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Gestos para celebrar una Navidad verdaderamente cristiana

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Gestos para celebrar una Navidad verdaderamente cristiana

Como cada año, la Archidiócesis hispalense invita a vivir con hondura espiritual las fechas navideñas. Para ello, proponemos gestos sencillos que marquen la diferencia entre una Navidad “laica” y otra vivida con profundo sentido cristiano.

Entre estos detalles significativos, destacan la bendición del Belén familiar que habitualmente se colocan en los hogares, o la bendición de la mesa en las cenas de Nochebuena y las comidas de Navidad.

Bendición del Belén en casa

Reunida la familia, el padre o la madre dice: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Todos se santiguan y responden: Amén

La persona que dirige a celebración dice: Alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo. Y el resto responde: Bendito seas por siempre, Señor.

La persona que dirige dispone a todos para la bendición utilizando estas palabras: Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

Después, uno de los miembros de la familia lee el Evangelio de Lucas 2, 4-7ª.

Y se concluye con la oración de bendición: Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste el mundo que nos entregaste a tu único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Bendición de la mesa en Nochebuena

Se lee: Cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre.

Uno (preferiblemente el más joven) dice: La Palabra se hizo carne. Aleluya.

Responden todos: Y acampó entre nosotros. Aleluya.

Bendición de la mesa en Navidad

Se lee: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendías posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón.

Uno (el más joven) dice: La Palabra se hizo carne. Aleluya

Responden todos: Y acampó entre nosotros. Aleluya.

Ser testigos de la Buena Noticia

También podemos ser testigos del verdadero motivo de la Navidad en nuestro día a día con pequeños gestos que marquen la diferencia ante la secularización de la sociedad.

En primer lugar, podemos sustituir la expresión cada vez más extendida “felices fiestas” por un “feliz y santa Navidad” o incluso por un contundente “felices pascuas”. Igualmente, podemos dar testimonio de la Buena Noticia decorando con colgaduras nuestras ventanas y balcones. Hay muchas instituciones y parroquias que las venden durante estas fechas.

En el caso de las fiestas navideñas infantiles de los centros educativos, en las que los más pequeños suelen ir disfrazados, resultaría una buena opción vestir a los niños con atuendos que recuerden al Nacimiento de Jesús (la Virgen María o San José, un ángel, una pastorcita, los Reyes Magos…), en lugar de Papá Noel u otros disfraces que nada tienen que ver con el sentido cristiano de estas fechas.

A estos ejemplos se suman prácticas propias de cualquier tiempo litúrgico, como la oración y la participación en los sacramentos, huir del derroche y vivir con austeridad, y ser solidario con aquellos que lo necesitan. En definitiva, se trata de demostrar con naturalidad en nuestra cotidianeidad que el Salvador volverá nacer un año más por Navidad, en nuestras vidas y en nuestros corazones.

 

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Dios se encarna en los hogares de Villa Teresita

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Dios se encarna en los hogares de Villa Teresita

La comunidad Auxiliares del Buen Pastor – Villa Teresita, fue fundada en 1942. Se describen como misioneras de amor y esperanza, llamadas por Jesús para ayudarle en el cuidado de sus pequeños y ser una luz en la noche, liberación en la esclavitud, una mano amiga en medio de la exclusión y la pobreza, la prostitución y la trata de seres humanos. Concepción Jiménez, hermana de la comunidad, con presencia en Sevilla y Valencia, nos acerca al corazón de la fraternidad de hermanas.

“Nuestro hábito es el amor y la misericordia”. Esa es la primera frase que se lee en la web de Villa Teresita. ¿Cómo podríais presentarnos la comunidad?

Somos una pequeñita luz en esa realidad oscura de nuestro mundo, compartimos con ellas la vida (casa, mesa y amistad).  Decimos que nuestro hábito es el amor y la misericordia, porque no es una ropa lo que nos identifica, sino el amor a “las chicas”, a los más pobres. Nuestro objetivo es que puedan experimentar que Villa Teresita es su casa, en la que no son juzgadas, sino queridas y acogidas como hijas amadas de Dios, que las quiere y las mira con infinita misericordia.

