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LA CUESTIÓN NICODEMITA, por Antonio Gómez Cantero

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Por la mañana, algunos días, salgo a andar por la orilla de la playa, y me cruzo con muchos y diversos caminantes, que por unas razones u otras tienen necesidad de esta práctica saludable. Hoy es fiesta, y mi camino está plagado de viandantes, de todas lenguas y razas, de todas las edades y tipologías, personas distraídas en sus conversaciones, músicas o emisoras de radios. Ir totalmente libre me ayuda a escuchar ráfagas de frases enredadas en mis pasos más lentos.

No dejo de dar vueltas a este artículo sobre presencia pública y compromiso en el mundo que me pide la Revista SIGNO de la Acción Católica General. Y no termino de plasmar una frase, que no sea un camino trillado, después de los diversos textos y reflexiones que he leído a lo largo del tiempo sobre este tema. Dos mujeres me adelantan y oigo decir a una de ellas, si escuchase otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva. No sé por qué, pero en ese momento encontré la esencia de este escrito.

Después de la proclamación las Bienaventuranzas, en el relato del capítulo cinco de san Mateo, el Señor nos da la clave de nuestra presencia en medio de nuestra sociedad. Vosotros sois la sal y la luz del mundo. Creo que me quedo con este orden de preferencia. Debíamos de profundizar más sobre lo colocado en primer lugar, la SAL, y luego sobre lo segundo, la LUZ. Cuando era joven se hablaba mucho en nuestras reuniones, de los equipos de educadores del Movimiento Junior, sobre la necesidad de ser fermento en la masa, de no dar órdenes en nuestros grupos, sino de ser ejemplo: ¡eh! ¿Me ayudáis a recoger la sala? Un ejemplo cala más que un mandato, un estilo de vida llega más lejos que mil predicaciones o una acusación.

Ahora que estamos bajo las redes deshumanizadoras de arrastre masivo, donde los insultos, las medias verdades (no hay mayor mentira), la necesidad de estar en el candelero y tener multitud de seguidores (me niego a poner otras palabras en inglés) han elevado a la altura de la fama a personas sin relato que tan solo viven del deslumbramiento de una noticia fugaz que ya se encargan ellos de revestirla de las características de una literatura apocalíptica. Son cronistas del mal agüero. No construyen, son reaccionarios impulsivos, cuando en la mayoría de ellos sus vidas no responden a la pureza ideológica que manifiestan. Esto no es ni presencia pública ni compromiso en el mundo. Lo siento por ellos, pues algunos se tienen como adalid de la presencia e incluso de la autoridad cristiana. Si tuviéramos un grupo para discernir, si viviésemos más en comunidad, si orásemos de verdad, no seríamos seguidores de los Hijos del Trueno, Señor, envíales fuego y arrásalos, seríamos mucho mejores, como Jesús, más misericordiosos, a pesar de que le tratasen mal.

Hace más de cuarenta años escribí, en la revista Junior en Marcha, un artículo sobre la necesidad del relato, de la narración, que diría ahora el filósofo coreano Byung-Chul Han. El texto estaba basado en una experiencia de vida con el grupo de preadolescentes que acompañaba. Necesitamos volver a la narración evangélica. El Señor nos acompaña con sus relatos y sus obras. No es cuestión ni de leyes ni de normativas, que tantas veces nos arrastran a un espíritu farisaico y en ocasiones talibán, sino de la sabiduría del corazón. La esencia del corazón de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo, es la misericordia empapada de paciencia y de ternura. Narraciones como la del padre bueno y los dos hijos (uno de ellos manirroto, el otro un soberbio cumplidor), del buen samaritano, la del buen pastor, del sembrador, del trigo y la cizaña… nos dan las claves de nuestra presencia en medio de esta nuestra sociedad.

