“Iglesia Noticia”, el informativo diocesano que realiza el Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado para COPE Granada y COPE Motril, dedicó su espacio al tiempo de vacaciones. Para ello, recuperamos unas palabras del arzobispo D. José María Gil Tamayo y su invitación para vivir este tiempo estival sin dejar de lado a Dios y la vida espiritual. También conocemos la intención de oración de la Conferencia Episcopal Española y el Papa Francisco, que dedica a la vida eucarística.
Estudio COPE Granada.
“Iglesia Noticia” se emite los domingos, a las 9:45 horas, en COPE Granada y COEP Motril.
“En nuestros días emerge cada vez más la dimensión experiencial (mística si se quiere) de lo cristiano que hemos llamado cristianía. Ya no es lo jurídico lo importante (cristiandad), ni lo doctrinal lo decisivo (cristianismo), sino la relación vivida con el misterio de Cristo”[1]. Sin un conocimiento que parta de la experiencia, hablar sobre Dios es pura palabrería, puro vacío.
Pero ¿qué entendemos por experiencia? Cuando hablamos de experiencia nos referimos a esos fragmentos conscientemente vividos. No se trata de las noticias que nos han dado o los conceptos e ideas que se nos han transmitido, sino de ese conocimiento que se nos da por medio del contacto inmediato con la realidad. La experiencia puede revestir muchas formas, una de ellas es la experiencia de Dios.
Para poder comprender, o al menos intuir, esa realidad interiormente vivida a la que nos referimos cuando hablamos de experiencia de Dios vamos a pensar en algunas experiencias, más o menos comunes, que tienen una con naturalidad con la experiencia de Dios. Siguiendo la senda fenomenológica nos encontramos con experiencias que pueden denominarse como experiencias de la trascendencia. Nos referimos a esos episodios que sobrepasan la experiencia ordinaria. Suelen ser episodios breves en los que nos sentimos desbordados por la aparición de una realidad que amplifica nuestra ordinaria capacidad de percepción: experiencias en la naturaleza, experiencias propiciadas por una obra de arte (una pintura, un poema, una obra arquitectónica, una melodía determinada….), experiencias ante una profunda relación interpersonal o ante una situación límite. El mundo aparece transfigurado, no encontramos palabras adecuadas solo se puede hablar de intensidad, de densidad o de luz Qué decir también de esas experiencias que Jaspers denominaba “cifras de la trascendencia”[2]. Experiencias radicales que remueven lo más profundo del alma. La experiencia del fracaso en algo que considerábamos esencial para nuestra vida, un proyecto, una relación, etc. La experiencia del dolor que nos enfrenta a nuestra propia finitud. La experiencia de la soledad, el vacío, el estar de más. Sobre todo, la experiencia ante la muerte de un ser querido. Se trata de experiencias que conmueven, que hacen aflorar a la consciencia la insatisfacción y la contingencia de nuestra vida, experiencias que hacen que nuestro propio ser se convierta en un enigma.
Las experiencias de las que hemos hablado permiten establecer un puente con las experiencias propiamente religiosas. Éstas pueden ser el preámbulo de las experiencias religiosas pero no se pueden identificar sin más con ellas. Lo que diferencia propiamente unas de otras es el contenido. Los fenomenólogos de la religión se refieren a la experiencia religiosa en términos de encuentro. La experiencia la suscita algo “prius” y “supra”, algo anterior y superior, algo personal que nos toca, nos penetra, nos envuelve. Se trata de la experiencia de ese Misterio (de Dios) del que no podemos disponer ni dominar. El Misterio no es un objeto, es una presencia[3]. La trascendencia (lo divino) en la inmanencia (lo humano). No se trata de algo que experimentemos como procediendo de mis sentidos, de mi entendimiento o de mi voluntad. Es algo que estando en lo más profundo de nuestro ser y en el hondón de lo real nos sobrecoge. No hablamos del ser que está a este lado de la cortina sino de la fuente y el sentido del ser. Inmersos en la actividades de la vida (lo urgente) no lo captamos pues perdemos la capacidad de escuchar y experimentar la propia Vida (lo importante).