¿Contemplativas en la vida?

Dios se hace especialmente presente en los pequeños, en los que sufren y nosotras somos testigos privilegiadas de Su Presencia; cada encuentro, cada comida compartida, cada pequeño logro, cada lágrima derramada…tantos signos cotidianos del ‘Dios con nosotros’. Nuestra vida se sostiene en la oración, es en ella dónde bebemos de la fuente de la Vida, la que nos da la fuerza para cada día, en la que ponemos en manos del Seños a cada joven, a cada persona que acompañamos, sabiendo que sólo Él salva, sana, libera.

 

Testigos de la muerte y la resurrección

Nuestra vida es una continua dinámica pascual, vemos el mal y las consecuencias de “muerte” que tiene en la vida de las mujeres, pero también somos testigos de vida, de resurrección, de cómo el Señor saca vida de la muerte. Encontramos al Señor presente en los sufrimientos y en las alegrías compartidas con las mujeres y eso es un regalo. Esto supone que cuidamos mucho los tiempos de oración y de intimidad con el Señor, y compartir en comunidad los signos de Su Presencia, la relectura de la vida a la luz del Espíritu.

¿En qué se concreta “la liberación en la esclavitud” que tiene Villa Teresita como misión?

El mundo de la exclusión, la prostitución y la trata, atan, amarran a unas dinámicas de mal que dañan profundamente a las personas. Por eso la nuestra es una misión de amor, porque solo el Amor salva. Como Jesús Buen Samaritano, somos enviadas a las “cunetas” de nuestra sociedad para aliviar con el aceite del amor y de la esperanza. Nos acercamos a las mujeres en contextos de prostitución (calle y pisos) y de forma sencilla, un café, un rato de charla, una revisión médica, una gestión de documentación,… o cualquier otro modo que nos sirva para establecer con ella una relación de amistad, de cariño que  posibilite recordarle quién es, su valor y hacer camino con ella. El objetivo es que recupere su vida, que se libere de esas ataduras “de muerte”, pero eso a veces tarda años, así que en el entretanto le vamos acompañando, intentando que esté lo mejor posible y sobretodo, que sepa que no está sola, que a través nuestro pueda experimentar el Amor y la ternura de Dios.

¿Una comunidad para compartir vida?

En la comunidad compartimos la vida con un grupito pequeño de mujeres, solas o con sus hijos. Nuestra casa, es un hogar en el que rehacer la vida: el cariño compartido, los aprendizajes cotidianos, la formación, descubrir un modo nuevo de relacionarse, celebrar cada pequeño paso, saberse perdonada y descubrir cómo el Amor de Dios se derrama en su vida de mil maneras, libera y sana, posibilitando que se pongan en pie, que sean mujeres nuevas, con nuevas oportunidades. Isabel Garbayo, nuestra fundadora, decía que “cada chica que llega a nuestra casa es un tesoro” y eso es lo que ellas van descubriendo, el tesoro que son, los dones que tienen, la vida que a través de cada una se abre paso.

Sobre el contexto de exclusión y la pobreza, la prostitución y la trata de seres humanos. ¿Cuál ha sido su experiencia?

Hablar de ese contexto es entrar en un mundo oscuro, de mal, de dolor, podríamos decir que son “los infiernos” de nuestro mundo.  Pero al mismo tiempo, cuando te introduces ahí, conoces a las personas, descubres cómo la frase “descendió a los infiernos” que decimos de Jesucristo en el Credo, es real. Paradójicamente el Señor se hace presente también ahí. “Dios nunca abandona a los suyos” nos dicen muchas veces las jóvenes; ellas sienten cómo el Señor les da la fuerza para seguir adelante. Vemos cómo esa imagen inalienable de Dios en cada persona se mantiene, aún en situaciones de mucho deterioro, te sorprenden con una atención, un gesto de cariño, pequeñas cosas con las que ves que Él sigue presente en cada persona y hace posible que de ahí se salga, que la Vida triunfe.

