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Domingo de Resurrección − Ciclo “B”

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Domingo de Resurrección − Ciclo “B”

Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos.

Vio y creyó. ¡El amor ha vencido a la muerte! ¡Jesús vive! ¡Aleluya!

Celebremos que Cristo ha vencido el mal, hoy ha resucitado y estará con nosotros para el resto de los días: El pasaje del Evangelio de hoy narra el momento en el que María Magdalena descubre el sepulcro de Jesús vacío, y tras ello corre a informar a los discípulos. ¡Cristo ha resucitado!

Lo extraordinario de este acontecimiento es que al resucitar Cristo, él nos está resucitando también a nosotros. A través de Jesucristo, su gloria se convierte en nuestra gloria. Este fragmento bíblico nos invita a reflexionar sobre lo que sintieron estas personas al ver tan grandioso acontecimiento de salvación:

En primer lugar, María Magdalena nos demuestra un amor desinteresado y un profundo apego a Jesús. Su devoción la lleva a levantarse temprano para servir al Señor, sin esperar nada a cambio. Su amor puro la convierte en la primera testigo de la resurrección. Por otro lado, Juan -quien representa la valentía- demuestra tal amor por Jesús que lo hace permanecer firme junto a él en la Cruz y luego a correr hacia el sepulcro en su búsqueda. Para nosotros, Juan simboliza la fuerza del amor inquebrantable que nos lleva a buscar a Dios incluso en los momentos más difíciles. Por último, Pedro. Más lento en asimilar lo que había ocurrido, también experimenta la Resurrección. A pesar de sus dudas y su pasado de negación, representa la lucha interna entre la fe y las dudas, pero su amor persistente finalmente lo lleva a la verdad.

La evidencia física del sepulcro vacío plantea la pregunta sobre lo que realmente sucedió con el cuerpo de Jesús. Este hecho lleva a una reflexión más profunda sobre la resurrección, que se convierte en el punto central de la fe cristiana. La ausencia de Jesús en el sepulcro no solo sorprende a sus discípulos, sino que también los impulsa a cuestionar y a intentar comprender lo que significa esta ausencia en relación con lo que Jesús les había enseñado. Ahora, comprendemos que la escritura nos habla del amor de Dios y de la alegría que contagiaba en vida, pero también tras su resurrección, que sigue perdurando hasta nuestros días: Cuando él pasaba «toda la gente se alegraba» (Lc 13,17). Después de su resurrección, donde llegaban los discípulos había una gran alegría (cf. Hch 8,8).

En nuestro día a día vemos a muchas personas que hallan en la resurrección de Jesús un motivo para encontrar un rumbo a su vida y la felicidad plena. Esta alegría no es solo un sentimiento efímero, sino un estado del corazón arraigado en la fe. Es una alegría que trasciende las circunstancias externas y las pruebas de la vida, porque está fundamentada en una esperanza que no decepciona. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección[1]. El Domingo de Resurrección nos invita a reflexionar sobre la naturaleza transformadora de la fe y a celebrar la victoria definitiva de la luz sobre la oscuridad, el bien sobre el mal.

Hermanos, disfrutemos de la presencia salvadora de Cristo. Él ha resucitado por todos nosotros.

Feliz Pascua de Resurrección.

Freddy Enrique Uzcátegui Rodríguez,
Delegado Diocesano para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado. 


[1] Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 276.

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La luz vence a las tinieblas en esta noche santa: Cristo ha resucitado

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La Vigilia Pascual ha reunido en la noche santa a numerosos fieles en la Catedral de Jaén, para celebrar que la luz ha vencido a las tinieblas; que nuestro Señor Jesucristo pasa de la muerte a la vida.

Debido a las inclemencias meteorológicas, en el interior del templo, junto a la puerta del Perdón, se encontraba el brasero que contenía el fuego nuevo que bendecía el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez. Posteriormente, tras la incisión de la cruz, del alfa y el omega y de los otros signos en el Cirio, incrustó los cinco granos de incienso, en recuerdo de las llagas del Señor. Culminaba el rito encendiendo el Cirio Pascual, símbolo de la vida y la resurrección.

Con el Cirio encendido, el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, encabezó la procesión hasta el presbiterio, con el templo totalmente a oscuras.  Lo seguía un seminarista con el báculo, el Obispo, algunos Canónigos de la Catedral, los seminaristas, los ministros y los niños que iba a recibir las aguas del bautismo, junto con sus padres y padrinos. Cerraba la comitiva los fieles reunidos en esta solemne celebración.  

De camino hacia el altar mayor se entonaba tres veces «Luz de Cristo», mientras se levantaba el Cirio. En el primer canto, el Obispo encendía su candela. Tras entonar el segundo, uno a uno, todos los congregados encendieron las suyas. Una vez en el presbiterio, se pronuncia el tercer «Luz de Cristo», mientras se encendían algunas luces del templo y el Cirio Pascual se instalaba junto al ambón.

El Canónigo D. Emilio Samaniego fue el encargado de cantar el pregón Pascual. Le siguieron siete lecturas, con sus salmos. A continuación, con el canto del Gloria se encendieron todas las luces del templo y varios miembros de la Cofradía de la Buena Muerte vistieron la mesa del altar. Después, las campanas volteraron, anunciando que Cristo ha resucitado. Tras la lectura de la Epístola, se ha entonado el Aleluya. Y, finalmente, D. Emilio Samaniego proclamaba el Evangelio de San Marcos.

