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La Iglesia en Sevilla celebra la festividad de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias

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La Iglesia en Sevilla celebra la festividad de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias

El 24 de septiembre se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. Con este motivo, la delegación diocesana de Pastoral Penitenciaria ha programado actividades religiosas y culturales para los días previos a esta fecha.

El programa arranca a las cinco de la tarde del 19 de septiembre con el recital del cantautor Juan Manuel Yagüe en el centro penitenciario de Alcalá de Guadaira. La misa central de estas jornadas tendrá lugar el 22 de septiembre, a las once de la mañana en la iglesia colegial del Divino Salvador. La presidirá el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz, y está prevista la participación de capellanes y voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, así como representantes de las instituciones penitenciarias de Sevilla.

Esta misa se celebrará también ese día en el interior de los centros penitenciarios. Es el caso de la Eucaristía que comenzará a las cinco de la tarde en el CP Sevilla II, en Morón de la Frontera. Al día siguiente, la Eucaristía se celebrará en el CP Sevilla I, y en esta ocasión será presidida por el obispo auxiliar, monseñor Ramón Valdivia. Esta misa será amenizada en los cantos por el grupo parroquial de Cazalla de la Sierra.

Finalmente, el día 24 a las once de la mañana, la cita será en el centro penitenciario de Alcalá de Guadaira. La misa la presidirá Miguel Ángel Collado, voluntario de esta pastoral, con la participación musical de Juan Manuel Yagüe.

Noventa voluntarios

La población reclusa en Sevilla asciende a unas 2.700 personas. Para atenderles, la delegación diocesana de Pastoral Penitenciaria cuenta con nueve capellanes, entre ellos el delegado diocesano, el religioso trinitario Ángel García, además de tres sacerdotes voluntarios y un diácono permanente. Nada sería posible sin los noventa voluntarios de esta pastoral, que realizan diversas tareas tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios.

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Ordenaciones diaconales y presbiterales: “La felicidad que se siente al decir sí a Dios es incomparable”

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Ordenaciones diaconales y presbiterales: “La felicidad que se siente al decir sí a Dios es incomparable”

El comienzo del curso a la vuelta del verano trae consigo una cita muy esperada en la agenda diocesana. Nos referimos a las ordenaciones sacerdotales, que venían a coincidir con el ingreso de los nuevos seminaristas. Este año se ha hecho coincidir la ordenación de cuatro sacerdotes con la de otros cuatro diáconos, dos de ellos procedentes del Seminario Redemptoris Mater. Son savia nueva para el clero diocesano, ocho jóvenes que han recibido una formación adecuada durante seis y cinco años, respectivamente, y que suponen un motivo para la esperanza en medio de una sociedad necesitada de un testimonio creíble de fe, entrega y servicio.

La Catedral de Sevilla se llenará la mañana del 16 de septiembre para recibir, a partir de las once de la mañana, a los ocho jóvenes que serán ordenados presbíteros y diáconos. Los precedentes así lo aseguran. Se trata de una de las ceremonias más esperadas del año, con una rica liturgia cargada de simbolismo, como corresponde a la bienvenida que la Iglesia ofrece a los nuevos ordenados.

Los nuevos diáconos son Fernando Martín, Andrés Rodríguez, Camilo Castillo y Moisés Benavides. Los dos últimos han recibido su formación en el Seminario Redemptoris Mater. Por otro lado, Germán Carrasco, Manuel Franco, José Pablo Hoyo y Julio Sánchez, serán ordenados sacerdotes por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz.

Todos ellos tienen muy claro cuándo fue el sí definitivo a esa vocación que les rondaba con compañeros de viaje que nunca les soltaron de la mano. Alguno, como es el caso del futuro diácono Fernando Martín, concreta ese momento en una fecha exacta: “En el grupo joven de mi parroquia fui descubriendo la vocación sacerdotal, y en una misa de inicio de curso pastoral, el 4 de octubre del 2012, durante la consagración, sentí que todo encajaba y tenía sentido”, recuerda. Germán Carrasco será ordenado sacerdote y, como tantos otros, relaciona el crecimiento vocacional en el seno de su hermandad, la de la Esperanza Macarena. Ve un filón en las hermandades y le gustaría que “sigan incidiendo en el primer anuncio de Cristo y sean verdaderos hogares donde cada hermano persevere en el seguimiento al Señor”.