Las navidades, como bien sabemos, son momentos propicios para compartir en familia, pero quizá, estas mujeres rescatadas de estos contextos lo tengan un poco difícil. ¿Qué proponen para vivir la Navidad desde el corazón de Villa Teresita?

La Navidad suele ser un tiempo difícil para las jóvenes que están lejos de sus familias, de sus lugares de origen; es un tiempo de nostalgia, recuerdos y deseos. En Nochebuena, antes de la cena, siempre hacemos un rato de oración juntas en la capilla y puedo asegurar que en muchas ocasiones el Señor “ha venido a nuestra casa” en ése momento. Cómo ejemplo contaré un día que las jóvenes de casa estaban fatales, dos se habían peleado unos días antes, estaban sin hablarse, y a pesar de todos los intentos de resolver el conflicto por nuestra parte, seguían casi sin mirarse; terminamos la oración todas abrazadas, tras haberse pedido perdón y reconocido que se querían y sentían mucho haber estado así, el Amor acampó entre nosotras aquella noche.

Tiempo de acogida y gratitud

Es verdad. Nosotras cuidamos muchos detalles pequeños que ayudan, como con nuestras propias familias; decorar juntas con los adornos navideños, comidas de fiesta en familia; en los días especiales la mesa se amplía y vienen las jóvenes que ya viven de forma autónoma, pero que son de casa, cantamos, bailamos, les hacemos regalos y, sobre todo, agradecemos juntas. Con las mujeres que conocemos de la calle siempre tenemos un detalle especial de Navidad, una visita, un regalito personalizado, pequeños modos de decirles que son queridas. El año pasado una joven de la calle nos decía que era la primera vez en su vida que le hacían un regalo a ella, ¡para ella! También solemos hacer Reyes solidarios, con los hijos de las mujeres, que sino muchos no tendrían la posibilidad de tenerlos.

Teresita del Niño Jesús ofrece una extraordinaria orientación acerca de esta infancia espiritual que nos propone el Adviento y la Navidad.

¡Así es! “Porque yo era débil y pequeña, se abajaba (Jesús) hasta mí y me instruía en secreto en las cosas de su amor” (Manuscrito A, 49), nos dice Sta Teresita. De ella aprendemos a vivir abandonadas en las manos del Padre, a ser cómo niñas que todo lo esperan de Dios, confiadas en su Amor Misericordioso.  En Navidad celebramos cómo Jesús se abaja a nosotros, viene en la noche, a “los pesebres” de nuestro mundo, para poner ahí Su luz, Su Amor. Así comienza el Evangelio, la Buena Noticia es que el Señor viene, se hace pequeño y esa es una gran alegría.

En definitiva, una familia que crece

El Señor nos bendice con una familia grande; voluntarios y un pequeño equipo de profesionales con una pertenencia muy fuerte y muchas mujeres que han rehecho su vida y siguen siendo de casa.   Si hay personas que quieran colaborar, son muchas las posibilidades de hacerlo y es tan sencillo como que se pongan en contacto con la comunidad y según su disponibilidad, dones, y necesidades del momento, ver en qué pueden aportar.