Homilía

El Obispo quiso comenzar su predicación recordando que hemos acompañado a Jesús en la soledad y el dolor de su pasión. “El camino del Calvario es el itinerario de su fidelidad y de su amor. Un camino que cruza los sufrimientos de este mundo hasta alcanzar la gloria de la resurrección”.

Asimismo, Don Sebastián subrayó que el sábado santo es “el símbolo de algo que vivimos intensamente en el mundo de Dios. Tanto en los días de éxito y de alegría, como en medio de las grandes catástrofes, Dios calla y espera. En este silencio de Dios hay muchos que dudan de la verdad de la fe, otros que se alejan resueltamente, otros muchos que sufren y esperan”. Para añadir: Os invito a que, en este proceso de discernimiento sobre la conversión pastoral que estamos realizando en nuestro Plan Pastoral diocesano, vivamos esta noche especialmente cercanos a los alejados, a los desconcertados, a los incrédulos, a los cristianos decepcionados. Vamos a rezar fraternalmente por los que no conocen la verdad de la Iglesia o por tantos que crecieron en ella y hoy están lejos de nosotros, porque se han afincado en la incredulidad, de los mesianismos efímeros y vacíos que ofrecen los ídolos modernos”.

Del mismo modo, el Pastor diocesano recordó que, también, nosotros necesitamos “que nos ilumine y nos conforte el esplendor de la resurrección. Nuestra fe necesita fortalecerse con la aparición gloriosa de Cristo Resucitado”. “Como ese fuego nuevo que hemos encendido al comienzo de esta Vigilia, tiene que nacer una vida nueva en nosotros, en nuestra Iglesia entera”.

“Que esta noche marque para nosotros, como marcó para los discípulos y para las santas mujeres, el principio de un gran amor, de una vida diferente, libre de los poderes de este mundo, sostenida por la presencia cercana del Resucitado, renovada por la acción profunda de su Espíritu. Cada vez más parecida a la vida de los santos en el cielo, hecha de amor verdadero a Dios y a los hermanos. Esta es la nueva creación. Como la Virgen María, acojamos al resucitado con fe y alegría”, culminaba.

Sacramento del Bautismo

Al término de las palabras del Prelado, D. Juan Francisco Ortiz portó el Cirio Pascual hasta la pila bautismal, donde Don Sebastián bendijo el agua. Allí se bautizó a los dos pequeños: Martín y María de la Vega.

A continuación, los fieles que estaban participando en la Vigilia Pascual renovaron las promesas bautismales. Y, con las candelas encendidas, al igual que el día de su Bautismo, el Obispo fue asperjando a todos los presentes.

Las ofrendas fueron presentadas ante el Obispo por los familiares de los dos niños que acababan de ser bautizados.

Además, Martín y María de la Vega subieron al Presbiterio, junto a sus padres y padrinos que rezaron por ellos el Padre Nuestro. Su primera vez como hijos de Dios.

Tras la bendición final, el Obispo ha querido desear una feliz Pascua de Resurrección a los fieles y felicitar a las familias de Martín y María de la Vega, por el sacramento recibido. Tras una foto de familia, con los niños bautizados y sus familias, todos los fieles pudieron compartir un chocolate en la Sacristía.

Galería fotográfica: «Vigilia Pascual 2024»

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Mons. Saiz: “Cristo ha resucitado, Él es la respuesta a todos los interrogantes”

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Mons. Saiz: “Cristo ha resucitado, Él es la respuesta a todos los interrogantes”

“¡Jesús ha resucitado y vive entre nosotros; va por delante a Galilea, y allí lo veremos! ¡Santa y Feliz Pascua!” De esta forma felicitó el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, la Pascua a todos los fieles que abarrotaron las naves de la Catedral de Sevilla durante la celebración de la vigilia pascual. Junto al prelado hispalense, con celebraron el nuncio apostólico en Marruecos, mons. Alfred Xuereb; el deán del Cabildo, Francisco José Ortiz; el decano de la Facultad de teología San Isidoro de Sevilla, Manuel Palma; o el párroco del Sagrario de la Catedral, Manuel Cotrino, entre otros sacerdotes.

Tras relatar la secuencia de la resurrección, el arzobispo destacó que “esta noticia cambió sus vidas como ha cambiado la historia humana, y desde entonces se sigue transmitiendo de generación en generación. Un anuncio antiguo y siempre nuevo que ha resonado una vez más en esta Vigilia Pasqual, y se difunde por toda la tierra en esta noche gozosa y santa”. La celebración comenzó con la bendición del fuego en la Puerta de San Miguel, del que se ha encendido el cirio pascual. Tras encenderse las velas que portaban los participantes en esta vigilia, se ha procedido al anuncio de la Pascua, con el canto del pregón, “un cántico impregnado de gozo por la resurrección de Cristo”. Seguidamente, se han leído las lecturas de la Palabra de Dios que presentan la historia de la salvación.