Pero la llamada llega cuando, cómo y dónde Dios quiere. Andrés Rodríguez, futuro diácono, reconoce que “Dios me llamaba, pero no me daba cuenta o no quería. Un día, mientras visitaba a un familiar hospitalizado, vi a un capellán repartiendo la comunión a enfermos, y me pregunté: «¿por qué no acercar a Dios a los demás, como sacerdote?» Y así comenzó esta aventura”. En el caso del próximo sacerdote Julio Sánchez, todo comenzó en un convento de clarisas, en Zafra (Badajoz). Participaba en una campaña de restauración de obras de arte, y tras el almuerzo solía subir al coro alto: “Uno de esos días sentí el abrazo de Dios. A partir de ahí, nada fue lo mismo”.

Vocaciones surgidas del Camino Neocatecumenal

El almeriense Moisés Benavides ha recibido, junto a Camilo Castillo, la formación previa a su ordenación diaconal en el Seminario Redemptoris Mater. Creció en la fe en el seno de una familia del Camino Neocatecumenal y sintió que Dios le llamaba a seguirlo “de una forma diferente” en la JMJ de Río de Janeiro. Ahora que encara los últimos días previos a la cita en la Catedral, afirma que “ser sacerdote es el mayor don que Dios nos puede regalar, es algo que nos supera por su grandiosidad”.

El itinerario de Camilo en su proceso de formación da para una guía de viajes. Estuvo un año entero en Jordania, un mes en Bahréin (Emiratos Árabes), cuatro meses en Panamá y algún tiempo en Israel sirviendo a la evangelización de las iglesias locales en comunión con el Patriarcado Latino de Jerusalén. En Sevilla ha participado en la dinámica pastoral de las parroquias de La Sagrada Familia y La Inmaculada Concepción.

Incertidumbre, ilusión, alegría…

La cercanía de la fecha de la ordenación acrecienta los nervios. José Pablo Hoyo, seminarista de último curso, siente “una mezcla de incertidumbre y respeto, ilusión y alegría, sobre todo por el gran bien que se puede hacer desde las diferentes tareas pastorales”. Por su parte, Manuel Franco, que será ordenado presbítero, se detiene en “una especie de vértigo por el don tan grande e inmerecido que el Señor va a poner en mis manos, para servir a su Iglesia”. Aunque tiene profunda confianza “en el amor y gracia de Dios”, está seguro de que “Él no me dejará sólo e irá por delante en esta hermosa aventura”.

Julio Sánchez admite que “vivimos unos tiempos en que los que Dios intenta ser desterrado de la vida pública; no vivimos en una cultura cristiana”. El reto, a su juicio, pasa por “presentar con entusiasmo el Evangelio, como mensaje de liberación y esperanza”. De hecho, está profundamente convencido de que el hombre está más sediento que nunca, “y esa sed -afirma- solo la sacia Jesucristo”.

La etapa del Seminario

Los años vividos en el Seminario han dejado una profunda huella en todos ellos. Andrés fue descubriendo lo que Dios quería para él a través del estudio, la formación espiritual, las pastorales, teniendo como centro de su vida la Eucaristía diaria. Fernando, por su parte, valora especialmente “la transparencia, cercanía y paternal preocupación de los sacerdotes encargados de la formación”. Julio, por su parte, subraya que la experiencia diaria en este centro diocesano sirve para, de momento, “que se vengan abajo muchos prejuicios”. “El Seminario está habitado por personas de carne y hueso, personas que tienen la valentía de seguir los pasos del Señor, esto ya es un milagro”, subraya.

Muy importante para los futuros sacerdotes ha sido la experiencia pastoral del último año. La de Andrés fue en la parroquia de El Pedroso, donde “pude conocer cómo es la vida de un sacerdote donde es enviado, y las realidades que puedo encontrar en una parroquia”. En el caso de José Pablo, su experiencia como diácono le ha enriquecido la administración de los sacramentos, colaborar desde la pastoral la salud, el servicio a los más necesitados a través de Cáritas parroquial y la atención a grupos apostólicos y hermandades. “Me llena de ilusión poder servir y realizarlas a través del ministerio sacerdotal”, afirma. La visita a los enfermos ha sido uno de los descubrimientos del ecijano Manuel Franco en su etapa diaconal. Reconoce que esta visita es “propicia ocasión para el anuncio del Evangelio en un momento de fragilidad para ellos”. Además, valora el servicio que se presta a los familiares del enfermo, “y hasta puede cambiarles la percepción negativa de la Iglesia que a veces tienen”.