 

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Evangelio del IV Domingo de Adviento (ciclo B) en Lengua de Signos Española

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Evangelio del IV Domingo de Adviento (ciclo B) en Lengua de Signos Española

Evangelio del IV Domingo de Adviento (ciclo B), en Lengua de Signos Española. [Lc 1, 26-38]

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce: Archidiócesis de Sevilla

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas de hoy, 30 de diciembre

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Lee la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece hoy y el comentario al Evangelio.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 12-17

Os escribo, hijos míos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre.
Os escribo, padres, porque conocéis al que es desde el principio.
Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno.
Os he escrito, hijos, porque conocéis al Padre.
Os he escrito, padres, porque ya conocéis al que existía desde el principio.
Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno.
No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero—, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Salmo de hoy

Sal 95, 7-8a. 8b-9. 10 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre

Bien sabe San Juan que la vida de un cristiano es una lucha. Un lucha entre seguir a Jesús o seguir al mundo, entendiendo por mundo lo contrario, lo que se opone a Jesús y a sus indicaciones. En este pasaje de su primera carta escribe lleno de alegría a los que forman parte de una comunidad de los seguidores de Jesús. Y les escribe lleno  alegría por todo lo que el Señor ha hecho en cada uno de ellos: padres, hijos, jóvenes…

Y les anima a seguir a Jesús y no al mundo, porque lo que ofrece el mundo, “las pasiones del hombre terreno, la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero”, nunca saciará el ansia de felicidad que desea el corazón humano. Algo que sí conseguirá  el que cumple la voluntad de Dios… ya en eta tierra y después de nuestra muerte y resurrección  en el encuentro definitivo y sin velos con Jesús.  

El pasaje evangélico de ayer nos relataba  la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de María para cumplir con la ley del Señor. Y vimos el testimonio entusiasmado de Simeón de poder ver con sus propios ojos al salvador. Hoy, de una manera más escueta, nos relata el testimonio de la profetisa Ana, una mujer viuda de muchos años y que “no se apartaba del templo día y noche” y “daba gracias a Dios y hablaba  del niño a todos los que aguadaban la liberación de Israel”.

El testimonio de Ana debe ser también nuestro testimonio. Y hemos de hablar, siempre que podamos y la ocasión lo pida,  de Jesús, el Hijo de Dios, el salvador de toda la humanidad, a los que se acerquen a nosotros como la mejor  noticia que les podemos ofrecer para que le metan en sus corazones y vivan la alegría de su amistad y sean, seamos, fieles al camino que nos indica que sabemos que conduce a la vida y vida en abundancia.

Jesús, con sus padres, después de cumplir lo que la ley prescribía volvió a Galilea donde  “iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba”.  

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas de hoy, 29 de diciembre

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Lee la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece hoy y el comentario al Evangelio.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,3-11:

Queridos hermanos:
En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.
En esto conocemos que estamos en él.
Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó.
Queridos míos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado.
Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo —y esto es verdadero en él y en vosotros—, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya.
Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Salmo de hoy

Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
“luz para alumbrar a las naciones”
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Reflexión del Evangelio de hoy

Quien ama a su Hermano no tropieza

El autor de esta carta así resume la vida de quien afirma ser discípulo y discípula de Cristo. San Juan pone en el centro de nuestra vida el amor: el amor de Dios y el amor nuestro. Un amor concreto y real que se despliega en actitudes cotidianas y sencillas. Si afirmamos que conocemos a Dios y que permanecemos en Él, tenemos el deber y el compromiso de caminar y vivir como Él caminó y vivió.

El amor sabe de entrega y servicio, sabe de disponibilidad y verdad, sabe de responsabilidad y compromiso en todas las circunstancias, en los momentos fáciles y en los momentos difíciles.

San Juan afirma que quien ama, permanece en la luz y no tropieza, pero quien “aborrece” a su Hermano, quien le ignora o le hace mal, anda en tinieblas. Y quien anda en tinieblas no sabe hacia donde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Por eso, San Juan es contundente en sus afirmaciones y nos alerta de forma rotunda: “Quien dice yo le conozco y, no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en Él”. Afirmación rotunda que tiene como objetivo plantear de forma sincera cómo es mi amor y cómo camino en las diversas situaciones que la vida me va presentando.

El evangelio de hoy nos narra una sencilla escena que responde, por un lado, a las costumbres del pueblo judío y por otra parte, a la capacidad de descubrir la presencia de Dios en lo sencillo de la vida.