En su homilía, el arzobispo ha afirmado que “la Resurrección de Jesús hace nuevas todas las cosas”. “La Resurrección nos revela el sentido de la muerte de Jesús como cumplimiento del designio del Padre, muestra a Cristo como instrumento de redención universal y como el camino que lleva a la vida. La Resurrección ha transformado la situación del hombre y del mundo, la situación de la historia universal y de cada historia personal”, ha añadido. Más adelante ha recordado que con la renovación de las promesas bautismales “tenemos que ser conscientes de nuestra condición de hijos de Dios, de miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo”.

En esta celebración han participado miembros de varias comunidades del Camino Neocatecumenal: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera, y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan. Monseñor Saiz ha destacado que “durante años han recorrido un camino de redescubrimiento de la fe, de la fe que un día recibieron de pequeños. Han caminado a la luz de la Palabra de Dios y de la Eucaristía y, acompañados por la Iglesia, han seguido el itinerario de fe que nos propone el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos”.

“Cristo ha resucitado. Él es la respuesta a todos los interrogante”, ha reiterado. En esta línea, ha señalado que Cristo resucitado “nos da la fuerza para madurar y crecer como hijos de Dios, para renovar la Iglesia y para construir un mundo nuevo. A pesar de que somos pobres y débiles, su presencia en medio de nosotros día tras día, hasta el fin del mundo, es nuestra fortaleza y esperanza. Él es salvación y vida nueva, y esta buena noticia la tenemos que comunicar a través de un estilo de vida gozoso, solidario, esperanzado”.

Texto íntegro de la HOMILÍA.

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Homilía en la vigilia pascual de 2024

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Homilía en la vigilia pascual de 2024

Homilía en la Vigilia Pascual. Mons. José Ángel Saiz Meneses. Catedral de Sevilla. 30-03-2024

1. Saludos: Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: sr. arzobispo, cabildo catedral, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; Comunidades neocatecumenales que habéis finalizado el Camino: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan; queridos todos en el Señor. ¡Jesús ha resucitado y vive entre nosotros; va por delante a Galilea, y allí lo veremos! (cf. Mc 16, 6-7). ¡Santa y Feliz Pascua!

2. Este es el mensaje del joven vestido de blanco que María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, encuentran en el sepulcro, que les anuncia la resurrección de Jesús. Ellas acudieron muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol. Habían sobrevivido emocionalmente a la tragedia de la muerte en cruz del Señor en el Calvario, a la tristeza y el desconcierto. Ellas, en la hora de la prueba más difícil, no habían abandonado a su Maestro; al contrario, habían resistido firmes, con María y el apóstol Juan, al pie de la cruz.

3. Van muy temprano con aromas para a embalsamar el cuerpo de Jesús. El amor las impulsa; aquel mismo amor que las llevó a seguirlo por las calles de Jerusalén hasta el Calvario. No podían pensar que aquel sería el amanecer del día más importante de la historia, no podían imaginarse que ellas serían los primeros testigos de la resurrección de Jesús. Cuando llegan al sepulcro, encuentran que la piedra había sido retirada, el sepulcro está vacío y reciben el anuncio de que Jesús ha resucitado. Esta noticia cambió sus vidas como ha cambiado la historia humana, y desde entonces se sigue transmitiendo de generación en generación. Un anuncio antiguo y siempre nuevo que ha resonado una vez más en esta Vigilia Pasqual, y se difunde por toda la tierra en esta noche gozosa y santa.

4. Ha comenzado nuestra celebración con la bendición del fuego nuevo, del cual hemos encendido el Cirio Pascual. Después hemos entrado en la Catedral siguiendo al Cirio Pascual, símbolo de Cristo Luz del mundo, que disipa las tinieblas del corazón y del espíritu, y de él hemos ido encendiendo los cirios que llevábamos en nuestras manos. Después hemos escuchado el Anuncio de la Pascua, con el canto del Pregón, un cántico impregnado de gozo por la resurrección de Cristo. Gozo del cielo y de la tierra, de la creación entera y de la Iglesia.

5. Seguidamente, hemos escuchado las lecturas de la Palabra de Dios que presentan la historia de nuestra salvación. Una historia de amor desde la creación primera hasta la nueva creación en Cristo Jesús. Estas lecturas han sido un resumen de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los

hombres, culminando con la resurrección de Jesús. En primer lugar, Dios lleva a cabo la obra de la creación, que culmina con la creación del hombre y la mujer, a su imagen y semejanza. Más adelante, la llamada a Abraham, que será padre de todas las naciones; después, la liberación del pueblo de Israel, que es conducido por Mar Rojo, imagen de la fuente bautismal. Y a pesar de las infidelidades de este pueblo elegido, Dios pactará con ellos una Alianza eterna, los llamará por el camino que lleva a la luz y les dará un corazón nuevo. Y, finalmente, por el Bautismo, nos concede morir con Cristo y resucitar con él para empezar una existencia nueva.