Para ser testigos en medio del mundo se necesita una verdadera conversión del corazón, a base de mucha escucha personal y comunitaria, para ser sal y dar sabor. En muchos de los mensajes de la red, piensan que son salvadores, hay demasiados prejuicios, proselitismo, supremacismo moral, desconfianza, superioridad y descarte. Somos muy influenciables por distintas corrientes sociales, ideológicas, políticas, religiosas… corrientes que nos condicionan y limitan la vida, nos convierten en sectarios, y que por otra parte ya se vivían en tiempos de Jesús. Cada persona tiene su propia historia, no te metas con los que son distintos o piensan diferente a ti, eso no es evangelizar, es alimentar el fuego del odio. Nada nuevo bajo el sol. La mejor homilía es la de Pablo en el Aerópago.

En aquel tiempo, Jesús tenía seguidores ocultos, por no perder el prestigio y por el qué dirán. Yo soy muy admirador del relevante Nicodemo, un miembro del partido de los fariseos, discípulo de la noche. Me paso al capítulo tres de san Juan. Me interesa el comienzo del diálogo del fariseo con Jesús: sé que Dios te ha enviado para enseñarnos, nadie en efecto, puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él. Me cuestiona este nacer de nuevo, del agua y del Espíritu, con el que le responde Jesús. Si escuchara, otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva, decía la mujer que me adelantó. Parece ser que Nicodemo escuchaba, en ese diálogo de intimidad con el Señor. Ahí, en el silencio acogedor de la escucha, la sal mantiene su verdadero sabor y luego sazonará aquello que toque, o simplemente nos hará mantenernos vivos, con ese punto de gracia que todos tanto necesitamos para ser también luz. En cocina la sal potencia los sabores y antiguamente, conservaba la esencia de los alimentos y les impedía malograrse. Potenciar, mantener la esencia, impedir que se malogren son tres actitudes que nos ayudarán en nuestro testimonio.

Vale, bien, a Nicodemo le gustaba visitar a Jesús de noche y entrar en diálogo con él. Pero, ¿dónde está su presencia pública? ¿No se encontraba con Jesús de noche por miedo al qué dirán y a perder su honorabilidad? ¡como tantos nicodemitas hoy en día! Aquí viene mi admiración. En el momento del abandono, de la perdida de todo prestigio, en el momento de la humillación y el fracaso, cuando más podía ser criticado por su acción, Nicodemo (junto a José de Arimatea, ¡otro que tal!) se atreve a dar la cara por Jesús. Aquí no hay prestigio, no hay multitud de seguidores, no hay palabras de agradecimiento, no hay reconocimientos públicos, no hay discursos apocalípticos, hay un hombre transformado que abraza con ternura el cuerpo ya muerto de su maestro, un ajusticiado, para poder darle sepultura. Lo acoge, lo abraza en el descendimiento, ni una palabra, ni un reproche, caridad en grado sumo.

Hay un nexo de unión entre los diálogos nocturnos y la última escena. Jesús le dijo que sería levantado como la serpiente de bronce de Moisés en el desierto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Mientras acoge desde debajo de la cruz el cuerpo muerto de Jesús, Nicodemo es luz, para iluminar a todos. Así debe alumbrar vuestra luz ante los demás para que viendo vuestras buenas obras (no dice discursos, ni mensajes en red…) alaben a vuestro Padre del cielo.

Aun hay demasiados crucificados que bajar del madero. Escucha, no estés a la defensiva. El evangelio, Jesucristo, es la mejor propuesta, no una imposición. ¡Ánimo y adelante!

+Antonio, obispo de Almería

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Don Sebastián visita a enfermos e impedidos durante otra de las jornadas de la Visita Pastoral en Linares

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A las 10:00 de la mañana llegaba el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, al hospital de San Agustín de Linares para iniciar la jornada de la Visita Pastoral, del jueves 29 de febrero. Siendo recibido a las puertas del centro hospitalario por la dirección del mismo. A continuación, se pasó al salón de actos donde se tuvo un diálogo con el personal sanitario. Allí, se destacó la presencia e importancia de los capellanes y su buen hacer.

Posteriormente, tuvo lugar una visita por las distintas plantas de hematología y de oncología, donde el Obispo saludó a algunos de los pacientes que estaban recibiendo tratamiento; además, se visitó la planta de UCI, pediatría y neonatos, compartiendo con los familiares presentes. Fue saludado por muchos familiares que le pedían la bendición y una foto.