Los protagonistas de esta escena son un anciano, un niño y una joven pareja. La presencia de Dios se revela en la fragilidad de un niño y se contextualiza en una joven pareja que vive su fe y realiza las costumbres propias de su contexto religioso. Esta escena podría pasar tranquilamente desapercibida si no hubiese ido al templo un hombre justo y piadoso: Simeón. Probablemente, los ojos de Simeón habían visto ya muchas cosas y el corazón de quien confía siempre aguarda el consuelo de Dios. Inmediatamente, cuando vio a la joven pareja y el niño reconoció al Salvador y en él, el signo de contradicción que iría significar. La alegría y el dolor, la esperanza y el absurdo se entrelazan y alertan a la joven pareja de un futuro que no se conoce pero que se realizará.

Hoy somos invitados a preguntarnos cómo vivo, si es en tinieblas o en la luz. Preguntarnos si percibo la presencia de Dios en lo cotidiano; observar cómo anda mi compromiso concreto y real para que el consuelo de Dios se haga realidad en la vida de quienes me rodean.

Hna. Ana Belén Verísimo García OP
Dominica de la Anunciata

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas de hoy, 28 de diciembre

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Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 – 2, 2

Queridos hermanos:
Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia.
Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo de hoy

Sal 123, 2-3. 4-5. 7b-8 R/. Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes. R/.

La trampa se rompió,
y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-18

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:
«De Egipto llamé a mi hijo».
Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.
Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:
«Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes;
es Raquel que llora por sus hijos
y rehúsa el consuelo, porque ya no viven».

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios es luz  y no hay en él tiniebla alguna

Es nuestra vida y nuestra frágil humanidad: no podemos pretender permanecer sin pecado en toda nuestra vida. Dios nos ha creado contingentes y propensos a caer en el pecado. Somos débiles y, si pretendemos decir que no hemos caído en ningún pecado, ciertamente mentimos. Es así nuestra condición humana. Una condición que deberemos asumir y aceptar para mantenernos en la constante lucha por el bien.

Creo que cometemos un error si nos centramos en pensar la forma de evitar el pecado a toda costa. Creo que nuestro actuar tiene que ir dirigido a hacer el bien. Es el bien el que procede de Dios, y es el bien el que puede alejarnos del pecado.

Somos nosotros quienes tenemos que caminar hacia el bien porque es la única forma de llegar a Dios o, al menos, irnos acercando a él. No porque huyamos del pecado, sino porque caminamos en sentido opuesto. Trata de hacer el bien y descubrirás que Dios te ha puesto dentro capacidades suficientes para rechazar el mal. Y, como somos débiles criaturas, caeremos, sin duda; pero ahí tenemos a Cristo, abogado defensor donde los haya, que estará defendiendo e iluminando nuestro camino. Ten una fe firme en la bondad de Dios y él estará siempre contigo. Puede que, a veces, nos alejemos de él, pero sí estamos seguros de que él no se separa nunca de nosotros; sabemos que Jesús es nuestro defensor, y que nunca tendremos problemas para regresar a la casa paterna. Siempre deberemos estar seguros, como nos dice el Salmo 123, porque el auxilio nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra, incluyendo en su obra creadora, al hombre. No lo olvidemos.

Y llegamos a uno de los fragmentos del evangelio más complicados de comentar. Apenas ha nacido, Jesús, ya empieza a tener problemas con el poder establecido y tiene que salir huyendo de su tierra, porque Herodes cree en peligro su reinado, pues los magos le anunciaron que había nacido un rey, un competidor, en Belén, y eso no puede permitirlo.

Faltan muchos años para que seamos capaces de descubrir las características del reinado de Cristo. Entonces no se pudo entender un reino y un rey servidor. Puede que nosotros, en nuestro tiempo actual, tengamos también dudas sobre un Rey servidor. Nos gustaría tener al frente un rey poderoso, capaz de hacer y deshacer solo por su voluntad. Un rey cercano a los planes de Herodes, pero muy alejado de los planes de Dios.