Esta experiencia religiosa no se da al margen de la fe sino que esta intrínsecamente unida a ella. La fe es esa capacidad de apertura a algo más que no nos viene dado por los sentidos o la inteligencia, no se trata de una mera creencia que se nos ha transmitido por medio de una tradición a la que pertenecemos. Al igual que el ojo de los sentidos nos permite abrirnos a las cosas que nos rodean y el ojo de la razón nos permite penetrar en ellas, el ojo de la fe nos abre a un más allá, a una trascendencia en la que todo se funda y se sostiene. Esa experiencia puede presentarse como un sentimiento intenso de presencia, tal como lo describe Eloy Sánchez Rosillo en su poema la luz: “Y de pronto se destapa una luz poderosísima en tu interior y dejas de ser el hombre que eres en ese momento”. Pero Dios también se hace palpable, audible y visible en la vida ordinaria cuando nuestra propia historia es vivida a la luz de la fe sencilla y profunda que nace del encuentro con Alguien que nos ama y al que amamos sin conocer ni comprender del todo. Ese Alguien que nos hace sentir aquello que cantara el poeta: “cuando todo era nada apareciste Tú y ya nada era nada” (Ángel Darío Carrero).
Juan Jesús Cañete Olmedo Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía
[1] R. Panikkar, Iconos del Misterio, la experiencia de Dios, Península, Barcelona, 1998, p 88.
[2] K. Jaspers, Cifras de la trascendencia, Alianza, Madrid 1993.
[3] J. Martín Velasco, Introducción a la fenomenología de la religión, Trotta, Madrid 2013
La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Málaga ha vuelto a celebrar este acto público de silencio, oración y reflexión sobre la situación que viven las personas forzadas a migrar. La cita en la capital fue a las 20.00 horas del miércoles 12 de julio, y de forma extraordinaria, se celebró en la Plaza de la Marina.
Siete son los años que lleva esta iniciativa celebrándose en la Diócesis de Málaga. De la capital se ha extendido a la provincia y hoy día son numerosos los puntos en los que católicos y no católicos se unen para protestar silenciosamente ante el sufrimiento de las personas forzadas a migrar.
En el círculo del silencio del mes de julio, se despidió un curso que termina, en palabras de los convocantes, con «uno de los peores meses, en cuanto a datos se refiere, de la última década. En junio, 720 personas han muerto y desaparecido en esta fosa común contemporánea. Mientras llorábamos estas muertes, hemos recordado el primer aniversario de la tragedia en la frontera hispano-marroquí en Melilla. Un escándalo dónde todavía no se han asumido responsabilidades políticas», afirmaron en la introducción del acto. «La ruta de Canarias también ha sido escenario de nuevas víctimas mortales un año y medio después del cambio de posición en el contencioso del Sáhara Occidental. Está desvelando oscurantismo en los últimos acuerdos entre España y Marruecos concernientes a la cesión en la responsabilidad del rescate en alta mar. Asistimos atónitos cuando los medios de comunicación dedicaron más tiempo y análisis al rescate del sumergible Titán que a la tragedia del carguero Adriana con 81 fallecidos y 500 desaparecidos. Doble rasero de nuestra sociedad occidental que da más importancia a los magnates que a los pobres de la tierra. Por último, queremos seguir recordándonos que el trabajo en red entre organizaciones sociales y eclesiales sigue siendo más necesario que nunca en estos tiempos donde algunos discursos políticos deshumanizan a migrantes y refugiados. El círculo de silencio quiere seguir siendo fiel a su vocación de punto de encuentro y de concienciación de esta realidad humana».
