Inicio Blog Página 274

León XIV en la vigilia del Sagrado Corazón: «Amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia»

0

Homilía del Papa en la Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria

Queridos hermanos y hermanas, después de una jornada rica de encuentros y de compartir, ahora celebrando con ustedes esta Eucaristía, quiero antes que nada dar gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo. Les invito también a rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar.

Todo lo llevamos al Altar junto con el pan y el vino, mientras nos introducimos, con la Celebración vespertina de la Vigilia, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada. Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador.

Nos dejamos ayudar, en nuestra meditación, por las Lecturas que hemos escuchado.

En la primera, Dios recuerda a los israelitas la gratuidad con la que los amó. Los eligió no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor (cf. Dt 7,7-9), y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos.

Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona. Porque amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia.

Así se nos muestra el amor en la humanidad del Salvador y en los movimientos de su Sacratísimo Corazón: inmutable y fiel aun frente a la incomprensión y al rechazo, al miedo, a la tristeza y a la resistencia humana (cf. Lc 22,39-46).

Y es en este rostro de Dios siempre “enamorado”, que anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida, aprendiendo un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión. A este respecto, el Papa Francisco, hablando de la caridad de Cristo, decía que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos» (Dilexit nos, 167) y agregaba: «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor» (ibíd.). “Devolver amor por amor”: este es el intercambio maravilloso, el «admirabile commercium» (cf. Primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, primera antífona), del que el Evangelio nos invita a dejarnos atraer, traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio (cf. Lc 6,32-36). Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado.

La gratuidad del Corazón de Cristo, sin embargo, no se detiene en esto. Va más allá, comprometiéndose en ayudar a cada uno no sólo a sobrevivir, sino también a recuperar la confianza y retomar el camino, para crecer y florecer plenamente en su unicidad, por el bien de todos. A este propósito, el Papa Benedicto XVI escribía que la caridad «de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal […] es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Caritas in veritate, 1).

En la segunda Lectura, san Juan nos ha recordado que «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Sus palabras evocan las de Jesús, que dijo que había venido para que tuviéramos vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10), y que ordenó al paralítico sanado: «Levántate, coge la camilla y echa a andar» (Mc 2,9). En estas expresiones reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha, para una vida libre y digna.

Efectivamente, nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad (cf. Fratelli tutti, 129). Sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor.

Pero quisiera detenerme, a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, en una última característica del Corazón de Cristo: la humildad (cf. Mt 11,29). El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor.

«No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás» (Dilexi te, 108). Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana.

San Agustín decía: «donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad» (Sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos, Prólogo). Es así. Donde hay auténtica humildad hay amor, y donde hay amor hay paz, porque sólo en la humildad conocemos realmente quiénes somos y, por tanto, podemos amarnos, encontrarnos, entregarnos y perdonarnos en la verdad.

Queridos hermanos, hermanas, hoy adoramos el Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que a menudo representamos coronado de espinas y encendido con una llama, según las visiones que tuvo santa Margarita María Alacoque. Recordemos que nosotros somos la presencia viva del Señor en el mundo (cf. Lumen gentium, 8). Por eso, mirémonos unos a otros, no sólo en esta jornada, sino siempre, con respeto y confianza, y renovemos, en esta conciencia, el compromiso de realizar en nosotros, en la caridad, lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por el bien de la Iglesia (cf. Col 1,24). Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor.

Antonio Moreno

«Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad»

0

Palabras del Papa León XIV en el Encuentro con los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los agentes pastorales en la Catedral de Santa Ana

Queridos hermanos obispos,
queridos sacerdotes y diáconos,
religiosos y religiosas,
seminaristas,
hermanos y hermanas todos en Cristo Jesús:

Es una gran alegría para mí poder compartir este encuentro con ustedes. Gracias por la cálida bienvenida, por su presencia afable y sus testimonios, que son el reflejo de una Iglesia viva, en cuyo corazón resuenan «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (Gaudium et spes, 1).

Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe: “con ustedes soy cristiano y para ustedes, Obispo” (cf. Primera Bendición “Urbi et Orbi, 8 mayo 2025). Cada uno de nosotros ha recibido diversos dones y ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo, como hemos escuchado en la lectura de la Carta a los Efesios. Y esta es la llamada del Señor que hoy vibra nuevamente en nuestros corazones y confirma nuestra vocación y misión: construir juntos la Iglesia cimentados en Cristo, la “piedra angular” (cf. 1 P 2,6-8), edificar en el bien, armonizar nuestras diferencias y trabajar unidos en favor de todos (cf. Magnifica humanitas, 11-14).

Quisiera que reflexionemos juntos sobre dos actitudes de nuestra vida cristiana que hemos de tener en cuenta para ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor (cf. ibíd., 236).

Ustedes, canarios nativos o por adopción, Pueblo de Dios que peregrina en tierras rodeadas por el Atlántico, tienen el privilegio de gozar cada día de la presencia majestuosa del mar. Dicen que en los ojos de un isleño esa imagen —que tiene sabor a patria y a hogar— permanece grabada en sus pupilas de manera perenne, y que se echa mucho de menos al estar lejos, “tierra adentro”. Este sentimiento corresponde a una sana nostalgia de inmensidad, de cielo y de mar abiertos que se extienden en el horizonte, sin límites ni fronteras; y a un corazón sensible dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir con los brazos abiertos a los que llegan. En este sentido, el mar a veces puede ser también sinónimo de distancia y de separación, de desafío y de camino por recorrer.

A este propósito, nos dice san Agustín: «Si alguien divisara desde lejos su patria, pero un mar se interpusiera entre los dos: ve a dónde ir, pero ignora el camino. Así nos ocurre a nosotros: anhelamos alcanzar nuestra condición estable, […] pero está por medio el mar de este mundo […] para enseñarnos el camino, vino el mismo a quien queríamos ir. ¿Y qué hizo? Nos puso el leño con el que poder atravesar el mar. Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo» (Comentario al Evangelio de San Juan, 2, 2). Esta es la primera actitud que nos orienta para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: abrazar la cruz de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, los santos experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor (cf. Mt 8,23-27). Ejemplo de ello en estas benditas tierras, entre tantos otros, es el venerable Antonio Vicente González, sacerdote diocesano, también conocido como “el buen pastor canario”. Su vida, transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la cruz de Cristo y a seguirlo (cf. Mt 16,24), siendo testigos fieles del Evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida (cf. Jn 12,32).

La primera “pauta de navegación”, por tanto, es abrazar la cruz de Cristo; y ustedes lo hacen cotidianamente, por ejemplo, como cireneos, acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida. Les agradezco esta generosa labor de caridad y misericordia.

Quisiera destacar además otra actitud: cultivar una espiritualidad eucarística. Esto tiene relación con la antigua tradición que se conserva en esta hermosa catedral: la lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento que se realiza el día de la Ascensión, como signo de los bienes espirituales y celestiales que derrama el Señor al subir al cielo. Ese gesto de devoción de tantas generaciones a lo largo del tiempo posee un significado profundo: en nuestro peregrinar, la meta es el encuentro con Cristo; que es el centro de la vida cristiana, hacia quien se inclinan nuestras rodillas en adoración, en torno a quien nos reunimos formando un solo cuerpo y junto a quien nos ofrecemos como «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1).

Nos lo dice el Concilio: los fieles, «participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella. Y así, […] muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios» (Lumen gentium, 11). Por tanto, cultivar una espiritualidad eucarística es ahondar en «una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor» (Magnifica humanitas, 234). Hagamos de nuestra vida una respuesta al deseo de Jesús: «Que todos sean uno […] para que el mundo crea» (Jn 17,21).