Confieso que este suceso me hace estremecer: ¿Cómo puede Dios permitir la muerte violenta de muchos niños y, simultáneamente, salvar a Jesús? ¿Acaso no tenía otros medios para parar a Herodes? Son dos preguntas que no tienen respuesta desde mi entender humano.

Pero también este episodio que nos cuenta San Mateo tiene un evidente paralelismo con la situación que vivió Israel en sus últimos tiempos en Egipto. El Faraón, su rey, ordena que todos los varones israelitas sean eliminados al nacer y Moisés, el elegido por Dios para liberar al pueblo, es salvado de la muerte. Tal vez esta sea la enseñanza que debemos sacar de este texto: Jesús es salvado de Herodes para que en el futuro sea el Salvador de la humanidad entera. Y sabemos que esto lo hizo bien, aunque a veces lo dudemos.

Debemos, también, contemplar en este fragmento, la importancia de la Sagrada Familia en la vida de Jesús y en la nuestra. José y María no tienen dudas sobre el aviso de Dios y se exilian de inmediato, siguiendo las orientaciones del mensajero Divino. Padre y madre se ponen al servicio de Jesús sin dudar ni un instante. Sufren, pero obedecen con la sola idea de salvar al Niño. ¿Estamos nosotros dispuestos a servir a Cristo con la misma devoción que lo hicieron María y José?

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)

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Santos Inocentes, la vida que vence

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Fray Salvador Jiménez Durán, franciscano en Vélez-Málaga, recorre las distintas escenas de la Navidad, en este caso la matanza de los inocentes a manos de Herodes.

La alegría por el Nacimiento de Jesús se une al dolor y al llanto de los niños de Belén y de sus madres. De hecho, junto a la gruta del nacimiento en Belén se haya la gruta de los Santos Inocentes. Esta matanza pone de manifiesto el pecado del mundo que se une a sembrar odio y muerte, representado en Herodes. Mientras que los pastores, los Reyes Magos, la misma naturaleza descubren al Dios de la vida y de la salvación, el mal quiere acabar con la vida. Herodes vive en la oscuridad y no quiere reconocer la verdadera Luz que es Jesús mismo. Quiere acabar con esta Luz. Jesús Pobre nacido en Belén nos invita a no apagar nunca su luz. A no apagar su luz en el débil, el indefenso, el no nacido, en el que está por morir. Descubrir su luz en el que no puede defenderle, protegerlo y cuidarlo, supone dejar de ser “pequeños Herodes” también en nuestras relaciones con los más débiles. Supone dejar nuestro egoísmo y nuestra prepotencia para reconocer y aceptar a la Luz verdadera: Cristo. Las sombras del mal son iluminadas por la santidad del martirio de los inocentes. ¡Salta a la luz!

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas de hoy, 27 de diciembre

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Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan 1, 1-4

Queridos hermanos:
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.

Salmo de hoy

Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12 R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1a. 2-8

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Reflexión del Evangelio de hoy

La vida se hizo visible

Hay una palabra que resalta tanto en la primera lectura como en el salmo: “alegría”. Dice en la primera carta el apóstol san Juan: “Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos”, ¿qué es lo que se anuncia? La Palabra de la vida, es decir, la Palabra de Dios hecha carne en la persona de Jesucristo. ¿Cómo no sentir alegría cuando Dios mismo se ha hecho uno de nosotros para salvarnos? Dios se ha revelado en la historia a través de los siglos, por medio de signos y profetas, sin embargo, la revelación alcanza su plenitud en Cristo, Hijo único del Padre, Él es quien ha dado a conocer la Palabra y el Reino de Dios a los apóstoles, conocimiento que generación tras generación ha llegado hasta nosotros.

