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Solemnidad de Pentecostés

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Solemnidad de Pentecostés

Hablar de Pentecostés es evocar, al mismo tiempo, el origen y el futuro de la Iglesia.  Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad siempre actual: el  Espíritu Santo que irrumpe, renueva, sorprende y pone en camino al pueblo de Dios. El mismo Espíritu que hoy se manifiesta especialmente en la experiencia de  caminar juntos, de escuchar y discernir comunitariamente la voluntad de Dios.  

Estamos en un momento clave de la Iglesia, inmersos en el proceso que nos  invita a hacer realidad lo discernido juntos. Este camino nos impulsa a vivir una Iglesia  más participativa, corresponsable y cercana, donde todos —laicos, pastores y  consagrados— caminamos unidos. En sintonía con el lema del Día de la Acción Católica y  del Apostolado Seglar, “Pueblo de Dios que sale al encuentro”, se nos llama a no  quedarnos encerrados, sino a salir con actitud misionera al encuentro de las personas, de  sus realidades y necesidades, llevando el Evangelio con gestos concretos de escucha,  servicio y compromiso en medio del mundo.  

En el primer Pentecostés, el Espíritu rompe el miedo, abre puertas cerradas y  convierte a un grupo disperso en una comunidad misionera. En el Pentecostés de hoy sucede algo semejante: el Espíritu nos saca de la autorreferencialidad y nos impulsa a  reconocernos como Iglesia-pueblo, donde todos —obispos, presbíteros, consagrados y  laicos— tienen voz, dignidad y responsabilidad. La comunión eclesial es la forma de ser  Iglesia animada por el Espíritu que se fundamenta en la comunión, la participación y la  misión. 

Un Pentecostés vivido en comunión implica, ante todo, una escucha profunda. El  Espíritu habla en la Palabra de Dios, pero también en el clamor de los pobres, en las  preguntas de los jóvenes, en las heridas de quienes se sienten excluidos, y en la fe  sencilla del pueblo. Esta escucha requiere conversión interior: aprender a callar para  que el otro exista, dejar de imponer respuestas y abrirnos a discernir juntos.  

Un Pentecostés vivido como participación es experiencia de una diversidad  reconciliada. En Pentecostés, cada uno oye el mensaje “en su propia lengua” sin que se  pierda la unidad. Así también, la Iglesia sinodal no busca uniformar, sino acoger carismas,  culturas y sensibilidades diversas, confiando en que el Espíritu es quien armoniza. Esto  exige paciencia, humildad y valentía para afrontar tensiones sin romper la comunión.  

Finalmente, Pentecostés conduce necesariamente a la misión. El Espíritu no es dado  para encerrarnos en debates internos, sino para enviarnos al mundo. Una Iglesia sinodal  es una Iglesia en salida, capaz de anunciar el Evangelio con palabras y obras, desde el  testimonio creíble de comunidades fraternas y corresponsables. La sinodalidad auténtica  desemboca en una misión más encarnada, más cercana y más misericordiosa.  

En síntesis, un Pentecostés sinodal significa dejarnos renovar por el Espíritu para  ser una Iglesia que camina unida, escucha con atención, discierne en comunión y sale  con audacia. Es aceptar que el Espíritu sigue hablando hoy y que solo desde la docilidad  a su acción la Iglesia puede responder con fidelidad a los desafíos de nuestro tiempo. 

Delegación Diocesana para el Apostolado de los Laicos

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Solemnidad de Pentecostés

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Solemnidad de Pentecostés

Hablar de Pentecostés es evocar, al mismo tiempo, el origen y el futuro de la Iglesia.  Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad siempre actual: el  Espíritu Santo que irrumpe, renueva, sorprende y pone en camino al pueblo de Dios. El mismo Espíritu que hoy se manifiesta especialmente en la experiencia de  caminar juntos, de escuchar y discernir comunitariamente la voluntad de Dios.  

Estamos en un momento clave de la Iglesia, inmersos en el proceso que nos  invita a hacer realidad lo discernido juntos. Este camino nos impulsa a vivir una Iglesia  más participativa, corresponsable y cercana, donde todos —laicos, pastores y  consagrados— caminamos unidos. En sintonía con el lema del Día de la Acción Católica y  del Apostolado Seglar, “Pueblo de Dios que sale al encuentro”, se nos llama a no  quedarnos encerrados, sino a salir con actitud misionera al encuentro de las personas, de  sus realidades y necesidades, llevando el Evangelio con gestos concretos de escucha,  servicio y compromiso en medio del mundo.  