El acto de la capital concluyó con la lectura de este manifiesto:
«Llevamos más de 7 años concentrándonos en Málaga, todos los meses, para expresar nuestra solidaridad con migrantes y refugiados, para despertar conciencias en la sociedad y para denunciar las vulneraciones de derechos a causa de las políticas de muerte. En este Círculo del silencio, como parte de la sociedad civil, y de cara a las próximas elecciones, queremos expresar lo siguiente:
-No queremos que se instrumentalice a las personas migrantes y refugiadas en beneficio de intereses partidistas. Exigimos corregir el discurso político que nos ofrecen en materia de migración, en el que se criminaliza a los migrantes o se les presenta como enemigos de otros colectivos vulnerables, como los ancianos, pensionistas, trabajadores precarios o desempleados. ¿Quiénes cuidan de nuestros mayores? ¿Quiénes se quedan fuera de las ayudas y prestaciones por carecer de permiso de residencia? ¿Quiénes trabajan sin derechos laborales ni garantías sociales por carecer de permiso de trabajo? ¿Quiénes han cubierto esos puestos de trabajo esenciales que nadie quiere? Un discurso político que manipula y utiliza a las personas o que enfrenta a las personas entre ellas, no solo es ilegítimo, sino una irresponsabilidad, porque fomenta los miedos, los bulos y los discursos de odio.
– La gestión de los flujos migratorios no sólo es una cuestión de seguridad, sino de humanidad, de derechos y de libertad. En ningún caso el control de las fronteras puede estar por encima de la persona, ni de los derechos humanos. Un Estado, si pretende ser democrático y de Derecho, no puede ignorar que los derechos humanos son universales, de todos, sin distinción, por el mero hecho de ser personas, no son meras concesiones ni privilegios del mal llamado “primer mundo”.
– Toda persona tiene derecho a migrar y a no migrar. Centrémonos en las causas y las condiciones de los flujos migratorios y luchemos para que la decisión de migrar sea de verdad una opción libre y segura. A todos los partidos políticos les pedimos:
1. Políticas y leyes que garanticen vías legales y seguras para los flujos migratorios, para que las personas no se vean obligadas a arriesgar sus vidas ni a exponerse a las mafias.
2. Humanización de los protocolos de salvamento marítimo, priorizando la vida de las personas.
3. Un verdadero compromiso con la acogida, protección, promoción e integración de los migrantes y refugiados, garantizando los procedimientos de asilo y poniendo en el centro su valor como personas y no su utilidad como mano de obra.»
CÍRCULOS DEL SILENCIO
Los Círculos de Silencio están inspirados en la “no violencia” y comienzan en Francia por iniciativa de un sacerdote franciscano francés, Alain J. Richard, para promover la solidaridad con los inmigrantes y que apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas. «Si no cambiamos nuestras conciencias, no podremos cambiar el mundo. Ésa es la premisa sobre la que gira este encuentro en el que pueden participar creyentes y no creyentes. En él se invita a todos los asistentes a reflexionar u orar durante media hora, en silencio, sobre el drama que están viviendo los emigrantes y refugiados», afirma Ramón Muñoz, miembro del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones. El objetivo no es promover acciones concretas, sino, como explica Muñoz, que cada persona «a raíz de esta reflexión, se sienta interpelada y urgida a actuar en su propio ambiente acogiendo a estas personas, dándole voz, porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. No podemos caer nosotros mismos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo, como nos recordaba el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo de la Misericordia. Nuestra denuncia y nuestra presión pueden hacer cambiar la política de nuestros gobiernos». Y añade: «con este gesto queremos hacer realidad la recomendación que nos hacía el Papa a las diócesis, de que la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado no se redujera sólo a un hecho puntual. Por eso ponemos en marcha el “Círculo de Silencio” con vocación de perdurabilidad, hasta que los derechos de estos hermanos nuestros sean respetados».
La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Málaga vuelve a convocar un acto público de silencio, oración y reflexión sobre la situación que viven las personas forzadas a migrar. La cita en la capital es a las 20.00 horas este miércoles 12 de julio, y de forma extraordinaria, se celebra en la Plaza de la Marina.