“Lo que existía desde el principio lo hemos visto con nuestros propios ojos, pues la vida se hizo visible”. ¿Cómo vivimos esto nosotros hoy? En todos y cada uno de nuestros hermanos, el prójimo que me anuncia que Jesús ha resucitado, que ha vencido la vida sobre la muerte y hemos sido liberados del pecado, rescatados a precio de su sangre. Muchas veces esperamos grandes manifestaciones de Dios en nuestra vida, pero el Señor pasa en lo cotidiano de cada día, se revela en los gestos más sencillos: en una sonrisa, en un abrazo, en una palabra de ánimo y consuelo, etc. Esta es la vida que Dios ha hecho visible para nosotros, porque hermanos, el Reino de Dios, el Cielo que Él nos tiene preparado empieza aquí en la tierra, empieza también hoy, en la situación concreta en que te encuentras. Hoy puedes ver con tus propios ojos la Palabra de la vida, la vida eterna que ya está dentro de ti.

En el Evangelio de hoy se narra la Resurrección, el momento en que María Magdalena va al sepulcro donde han puesto el cuerpo de Jesús, y lo encuentra vacío. Imaginemos el momento tan impactante para María, ¿qué sentiría en su corazón? Una mezcla de sorpresa, miedo, angustia, esperanza…un millón de pensamientos se agolparían en su mente, la reacción más inmediata fue salir corriendo y anunciar a los apóstoles lo que había pasado. Recordemos que Jesús había anunciado previamente que tras su Pasión, resucitaría, sólo que sus discípulos no entendían qué quería decir con eso de “resucitar”, hasta que encuentran  el sepulcro vacío. Imaginemos a Pedro y a Juan mientras corrían, pensarían ¿será verdad aquello que nos dijo? ¿es posible? Seguramente recordarían todo lo que Jesús anunciaba sobre su muerte y Resurrección, y comenzaron a creer ya de camino al sepulcro. Por eso al llegar y encontrarlo vacío, finalmente creen: Jesús ha resucitado.

¿Cómo se manifiesta en ti la Resurrección de Cristo? ¿Has sentido el paso de la muerte a la vida en algún momento concreto? Todos, absolutamente todos, hemos tenido esa experiencia de estar sumidos en lo profundo del abismo, en el pecado que nos esclaviza, en una situación muy dolorosa en que no veíamos la luz, y justo ahí, hemos sentido que Cristo nos cogía de la mano y nos impulsaba hacia arriba, hacia la esperanza, hacia la luz verdadera que es Él mismo. Hoy, da gracias a Dios por el triunfo de la Resurrección en tu propia vida, porque el sepulcro donde se hallaban tus miedos, tus pecados, todo eso que te hiere y te mantiene atado al dolor, ese sepulcro, hoy está vacío, es Cristo quien vive en ti. Bendice y alaba por siempre al Señor por la Misericordia que ha tenido y tiene cada día contigo, ¡ánimo! No temas seguir en el combate de la fe, Cristo ya reina victorioso, ha resucitado y quiere que resucites con Él.  

Sor Mihaela María Rodríguez Vera O.P.
Monasterio de Santa Ana de Murcia

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas de hoy 26 de diciembre

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Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 8-10; 7, 54-59

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Salmo de hoy

Sal 30, 3cd-4. 6 y 8ab. 16bc-17 R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¡Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».