6. La Resurrección de Jesús hace nuevas todas las cosas. Él vive victorioso a la derecha del Padre y nos ofrece la vida eterna, la eterna salvación. La Resurrección nos revela el sentido de la muerte de Jesús como cumplimiento del designio del Padre, muestra a Cristo como instrumento de redención universal y como el camino que lleva a la vida. La Resurrección ha transformado la situación del hombre y del mundo, la situación de la historia universal y de cada historia personal. El encuentro con el Señor resucitado transformó la vida de los apóstoles. Del miedo y la huida en el momento de la pasión llegarán a dar la vida después del encuentro con el Resucitado y de recibir el Espíritu Santo. Ellos predicaron a Cristo resucitado y lo testimoniaron con su vida y la de sus comunidades. San Pablo recuerda también el impacto que el encuentro con Cristo resucitado tiene en su vida y como transforma radicalmente su existencia.

7. Hoy renovaremos las promesas del Bautismo. Renovando las promesas bautismales tenemos que ser conscientes de nuestra condición de hijos de Dios, de miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo. Renovamos también nuestro agradecimiento al don de Dios y nuestro compromiso de vivir esta vida de gracia y, por tanto, de ser portadores de la Buena Nueva. Entramos a formar parte del pueblo de los redimidos mediante el Bautismo. En virtud del Bautismo, sumergidos con Cristo en su muerte, resucitamos con Él a la vida eterna. Es un nuevo nacimiento que nos incorpora a la Santa Madre Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza.

8. En esta celebración participan miembros de varias comunidades del Camino Neocatecumenal: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera, y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan, que en esta noche renuevan con nosotros, solemnemente, las promesas bautismales. Ellos, durante años, han recorrido un camino de redescubrimiento de la fe, de la fe que un día recibieron de pequeños. Han caminado a la luz de la Palabra de Dios y de la Eucaristía y, acompañados por la Iglesia, han seguido el itinerario de fe que nos propone el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

9. Queridos miembros del Camino: Hoy, ante vuestro pastor renovaréis solemnemente las promesas del Bautismo después de este largo periodo de

formación. En el seno de la Iglesia habéis descubierto a Jesucristo, muerto y resucitado por vuestra salvación. Lo habéis podido experimentar vivo y presente en vuestras vidas. Después de este camino de conversión habéis entendido qué significó el bautismo que recibisteis un día: el despojamiento del hombre viejo y la regeneración en Cristo como criaturas nuevas; la túnica blanca que lleváis os lo recordará siempre. Cómo decimos en el ritual del Bautismo: «que este traje blanco sea para vosotros signo de vuestra dignidad; guardad esta dignidad sin mancha hasta la vida eterna».

10. Cristo ha resucitado. Él es la respuesta a todos los interrogantes, a las dudas, a las crisis personales y comunitarias, a la necesidad de sentido y plenitud del ser humano. Él nos da la fuerza para madurar y crecer como hijos de Dios, para renovar la Iglesia y para construir un mundo nuevo. A pesar de que somos pobres y débiles, su presencia en medio de nosotros día tras día, hasta el fin del mundo, es nuestra fortaleza y esperanza. Él es salvación y vida nueva, y esta buena noticia la tenemos que comunicar a través de un estilo de vida gozoso, solidario, esperanzado.

11. Recordamos, finalmente, que esta noche de alegría y esperanza es una noche especialmente de María, la Madre. No hay palabras para expresar el gozo y el amor del encuentro de Jesús resucitado y María. Ella, que al pie de la cruz recibió una nueva misión, la de ser Madre de los creyentes, nos ayudará a vivir como a hombres y mujeres nuevos, coherentes con la vida nueva que hemos recibido de Cristo. ¡Santa Pascua!

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Domingo de Resurrección. Ciclo B. 31 de marzo de 2024

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Domingo de Resurrección. Ciclo B. 31 de marzo de 2024

 

El Domingo de Pascua el Evangelio que se proclama es el de Juan. Nuevamente aparece el relato de la tumba vacía, pero añadiendo el estado en el que se encontraron las vendas y el sudario para salir al frente de los rumores que se circulaban en los días posteriores con los que se acusaba a los discípulos de haber escondido el cuerpo de Jesús.

 

El Discípulo Amado es el primero en descubrir las vendas y el sudario y echar en falta el cuerpo. Este discípulo es modelo del verdadero discípulo: aquel que cree más por la ausencia de Jesús que por la prueba de la presencia de la mortaja. Pedro no reacciona de la misma manera, sigue sin fe, por lo que él y los otros necesitarán de las apariciones para poder creer.

Aparecen tres personajes fundamentales de la vida de la Iglesia: el Discípulo Amado (al que tradicionalmente se ha identificado con Juan), Pedro y María Magdalena. Cada uno con su historia personal pero todos ellos de una u otra forma han constituido el grupo íntimo de Jesús.

La mujer María Magdalena es la primera que aún de noche, sin haber salido el sol todavía, es decir, sin fe, llega al sepulcro. El amor, la tristeza y el dolor por la ausencia de Jesús la hacen madrugar.

Dos discípulos llegan los primeros. Pedro representa la autoridad dentro de la primitiva comunidad cristiana y Juan es el que amaba al Señor. Esto nos enseña que la autoridad, el poder, ser el destacado en la comunidad no es lo que nos hacer creer y tener fe, sino que es el amor, el corazón, el camino para la fe.

¿Y qué supuso para Juan ver y creer? Pues supuso descubrir que con la resurrección de Jesús se llega a entender a Dios como el Padre que nos ama y que es dador de vida, y que donde los humanos ponemos muerte y tristeza Él pone vida y alegría.