En el primer Pentecostés, el Espíritu rompe el miedo, abre puertas cerradas y  convierte a un grupo disperso en una comunidad misionera. En el Pentecostés de hoy sucede algo semejante: el Espíritu nos saca de la autorreferencialidad y nos impulsa a  reconocernos como Iglesia-pueblo, donde todos —obispos, presbíteros, consagrados y  laicos— tienen voz, dignidad y responsabilidad. La comunión eclesial es la forma de ser  Iglesia animada por el Espíritu que se fundamenta en la comunión, la participación y la  misión. 

Un Pentecostés vivido en comunión implica, ante todo, una escucha profunda. El  Espíritu habla en la Palabra de Dios, pero también en el clamor de los pobres, en las  preguntas de los jóvenes, en las heridas de quienes se sienten excluidos, y en la fe  sencilla del pueblo. Esta escucha requiere conversión interior: aprender a callar para  que el otro exista, dejar de imponer respuestas y abrirnos a discernir juntos.  

Un Pentecostés vivido como participación es experiencia de una diversidad  reconciliada. En Pentecostés, cada uno oye el mensaje “en su propia lengua” sin que se  pierda la unidad. Así también, la Iglesia sinodal no busca uniformar, sino acoger carismas,  culturas y sensibilidades diversas, confiando en que el Espíritu es quien armoniza. Esto  exige paciencia, humildad y valentía para afrontar tensiones sin romper la comunión.  

Finalmente, Pentecostés conduce necesariamente a la misión. El Espíritu no es dado  para encerrarnos en debates internos, sino para enviarnos al mundo. Una Iglesia sinodal  es una Iglesia en salida, capaz de anunciar el Evangelio con palabras y obras, desde el  testimonio creíble de comunidades fraternas y corresponsables. La sinodalidad auténtica  desemboca en una misión más encarnada, más cercana y más misericordiosa.  

En síntesis, un Pentecostés sinodal significa dejarnos renovar por el Espíritu para  ser una Iglesia que camina unida, escucha con atención, discierne en comunión y sale  con audacia. Es aceptar que el Espíritu sigue hablando hoy y que solo desde la docilidad  a su acción la Iglesia puede responder con fidelidad a los desafíos de nuestro tiempo. 

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Actuar localmente para cuidar la vida

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El 22 de mayo de 2026 celebramos el Día Internacional de la Diversidad Biológica bajo un lema tan sencillo como exigente: “Actuar localmente para lograr un impacto global”. No es una consigna más. Es una llamada a reconocer que el futuro de la vida sobre la Tierra se decide también en lo pequeño: en una semilla conservada por una comunidad campesina, en una selva protegida por un pueblo indígena, en una dieta que respeta las estaciones, en una política pública que defiende la salubridad del agua, la fertilidad del suelo y la dignidad de quienes producen nuestros alimentos. El Convenio sobre la Diversidad Biológica ha confirmado este lema para 2026, subrayando precisamente esa conexión entre la acción cercana y la responsabilidad planetaria.

La biodiversidad no es un lujo ornamental de la creación. Es la trama misma de la vida. Es reflejo de la riqueza del Creador y, por tanto, merece un respeto sagrado. Cuando desaparecen especies, variedades agrícolas, polinizadores, bosques, terrenos feraces o ecosistemas acuáticos, no perdemos solo belleza: perdemos alimento, salud, cultura, resiliencia y futuro. Por eso el Papa Francisco advirtió en Laudato si’ que no basta considerar las especies como simples “recursos” disponibles para nuestro provecho, olvidando que poseen un valor en sí mismas; y recordó que muchas desaparecen para siempre por causas vinculadas a la acción humana (cfr. nn. 32-33).

La Doctrina Social de la Iglesia nos anima a mirar la depauperación de la biodiversidad no solo como un percance técnico, sino como una cuestión moral. El deterioro ambiental es a menudo consecuencia de la falta de benéficos proyectos políticos, pero, sobre todo, tiene su hontanar en la ausencia de Dios y en la debilidad ética. Cuando flaquea la fe en Dios, las almas pierden la rectitud y el egoísmo triunfa sobre el esfuerzo por el bien común. Llevaba razón Su Santidad Benedicto XVI al afirmar: “Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción” (Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino, 24 de abril de 2005). Por consiguiente, la pérdida de biodiversidad está unida al cambio climático, a la pobreza, a los conflictos, a la inequidad, a la concentración de poder, a la exclusión de los pueblos indígenas y a la fragilidad de tantos sistemas alimentarios, pero especialmente al vacío interior, a la carencia de una auténtica espiritualidad y a la omisión de la solidaridad. Nos percatamos entonces de que allí donde se menoscaba y daña la naturaleza, los primeros que suelen sufrir son los indigentes. Cuando se destruyen los suelos, se contamina el agua o desaparece alguna variedad de semillas se hiere también el derecho de las personas y los pueblos a alimentarse con dignidad.