Una forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión es la solidaridad cristiana, porque la «unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega» (Deus caritas est, 14). Por eso, los animo a seguir ofreciendo a todos el amor que ustedes, a su vez, han recibido del Señor (cf. 1 Jn 4,19), amor que se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Querida Iglesia que peregrina en Canarias, siguiendo la estela de santidad de tantos hombres y mujeres que los han precedido, que han ofrecido sus vidas en comunión con el sacrificio de Cristo en la cruz y en el altar, les animo a seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia. Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que «son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios» (S. Juan Pablo II, Audiencia, 22 noviembre 2000).

Que la Bienaventurada Virgen María, Stella maris, nos oriente en nuestra travesía, nos ayude a “remar mar adentro” (cf. Lc 5,1-11) y así lleguemos al puerto seguro del encuentro definitivo con su Hijo Jesucristo. ¡Gracias!

León XIV

«Hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad»

0

Mensaje del Papa en el Encuentro con las realidades de acogida de migrantes en el puerto de Arguineguín

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar.

Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama «del Pescador». Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.

En el lenguaje bíblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. Allí aparecen el Leviatán, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf. Sal 74,13-14; 89,10-11; Is 27,1; 51,9; Jb 26,12). También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.

Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. Así lo experimentó el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf. Ex 14,21-31). Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: «¡Calla, enmudece!» (Mc 4,39; cf. Mt 14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A María, gracias por recordarnos lo que Cáritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

León XIV

La experiencia The Mystery Man alcanza los 100.000 visitantes en la Catedral de Cádiz

0

La ostensión The Mystery Man ha alcanzado un nuevo hito en la Catedral de Cádiz al superar los 100.000 visitantes en apenas cinco meses de apertura. Esta cifra confirma el extraordinario interés que ha despertado una propuesta cultural que combina arte, ciencia, historia y espiritualidad en uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos de la ciudad.

El recorrido tiene como pieza central la impactante figura hiperrealista de The Mystery Man, considerada una de las reconstrucciones anatómicas más precisas realizadas a partir de los estudios sobre la Sábana Santa. La exposición invita al visitante a adentrarse en un viaje que une investigación científica, patrimonio artístico y reflexión histórica mediante recursos audiovisuales, reproducciones de objetos relacionados con la Pasión y una cuidada puesta en escena.

Ubicada en la Cripta de la Catedral de Cádiz, la experiencia adquiere una dimensión aún más especial gracias al entorno monumental que la acoge. Entre los elementos expositivos destacan una reproducción de la cruz, la corona de espinas y una réplica de la Sábana Santa, culminando el recorrido con la contemplación de la escultura hiperrealista.

Además, la entrada permite disfrutar de una visita cultural más amplia que incluye el acceso a la Catedral de Cádiz, la Torre del Reloj, la Casa de Contaduría y la propia exposición The Mystery Man, convirtiéndose en una propuesta de gran valor para quenes desean conocer el patrimonio histórico y artístico de la ciudad.

Con más de 100.000 asistentes y varios meses por delante hasta su clausura, The Mystery Man se consolida como una de las iniciativas culturales más relevantes celebradas en Cádiz en los últimos años, reforzando el atractivo de la ciudad como destino para el turismo cultural y patrimonial.

La muestra, instalada en la Cripta de la Catedral de Cádiz desde el pasado 30 de enero, permanecerá abierta hasta el 31 de agosto tras ampliar su calendario debido a la excelente acogida.


Ver este artículo en la web de la diócesis

Primeras misas de los nuevos sacerdotes sevillanos

0

Primeras misas de los nuevos sacerdotes sevillanos

Los cinco nuevos sacerdotes, ordenados hoy sábado 13 de junio en la Catedral de Sevilla, celebrarán sus primeras misas a partir de mañana, en sus templos y parroquias de referencia. A continuación se detalla el calendario de las Eucaristías que presidirán los recién ordenados.

 

José Manuel Ruiz: Parroquia Ntra. Sra. de la Granada (la Puebla del Río), domingo 14 de junio, 20:00 h.

Alberto Torres: parroquia Sta. Mª la Mayor (Pilas), miércoles 17 de junio, 20:30 h.

