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Jueves Santo 2023 | “La Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor”

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Jueves Santo 2023 | “La Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor”

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Comienza la celebración del Triduo Pascual con la Misa vespertina de la Cena del Señor. Nos reunimos hoy en la Catedral para recordar y actualizar aquel acontecimiento que tuvo lugar hace muchos años en el Cenáculo, en Jerusalén, y que la liturgia conmemora y actualiza. Queridos hermanos presentes en esta celebración: arzobispo emérito, obispo auxiliar electo, cabildo catedral, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; queridos todos.

La liturgia de hoy actualiza algunos aspectos fundamentales de nuestra fe como son la Eucaristía, el amor fraterno, la comunidad eclesial y el sacerdocio ministerial. Hemos sido convocados para escuchar nuevamente la palabra de Jesús, que nos da un nuevo mandamiento en el que recoge la esencia misma de su evangelio, el resumen de toda la ley, el mandamiento del amor, porque “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Y en nuestra celebración repetiremos el gesto del Señor al comienzo de la Última Cena, el lavatorio de los pies. El texto nos muestra que ante la reticencia de Pedro, Jesús responderá que les ha dado ejemplo para que en sus relaciones vivan las mismas actitudes de servicio y humildad, porque, en definitiva, “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45).

La Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor, la actualización y ofrenda sacramental de su único sacrificio, que se realiza en la liturgia de la Iglesia, que es su Cuerpo. Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía, hace presente el memorial de la Pascua de Cristo, actualiza el sacrificio que ofreció de una vez para siempre en la cruz, y que permanece siempre actual (cf. Hb 7, 25-27). La Eucaristía tiene siempre un sentido sacrificial, que se manifiesta en las mismas palabras de la institución: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros” y “este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc 22,19-20).

El Señor está presente de muchas maneras en su Iglesia: en su Palabra, en la comunidad cuando se reúne en su nombre, en los pobres, en los necesitados, en los enfermos, en los que están encarcelados, así como también en los sacramentos, sobre todo en la persona del ministro, y de un modo especial en las especies eucarísticas. En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se encuentran “contenidos de forma verdadera, real y sustancial el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y, por tanto, Cristo todo entero” (Concilio de Trento: DS 1651). Esta presencia se llama “real” no de manera exclusiva, sino por excelencia, porque es sustancial y por ella Cristo se hace totalmente presente.

La Eucaristía es también un sacrificio de alabanza y acción de gracias. Presentamos sobre el altar las ofrendas del pan y del vino, como acción de gracias por todos los bienes que recibimos de Dios, por los bienes de la creación y de la redención. La redención se ha realizado mediante el Sacrificio de Cristo. La Iglesia debe seguir haciendo presente sacramentalmente este Sacrificio. La celebración de hoy nos lo recuerda con singular elocuencia. La primera lectura, del libro del Éxodo, evoca el momento de la historia del pueblo de la Antigua Alianza en el que ha sido prefigurado el misterio de la Eucaristía con mayor claridad: la institución de la Pascua.

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). La Última Cena atestigua ese amor con el que Cristo nos ha amado. ¿Qué significa que les amó hasta el extremo? Significa amar hasta el punto de entregar la propia vida. La Eucaristía es fruto y consecuencia de la muerte en la Cruz, la actualiza y la renueva continuamente, la significa y la proclama. Así ha amado a Jesús en esta última cena. Ha amado a los suyos que estaban con Él ya todos aquellos que debían recibir el fruto de su sacrificio redentor.

Las palabras que pronuncia sobre el pan y sobre el cáliz lleno de vino, las mismas palabras que nosotros repetiremos hoy con un recuerdo emocionado, las palabras que repetimos siempre que celebramos la Eucaristía, son la revelación de ese amor que, una vez para siempre, le ha llevado a la entrega de su vida por la salvación de todos. Antes de entregarse a sí mismo sobre la cruz como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, se ha entregado a sí mismo como comida y bebida para que tengamos vida, y una vida abundante. De esta forma los amó hasta el extremo; de esta forma nos ama hasta el extremo.

Nosotros, los cristianos, somos los que hemos creído en el amor de Dios, y ésta es la opción fundamental de nuestra vida. El encuentro con Cristo y su impacto renovador en nuestra vida es la única explicación de nuestro ser y actuar. Jesús hace del amor a Dios y del amor al prójimo un único precepto. Pero la gran novedad está en que no se trata de una norma externa y extraña que se nos impone, porque el amor ya no es sólo un mandamiento, sino sobre todo la respuesta al don del amor, con el que Dios nos amó primero y ha salido a nuestro encuentro.