La FAO lo expresa con claridad: la biodiversidad es fundamento de los sistemas agroalimentarios, de la producción sostenible, de la seguridad alimentaria y de la nutrición para todos. El trabajo de esta Organización internacional ayuda a los países a usar, no lesionar y restaurar la biodiversidad en los sistemas agroalimentarios, como parte esencial de una visión de un mundo sostenible y libre del hambre.

Esta afirmación tiene consecuencias concretas. No habrá derecho a la alimentación sana sin biodiversidad. Una alimentación verdaderamente adecuada no se reduce a calorías. Requiere diversificación alimenticia, calidad nutricional, viandas culturalmente apropiadas, sostenibles y accesibles. La uniformidad de los cultivos y de las dietas empobrece no solo los campos, sino también los cuerpos y las culturas. En cambio, salvaguardar la agrobiodiversidad conlleva proteger cereales tradicionales, legumbres, frutas, hortalizas, peces, razas locales, conocimientos campesinos, sistemas pastoriles, bosques alimentarios y formas de vida que han sostenido durante siglos a comunidades enteras.

También por eso debemos escuchar con humildad a las comunidades originarias. No son reliquias del pasado, sino acervos de saberes indispensables para el porvenir. La FAO ha reconocido su papel en la regeneración de ecosistemas degradados y en la tutela de la diversidad biológica, apoyando procesos liderados por ellas mismas y arraigados en sus sistemas alimentarios, espirituales y de conocimiento.

Actuar localmente significa, entonces, mucho más que realizar gestos aislados. Implica fortalecer comunidades rurales, respaldar a los pequeños productores, preservar semillas nativas, defender los derechos sobre la tierra y el agua, reducir el desperdicio alimentario, promover dietas saludables y sostenibles, educar en el cuidado de la creación y asegurar que las políticas agrícolas, pesqueras, forestales y comerciales no sacrifiquen la vida en nombre de beneficios inmediatos.

La crisis climática añade urgencia. Sequías, inundaciones, olas de calor, maremotos, desertificación, tifones, huracanes, tornados e incendios forestales golpean con especial dureza a quienes menos han contribuido al problema. Los conflictos armados agravan esta realidad: impiden siembras, destruyen cosechas, erosionan las tierras, desplazan comunidades, cierran mercados y debilitan los vínculos entre las personas y sus territorios. Cuando la guerra devasta la naturaleza, también roba el pan de los menesterosos.

La tradición cristiana nos recuerda que la creación no nos pertenece como una posesión absoluta. Nos ha sido confiada. Somos administradores, no dueños despóticos; cuidadores, no depredadores voraces. Laudato si’ y Laudate Deum insisten en esta conversión ecológica que une justicia social, paz, sobriedad y responsabilidad intergeneracional. No se trata de nostalgia rural ni de romanticismo ambiental. Se trata de justicia. Se trata de reconocer que el clamor de la tierra y el clamor de los pobres caminan de la mano.

Por eso, en este Día Internacional de la Diversidad Biológica la invitación es clara: actuar localmente, sí, pero con conciencia universal. Cada comunidad puede convertirse en un laboratorio de esperanza. Cada municipio, escuela, parroquia, cooperativa, universidad, mercado y familia puede ser parte de una respuesta global. Las grandes transformaciones no nacen solo en los foros internacionales; germinan también en los surcos, en la gestión responsable del agua, en las cocinas, en las decisiones de consumo, en la transmisión de un saber ancestral.

Cuidar la biodiversidad es cuidar la mesa común de la humanidad. Es velar por el derecho de cada persona a una alimentación adecuada. Es honrar a quienes cultivan la tierra con esmero. Es escuchar a los pueblos que han sabido vivir en reciprocidad con la naturaleza. Es rechazar una economía que descarta vidas, culturas y ecosistemas. Es, en definitiva, reconocer que todo está conectado y que ninguna criatura es indiferente a los ojos de Dios.