Reflexión del Evangelio de hoy

Fiel discípulo de Jesús

La liturgia nos invita a celebrar, justo un día después de la Navidad, la fiesta de un mártir. A primera vista, no deja de parecernos algo extraño. La Palabra de Dios se hace hombre mortal para que, el hombre, alcance la inmortalidad. La Iglesia pretende con esta fiesta que, ya desde el nacimiento del Señor, tengamos delante de los ojos los resultados extraordinarios que produce la salvación que nos trae el Niño de Belén. El diácono Esteban, fue uno de los siete diáconos elegidos por la comunidad  y confirmados por los Apóstoles como ayudantes en el ministerio pastoral y de atención a la Iglesia de Jerusalén. Esteban, “lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo”. Lo mismo que había hecho Jesús. Ello le granjeó también el odio de los jefes de la sinagoga judía. Aunque “el discípulo no es más que su maestro” su martirio recuerda a la pasión y muerte de Cristo. Ya el Señor les había dicho: “Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra. Poco antes de morir repite casi literalmente dos de las siete palabras del Señor en la cruz: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”, y en un grito final: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.

¿Damos nosotros, en nuestra vida, un testimonio así de creíble ante los que nos rodean? ¿Sabemos hacer nuestras sus últimas palabras de perdón?

En el discurso que nos relata San Mateo se predice una hostilidad injustificada a la que tendrán que enfrentarse los testigos del evangelio: desconfianzas, traiciones, infamias… son los únicos argumentos en boca de quienes no tienen razón. Por otra parte Jesús instruye sobre las virtudes que han de caracterizar la conducta de los que quieren ser suyos: sencillez, prudencia, actuar con la sencillez de un niño y la valentía de un adulto. Así nadie podrá acusarnos en nada. Frente a la astucia, habilidad, política, que hacen triunfar a los expertos de este mundo, Jesús encomienda a los suyos la sencillez transparente de una conducta intachable. “El Espíritu hablará por vosotros”. “El rico habla bien de sus riquezas y Dios habla bien de Dios”. Quien está poseído del espíritu de Dios necesariamente ha de hablar bien de Dios, porque a través de sus obras es el mismo Espíritu quien habla. Esteban hacía prodigios en el pueblo, estaba lleno del Espíritu Santo y nadie podía resistir a la sabiduría y espíritu con que hablaba. La causa del Evangelio necesita más testigos que abogados; y más santos que doctores en teología.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)

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Palabra de Dios: Evangelio y lecturas del 25 de diciembre

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Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que proclama la paz,
que anuncia la buena noticia,
que pregona la justicia,
que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro,
porque ven cara a cara al Señor,
que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor ha consolado a su pueblo,
ha rescatado a Jerusalén.
Ha descubierto el Señor su santo brazo
a los ojos de todas las naciones,
y verán los confines de la tierra
la salvación de nuestro Dios.

Salmo

Salmo: Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio d él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Comentario al Evangelio

En la solemnidad de la Navidad se nos anuncia la Buena Noticia de que Dios «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14). Dios tomó nuestra condición humana (cf. Flp 2, 7), y acampó en medio de nosotros.

¿Y si Dios se encarna de nuevo en el mundo actual? ¿Y si el portal de Belén de hoy está situado bajo los escombros de un edificio derruido por las bombas? ¿Y si junto al Dios encarnado en un recién nacido se encuentra una mujer sencilla, que teme por el futuro de su hijo, pero que confía en los planes de Dios? ¿Y si el padre que le acompaña es un hombre que ha perdido todo, pero que tiene esperanza contra toda desesperanza? ¿Y si en lugar de una mula y un buey quienes custodian a la nueva criatura son dos hombres armados que «no saben lo que hacen» (cf. Lc 23, 34)?

¿Y si la luz que alumbra la noche oscura es el relámpago de un misil? ¿Y si los primeros que llegan al ver al niño son los vecinos que se han quedado sin nada y buscan una esperanza en la vida que acaba de nacer? ¿Y si los presentes que llegan de otros países son alimentos, mantas y medicamentos?

¿Y si hoy Dios vuelve a hacerse uno de los nuestros para estar a nuestro lado?

¿Y si Dios habita en mitad de tanto sufrimiento para ser nuestra esperanza?

¿Y si en medio de tantas guerras hoy es Navidad?

Pues sí: ¡feliz Navidad!

Daniel Guerrero
profesor de los Centros Teológicos Diocesanos de Málaga

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