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Los feligreses de Santa María de las Nieves, de Villanueva del Ariscal, han sido enviados a evangelizar

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Los feligreses de Santa María de las Nieves, de Villanueva del Ariscal, han sido enviados a evangelizar

La Parroquia Santa María de las Nieves, de Villanueva del Ariscal, acogió la misa de envío de los integrantes de Cáritas, catequistas, agentes de Pastoral de la Salud, miembros de hermandades y asociaciones, padres y niños de catequesis. “Una concurrida y alegre ceremonia donde la comunidad parroquial ha recibido el envío de la Iglesia para llevar el Evangelio a todos los rincones”.

La Eucaristía fue presidida por el párroco de Santa María de las Nieves, Daniel Martín y concelebrada por el párroco emérito, José Sierra.  Al término de la ceremonia se instó a todos los presentes a sumarse a las distintas pastorales y a colaborar con los servicios que presta la parroquia a la comunidad.

 

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DOS OBISPOS MÁRTIRES, MODELOS PARA UNA IGLESIA SINODAL

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La llamada a la santidad se hace presente ya desde las primeras páginas de la Biblia (Gen 17, 1). Se repite por parte de Jesucristo, el Hijo de Dios, cuando se dirige a sus discípulos para decirles: «Sed, pues, perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto» (Mt 5, 48). Aparece también como voz eclesial en el Concilio Vaticano II: «Todos los fieles… son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (LG 11). Y, en fin, resuena con fuerza también en el Papa Francisco al asegurar que Dios «nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada» (GE 1).

Esta invitación ha recibido una respuesta fiel y generosa por parte de innumerables discípulos de Jesucristo que han desarrollado heroicamente las virtudes cristianas, han ofrecido su vida a los demás e incluso la han entregado a Dios en sacrificio martirial. Forman un ejército incontable de testigos del amor de Dios que ilumina el firmamento y orienta nuestros pasos hacia la meta; siguen estrechamente unidos a nosotros, nos protegen, sostienen y conducen.

Beatificados en Roma por san Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993, celebramos este año el XXX aniversario de aquel momento eclesial en el que nuestros dos Obispos mártires Diego Ventaja Milán y Manuel Medina Olmos, junto con los siete Hermanos de las Escuelas Cristianas de Almería, lucen ya en lo más alto del cielo de la santidad. Desde allí nos iluminan a los que caminamos por este mundo descreído y desorientado, convirtiéndose para nosotros en faro seguro que nos conduce a nuestra vocación primera.

Desde aquel 10 de octubre de 1993 no han cesado los actos en memoria de esos nueve beatos mártires: la identificación, después de meses de investigación y gracias a las últimas y más avanzadas técnicas, de los cráneos del beato Manuel Medina y del beato Diego Ventaja, así como algunos restos más; la edición de la nueva novena para fomentar la devoción a estos dos beatos en las parroquias de ambas Diócesis; las celebraciones eucarísticas anuales y otros eventos más.

Pero con ocasión de este XXX aniversario querría no solo traer a nuestro presente que Diego Ventaja y Manuel Medina fueron llevados a la muerte por el mero hecho de ser lo que eran, sucesores de los Apóstoles que presidían en nombre de Cristo sus respectivas Iglesias de Almería y Guadix, sino poner de relieve que si el 30 de agosto de 1936, en la localidad El Chisme, alcanzaron juntos la palma del martirio entregando su vida por la fe en Cristo, un hecho de fe y fortaleza que les llevó a ofrecer su vida perdonando y bendiciendo después de haber sufrido injurias y maltratos en la cárcel y después en la nave Astoy Mendi, fue porque su vida ordinaria estuvo impregnada de fe, de mansedumbre, de alegría, de vida eclesial y de espíritu de servicio, y así, en el momento decisivo, se transformó también en un magno testimonio de fidelidad, de audacia y de sacrificio.

