
El objetivo del programa de voluntariado en hospitales y residencias es que las personas ingresadas, enfermas o mayores, no acusen la soledad durante la enfermedad o en la etapa final de su vida. En Málaga, este programa de la Sociedad San Vicente de Paúl (SSVP) cuenta, en la actualidad, con 25 voluntarios en el Hospital Clínico, 8 en el Hospital Regional, 2 en el Guadalhorce, 6 en la residencia de mayores de El Palo. Explican en qué consiste Eduardo Santiago, joven de 20 años que, además de voluntario, estudia Medicina en la UMA, e Inmaculada Carrasco Hortal, Coordinadora de área SSVP Málaga y responsable del Proyecto de Acompañamiento en Hospitales de Málaga.
¿Quiénes participan en este voluntariado? ¿Qué requisitos se piden?
Inmaculada: En este voluntariado puede participar todo aquel que sienta esta llamada, ya sea joven, adulto o mayor. Da igual la edad. Si crees que puedes regalar algo de tu tiempo, algo tan sencillo y a la vez tan valioso como tu presencia, este es tu lugar.
A veces se llega al voluntariado casi por casualidad; otras, a través de una experiencia personal que te marca profundamente. En mi caso, fue así. Después de acompañar a mi madre en sus tres últimas semanas de vida, descubrí esta vocación. Entendí lo importante que es no dejar solo a nadie en esos momentos, cuidar su dignidad, estar presente, consolar, hacer silencio al lado… simplemente estar. Por eso decidí dar un paso más y, en mi caso, poner también mi profesión al servicio de esta vocación, coordinando este proyecto.
Hoy la Sociedad de San Vicente de Paúl desarrolla este acompañamiento en distintos hospitales de España. Solo en Málaga contamos con 25 voluntarios en el Hospital Clínico, 8 en el Hospital Regional, 2 en el Guadalhorce, 6 en la residencia de mayores de El Palo, y seguimos creciendo. Además, estamos abiertos a formar a todas las personas que quieran implicarse, ya que contamos con convenio con el resto de hospitales públicos. Actualmente, varias personas se están preparando para acompañar a pacientes en cuidados paliativos en el Hospital Marítimo.
Nuestros voluntarios, con discreción, entran en las habitaciones, se sientan junto a la cama y hacen algo tan esencial como escuchar.
No se trata de tener grandes habilidades, sino de saber estar. De sostener una conversación o compartir un silencio. De coger una mano cuando hace falta. Muchos llegan con cierto respeto o inseguridad, pero pronto descubren que lo importante no es lo que dicen, sino la cercanía que ofrecen. Para ello, reciben una formación inicial que les ayuda a situarse, pero es en el encuentro con cada persona donde realmente aprenden lo que significa acompañar.
Después de acompañar a mi madre en sus tres últimas semanas de vida, descubrí esta vocación. Entendí lo importante que es no dejar solo a nadie en esos momentos
-¿En qué consiste?
Eduardo: Consiste simplemente en visitar a los pacientes ingresados en un hospital que puedan necesitar compañía. Cada caso es un mundo y requiere un acercamiento diferente, ya que no a todos les apetece visita, mientras que a algunos les encanta hablar durante horas, otros se conforman con una pequeña charla, hay quienes simplemente buscan distraerse un ratito… y eso se explica por los distintos diagnósticos y la variedad de vivencias y experiencias que les han llevado a cada uno de ellos a precisar visita. Aunque es bastante común descubrir que algunos pacientes en realidad no están verdaderamente solos, sino que solo tienen familiares muy ocupados o en el extranjero que no pueden estar con ellos en esos momentos tan vulnerables, también abundan casos más extremos de gente que no tiene a nadie o que lo ha perdido todo, y a veces no es fácil acercarse a una persona en tal sufrimiento, pero se intenta. Sea como fuere, siempre tratamos de hacer por ellos lo mínimo que está en nuestras manos: acompañar, por supuesto, si quieren.
-¿Quiénes son sus destinatarios? ¿Cómo lo solicitan?
I: El programa está dirigido a pacientes hospitalizados y también, en algunos casos, a sus familiares. Las solicitudes llegan a través del propio hospital: personal sanitario, trabajo social, capellanía u otros servicios detectan situaciones de soledad o necesidad de acompañamiento y nos las derivan, siempre con el consentimiento del paciente o su familia.
-¿Cómo es la colaboración con los centros hospitalarios?
E: La verdad es que ponen todo de su parte, lo que agiliza mucho la labor. Estamos principalmente en contacto con Trabajo Social para seleccionar a los pacientes, pero no podemos dejar de mencionar la asistencia que nos ofrecen enfermeros, médicos y demás. Siempre sacan tiempo de sus apretados horarios para darnos el número de una habitación que ven habitualmente sola o más desanimada de lo normal, así como esperarnos a que acabemos nuestra visita para poder tratar al paciente. Ellos conocen de primera mano por lo que pasan todas aquellas personas que se enfrentan a la soledad en un clima de tanta incertidumbre como es el ingreso hospitalario, y agradecen cuando alguien se ofrece a hacer este paso algo más llevadero. Creo que hablo en nombre de todos los voluntarios cuando afirmo que no tenemos más que buenas palabras hacia todos los profesionales por su excelente trato y lo fácil que nos ponen las cosas.