El acto de entrega de Jesús queda perpetuado mediante la institución de la Eucaristía. Él anticipa su muerte y resurrección y se entrega a sí mismo. La Eucaristía nos adentra en ese misterio de la entrega de Jesús. Este misterio, que nos sobrepasa, tiene una dimensión de entrega como alimento, como unión con Él, como posibilidad de encontrarse con Él y permanecer en Él. Por otra parte, en la comunión sacramental cada uno de nosotros permanece unido al Señor junto con todos los que comulgan, y consecuentemente, forma con ellos un solo cuerpo, porque todos nos alimentamos de un mismo pan. La unión con Jesucristo es a la vez unión con los hermanos. Sólo a partir de ese fundamento se puede entender el mandamiento del amor, que no es una norma moral externa, porque la fe, el culto y la moral se convierten en tres dimensiones de una única realidad que se configura y es consecuencia del encuentro con Dios. Amar a Dios y al prójimo serán dos dimensiones inseparables de una única actitud.

Quizás alguien dirá que para el ser humano es imposible cumplir este mandamiento, y no le faltarán argumentos y pruebas echando un vistazo tanto a la sociedad como a las propias experiencias de fracaso después de hacer propósitos firmes. Pero por encima de todo y para que nunca perdamos la esperanza, una realidad es cierta y previa: Él nos ha amado primero, es Dios quien ha tomado la iniciativa, es él quien sigue amándonos, quien nos ofrece incesantemente su amor. De ahí nace la certeza de que podemos corresponder al amor de Dios y proyectar ese amor hacia los demás. Es posible cumplir el mandamiento nuevo de amar como Jesús nos ha amado porque el mismo Dios nos da antes la fuerza, la gracia, la capacidad de amar. Antes que un mandamiento externo, es un don, una gracia, la consecuencia de una transformación del corazón que posibilita una nueva vida.

El encuentro con el Señor en la Eucaristía será alimento y renovación continua de ese amor y también el encuentro con el Señor presente en el hermano necesitado. La vivencia del mandamiento nuevo de Jesús deberá ser el distintivo visible de cada comunidad cristiana, de nuestra Iglesia local de Sevilla. Por esta señal se reconocerá que somos discípulos de Cristo.

Amar al hermano, servir al hermano, dar la vida por él. Jesús nos invita a vivir el mandamiento del amor y nos da ejemplo ofreciendo su vida por la salvación de todos. Encomendémonos a María Santísima, Madre y Maestra de la escuela del amor. Ella nos enseñará a vivir la Eucaristía, ella nos enseñará a amar hasta el extremo. Que así sea.

 

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

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Misa Crismal 2023 | “Ésta es nuestra vida, éste es el testimonio que estamos llamados a ofrecer”

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Misa Crismal 2023 | “Ésta es nuestra vida, éste es el testimonio que estamos llamados a ofrecer”

Un año más celebramos la Misa Crismal, en la que se reúnen los presbíteros con su obispo en torno al altar. En ella se bendicen los aceites y se consagra el crisma, que servirán para ungir a los catecúmenos, para confortar a los enfermos y para conferir la Confirmación y el Orden sagrado. En esta celebración también renovaremos las promesas sacerdotales, nuestra consagración y servicio a Cristo y a la Iglesia. Queridos hermanos presentes en esta celebración: arzobispo emérito, obispos auxiliares electos, vicario judicial, vicarios episcopales, secretario general, arciprestes, delegados, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada, miembros del laicado.

Diversas circunstancias eclesiales confluyen en la celebración de la Misa Crismal de este año. El pasado sábado se hacía público que el Santo Padre Francisco ha nombrado dos Obispos Auxiliares para la archidiócesis de Sevilla; por otra parte, nos ha convocado a la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Lisboa del 1 al 6 de agosto de este año; asimismo, nos ha convocado a la XVI Asamblea General de los Obispos el próximo mes de octubre «por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». San Juan Pablo II, en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, propuso la espiritualidad de comunión como alma de la comunidad eclesial y como principio educativo para llevar a cabo la misión pastoral de la Iglesia en el nuevo milenio. El Papa Francisco insiste en que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Por último, el 27 de noviembre pasado, Primer Domingo de Adviento, tuvo lugar la presentación del Plan Pastoral Diocesano 2022-2027.