“No estamos solos”

En el ejercicio del sacerdocio, Germán subraya otro aspecto quizás menos recordado: la fraternidad presbiteral. “No estamos solos -afirma-, entramos a formar parte de un ‘colegio’, el de los presbíteros, y todos, pese a nuestras diferencias, compartimos el ser uno en Cristo. Compartimos una misión, realizada en diferentes realidades de la Archidiócesis”, señala.

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es una ocasión muy propicia para el florecimiento de nuevas vocaciones. Andrés, señala aquí otro desafío no menor para los sacerdotes: “Ayudar a los jóvenes a descubrir a Dios en sus vidas”. Para Camilo, “ser sacerdote es estar disponible”. Una disponibilidad que va desde la actividad sacramental hasta la guía espiritual, cuidando de forma especial la celebración de la Eucaristía.

A nadie se le escapan las dificultades de una vida entregada de lleno a Dios y a los hombres. Pero el futuro no tiene por qué escrutarse en clave de riesgo. Manuel Franco anima a los jóvenes que sienten esta llamada “a ver como normal el miedo a perder familia, amistades, comodidades, etc”. Y les asegura que “la felicidad que se siente al decir sí a Dios es incomparable”. “Los llamados al sacerdocio vemos cómo el Señor recompensa con el ciento por uno, sin dejarse ganar en generosidad”, concluye, convencido de que la etapa que comienza el próximo 16 de septiembre supone la aceptación esperanzada del plan de Dios en él. Como afirma Camilo Castillo (asienten todos), “para Dios nada es imposible”.

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Cuidarnos nos hace humanos

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Toda persona tiene derecho a acabar sus días en la tierra sin dolor, a su tiempo natural, sin que se acorte o se prolongue la vida. Del mismo modo, merece llegar al final informada adecuadamente, eligiendo el lugar, si es posible; participando en todas las decisiones importantes que le afecten y con la ayuda espiritual que precise. Para ello, la atención integral que ofrecen los cuidados paliativos se hace necesaria y su accesibilidad, un derecho de todo ser humano.

“No hay enfermos incuidables”, afirma la campaña de la Conferencia Episcopal a favor de la dignidad de la vida. De ahí la importancia de promover los cuidados paliativos y las herramientas que permiten asistir en el morir cuando llega el momento, con dignidad y en paz.

La práctica médica demuestra que el Cuidado de las personas al final de la vida debe plantearse desde una visión global del ser humano. Para ello, debe atender tanto la dimensión física como la psíquica, social y espiritual. Tienen la misma importancia el dolor, la tristeza, los problemas económicos, la falta de cobertura familiar y la ausencia de apoyo religioso. Si alguna de estas dimensiones no se trata adecuadamente, el final de la vida del enfermo no será pleno. Todos estos aspectos tienen una “terapia”: analgésico, oxígeno, apoyo psicológico o acompañamiento.

Los equipos de Cuidados Paliativos cuentan, por eso, con médicos, enfermeros, auxiliares, psicólogos, trabajadores sociales y capellanes. Llegado el momento, la muerte no ha de ser causada pero tampoco absurdamente retrasada, dicen los obispos españoles, que se unen al Papa y califican la eutanasia, legalizada en España en 2021, como una “derrota para todos”.

Eutanasia es la acción intencionada que provoca la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de esta, y en un entorno médico. No son eutanasia, sino “ortotanasia”, el dejar morir a tiempo, con dignidad y en paz, sin el uso de medios desproporcionados o extraordinarios. En ocasiones, es preciso acudir a la sedación paliativa. No acorta la vida, sino que puede incluso lograr lo contrario. Los últimos estudios vienen a confirmar que se puede prolongar (horas o días), ya que el paciente está en una adecuada situación de confort. Es un derecho del enfermo y una buena práctica médica. Sus criterios de indicación son muy concretos. Cuando el médico seda al paciente que se encuentra sufriendo en fase terminal y lo hace con criterios clínicos y éticos, no está provocando su muerte, sino evitando que sufra mientras esta llega.

¿CÓMO PUEDO ELEGIR?