El lema de 2026 de esta jornada internacional nos coloca ante una encomiable tarea: empezar cerca para llegar lejos. Actuar donde estamos, con lo que tenemos, junto a quienes comparten nuestra casa común. Porque cuando una comunidad protege su biodiversidad, no defiende solo su paisaje: custodia una porción del futuro del mundo.

 Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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Los Dolores pone en marcha un año más “Guárdalos bajo tu manto”

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Los Dolores pone en marcha un año más “Guárdalos bajo tu manto”

La Hermandad pondrá bajo el manto de la Virgen a todos aquellos alumnos que hacen en junio las pruebas de acceso a la Universidad

La Hermandad de los Dolores de Córdoba ha puesto en marcha este año otra vez su iniciativa “Guárdalos bajo tu manto” destinada a aquellos estudiantes que en las próximas semanas tienen que hacer los exámenes de acceso a la universidad. Una manera simbólica de contar con la protección de la Virgen de los Dolores en estos días de nervios e incertidumbre.

Ya está disponible el formulario que tienen que rellenar, antes del 30 de mayo, para formar parte de ese listado que se colocará bajo el manto de la Señora de Córdoba. Desde 2021 cientos de alumnos de Córdoba y provincia se han inscrito para contar con la protección de la Virgen de los Dolores durante los exámenes.

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Los Dolores pone en marcha un año más “Guárdalos bajo tu manto”

La Hermandad pondrá bajo el manto de la Virgen a todos aquellos alumnos que hacen en junio las pruebas de acceso a la Universidad

La Hermandad de los Dolores de Córdoba ha puesto en marcha este año otra vez su iniciativa “Guárdalos bajo tu manto” destinada a aquellos estudiantes que en las próximas semanas tienen que hacer los exámenes de acceso a la universidad. Una manera simbólica de contar con la protección de la Virgen de los Dolores en estos días de nervios e incertidumbre.

Ya está disponible el formulario que tienen que rellenar, antes del 30 de mayo, para formar parte de ese listado que se colocará bajo el manto de la Señora de Córdoba. Desde 2021 cientos de alumnos de Córdoba y provincia se han inscrito para contar con la protección de la Virgen de los Dolores durante los exámenes.

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LA MADRIDIZACIÓN DE LA FE, por Jesús Martín Gómez

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Movimientos, universidades, medios de comunicación, la sede del episcopado o los tan recurrentes laboratorios de ideas (think tanks), que proliferan como forma de comunicación entre jóvenes, todo ello ha convertido a Madrid en el centro de la vida religiosa en España. Da la sensación de que lo que ocurre allí es la Iglesia Católica en España. Sin embargo, la experiencia religiosa española nunca ha sido exclusiva ni principalmente madrileña.

La centralidad política y mediática ha creado una especie de ilusión de representatividad. Basta salir de la capital para encontrarnos con una realidad plural y territorial, que desmonta esta ilusión. Un vasto territorio donde la fe no se articula alrededor de debates ideológicos o estrategias de influencia cultural o política. Una fe vivida desde las costumbres, los vínculos comunitarios, la tradición familiar. Una fe ligada al paisaje humano, una fe llena de riqueza y, por qué no decirlo, fe “pagana” en su sentido original.

Fiestas patronales, funerales, procesiones… son religiosidad menos doctrinal pero más vinculada a las personas e integrada en la vida ordinaria. Las cofradías, la devoción por la Virgen – la de mi pueblo, claro- o la Semana Santa contienen una forma de pertenencia vinculada a la transmisión cultural preñada de espiritualidad. Hay teología en esa manera pública y corporal de vivir la fe. Una fe que se comparte colectivamente y que convierte el espacio público en una extensión del templo.

El actual foco mediático sobre Madrid nos hace perder de vista que la Iglesia en España siempre ha sido policéntrica. Los distintos territorios que conforman nuestra geografía nos demuestran que la fe es católica precisamente porque adopta formas diversas según el lugar desde el que se vive. El catolicismo de un barrio acomodado de Madrid no expresa las mismas preocupaciones o la misma sensibilidad que el de una parroquia rural de la Alpujarra o una hermandad sevillana.

Esas formas, que podríamos considerar periféricas, son las que mantienen viva la dimensión comunitaria de la fe, alejadas de la intelectualidad o la polarización política. En ellas la fe sigue entretejida en lo cotidiano, aunque carezcan de una articulación perfecta de los postulados teológicos.