No faltan seguramente noticias sobre la biografía de cada uno de ellos. Pero bien está traer a la memoria que el beato Diego José Paulino nació en Ohanes (provincia y diócesis de Almería). Una vez ordenado sacerdote en el año 1902, en Roma, donde fue becario del Colegio san José, volvió a España, y durante varios años colaboró con celo y provechoso apostolado en las Escuelas del Ave María del Sacro Monte, destacando por su ejemplar comportamiento, fidelidad a las obligaciones del ministerio sacerdotal, modestia y espíritu de piedad. Fue además confesor de numerosas comunidades religiosas y profesor del Seminario central de Granada. El venerable Pío XII lo destinó a la guía de la Diócesis de Almería, y recibió la consagración episcopal en junio de 1935. Impactaron su austeridad y sencillez de vida, su celo apostólico, la prudencia exquisita, el espíritu de servicio: en el difícil año de su pontificado visitó toda la Diócesis y se ocupó de modo especial de todo lo que afectaba a la vida de los seminaristas y a la Acción Católica, así como de la enseñanza de la Doctrina cristiana en toda la Diócesis, recomendando y viviendo él mismo singular cuidado y atenciones para la juventud estudiosa y para el bienestar material y espiritual de los pobres. Hombre de profunda cultura, con una brillante y rápida carrera eclesiástica, Diego Ventaja conservó intacta su humildad, el gusto por la vida simple y austera, la facilidad del contacto humano, la bondad que atraía a todos cuantos trataban con él. Fe y esperanza lo sostuvieron en la aceptación, en plena obediencia, del gravoso encargo del episcopado en un momento tan difícil y delicado para España; el amor de Dios, el sentido de justicia y una fortaleza invencible, le impidieron abandonar sus obligaciones pastorales; siempre caritativo y disponible para con el prójimo necesitado en aquellos tiempos de extrema penuria también para los ministros de la Iglesia; por su prudencia fue un apreciado confesor. Una humildad grandísima y ecuanimidad en el ejercicio de su cargo pastoral, unida a una labor constante  y diaria que no se vieron perturbadas en los días de la persecución. En verdad, estas virtudes y cualidades humanas brillarán en manera inequivocable en el momento más difícil de la prueba suprema que fue el martirio.

Nos hará bien mirar ahora al beato Manuel, nacido en Lanteira (provincia de Granada y diócesis de Guadix). Tenía 22 años cuando fue ordenado sacerdote, comenzando bien pronto una actividad apostólica que lo vio entregado durante casi 23 años como rector del Sacro Monte, en las misiones y catequesis, al punto de ser considerado el mejor catequista español, así como en la colaboración más directa con el Rvdo. Andrés Manjón en la conducción de las Escuelas del Ave María. El 23 de mayo de 1926 fue consagrado obispo en la catedral de Granada, diócesis que gobernó hasta octubre de 1928 cuando fue nombrado Obispo de Guadix-Barza y Administrador apostólico de Almería, sustituido en este cargo por el beato Diego Ventaja en 1935. Hombre bondadoso y de gran valía intelectual, con fama de prestigioso profesor en los medios universitarios granadinos, ejemplar como sacerdote. Eran notorios su humildad y amor paternal y sacerdotal para con todos; sencillo y afable en extremo, piadoso y de una capacidad de trabajo extraordinaria: no desaprovechó oportunidad ni ocasión en que trabajar por la gloria de Dios, ocupado solo en sus ocupaciones sacerdotales. Desprendido a tal punto que vivía convencido de que jamás tendría objeto alguno de regalo y comodidad. Con sus seminaristas explicaba el catecismo a los menesterosos en las Cuevas de Guadix.

Los beatos Diego Ventaja y Manuel Medina, vinculados por una profunda amistad y estima recíproca por los largos años transcurridos juntos en el Sacro Monte, partieron juntos a la prisión y a la muerte violenta, en la noche entre el 29 y 30 de agosto, en la localidad El Chisme.

Un recuerdo agradecido va también a los siete Hermanos de las Escuelas Cristianas – martirizados Edmigio y Valerio en la noche del 30 de agosto de 1936 en proximidad del Pozo de La Lagarta, Teodomiro y Evencio el 8 de septiembre en Roquetas, y Aurelio y José entre el 12 y 13 en el Pozo de Cantavieja –. De ellos en la diócesis de Almería celebramos igualmente el XXX aniversario de su beatificación. Forman parte de esa lista interminable de los mártires de la educación católica que, en la pasada persecución religiosa, pagaron con su vida el terrible delito de haber formado cristianamente millares y millares de niños, adolescentes y jóvenes.

Ellos se presentan como imagen viva del buen Pastor que ama a las ovejas, y junto con los siete Hermanos de las Escuelas Cristianas integran esa larga lista de vidas entregadas a causa de la fe a lo largo de la historia de la Iglesia. Ellos comparten el auténtico patrimonio del mártir, el amor y el perdón. Ellos nos hablan de fe y caridad, de fortaleza y amor, de valentía y libertad. En ellos identificamos a los verdaderos evangelizadores porque con su vida y entrega martirial comunicaron y comunican la vida plena en Cristo. Ellos, nuestros beatos mártires, son ejemplo de Iglesia en salida, de caminar juntos, ejemplo de caminar junto a su pueblo y de estar en medio a él sosteniéndolo con la esperanza, ejemplo de actitud misericordiosa para con los enemigos.