La Iglesia invita a consultar el Testamento Vital «para evitar el atropello a la dignidad y a la libertad de la persona incapacitada que trae consigo la ley de la eutanasia». Este permite «protegerse frente a la Ley de la Eutanasia y resulta esencial para dejar constancia, de forma anticipada, de la voluntad personal de aceptar o rechazar determinados tratamientos médicos. De esta manera, se libera a los familiares del peso de tomar decisiones por el enfermo en situaciones tan dificiles y especifica el derecho a una atención espiritual». Su contenido debe después trasladarse al Registro de Voluntad Vital Anticipada del Sistema Andaluz de Salud. Toda la información y el documento están disponibles en conferenciaepiscopal.es.

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La Iglesia de Málaga convoca Círculo del Silencio, vigilia y encuentro diocesano por los migrantes y refugiados

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El próximo 13 de septiembre tiene lugar en la plaza de la Constitución de Málaga, a las 20.00 horas, una nueva edición del Círculo del Silencio que organiza la Delegación Diocesana de Migraciones.

El lunes 11 de septiembre, celebran Círculo del Silencio en Alhaurín de la Torre a las 20.00 h. en la Plaza de San Sebastián.

El miércoles 13, se celebra en Arriate a las 20.00 horas y en Churriana, a las 20.45 horas en la Plaza del Mirador.

VIGILIA Y ENCUENTRO DIOCESANO

Desde esta entidad informan, asimismo, de las actividades organizadas con motivo de la próxima Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. Entre otras, una vigilia de oración el jueves 21 de septiembre, a las 20.00 horas, en la iglesia de las Esclavas en Calle Nueva y un Encuentro Diocesano, el sábado 23, de 9.30 a 14.00 horas en el Colegio de las Esclavas (C/ Liborio García). El formulario de inscripción para el encuentro estará dispobible en las redes sociales de la Delegación.

X: @MigrantesDM

Facebook: @MigracionesMalaga

Instagram: @Migracionesmalaga

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Exaltación de la Cruz y Nuestra Señora de los Dolores

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La festividad de Ntra. Sra. de los Dolores, el 15 de septiembre, en recuerdo de quien «de pie y junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora», fue instituida en 1814.

El 14 y 15 de septiembre, la Iglesia celebra dos fiestas íntimamente unidas: la Exaltación de la Santa Cruz y Nuestra Señora de los Dolores, respectivamente. La primera se remonta a los primeros siglos de nuestra era y trata de ensalzar la cruz como «trofeo pascual de la victoria de Cristo sobre la muerte».

La festividad de Ntra. Sra. de los Dolores, al día siguiente, en recuerdo de quien «de pie y junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora», fue instituida en 1814. No obstante, la conmemoración de los Dolores de la Virgen unidos a los de su Hijo se venía celebrando también, desde tiempo inmemorial, el viernes anterior al Domingo de Ramos, conocido, de hecho, como Viernes de Dolores.

Tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II se eliminaron las fiestas “duplicadas”, prevaleciendo la del 15 de septiembre; aunque, en los lugares en los que hay tradiciones arraigadas, se sigue celebrando su memoria el viernes previo a la Semana Santa.

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Compuesta en 1790 por José Sanz, sacerdote y hermano mayor de la Archicofradía de los Dolores de San Juan en ese momento

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¿Perdonar? Con un poco será suficiente, ¿verdad?

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Comentario al evangelio del domingo XXIV del Tiempo Ordinario, por Juan Manuel Ortiz Palomo, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis.

Continuamos leyendo este domingo las enseñanzas del evangelio de Mateo. Y de nuevo de la mano de una pregunta de Pedro, el más lanzado de los discípulos, nos va a ofrecer la lección del Maestro sobre algo tan importante como es la realidad del perdón.

En el fondo, no es inocente esa pregunta. Quiere una respuesta del Señor que le permita tranquilizar su conciencia: ¿Cuánto tengo que perdonar? Con un poco será suficiente, ¿verdad? Tampoco hay que pasarse… Pero como ocurre habitualmente con las respuestas de Jesús, ésta se abre a una nueva realidad. A la pregunta de si hay que perdonar mucho (“siete veces” le dice Pedro) lo eleva a la obligación de perdonar siempre (“hasta setenta veces siete”). No se trata de saber cuánto hay que perdonar sino saber que ser cristiano es estar abierto siempre al perdón, tal y como nos explica con la parábola que contiene el texto. La misma que repetimos cada vez que nos dirigimos a Dios al rezar el Padrenuestro. En sus peticiones, la única condición que aparece es la “obligación” de perdonar siempre al hermano si queremos que así sea el perdón de Dios con nosotros. Acogernos al amor y a la misericordia de Dios es tomar conciencia de que sólo de su mano podremos superar el escollo que nace de creernos mejores que el hermano que nos ha ofendido.

