La Catedral de Canarias acogió este Viernes Santo la solemne celebración de la Pasión y Muerte del Señor, presidida por el obispo de la diócesis, Mons. José Mazuelos, en una liturgia marcada por el silencio, la contemplación y la centralidad de la Cruz.
Durante la celebración, Mons. Mazuelos destacó el profundo significado de la Cruz como expresión suprema del amor de Dios hacia la humanidad. En su reflexión, subrayó que la muerte de Cristo no es un signo de fracaso, sino la manifestación de una entrega total que abre el camino a la salvación.
El obispo invitó a los fieles a contemplar la Cruz no solo como un símbolo de sufrimiento, sino como un signo de esperanza, donde se revela el sentido del dolor humano a la luz del amor redentor de Cristo.
Asimismo, animó a los presentes a reconocer en la Cruz las realidades de sufrimiento que atraviesan muchas personas en el mundo, especialmente los más pobres y vulnerables, recordando que en ellos se hace presente el mismo Cristo crucificado.
La liturgia incluyó la proclamación de la Pasión según el Evangelio, la adoración de la Cruz —uno de los momentos más intensos de la celebración— y la comunión con las formas consagradas en la Eucaristía del día anterior.
La Catedral de La Laguna acogió los cultos del Viernes Santo. El obispo, Eloy Santiago, presidió la celebración que comenzaba en silencio, con el gesto de «postración» delante del altar.
En su homilía, monseñor Santiago destacó que hoy la liturgia nos invita a saber mirar. “Mirarán al traspasado, es la invitación del relato de la Pasión. Asimismo, en la adoración de la Cruz se nos invita a mirar el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”.
Tras este punto de partida, el obispo hizo hincapié en la contemplación del misterio asombroso de la muerte de Jesús. “Cristo, en su actitud filial de Hijo, se ha convertido en sumo sacerdote aprendiendo a obedecer y haciendo la voluntad del Padre. Ante el misterio del sufrimiento y de la muerte, nos quedamos sin palabras, en silencio. Pero un silencio cargado de esperanza ya que sabemos que la muerte no tiene la última palabra”.
Al hilo de esta idea, Santiago añadió que la esperanza cristiana da la fuerza necesaria ante las pruebas de la vida. “Nuestra esperanza tiene sentido en Dios. Cristo, en la cruz, cargó con nuestros pecados. Él nos invita a mantener firme la confesión de la fe, que es promesa de vida eterna”.
El obispo nivariense también tuvo un sentido recuerdo a nuestros hermanos cristianos perseguidos y aquellos que viven en Tierra Santa.
Después de la homilía se realizó la oración universal, la adoración de la Cruz y se pudo comulgar a partir del pan consagrado en la Misa del Jueves Santo.
Cada día de la Semana Santa en diálogo con María, a través de la obra del sacerdote Alfonso Crespo “La Pasión desde una mirada femenina”.
Una tradición popular ha hecho oración contemplativa el inmenso dolor de María. Meditar el misterio del dolor de María es, sobre todo, contemplar su inmenso amor. Un amor a Cristo como no ha existido nunca otro semejante en este mundo. Un amor llevado, a imitación de Cristo, hasta el extremo. El dolor de María se mide con la medida del amor. Y sólo el amor hace creíble y soportable el sufrimiento. Sufrir, si es por amor, es donación y entrega. Al amor hasta el extremo de Jesucristo, responde María con amor desbordado; por ello, también, al dolor sin medida del Hijo responde la Madre con la plenitud de los siete dolores.
-Cuéntanos tú, Madre, este mar de dolores, que nos adentra en la historia de tu Hijo. Dinos cómo aprender a descubrir que el dolor y la muerte, cuando es por amor, es dolor de bálsamo, y muerte que engendra vida.
-Quedé en la más profunda soledad… Comenzaban los días más largos. ¡Sin poder contemplar a mi Hijo, para qué me sirve la mirada!
El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ofrece cada día de la Semana Santa una reflexión previa a la retransmisión diaria de las procesiones por parte de la Cadena COPE.
El Viernes Santo ha comenzado en la Catedral de Jaén con el rezo solemne de Laudes a primera hora de la mañana. Ya por la tarde, a las 17 horas, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de la Pasión del Señor en el primer templo de la Diócesis.
Una ceremonia marcada por la sobriedad, con el altar desnudo, el presbiterio sin ornamentación y el templo en penumbra, invitando al recogimiento y a la contemplación del misterio de la Cruz.