-¿Y con los capellanes y familias?
I: La relación con la capellanía es especialmente cercana y enriquecedora. Nos entendemos bien, porque compartimos una misma mirada centrada en la persona y en la importancia del acompañamiento en momentos de vulnerabilidad.
Desde el voluntariado de la SSVP no acompañamos únicamente a personas católicas. Entendemos bien la diferencia entre interioridad, espiritualidad y religión, y tratamos de respetar siempre el proceso y las necesidades de cada paciente. Cuando percibimos que alguien puede necesitar atención espiritual, lo hablamos primero con la persona y, siempre con su consentimiento, contactamos con el capellán. Y a la inversa sucede igual: cuando desde capellanía detectan situaciones de soledad no deseada, nos hacen llegar el nombre del paciente y el número de habitación para poder acompañarlo.
También con las familias se genera una relación muy bonita de apoyo. En muchas ocasiones agradecen profundamente saber que su familiar no está solo cuando ellos no pueden estar presentes.
Es importante destacar que todo este acompañamiento se realiza desde el máximo respeto a la intimidad. Nunca se nos facilitan datos confidenciales, únicamente el nombre del paciente y su habitación. No conocemos su diagnóstico salvo que la propia persona quiera compartirlo. Tenemos muy claro que no somos personal sanitario: nuestra labor es estar, escuchar y acompañar.
Los voluntarios conocemos a todo tipo de gente, escuchamos testimonios inspiradores y vivimos visitas inolvidables, y nada de esto tiene precio.
-¿Cómo lo viven los jóvenes?
E: Aún no he conocido a un solo voluntario que se haya arrepentido de sumarse a esta labor. Como jóvenes y, sobre todo, como cristianos, tenemos la obligación de dejar este mundo al menos un poco mejor de como lo encontramos, y ayudar al que tenemos cerca, aunque sea poco, es un comienzo. Al principio es normal sentirse intimidado por todo el procedimiento, pero con el tiempo se convierte en un proceso muy natural y disfrutable. Además, la flexibilidad de horarios lo hace accesible incluso para los más ocupados, así que siempre se va más bien rápido el miedo a no poder comprometerse tanto como a uno le gustaría. Pero mentiría si dijera que es una labor totalmente altruista: los voluntarios conocemos a todo tipo de gente, escuchamos testimonios inspiradores y vivimos visitas inolvidables, y nada de esto tiene precio. Más que un voluntariado, me gusta más verlo como un mutualismo, pues acompañante y acompañado ganamos, y es difícil saber cuál de los dos más. Os esperamos a todos con los brazos abiertos a colaborar con la Sociedad San Vicente de Paúl.
-¿Cómo lo viven los enfermos y familias?
I: Los pacientes suelen recibir el acompañamiento con mucho agradecimiento. Muchas veces, más que la conversación en sí, lo que valoran es no sentirse solos. Que alguien entre, se siente un rato y esté ahí con ellos.
También hay días en los que asomamos a la habitación y vemos que no es buen momento. El paciente está cansado, no tiene ganas o simplemente necesita estar solo. En esos casos nos vamos con respeto, pero volvemos otro día. Porque cuando las estancias son largas, cada día es distinto, y a veces de un día para otro todo cambia.
Con el tiempo también vamos aprendiendo que no todos conectamos igual con todo el mundo. Hay pacientes que se entienden mejor con un voluntario que con otro, y eso lo intentamos cuidar, sobre todo cuando son ingresos largos. Al final, se trata de que la visita sea lo mejor posible para esa persona.
Las familias lo viven con mucho alivio. Sobre todo, cuando no pueden estar todo el tiempo, les da mucha tranquilidad saber que hay alguien acompañando. Y algo que les suele llamar mucho la atención es que haya personas que dediquen su tiempo a esto sin más. A veces se emocionan. Incluso algunos nos dicen que cuando todo pase les gustaría hacerse voluntarios… y en alguna ocasión ha ocurrido.
Y luego hay algo que pasa mucho: te das cuenta de que a veces estás acompañando más al familiar que al propio paciente. Porque el enfermo está atendido por el personal sanitario, pero el familiar pasa muchas horas allí, con mucho peso encima, y a veces es quien más necesita que alguien esté a su lado.
-¿Cómo se puede participar?
I: Las personas interesadas pueden ponerse en contacto con la Sociedad de San Vicente de Paúl en Málaga a través de la web www.ssvp.es, rellenando el formulario, mandando un mensaje a malaga@ssvp.es o bien llamando al 641 00 49 27.
Se ofrece una formación inicial y un acompañamiento continuo, de modo que cualquier persona con disponibilidad y ganas de ayudar pueda integrarse en el equipo.
Siempre hacen falta más manos… y, sobre todo, más corazones dispuestos a acompañar.










































