianas y la manera en la que se debe actuar. Toda la composición parte de una realidad que el autor no quiere ocultar, y es que la convivencia en las comunidades cristianas primitivas no era perfecta, y, aunque había en sus miembros sentimientos de esperanza y de ilusión por vivir los valores del Reino de Dios, también había enfrentamientos, ofensas y rivalidades.

Pedro, una vez más, como portavoz del grupo, hace una pregunta a Jesús sobre la cantidad de veces que un hermano ha de perdonar a otro. La respuesta que le da Jesús, acompañada de una parábola, se convierte en una enseñanza para los cristianos de todos los tiempos.

Hemos de tener en cuenta que la mentalidad judía se ha ido construyendo con un conjunto de leyes religiosas que han aportado armonía en las relaciones comunitarias y a nivel social. Para lo cual, esas normas han puesto límites y líneas rojas a las actuaciones de las personas. Y el perdón, ¿también tiene límites?, ¿Cuándo se puede o cuándo no se puede perdonar? El número siete es un simbolismo bíblico de lo perfecto, lo correcto y lo bueno. Pero en el caso del perdón, para Jesús, se queda corto, porque Jesús nos deja claro que ser misericordiosos no es cuestión de hacer cuentas sino de una actitud que no tiene límites, por lo que hay que perdonar siempre.

¿Por qué queremos ponerle nosotros límites a la misericordia? Porque perdonar nos cuesta. Preferimos la venganza, llevados por la rabia y el dolor cuando nos sentimos ofendidos y heridos. Pero los cristianos, ¿por qué hemos de perdonar a nuestros semejantes? Porque antes cada uno de nosotros hemos sido perdonados de manera reiterada e ilimitada por el Dios de la misericordia. Es por tanto de justicia hacer con los demás lo que antes Dios ha hecho con nosotros.

Estas respuestas están recogidas y son la esencia de esta parábola con la que Cristo quiere enseñarnos que el primero que es misericordioso es Dios; y que nosotros también hemos de serlo, pero a su manera, no a la nuestra. No puedes pedir clemencia si tú no eres compasivo y misericordioso con quien te ha ofendido y te ha pedido perdón. Esta instrucción Jesús también nos la enseñará más tarde para que la hagamos oración de súplica: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores

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15 de septiembre. Huele la tarde a rastrojo quemado, a membrillo sazonado y a esa luz dorada y oblicua que solo el mes de septiembre sabe derramar sobre los campos de España. Es un tiempo de recogida, de graneros que se llenan y de golondrinas que ensayan su último vuelo hacia el sur. En este recodo del año, cuando la tierra ostenta una fértil madurez, la Iglesia nos detiene el paso para contemplar un misterio que no se explica con razones, sino que se abraza con fe: la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.

No es un sollozo estridente ni un aspaviento trágico. La aflicción de María, dibujada en el lienzo de los siglos, tiene la consistencia discreta de la encina castellana y la gracia cuitada de una copla que se pierde en un callejón andaluz. Hay en Ella una dignidad tan honda, tan colmada de Dios, que el alma, al percibirla, no puede sino arrodillarse, sentir que el pecho se le ensancha y experimentar un deseo ardiente de santidad, de limpieza interior, de ofrenda sin condiciones.

I La profecía en el templo: el destello del primer puñal

«Y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lucas 2, 35). Imaginemos la escena con la sencillez con la que Miguel Delibes retrataría la pureza de un niño del campo. María sube las gradas del Templo llevando en sus brazos un manojo de luz: al Niño Jesús, apenas un brote tierno de carne y majestad. Todo parece fiesta, rito gozoso de palomas y pañales níveos. Pero sale al paso el anciano Simeón, un hombre curtido por la espera, con los ojos gastados de otear el horizonte de la promesa divina. Sus palabras no son un bálsamo de triunfo fácil; son un tajo limpio de realidad.