El Obispo, revestido con casulla roja y mitra, pero sin anillo ni báculo, ha iniciado la celebración en silencio junto a los concelebrantes. Sin cruz procesional, ciriales, incienso ni Evangeliario, han avanzado hasta el presbiterio. Allí, el Obispo ha dejado la mitra y se ha postrado ante el altar durante unos instantes, gesto que han acompañado los ministros asistentes, mientras el resto de los fieles permanecía de rodillas.
Don Sebastián ha estado acompañado por el Provicario General de la Diócesis, D. José Antonio Sánchez; el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz; y otros miembros del Cabildo catedralicio como D. Juan García, D. Juan Herrera, D. Antonio Aranda, D. Manuel Carmona, D. Antonio Lara. También han participado el diácono permanente Manolo Rico;los seminaristas, que han acompañado con sus cantos, y el canónigo y organista, D. Alfonso Medina.
A continuación, las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista Guillermo Pérez. El relato de la Pasión, según san Juan, ha sido cantado por D. Juan Francisco Ortiz y los seminaristas Faustine Frolianus y Salvador Ruiz.
Homilía
El Obispo ha comenzado su predicación recordando que “la Iglesia en este día no celebra la Eucaristía. Hoy calla, escucha, ora y contempla; nos pone ante la Cruz del Señor. Y ante ella sobran las palabras vacías. Ante ‘el estupor’ del gran amor contemplado en la Cruz, entramos en un verdadero abismo de adoración y de gratitud”.
Asimismo, ha subrayado que la Pasión según san Juan deja en el alma dolor, pero también una profunda paz. “Porque en medio de la injusticia, de la violencia y del odio, Jesucristo no aparece simplemente como una víctima arrastrada por los acontecimientos, sino como el Hijo que se entrega libremente por la salvación del mundo. Por eso, hoy no recordamos sólo un hecho pasado. Hoy adoramos el amor más grande que ha entrado en la historia: el amor de Cristo, Siervo sufriente, Sumo Sacerdote compasivo y Cordero que quita el pecado del mundo”.
En este sentido, Don Sebastián ha recordado que la Pasión “deja al descubierto la verdad del corazón humano. En torno a Jesús aparecen la cobardía de Pilato, la dureza de los sumos sacerdotes, la violencia de la multitud, la debilidad de los discípulos. Todos fallan. Todos, de un modo u otro, se apartan de la verdad. Y ahí estamos también nosotros. El Viernes Santo no es sólo el relato del pecado de otros. También nosotros cedemos al miedo, al interés, a la comodidad, al respeto humano. También nosotros, muchas veces, no somos fieles”. Para añadir: “Al mirar al Crucificado, cada uno puede decir: soy amado. A pesar de mis caídas, de mis incoherencias y de mi pobreza, soy amado. En Cristo con los brazos abiertos, Dios nos sigue acogiendo, perdonando y llamando”.
El Prelado jiennense, además, ha apelado a la conversión y a la esperanza cristiana, afirmando que la cruz nos obliga a reconocer esta verdad: “nuestro mundo no es inocente, y nosotros tampoco. Somos pecadores necesitados de salvación. Pero el pecado no tiene la última palabra. La última palabra la tiene el amor de Dios. El profeta Isaías nos ha presentado al Siervo sufriente que carga con nuestros dolores y pecados. Cristo es el Siervo sufriente, el que se entrega por nosotros. Toma sobre sí nuestra culpa para abrirnos un camino nuevo”.
Finalmente, ha invitado a los fieles a la adoración y a la contemplación del misterio de la Cruz, destacando que “dentro de unos momentos vamos a adorar la Cruz. No adoramos un madero, sino a Cristo que nos ha amado hasta el extremo. La cruz es el lugar donde ‘se revela la gloria de Dios’: una gloria que no aplasta, sino que salva; que no humilla, sino que levanta. Y pidamos al Señor que este Viernes Santo no pase superficialmente por nuestra vida. Que la cruz no sea sólo un gesto externo, sino el lugar donde renace nuestra fe y se renueva nuestra manera de vivir”.
Tras la homilía, y durante la oración de los fieles, se ha pedido por la Santa Iglesia; por el Papa; por todos los ministros y por los fieles; por los catecúmenos; por la unidad de los cristianos; por el pueblo judío, el primero a quien habló Dios; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes; y por los atribulados.
Adoración de la Cruz
Uno de los momentos de mayor recogimiento ha sido la adoración de la Cruz. El Cristo de las Misericordias, una talla de Gutierre Gierero, ha sido llevado por el diácono permanente, acompañado por dos seminaristas, desde el coro hasta el presbiterio, proclamándose en tres ocasiones: «Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo».