Al final departió un rato con la directora-gerente y se hizo una foto con parte del personal y los sacerdotes acompañantes.

En un segundo momento, se trasladó a Mundo Acoge donde se le presentó la situación y problemática de muchas personas sin papeles y que esta institución trabaja para regularizarlas.

Más tarde, en la parroquia de San Francisco tuvo un encuentro con algunas personas de Linares que son miembros del Opus Dei y un sacerdote, también, de la Obra que vino para dicho encuentro.

La jornada matutina finalizó en la Cámara de Comercio de Linares, donde tuvo un encuentro con un grupo de empresarios de la ciudad. Siendo partícipe de los retos que tienen, especialmente con la juventud, y animando y ofreciendo la colaboración de la Iglesia para trabajar por este segmento de la población tan importante en la vida social y eclesial.

Acto seguido volvió a San Francisco para compartir la comida con los sacerdotes del arciprestazgo.

A primera hora de la tarde visitó a una familia de mayores impedidos de la parroquia y se trasladó a la casa de las Hermanas de la Consolación para conocer, de primera mano, el proyecto de Mujer y Madre, donde se atiende a mujeres madres que están en situación especial de precariedad por ser extranjeras y haber sufrido maltrato.

El día finalizó con la celebración de la Eucaristía en la capilla de las hermanas.

Parroquia de San Francisco de Linares

Galería fotográfica: «Visita Pastoral en el hospital, enfermos, Hermanas de la Consolación…»

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Días de Misión en Caniles

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Días de Misión en Caniles

También en Caniles se están viviendo días de Misión. Como en todas las parroquias de la diócesis, un grupo de misioneros se ha desplazado hasta la localidad para compartir la fe, anunciar a Jesucristo, acompañar a los canileros y celebrar la esperanza.

 

Han sido días en los que ha habido de todo: visitas a las casas de los mayores y enfermos, encuentros con las familias, catequesis con los niños y con los adultos,…

También ha habido celebraciones de la fe, como las Eucaristías, al final del día, o el rezo del viacrucis y del rosario, con algunos misterios representados.

Los mayores de la residencia La Torre también han recibido la vista de los misioneros, que dialogaron con ellos y con los que rezaron.

Además, los misioneros se hicieron presentes en los anejos de Caniles, compartiendo la fe con los vecinos. Como dice su párroco, Rafael Tenorio, “Caniles se ha volcado con los misioneros”.

Como en todas las parroquias de la diócesis, estos días de Misión han supuesto una oportunidad para renovar la fe, celebrarla y, sobre todo, compartirla, con el compromiso de vivirla sin complejos y con la alegría de saber que el Señor está con nosotros.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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En imágenes, la Misión Diocesana en Alamedilla

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En imágenes, la Misión Diocesana en Alamedilla

Han sido días para comaprtir la fe y crecer en comprom iso y vida cristiana

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En imágenes, la Misión Diocesana en Fonelas

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En imágenes, la Misión Diocesana en Fonelas

Fonelas también ha recibido a los misioneros en estos días de Misión. Han sido días para celebrar y vivir la fe.

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En imágenes, la Misión Diocesana en Pedro Martínez

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En imágenes, la Misión Diocesana en Pedro Martínez

Pedro Martínez también ha vivido la Misión Diocesana con intensidad y mucha fe.

Los mayores de la residencia de ancianos recibieron la vista de los misioneros, que también se hicieron presentes en las casas de los feligreses. Hubo catequesis, celebraciones de la fe, viacrucis, rosario,… como en todas las parroquias. Días de Misión, días de fe, días de gracia.

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En imágenes, la Misión Diocesana en La Puebla de Don Fadrique

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En imágenes, la Misión Diocesana en La Puebla de Don Fadrique

También en la Puebla de Don Fadrique se está realizando la Misión Diocesana. Tiene lugar estos últimos días de Misión, en jornadas intensas de visitas a las casas de los mayores y enfermos, en encuentros con las familias, en celebraciones de la fe.