María Victoria Hernández R.
Postuladora de la Causa de Canonización

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Convivencias del Camino Neocatecumenal en la Archidiócesis

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Convivencias del Camino Neocatecumenal en la Archidiócesis

Las comunidades neocatecumenales de la Archidiócesis de Sevilla celebrarán convivencias de evangelización en dos tandas, del 19 al 22 de octubre y del 26 al 29 del mismo mes, en el hotel Abades (Benacazón). Son convivencias de catequistas que dirigirá el equipo itinerante formada por Lucio García, María José Moreno, el padre Alfertson Cedano y Germán.

Las jornadas se desarrollarán en torno al sacramento de la penitencia, las encuestas por grupos, la celebración de la Eucaristía y, finalmente, la petición de carismas para la evangelización, dirigidas al seminario, la vida consagrada o la misión ad gentes tanto para laicos como familias.

 

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Acuerdo de colaboración entre la Diócesis de Huelva y el Ayuntamiento de Higuera de la Sierra

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Acuerdo de colaboración entre la Diócesis de Huelva y el Ayuntamiento de Higuera de la Sierra

La Diócesis de Huelva y el Ayuntamiento de Higuera de la Sierra firmaron este martes 10 de octubre un convenio de cesión de la Capilla del Cementerio del municipio serrano.

El acto contó, por parte del Ayuntamiento de Higuera de la Sierra, con la presencia del alcalde Mario Domínguez Sánchez y, por parte de la Diócesis, con el Vicario Episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales Jaime J. Cano Gamero.

En el mismo se acuerda la entrega del Ayuntamiento a la Diócesis onubense de la capilla, que es propiedad municipal, por un plazo de 15 años prorrogables las veces que se considere oportuno mediando el mutuo acuerdo entre ambas instituciones.

Del mismo modo, por parte de la Diócesis, la Parroquia de San Sebastián asume el cuidado pastoral de la capilla y se compromete a la entrega de bienes parroquiales para su ornamentación, así como al cuidado y mantenimiento cotidiano de dicho inmueble, y para que se puedan retomar los actos de culto y actividades piadosas que pastoralmente se consideren por parte de la autoridad eclesiástica.

Tras la firma de dicho convenio, el obispo de Huelva recibió al alcalde higuereño con el que departió sobre los posibles proyectos y colaboraciones que puedan llevarse a cabo entre ambas instituciones.

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Cursillos celebra el inicio de curso de los Poscursillos

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La casa de San Pablo acogió este encuentro en el que pudieron compartir una jornada de convivencia

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba celebró el 9 de octubre, en la casa de san Pablo, una Eucaristía de inicio de curso de los Poscursillos, una cita que comenzó en la capilla y a la que asistieron gran número de cursillistas que llevaron al completo la capilla de San Pablo.

El consiliario de Cursillos, Manuel Sánchez, presidió la santa misa y recordó a los presentes el compromiso que tienen de vivir como “apóstoles del Señor, que quieren anunciar lo que viven y vivir lo que anuncian, porque así nos pide que vivamos Jesús, en actitud de donación, humildad y servicio; para ello es necesario crecer por igual, en la Oración, la Formación y la Acción, pidiendo al Señor que por su misericordia, nos capacite para amar según la medida que se nos exige, siguiendo como modelo a María, que nos enseña a acoger Su Palabra que nos salva”.

Después de recibir el alimento espiritual en la Eucaristía, los asistentes compartieron una jornada de convivencia.









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La infancia de Jesús en el Centro Arrupe

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Un año más, la Cofradía de la Clemencia ha iniciado las conferencias de formación en el Centro de Pastoral Pedro Arrupe de la capital con una reflexión sobre la Anunciación a la luz del libro “Jesús de Nazaret” de Benedicto XVI.

La primera conferencia, que estuvo presidida por un icono recién traído de Belén y tuvo lugar el 9 de octubre, fue impartida por el sacerdote Francisco Aurioles.  

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Presentación del libro «La Palabra en Herrera Oria»

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El 19 de octubre, a las 12.00 horas, tendrá lugar en el Centro Diocesano Císter la presentación del libro «La Palabra en Herrera Oria» del malagueño Rafael Pineda Soria, que fue colaborador del Cardenal Herrera durante muchos años y buen conocedor de su figura y su Palabra.

