Este 5 de abril, nuestra Iglesia diocesana ha celebrado con la máxima solemnidad, el Domingo de Resurrección.
El obispo Eloy Santiago presidió a mediodía, en la Catedral, la Eucaristía. Posteriormente, tuvo lugar la procesión con el Santísimo Sacramento hasta la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción donde tuvo lugar el acto de adoración a Jesús Sacramentado.
El prelado quiso empezar su homilía recordando las palabras del papa León XIV en su bendición Urbi et orbi de esta mañana. “Cristo ha resucitado. Es la victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio”.
La experiencia de la Resurrección, indicó Santiago, hace que nos pongamos en movimiento, como le ocurrió a María Magdalena, a Simón Pedro y a Juan. “Qué bella imagen para expresar cómo la Resurrección de Cristo y su anuncio no puede dejarnos indiferentes y quietos. ¡Al contrario! Nos pone en movimiento. Un movimiento que no es pausado, cansino, desanimado, sino rápido, y que nos llena de vida y de energía”.
En otro momento de su homilía, el obispo expresó que el encuentro con Cristo vivo y resucitado ha de llevarnos a buscar los bienes del cielo y no la codicia de los bienes terrenales que en muchas ocasiones crean grandes desigualdades. “La historia, e incluso el momento presente, nos hace conocer qué sucede cuando se busca solamente los bienes de este mundo. El informe FOESSA también nos ha ayudado a tomar conciencia de esta realidad, incluso en nuestras islas, donde el 25%, vive en situación de exclusión social por no tener acceso a una vivienda o a un trabajo dignos. Una situación que no nos puede dejar indiferentes a quienes creemos en el Resucitado y estamos llamados a buscar los bienes de allá arriba”.
En este sentido, monseñor Santiago hizo hincapié en que los bienes a los que debemos aspirar son el amor, el perdón, la justicia y la paz.
Por último, el obispo invitó a todos los diocesanos a ponerse en camino raudos y veloces para encontrarse con Aquel que vive y luego ir a anunciarlo “a todos los hombres y mujeres, especialmente a los que viven sin esperanza en un vacío existencial. Que María, la mujer que también fue a prisa a la montaña a la casa de su pariente Isabel, nos acompañe en nuestra misión de anunciar a su Hijo resucitado”.