Sólo reconociendo que todos somos pecadores y necesitamos de ese perdón, podemos asemejarnos a Dios, buscando ser reflejo de su amor y su misericordia.

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El Padre Arnaiz sigue conquistando Málaga

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Un nuevo templo en la capital contará con una imagen bendecida del beato Tiburcio Arnaiz para acrecentar la devoción de los fieles al jesuita que pasó por la diócesis «haciendo el bien».

Con esta, son tres imágenes las del beato Tiburcio Arnaiz en Málaga: las de los templos del Sagrado Corazón y la Natividad, y la levantada por suscripción popular en la glorieta de entrada a Armengual de la Mota

El sábado 23 de septiembre, en la parroquia de la Natividad de la Barriada de la Paz de Málaga, será bendecida y colocada para su devoción una nueva imagen del Padre Arnaiz. Tendrá lugar en la Misa de las 20.00 horas. La imagen, de unos 80 cm. de alta, lo muestra de forma muy natural, vestido con sotana y bonete y con las manos juntas y mirada al frente, en una actitud muy característica del beato. Ha sido realizada por talleres del Olmo y es copia de la imagen que está sobre el sepulcro del Beato en la iglesia del Sagrado Corazón, en el centro de la capital malagueña, bendecida en 2021.

El párroco de la Natividad, Ángel Antonio Chacón, es el impulsor de esta iniciativa, ya que a esta parroquia corresponde el domicilio de las Misioneras de la Doctrinas Rurales en Málaga, herederas de la obra del Padre Arnaiz. «Le pareció apropiado que los feligreses le pudieran tomar un cariño especial, conocer mejor su figura y darle culto», explica Leticia Montero, la superiora de las Misioneras en Málaga.

Ese mismo sábado día 23, a las 12.00 h., en el templo parroquial, las misioneras ofrecen una charla para profundizar en la figura del Beato Tiburcio Arnaiz. 

ARNAIZ

Tiburcio Arnaiz nació en Valladolid el día 11 de agosto de 1856. Ejerció de sacerdote secular e ingresó, después, en la Compañía de Jesús. Fue destinado a Málaga en 1917, donde llevó a cabo una enorme misión en los barrios y zonas rurales más desprotegidas. Murió en olor de santidad el 18 de julio de 1926, causando una fuerte conmoción en el pueblo. 

En la actualidad, el beato cuenta, con esta, con tres imágenes en su memoria: la levantada en la glorieta de entrada a la calle Armengual de la Mota, realizado por suscripción popular y obra del escultor malagueño José Antonio Rodríguez Muñoz, y las dos situadas en la iglesia del Sagrado Corazón y la Natividad, de Málaga.

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José Ignacio Bermúdez: «La petición de eutanasia esconde un grito»

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José Ignacio Bermúdez es sanitario y delegado de Pastoral de la Salud en la Diócesis de Málaga. En esta entrevista analiza la Ley de Eutanasia, la realidad de las personas al final de la vida y cómo es posible asistir, acompañar y cuidar cuando llega el momento de partir.

«Llegamos al momento culmen de la vida que es nuestra muerte sin haber desarrollado estrategias de afrontamiento adecuadas y surgen los sentimientos de desesperación, miedo y vacío»