Para el autor, «este libro no quiere ser un libro más de los muchos que se han escrito, y bien, sobre este gigante del catolicismo español del siglo XX. Pretende ser el lanzamiento de un mensaje o de unos mensajes a la Iglesia española de hoy y a la sociedad española en general, fundamentados en el inmenso poder de la Palabra de Herrera Oria». Pineda pretende «que aquella Palabra, que fue de hormigón y no de mampostería, alumbre remedios a los males y problemas de hoy, y despierte la conciencia adormecida de muchos».

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Comentario: El traje de bodas

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José María Souvirón Morenilla, profesor en los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el Evangelio del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, 15 de octubre de 2023.

En esta parábola Jesús nos habla del rechazo de Israel a la salvación ofrecida por Dios y su acogida por el nuevo pueblo de Dios.

La parábola es una alegoría sobre esa oferta de salvación (“El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo”). Describe la llamada a los ya invitados a la boda para que acudan al banquete y el rechazo de éstos, por lo que el rey extiende su invitación a todos los que sus criados encuentren en los caminos. La sala de bodas acaba llena de comensales, pero el rey ve que uno de ellos no lleva el vestido apropiado y ordena su expulsión.

El rey simboliza a Dios; la boda de su hijo (el Hijo), la unión de éste –en su encarnación- con la humanidad y la Iglesia; el banquete, el gozoso encuentro final entre Dios y su pueblo; los criados enviados por el rey para llamar al banquete, los profetas y apóstoles; los primeros invitados, Israel y sus autoridades, y los llamados en los caminos, los gentiles y pecadores. En fin, vestir el traje de bodas exigido para el banquete es la conversión del corazón necesaria para participar del reino.

La parábola concluye: “Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”. En efecto, son muchos los que Dios ha invitado al encuentro con él, pero para que este encuentro tenga lugar es preciso, además de no rechazar la invitación, vestir ese traje de bodas.

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Las raíces judías del cristianismo serán el hilo conductor del próximo curso del CESET

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El Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo de Málaga, centro agregado a la Facultad de Teología de la Universidad Loyola, ofrece un nuevo curso de extensión que versará sobre «Las raíces judías del cristianismo y el diálogo judeo-cristiano». Tendrá lugar del 6 de noviembre al 21 de diciembre.

El curso está destinado a los alumnos de los centros teológicos, los sacerdotes y seminaristas, los alumnos de las escuelas de teología, y los laicos implicados en la acción pastoral y el diálogo ecuménico e interreligioso en nuestra diócesis.

El objetivo de dicho nuevo curso es «profundizar en las raíces judías del cristianismo, acercándose al conocimiento del judaísmo como religión desde una perspectiva histórica, teológica y sociológica. El acercamiento al judaísmo ayudará a individuar los elementos fundamentales desde los que establecer el diálogo judeo-cristiano, superando así los desencuentros históricos que se han producido entre judíos y cristianos».

El curso se desarrollará en seis sesiones semanales, desde el 6 de noviembre al 21 de diciembre de 2023, de 19.00 a 20.45 horas, en el salón de actos del Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, en calle Abadía de Santa Ana, 4. 

El curso se hará de manera preferencial en modalidad presencial, aunque se ofertará también online a través de la plataforma Zoom para aquellos que justifiquen la dificultad de seguirlo presencialmente.

Para matricularse, han de solicitar el formulario escribiendo a info@ceset.edu.es. En dicho formulario encontrará indicaciones sobre cómo proceder.

Las tasas del curso será de 40 € para alumnos externos y de 23 € para los alumnos actualmente matriculados en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR), el Centro Superior de Estudios Teológicos (CSET) y la Escuela Teológica San Manuel González. 

Programa del curso

6 de noviembre. La historia del pueblo de Israel, por el profesor José Luis Sicre, de la Facultad de Teología Universidad Loyola Andalucía, que hará una exposición sintética de la historia del pueblo de Israel, haciendo referencia a los momentos y períodos más significativos, hasta el nacimiento del cristianismo.

20 de noviembre. El judaísmo en la actualidad – el Sefarad, por el profesor Uriel Macías, de la Federación de Comunidades Judías de España que se retrotraerá brevemente al judaísmo de los siglos I-IV, el judaísmo medieval y así hasta llegar al judaísmo ilustrado y postilustrado, para poder explicar la situación del judaísmo contemporáneo. Centrarse en el Sefarad y la situación de los judíos en España.

27 de noviembre. El judaísmo en tiempos de Jesús, por el profesor Emilio López Navas, del CSET San Pablo de Málaga, que hará una presentación de las raíces judías del cristianismo a través de la exposición de la imagen judía de Dios (monoteísmo), la Torá y la literatura rabínica, las fiestas y la religiosidad judía (si es posible, detenerse en la celebración de la cena de Pascua como trasfondo de la Eucaristía).