España también reza más allá de la M30, reza desde aldeas vacías, en plazas llenas de fieles que esperan ver salir a su cristo o su virgen, desde santuarios a los que vamos en romería y desde parroquias de barrio que apenas ocupan espacio en la conversación pública. Solo si aceptamos esta pluralidad entenderemos qué es realmente el catolicismo español.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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Terminan dos cursos de formación en Beata Victoria Diez

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Uno ha sido sobre San Juan de Ávila, impartido por Carlos Gallardo, y el otro, “Cristo entrelíneas”, por Adolfo Ariza

El Cabildo Catedral de Córdoba ha patrocinado dos cursos de formación impartidos en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Diez. La primera, “Cristo entrelíneas”, ha estado impartida por el director y profesor del Instituto, Adolfo Ariza. En su segunda edición han hecho una lectura comentada y guiada de autores como C. S. Lewis, Paul Claudel, Alessandro Manzoni, Julien Green, John Henry Newman.

Por otro lado, el rector del Seminario Conciliar San Pelagio, Carlos Jesús Gallardo, ha sido el encargado de la cuarta temporada de un curso sobre San Juan de Ávila. En esta ocasión ha estado centrado en el “Epistolario avilista: La teología aplicada al acompañamiento espiritual” explicando la clave espiritual y apostólica del espistolario, las cartas de consuelo en la tribulación y las cartas a las discípulas y a sacerdotes.

Con estas iniciativas el Cabildo Catedral Córdoba pone en valor su apuesta por la formación en la Diócesis.

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Terminan dos cursos de formación en Beata Victoria Diez

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Uno ha sido sobre San Juan de Ávila, impartido por Carlos Gallardo, y el otro, “Cristo entrelíneas”, por Adolfo Ariza

El Cabildo Catedral de Córdoba ha patrocinado dos cursos de formación impartidos en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Diez. La primera, “Cristo entrelíneas”, ha estado impartida por el director y profesor del Instituto, Adolfo Ariza. En su segunda edición han hecho una lectura comentada y guiada de autores como C. S. Lewis, Paul Claudel, Alessandro Manzoni, Julien Green, John Henry Newman.

Por otro lado, el rector del Seminario Conciliar San Pelagio, Carlos Jesús Gallardo, ha sido el encargado de la cuarta temporada de un curso sobre San Juan de Ávila. En esta ocasión ha estado centrado en el “Epistolario avilista: La teología aplicada al acompañamiento espiritual” explicando la clave espiritual y apostólica del espistolario, las cartas de consuelo en la tribulación y las cartas a las discípulas y a sacerdotes.

Con estas iniciativas el Cabildo Catedral Córdoba pone en valor su apuesta por la formación en la Diócesis.

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Misión popular en las parroquias de La Carolina

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¿No ardía nuestro corazón…? Lucas 24,32.

En la víspera de la solemnidad de la Ascensión, en la que el Señor nos invita a asumir nuestro compromiso misionero como testigos de su mensaje en el mundo, concluía la Misión Popular Parroquial en La Carolina.

Acogiendo el encargo de nuestro párroco, D. Germán García, un equipo de misioneros redentoristas integrado por sacerdotes,  laicos y religiosas oblatas, respondiendo al mandato del Señor “Id, pues, y haced discípulos…  (Mt 28,19) ha realizado esta Misión coordinada por el Padre Miguel Castro,  como un tiempo de evangelización extraordinario durante el cual se ha pretendido que la comunidad, ayudada por ellos, se auto evangelizara fortaleciendo la experiencia cristiana, potenciando el proyecto pastoral de la propia comunidad.

La preparación comenzó a principios de febrero, próximos a la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, cuando el Padre Miguel nos explicó cómo desde el Vaticano II la Misión se renovó y comentó los pilares y el motivo de esta tarea misionera. Aludió a los últimos Papas  destacando la importancia que ellos dieron a esta propuesta evangelizadora y recordó como el Papa León XIV en su primera homilía habló  de la urgencia de la Misión. Así mismo nos animó en aquel primer encuentro, a responder a la llamada a discipular como comunidad cristina en La Carolina aquí y ahora, como un nuevo Pentecostés.

También nos presentó el itinerario misionero: Premisión ( tiempo de anuncio y preparación de la Misión), Misión( tiempo fuerte de encuentro y celebración) y Postmisión(tiempo de continuidad y acompañamiento).