El nuevo Plan Pastoral y la Carta Pastoral que lo acompañaba reflejan bien que nuestra vida y ministerio se desarrollan en un ambiente no exento de dificultades; vivimos inmersos en una cultura dominante relativista y subjetivista, recibimos el impacto constante de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías; somos testigos de la precariedad y la pobreza en la que viven muchas familias; constatamos un creciente empobrecimiento espiritual de nuestros coetáneos, y también la falta de firmeza y consistencia, la liquidez del sujeto posmoderno y de nuestra sociedad. A la vez, podemos comprobar aspectos positivos y esperanzadores como la búsqueda de sentido y de respuestas por parte de muchas personas, la presencia de numerosas iniciativas de solidaridad, una mayor conciencia ecológica, o el fenómeno del voluntariado, cada vez más presente en nuestro mundo.

Las dificultades del momento actual podrían llevarnos al desánimo o la desesperanza, pero, por el contrario, deben ser ocasión para fijar más que nunca la mirada en Jesucristo, porque en él encontramos el consuelo y la fortaleza. De hecho, en todo momento debemos centrar y recentrar nuestra vida en Jesucristo, ya sea a través de la contemplación y la oración, cuando se hacen presentes la cruz y el sufrimiento, o en el trabajo pastoral habitual. Nos ayuda recordar el episodio de la tormenta calmada en el Mar de Galilea (cf. Mt 8, 23-27). El texto es de sobras conocido: Hallándose en la barca, de repente se levanta una gran tormenta en el lago, hasta el punto de que las olas cubrían la embarcación. Los apóstoles, llenos de miedo y desconcertados, despiertan a Jesús, que dormía, y le dicen: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Entonces Jesús se levanta, increpa a los vientos y al mar, y sigue una gran calma.

En este episodio el mar simboliza la vida presente y la inestabilidad del mundo visible; la tormenta representa todo tipo de tribulaciones y dificultades que oprimen al ser humano. La barca se convierte en imagen de la Iglesia edificada sobre Cristo y guiada por los Apóstoles. En ese momento están abandonados a sí mismos, expuestos a las fuerzas exteriores adversas, a los elementos de la naturaleza y también a los elementos interiores de la fatiga, el miedo y la desconfianza. Tienen más conciencia de la presencia de las dificultades y los peligros que de la presencia de Jesús, que está con ellos en la barca, aunque esté dormido.

Jesús les devuelve la serenidad, y antes de calmar la tormenta les dirá: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Les enseña, y nos enseña a nosotros a soportar con valentía las adversidades de la vida, desde la actitud de confianza en Dios. Si vivimos de un modo egocéntrico y narcisista, sólo pensando en nosotros mismos, o nos acomodamos a un estilo disperso y superficial, podemos acabar en manos de los vientos y las olas que cubren la barca de la vida y de la Iglesia, y difícilmente los podremos superar. El Señor nos dice: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). Él está presente en nuestra vida, camina con nosotros, pero necesitamos ser conscientes de su presencia. La oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de los Sacramentos, particularmente la Eucaristía, nos ayudan a centrar la vida en Cristo, y a avanzar sin miedo, porque él es el Señor de los elementos, el Señor de la Historia.

También nos ayuda, en medio de las preocupaciones y ansiedades, tener muy presente el Salmo 15, que expresa bien la esencia de nuestra vida: «El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad». Cuando el pueblo de Israel llega a la tierra prometida y se procede al reparto de tierras entre las distintas tribus, cada una de ellas obtiene por sorteo su lote y así participa en el gran don que Dios había prometido. Sólo la tribu de Leví no recibe lote alguno, porque el Señor debe ser su porción y su heredad.

Los sacerdotes no vivían del trabajo de la tierra, sino de la participación en los bienes que se ofrecían a Dios, de los cuales recibían una parte como encargados del servicio divino. Su vida, por tanto, dependía del Señor y hacia él se orientaba. Dios era lo único que les garantizaba la existencia. Pero reparemos en que la afirmación tiene un sentido más profundo: Significa que Dios mismo es el verdadero fundamento de la vida del sacerdote, la raíz de su existencia. Ésta es la explicación de lo que significa nuestra misión sacerdotal, en comunión con Jesús mismo. También nosotros decimos que el Señor es nuestra porción, nuestra heredad, que el fundamento de nuestra existencia es Dios mismo.