A continuación, el Obispo, despojado de la casulla y descalzo, ha venerado la Cruz, seguido por los presbíteros, seminaristas y fieles.
Posteriormente, se ha distribuido la Sagrada Comunión con las formas consagradas en la celebración del Jueves Santo, reservadas desde el día anterior.
Bendición con el Santo Rostro
Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones exteriores de la Catedral para bendecir, con el Santo Rostro, la ciudad de Jaén, sus habitantes y sus campos, desde los cuatro puntos cardinales.
La celebración del Sábado Santo comenzará a las 9 de la mañana con el rezo de los Laudes y culminará con la Solemne Vigilia Pascual, que tendrá lugar a las 22:30 horas en la Catedral, presidida, también, por nuestro Obispo.
El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido esta tarde en la Catedral de Sevilla la celebración de la Pasión del Señor, en la que se contempla la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se adora su Cruz.
En la celebración litúrgica ha participado el nuncio apostólico en Gran Bretaña, monseñor Miguel Mauri Buendía, y el deán del Cabildo Catedral, Francisco José Ortiz Bernal, representantes del clero y laicado sevillano, así como de la vida consagrada. Asimismo, por parte de las autoridades civiles han asistido representantes de la corporación municipal.
«Cristo se entrega por amor; carga con nuestros pecados»
En su homilía, el arzobispo de Sevilla ha recordado a los presentes que «en la tarde del Viernes Santo la Iglesia se recoge en un silencio sobrecogedor. Hoy la Iglesia contempla, adora y se deja herir por el amor de Cristo crucificado».
«La Iglesia proclama cada Viernes Santo que Cristo no padece por azar, ni simplemente por la crueldad de los hombres, ni solo como víctima de una injusticia», ha apuntado. «Cristo se entrega por amor; carga con nuestros pecados; toma sobre sí el peso del mal del mundo para reconciliarnos con el Padre».
Asimismo, monseñor Saiz ha explicado que los misterios del Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual «son un único misterio», pues lo que comenzó en la Cena del Señor «encuentra hoy su dramático cumplimiento». «La Eucaristía y el Calvario son inseparables- añadió-. El Cuerpo entregado y la Sangre derramada, ofrecidos sacramentalmente el Jueves Santo, son hoy ofrecidos de modo cruento en el sacrificio de la cruz.
El prelado hispalense ha pedido unirse al papa León XIV en su oración por la paz del mundo, especialmente en Oriente Medio: «Nos unimos a su llamada a los gobernantes a deponer las armas, a dialogar, a contemplar a Jesús, Rey de la paz, a vivir la bienaventuranza de la paz, a ser constructores de reconciliación y de paz».
Por otro lado ha apelado a contemplar al Señor en la Cruz «con fe, con amor y con agradecimiento, con humildad» y cargar con la cruz de cada uno, «sabiendo que los sufrimientos que lleva consigo reciben el sentido redentor que la cruz de Jesús proyecta sobre ellos». Por último, ha invitado a los presentes a que la celebración » nos adentre de tal modo en el misterio de la Pasión del Señor, que podamos llegar con alma purificada y corazón renovado a la luz gloriosa de la Pascua.
La liturgia del Viernes Santo
El segundo día del Sagrado triduo Pascual es una celebración litúrgica que consta de tres partes: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Sagrada Comunión. La liturgia de la Palabra muestra cómo las antiguas profecías mesiánicas se cumplieron en la pasión y muerte de Jesús. De esta manera resonó en las naves de la catedral el canto solemne de la proclamación de la Pasión y Muerte según el evangelista San Juan. A continuación y antes de la adoración de la Cruz, tuvo lugar la oración universal, que expresa el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo. Posteriormente, se ha llevado a cabo la entronización y adoración de la Cruz, momento cumbre de estos oficios. Finalmente, ha tenido lugar la Sagrada Comunión, con el Santísimo Sacramento reservado ayer jueves en el Monumento de la Capilla Real. El signo propio de hoy es la imagen del Crucificado.
El Sábado Santo, la Vigilia Pascual comenzará a las once de la noche con el rito del fuego en la Puerta del Príncipe de la Catedral de Sevilla. La cadena de televisión TRECE retransmitirá la vigilia pascual desde la catedral de Sevilla.
Celebrados los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, presididos en la Catedral por nuestro arzobispo.
Silencio, recogimiento, sobriedad. Así ha sido la liturgia que se celebra hoy Viernes Santo, en los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, en la que se conmemora la expiración del Señor en la cruz, a la espera de la resurrección gloriosa.