En su segunda visita tuvo lugar un encuentro con los colaboradores de la Misión y se desarrolló un “Taller de visitadores” a las familias de la localidad. Una invitación como Iglesia en salida para ir al encuentro de los vecinos y hacerlos partícipes de este gran regalo del Señor.

Y así tras el tiempo de oración y preparación y tras la visita a los hogares carolinenses para llevar la oración por la Misión y  la carta de invitación del párroco a participar en la Misión,  en la que  se nos animaba a pasar de ser conocidos a ser queridos, a formar una gran familia con Cristo en el centro; se iniciaba la Misión popular parroquial bajo el lema : “Caminando con María en el sueño misionero de llegar a todos, formando juntos una gran familias, donde nadie  se quede fuera”.

Desde el treinta de abril hasta el quince de mayo se ha desarrollado este tiempo que ha pretendido que la Buena noticia provoque la conversión y adhesión a Jesús.  Se comenzó con la recepción de los misioneros, la celebración de bienvenida e inicio de la Misión,  la reunión con los animadores y dueños de los hogares dónde se tendrían las asambleas y la celebración de Envío de estos.

Durante la primera semana la jornadas empezaban con la celebración de la eucaristía en las que se fueron explicando las partes de la misa como ayuda a comprender  y vivir mejor la misa continuaban su labor con el tiempo de escucha y confesiones, visitas a enfermos, ancianos e impedidos,  presencia en los centros educativos, en las catequesis parroquiales y tuvieron lugar las Asambleas familiares cristianas, encuentros en los hogares, cuyo objetivo fue discernir y dialogar sobre la realidad a la luz de la Palabra de Dios. Una buena experiencia que nos ha hecho más próximos unos de otros creciendo nuestra amistad con el Señor.

Durante la semana segunda, junto a las celebraciones eucarísticas de las mañana que cada día invitaban a la reflexión sobre diferentes temas de la vida cristiana, los misioneros continuaron visitando enfermos, colegios e institutos, catequesis y las jornadas concluían con las Celebraciones de la Palabra cada tarde, muy significativas, y  a través de diferentes dinámicas y símbolos nos ayudaron a profundizar y llevar a la vida los textos sagrados proclamados y también los misioneros mantuvieron reuniones con diferentes sectores pastorales.

Este tiempo de acción pastoral extraordinaria llegó a su último día con la Celebración Mariana en la Ermita de  S. Juan de la Cruz. Nos quedó en el corazón ”cómo para Dios nada hay imposible”. Por la tarde tras la reunión de los animadores de las asambleas para evaluar estos días santos y animar la continuidad, se celebró la eucaristía final de la Misión presidida por D. Germán y en la que concelebraron los padres redentoristas. El Padre  Miguel, en la homilía nos exhortó a perseverar, a ser sarmiento unidos a la vid para continuar, como ha hecho la Misión, llevando la alegría del evangelio a todos, renovando nuestros métodos. Igualmente nos animaba a ser regalo, don para nuestro pueblo y manifestó como los misioneros seguirían orando por esta localidad para que la Palabra de Dios siga arraigando y fructificando y así lo pidió al Señor por intersección de S. Eufrasio, patrono de la diócesis de Jaén, cuya fiesta se celebraba este día y deseó a todos felicidad y buena cosecha. 

Al finalizar la celebración, el párroco en nombre de la comunidad cristiana de La Carolina daba las gracias a los misioneros por su gran labor en esta tierra sanjuanista y animó a todos caminar centrados en Cristo, a sentirse Iglesia y participar vivamente en esta familia de los hijos de Dios.

Damos gracias al Señor por la siembra de estos hombres y mujeres de Dios, que tanto bien han hecho estos días, por su gran generosidad y entrega, por su cercanía y amistad,  por su plena dedicación, habiendo dejado apartados unos días su labor pastoral cotidiana, por su ayuda a revitalizar nuestra fe. Han sido estas jornadas, como reza la oración preparatoria de la misión, unos días de gracia, de renovación y de encuentro con nosotros, entre nosotros y con Dios. Hemos quedado con los corazones ardientes como los discípulos de Emaús, y nos queda con la fuerza del Espíritu ir como ellos a llevar la alegría del encuentro con Jesús a los demás como discípulos misioneros.

“En verdad es justo y necesario(…)  darte gracias siempre y en todo lugar, Señor”.

                                                                Comunidad cristiana de La Carolina

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