4 diciembre. La historia de las relaciones judeocristianas, por el profesor Mario B. Stofenmacher, del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer, quien acentuará los elementos comunes teológicos desde los que establecer el diálogo y hará un recorrido de las relaciones judeo-cristianas a lo largo de la historia hasta la celebración del Concilio Vaticano II (sin entrar en detalle en el Concilio).

18 diciembre. El diálogo judeo-cristiano: perspectivas, por el profesor Rafael Vázquez Jiménez, del CSET San Pablo de Málaga, que hará un recorrido por los documentos del Magisterio de la Iglesia en el postconcilio.

21 diciembre. El curso concluirá con una visita a la Sinagoga de Málaga, acompañados por el rabino Aaroon Levy.

Toda la información sobre los centros teológicos de Málaga en este enlace.

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Hablan los capellanes hospitalarios

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Recabamos los testimonios de algunos de los capellanes hospitalarios que prestan su servicio en la diócesis de Málaga.

El enfermo y la familia pueden solicitar ser atendidos por el Servicio de Atención Religiosa católica de un hospital solicitándolo al equipo sanitario

Jaume Gasulla, capellán en el Hospital Civil de Málaga:
«Pienso qué significa para mí este apostolado, y la cabeza se me va a la Misión de la Iglesia. Este apostolado inédito para mí hasta ahora, lo recibo como una nueva oportunidad, una nueva plataforma para ser testigo de Jesucristo. Es decir: una nueva plataforma para ser testigo de la Buena Noticia que es Jesucristo, también en el momento del dolor, de la enfermedad, de la soledad. Una nueva oportunidad y una nueva plataforma para estar cerca de los amados de Dios, los que sufren por cualquier causa. Se cierran demasiados horizontes, y demasiado frecuentemente. Jesucristo nos ofrece horizontes abiertos y de esperanza justamente cuando más los necesitamos, en los momentos en que nuestra fragilidad se hace hiriente. Estar ahí, enviado por Jesucristo, intentando ser bálsamo en su nombre. Es la misión de la Iglesia. En una primera aproximación, esto es lo que me planteo al empezar este nuevo apostolado».

Ernesto Ruiz Canales, capellán en el Hospital Costa del Sol de Marbella:
«Desde la dimensión del sacerdote, es un tiempo de hacer llegar la misericordia de Dios en los sacramentos del perdón, de la Eucaristía, de la unción de los enfermos y la tan temida y mal llamada extrema unción. Cuando se dice que se conoce de verdad a las personas en una cama de hospital, es totalmente cierto, es ahí donde se ve toda nuestra fragilidad y a su vez la grandeza de Dios que conforta a sus hijos con la esperanza y el amor. No es una tarea fácil, hay que dedicar muchas horas a la semana y en muchos casos armarse de paciencia, en otros echarle cara para entrar y ser portador de alegría en los momentos de inquietud de nuestros enfermos. También es difícil, pues son muchas las veces que en la semana tienes que entregar a Dios a nuestros hermanos que están a punto de morir y prestar consuelo a sus familiares en un momento de mucho dolor. Toda esta experiencia ha sido muy formativa, sensibilizadora y llena de dones que agradezco al Señor pues esto también me ayuda y entra en mi oración todos los días».

Francisco Aurioles de Gorostiza, capellán en el Hospital Materno Infantil de Málaga:
«Los enfermos son mediadores que con su fuerza orante evangelizan y con su plegaria unida al Corazón del Hijo y al Corazón de la Toda Santa, interceden constantemente por la Iglesia y por toda la humanidad. El del enfermo es un apostolado y una genuina pastoral que no necesita evaluarse ni planificarse porque brota de su alma y tiene la certeza de saber que no está solo, puesto que el buen Jesús y la Virgen Madre, no solamente le confortan en esos momentos de prueba, sino que cuentan con su cooperación, sabiendo que la única prioridad es la confianza en Jesucristo, de ahí, que cuando se acompaña al que sufre y se ha sido testigo de tantas escenas de dolor, ellos nos enseñan a decir con una fuerza berroqueña: “Corazón Misericordioso de Jesús, en Tí confío”. El apostolado con los enfermos se hace patente en la compasión, es decir, se está junto al que sufre y se sufre con el que lo está pasando mal, porque ciertamente es un dolor auténtico y a la vez sereno, y así lo demuestra una santa enferma, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz al afirmar que “Jesús es Dios de Paz”. Por eso, la persona enferma en sus dolores físicos y psicológicos se acurruca en el Corazón de Jesús, al experimentar que Él es fuente de vida, que Él está lleno de bondad, que Él es asilo de amor, que Él es rico en misericordia con todo el que lo invoca, que sólo en el Corazón de Cristo está nuestra esperanza y nuestra salvación, pues todo lo demás, aún siendo a veces necesario es totalmente secundario».