Pablo Noguera: Parroquia del Sagrario, jueves 18 de junio, 20:30 h.

Cristian Rodríguez: Casa Madre de la Compañía de la Cruz, viernes 19 de junio, 19:30 h.

Pablo Bernal: Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción (Albaida del Aljarafe), domingo 21 de junio, 20:00 h.

The post Primeras misas de los nuevos sacerdotes sevillanos first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Cuatro seminaristas sevillanos cuentan su experiencia como acólitos en la misa del papa León XIV en su paso por la diócesis de Canarias

0

Cuatro seminaristas sevillanos cuentan su experiencia como acólitos en la misa del papa León XIV en su paso por la diócesis de Canarias

“La visita del Papa a España ha reafirmado nuestra llamada vocacional”. Esta es la conclusión en la que coinciden los cuatro seminaristas del curso Propedéutico del Seminario Metropolitano que estos días han seguido al Santo Padre en su viaje apostólico en nuestro país. Primero, participaron en los actos de Madrid junto al resto de la comunidad del Seminario y los cientos de jóvenes que peregrinaron con la Delegación Diocesana de Juventud. Y ahora han ido a Canarias, donde han sido acogidos por el Seminario local, “que nos ha recibido con los brazos abiertos”, agradece el formador del Seminario de Sevilla, Antonio Rodríguez Babío. Apunta que en la isla ha sido “más fácil estar cerca del Papa, porque no había tanta gente como en Madrid”. No en vano, los cuatro seminaristas pudieron acolitar en la misa presidida por su Santidad en el estadio Gran Canaria de la UD Las Palmas ayer, 11 de junio.

Para Álvaro Pérez esta experiencia fue “un regalo caído del cielo”, que vivió con gran ilusión y emoción, y le ha ayudado a “reafirmarme en mi fe y en el amor que le tengo a Dios”. También ha señalado cómo la visita del Obispo de Roma le ha confirmado que “no estamos solos en el camino y Dios verdaderamente actúa, no solo en las cosas grandes, sino también en los pequeños detalles”.

Por su parte, Jesús Cañavate describe esta peregrinación como “sublime” y “espiritualmente muy intensa”. Asegura que tener al Papa frente a frente es “indescriptible” por lo que supone para los católicos la figura del sucesor de Pedro y agradece la oportunidad de darle la mano y poder hablar con él. “Simplemente le di las gracias por visitar España y le aseguré que rezábamos por él y sus intenciones”. Para Jesús este viaje ha sido la mejor forma de culminar el curso propedéutico, “en comunión con el resto de compañeros y reafirmando nuestra llamada vocacional. Venimos llenos de Dios y con muchísima paz”.

En esta línea, José Narváez destaca los dos momentos en los que León XIV los saludó: primero en el encuentro que tuvo el Santo Padre en la Catedral de Palma con la vida consagrada, y más tarde en la sacristía, previo a la misa en la que fueron acólitos. En ambas ocasiones recuerda cómo se mostró “cercano” y le impactó especialmente su mirada: “Me miró fijamente y parecía que estaba leyendo mi alma, que me estaba queriendo”. También resalta la fraternidad y la catolicidad que ha podido sentir en primera persona durante esta peregrinación, gracias, especialmente, a la diócesis de Canarias y a la comunidad del Seminario canario.

Finalmente, Nicolás Álvarez explica que ha vivido este momento «como un regalo» y confiesa que «siempre lo recordaré». Además, asegura que antes de la celebración eucarística sintió «mucha paz y tranquilidad» y que pudo vivir el sacramento «muy recogido». De este recuerda especialmente «el momento más importante de la Eucaristía, el de la consagración, portando el cirial delante del altar ante Jesús sacramentado en las manos del santo Padre. Y también las palabras en la homilía invitándonos a devolver amor por amor, especialmente sirviendo con generosidad a los hermanos y hermanas que nos pone Dios en el camino”.