Ésta es nuestra vida, éste es el testimonio que estamos llamados a ofrecer en una sociedad tan materialista, tan utilitarista. Nuestra misión principal consiste en llevar a Dios a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Para ello, debemos ser hombres de Dios, porque sólo podemos cumplir esta misión si vivimos arraigados, cimentados en Él. Éste es el servicio principal que la humanidad necesita hoy. Si nuestra vida sacerdotal pierde esta centralidad de Dios, si Él deja de ser nuestra heredad, nuestro auténtico tesoro, corre el peligro de vaciarse de contenido y de sentido, y no habrá cargos, ni nóminas, ni honores capaces de llenar ese vacío. Estamos llamados a ser hombres de Dios, amigos del Señor Jesús, que aman a la Iglesia, que se entregan hasta dar la vida por la salvación de los hombres.

Queridos hermanos presentes en esta celebración: damos gracias al Señor por participar del único sacerdocio de Cristo; oremos por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales. También hoy damos especialmente gracias a nuestros sacerdotes por su trabajo pastoral, por su entrega generosa, por la fidelidad incondicional y la alegría que llena su vida en medio de situaciones no siempre fáciles, que son verdaderos retos y oportunidades para vivir el ministerio. Que María, Virgen de los Reyes, Madre y Maestra de los sacerdotes nos acompañe siempre e interceda por nuestra santificación. Así sea.

 

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

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Domingo de Ramos 2023 | “Estamos aquí porque somos los discípulos del crucificado”

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Domingo de Ramos 2023 | “Estamos aquí porque somos los discípulos del crucificado”

(Saludos)

“Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor”. Así hemos cantado la antífona que acompaña la solemne procesión con ramos de olivo y de palma en este domingo, llamado precisamente de Ramos y de la Pasión del Señor. Hemos actualizado lo que sucedió aquel día: en medio de la multitud llena de alegría en torno a Jesús, que a lomos de un pollino entraba en Jerusalén, había muchos niños. Algunos fariseos querían que Jesús los hiciera callar, pero él respondió que gritarían las piedras si aquellos pequeños callaban.

Hoy somos niños, jóvenes y adultos de Sevilla y de otros lugares, los que nos encontramos en esta celebración. Sed todos bienvenidos. El centro de nuestra celebración es la Cruz. Si nos encontramos participando en esta celebración es porque no nos avergonzamos de la cruz, porque no tememos la cruz de Cristo. Es más, queremos amarla y venerarla, porque es el signo de Jesucristo Redentor, muerto y resucitado por nuestra salvación. Quien cree en Jesús crucificado y resucitado lleva su propia cruz con la seguridad de que Dios es amor. Con la entrega total de sí mismo en la cruz, nuestro Salvador venció definitivamente el pecado y la muerte.

Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el nombre que está sobre todo nombre. Estas palabras del apóstol san Pablo expresan nuestra fe, la fe de la Iglesia. Pero la fe de la Iglesia no es algo que pertenece al pasado. La lectura de la Pasión nos sitúa ante Cristo, vivo y presente en la Iglesia. El misterio pascual, que celebraremos durante los días de la Semana Santa, es siempre actual. Nosotros somos hoy los contemporáneos del Señor, y nuestro comportamiento se puede asemejar al de María, Juan y las mujeres, al de la gente de Jerusalén, o al de los discípulos. Hemos de revisar si de verdad estamos con él, o si tendemos a huir ante el sufrimiento, o si nos comportamos como simples espectadores de su muerte.

La narración de la Pasión pone de relieve la fidelidad de Cristo, en contraste con la infidelidad de los hombres. En la hora de la prueba, mientras todos, también los discípulos, abandonan a Jesús, él permanece fiel a la voluntad del Padre, dispuesto a derramar su sangre para cumplir la misión que le ha sido encomendada. Junto a él permanece María, dolorosa al pie de la cruz, en silencio. Hemos de aprender de Jesús y de su Madre, que es también nuestra madre. Una prueba de la verdadera fuerza del ser humano consiste en la fidelidad con la que es capaz de dar testimonio de la verdad, resistiendo tanto a los halagos como a las amenazas, a las incomprensiones y a los chantajes, e incluso a la persecución cruel. Este es el camino por el que nos llama el Señor.

La liturgia de hoy nos invita a subir hacia Jerusalén con Jesús, que es aclamado por los niños hebreos. Dentro de poco padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día. San Pablo nos ha recordado que Jesús “se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo” (Flp 2, 7) para obtenernos la gracia de la filiación divina. De aquí brota el verdadero manantial de la paz y de la alegría para cada uno de nosotros. Aquí está el secreto de la alegría pascual, que nace del dolor de la Pasión.