¿Cuál es su contacto con la realidad del final de la vida?
Este tema me es cercano desde diferentes ámbitos. En primer lugar, desde el ámbito profesional. Como sanitario se me ha enseñado e inculcado el cuidado de la vida, su protección en cualquier circunstancia, siendo consciente de que la dignidad de la persona es inalienable, es decir, no desaparece o se le quita, sino que se mantiene en todo momento, incluso en situación de terminalidad. En segundo lugar, desde el ámbito pastoral. Dentro de mi responsabilidad como delegado de Pastoral de la Salud he podido tener contacto cercano con voluntarios, capellanes y profesionales católicos que cuidan de personas en situación de vulnerabilidad y enfermedad extrema, terminalidad y últimos días. Su dedicación y ternura para con estas personas y sus familias alivian el sufrimiento y propician una auténtica muerte buena. Y en tercer y último lugar, desde el ámbito personal. Por último, como muchos, también yo he sufrido enfermedades de seres queridos propios y de personas muy cercanas que han conllevado momentos de sufrimiento y dolor. En ninguno de esos casos estas personas han solicitado la eutanasia y puedo decir que han muerto serenamente, sin sufrir en la etapa de agonía y habiendo recibido los mejores cuidados a nivel biológico, emocional y espiritual.

Si ya eran un tema difícil de mostrar, el dolor, el sufrimiento y la muerte lo son aún más en la era de las redes sociales, de la “vida escaparate”. ¿Qué hay detrás de nuestra dificultad para vivir esa parte de la vida?
Pienso que nuestra sociedad en general sufre de un cierto analfabetismo espiritual. Vivimos de espaldas a todo aquello que nos recuerda nuestra finitud, como si fuéramos a vivir eternamente. De forma general, no hablamos de la muerte, del sentido de la vida, de la trascendencia, de los valores… De esta manera llegamos al momento culmen de la vida que es nuestra muerte sin haber desarrollado estrategias de afrontamiento adecuadas y surgen los sentimientos de desesperación, miedo y vacío, que es lo que realmente se escucha detrás de una petición de eutanasia.

En nuestro país se ha aprobado recientemente la Ley de Eutanasia, que los obispos españoles han calificado de “derrota”. ¿Qué piensa usted?
Ciertamente cuando una sociedad que se dice avanzada legaliza quitar la vida a una persona con el objetivo presunto de aliviar su sufrimiento, podemos decir que esa sociedad ha fracasado. En vez de apostar por desarrollar aquellas medidas ya existentes que evitan de forma efectiva que una persona que va a morir lo haga sufriendo, se ha optado por eliminar la vida. Es éticamente cuestionable, como así se lo comunicó el Comité de Bioética de España al Gobierno y cuyo informe fue obviado. En él hablaba de la eutanasia como retroceso de la sociedad. Pero quiero ser propositivo y en vez de hablar de derrota me gustaría pensar en oportunidad. Una vez aprobada la ley, procuremos que quede vacía de sentido, que nadie tenga que pedir el recuso del suicidio asistido porque encuentre herramientas que le ayuden en este momento culminante. Y ahí la propuesta del Evangelio de Jesús tiene mucho que aportar de sentido y trascendencia a esta etapa final de la vida o de enfermedad incurable.

La Iglesia católica argumenta que existen enfermedades incurables, pero no enfermos “incuidables”. ¿Se pone el acento, entonces, en los cuidados paliativos?
Evidentemente los cuidados paliativos destacan por el sumo esmero y dedicación en el cuidado de las personas en situación de final de vida y sería razonable su pleno desarrollo en los diferentes centros asistenciales del sistema nacional de salud para ayudar a bien morir. Por otro lado, pienso que el cuidado no es únicamente, ni incluso principalmente, una tarea exclusiva del sistema sanitario, sino de la sociedad en su conjunto. El cuidado comienza desde la responsabilidad individual que cada uno tiene sobre su propia salud, en este caso vivir saludablemente el final de la vida, y continúa en la familia, núcleo del cuidado por excelencia, y en la sociedad como garante de que nadie se quede atrás o al margen de una cultura del cuidado. Por ello todos estamos llamados a cuidar a los otros y, en su momento, a ser cuidados, en cualquier circunstancia y momento de la vida, especialmente al final de la misma o de enfermedad incurable.

¿Qué pide una persona en esos últimos momentos? ¿Qué debe tenerse en cuenta, en su conocimiento de esta realidad, para que haya verdaderamente una “buena muerte”?
Pienso que lo fundamental es que la persona encuentre sentido a lo que está viviendo en ese momento y a todo el tiempo vivido.  Reconciliarse con su biografía, pacificar sus conflictos no resueltos, reconocer la plenitud de la experiencia vital que está cerca de terminar y no sufrir innecesariamente. Por eso es tan importante la labor de los capellanes en la atención espiritual y religiosa, tanto a creyentes como no creyentes, porque de alguna manera todos buscamos la trascendencia, los creyentes en un Dios Padre con el que confiamos encontrarnos, y los no creyentes en aquellos valores e ideales que han dotado de sentido su vida y les han hecho vivir plenamente, dejando una sensación de realización en estos últimos momentos. No encontrar estos consuelos espirituales añade sufrimiento al sufrimiento corporal, psicoemocional y social de esta etapa, lo que viene a llamarse dolor total. La persona pide no sufrir. Y poseemos los medios adecuados para conseguirlo sin necesidad de recurrir a la eutanasia.