Agustín Zambrana, capellán del Hospital Costa del Sol de Marbella:
«Sólo conozco este hospital y la verdad que experimento la alegría en los enfermos cuando los visitas y sobre todo los que te llaman expresamente. Nuestra labor es responder a las urgencias y si es posible acompañar a las familias. Esta realidad es en pocas ocasiones. Además atender a los médicos y enfermeras y enfermeros que te piden de vez en cuando confesión».

Antonio Castilla, capellán del Hospital Clínico Universitario de Málaga:
«Como cura de hospital, procuro vivir mi ministerio con mucha humildad. En los enfermos que visito se manifiesta con toda crudeza la pura humanidad desnuda, quebradiza y dependiente de otros. Esto me hace recordar mi propia fragilidad, la misma que veo en los enfermos a los a los que acompaño y ayudo desde la fe cercana. La enfermedad es un tipo de pobreza, ya que se carece de salud. Quien sufre la enfermedad y sus múltiples consecuencias, quien atraviesa esta experiencia tan significativa en su vida, experimenta que le han arrebatado de su propia existencia algo tan importante como es la salud. Por eso la falta de salud o la enfermedad es una pobreza. Esto me lleva a considerar el hospital en el que estoy como un ámbito privilegiado y urgente de primer anuncio. Es una periferia, en palabras del papa Francisco, en la que hay que estar. Recuerdo un precioso empedrado situado en la Granja del Buen Pastor del Seminario, que mandó hacer el obispo de la época, hoy santo, D. Manuel González: “No gana panes, sino gana almas”, en relación a la vocación sacerdotal. Jesús estuvo siempre cercano a los enfermos. ¿Cómo no lo voy a estar yo? ¿Cómo no estar cerca de esas almas?»

Rafael Quevedo, capellán del Hospital Clínico Universitario de Málaga:
«He descubierto la debilidad del ser humano en la grandeza y fortaleza de muchos enfermos, familiares y personal sanitario. He agradecido a Dios su presencia y cercanía en el mundo del dolor y la fragilidad. Muchos enfermos de distintas edades han vivido la sanación y ha recibido al Señor mediante la recepción de la comunión, con el sacramento sanador y fortalecedor de la Unción de enfermos, con el dialogo del sacramento de la penitencia o con el encuentro y la trasmisión de sus preocupaciones, sus alegrías, sus inquietudes, sus deseos y su necesidad de ser abrazados y queridos por un Dios que no sabe más que amar. Otros, que han fallecido, han sabido ponerse en las manos del Dios de la infinita misericordia. Recuerdo aquellas palabras ultimas de un enfermo que me decía: “Padre, me queda poco en esta tierra; voy al encuentro del Padre que, como el hijo prodigo me acogerá, me pondrá el traje nuevo y las sandalias y hará una fiesta con todos los que viven con él”. Bellas y edificantes palabras que han nutrido mi espíritu profundamente. Brota también un canto de alegría por el trabajo de equipo y fraterno que realizamos los tres sacerdotes en este servicio de sanación. Es hermoso poder realizar este ministerio como enviados de la Diócesis, para extender la ternura y la misericordia de Dios y de la Iglesia como pueblo de Dios, que camina en Málaga. Mantenemos el principio de unidad y comunión en la acción de acompañamiento en la fe de los bautizados y también de otras confesiones, o de no creyentes, o no bautizados. Como dijimos en una de nuestras reuniones, “nosotros venimos a servir al ser humano creado por Dios, para que los que crean se fortalezcan y lo no creyentes encuentren la acogida amorosa de Dios a través de sus ministros”. La experiencia con el personal hospitalario ha sido muy enriquecedora, por su acogida y cercanía. Desde colaborar con los capellanes en las celebraciones de la Eucaristía o en otros servicios. El poder acompañar a médicos, enfermeras y demás personal sanitario para prepararse a la recepción del sacramento de la confirmación y a la preparación para el sacramento del matrimonio. En algunos momentos, nos han solicitado para recibir el sacramento de la penitencia, o para hablar sobre aspectos que afecta a la moral de la vida, u otras cuestiones. Quisiera agradecer el trato y acompañamiento, a mí personalmente, que vine a la Diócesis a cuidar a mi madre y he encontrado un trato cercano y exquisito en todo lo que les he solicitado y ellos me han ofrecido hasta los últimos momentos de su vida. Doy gracias a Dios por todo lo vivido, como decía al comienzo esta experiencia me ha forjado y me ha hecho madurar en mi vida personal, cristiana y sacerdotal. He aprendido a vivir la fe bautismal, y la consagración presbiteral como un aprendiz en continuo crecimiento fraternal en la construcción del Reino de Dios».