Sin el Dios de la Vida la humanidad se pierde en las oscuridades de las guerras, del hambre, de las miserias… a las que nos conducen el egoísmo, las envidias, las ansias de poder, las ansias de dominar… 

El que cree siente pasión por la vida y lucha por la construcción de un mundo mejor como el que Dios ha soñado. Y el cristiano ha de hacerse presente en los escenarios de dolor y de desolación humana para poner amor y alegría que dan la nueva vida que todos necesitamos. El amor y la alegría que nos regala el Resucitado y que nos proporciona la fe verdadera, la que no necesita pruebas ni evidencias sino la que nos hace fuertes y la que nos hace sentir a Jesús vivo entre nosotros cuando hay amor en nuestras relaciones y alegrías en medio de las escenas humanas de sufrimiento y de muerte.

Emilio José Fernández, sacerdote

https://elpozodedios.blogspot.com/ 

 

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Triduo Pascual en la Santa Iglesia Catedral

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Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, ha presidido el Triduo Sacro en el primer templo de la Diócesis.

JUEVES SANTO, MISA CENA DEL SEÑOR

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El Jueves Santo la Santa Iglesia Catedral acogía el inicio del Triduo Santo con la celebración de la Cena del Señor, la cual estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras las distintas celebraciones litúrgicas propias de la Semana Santa como la Misa con bendición de ramos y palmas y la Misa Crismal, todo el Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia Asidonense estaba invitada a participar junto a nuestro pastor de la celebración en la que recordamos la Última Cena del Señor.

En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado la importancia de lo que celebramos con este comienzo de la Pascua, donde Cristo lleva el amor hasta el extremo, y cuya misión nuestra en las distintas celebraciones es estar atentos al Espíritu Santo, tomando de ejemplo a María la cual es dócil a la voluntad del Señor. Asimismo, ha destacado que en este día le pedimos al Señor «alcanzar plenitud de caridad y de vida para que nuestro amor sea pleno, para que vivamos los días en este mundo como antesala de la vida eterna». Igualmente, es fundamental acompañar a Cristo en este caminar hasta su entrega, y así en cada gesto de la liturgia seamos capaces de adentrarnos en el misterio del encuentro con el Señor para llenarnos de su amor.

Por otro lado, ha subrayado tres palabras que nos regala liturgia en este día. En primer lugar, «la sangre será la señal, será este un día memorable», donde tenemos que captar como el Señor se entrega por nosotros por amor infinito, haciendo que seamos capaces de llevar a cabo tareas por amor que sin el Señor no haríamos, ya que Él sana nuestras heridas. En segundo lugar, destaca la palabra Eucaristía, ya que participar en ella es hacernos partícipes de su entrega por amor y así experimentar como entra a nuestro corazón, siendo fuente y cumbre de nuestra vida de fe. Y en tercer lugar, ha mencionado la idea clara de que el Señor nos regala antes lo que luego necesitaremos en nuestra vida, y así tener como pilar el amarnos cada uno de nosotros como Él nos amó.

Por último, se vivió, como es propio de esta celebración litúrgica, la reserva de la Eucaristía en la Capilla del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, donde los fieles presentes pudieron orar ante el Señor. PINCHA AQUÍ PARA VER EL MOMENTO DE LA RESERVA DE LA EUCARISTÍA

VIERNES SANTO, CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

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Tras el primer día del Triduo Sacro con la Misa de la Cena del Señor, llegaba el segundo día con la celebración de la Pasión, presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que el símbolo de la cruz y su adoración era la protagonista.

En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que en la cruz esta la luz de la salvación, y por ello para llegar a esa salvación es fundamental recibir a María primero como madre, entrando así en el misterio del costado traspasado de Cristo para experimentar su amor infinito. Asimismo, ha mencionado la idea de que los anhelos y heridas de nuestro corazón encuentran solo respuesta en el corazón traspasado de Cristo.

Por otro lado, destacando la liturgia de esta celebración, debemos fijarnos en los distintos gestos que la Iglesia nos invita a vivir. En primer lugar, la escucha, ya que a través de la Palabra de Dios y el silencio podremos oír la voz de Cristo que es lámpara para nuestros pasos. En segundo lugar, ha destacado la adoración de la cruz, momento que nos recuerda a no avergonzarnos de nuestra cruz, la cual llevaremos con la ayuda del Señor, siendo así capaces de estar también con aquellos que no quiere llevarla. Y en tercer lugar, vivir la comunión que Él nos regala, ya que así con la Eucaristía participaremos con Él de su entregar de amor infinito.