Los Círculos de Silencio están inspirados en la “no violencia” y comienzan en Francia por iniciativa de un sacerdote franciscano francés, Alain J. Richard, para promover la solidaridad con los inmigrantes y que apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas. «Si no cambiamos nuestras conciencias, no podremos cambiar el mundo. Ésa es la premisa sobre la que gira este encuentro en el que pueden participar creyentes y no creyentes. En él se invita a todos los asistentes a reflexionar u orar durante media hora, en silencio, sobre el drama que están viviendo los emigrantes y refugiados», afirma Ramón Muñoz, miembro del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones. El objetivo no es promover acciones concretas, sino, como explica Muñoz, que cada persona «a raíz de esta reflexión, se sienta interpelada y urgida a actuar en su propio ambiente acogiendo a estas personas, dándole voz, porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. No podemos caer nosotros mismos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo, como nos recordaba el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo de la Misericordia. Nuestra denuncia y nuestra presión pueden hacer cambiar la política de nuestros gobiernos». Y añade: «con este gesto queremos hacer realidad la recomendación que nos hacía el Papa a las diócesis, de que la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado no se redujera sólo a un hecho puntual. Por eso ponemos en marcha el “Círculo de Silencio” con vocación de perdurabilidad, hasta que los derechos de estos hermanos nuestros sean respetados».
La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Málaga vuelve a convocar para un acto público de silencio, oración y reflexión sobre la situación que viven las personas forzadas a migrar. La cita en la capital es a las 20.00 horas del miércoles 12 de julio, y de forma extraordinaria, se celebra en la Plaza de la Marina.
Los Círculos de Silencio están inspirados en la “no violencia” y comienzan en Francia por iniciativa de un sacerdote franciscano francés, Alain J. Richard, para promover la solidaridad con los inmigrantes y que apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas. «Si no cambiamos nuestras conciencias, no podremos cambiar el mundo. Ésa es la premisa sobre la que gira este encuentro en el que pueden participar creyentes y no creyentes. En él se invita a todos los asistentes a reflexionar u orar durante media hora, en silencio, sobre el drama que están viviendo los emigrantes y refugiados», afirma Ramón Muñoz, miembro del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones. El objetivo no es promover acciones concretas, sino, como explica Muñoz, que cada persona «a raíz de esta reflexión, se sienta interpelada y urgida a actuar en su propio ambiente acogiendo a estas personas, dándole voz, porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. No podemos caer nosotros mismos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo, como nos recordaba el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo de la Misericordia. Nuestra denuncia y nuestra presión pueden hacer cambiar la política de nuestros gobiernos». Y añade: «con este gesto queremos hacer realidad la recomendación que nos hacía el Papa a las diócesis, de que la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado no se redujera sólo a un hecho puntual. Por eso ponemos en marcha el “Círculo de Silencio” con vocación de perdurabilidad, hasta que los derechos de estos hermanos nuestros sean respetados».
Los agustinos recoletos se despiden de Málaga, donde sirven desde el año 1996. El cierre de su comunidad, en Alhaurín el Grande, forma parte de una reestructuración acordada en el último capítulo provincial celebrado dentro de la Orden, y que afecta también a otras casas en países como Venezuela y Brasil.
El domingo 9 de julio, la comunidad parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de Alhaurín el Grande y la de María Auxiliadora de Villafranco del Guadalhorce han dicho adiós a los dos agustinos recoletos que formaban actualmente la comunidad existente en la diócesis de Málaga. La despedida ha tenido lugar en una Eucaristía celebrada a las 12.00 horas y presidida por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá.
«Fue un día muy bonito -cuenta el hasta ahora párroco y superior, Mario Fernando Mestanza-. La Eucaristía fue muy participativa y la iglesia de la Encarnación estaba prácticamente llena». En esta celebración de acción de gracias quisieron hacerse presentes los párrocos de Coín, Antonio J. Acurero y José Amalio González, y junto a los dos frailes que componen ahora la comunidad, Manuel Santana y el mismo Mestanza, estuvieron un fraile profeso, el vicario de la orden José María Sánchez y otros que han ejercido su ministerio en estos destinos: José María López, Javier Hernández e Hipólito Elices. Los acompañó el diácono permanente José Antonio Aguilar.