 

Las catequesis a los más pequeños, y también a los mayores, han servido para recordar y renovar el amor que Dios nos tiene a todos.

Días de Misión en Puebla de Don Fadrique, días de fe.

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En imágenes, la Misión Diocesana en Bejarín y Benalúa

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En imágenes, la Misión Diocesana en Bejarín y Benalúa

La Misión Diocesana ha llegado a las parroquias de Benalúa y Bejarín. Como en las demás parroquias, durante varios días se han sucedido las catequesis, las celebraciones de la fe, el rezo del rosario o del viacrucis, los encuentros con las personas…

Los misioneros han podido acercarse a muchas familias, con las que han compartido no solo su testimonio, sino también la mesa, pues han sido acogidos con cariño por los feligreses de estas parroquias.

Además, en estos dos pueblos han podido disfrutar, en uno de los días de Misión, de la presencia de la madre Ángela Silva, fundadora de la Congregación Marta y María, las religiosas que están realizando esta Misión.

Y ahora, cuando se anuncia la clausura de la Misión, desde las parroquias de Benalúa y Bejarín ya han expresado el compromiso de que estarán en la celebración de final, para compartir con todos la alegría y lo vivido en estos días. Esa clausura será el domingo 3 de marzo, en una Misa solemne en la Catedral, presidida pro el obispo, D. Francisco Jesús Orozco.

Sin duda, también en Benalúa y Bejarín estos días han sido días de gracia y testimonio que han servido para renovar la fe.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Guadalén acoge con júbilo la Visita Pastoral del Obispo

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Eran las 4:30 de la tarde cuando comenzaba a cumplirse lo previamente anunciado con motivo de la Visita Pastoral que nuestro Padre y Pastor, el Obispo de la Diócesis, está celebrando en el Arciprestazgo de Linares. En esta localidad no se hacía Visita Pastoral desde el año 2003, por el entonces Obispo Don Santiago García Aracil, lo que suscitó entre los fieles un acontecimiento memorable.

Se dio comienzo a la hora prevista y en la plaza de la Iglesia, el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, era acogido con la alegría espontánea y creativa por parte de los fieles presentes que no dudaron en aproximarse ante él saludándole y expresándole la gratitud por su presencia.

Asimismo, fue saludado por la alcaldesa Doña Nieves Momblán Lorenzo y autoridades civiles. Durante unos minutos pudieron departir sobre detalles del pueblo, destacando la marcha de muchos de sus habitantes a otros lugares de la geografía española en busca de trabajo.

En la puerta de la iglesia el Obispo es acogido por el párroco, D. Sebastián Pedregosa Reche, que le ofrece el hisopo con agua bendita, y el Obispo se signa y asperja a los circunstantes. Luego, Don Sebastián hace una breve oración en silencio ante el Santísimo Sacramento y va al presbiterio, donde el párroco, de pie ante el altar, invita a los fieles a orar por el Obispo. Posteriormente, el Obispo entró en una catequesis dialogada con la comunidad allí presente. A lo largo del encuentro causó impacto entre los presentes por su sencillez y ponerse a la altura de las circunstancias vividas a lo largo del tiempo por esta comunidad, que no olvida sus orígenes desde la formación de este poblado de colonización allá por los años 50. Muy próximo a él se encuentra el Pantano de Guadalén. A continuación, se celebró la Misa Estacional, muy participada y que culminaba con una oración por los frutos deseados de la visita.

Posteriormente, el Prelado recibió al Alcalde de Vilches, Don Adrián Sánchez Ruiz, y dedicó unos minutos a la revisión de los libros parroquiales. Asimismo, pudo observar a ver en qué estado se encuentra la casa parroquial, lamentando su estado actual. Para finalizar bien entrada la noche se le preparó un “tentempié” que degustó con un grupo amplio, dando así por finalizada su primera visita como Padre y Pastor a esta pequeña porción del Pueblo de Dios, a la que prometió visitar de nuevo tan pronto como le fuese posible.