En la Catedral, los Oficios han sido presididos por nuestro arzobispo, concelebrada por miembros del Cabildo catedralicio, con la participación de los seminaristas y la comunidad de fieles. En silencio, comenzó una liturgia en la que el arzobispo se postró de cuerpo tendido en el suelo, ante el altar, junto a los sacerdotes concelebrantes, de rodillas.
Tras el relato de la pasión del Señor, en el que Jesús es condenado a muerte y una muerte en la cruz, la adoración de la cruz ha concentrado el momento central litúrgico, junto a la comunión procedente de la consagración en los Oficios del Jueves Santo, ya que hoy no se ha celebrado una Eucaristía.
Por la nave central, y bajo el himno “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo, venid a adorarlo”, la cruz de Cristo atravesaba la Catedral hasta el altar, portada por el rector del Seminario Mayor San Cecilio y miembro del cabildo catedralicio, D. Moisés Fernández. En ese punto, los fieles fueron desfilando ante la cruz del Señor, adorándola con una genuflexión o inclinando la cabeza, y la oración interior.
En la oración de los fieles, entre otras, se ha pedido por la paz, por las familias, por los enfermos y abandonados, y también por quienes no creen en Dios o no creen en Jesucristo, para que el Espíritu Santo le lleve hasta Él.
La colecta de este Viernes Santo se destina al sostenimiento de los Santos Lugares en Tierra Santa, es decir, los lugares en los que Jesús nació, creció, ejerció su ministerio público, fue condenado en la cruz, padeció, murió y resucitó.
EL SENTIDO DE LA CRUZ REDENTORA En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo ha hablado del sentido de la cruz, que todos llevamos en nuestra vida “de un modo o de otro”.
“En este mundo nuestro, en el que parece que vamos buscando solo el placer, solo el tener, solo el éxito, solo el poder, se nos levanta la cruz para decirnos que es lo más humano, lo más comprensible. Ahí está Cristo. Y sabemos encontrar en las cruces de los demás a ese Cristo sufriente, con el que Cristo se solidariza y carga sobre sí el sufrimiento de la humanidad”.
“Cristo sabe de nuestros dolores, de nuestras angustias, de nuestras penas, de nuestros sufrimientos. Nada humano le es ajeno. Él le dice al hombre, como dice el concilio, lo que debe ser el hombre. Él es la suprema vocación del hombre. Por eso adoramos su cruz. El pueblo cristiano la invoca en el viacrucis y, al fin y al cabo, la vida es un viacrucis, es un camino de cruz”, explicó.
Nuestro arzobispo profundizó en el sentido de vida que es la cruz redentora de Cristo, en su entrega amorosa y vicaria por cada uno de nosotros. “’¡Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo!’. Por la cruz se llega a la resurrección. Por la entrega y el sacrificio se vive el amor más espléndido, el que da fruto˝.
“Quien quiera liberarse de la cruz, quien quiera apartar el dolor en su vida, quien no quiera entender nada de la entrega y del sacrificio, va a vivir en la esterilidad, va a vivir en la soledad. En cambio, cuando sabemos ser comprensivos y aceptamos hoy nosotros las cruces de los demás como cirineos, viene la alegría y hacemos un mundo mejor”.
La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced ha acogido este Viernes Santo, 3 de abril, a las 17:00 horas, la solemne celebración de la Pasión del Señor, presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra. Numerosos fieles, junto al presbiterio catedralicio, se han congregado para participar en esta liturgia central del Triduo Pascual, en la que la Iglesia contempla la entrega de Cristo por la salvación del mundo.
La celebración ha comenzado en silencio, con el altar despojado, signo del despojamiento de Cristo en su Pasión. En la liturgia de la Palabra, la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías (Is 52, 13—53, 12), ha presentado la figura del Siervo sufriente, que carga con los pecados de la humanidad, anticipando el misterio redentor de Cristo.
A continuación, la segunda lectura, de la carta a los Hebreos (Hb 4, 14—7, 28), ha invitado a contemplar a Cristo como el sumo sacerdote que, habiendo pasado por el sufrimiento, se muestra cercano a la debilidad humana y mediador de la nueva alianza.
La proclamación de la Pasión del Señor según san Juan ha constituido el centro de la celebración, vivida por la asamblea en un clima de silencio y contemplación, que ha ayudado a profundizar en el amor extremo de Cristo entregado en la Cruz.
En su homilía, Mons. Gómez Sierra ha recordado que “este relato de la Pasión, Muerte y Sepultura del Señor es un relato que nos sobrecoge”, invitando a los fieles a adentrarse en su profundidad para conocer verdaderamente a Dios. En este sentido, ha subrayado la paradoja del misterio cristiano, al afirmar que “todo lo que diríamos que es opuesto a nuestra imagen de Dios” se manifiesta en la Cruz, donde Cristo se entrega hasta la muerte.