Realidad migrante

Además de seguir los pasos del Obispo de Roma, los seminaristas pudieron conocer algunas realidades eclesiales de la isla. Concretamente, visitaron el complejo de acogida de migrantes de la fundación Cruz Blanca, “un pequeño pueblo” -en palabras de Jesús-, en el que se acompaña a la persona migrante y se le ofrece una atención integral: psicológica, social, jurídica, educativa y, por supuesto, espiritual.

Precisamente sobre los mensajes de León XIV acerca de esta realidad, el formador del Seminario se queda en cómo un cristiano “debe afrontarlo, entendiendo que no es un problema, sino una circunstancia que debemos ver con los ojos del Evangelio”. Asimismo, ha alabado la capacidad del Papa de “llegar a todos, hablando de forma sencilla pero profunda”.

Frutos de la visita papal

Todos los seminaristas del propedéutico coinciden en que este viaje apostólico de su Santidad les ha reafirmado en su llamada vocacional y les ha dado esperanza. “Los mensajes que ha ido lanzando León XIV -explica José- y la visibilidad que le ha dado a las obras de caridad y de misericordia que desarrolla la Iglesia en España me han inspirado a querer formarme mejor para poder responder algún día, desde mi vocación sacerdotal, a esas necesidades. Las palabras del Santo Padre -continúa- me han dado valentía y celo para seguir adelante”.

Jesús añade que esta visita tendrá, además, consecuencias a todos los niveles, “tanto sociales como espirituales”, porque “sus mensajes son contundentes y no dejan indiferente a nadie” y confía en que el Espíritu Santo “está actuando y estamos viviendo un nuevo Pentecostés, en el que las personas están respondiendo”.

Nicolás concluye afirmando que que el Santo Padre «nos traerá mucha bendición, solo hay que ver con cuánta verdad y sabiduría defendió la dignidad de las persona en su discurso ante el Congreso de los Diputados».

Noticias relacionadas

Los seminaristas sevillanos acolitan en la misa del Papa en Las Palmas

 

The post Cuatro seminaristas sevillanos cuentan su experiencia como acólitos en la misa del papa León XIV en su paso por la diócesis de Canarias first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

«Donde está Pedro está la Iglesia» : el testimonio de D. Pablo tras vivir junto a los jóvenes la visita del Papa León XIV

0

«Donde está Pedro está la Iglesia» : el testimonio de D. Pablo tras vivir junto a los jóvenes la visita del Papa León XIV

PINCHA AQUÍ PARA VERLO

La visita del Papa León XIV a España ha dejado huellas imborrables en miles de fieles que han participado en los distintos encuentros celebrados durante estos días. Entre ellos se encuentra D. Pablo Mula, sacerdote de la Diócesis de Asidonia-Jerez ordenado el pasado 28 de junio de 2025, quien ha compartido su experiencia tras acompañar a los jóvenes de la Pastoral Juvenil Diocesana en los actos celebrados en Madrid.

A las puertas de cumplir su primer aniversario sacerdotal, el presbítero reconoce haber vivido estos días con una profunda emoción. «Estoy muy impresionado, muy contento y muy emocionado», afirma al recordar una experiencia que ha supuesto para él una confirmación de su amor a la Iglesia y de su vocación sacerdotal.

Entre los momentos más significativos destaca la Vigilia de Oración con los jóvenes presidida por el Santo Padre. D. Pablo recuerda especialmente el instante en el que las cámaras enfocaron al Papa León XIV acercándose al escenario. «Empecé a emocionarme. Eran lágrimas de orgullo, lágrimas de amor a la Iglesia, lágrimas de un deseo profundo de escuchar las palabras que el Papa quería dirigirnos y guardarlas en el corazón para que dieran mucho fruto», explica.

La adoración eucarística celebrada durante la vigilia también dejó una profunda huella en su corazón. De manera especial, recuerda el momento en que miles de jóvenes rezaron cantando juntos. «Fue un momento alucinante, una oración de alabanza muy hermosa», señala.