SÁBADO SANTO, VIGILIA PASCUAL

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PINCHA AQUÍ PARA VER EL INICIO DE LA VIGILIA PASCUAL

Tras la Pasión del Señor vivimos en el primer templo de la Diócesis la Vigilia Pascual, la celebración de la Resurrección de Cristo. Comenzábamos en la entrada a la Santa Iglesia Catedral, para una vez encendido el Cirio Pascual, todos los presentes junto al Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés, que presidía la Vigilia, entraban en el templo madre de la Diócesis para seguir con la liturgia propia de la Vigilia Pascual. Asimismo, esta celebración ha estado marcada por la gran alegría, como ha mencionado en la predicación Mons. Rico Pavés, de poder acoger en el primer templo de la Diócesis el momento donde 12 personas han recibido los distintos Sacramentos de la Iniciación Cristiana.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL MOMENTO DEL BAUTIZO DE LOS CATECÚMENOS

PINCHA AQUÍ PARA VER EL MOMENTO DONDE SE VISTEN CON TÚNICAS Y RECIBEN LA LUZ

En la homilía, el Sr, Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado la importancia de lo que hemos vivido estos tres días en el Triduo Santo, destacando la palabra Pascua, que significa paso. Asimismo, ha subrayado como la luz de la Pascua es capaz de hacernos comprender aquello que supera la razón humana, luz con la que comenzamos la Vigilia Pascual y que nos introduce en el misterio del amor de Cristo que ensancha nuestro corazón y lo llena de plenitud. Igualmente, mencionando la luz, ha destacado a los catecúmenos, los cuales se han dejado acompañar por la Iglesia y así entran en el misterio de la presencia de Cristo que es capaz de sacarlos de la oscuridad.

Por otro lado, ha destacado las ideas que nos propone la Iglesia en esta Vigilia. En primer lugar, la luz de Cristo, la cual ordena nuestra vida al guiarnos por ella y así ser luz para nuestros contemporáneos. En segundo lugar, la Palabra de Dios, donde nos damos cuenta que somos partícipes de lo que nos dice el Antiguo y Nuevo Testamento, dándonos cuenta que sin la escucha no seremos capaces de seguir la voluntad del Señor y contemplar su rostro. En tercer lugar, el Bautismo, que ha recibido los catecúmenos y que renuevan los ya bautizados, teniendo siempre presente nuestro origen que nos hará darnos cuenta de nuestra misión en la Iglesia, y así maduramos en cada paso en nuestra fe.

Por último, ha destacado la importancia de que los que han recibido los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, se dejen llevar por la Iglesia con sus padrinos y así encontrar su sitio en ella para servir a Cristo en la misión a la que estén llamados. Asimismo, ha subrayado que los dones que Cristo les ha regalado es para darse, ya que estamos hechos para servir a los demás entregando el amor que el Señor nos ha regalado, es decir evangelizar. Igualmente, ha destacado la Eucaristía, pilar fundamental de nuestra vida cristiana, ya que sin la Misa nuestra vida de fe se desmorona.

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Ha fallecido en India la religiosa Rosario López, de Beas de Guadix y fundadora de un colegio y un centro para personas con discapacidad en aquel país

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Ha fallecido en India la religiosa Rosario López, de Beas de Guadix y fundadora de un colegio y un centro para personas con discapacidad en aquel país

 

La hermana Rosario López Herrera, que tenía 94 años, ha vivido la mayor parte de su tiempo entre China e India, como Misionera de Cristo Jesús, siempre al cuidado de los más necesitados

 

Ha fallecido en Tura (India) la religiosa Rosario López Herrera, natural de Beas de Guadix, donde nació hace 94 años. La hermana Rosario pertenecía a la congregación de Misioneras de Cristo Jesús y ha estado buena parte de su vida en China y en India, donde permanecía desde hace bastante tiempo y donde ha fallecido como misionera en aquel país. Es tía del sacerdote Juan Manuel Romero, también natural de Beas de Guadix.

Sor Rosario ha fallecido en Tura, donde residía desde hace décadas y donde será enterrada, por expreso deseo suyo. De está manera, permanecerá en India para siempre, junto a los que ha dedicado buena parte de su vida. El cuerpo ha sido velado durante el Viernes Santo y será enterrado este Sábado Santo.

Como recogen las crónicas de los medios locales, la hermana Rosario era muy querida, sobre todo por la labor que realizó siempre en favor de las personas con discapacidad, tanto niños como mayores, para los que creó un colegio y un centro – la Sociedad Betania- donde poder vivir y trabajar, a pesar de sus limitaciones. Por eso, cuando se ha producido su muerte, los medios de comunicación locales se han hecho eco de la noticia y han comentado la pérdida que supone su muerte y la gran labor que realizaba como misionera.

Con estas palabras se hacía eco el periódico digital www.hubnetwork.in de la muerte de la religiosa Rosario López, natural de Beas de Guadix, pero que ha vivido en India como misionera:

La hermana Rosario, fundadora de la Sociedad Betania, fallece dejando un rico legado de servicio social

Tura, 28 de marzo : La monja misionera de España, la hermana Rosario López Herrería, que pasó décadas en Garo Hills ayudando a niños, hombres y mujeres con discapacidades especiales y también estableció el mayor instituto para su bienestar: la Sociedad Betania en Tura, falleció este tarde mientras recibía tratamiento en el Hospital Nazareth de Shillong. Ella tenía 94 años.

Miembro de la congregación de la Iglesia Católica Misioneras de Cristo Jesús (MCJ), la hermana Rosario era una misionera muy conocida en Garo Hills que tomó la iniciativa de establecer un hogar para niños discapacitados y brindarles educación de calidad mediante el uso de Braille y signos. idioma, mientras que los hombres y mujeres adultos fueron capacitados en diversas artesanías y prácticas agrícolas para ayudarlos a mantenerse económicamente fuertes en la sociedad.