Queridos hermanos, espero y deseo que cada uno de nosotros participe de esta alegría. El Maestro a quien seguimos, Jesucristo, no es un poderoso de este mundo, ni un populista vendedor de ilusiones, ni un sutil manipulador. Ha entregado su vida en la cruz por nuestra salvación. Estamos aquí porque somos los discípulos del crucificado, que ha muerto por nosotros, y ha resucitado por nosotros. Sólo él puede llenar nuestra vida de sentido y plenitud, de paz y justicia, del amor que tanto anhela nuestro corazón.

Que a lo largo de estos días nos acompañe María Santísima, Madre de Dios y madre nuestra, mediadora de todas las gracias; que ella nos ayude a través de las celebraciones litúrgicas y de los cultos externos a penetrar en este misterio de amor y salvación.

 

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

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El Seminario Menor prepara el Día del Monaguillo

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Ya está más cerca, el día 29 de abril se celebrará esta jornada festiva de la mano de los seminaristas


El Seminario Menor “San Pelagio” ya se prepara para acoger una de las jornadas festivas más esperadas del curso pastoral, el Día del Monaguillo que este año se celebra bajo el lema “Sois luz”.
Esta actividad, fijada para el día 29 de abril, es distinta a otras que desde la casa de formación sacerdotal se organizan, puesto que está destinada a todos los chicos que ayudan día a día al altar en sus respectivas parroquias y quieren pasar un día inolvidable celebrando la fiesta que cada año supone el “Día del Monaguillo”.

La jornada comenzará con la acogida y la visita del Obispo, monseñor Demetrio Fernández; proseguirá con un teatro, juegos populares, concursos, catequesis y charlas con los seminaristas para conocer qué es el Seminario, quién vive allí o cómo es el día a día en este lugar.

Esta cita es preparada cada año con esmero y dedicación por los seminaristas menores, deseando que esta gran efeméride anual sea un acto de verdadero encuentro y acercamiento entre el Seminario Menor de la Diócesis y los que lo visitan.

La entrada El Seminario Menor prepara el Día del Monaguillo apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Carta de Monseñor José Rico Pavés exhortando a orar por el don de la lluvia

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A los sacerdotes, diáconos y responsables
de los templos parroquiales, conventuales y de Hermandades de la Diócesis de Asidonia-Jerez

Ante la grave situación de sequía que estamos padeciendo, exhorto a los sacerdotes, diáconos y responsables de los templos de nuestra Diócesis, y a todos los fieles, a que redoblemos nuestras oraciones pidiendo al Señor el don de la lluvia. El apóstol Santiago nos recuerda que todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces (Sant 1, 17) y Nuestro Señor Jesucristo nos llama a orar con confianza porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre (Mt 7, 8).

Exhorto, en consecuencia, a que se incorporen peticiones por el apreciado don de la lluvia en la Oración de los fieles de la Santa Misa, en el rezo del Oficio Divino y de las prácticas devocionales como el Santo Rosario, y, ahí donde sea posible, se hagan rogativas acompañando en procesión por los campos las imágenes del Señor, de María Santísima o de los Santos, según la costumbre y de acuerdo con la normativa diocesana.

Invito, en fin, a participar en la Santa Misa que se celebrará el próximo sábado, 15 de abril, a las 12:00h del mediodía, en la S.I. Catedral para pedir la lluvia.

Con la felicitación pascual, recibid mi expresión sincera de afecto en el Señor,

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Carta de Monseñor José Rico Pavés tras la celebración de la Semana Santa de 2023

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A la familia diocesana
y a cuantos han hecho posible y han participado
en la Semana Santa en la Diócesis de Asidonia-Jerez

Con la alegría de la celebración de la Pascua de Resurrección, permitidme dar gracias a Dios por vosotros.

La vivencia de la Semana Santa nos ha permitido comprobar una vez más el bien enorme que nuestras Hermandades y Cofradías realizan en favor de la evangelización. Cuando nuestra atención se centra en nuestros Titulares y ponemos al servicio de los demás los dones que hemos recibido del Señor, nuestra fe se fortalece y nos convertimos en portadores de esperanza para nuestro mundo. Ahí donde se han recuperado las salidas procesionales el Sábado Santo, hemos podido prolongar las expresiones públicas de piedad y devoción hasta llegar a la celebración gozosa de la Resurrección del Señor. La autenticidad de lo vivido estos días se reconocerá en la transformación verdadera del corazón: dejando atrás las divisiones y enfrentamientos, el encuentro vivo con Cristo Resucitado nos hace constructores de paz y comunión, servidores de la alegría de los demás mediante la práctica concreta de la misericordia.