Juan Baena, capellán en el Hospital Costa del Sol de Marbella:
«La primera vez que visité el Hospital me pareció un lugar muy de Dios. Él siempre está junto al que sufre y con el que se entrega por los demás. Y en ese mundo, en el que Dios ya está actuando, considero que mi labor es «hacerle visible». Ser un signo que hable de su cercanía y de su amor por nosotros: saludando con una sonrisa, propiciando el encuentro, sosteniendo una mano, ofreciendo los sacramentos… Y llevando después sus rostros a la oración».
 

Félix Clement Rajendran CMF, capellán en el Hospital Regional Universitario de Málaga:
«Después de un tiempo en el hospital, entiendo esta misión de capellán no solamente como llevar la comunión, escuchar las confesiones y administrar el sacramento de unción, es algo más. El acompañamiento a los enfermos y los familiares de los enfermos se valora mucho. A veces algunos familiares de los enfermos nos dicen que hacemos una tarea muy importante, pero yo recibo mucho más de los enfermos. Algunos me dan testimonio de cómo vivir nuestra fe. Algunos, sufriendo mucho, estando en sus últimos días, hablan profundamente de su fe. Algunos enfermos no pueden hablar, pero los familiares necesitan nuestro acompañamiento. Los familiares, cuando sienten que nosotros estamos interesados, nos reciben con mucho afecto. Las personas que viven su fe, miran los sufrimientos y la vida de una manera positiva. Estas personas me ayudan a crecer en mi fe. Yo veo mi presencia en el hospital como una tarea reciproca».

Carlos María Fortes García, capellán del Hospital Marítimo de Torremolinos:
«Es un hospital muy pequeñito y muy centrado en cuidados paliativos, por lo que en la mayoría de los casos atendemos a pacientes terminales. Particularmente es una labor dura, sobre todo con muchos pacientes muy jóvenes. En ocasiones me resulta complicado poder dar una palabra de aliento a los familiares, tan sólo me presto a que sepan que cuentan con nosotros y con mi oración. Por lo demás es un gozo contar con el personal que trabaja en el mismo y ver cómo auténticos profesionales humanizan hasta los momentos más oscuros de la vida. Para mí ellos son realmente un testimonio de entrega».

John Freddy Echavarría, capellán del Hospital Comarcal de la Axarquía:
«Los hospitales son hoy el “nuevo areópago” al que llegar con la fuerza transformadora del Evangelio y, siguiendo el ejemplo de Pablo, estamos llamados a hablar del “Dios desconocido” en medio de tantos dioses (ídolos), en esta sociedad líquida. La presencia del capellán en medio de los enfermos es reconfortante, da ánimo y a la vez confianza, sienten que Dios está con ellos, en esos momentos difíciles de sus enfermedades. Muchas veces encontramos dificultades por las reticencias de algunos familiares de los enfermos, cuando ven que el cura ha llegado a la habitación del enfermo, piensan automáticamente que su ser querido ya le queda poco tiempo en este mundo. Cuando el sentido de la visita del capellán es para acompañar y dispensar los sacramentos a esas personas que, temporalmente, se encuentran impedidas. Podemos terminar con la frase tan bonita de Jesús, en el Evangelio de san Lucas el capítulo 17, 10: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer”».

Rocky Xareal CMF, capellán del Hospital Clínico Universitario de Málaga:
«Soy un cura joven y con poca experiencia, este es mi primer año como capellán del hospital, intento dar lo mejor de mí para este apostolado. Mi misión día a día no sólo es visitar y ofrecer la asistencia religiosa a los enfermos sino también acompañar a las familias de los pacientes con actitud atenta, dialogante, solidaria y evangelizadora y, también, ofrecer al personal sanitario del centro mi presencia cercana y fraternal. ¿Qué significa para mí este apostolado? Identificarme progresivamente con Cristo, el buen samaritano. Prologar el amor y la misericordia de Dios a los que sufren. Al mismo tiempo voy a aprender reconocer la presencia del Señor en los enfermos».