Comunidad parroquial de Guadalén

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“El celo de tu casa me devora” (salmo 69,10)

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Llegados al tercer domingo de Cuaresma, la liturgia nos presenta la escena de la
expulsión por parte de Jesús de los mercaderes del Templo. Aparece un Jesús lleno de
ira, haciendo un látigo y expulsando violentamente a todos los mercaderes del Templo:
“No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Los discípulos se acordaron de lo
que está escrito en el Salmo 69, 10: “El celo de tu casa me devora”.
No es fácil explicar este pasaje evangélico. Nos parece, a nosotros que somos
pecadores, que toda manifestación de ira y más aun si se expresa violentamente, como
en este caso, es algo abominable, es algo impropio del hombre, es pecado. Como si para
ser cristiano tengamos que recortar el impulso, el coraje, el entusiasmo, la ira, para
convertirnos en pacifistas de baja intensidad. Hemos de cambiar el criterio. En Jesús, la
ira está movida por la caridad, es ira santa, y es necesaria esa ira para afrontar grandes
dificultades, con las que nos encontramos en la vida.
Jesús ha venido al mundo, ha entrado en la historia de la humanidad para cambiar el
rumbo al que nos aboca el pecado y que nos lleva a la ruina. Por tanto, no es legítima la
ira que brota del amor propio, del orgullo humillado. No es buena la ira cuando brota de
un corazón rencoroso, que busca la revancha. Sin embargo, la ira es una de las pasiones
que más funciona en nuestra vida, y puede funcionar correctamente. Cuando una madre
de familia afronta la crianza de varios hijos, cuando un padre de familia tiene que
multiplicar sus horas y sus esfuerzos para sacar adelante su casa, cuando hay que
afrontar una empresa difícil, etc. se necesita coraje, ánimo, fuerza, entusiasmo. En todas
esas tareas se necesita una ira ordenada por la caridad.
La ira por tanto no es el enfado por el enfado, es la fuerza interior con la que somos
capaces de afrontar tareas arduas y difíciles. Eso es lo que sucede en el pasaje
evangélico de este domingo. Jesús ha venido a santificar la casa de su Padre, su templo.
Ese templo ha pasado a ser la humanidad de Cristo. “Destruid este templo y en tres días
lo reedificaré…Él hablaba del templo de su cuerpo”. Y la prolongación del templo de
Cristo, donde habita el Espíritu Santo, somos cada uno de nosotros. Nuestro corazón es
templo de Dios.
La actuación de Jesús en este contexto es la de expulsar de nuestro corazón y de nuestra
sociedad todo lo que profane la casa de Dios: pecado, corrupción, injusticia. Jesús viene
a purificarnos de toda mancha de pecado. Con un celo ardiente y con látigo en mano
quiere expulsar de nuestro corazón todo lo que desdice de Dios, porque “el tempo de
Dios sois vosotros” (1Cor 3,16). Jesús quiere purificar su Iglesia, la sociedad de nuestro
tiempo, la creación entera como casa de Dios. Y lo quiere hacer no con palabras suaves,
indoloras, insípidas. Lo quiere hacer con toda la fuerza de su corazón lleno de celo por
la casa de su Padre.
“El celo de tu casa me devora” es la ira santa que Jesús ha venido a traer a la tierra. “He
venido a prender fuego a la tierra, y cuánto deseo que esté ardiendo” (Lc 12,49).
Podemos entenderlo mal, y con ello justificar nuestros enfados, nuestra violencia contra
los demás, nuestras rabietas e inconformismos. Por eso, este pasaje no es fácil de
interpretar.

Pero podemos entenderlo bien, y concluir que la vida cristiana no es para cobardes, para
flojos, para gente sin compromiso. No, la vida cristiana es una empresa ardua, en la que
movidos por el Espíritu Santo podemos alcanzar una meta inimaginable: la santidad
personal y el cambio radical de la sociedad en la que vivimos, para convertirla en la
civilización del amor. Y esta empresa vale la pena. Jesucristo ha venido para extirpar
toda corrupción social, todo consenso con la mediocridad, todo apaño egoísta.
Jesucristo ha venido para contagiarnos el celo de Dios por la causa de Dios y la causa
del hombre. La Cuaresma es tiempo para ello. Vamos con ello.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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