Otro de los aspectos que más le impresionó fue la experiencia de comunión vivida entre los participantes. Al finalizar la vigilia, jóvenes procedentes de distintos lugares compartieron abrazos, alegría y amistad. «No solo entre quienes nos conocíamos, sino también con jóvenes que participaban por primera vez en una actividad de la Pastoral Juvenil Diocesana. Nos íbamos acogiendo unos a otros y eso me ha gustado muchísimo», destaca.

Junto a la experiencia juvenil, el sacerdote subraya también la riqueza de la fraternidad sacerdotal vivida durante estos días. Además de compartir la peregrinación con sacerdotes de nuestra Diócesis, pudo encontrarse con presbíteros de otras Iglesias particulares, fortaleciendo así los lazos de comunión que unen a toda la Iglesia.

Entre las palabras del Papa León XIV que más le han marcado, D. Pablo destaca la llamada a los jóvenes a buscar referentes auténticos que impulsen el camino de la santidad, así como la importancia del silencio para escuchar la verdad que permanece por encima de las ideologías pasajeras.

«Que seamos semilla de humanidad nueva, que seamos rostro de misericordia, que seamos luz y sal», resume al recordar algunas de las expresiones del Santo Padre que más profundamente han resonado en su interior.

Al concluir su testimonio, el sacerdote manifiesta su gratitud por haber podido participar en este acontecimiento eclesial junto a los jóvenes de la Diócesis. Una experiencia exigente, pero que volvería a repetir sin dudarlo. «Donde está Pedro está la Iglesia y todos somos un solo cuerpo», afirma convencido.

Con el corazón lleno de alegría, D. Pablo regresa ahora a su ministerio sacerdotal dispuesto a seguir sirviendo a la Iglesia allí donde el Señor lo llame, llevando consigo el impulso espiritual recibido durante estos días de encuentro con el Sucesor de Pedro y con miles de jóvenes que han vivido la fe con entusiasmo y esperanza.

La entrada «Donde está Pedro está la Iglesia» : el testimonio de D. Pablo tras vivir junto a los jóvenes la visita del Papa León XIV se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.

Ver este artículo en la web de la diócesis

El Tríptico del Descendimiento de la Cruz ya se encuentra instalado en la Capilla Real

0

Obra del pintor Dieric Bouts.

El Tríptico del Descendimiento de la Cruz, obra de Dieric Bouts, ha sido desembalado e instalado esta mañana en la Capilla Real de Granada, después de llegar a la ciudad en la noche de ayer tras culminar su proceso de restauración en Bélgica.

Las labores de montaje han contado con la participación de los dos restauradores de la Capilla Real, que han trabajado conjuntamente con dos especialistas del equipo belga responsable de la intervención sobre la obra, garantizando así su correcta colocación y conservación.

Por el momento, el tríptico permanecerá cubierto hasta su presentación oficial ante los medios de comunicación, prevista para el próximo martes 16 de junio en la propia Capilla Real. A partir de la inauguración, podrá contemplarse dentro de una exposición organizada por la institución con la colaboración científica del museo M Leuven y del KIK-IRPA.

Celebrando este acontecimiento, Granada acogerá los días 16 y 17 de junio un simposio internacional dedicado a la figura y al legado artístico de Dieric Bouts.

El encuentro reunirá a expertos e investigadores procedentes de distintos países europeos para profundizar en la obra y la aportación del maestro flamenco.

Las personas interesadas en participar en estas jornadas podrán inscribirse a través de la página web diericboutsinspain.eventbrite.be. Las conferencias se desarrollarán en español, inglés y francés y contarán con servicio de interpretación simultánea.

Asimismo, quienes no puedan asistir presencialmente tendrán la posibilidad de seguir las distintas sesiones en directo a través del canal de YouTube del Arzobispado de Granada.

Ver este artículo en la web de la diócesis

ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 12-06-2026

0

ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 12-06-2026

Un resumen de la actualidad en la Archidiócesis de Sevilla.

Edición del viernes 12 de junio de 2026.

La Buena Noticia de la Iglesia en imágenes.

 

The post ARCHISEVILLA 7 días. Edición del 12-06-2026 first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.