Tras la Eucaristía, los pastores compartieron el almuerzo, al que se unió el arcipreste, Antonio Domínguez. La salida definitiva de la comunidad se produce el sábado 15 de julio.
PRESENCIA EN LA DIÓCESIS
Los agustinos recoletos llevan en Alhaurín el Grande desde 1999, y antes de eso, sirvieron también en la parroquia de Estación de Cártama. El párroco actual confiesa que «con gente tan cariñosa, con quienes hemos creado una amistad sincera, cuesta despedirse. Por la pandemia establecimos dos misas diarias, que hemos mantenido hasta hoy. Nuestra mayor aportación ha podido ser nuestra vida en común. Estar siempre juntos los hermanos, compartir la oración, nuestra vida: ser una familia. Eso llamaba la atención a los fieles, que se extrañaban de que fuéramos no uno sino unos pocos. Nuestra identidad es vivir en comunidad y nuestra alegría es el Evangelio. Trasmitir eso ha sido nuestro sello distintivo. Tanto es así que, aunque nosotros nos vamos, se ha creado una fraternidad seglar de agustinos recoletos que permanecerá en el pueblo de Alhaurín y al que acudirá a acompañar desde Granada un sacerdote». Fernando, que lleva aquí cuatro años desempeñando además la misión de párroco y superior de la comunidad, va destinado a San Millán de la Cogolla (La Rioja), y Manuel aún espera destino. En España, actualmente, la cifra de frailes de esta orden ronda los 80.
En un mensaje a los fieles a los que han acompañado durante este tiempo, Fernando dice: «he intentado inculcar la palabra de Dios a la manera que nosotros sabemos, al modo de san Agustín, sabiendo que todos somos hermanos, que no tenemos enemigos y que debemos vivir en fraternidad y comunidad, que esa es la respuesta más grande que podemos dar al amor de Dios. Ha sido un gusto trabajar con todos ustedes, los llevo en mi corazón y “arrieros somos y en el camino nos encontraremos”. Que Dios los bendiga», concluye.
En los nombramientos publicados por el Obispo de Málaga en los días previos a la despedida de los agustinos recoletos, han sido asignados para sucederles Andrés Merino Mateo como párroco de Nuestra Señora de la Encarnación (Alhaurín el Grande) y José Amalio González Ruiz, como párroco y Arturo Masegosa Medina, como vicario parroquial de María Auxiliadora (Villafranco del Guadalhorce).
Los seminaristas Antonio del Río y José Francisco Fernández, el diácono Daniel Gutiérrez y el rector del Seminario Diocesano, Juan Manuel Ortiz Palomo, han viajado hasta El Aaiún para «vivir una experiencia de Iglesia misionera, en el desierto». Desde allí comparten con los lectores su experiencia en un post diario.
8 de julio. «Un grupo de seminaristas me pidió vivir este verano una experiencia misionera y el Señor nos puso delante esta oportunidad: unos días en el desierto, siguiendo los pasos de Carlos de Foucauld, en un pueblo que conoce lo que es vivir la fe como una minoría. Uno de los requisitos es que los acompañara un sacerdote y ahí me uní al equipo», explica el rector del Seminario Diocesano, Juan Manuel Ortiz Palomo.
El primer día de la experiencia estuvo marcado por el viaje: «Llegamos sobre las 9 de la noche. El vuelo fue muy bien, en dos tramos, el primero desde Málaga a Casablanca y el segundo de Casablanca a El Aaiún, en el que disfrutamos de unas vistas maravillosas, pudimos contemplar el mar y el desierto desde las alturas», explica Daniel Gutiérrez.
El objetivo de estos días, en palabras de los seminaristas, es «tener una experiencia de Iglesia distinta a la que estamos acostumbrados, experimentar la Iglesia en minoría y salir de nuestras comodidades y esquemas. Llevamos muchísima ilusión, pues es la primera vez que pisamos tierras africanas y pensamos que es una oportunidad única que nos ha regalado el Señor», añade Daniel Gutiérrez.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha impuesto la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco a la hermana Cristina Fernández Hoyos, natural de Melilla, por su labor en la atención sanitaria y formación a niñas y mujeres en Malí. La religiosa estudió medicina en la Universidad de Málaga.