Entonces, ¿qué alternativas a la eutanasia existen?
Acoger el grito que esconde la petición de eutanasia y responder desde una actitud de acompañamiento, escucha, compasión y mediante tratamientos y técnicas profesionales para paliar el dolor y el sufrimiento. Esto lo desarrollan desde los cuidados paliativos, pero también desde otros ámbitos no formales de cuidado, como la familia, asociaciones o los propios grupos de Pastoral de la Salud, con larga tradición de acompañamiento en estos procesos. Potenciar toda esta cultura del cuidado me parece una alternativa a la eutanasia.

¿Cómo puede una persona hacer valer sus deseos a la hora de enfrentarse al final de la vida?
La Conferencia Episcopal Española elaboró lo que conocemos como Testamento Vital, en el que la persona expone sus creencias y valores y declara expresamente que no quiere ser sometido a la eutanasia, así como a medidas que prolonguen de forma artificial su vida. Pero es importante recalcar que actualmente el único documento que el sistema sanitario considera válido y que será consultado llegado el momento por el equipo médico para conocer las últimas voluntades de la persona es el que elaboró el propio sistema sanitario y que debe ser registrado en el Registro de Voluntad Vital Anticipada. Lo que se recomienda desde esta delegación es cumplimentar dicho documento oficial con el texto antes referido del Testamento Vital, de forma que tenga validez y sea tenido en cuenta. En cualquier caso, si la persona se mantiene consciente y orientada, siempre podrá expresar su deseo de forma verbal al equipo médico. Recomendamos de todas formas cumplimentar el Registro de Voluntad Vital Anticipada para que, llegado el momento, nadie pueda decidir por nosotros y se respeten los deseos de la persona hasta el último momento.

¿Cómo trabaja la Delegación de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Málaga para sensibilizar sobre este tema?
Durante los pasados años y en los próximos encuentros de Pastoral de la Salud a nivel diocesano, se informa sobre el Testamento Vital, se aborda el tema de los cuidados paliativos con profesionales que trabajan en dichas unidades y personas que han rozado los límites de la vida, se sensibiliza sobre la importancia de potenciar la cultura de los cuidados frente a la cultura de la muerte. Aunque manifieste mi desacuerdo con estas prácticas, queremos evitar una confrontación que surja desde lo meramente emocional y que dé lugar a debates estériles e improductivos, nuestro espíritu es el de ser constructivos, aportar ideas, persuadir, ofrecer la respuesta de Jesús de Nazaret que aporta sentido a la vida de todo hombre y mujer y que nos acompaña en nuestro camino de la vida hasta el final. Como decía anteriormente, el objetivo es que nadie quiera pedir la eutanasia, dejar esta ley vacía, sin efecto, porque las personas encuentren respuestas a sus miedos, angustia y sufrimiento en el cuidado amoroso de los otros que le acompañan en el último paso.

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¿Quieres conocer las nuevas Prioridades Pastorales Diocesanas?

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Sacerdotes, miembros de los Consejos Pastorales Parroquiales y agentes de pastoral están convocados a la presentación de las nuevas Prioridades Pastorales Diocesanas, que se llevará a cabo en cada uno de los arciprestazgos, de la mano de los vicarios y el Sr. Obispo.

Aquí te ofrecemos el calendario de lugares y horarios de presentación en diversos puntos de la diócesis

La presentación en diversos puntos de la diócesis responde al deseo de «conseguir el mayor conocimiento posible de las Prioridades en todo el territorio de nuestra Diócesis», explica el vicario general Antonio Coronado. 

El calendario de lugares y horarios previstos es el siguiente:

– Málaga ciudad: en la Catedral, el 7 de octubre, a las 11.00 horas, por el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá.