En ese instante, la candidez de la Virgen experimenta el primer vislumbre de su destino. No hay refunfuño en sus labios. Manuel Machado, con su pluma de seda y sombra, habría cantado aquí la elegancia soberana de una aceptación que se torna música cadenciosa. María no esquiva a Simeón; recoge su profecía como el labrador acoge la escarcha del invierno, sabiendo que la semilla necesita del frío para germinar bajo la tierra.

Para nosotros, que a menudo huimos de la menor contrariedad como de un flagelo, la Virgen de los Dolores nos muestra el valor de la aceptación noble. ¿Cómo pretender la santidad si cerramos la puerta a la paciencia que gana el pan de hoy y deja a Dios el cuidado del mañana? Ser santos no es vivir una existencia de porcelana, inmunes al rasguño del mundo. Ser santos es, como Ella, permitir que la voluntad de Dios nos conquiste, adecentando las estancias del alma para que solo quede el oro bruñido de su amor.

III. El calvario: el vigor que sostiene al mundo

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…» (Juan 19, 25). El Gólgota no es un escenario de cartón piedra; es un páramo de polvo negro, sangre reseca y mofa de soldadesca. José María Pemán, con su vibrante tonalidad de pulcritud clásica, nos recordaría que allí, donde los hombres huyeron despavoridos por el miedo, la que permaneció firme fue una Mujer. Stabat. Estaba de pie. No desplomada, no vencida por el histerismo terrenal, sino erguida como una columna de ternura inquebrantable.

Contemplemos a la Virgen al pie del áspero madero. Su rostro, que tantas veces acarició las mejillas del sublime Infante en Nazaret, ahora se apesadumbra ante Cristo ultrajado, llagado en su cuerpo divino. Es la hora de la gran desolación. Una Madre Inmaculada que acompaña a un manso Cordero degollado. El sentir popular pone belleza a este cuadro con voz anónima:

Un dolor que no se queja,

un llanto que no se vierte;

es la vida que se entrega

en los brazos de la muerte.

Cosida a la Cruz del Salvador, María se convierte en el sagrario del desconsuelo del mundo. Hay un lirismo rasgado, pero sereno, en esa dulce figura recortada contra el cielo de plomo. En su pecho lacerado caben todas nuestras reiteradas dudas, nuestras noches oscuras, nuestras flaquezas acibaradas. Ella no nos mira con reproche, a pesar de que nuestros pecados son los clavos que sujetan a su Hijo al tronco abrupto. Nos mira con la delicadeza inefable de quien se sabe ya Madre de todos los hombres. Su devoción se nos mete en la sangre no como una gélida teoría, sino como una caricia húmeda que enjuga nuestras propias lágrimas y nos espolea a seguir avanzando, no obstante los baches del sendero.

III. El dolor fecundo: el surco de la santidad cotidiana

La veneración a la Virgen de los Dolores no es una invitación a la melancolía estéril. ¡Qué lejos está el verdadero dolor cristiano de la desesperanza! El sufrimiento de María rezuma sabor a resurrección. Cada uno de sus siete dolores es una brecha abierta por donde entra la luz del cielo. Ella labró su santidad en el yunque del padecimiento aceptado por amor. Hemos de descubrir la grandeza en lo pequeño. Hemos de aprender a buscar a la Virgen Dolorosa no solo en los grandes altares de plata y terciopelo, sino en el rincón más humilde del hogar, en las manos callosas de una esposa que vela el sueño de su marido enfermo, en el silencio del campesino que ve perderse la cosecha y aun así levanta los ojos al cielo diciendo: «Hágase tu voluntad».