Mauricio Salinas Sotomayor, capellán del Hospital Regional Materno Infantil de Málaga: 
«El Apostolado de la Salud es la “Escuela del servicio divino”, escuela donde se aprende a amar, amar a Dios y a los hermanos. Es un don, un bien, para toda la Iglesia, sea para sanos y enfermos. Para mí el Apostolado de la Salud muestra una fidelidad a la persona del Señor, a su mandato: “Anuncien la buena noticia y curen a los oprimidos por el mal…” Este Apostolado en los Hospitales nos identifica con Jesús mismo; sano, saludable, sanador y salvador. Todos los que ejercemos este “Apostolado de la Misericordia”, llenos de amor, participamos de una noble pastoral, ya que ante todo, es una pastoral humanitaria, donde sentimos con el que sufre y lo acogemos en el amor, viendo en cada enfermo el rostro sufriente de Cristo. Esta pastoral con los “cristos enfermos”, sea de nuestras parroquias como también en los hospitales, ha de ser un apostolado gratuito, testimonial, caritativo, una pastoral que reproduce el arte de relación y de ayuda del mismo Señor Jesús que pasó por nuestro mundo haciendo el bien.

 

Gerardo Rosales, capellán del Hospital Comarcal de Ronda:

«La capellanía del  Hospital es muy compleja pero al mismo tiempo muy reconfortante. Por un lado están los pacientes, que necesitan una atención inmediata. Pero quizás la parte más olvidada es la atención que se les ofrece y presta al personal que trabajan en el mismo. El personal sanitario tiene la necesidad de afrontar casos de muerte, enfermedades y situaciones muy difíciles de atender. No sólo tratan a pacientes, sino también a los familiares. Dar una mala noticia no es fácil, atender un paciente sabiendo por lo que están pasando es muy duro. El personal de limpieza, mantenimiento y administración también se encuentran con momentos tensos que tienen que asumir. Pacientes y familiares que no saben como actuar en ciertos momentos. Para eso estamos los capellanes, no sólo para los pacientes, sino para todo el personal que trabajan en los hospitales. Damos nuestro apoyo, les llevamos la “Palabra del Señor”, los reconfortamos. Les damos pequeños momentos de paz y les acercamos el sacramento del Perdón y de la Eucaristía en días señalados. Es un ambiente que hay que cuidar con cariño y esmero, con atención y disponibilidad, porque las personas que están en este edificio se enfrentan a situaciones complejas y muy duras de la vida. He aprendido mucho de mi tiempo como capellán, me han hecho más humano y cercano a las personas. Me han dado muchas lecciones de vida, de fuerza y de aceptar la voluntad de Dios, de personas que a pesar de todos los males, siguen con fe y Esperanza al Señor».

Carlos Acosta, capellán del Hospital Marítimo de Torremolinos:
«Son muchas las presencias del Señor, en la comunidad, en su Palabra, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía… Es una vocación a la que me he sentido llamado desde que soy cura, pero que se hace realidad en mis últimos cinco años… y hasta que Dios disponga. Después de mi presencia en los hospitales en la Capellanía, ser Capellán para mí significa: descubrir al mismísimo Señor en el rostro del enfermo, también en las manos, el cuidado, la ternura, la atención misericordiosa del médico, enfermero o auxiliar con los que el Señor te enseña… Descubrirme a mí mismo haciendo presente al Señor en su ternura y misericordia para con todos, católicos o de otras religiones. Recuerdo el día de nochebuena del año 2018, que después de la misa del Gallo de la Parroquia, me dirigí al Hospital Materno, pasé por las diferentes plantas de niños y al regresar a casa, de camino sentía en mi corazón una alegría que me desbordaba porque Jesús tenía posada en aquel Hospital. Me gustaría dejar estas citas de San Mateo, que me ayudan a comprender mejor el ser capellán y mi quehacer en el hospital: «…Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. (Mateo 10, 7-8)»; «… estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme… (Mateo 25, 36)» y un apéndice, además de los milagros de curaciones, en el Nuevo Testamento la palabra enfermo/s aparece 45 veces».

Víctor Hugo Andrade, capellán del Hospital Comarcal de Melilla:
«Durante mis 26 años de vida ministerial, el acompañamiento al enfermo, al que sufre la debilidad en su cuerpo, ha sido fundamental. En los actuales momentos me encuentro en la ciudad de Melilla (parroquia de San Agustín) como capellán en el Hospital Comarcal, compartiendo este apostolado con el padre Vicario Eduardo Resa. Lo más significativo de este servicio que presto es la alegría de mostrarle a la persona que sufre alguna enfermedad, la misma presencia de Cristo buen consuelo a través de los sacramentos de la Reconciliación, Unción y Comunión. Produce satisfacción notar que el acompañamiento no es sólo al enfermo, es también a su familia que casi siempre está ahí también en la habitación. Como sacerdote somos voz de esperanza y a ellos también».

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