La celebración de estos días no habría sido posible sin el trabajo concorde de los diferentes miembros de la familia diocesana (seglares, personas consagradas y sacerdotes) con nuestros gobernantes y responsables de las diferentes instituciones que conforman la sociedad. A todos: ¡gracias de corazón!

Con la felicitación pascual, recibid mi expresión sincera de afecto en el Señor,

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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Monseñor Saiz anima a pedir por la lluvia “con toda la fe de que seamos capaces”

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Monseñor Saiz anima a pedir por la lluvia “con toda la fe de que seamos capaces”

Según los últimos datos, los embalses andaluces están a menos del 30% de su capacidad. La sequía y las altas temperaturas con las que hemos recibido la primavera tendrán una incidencia inmediata, por ejemplo, en la cosecha de cereales o la producción de aceite de oliva. Y ya se habla de posibles cortes en el suministro de agua si no llueve de forma inminente. Estas noticias son indicativas de una realidad muy problemática que ha motivado llamadas de atención desde sectores de la Iglesia.

Es el caso, entre otros, del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, que ha publicado un tuit en su cuenta personal al término de la Pascua, en el que plantea la gravedad del problema que se derivaría de la sequía que sufrimos. Concretamente, da gracias a Dios por la Semana Santa -“un gran regalo de su amor”, afirma- y nos invita a aplicarnos “con toda la fe de que seamos capaces, a pedir la lluvia, tan necesaria para los campos, para las personas, para la vida”.

 

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El COF de San Sebastián organiza una conferencia sobre las adicciones en la Parroquia Santa Genoveva

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El COF de San Sebastián organiza una conferencia sobre las adicciones en la Parroquia Santa Genoveva

El aula de formación del Centro de Orientación Familiar de San Sebastián, organiza una conferencia titulada: “Adicción, la prevención primaria comienza en la familia”, a cargo de Damián Martín Rubio, médico internista y colaborador del COF, quien abordará este tema “desde una perspectiva esperanzadora, dirigida tanto a jóvenes como a padres. No hay que irse muy lejos para prevenir; en la propia familia encontramos la mejor herramienta”.

La cita es este martes 11 de abril, a las ocho y media de la tarde, en la Parroquia Santa Genoveva (C/ Ángel Ganivet, 11. Sevilla).

Más información a través del correo electrónico: sansebastian@cofsevilla.org

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Conoce la historia de José que haces posible con tu «X»

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Por personas como Ramón, que dejaron la droga y la delincuencia. Por personas como Halyna, que llegaron a nuestro país huyendo de la guerra y encontraron un hogar y trabajo. Por personas como Ángela, para que su discapacidad no les impida disfrutar de una vida plena e independiente. Por personas como Ruth, para que logren romper con una vida marcada por la violencia. Por personas como Manuel, para que puedan seguir comiendo tres veces al día. Por personas como tú.

X José: «Sin el comedor de la Iglesia yo no podría vivir»

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El Movimiento Cultural Cristiano organiza varios actos contra la esclavitud infantil

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El Movimiento Cultural Cristiano organiza varios actos contra la esclavitud infantil

El Movimiento Cultural Cristiano de Sevilla, a través del Aula Malagón- Rovirosa, organiza diversos actos con motivos del Día Internacional contra la Esclavitud Infantil.

En este sentido, el próximo viernes 14 de abril, a las siete y media de la tarde, la Casa de Cultura y Solidaridad de Sevilla (C/ Nicolás Pisano. Ciudad Jardín), acogerá el Centro Cultural con el tema: Tres días en la arena: la historia de mi proceso migratorio, a cargo de Ibrahim Bah, inmigrante de Guinea Conakry, escritor y bailarín.

Aquellas personas que deseen participar de la conferencia vía online, deben escribir al correo: sevillasolidaridad.net@gmail.com o contactar a través del móvil 630-227-557

Vía lucis contra la esclavitud

Siguiente con los actos contra la esclavitud infantil, el Movimiento Cultural Cristiano organiza un vía lucis en Puerta Jerez, el sábado 15 de abril, a las siete y media de la tarde.

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