También recibió el premio Pa Togan Nengminja de Meghalaya por Servicio Social.

Su cuerpo será llevado a Tura y permanecerá en la escuela St. Xavier el Viernes Santo para que los simpatizantes presenten sus últimos respetos. Su funeral está previsto para el sábado.

La hermana Rosario (centro) celebra el cumpleaños de la hermana Carmen (sentada) de 93 años en Shillong hace unos meses.

Amiga cercana de la difunta hermana Guadalupe de St. Xavier, quien fue pionera en el trabajo con los leprosos de Garo Hills, la hermana Rosario comenzó su trabajo en Mendal en Garo Hills y luego se mudó a Khasi Hills. Fundó la Sociedad Betania en Tura en 1986.

A través de la sociedad, abrió el instituto Marian de Educación Integrada para Ciegos en Kamipara, Araimile en Tura, donde se alojaba y educaba a niños con discapacidad visual. Posteriormente, la escuela pasó a manos de los Hermanos Montfort de San Gabriel, quienes establecieron el instituto de educación para niños especiales más grande de todo el estado: el Centro de Educación Montfort en Tura.

“La hermana era una monja muy dedicada y trabajadora que tenía un inmenso amor por los niños y los discapacitados. A pesar de la edad y las condiciones de salud, nunca dejó de trabajar. La extrañaremos muchísimo”, se lamentó Michael K Sangma, quien fue uno de los primeros miembros en unirse a la hermana Rosario en su trabajo en Garo Hills para los discapacitados especiales.

Habiendo sido testigo de las extremas dificultades que enfrentaban las personas que vivían en la remota región de Gabil en East Garo Hills, donde las carreteras y las instalaciones médicas eran literalmente inexistentes en la década de 1990, abrió una guardería para niños y una escuela llamada Kamino Pringprang, que ha convertirse ahora en un instituto autosuficiente.

Se establecerían dos complejos permanentes de la Sociedad Betania en Garo Hills: uno en New Tura, cerca de la sede de MBOSE, y el otro en la aldea de Tebronggre bajo Rongram.

Hoy, el instituto de la Sociedad Bethany en Veronica Lane en Shillong es también un testimonio de la dedicación y el celo de la hermana Rosario. Los Hermanos Cristianos del instituto de St. Edmund donaron el terreno, que alguna vez se conoció como campo Dhobi o campo de división D para los internos, para que la sociedad estableciera su instituto.

Pasó sus últimos años estableciendo instalaciones educativas para niños en China antes de que la mala salud la trajera de regreso a sus raíces en Garo Hills.

(Tomado de https://hubnetwork.in/bethany-society-founder-sister-rosario-passes-away-leaving-a-rich-legacy-of-social-service/ )

 

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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La noche más importante del año litúrgico

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La noche más importante del año litúrgico

Hoy, Sábado Santo, se cierra el triduo sacro con al celebración de la vigilia pascual, poco antes de la finalización del día. Se trata, sin duda, de la celebración más importante del año litúrgico, y tiene una carga simbólica que conviene explicar.

De ello se encarga Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, que explica el significado, trascendencia y simbología de una misa solemne donde las haya.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy jueves a las once de la noche, presidida por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

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Sábado Santo, vigilia pascual

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Sábado Santo, vigilia pascual

Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, explica la celebración con la que se cierra el triduo sacro, la cita más importante del católico: la vigilia pascual.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy jueves a las once de la noche, presididas por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

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Sábado Santo – Vigilia Pascual (Catedral-Málaga)

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Homilía del Sr. Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en la vigilia pascual 2024

SÁBADO SANTO – VIGILIA PASCUAL

(Catedral-Málaga, 30 marzo 2024)

Lecturas: Gn 1, 1-2,2; Ex 14, 15-15,1; Is 55, 1-11; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Sal 117; Lc 24, 1-12.

La vida nueva en Cristo, en los sacramentos

1.- Muy queridos hermanos en el episcopado, sacerdotes, diáconos, ministros del altar y fieles todos. En esta Noche Santa de la Vigilia pascual hemos escuchado en las lecturas bíblicas la historia de la salvación y las hazañas que Dios ha realizado en favor de la humanidad.

Dios ha hecho su gran obra de la creación en favor del hombre, que es su centro y su meta. Como hemos escuchado, Dios creó en el día sexto al ser humano, como culmen de la creación, dándole poder y dominio sobre todos los demás seres creados.

La historia de la salvación es el entramado de toda la revelación de Dios eterno, quien creó el mundo de la nada; ninguna criatura pudo venir a la existencia sin la palabra omnipotente del Creador.

La vida del cosmos ha tenido un inicio en el tiempo; aunque haya ciertas teorías que quieren explicar la existencia del cosmos desde presupuestos pre-científicos o falsamente científicos. El cosmos es creado por Dios de la nada y en el tiempo; ésta es una verdad revelada.

Esta obra ha sido coronada por el hombre, como imagen de la divinidad que, teniendo un elemento terreno, tiene también otro componente divino que le ennoblece y lo abre a la trascendencia, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios (cf. Gn 1, 26-27).