Tras imponerle la medalla, Robles ha expresado su agradecimiento y cariño a una mujer que, al igual que las Fuerzas Armadas, es «un ejemplo de coraje, de generosidad y entrega. Personas como vosotras, tú y tus hermanas de congregación, tenéis la capacidad de transformar el mundo», ha subrayado la ministra, destacando que la misionera lo hace además «con una sonrisa, una risa, que es el mejor arma que hay».
Cristina Fernández pertenece a las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Inmaculada, que se instalaron en la capital de Malí, Bamako, en 1998 y fundaron el Centro Vicenta María para alojar y formar niñas y mujeres jóvenes de entre 12 y 25 años.
La hermana Cristina Fernández tras recibir la Cruz del Mérito Militar
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Además de esa labor, como ha señalado el general Santiago Ortiz-Repiso, comandante de la misión EUTM-Malí “ejerce la medicina en el centro de salud de Kulikoro”. “Es un ejemplo de trabajo por y para la mujer””.
El contingente español en Malí colabora con proyectos cívico-militares con el centro de formación y las misioneras desde el principio de su despliegue en el país africano. La ministra viajó el pasado mes de marzo a Bamako y pudo comprobar en persona el trabajo que realiza Cristina y sus hermanas con un centenar de niñas y mujeres entre los 14 y 25 años, muchas de ellas con hijos.
La hermana Cristina Fernández durante el acto de entrega de la Cruz del Mérito Militar
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La homenajeada, que ha estado acompañada por familiares y amigos, ha agradecido la distinción y todo el apoyo recibido por la ministra de Defensa y todo su equipo, así como el de las tropas españolas destacadas en el país, resaltando que “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras”.
El Centro Vicenta María ofrece formación a las jóvenes que huyen de matrimonios forzados, de la violencia, o para no ser una carga para sus familias, y la mayoría son analfabetas. Las hermanas las forman para insertarlas en la escuela o en la formación profesional, en actividades como confección, pastelería o estética, entre otras.
El proyecto, financiado principalmente por Manos Unidas, se alinea con las Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de educación, igualdad, y acceso a agua limpia y saneamiento.
El sábado 15 de julio, a las 18,30 horas, el Sr. Obispo presidirá la Misa de envío, en la Catedral, a todos los que participan en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) el próximo mes de agosto, en Lisboa, con la Delegación de Juventud y con otros movimientos e instituciones presentes en la diócesis.
Los últimos días de julio comienzan a partir hacia Lisboa los grupos de la diócesis que vivirán las actividades organizadas para los días previos a la JMJ. El delegado de Infancia y Juventud, Francisco Ruiz Guillot, explica la ilusión que mueve a todos los participantes que ultiman los preparativos.
Todos los jóvenes y adultos que van a participar en la JMJ están invitados a la Misa de envío el próximo sábado, en la Catedral. Así invita el delegado de Juventud.
Del 12 al 17 de junio de 1993, el papa san Juan Pablo II realizó su cuarto viaje apostólicos a España. Con motivo del 30 aniversario, los obispos andaluces han publicado la Carta Pastoral «María Estrella de la Evangelización. La fuerza evangelizadora de la piedad popular», en la que se centró el programa El Espejo Málaga. Aquí pueden escuchar el podcast completo.
Participaron en el programa el delegado de Hermandades y Cofradías, Salvador Guerrero; el presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, Pablo Atencia; el presidente de la Agrupación de Archidona, Antonio Núñez de Castro; el presidente de la Agrupación de Ronda, Francisco Jesús Ruiz Arrocha; el presidente de la Agrupación de Teba, Salvador Richarte Fernández; el presidente de la Agrupación de Alameda, Martín Quirós; y un joven cofrade, Juan Durán, que está cursando la Escuela Teológica San Manuel González.