– Antequera y Archidona-Campillos: en la parroquia de San Sebastián de Antequera, el 30 de septiembre, a las 11.00 horas, por el Vicario para la Evangelización, Javier Guerrero. 

– Axarquía Interior y Axarquía Costa: en la parroquia de San Andrés Apóstol, en Torre del Mar, el 7 de octubre a las 10.30 horas, por el Vicario para la Evangelización, Javier Guerrero.

– Fuengirola-Torremolinos y Marbella-Estepona: en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Arroyo de la Miel, el 30 de septiembre, a las 10.30 horas, por el Vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago.

– Ronda y Serranía: en la parroquia de San Rafael de Ronda, el 30 de septiembre, a las 11.00 horas, por el Vicario General, Antonio Coronado.

– Álora y Coín: en el Santuario de la Virgen de Flores de Álora, el 30 de septiembre, a las 10.30 horas, por el Vicario para la Acción Caritativa y Social, Juan Manuel Ortiz Palomo. 

– Melilla: en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Melilla, 7 de octubre, a las 10.30 horas, por el Vicario Territorial, Eduardo Resa. 

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Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 10 de septiembre de 2023

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Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 10 de septiembre de 2023

Las tensiones y enfrentamientos en la convivencia entre personas, está presente en todo grupo humano, y también en las comunidades cristianas.

Pero también está el hecho de que haya hermanos que, por sus diferencias, no actúen correctamente, vivan en el pecado, enfrentados o se alejen de la comunidad.
La corrección fraterna es la forma que propone Jesús como manera de reconciliación y de ayudar a recuperar a quien se ha distanciado o a quien no vive tal como debería de hacerlo.
Hemos de hacer una crítica constructiva y ayudar a los demás cuando consideramos que están equivocados o actúan injustamente.
Cristo preside a la comunidad cristiana y es en un ambiente de oración y de misericordia como se solucionan los problemas de convivencia.

DESARROLLO
El relato de hoy es una exhortación de Jesús en la que pone la mirada en la importancia de la vida comunitaria de los discípulos y, por tanto, en la propia comunidad a la que acompaña Mateo, en la que hay divisiones, enfrentamientos y luchas de poder entre sus miembros. Todos tenemos experiencia de que la convivencia no siempre es fácil entre las personas que forman parte de un grupo.
Este texto tiene como base la de que los bautizados formamos una nueva familia presidida por Cristo, que está vivo y presente en donde más de dos se reúnen en su nombre y lo invocan. De ahí la importancia de la oración para tener la ayuda de Dios que nos permita una convivencia armoniosa.
Pero hay también en las palabras de Jesús una respuesta a un problema muy presente en la Iglesia primitiva: ¿Qué hacemos con los pecadores?, ¿con aquellos que pertenecen a la comunidad y han flaqueado, se han separado…? No podemos olvidar que todos los cristianos somos hermanos, y por eso la relación entre nosotros no es comparable a otras formas de convivencia. Por eso Cristo nos invita a cuidar y perdonar. Nos invita a recuperar y a acoger, a dar una nueva oportunidad. Esta manera de proceder está en consonancia con las parábolas de la misericordia (el hijo pródigo, la oveja perdida…). Hay que evitar la expulsión, la confrontación y el odio y buscar una solución dialogada para restaurar las relaciones fraternas. Lo que hay que hacer es poner todos los medios y los esfuerzos para que el que se ha alejado vuelva y se incorpore nuevamente.
La corrección fraterna es la forma más cristiana de ayudar al hermano para que, recapacitando, pase del pecar o error a la conversión. La comunidad local tiene poder para interpretar a la luz de la Sagrada Escritura los comportamientos de los hermanos de la comunidad, y el deber de actuar con misericordia y en un ambiente de oración.
Frente a la crítica destructiva que hacemos con aquellos que consideramos descarriados, está la crítica fraterna que pretende ayudar al hermano o hermana a mirar su error para rectificarlo, y nos propone la reconciliación cuando hay un enfrentamiento.
Jesús es el que da sentido a la fraternidad cristiana, porque él es el que da sentido a la Iglesia, aunque a veces nuestras comunidades den mucho que desear. Por eso, al igual que Jesús ama a la Iglesia, nosotros tenemos que amar y perdonar a los hermanos de nuestra comunidad de creyentes.

Emilio J. Fernández, sacerdote

https://elpozodedios.blogspot.com/ 

 

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