El obispo ha destacado que la Pasión no es un elemento secundario, sino el centro de la revelación, señalando que “la Pasión de Jesús es la plenitud de la revelación de Dios”, y advirtiendo que, si no se comprende a Cristo desde ella, “Dios será un Dios fruto de nuestra ensoñación, pero no el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo”.
Asimismo, ha querido acercar este misterio a la vida concreta de los fieles, recordando que Dios no permanece distante ante el sufrimiento humano: “Dios no nos escucha desde fuera, sino desde dentro de ese dolor”, animando a vivir con esperanza las propias cruces y a descubrir en ellas la cercanía del Señor.
El prelado ha concluido invitando a reconocer a Cristo en quienes sufren, exhortando a que “sepamos también reconocer en cada persona que lleva el dolor el rostro de Cristo crucificado”, para salir a su encuentro con caridad.
Tras la oración universal, en la que la Iglesia ha elevado súplicas por toda la humanidad, ha tenido lugar la adoración de la Cruz, uno de los momentos más significativos de la celebración. Los fieles se han acercado con recogimiento para venerar el signo de la salvación, expresión de la fe en el misterio pascual.
La celebración ha concluido con la distribución de la Sagrada Comunión, con las formas consagradas en la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en un clima de silencio y profunda adoración.
La Diócesis de Huelva continúa así la celebración del Triduo Pascual, que alcanzará su culmen en la Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo, corazón de la vida cristiana.
Oración de las cinco llagas en el Campo del Príncipe, dirigida por nuestro arzobispo, en presencia de la Imagen de la Soledad de Nuestra Señora y del Cristo de los Favores en piedra. En la oración: los enfermos, los ancianos, las familias, jóvenes y niños, la paz en el mundo…
A las tres de la tarde, la misma hora en que Cristo expiró en la cruz, la tierra tembló y el velo del Templo se rasgó, como nos narran los Evangelios, Granada enmudeció en el Campo del Príncipe.
En la hora nona (tres de la nona), y como es costumbre desde hace décadas, los granadinos guardaron un hondo silencio ante el Cristo de los Favores que preside en piedra la Plaza, y ante la Sagrada Imagen de la Soledad de Nuestra Señora, que desde la iglesia de Santo Domingo partió momentos antes con la Hermandad de la Cañilla. Un silencio anunciado momentos antes con el sonido del cornetín, conmemorando la expiración de Jesucristo en la cruz.
Momentos antes, tenía lugar el rezo de la Hora Nona, en presencia de nuestro arzobispo D. José María, quien, en la oración de las cinco llagas, dirigió unas palabras y distintas peticiones a Dios, en este viernes de silencio.
Mons. Gil pidió a Dios por la paz en el mundo, por los enfermos, los mayores, quienes están en situación de soledad, los jóvenes, especialmente para quienes tienen dificultades en encontrar una vivienda digna, por los más pequeños y por las familias, especialmente aquellas con dificultades para llegar a fin de mes.
Y por todos ellos el arzobispo ha invitado a sumarse en oración a todos los granadinos, además de pedir aquello que cada uno lleva en su corazón, de tal forma que “en Granada, no hay gente que se quede atrás, para que vayamos todos por igual”, siguiendo “la búsqueda del bien común y no de lo particular”.
La corporación, a diferencia con años anteriores, no será la última que cierre la carrera oficial
La Hermandad del Santo Sepulcro y Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad es una de las corporaciones más antiguas de la ciudad. Sus primeras reglas datan de 1573, que fue el año en que los carmelitas calzados impulsaron las devociones penitenciales, de ahí que la cofradía nació vinculada a la espiritualidad del Carmelo y a la escenificación del entierro de Cristo. Actualmente, la hermandad reside en la parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos, donde el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha estado en la mañana de este Viernes Santo para admirar este gran paso procesional y la calidad de sus imágenes, a las que ha bendecido.
La cofradía es un pilar de la fe cordobesa, ya que durante los siglos XVII y XVIII, la hermandad consolidó su papel como el cierre solemne del Viernes Santo.
Asimismo, en 1995, la cofradía incorporó a Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad bajo un palio de estética renovadora. Incluso, en 2023, la Santa Sede concedió un Año Jubilar para celebrar el 450 aniversario de sus reglas. Hoy en día, la Hermandad del Santo Sepulcro en Córdoba representa una síntesis perfecta de sobriedad y tradición.