La santidad no es cuestión solamente de milagros extraordinarios; se amasa día a día con el barro de nuestras debilidades puestas en las manos de Dios. Al contemplar a la Virgen de los Dolores, nuestro fervor debe traducirse en propósitos concretos. Ante todo, aceptar con paz las contrariedades diarias: el mal genio del prójimo, la salud que aminora, la incomprensión de quienes amamos. Podríamos, asimismo, decidirnos, sin formular pretextos, a acompañar asiduamente la soledad ajena, siendo bálsamo y pañuelo para los cristos rotos que encontramos en nuestro camino; o a no gruñir continuamente por el cansancio, transformando el sudor del trabajo en una oración fecunda. En este sentido, os invito a un recogimiento confiado, para suplicar a María Santísima:

Señora de la mirada callada y el corazón desgarrado,

Madre de los Dolores y Reina de la Esperanza.

Bajo la luz crepuscular de septiembre,

sentimos que el alma se nos escapa hacia Ti,

herida por la belleza de tu amor tan puro.

No queremos ser meros espectadores de tu llanto;

queremos imitar tus gestos de bondad.

Enséñanos a estar de pie junto a las cruces de nuestro tiempo.

Que tu dolor sea la fragua donde se temple nuestra fe vacilante,

y que al mirarte con los siete puñales clavados en tu pecho escarnecido,

brote en nosotros una sed irrevocable de ser santos,

de amar a tu Hijo con la locura con la que Tú lo amaste,

hasta el extremo.

Danos aliento para servir a los hermanos sin tibieza,

sin lamentos,

hasta que gocemos de tu compañía por toda la eternidad.

Amén.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Ciudad del Vaticano

Ceuta en el primer Círculo de Silencio de Jaén

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Este jueves, 17 de septiembre, tendrá lugar en Jaén el primer Círculo de Silencio del curso 2026-2027, una iniciativa ciudadana que se organiza cada tercer jueves de mes en defensa de la dignidad de las personas migrantes y refugiadas y en esta ocasión corre a cargo de la Delegación de Migraciones.

El encuentro será a las 20:00 horas, en la calle Roldán y Marín de la capital, y estará dedicado a la situación de crisis de la ciudad fronteriza de Ceuta, una problemática que no es la primera vez que se considera en los círculos a lo largo de todos estos años.

Bajo el lema “Ceuta es mucho más…”, el Círculo invitará a descubrir en la realidad que allí se vive, llena de tanta oscuridad, una luz que no se apaga: la solidaridad silenciosa y valiente de tantas personas, porque Ceuta es mucho más de lo que aparece en los titulares de televisión y redes sociales.

Desde la Delegación se anima a toda la ciudadanía a participar en este sencillo gesto, que busca dar visibilidad a las personas migrantes y refugiadas y recordar que, detrás de cada cifra, hay una historia de vida, con sus luchas, sus anhelos, tantas veces su muerte, pero también, en sentido cristiano, su resurrección, que nos abre a un horizonte de esperanza.

Delegación de Migraciones

La Pastoral Universitaria comienza un nuevo curso de la mano del Señor

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Mañana, miércoles 16 de septiembre, la Pastoral Universitaria de Jaén dará el pistoletazo de salida al nuevo curso académico con la celebración de la Misa de inicio de curso, que tendrá lugar a las 9:30 horas en la parroquia de San Juan Bosco de Jaén y que estará presidida por el Provicario General y Director del Instituto Teológico San Eufrasio, D. José Antonio Sánchez Ortiz.

Una oportunidad para poner el nuevo curso en manos de Dios.

Desde la Pastoral Universitaria se invita a todos los estudiantes, jóvenes universitarios, profesores y miembros de la comunidad universitaria que quieran acercarse, conocer esta realidad y, sobre todo, encontrarse con Cristo y hacerlo presente en medio de su vida universitaria.

La Universidad es también un espacio para crecer, hacerse preguntas, compartir, descubrir una vocación y construir relaciones que dejan huella. En este camino, la Pastoral Universitaria quiere ofrecer un espacio de encuentro, comunidad, fe y acompañamiento, abierto a todos.

Si eres universitario y quieres comenzar este curso de una manera diferente, poniendo a Cristo en el centro, la Pastoral Universitaria de Jaén te espera.

Miércoles, 16 de septiembre | 9:30 horas
Parroquia de San Juan Bosco | Jaén

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