La creación es el primer acto salvífico en el tiempo, que parte de la iniciativa divina; y es modelo de otras acciones salvíficas posteriores. Después de la lectura de la creación hemos escuchado otras hazañas salvíficas, que Dios hace en favor de su pueblo Israel. Cada acto salvífico se considerará una nueva creación, referida a la salvación definitiva.

Dios creó al hombre para la vida, para la felicidad y para la libertad. Y el hombre será feliz en comunión con su Creador, pero no si se separa de él; y disfrutará de una vida sin límites y sin muerte, si come solo de aquello que gratuita y generosamente se le ofrece. Dios hizo al hombre para la vida eterna.

Esta historia universal de salvación la vivimos también como historia particular de salvación, puesto que Dios nos ha creado a través de nuestros padres; nos ha hecho hijos suyos en el bautismo; y ha realizado tantas cosas buenas y bellas en la vida de cada uno de nosotros.

Dios hizo alianza con el pueblo de Israel y la hace con cada uno de nosotros; es una alianza de amor. El pueblo de Israel rompió muchas veces la alianza: la de Noé, la de Moisés, la de Abrahán. Hasta que, en la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4-5), el Hijo de Dios realiza la alianza definitiva. Y nosotros, ¿cómo vivimos la alianza de amor con el Señor?

2.- Esta es la noche bautismal por excelencia, queridos hermanos, porque en las aguas del bautismo somos sepultados en la muerte de Cristo, para que muertos al pecado (cf. Rm 6, 8), por el don de la fe renazcamos a una vida nueva. Como dice san Pablo: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4).

La Pascua nos invita a vivir esa vida nueva; una vida en la que hemos de procurar dejar a un lado todo lo que nos aparta de Dios, teniendo la mente y los sentimientos de Cristo (cf. Flp 2, 5) y rechazando todo pecado.

San Pablo explica el misterio Pascual al que somos incorporados por medio del bautismo, y la vida de unión con Cristo a la que nos introduce: «Si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya» (Rm 6, 5). Para resucitar es preciso primero morir.

La Pascua es el paso de la muerte a la vida; de las tinieblas a la luz, como hemos hecho en la primera parte de la liturgia de esta noche, acompañados de la luz del Cirio pascual, signo de Cristo resucitado.

3.- El agua simboliza la muerte en la cual se reconquista la vida: el agua «que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 14). Es necesario “sumergirse” en esta agua, en esta muerte, para emerger después de ella como hombre nuevo, como nueva creatura; es decir, vivificado por la potencia de la resurrección de Cristo.

Este es el misterio del agua, que esta noche bendecimos y que será  penetrada por la “luz de Cristo”, cuando introduzcamos el Cirio pascual en el agua; el agua es símbolo de la potencia de la resurrección y de la vida nueva.

Esta agua llega a ser, en el sacramento del bautismo, el signo de la victoria sobre el mal, sobre satanás, sobre el pecado; el signo de la victoria que Cristo ha traido mediante su muerte en cruz, como nos recuerda san Pablo: «Nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado» (Rm 6, 6).

Con san Juan Pablo II decimos: “Esta es la noche de la gran espera. Esperamos en la fe, esperamos con todo nuestro ser humano a Aquel, que al alba ha roto la tiranía de la muerte y ha revelado la divina potencia de la vida: Él es nuestra esperanza” (Homilía en la misa de la Vigilia Pascual, La nueva vida en la luz de Cristo, 5, Vaticano, 14.IV.1979).

4.- La vida nueva en la que Cristo nos ha introducido se nos comunica de modo real en los sacramentos, en los que Cristo resucitado y vivo está presente entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20).

Su presencia real brilla de modo eminente en la eucaristía, a la que se ordenan todos los demás sacramentos, pues en ella se nos da Cristo mismo todo entero, y por ella entramos en comunión viva y personal con Él.

En esta noche de Pascua los catecúmenos reciben el bautismo, mediante el cual son incorporados a la muerte y a la resurrección del Señor. Y después participan por primera vez del cuerpo sacramental de Jesucristo: la eucaristía. Recibirán, por tanto, los dos sacramentos principales: bautismo y eucaristía. También recibirán la confirmación, que es el perfeccionamiento del bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1316).

5. Los sacramentos han brotado de la cruz de Cristo, como dice Juan Crisóstomo, y su fuente fue el costado del Señor: “Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía” (Catequesis 3, 15).

Del costado de Jesús se formó la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva. Con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia. Cristo se ha unido a su esposa y la nutre con su propio cuerpo y alimenta con sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer (cf. Ibid. 3, 19).

Queridos hermanos, celebremos esta Pascua dejándonos renovar por los sacramentos y aceptando la vida nueva en Cristo resucitado. Dejemos que nuestro “hombre viejo” sea destruido con Cristo en su muerte (cf. Rm 6, 6), para vivir con él resucitados (cf. Rm 6, 8). Como dice el apóstol Pablo: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rm 6, 11).

Cantemos con gran alegría el cántico del “Aleluya”, propio del tiempo pascual. Y pidamos a la Virgen Santísima que nos acompañe en esta Pascua de resurrección y nos proteja con su amor maternal. Amén.

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